viernes, 23 de julio de 2010

HEIMDALL, EL VIGILANTE DE LOS DIOSES.


En el transcurso de un paseo en la orilla del mar, Odín vio una vez a nueve bellas gigantas, las doncellas de las olas, Gialp, Greip, Egia, Augeia, Ulfrun, Aurgiafa, Sindur, Atla e Iarnsaxa, profundamente dormidas en las blancas arenas. El dios del cielo quedó tan prendado de las hermosas criaturas que, como relatan los Eddas, se desposó con las nueve y se combinaron, en el mismo momento, para traer al mundo un hijo que recibió el nombre de Heimdall.

Las nueve madres procedieron a alimentar a su bebé con la fuerza de la tierra, la humedad del amor y el calor del Sol, una dieta que demostró ser tan fortalecedora que el nuevo dios adquirió un crecimiento completo en un espacio de tiempo increíblemente corto y corrió a unirse a su padre en Asgard.

Encontró a los dioses observando con orgullo el arco iris del puente Bifröst, el cual acababan de construir con fuego, aire y agua, los tres materiales que aún pueden verse en este extenso arco, donde brillan los tres colores principales significativos de estos elementos: el rojo representando al fuego, el azul al aire y el verde a las frescas profundidades del mar.

jueves, 22 de julio de 2010

LA MONJA BLANCA



La flor nacional de Guatemala es la Monja Blanca (Lycaste virginalis), simboliza belleza, arte y paz.

Esta planta crece en otras plantas por lo cual se denomina epifita (epi-encima fitòn-planta). Es una orquídea y como tal tiene un pétalo transformado en el centro, el lávelo, que sirve de base para su polinización por los insectos.

Es hermafrodita, el fruto es una especie de cápsula, misma que contiene millones de semillas, las cuales necesitan un hongo determinado para germinar, motivo por el cual es muy escasa.

En Granados subsiste una de las narraciones orales de la región, la cual cuenta que en los primeros tiempos había un Gran Señor, dueño de cerros y valles que bajaba al pueblo una vez al año. Un día vio a una mujer muy hermosa de quien se enamoró.

El Gran Señor fue a la casa de la muchacha y la pidió como su mujer, a cambio dio como dote un cofre con mucho dinero. La mujer se fue a vivir con el Gran Señor, y como éste la quería tanto, siempre la complacía. Entonces, los padres de la muchacha se aprovecharon de él, pidiéndole cosas como plata, tierras, maíz y cacao. La muchacha de la vergüenza se enfermó porque veía la ambición de sus padres. Cuando los padres quisieron nuevamente aprovecharse de la bondad del Gran Señor y se fueron al cerro a su hija, no encontraron nada, sólo una gran luz entre los árboles; entonces comprendieron que esa luz era el espíritu de su hija.

Al verlos el Gran Señor que estaba, se ensañó con ellos y los convirtió en troncos de árbol. Después de llorar por muchos días a su mujer, el Gran Señor convirtió aquella luz hermosa en una flor blanca de inmensa belleza.

Así fue como nació la Monja Blanca, Flor Nacional, que adorna y perfuma los valles y montañas de la Verapaz.

miércoles, 21 de julio de 2010

LA FLOR DE LOTO




La flor de Loto ha sido símbolo de multitud de civilizaciones a lo largo de la historia de la Humanidad.

En la civilización egipcia tenía un gran significado, ya que de él emergían multitud de dioses como Ra, dios del Sol, al estar ligada la flor a la aparición y al ocaso del Sol, debido a que sólo está abierta por el día.

De ella también emergió el dios Nefertum, considerado el dios de los perfumes, al proporcionar un perfume sumamente agradable a los egipcios.

Según la mitología griega, una hermosa diosa huyó asustada al bosque y llegando a un lugar llamado Loto donde se hundió, llamado así por los supremos dioses destinado para los fracasados y perdedores en la vida.

La joven diosa luchó durante siglos y logró salir en forma de una hermosa flor, de largos pétalos.
Por ello, para los griegos significaba el triunfo después de haber luchado incansablemente en contra del fracaso.

La alternativa cristiana del loto es el lirio blanco, relacionado a María como reina de los cielos, y que significa tanto fertilidad como pureza.

Tradicionalmente, el Arcángel Gabriel lleva a la Virgen María el lirio de la Anunciación.

La flor del loto en la India simboliza divinidad, fertilidad, riqueza, conocimiento e ilustración, siendo actualmente su símbolo nacional.

Esta asociada con la diosa de la abundancia, Maha Lakshmi, quien provee prosperidad, pureza y generosidad. Simbolizando pureza, belleza y todo lo que es bueno.

A su vez fue venerada en el brahmanismo como "Madre de la creación", y hasta Brahma, soberano hindú de todos los dioses provenía de la flor del loto.

En el ámbito budista la flor que se alza sobre el agua es uno de los más antiguos símbolos, y de los más frecuentemente representados atributos de sus personajes humanos y celestiales.

El loto, que sirve como asiento o trono para Buda o los Budas, indica por ello un nacimiento divino.

En China con la dinastía Sung (s. X-XIII), surgió la costumbre de vendar los pies de las niñas entre los 4 y 9 años.

Los pies pequeños, “los pies de loto dorados” (llamados así por que el balanceo al caminar era similar al del loto mecido por el aire,) eran el mayor símbolo de belleza y perfección de una mujer.

Los pies de loto dorado no sólo eran una imagen de belleza sino de sensualidad, considerándose que el juego de la caricia de los pies femeninos formaba parte del erotismo chino.

El dolor y sufrimiento que pagaban las mujeres por la belleza las acompañaba toda la vida.

Las vendas no debían ser retiradas a riesgo del crecimiento indeseado salvo para la higiene, y las bellas cumplían con el lavado ritual en las aguas del santuario donde los dioses mitigarían sus dolores.

Nombre científico: Nymphaea Caerulea

martes, 20 de julio de 2010

EL AMIGO FIEL



Una mañana, la vieja rata de agua sacó la cabeza por su agujero.
Tenía unos ojos redondos muy vivarachos y unos tupidos bigotes grises. Su cola parecía un largo elástico negro.
Unos patitos nadaban en el estanque semejante a una bandada de canarios amarillos, y su madre, toda blanca con patas rojas, esforzábase en enseñarles a hundir la cabeza en el agua.
-No podréis ir nunca a la buena sociedad si no aprendéis a meter la cabeza -les decía.
Y les enseñaba de nuevo cómo tenían que hacerlo. Pero los patitos no prestaban ninguna atención a sus lecciones. Eran tan jóvenes que no sabían las ventajas que reporta la vida de sociedad.
-¡Qué criaturas más desobedientes! -exclamó la rata de agua-
¡Merecían ahogarse verdaderamente!
-¡No lo quiera Dios! -replicó la pata-. Todo tiene sus comienzos y nunca es demasiada la paciencia de los padres.
-¡Ah! No tengo la menor idea de los sentimientos paternos -dijo la rata de agua- No soy padre de familia. Jamás me he casado, ni he pensado en hacerlo. Indudablemente el amor es una buena cosa a su manera; pero la amistad vale más. Le aseguro que no conozco en el mundo nada más noble o más raro que una fiel amistad.
-Y, dígame, se lo ruego, ¿qué idea se forma usted de los deberes de un amigo fiel? -preguntó un pardillo verde que había escuchado la conversación posado sobre un sauce retorcido.
-Sí, eso es precisamente lo que quisiera yo saber -dijo la pata, y nadando hacia el extremo del estanque, hundió su cabeza en el agua para dar buen ejemplo a sus hijos.
-¡Necia pregunta! -gritó la rata de agua-. ¡Como es natural, entiendo por amigo fiel al que me demuestra fidelidad!
-¿Y qué hará usted en cambio? -dijo la avecilla columpiándose sobre una ramita plateada y moviendo sus alitas.
-No le comprendo a usted -respondió la rata de agua.
-Permitidme que les cuente una historia sobre el asunto -dijo el pardillo.
-¿Se refiere a mí esa historia? -preguntó la rata de agua- Si es así, la escucharé gustosa, porque a mí me vuelven loca los cuentos.
-Puede aplicarse a usted -respondió el pardillo.
Y abriendo las alas, se posó en la orilla del estanque y contó la historia del amigo fiel.
-Había una vez -empezó el pardillo- un honrado mozo llamado Hans.
-¿Era un hombre verdaderamente distinguido? -preguntó la rata de agua.
-No -respondió el pardillo-. No creo que fuese nada distinguido, excepto por su buen corazón y por su redonda cara morena y afable.
Vivía en una pobre casita de campo y todos los días trabajaba en su jardín.
En toda la comarca no había jardín tan hermoso como el suyo.
Crecían en él claveles, alelíes, capselas, saxifragas, así como rosas de Damasco y rosas amarillas, azafranadas, lilas y oro y alelíes rojos y blancos.
Y según los meses y por su orden florecían agavanzos y cardaminas, mejoranas y albahacas silvestres, velloritas e iris de Alemania, asfodelos y claveros.
Una flor sustituía a otra. Por lo cual había siempre cosas bonitas a la vista y olores agradables que respirar.
El pequeño Hans tenía muchos amigos, pero el más allegado a él era el gran Hugo, el molinero. Realmente, el rico molinero era tan allegado al pequeño Hans, que no visitaba nunca su jardín sin inclinarse sobre los macizos y coger un gran ramo de flores o un buen puñado de lechugas suculentas o sin llenarse los bolsillos de ciruelas y de cerezas, según la estación.
-Los amigos verdaderos lo comparten todo entre sí -acostumbraba decir el molinero.
Y el pequeño Hans asentía con la cabeza, sonriente, sintiéndose orgulloso de tener un amigo que pensaba tan noblemente.
Algunas veces, sin embargo, el vecindario encontraba raro que el rico molinero no diese nunca nada en cambio al pequeño Hans, aunque tuviera cien sacos de harina almacenados en su molino, seis vacas lecheras y un gran número de ganado lanar; pero Hans no se preocupó nunca por semejante cosa.
Nada le encantaba tanto como oír las bellas cosas que el molinero acostumbraba decir sobre la solidaridad de los verdaderos amigos.
Así, pues, el pequeño Hans cultivaba su jardín. En primavera, en verano y en otoño, sentíase muy feliz; pero cuando llegaba el invierno y no tenía ni frutos ni flores que llevar al mercado, padecía mucho frío y mucha hambre, acostándose con frecuencia sin haber comido más que unas peras secas y algunas nueces rancias.
Además, en invierno, encontrábase muy solo, porque el molinero no iba nunca a verle durante aquella estación.
-No está bien que vaya a ver al pequeño Hans mientras duren las nieves -decía muchas veces el molinero a su mujer-. Cuando las personas pasan apuros hay que dejarlas solas y no atormentarlas con visitas. Ésa es por lo menos mi opinión sobre la amistad, y estoy seguro de que es acertada. Por eso esperaré la primavera y entonces iré a verle; podrá darme un gran cesto de velloritas y eso le alegrará.
-Eres realmente solícito con los demás -le respondía su mujer, sentada en un cómodo sillón junto a un buen fuego de leña-. Resulta un verdadero placer oírte hablar de la amistad. Estoy segura de que el cura no diría sobre ella tan bellas cosas como tú, aunque viva en una casa de tres pisos y lleve un anillo de oro en el meñique.
-¿Y no podríamos invitar al pequeño Hans a venir aquí? -preguntaba el hijo del molinero- Si el pobre Hans pasa apuros, le daré la mitad de mi sopa y le enseñaré mis conejos blancos.
-¡Qué bobo eres! -exclamó el molinero-. Verdaderamente, no sé para qué sirve mandarte a la escuela. Parece que no aprendes nada. Si el pequeño Hans viniese aquí, ¡pardiez!, y viera nuestro buen fuego, nuestra excelente cena y nuestra gran barrica de vino tinto, podría sentir envidia. Y la envidia es una cosa terrible que estropea los mejores caracteres. Realmente, no podría yo sufrir que el carácter de Hans se estropeara. Soy su mejor amigo, velaré siempre por él y tendré buen cuidado de no exponerle a ninguna tentación. Además, si Hans viniese aquí, podría pedirme que le diese un poco de harina fiada, lo cual no puedo hacer. La harina es una cosa y la amistad es otra, y no deben confundirse. Esas dos palabras se escriben de un modo diferente y significan cosas muy distintas, como todo el mundo sabe.
-¡Qué bien hablas! -dijo la mujer del molinero sirviéndose un gran vaso de cerveza caliente. Me siento verdaderamente como adormecida, lo mismo que en la iglesia.
-Muchos obran bien -replicó el molinero-, pero pocos saben hablar bien, lo que prueba que hablar es, con mucho, la cosa más difícil, así como la más hermosa de las dos.
Y miró severamente por encima de la mesa a su hijo, que sintió tal vergüenza de sí mismo, que bajó la cabeza, se puso casi escarlata y empezó a llorar encima de su té.
¡Era tan joven, que bien pueden ustedes dispensarle!
-¿Ése es el final de la historia? -preguntó la rata de agua.
-Nada de eso -contestó el pardillo-. Ése es el comienzo.
-Entonces está usted muy atrasado con relación a su tiempo -repuso la rata de agua- Hoy día todo buen cuentista empieza por el final, prosigue por el comienzo y termina por la mitad. Es el nuevo método.
Lo he oído así de labios de un crítico que se paseaba alrededor del estanque con un joven. Trataba el asunto magistralmente y estoy segura de que tenía razón, porque llevaba unas gafas azules y era calvo; y cuando el joven le hacía alguna observación contestaba siempre: «¡Psé!» Pero continúe usted su historia, se lo ruego. Me agrada mucho el molinero. Yo también encierro toda clase de bellos sentimientos: por eso hay una gran simpatía entre él y yo.
-¡Bien! -dijo el pardillo brincando sobre sus dos patitas-. No bien pasó el invierno, en cuanto las velloritas empezaron a abrir sus estrellas amarillas pálidas, el molinero dijo a su mujer que iba a salir y visitar al pequeño Hans.
-¡Ah, qué buen corazón tienes! -le gritó su mujer-. Piensas siempre en los demás. No te olvides de llevar el cesto grande para traer las flores.
Entonces el molinero ató unas con otras las aspas del molino con una fuerte cadena de hierro y bajó la colina con la cesta al brazo.
-Buenos días, pequeño Hans -dijo el molinero.
-Buenos días -contestó Hans, apoyándose en su azadón y sonriendo con toda su boca.
-¿Cómo has pasado el invierno? -preguntó el molinero.
-¡Bien, bien! -repuso Hans- Muchas gracias por tu interés. He pasado mis malos ratos, pero ahora ha vuelto la primavera y me siento casi feliz... Además, mis flores van muy bien.
-Hemos hablado de ti con mucha frecuencia este invierno, Hans -prosiguió el molinero-, preguntándonos qué sería de ti.
-¡Qué amable eres! -dijo Hans-. Temí que me hubieras olvidado.
-Hans, me sorprende oírte hablar de ese modo -dijo el molinero-. La amistad no olvida nunca. Eso es lo que tiene de admirable, aunque me temo que no comprendas la poesía de la amistad... Y entre paréntesis, ¡qué bellas están tus velloritas!
-Sí, verdaderamente están muy bellas -dijo Hans-, y es para mí una gran suerte tener tantas. Voy a llevarlas al mercado, donde las venderé a la hija del burgomaestre y con ese dinero compraré otra vez mi carretilla.
-¿Qué comprarás otra vez tu carretilla? ¿Quieres decir entonces que la has vendido? Es un acto bien necio.
-Con toda seguridad, pero el hecho es -replicó Hans- que me vi obligado a ello. Como sabes, el invierno es una estación mala para mí y no tenía ningún dinero para comprar pan. Así es que vendí primero los botones de plata de mi traje de los domingos; luego vendí mi cadena de plata y después mi flauta. Por último vendí mi carretilla. Pero ahora voy a rescatarlo todo.
-Hans -dijo el molinero-, te daré mi carretilla. No está en muy buen estado. Uno de los lados se ha roto y están algo torcidos los radios de la rueda, pero a pesar de esto te la daré. Sé que es muy generoso por mi parte y a mucha gente le parecerá una locura que me desprenda de ella, pero yo no soy como el resto del mundo. Creo que la generosidad es la esencia de la amistad, y además, me he comprado una carretilla nueva. Sí, puedes estar tranquilo... Te daré mi carretilla.
-Gracias, eres muy generoso -dijo el pequeño Hans. Y su afable cara redonda resplandeció de placer-. Puedo arreglarla fácilmente porque tengo una tabla en mi casa.
-¡Una tabla! -exclamó el molinero-. ¡Muy bien! Eso es precisamente lo que necesito para la techumbre de mi granero. Hay una gran brecha y se me mojará todo el trigo si no la tapo. ¡Qué oportuno has estado! Realmente es de notar que una buena acción engendra otra siempre. Te he dado mi carretilla y ahora tú vas a darme tu tabla. Claro es que la carretilla vale mucho más que la tabla, pero la amistad sincera no repara nunca en esas cosas. Dame en seguida la tabla y hoy mismo me pondré a la obra para arreglar mi granero.
-¡Ya lo creo! -replicó el pequeño Hans.
Fue corriendo a su vivienda y sacó la tabla.
-No es una tabla muy grande -dijo el molinero examinándola- y me temo que una vez hecho el arreglo de la techumbre del granero no quedará madera suficiente para el arreglo de la carretilla, pero claro es que no tengo la culpa de eso... Y ahora, en vista de que te he dado mi carretilla, estoy seguro de que accederás a darme en cambio unas flores... Aquí tienes el cesto; procura llenarlo casi por completo.
-¿Casi por completo? -dijo el pequeño Hans, bastante afligido porque el cesto era de grandes dimensiones y comprendía que si lo llenaba, no tendría ya flores para llevar al mercado y estaba deseando rescatar sus botones de plata.
-A fe mía -respondió el molinero-, una vez que te doy mi carretilla no creí que fuese mucho pedirte unas cuantas flores. Podré estar equivocado, pero yo me figuré que la amistad, la verdadera amistad, estaba exenta de toda clase de egoísmo.
-Mi querido amigo, mi mejor amigo -protestó el pequeño Hans-, todas las flores de mi jardín están a tu disposición, porque me importa mucho más tu estimación que mis botones de plata.
Y corrió a coger las lindas velloritas y a llenar el cesto del molinero.
-¡Adiós, pequeño Hans! -dijo el molinero subiendo de nuevo la colina con su tabla al hombro y su gran cesto al brazo.
-¡Adiós! -dijo el pequeño Hans.
Y se puso a cavar alegremente: ¡estaba tan contento de tener una carretilla!
A la mañana siguiente, cuando estaba sujetando unas madreselvas sobre su puerta, oyó la voz del molinero que le llamaba desde el camino. Entonces saltó de su escalera y corriendo al final del jardín miró por encima del muro.
Era el molinero con un gran saco de harina a su espalda.
-Pequeño Hans -dijo el molinero-, ¿querrías llevarme este saco de harina al mercado?
-¡Oh, lo siento mucho! -dijo Hans-; pero verdaderamente me encuentro hoy ocupadísimo. Tengo que sujetar todas mis enredaderas, que regar todas mis flores y que segar todo el césped.
-¡Pardiez! -replicó el molinero-; creí que en consideración a que te he dado mi carretilla no te negarías a complacerme.
-¡Oh, si no me niego! -protestó el pequeño Hans-. Por nada del mundo dejaría yo de obrar como amigo tratándose de ti.
Y fue a coger su gorra y partió con el gran saco sobre el hombro.
Era un día muy caluroso y la carretera estaba terriblemente polvorienta. Antes de que Hans llegara al mojón que marcaba la sexta milla, hallábase tan fatigado que tuvo que sentarse a descansar. Sin embargo, no tardó mucho en continuar animosamente su camino, llegando por fin al mercado.
Después de esperar un rato, vendió el saco de harina a un buen precio y regresó a su casa de un tirón, porque temía encontrarse a algún salteador en el camino si se retrasaba mucho.
-¡Qué día más duro! -se dijo Hans al meterse en la cama- Pero me alegra mucho no haberme negado, porque el molinero es mi mejor amigo y, además, va a darme su carretilla.
A la mañana siguiente, muy temprano, el molinero llegó por el dinero de su saco de harina, pero el pequeño Hans estaba tan rendido, que no se había levantado aún de la cama.
-¡Palabra! -exclamó el molinero-. Eres muy perezoso. Cuando pienso que acabo de darte mi carretilla, creo que podrías trabajar con más ardor. La pereza es un gran vicio y no quisiera yo que ninguno de mis amigos fuera perezoso o apático. No creas que te hablo sin miramientos. Claro es que no te hablaría así si no fuese amigo tuyo.
Pero, ¿de qué serviría la amistad sino pudiera uno decir claramente lo que piensa? Todo el mundo puede decir cosas amables y esforzarse en ser agradable y en halagar, pero un amigo sincero dice cosas molestas y no teme causar pesadumbre. Por el contrario, si es un amigo verdadero, lo prefiere, porque sabe que así hace bien.
-Lo siento mucho -respondió el pequeño Hans, restregándose los ojos y quitándose el gorro de dormir-. Pero estaba tan rendido, que creía haberme acostado hace poco y escuchaba cantar a los pájaros. ¿No sabes que trabajo siempre mejor cuando he oído cantar a los pájaros?
-¡Bueno, tanto mejor! -replicó el molinero dándole una palmada en el hombro-; porque necesito que arregles la techumbre de mi granero.
El pequeño Hans tenía gran necesidad de ir a trabajar a su jardín porque hacía dos días que no regaba sus flores, pero no quiso decir que no al molinero, que era un buen amigo para él.
-¿Crees que no sería amistoso decirte que tengo que hacer? -preguntó con voz humilde y tímida.
-No creí nunca, a fe mía -contestó el molinero-, que fuese mucho pedirte, teniendo en cuenta que acabo de regalarte mi carretilla, pero claro es que lo haré yo mismo si te niegas.
-¡Oh, de ningún modo! -exclamó el pequeño Hans, saltando de su cama.
Se vistió y fue al granero.
Trabajó allí durante todo el día hasta el anochecer, y al ponerse el sol, vino el molinero a ver hasta dónde había llegado.
-¿Has tapado el boquete del techo, pequeño Hans? -gritó el molinero con tono alegre.
-Está casi terminado -respondió Hans, bajando de la, escalera.
-¡Ah! -dijo el molinero- No hay trabajo tan delicioso como el que se hace por otro.
-¡Es un encanto oírte hablar! -respondió el pequeño Hans, que descansaba secándose la frente- Es un encanto, pero temo no tener yo nunca ideas tan hermosas como tú.
-¡Oh, ya las tendrás! -dijo el molinero-; pero habrás de tomarte más trabajo. Por ahora no posees más que la práctica de la amistad. Algún día poseerás también la teoría.
-¿Crees eso de verdad? -preguntó el pequeño Hans.
-Indudablemente -contestó el molinero-. Pero ahora que has arreglado el techo, mejor harás en volverte a tu casa a descansar, pues mañana necesito que lleves mis carneros a la montaña.
El pobre Hans no se atrevió a protestar, y al día siguiente, al amanecer, el molinero condujo sus carneros hasta cerca de su casita y Hans se marchó con ellos a la montaña. Entre ir y volver se le fue el día, y cuando regresó estaba tan cansado, que se durmió en su silla y no se despertó hasta entrada la mañana.
-¡Qué tiempo más delicioso tendrá mi jardín! -se dijo, e iba a ponerse a trabajar; pero por un motivo u otro no tuvo tiempo de echar un vistazo a sus flores; llegaba su amigo el molinero y le mandaba muy lejos a recados o le pedía que fuese a ayudar en el molino. Algunas veces el pequeño Hans se apuraba grandemente al pensar que sus flores creerían que las había olvidado; pero se consolaba pensando que el molinero era su mejor amigo.
-Además -acostumbraba a decirse- va a darme su carretilla, lo cual es un acto de puro desprendimiento.
Y el pequeño Hans trabajaba para el molinero, y éste decía muchas cosas bellas sobre la amistad, cosas que Hans copiaba en su libro verde y que releía por la noche, pues era culto.
Ahora bien; sucedió que una noche, estando el pequeño Hans sentado junto al fuego, dieron un aldabonazo en la puerta.
La noche era negrísima. El viento soplaba y rugía en torno de la casa de un modo tan terrible, que Hans pensó al principio si sería el huracán el que sacudía la puerta.
Pero sonó un segundo golpe y después un tercero más violento que los otros.
-Será de algún pobre viajero -se dijo el pequeño Hans y corrió a la puerta.
El molinero estaba en el umbral con una linterna en una mano y un grueso garrote en la otra.
-Querido Hans -gritó el molinero-, me aflige un gran pesar, mi chico se ha caído de una escalera, hiriéndose. Voy a buscar al médico. Pero vive lejos de aquí y la noche es tan mala, que he pensado que fueses tú en mi lugar. Ya sabes que te doy mi carretilla. Por eso estaría muy bien que hicieses algo por mí en cambio.
-Seguramente -exclamó el pequeño Hans-; me alegra mucho que se te haya ocurrido venir. Iré en seguida. Pero debías dejarme tu linterna, porque la noche es tan oscura, que temo caer en alguna zanja.
-Lo siento muchísimo -respondió el molinero-, pero es mi linterna nueva y sería una gran pérdida que le ocurriese algo.
-¡Bueno, no hablemos más! Me pasaré sin ella -dijo el pequeño Hans.
Se puso su gran capa de pieles, su gorro encarnado de gran abrigo, se enrolló su tapabocas alrededor del cuello y partió.
¡Qué terrible tempestad se desencadenaba!
La noche era tan negra, que el pequeño Hans no veía apenas, y el viento tan fuerte, que le costaba gran trabajo andar.
Sin embargo, él era muy animoso, y después de caminar cerca de tres horas, llegó a casa del médico y llamó a su puerta.
-¿Quién es? -gritó el doctor, asomando la cabeza a la ventana de su habitación.
-¡El pequeño Hans, doctor!
-¿Y qué deseas, pequeño Hans?
-El hijo del molinero se ha caído de una escalera y se ha herido y es necesario que vaya usted en seguida.
-¡Muy bien! -replicó el doctor.
Enjaezó en el acto su caballo, se calzó sus grandes botas, y, cogiendo su linterna, bajó la escalera. Se dirigió a casa del molinero, llevando al pequeño Hans a pie, detrás de él.
Pero la tormenta arreció. Llovía a torrentes y el pequeño Hans no podía ni ver por dónde iba, ni seguir al caballo.
Finalmente, perdió su camino, estuvo vagando por el páramo, que era un paraje peligroso lleno de hoyos profundos, cayó en tino de ellos el pobre Hans y se ahogó.
A la mañana siguiente, unos pastores encontraron su cuerpo flotando en una gran charca y le llevaron a su casita.
Todo el mundo asistió al entierro del pequeño Hans porque era muy querido. Y el molinero figuró a la cabeza del duelo.
-Era yo su mejor amigo -decía el molinero-; justo es que ocupe el sitio de honor.
Así es que fue a la cabeza del cortejo con una larga capa negra; de cuando en cuando se enjugaba los ojos con un gran pañuelo de hierbas.
-El pequeño Hans representa ciertamente una gran pérdida para todos nosotros -dijo el hojalatero una vez terminados los funerales y cuando el acompañamiento estuvo cómodamente instalado en la posada, bebiendo vino dulce y comiendo buenos pasteles.
-Es una gran pérdida, sobre todo para mí -contestó el molinero-. A fe mía que fui lo bastante bueno para comprometerme a darle mi carretilla y ahora no se qué hacer de ella. Me estorba en casa, y está en tal mal estado, que si la vendiera no sacaría nada. Os aseguro que de aquí en adelante no daré nada a nadie. Se pagan siempre las consecuencias de haber sido generoso.
-Y es verdad -replicó la rata de agua después de una larga pausa.
-¡Bueno! Pues nada más -dijo el pardillo.
-¿Y qué fue del molinero? -dijo la rata de agua.
-¡Oh! No lo sé a punto fijo -contesto el pardillo y verdaderamente me da igual.
-Es evidente que el carácter de usted no es nada simpático -dijo la rata de agua.
-Temo que no haya usted comprendido la moraleja de la historia -replicó el pardillo.
-¿La qué? -gritó la rata de agua.
-La moraleja.
-¿Quiere eso decir que la historia tiene una moraleja?
-¡Claro que sí! -afirmó el pardillo.
-¡Caramba! -dijo la rata con tono iracundo- Podía usted habérmelo dicho antes de empezar. De ser así no le hubiera escuchado, con toda seguridad. Le hubiese dicho indudablemente: «¡Psé!», como el crítico. Pero aun estoy a tiempo de hacerlo.
Gritó su «¡Psé!» a toda voz, y dando un coletazo, se volvió a su agujero.
-¿Qué le parece a usted la rata de agua? -preguntó la pata, que llegó chapoteando algunos minutos después- Tiene muchas buenas cualidades, pero yo, por mi parte, tengo sentimientos de madre y no puedo ver a un solterón empedernido sin que se me salten las lágrimas.
-Temo haberle molestado -respondió el pardillo-. El hecho es que le he contado una historia que tiene su moraleja.
-¡Ah, eso es siempre una cosa peligrosísima! -dijo la pata.
-Y yo comparto su opinión en absoluto.

Oscar Wilde

lunes, 19 de julio de 2010

GIJER, El ARCO IRIS




Al sur de aquella gélida región, donde nacen heladas y cristalinas vertientes de entre escarpadas montañas; existe aún, una pequeña tribu tehuelche, que la puebla, la honra y la cuida desde hace siglos. Se los conoce como los hijos del Arco Iris.

Una leyenda narra, que al principio de los tiempos, la tribu carecía de un sabio que los guíe y les dé las respuestas que ellos en su vida necesitaban.

Sabiendo de la preocupación de la comunidad, el viejo hechicero les dijo que debían dirigirse al nacimiento del río, al momento justo en que sin haber caído las últimas gotas de lluvia, el sol pujara por asomar entre las nubes, y que allí, en ese momento, encontrarían a la hacedora de las palabras y los colores.

Durante varios soles y lunas, los más intrépidos escaladores de la tribu, fijaron rumbo a la cima de las montañas confiando en aquel vaticinio, y hasta soportaron una tormenta que ocultó una luna con todas sus estrellas.

Al mediodía siguiente, llegaron a la vertiente cuando las nubes comenzaban a dejarse llevar por los vientos y el sol anunciaba que abrasaría impiadosamente sus desnudos cuerpos. Su reflejo sobre el agua, insistía en cegarlos. Pero por fin, a la vera del río, la encontraron.

Como esperándolos, al verlos se puso de pie, y caminó hacia ellos. “Soy Gijer”, les dijo “mi casa estará, donde su comunidad, a partir de hoy. Mi padre así lo ha dicho.”

Durante los años que vivió en la tribu, jóvenes, viejos, hermanos de la región, supieron plantearles los más diversos conflictos, dudas, misterios de la naturaleza o simples preguntas; y a cada uno siempre supo brindarle una respuesta, clara y acertada.

Dicen los pobladores que junto a ella siempre se respiraba un aire fresco y renovador, su presencia tenía un aura brillante a su alrededor, y su pelo, al reflejo del sol, tornaba en infinitos colores. Su voz, la recuerdan siempre dulce, cálida y serena; tanto o más que su mirada.

Sus enseñanzas han pasado de generación en generación, llegando incluso hasta nuestros días, y tanto su origen como su partida, es uno de los misterios más celosamente guardado por los Tehuelches.

Dice la vieja leyenda que cuando uno tiene dudas, debe esperar a que brille el arco iris, pararse frente a él, formular la pregunta, cerrar los ojos, afinar los sentidos y con el corazón abierto esperar.

Y dicen que una voz, tenue, sutil pero con luz propia, coloreará de respuestas el corazón.

domingo, 18 de julio de 2010

EL HOMBRE PEZ DE LIÉRGANES



En una pequeña aldea cántabra, justo en el centro de un paseo llamado el paseo del hombre pez, se encuentra un monumento en el que se ve a unos pescadores que salvan a una persona de las redes, en el que pone lo siguiente:

- Francisco de la Vega Casar. Su proeza atravesando el océano de norte a sur de España, sino fue verdad, mereció serlo. Hoy su hazaña es recordada. Verdad o leyenda, Liérganes lo honra y le da así la inmortalidad.

Hacia 1674 un muchacho, Francisco de la Vega desaparece de Liérganes. Era pelirrojo y un gran nadador. Tomó las riendas del oficio paterno, la carpintería y se marchó a trabajar a Vizcaya.
Allí, una noche sería tragado por el mar, era la noche de San Juan.

Francisco desaparece y no se vuelve a saber nada de él.

Cinco años más tarde, en plena bahía de Cádiz, los pescadores pescaron con sus redes a un ser que parecía un hombre pez.

Este hombre no hablaba apenas, su cuerpo tenía escamas y sus manos parecían aletas.

A unos tres días de ser capturado el ser dijo su primera palabra: Liérganes.

Por aquel entonces Liérganes para esas personas no significaba nada pero un pescador dijo que Liérganes era una aldea de Cantabria y que él había estado allí.

No dudaron en ir hacia ese lugar. Nada más llegar el hombre pez se bajó de la carreta y se dirigió hacia una puerta. Llamó y de ella salió una mujer enlutada que no dudó en abrazarlo, eran madre e hijo. Francisco había sobrevivido y se había convertido en un hombre pez.

Se le practicaron exorcismos y rituales hasta que una noche, el hombre pez, cansado de tantas pruebas y de que lo miraran como a un demonio se dirigió al río de Liérganes, el río Miera, y se lanzó.

No se volvió a saber nada más de él.

sábado, 17 de julio de 2010

GUERREROS DEL ARCO IRIS




Hubo alguna vez una anciana llamada Ojos de Fuego, nacida india de la tribu Cree de norteamérica, esta mujer lanzó una profecía que hasta nuestros días hace eco; la profecía dice así:


Llegará el día en que la codicia del hombre blanco, del Yo-ne-gi, hará que los peces mueran en las corrientes de los ríos, que las aves caigan de los cielos, que las aguas ennegrezcan y los árboles ya no puedan tenerse en pie.

Y la humanidad, como la conozco, dejará de existir.

Llegará un día en que la Tierra caiga enferma, pero cuando no queden apenas esperanzas, algunas personas despertarán de su letargo.

Llegará un día en el que muchas personas se levantarán para formar un mundo nuevo de respeto por el Gran Espíritu de la Tierra.

Llegará el tiempo en que habremos de necesitar a "los que preservan las tradiciones, las leyendas, los rituales, los mitos y todas las viejas costumbres de los pueblos" para que ellos nos muestren cómo recuperar la salud, la armonía y el respeto a nuestros semejantes. Ellos serán la clave para la supervivencia de la humanidad, y serán conocidos como "Los Guerreros del Arco Iris".

Estos Guerreros del Arco Iris proporcionarán a la gente los principios y reglas para hacer una vida acorde con el mundo. Estos principios serán los mismos principios que seguían los pueblos del pasado. Los Guerreros del Arco Iris le enseñarán a la gente los viejos hábitos de la unidad, del amor y de la comprensión.

Y enseñarán por los cinco rincones de la Tierra cómo alcanzar la armonía entre las personas. Le enseñarán a la gente cómo orar al Gran Espíritu de la misma manera como lo hacían los pueblos del pasado, dejando que el amor fluya como las hermosas corrientes que descienden de las montañas, por cauces que las llevan a unirse con el océano mismo de la vida.

Y una vez más renacerá la alegría de estar en compañía, como también en la soledad. Estarán libres de envidias mezquinas, y amarán a sus semejantes como a sus hermanos, sin importar el color de su piel, su raza o su religión. Sentirán cómo la felicidad inunda sus corazones mientras se vuelven cada uno con el resto de la creación. Sus corazones serán puros e irradiarán calidez, comprensión y respeto por la humanidad, por la naturaleza y por el Gran Espíritu.

Y sus hijos nuevamente podrán correr libres y disfrutar los tesoros de la Naturaleza y de la Madre Tierra, libres de venenos y de la destrucción generada por el Yo-ne-gi y sus prácticas codiciosas.

Los ríos fluirán limpios otra vez, los bosques serán abundantes y llenos de hermosura, y otra vez habrá aves y animales sin número. Nuevamente se respetarán los poderes del planeta y de los animales, y la conservación de todas las cosas bellas se convertirá en una forma de vivir.

Los líderes de los pueblos volverán a ser elegidos a la vieja usanza... no por el grupo político al que pertenezcan, ni porque griten más fuerte o presuman más, tampoco por un proceso de intercambio de insultos o acusaciones mutuas; serán elegidos aquellos cuyas acciones digan más que sus palabras. Serán elegidos como líderes o Jefes aquellos que den muestras de su amor, su sabiduría y su valor, que hayan sido capaces de actuar por el bien de todos. Serán elegidos por sus cualidades, no por la cantidad de dinero que posean. Y al igual que los Jefes devotos y considerados de la antigüedad, usarán su amor para entender a la gente y para asegurarse de que sus niños y jóvenes sean educados en el amor, en el trabajo y en el conocimiento de su entorno. Les mostrarán que los milagros pueden hacerse realidad para curar a este mundo de todos sus males, devolverle la salud y la belleza que antes tuvo.

Las tareas que les esperan a los Guerreros del Arco Iris serán muchas y mayúsculas.

Habrá enormes montañas de ignorancia que será necesario vencer; se enfrentarán contra prejuicios y odio. Tendrán que ser dedicados, firmes en su fortaleza y tenaces de corazón. Porque en su camino hallarán mentes y corazones dispuestos a seguirlos en esta senda que le devolverá a la Madre Tierra toda su belleza y su plenitud. Ese día llegará pronto, ya no está lejos.

Llegará el día en que nos demos cuenta de que todo lo que somos, nuestra existencia misma, se la debemos a las gentes que han reservado su cultura y su herencia, a esas personas que han mantenido con vida los rituales, las historias, las leyendas y los mitos. Y será gracias a este conocimiento que ellos han preservado, como volveremos a estar otra vez en armonía con la Naturaleza, con la Madre Tierra y con la humanidad misma. Y descubriremos que este conocimiento es nuestra clave para la supervivencia.

Éstos serán los Guerreros del Arco iris, y ésta es la razón que me impulsa a proteger la cultura, la herencia y los conocimientos de mis antepasados.

Fuente: ALMA NATIVA

viernes, 16 de julio de 2010

GOZOS A LA VIRGEN DEL CARMEN


Prodigioso y admirable
Imán de nuestro desvelo;
Nubecilla del Carmelo,
Sednos protectora y Madre.
Salve, Reina de los, cielos,
De misericordia Madre,
Vida y dulzura divina;
Esperanza nuestra, Salve;
Nubecilla etc.
Dios te Salve, Templo hermoso
Del divino Verbo en carne,
Sálvete Dios, Madre Virgen,
Pues eres Virgen y Madre;
Nubecilla etc.
Volvednos, Madre piadosa,
Vuestros ojos admirables,
Y mirad por vuestros hijos,
Pues que sois piadosa Madre;
Nubecilla etc.
Socorrednos, pues escucha
Que en las penas y combates
A ti suspiramos todos
En este lloroso valle;
Nubecilla etc.
Mostradnos a vuestro Hijo
De Josafat en el Valle,
Piadoso, pues que nació
De ese cristal admirable;
Nubecilla etc.
Rogad por vuestros devotos
A la bondad inefable;
Pues murió para salvarnos,
Por su clemencia nos salve;
Nubecilla del Carmelo,
Sednos protectora y Madre.
V. Ruega por nos, santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de las promesas de Jesucristo

jueves, 15 de julio de 2010

EL EREMITA ASTUTO





Era un eremita de muy avanzada edad.

Sus cabellos eran blancos como la espuma, y su rostro aparecía surcado con las profundas arrugas de más de un siglo de vida.

Pero su mente continuaba siendo sagaz y despierta y su cuerpo flexible como un lirio.

Sometiéndose a toda suerte de disciplinas y austeridades, había obtenido un asombroso dominio sobre sus facultades y desarrollado portentosos poderes psíquicos.

Pero, a pesar de ello, no había logrado debilitar su arrogante ego.

La muerte no perdona a nadie, y cierto día, Yama, el Señor de la Muerte, envió a uno de sus emisarios para que atrapase al eremita y lo condujese a su reino.

El ermitaño, con su desarrollado poder clarividente, intuyó las intenciones del emisario de la muerte y, experto en el arte de la ubicuidad, proyectó treinta y nueve formas idénticas a la suya.

Cuando llegó el emisario de la muerte, contempló, estupefacto, cuarenta cuerpos iguales y, siéndole imposible detectar el cuerpo verdadero, no pudo apresar al astuto eremita y llevárselo consigo.

Fracasado el emisario de la muerte, regresó junto a Yama y le expuso lo acontecido.

Yama, el poderoso Señor de la Muerte, se quedó pensativo durante unos instantes.

Acercó sus labios al oído del emisario y le dio algunas instrucciones de gran precisión.

Una sonrisa asomó en el rostro habitualmente circunspecto del emisario, que se puso seguidamente en marcha hacia donde habitaba el ermitaño.

De nuevo, el eremita, con su tercer ojo altamente desarrollado y perceptivo, intuyó que se aproximaba el emisario.

En unos instantes, reprodujo el truco al que ya había recurrido anteriormente y recreó treinta y nueve formas idénticas a la suya.

El emisario de la muerte se encontró con cuarenta formas iguales.

Siguiendo las instrucciones de Yama, exclamó:

-Muy bien, pero que muy bien. ¡Qué gran proeza!

Y tras un breve silencio, agregó:

-Pero, indudablemente, hay un pequeño fallo.

Entonces el eremita, herido en su orgullo, se apresuró a preguntar:

-¿Cuál?

Y el emisario de la muerte pudo atrapar el cuerpo real del ermitaño y conducirlo sin demora a las tenebrosas esferas de la muerte.

El Maestro dice: El ego abre el camino hacia la muerte y nos hace vivir de espaldas a la realidad del Ser. Sin ego, eres el que jamás has dejado de ser.

miércoles, 14 de julio de 2010

LOLA KIEPJA


Fragmento de un relato de Lola Kiepja:

“Kenos, nacido de la cúpula celeste y enviado de Timáukel, bajó a la Tierra deslizándose por una cuerda.

Cuentan que la cuerda se rompió justo en el momento en que Kenos se posó en la Tierra y que ése fue el motivo de que no se volviera al Cielo de inmediato. Porque, aunque venía con una gran misión, no le gustó lo que vio al echar el primer vistazo.

La Tierra era chata e informe y estaba rodeada por Kox, el Mar. Entonces Kenos creó las montañas y los barrancos y los distribuyó por el mundo.

La luz era escasa y uniforme, y todas las horas pasaban en un alba perpetua.

Entonces Kenos inventó al Sol, Krren, y a la Luna, Kra. Ordenó a Krren que brillara más fuerte a mediodía y que se retirara por la tarde para ser reemplazado por la blanca luz de Kra.
Los árboles eran muy bajos y achaparrados porque el Cielo los aplastaba en su magnificencia. Entonces Kenos empujó la cúpula hacia arriba y la dejó allí, para que los bosques crecieran altos y hermosos.

Así fue como Kenos puso orden en la naturaleza y cumplió con la primera parte de su misión.
Cuentan, que un día Kenos se hallaba cerca de un pantano, contemplando distraído su maravillosa obra. De pronto tomó un poco de barro, lo exprimió hasta quitarle el agua y modeló con él los genitales masculinos, que puso con cuidado en el suelo. Del mismo modo formó enseguida los genitales femeninos y los colocó suavemente al lado de los otros. Al caer la noche, Kenos se retiró y, en medio de la oscuridad, los genitales se acoplaron durante un rato. A la mañana siguiente, cuando Kenos volvió al lugar, se encontró con que un nuevo ser se encontraba junto a las figuras que él había modelado.

Y ese hombre fue el primer antepasado de los onas”

martes, 13 de julio de 2010

LA GRAN ENEMISTAD ENTRE EL LEÓN Y EL ZORRINO



En cierta ocasión, una doncella tuvo un hijo sin haber tenido relación con hombre alguno. Era muy linda, de cabello claro. Algún tiempo después de lo ocurrido, un poderoso lonko la tomó por esposa.

Un día entre los días, ella le confió a su marido, el grande y severo jefe de los mapuches, que le había oído decir claramente en sueños a una voz que seguramente era la del misterioso padre de su hijo:

-Tomaré del sol el gran talismán para nuestro hijo.

El lonko se sintió enfurecido al oír la confidencia de su esposa, interpretando el sueño como prueba de que existía un rival; y movido por su ira, llevó al niño hasta una gruta del bosque y lo dejó abandonado allí.

Cuando la madre buscó al niño y no lo encontró, comenzó a gritar desesperadamente, aunque ignoraba aún que el león lo había devorado.

Ella había introducido bajo la piel de su hijo unas gotas de su propia sangre para protegerlo en el caso de que se perdiera. Por eso, corría de aquí para allá, gritando:

- ¿Dónde estás, sangre mía?
¿Donde estás, sangre mía?

Hasta que, por fin, la sangre contestó:
¡Aquí estoy, aquí estoy!

La voz resonaba en el vientre de un león. La madre le enrostró su crimen al animal.

- ¿Por qué has devorado a mi hijo? – Gritó-

¿No había algún otro que no fuese de sangre noble?

El león, que también tenía intenciones de devorarla a ella, le dijo maliciosamente:

- Quédate aquí un rato y te traeré a otro niño...

Pero la madre, sospechando una traición de la fiera, apostó en la entrada de la gruta a un zorrino quien, al llegar el león, le lanzó a los ojos su nauseabunda y caliente orina. El león quedó ciego. La madre aprovechó esto para abrirle el vientre y allí encontró a su hijo, pero muerto.

Mientras buscaba a su desaparecido hijo, la madre, de acuerdo con lo anunciado an sueños, había recibido del padre de la criatura un talismán vivificador traído del cielo. Con él hizo ahora revivir a la criatura, aunque ya estaba muerta cuando la sangre de la madre que llevara en el cuerpo le contestara: “¡Aquí estoy!”

(Debe saberse que la sangre, el pus y el salivazo han de responder siempre al llamado de su dueño).

Al resucitar el niño, su misterioso padre vino y dijo:

- Venid conmigo. Yo os llevaré arriba, allí donde estoy siempre.

El lonko los vio subir, arriba, cada vez más arriba, de donde jamás volvieron. Y se sintió muy triste y murió al poco tiempo.

Desde esa época el león es enemigo mortal del zorrino y éste le hace todo el daño posible dondequiera se encuentren.

Fei Afí. (Este es el fin).


Del Libro Cuentan los Araucanos de Berta Koessler Ilg,
Edit. Nuevo Extremo

lunes, 12 de julio de 2010

TKUM U MAM




En la penumbra histórica entre la vida precolombina y la Colonial aparece la figura resplandeciente de un personaje vigoroso y atrevido que por su extraordinaria hazaña se le nombró con una frase alegórica compuesta de tres palabras.

TKUM, significa “batido”, es participio pasado de K Tuk, quiere decir “batir”. Alude a una tradición del Pop Wuj en que se refiere que el Divino Creador al fin hizo una generación humana magnífica hecha de maíz.

U, es adjetivo posesivo de segunda persona, significa “su de él” o “su de ella”.

MAM, significa abuelo, ancestro, antepasado.

Reuniendo las tres palabras TKUM U MAM indica: “El de los abuelos batidos” (de maíz). Es para expresar que era un hombre fuerte, extraordinario e inteligente. No se sabe su nombre propio.

La historia va así: Los quichés no hicieron la guerra con los españoles, porque fueron avisados por el Monarca de México, Moctezuma VIII, además los adivinos no lo veían con buenos ojos a los hombres blancos porque estos los exterminarían.

Kikab gobernante de los quichés, tenia una gran pena, pensando que hacer, poco tiempo después murió, quedando su hijo en el poder, cuyo nombre se desconoce en la historia. Se hizo cargo del mando y dirigió los preparativos de la defensa.

El encuentro entre ki-ches y españoles fue en un lugar llamado P Chaj de Quetzaltenango (hoy Llanos del Pinal).

Era una muchedumbre la defensa, para impartir órdenes y hacerse oír, el Príncipe, dispuso se hincara un palo enhiesto muy alto en el suelo revestido de una escalera de cuerdas o lazos; en la punta estaba adaptado un trapecio giratorio al que se amarró y enrollo un largo lazo.

El Príncipe se disfrazó de su nawal Tzkin (pájaro) con vistosas plumas verde de quetzal. Todo estaba listo. Se trepó por la escalera del lazo y al llegar a la cima se amarró el extremo suelto del lazo a la cintura.

Cuando llegó el momento oportuno se lanzó al aire, con el peso de su cuerpo empezó a girar el trapecio describiendo círculos cada vez más anchos a medida que se desarrollaba el lazo en el trapecio.

Gritaba y dirigía la acción blandiendo en la mano un hacha obsidiana procurando atacar a Pedro de Alvarado quien estaba montado en un caballo; en su intentó solo mato al caballo, el que se repuso inmediatamente por otro caballo. Sorprendido Alvarado le asestó una lanzada en pleno vuelo, ya herido lo bajaron, tendido en el suelo lo atacaron los perros de los españoles. Alvarado se volvió a los jinetes que lo acompañaban y les dijo: “No vi en lo de Méjico más extraño QUETZAL”; asombrado por el espectáculo creyó que en verdad era un gran quetzal.

Al moribundo príncipe, lo llevaron a Pacaja donde expiró por la herida mortal. Por el vuelo trágico fue que se le admiró y se distinguió la frase alegórica “TKUM U MAM”.

También de este acontecimiento se formó el topónimo “Quetzaltenango” que significa “Lugar del Quetzal” aludiendo al nawal de TKUM U MAM.

Fuente: Kí-chè, Adrian Inés Chavéz.

domingo, 11 de julio de 2010

PESCE COLAO


El historiador Plinio narra la aparición en la zona del océano gaditano de un hombre marin cuyo cuerpo era enteramente humano. Plinio lo oyó comentar a unos caballeros romanos que fueron testigos oculares del suceso.

El Pesce Colao y vivió, entre el año 1166 y 1189 en los mares del sur de Italia. Peje Nicolao, como también se le conocía, era capaz de salvar grandes distancias a nado, por lo que le empleaban como correo marítimo entre los puertos del continente y las islas.

El rey Federico de Nápoles y Sicilia quiso comprobar la certeza de sus hazañas y se lo llevó hasta el famoso remolino de Caribdis, en el estrecho de Mesina, y arrojó al agua una copa de oro, diciéndole a Nicolao que si la recuperaba era suya. "Pesce Cola" se lanzó al agua y salió con la copa en la mano, contando tremendas visiones de monstruos marinos.

Otro caso referido por M Larrei en su Historia de Inglaterra, cuenta que fue pescado un hombre marino en el año 1187 y más tarde presentado al Gobernador de Oxford. El gobernador lo mantuvo en su casa durante 6 meses. Posiblemente realizando tareas como esclavo o sirviendo como elemento de análisis o experimentos.

En 1239 lo cita un autor inglés, diciendo que el Pesce Colao habita en el mar de Nápoles.

Pedro Mexía, en su Silva de Varia Lección, Juan de Mandevilla en el Libro de las maravillas del mundo, aparecido por 1ª vez en Valencia en 1515, y Antonio de Torquemada en su Jardín de flores curiosas, publicado en Salamanca en el año 1570, son los españoles anteriores al siglo XVIII que se hacen eco de las curiosas noticias de estos extraños personajes acuáticos.

sábado, 10 de julio de 2010

EL PEZ Y LA TORTUGA


Amanecía. Los primeros rayos del sol se reflejaban en las aguas azules del mar de Arabia.

Una tortuga salía de su sueño profundo y se desperezaba en la playa.

Abrió los ojillos y, de repente, vio un pez que sacaba la cabeza del agua.

Cuando el pez se percató de la presencia de la tortuga, le preguntó:

-Amiga tortuga, presiento que hay sabiduría en tu corazón y quiero hacerte una pregunta: ¿qué es el agua?

La tortuga no repuso al instante.

No podía creer lo que le estaba preguntando aquel pez que estaba cerca de ella.

Cuando se dio cuenta de que no estaba durmiendo y el suceso no era parte de un sueño, repuso:

-Amigo pez, has nacido en el agua, en el agua estás viviendo y en el agua hallarás la muerte. Alrededor de tu cuerpo hay agua y agua hay dentro de tu cuerpo. Te alimentas de lo que en el agua encuentras y en el agua te reproduces. ¡Y tú, pez necio, me preguntas qué es el agua!

viernes, 9 de julio de 2010

CUPIDO Y PSIQUE

Cupido y Psique, Lionel Noel Royer.


En la antigua Grecia Cupido era conocido como Eros, el hijo joven de Afrodita la diosa del amor, la belleza y la fertilidad. Para los romanos cupido es el dios del amor hijo de Venus y de Marte, dios de la guerra.

Cupido era ayudante de su madre Venus, dirigía la fuerza primordial del amor y la llevaba a los mortales. Era pícaro y carismático, pero a veces cruel con sus víctimas, ya que no tenía escrúpulos.

A la espalda llevaba dos clases de flechas: unas doradas con plumas de paloma que provocaban un amor instantáneo, y otras de plomo con plumas de búho que provocaban la indiferencia.

Consciente del poder que tenia, a veces rechazaba las peticiones de su madre y los demás dioses de interferir en el curso de la vida de algunos mortales y así que provocaba frecuentes problemas a los dioses.

Un día se enfadó con Apolo cuando éste bromeo sobre sus habilidades como arquero, por lo que Cupido hizo que Apolo se enamorara de la ninfa Dafne y a ella le disparó una flecha con punta de plomo. Dafne rezó al dios río Peneo pidiendo ayuda y fue transformada en un árbol de laurel, que se consagró a Apolo.

De este modo, entre rebeldía y travesuras, Cupido cumplía con su cometido, al paso del tiempo Venus comenzó a preocuparse porque su hijo no crecía, en busca de una respuesta se dirigió al Oráculo de Temis, quien le dijo: “El amor no puede crecer sin pasión”.Venus no comprendió la respuesta hasta que nació su hijo Anteros, dios de la pasión. Cuando estaba junto a él, Cupido crecía y se transformaba en un hermoso joven, pero cuando se separaban, volvía a ser un niño.

Por otro lado en la Tierra de los mortales vivía una princesa llamada Psique (Alma), que a pesar de ser tan bella no lograba encontrar marido pues los hombres que la idolatraban no se sentían dignos de ella.

Su padre intentó hallar a través del oráculo de Delfos un buen marido para Psique, pero éste predijo que ella encontraría el amor en un precipicio. El marido que le sería destinado, una serpiente alada, terrible y poderosa, llegaría hasta ella y la haría su esposa.

Venus celosa por la gran belleza de Psique le pidió a Cupido que la hiciera enamorarse locamente del hombre más feo, vil y despreciable del mundo. Enterada de que se encontraba en el borde del abismo, envió a su hijo a dispararle sus flechas pero este al verla, se enamoró profundamente de ella y creció hasta convertirse en un apuesto joven.

Contra los deseos de Venus, Cupido llevó a Psique por arte de magia a un castillo aislado y se casó con ella, teniendo la condición de que como simple mortal, tenía prohibido mirarlo.

La princesa al sentirlo cerca y escuchar su dulce voz no sintió temor, estaba segura que no era un monstruo, sino el amante esposo que tanto tiempo había deseado. Él la visitaba todas las noches rogándole siempre que no viera su rostro.

Eran muy felices hasta que convencida por sus envidiosas hermanas, Psique rompió la prohibición impuesta por los dioses y miró a su marido.

Eso le valió el castigo de ser abandonada por Cupido, quien con tristeza se despidió diciéndole: “El Amor no puede vivir sin confianza”. Expulsada del castillo, la arrepentida princesa recorrió el mundo en busca de su amado, superando una serie de desafíos cada vez más difíciles y peligrosos impuestos por Venus.

Como última instrucción le dio una pequeña caja indicándole que la llevara al inframundo. Tenía que llevar un poco de belleza a Proserpina la esposa de Plutón. Se le advirtió también que por ningún motivo debía abrir la caja.

Psique se alistó para el viaje y durante el se enfrentó a varios peligros que fueron superados gracias a los consejos dados, sin embargo la curiosidad por abrir la caja la venció y entonces lo hizo, y al momento cayó en un profundo sueño que parecía la muerte.

Cupido al encontrarla, le retiró el sueño mortal de su cuerpo y lo puso de nuevo en la caja. Finalmente la perdonó al igual que Venus.

Fue tanto lo que ella luchó que finalmente los dioses conmovidos por el amor de Psique hacia Cupido, la convirtieron en una diosa para que pudiera reunirse con su amado.

Felizmente Cupido y Psique: El Amor y el Alma, se unieron tras duras pruebas. De esta unión nació una hija llamada Voluptas cuyo nombre significa “Placer”, de donde derivan palabras como voluptuosidad.

A partir de la historia de estos dos personajes el amor ha sido simbolizado por dos corazones atravesados por una flecha: la flecha de Cupido.

jueves, 8 de julio de 2010

JAUJA



El nombre Jauja ha conocido las siguientes alternativas idiomáticas: Xaxay, Sausa, Xexeg, Jauja.

Al pasar de Indias y de España a Francia e Italia, Jauja, pronunciado a la italiana, se convirtió en Cáuca, y, a la francesa, en Cocá, de donde provinieron las locuciones de «pays de Coccagne» y «paese di Cuccagna», a tiempo que tomaba consistencia en ambos países la leyenda de un Jauja «cuyos ríos fueron de leche, de miel y de vino, y de las ramas de cuyos árboles colgaban en forma de floración pantagruélica lechones asados...».

Con ello, la mente europea, harta de las austeridades exageradas de la Edad Media, pareció querer hacer revivir en nuestro continente virgen la nunca olvidada Edad de Oro de los tiempos mitológicos.

Pero es el caso que debajo de las apariencias de aquella fábula, adaptada al medio incaico, hubo un fondo de verdad que al crítico le corresponde dilucidar.

Saxay, razón de ser filológica de Xauxa y de jauja, es verbo de la lengua quechua que expresa hartarse, saciar el hambre y la sed, locupretarse.

Participan de la radical sacs los siguientes nombres geográficos de la sección del continente de Sudamérica que estuvo sometido a influencia quechua: Xauxa, Cauca (en Colombia), Caricato (en la provincia de Chincha, en el Perú), Xaixahuaman (en el Cuzco), Saxama (en Tacna), Sejsej (en Arequipa) y veinte otros.

Y es que en las diferentes provincias del Perú incaico hubo verdaderamente saciaderos, o sea asientos de extraordinaria abundancia en los renglones del comer, el beber y el vestir.

En ellos se repartía, con nunca vista liberalidad a vecinos y forasteros, los mantenimientos y ropas que hubo almacenados en los Tambos Reales, a medida que los nuevos aportes de las comunidades sometidas a tributación llenaban el vacío producido por aquellas reparticiones.

Sabido es que bajo el gobierno de los Incas, cuanto produjo el país por el trabajo de sus individuos se repartió en tres partes iguales: la una para el Inca, la otra para el Sacerdocio y la restante para el común de súbditos; y que la parte destinada al Inca se almacenó en los Tambos Reales que hubo en las diferentes provincias, y sirvió para el mantenimiento de los ejércitos en marcha y de los individuos incapacitados para el trabajo.

Mas como fue menor la cantidad de mantenimientos y ropa que se sacaba de aquel acervo y mayor la que se metía en él, resultó un sobrante que fue del caso repartir con suma liberalidad entre los que lo solicitaban por épocas determinadas del año incaico.

Cuando en España se inventó la expresión «rico como un Perú», se quiso recordar, no tanto el rendimiento de sus ricas minas, cuyo rendimiento, al fin, demandaba trabajo personal, cuanto la bienandanza de que fueron teatro los antiguos «saciaderos incaicos»: las antiguas Jaujas.

Fuente: Las leyendas geográficas del Perú de los Incas autor Rómulo Cúneo-Vidal (del Instituto Histórico del Perú y Correspondiente de la Real Academia de la Historia), edición digital a partir de Boletín de la Real Academia de la Historia, tomo 87 (1925), pp. 309-316.

miércoles, 7 de julio de 2010

SAN FERMÍN


Fermín, obispo (¿† s. II?)

Pampilón para los romanos, Iruña para los vascos -sus pobladores de siempre- y Pamplona en la actualidad. A orillas del Arga, pequeña meseta entre montañas y punto de confluencia en los trazados de las vías romanas por la situación estratégica que unía las ubérrimas tierras de Aquitania -más allá de los montes- con los feraces campos ribereños del Ebro.

Es san Fermín su patrón y cada año, en los primeros días del estío, la celebración de su fiesta revoluciona la ciudad que se convierte por un breve tiempo en un continuo ir y venir, correr y saltar ruidoso, explosivo, alegre, cantante y bullanguero de sus gentes; muchos con pañoleta roja anudada al cuello; otros vestidos de camisa, pantalón blanco y calzados con zapatilla ligera; los más sin señal externa en la indumentaria, pero con retozos en el alma por la fiesta del patrón. ¡Que algo queda de la fe que plantó!

No hay mucho que pueda señalarse acerca de su vida. Nació en un ambiente marcado por el paganismo. Tan pagano era el politeísmo de la mitología romana que pretende dominar tierras y hombres, como paganismo era el uso de los adoradores de dioses ancestrales que daban culto a fuentes, ríos, árboles y hacían ofrendas en las encrucijadas de los caminos del bosque.

No hay seguridad histórica sobre los datos de su nacimiento, y pocos son los apoyos firmes acerca del momento exacto en que vivió; de hecho, hasta hoy los entendidos discuten entre ellos intentando la mayor aproximación posible.

Se da por probado que sus padres eran romanos: Firmo, alto funcionario de la administración en el lugar y su esposa Eugenia, matrona ilustre por su ascendencia noble.

Conocieron al presbítero Honorato que con sencillez y gravedad les enseñó los rudimentos de la fe cristiana; para eso había sido enviado desde las Galias por el obispo Saturnino que apostolizaba la región del Languedoc. Luego será el mismo obispo Saturnino quien venga a Pamplona -llamada también por las Actas Pompanyópolis- para bautizar a los primeros cristianos navarros. Y poco después, recién bautizado, Fermín vivirá tras los Pirineos; llegará más adelante a ordenarse sacerdote y luego será consagrado obispo de Pamplona -el primero- donde organizará a su rebaño creciente, ordenará sacerdotes y dispondrá lo necesario para extender la salvación.

Da testimonio de Cristo con valentía y audacia desconocida hasta el momento por más tierras que las navarras.

Se le vio evangelizando en Agen, Auvernia, Angers, Anjou y Normandía.

En Beauvais dicen que estuvo preso. La Picardía y los Países Bajos conocieron al santo y en Amiens -que también lo tiene por patrón, aunque celebra su fiesta en distinta fecha- fue decapitado.

Dicen que un neoconverso por nombre Faustiniano recogió su cadáver y le dio sepultura en su misma propiedad hasta que más tarde trasladaron sus restos a la iglesia que el mismo Fermín construyó. Más adelante, se repartieron sus reliquias entre Amiens y Pamplona.

Extraído de: http://www.archimadrid.es/princi/princip/otros/santoral/santoral.htm

martes, 6 de julio de 2010

MILAGRO EN EL RIO SALADO

Juan Manuel Reyes Cruz 6 de julio de 2010.



LO QUE PASO EN ANAHUAC (INUNDACION).wmv
2010


1967-2010


El río llenó su cauce aquel verano de 1967. El huracán "Beulah" llegó a morir por estas tierras y en sus estertores de agonía, arrasó con represas y ranchos al desbordar arroyos y secciones del Salado, arrastrando al paso de sus aguas todos los bienes de los rancheros establecidos por las orillas.

En Ciudad Anáhuac, la gente veía pasar con una mezcla de fascinación y miedo el espectacular oleaje que lamía ya el puente ferroviario y amenazaba a cada instante con derrumbarlo y desaparecerlo en su largo cuerpo de rugientes aguas que parecían querer rebelarse al camino que el tiempo les marcó.

Por la superficie, en dantesco desfile, pasaban flotando toda clase de animales domésticos y montaraces, con los ojos desorbitados de terror por aquel forzado viaje hacia fatal destino o ya muertos; ahogados por la furiosa corriente de turbias aguas y profundos remolinos. Junto a ellos, iba también ropa, muebles y toda clase de enseres arrebatados a las casas derrumbadas.

Los más osados habitantes de Anáhuac y Rodríguez, se apostaron por las orillas y sobre el tambaleante puente, para ganar muebles o lazar animales. A los pocos minutos, familias enteras se pusieron a trabajar en equipo para ir pasando de mano en mano todos los bienes y animales rescatados de la corriente. Los animales salían temblando de espanto y frío; pero algunos lugareños rescataban hasta los cuerpos de cerdos muertos que por recién perecer, su carne aún estaba en buen estado y pronto serían convertidos en chicharrón o estofado; al fin que “a río revuelto...”

Ismael de la Cruz atrapaba a mano todo lo que pasaba cerca de él y, conocedor de las orillas, se aventuraba metiendo hasta medio cuerpo en las lodosas aguas. De pronto, descubrió un tanque de doscientos litros que pasaría un poco más retirado de sus posibilidades. Era un tambo nuevo, recién pintado; bien valía la pena arriesgarle un poco, e Ismael decidió arriesgar la vida. Confiado en la fuerza y pericia de su juventud, se adentró y logró atraparlo; pero una turbulencia repentina lo hizo perder el control, el tanque dio un salto y lo golpeó pesadamente en la cabeza haciéndolo perder el sentido. El cuerpo inanimado se hundió inmediatamente y fue arrastrado fuera de la vista de los presentes. Ismael había arriesgado la vida, y la perdió en el albur.

Sus familiares y amigos quedaron pasmados ante la súbita tragedia. Algunos reaccionaron corriendo paralelamente al cauce en búsqueda desesperada; otros fueron a dar parte a las autoridades; pero el cuerpo de aquel hombre ya no volvió a emerger. El cadáver fue devorado por la serpiente de aguas enfurecidas y ni autoridades ni amigos pudieron hacer nada; había que esperar a que bajara el nivel para empezar a explorar en su búsqueda. Lágrimas y lluvia corrían juntas por las mejillas de deudos y allegados que permanecieron de pie ante el río cruel hasta la llegada de la noche; incrédulos aún y confundidos ante lo volátil de la existencia; embargados por sentimientos de impotencia y dolor ante la muerte.

Al día siguiente, con las aguas todavía a medio nivel, empezaron a explorar desde las orillas; pero tras una larga e infructuosa jornada, el día terminó. Las aguas aún tardarían en bajar hasta su nivel normal y conjeturaban si tal vez al siguiente día toda exploración sería inútil, como así fue…

Desesperados ante la impotencia de las autoridades, aquella noche la familia del ahogado acudió a la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe en busca de ayuda. Tal vez Dios se compadecería de su pena y escucharía sus plegarias.

El Sacerdote los recibió y escuchó atento, pensativo. No cabía duda que eran las suyas expectativas inauditas. Era delicado e insólito el planteamiento de aquella gente; pues lo que pedían era una señal del Cielo, algo así como un rayo de luz que venido desde lo Alto, guiara a los rescatistas hasta el lugar preciso donde se encontraba el cadáver de Ismael; así de "sencillo…"

El padre José de Jesús Aviña era un joven sacerdote de gran estatura y corpulencia que con su pelo ensortijado y piel morena, nos recordaba más a un púgil de peso completo que a un hombre de Dios; sin embargo, la población se le entregó por su gran carisma y vida ejemplar. Fue el primer vicario que organizó el Viacrucis popular en Semana Santa y se atrevió a penetrar la Zona de Tolerancia para llevar la Palabra a las mujeres públicas con éxito tal, que también se les vio participar en procesiones y misas dominicales.

Eran los jóvenes sus más fieles seguidores y aunque los tenía organizados en equipos deportivos, grupos de oración y retiros espirituales, la muchachada, siempre antisolemne, a sus espaldas le apodaban con cariño y admiración el padre "Clay", en recuerdo del famoso boxeador de color campeón del mundo; pero el Párroco disimulaba paciente y comprensivo y continuaba con su vida mística, disciplinada en retiros de meditación profunda y jornadas de ayuno y oración que lo tenían en constante Gracia; y con todo su dinamismo, no podía ocultar los destellos de santidad en su mirada.

- "Vengan mañana y después de la primera misa iremos juntos al río. Tal vez no busquemos mucho; Él, nos señalará el lugar donde quedó el cuerpo de Ismael…" - dijo con la vista fija en el Crucificado.

A la mañana siguiente salió a una cita con la fe del pueblo, acompañado de aquella buena gente que en su inocencia pedía "nada más" una señal de Dios que les indicara el sitio exacto donde el cuerpo esperaba para ser llevado a la tierra santa del panteón; esto incrementaría la confianza en el Altísimo y los lazos permanentes que tiene con su pueblo.

Al llegar al punto de la tragedia, el padre sacó de la gran bolsa que llevaba, una cruz de maderas nuevas, elaborada de pino y plegarias al Supremo, y en sus cuatro extremos acomodó cabos de velas benditas pegándolos con la misma cera fundida; luego levantó mirada y cruz al cielo con inaudible oración entre los labios. En seguida, la puso a flotar al filo del agua y encendiendo las cuatro velas, explicó parcamente a los espectadores:

- ¡Esta cruz bendita será nuestra guía…!

La cruz pronto fue arrebatada al centro del cauce y empezó un agitado viaje sobre las aguas turbulentas mientras los vientos parecían respetar aquellos cuatro cabos que mantenían los pabilos encendidos.

Comenzó la marcha en seguimiento de aquel insólito guía y sobre el avance a veces presuroso, a veces lento; la veían detenerse y girar en algún remolino para luego continuar su navegación que parecía impulsada por la fe colectiva y las silentes oraciones del padre José de Jesús, que cabizbajo y con las manos entrelazadas en una súplica constante, caminaba al frente de todos.

Súbitamente, la cruz se detuvo y se fue desplazando lentamente hasta un lugar cercano a la orilla. Momentáneamente dio algunas vueltas en el mismo lugar y luego quedó quieta ante los ojos de la procesión que vio el repentino y simultáneo apagarse de las cuatro velas, como si algún invisible emisario de lo Incógnito hubiera soplado sobre ellas dando por terminada una misión.

- ¡En ese lugar se encuentra el cuerpo de Ismael! - exclamó el padre Aviña con una amplia e iluminada sonrisa.

Tres hombres se metieron al agua y, reverentes, tomaron la cruz para entregarla al sacerdote. Regresaron al punto señalado y se sumergieron para empezar una ciega búsqueda por entre las lodosas aguas. Ahí, a dos metros de profundidad, sujeto entre unas ramas, encontraron un cuerpo.

Al aviso de un rescatista, la expectación creció entre los presentes, y se acercaron más a la orilla entre esperanzados y curiosos. De pronto, los familiares estallaron en llanto al ver emerger el cuerpo abotagado y duro del que fuera un ser querido. Sus irreconocibles rasgos tenían una expresión serena y sus ojos muy abiertos y saltados parecían asomar sorprendidos a la Eternidad.

El cadáver fue sepultado de inmediato por el avanzado estado de descomposición en que se encontró y por tanto, aquella tarde la Misa no pudo ser de cuerpo presente; pero la gente acudió solemne y conmovida por la manifestación divina que pronto corrió de boca en boca.

Han pasado casi treinta años desde aquellos hechos y muchos de los protagonistas y testigos de esta historia han partido ya de nuestro mundo hacia la vida que tras la muerte nos espera; incluso, el padre José de Jesús Aviña, también se recogió ya a la casa del Señor al que tanto sirvió con fidelidad y empeño. Murió lejos de Anáhuac; y los jóvenes de entonces, hoy gente vieja o madura, lo recuerdan con cariño y al paso de los años, han ido recreando aquel acontecimiento contando a sus hijos y a sus nietos sobre aquel…

Milagro en el Río Salado…
rafael olivares b's blog

Nota del autor: "Con un agradecimiento para aquellos que se solidarizaron con el pueblo en desgracia, hoy dedico a Anáhuac, Nuevo León, esta leyenda como un regalo que les sirva para entender que aún de la tragedia, a veces, nos quedan también bellos recuerdos."

Fuente
http://www.norestense.com/inundacion-en-anahuac-nuevo-leon-leyendas-de-norestense
Imagen
noticiasdenuevolaredo.blogspot.com


http://www.youtube.com/watch?v=qUvIIC_gT1Q

EL ALICANTO


Es un pájaro fabuloso que vive entre los cerros de minerales y se alimenta de oro o de plata, según sea el metal del cerro donde mora.

Sus ojos despiden extraños fulgores. De sus alas se desprenden reflejos que lo envuelven en un halo luminoso, cuando camina por los peñascales. Si tiene su buche lleno, no puede volar debido al peso de los metales con que se alimenta, pero no le es difícil huir si alguien se atreve a perseguirlo, pues en cualquier recodo o grieta se oculta, sin dejar huella de su paso.

Si la persecución es mantenida, el Alicanto se perderá y aparecerá; caminará con un paso más rápido y a veces lento, hasta que por fin arrojará una luz fortísima que traspasará y encandilará al perseguidor dejándolo enceguecido en medio de un camino o al borde de un precipicio.

(Versión de Oreste Plath)

Cuando está en ayuno come con ligereza y, cuando está harto, lentamente.

Si se siente perseguido oscurece sus alas. Habita en pequeñas cuevas. Pone dos huevos, de oro o de plata. A veces lleva a sus perseguidores a la muerte y los arrastra a los bordes de los precipicios.

Los mineros que tienen por guía a un Alicanto se enriquecen, ya que éste los conduce a puntos donde existen ricos yacimientos o a los sitios donde hay algún tesoro enterrado.

Es un pájaro de plata y oro que orienta a los mineros hasta el filón del mineral que ellos buscan.

Aparece solamente de noche y su cuerpo no proyecta sombra alguna sobre la tierra.

Si el minero que lo sigue va poseído de una ambición desmedida, el Alicanto lo arrastra a un precipicio, donde perece.

Chile, región de Antofagasta.

lunes, 5 de julio de 2010

EL ATAQUE CHANCA AL CUSCO



Los chancas eran un grupo étnico establecido en la región de Ayacucho. Se dividían en las dos mitades de Hanan (arriba) y Hurin (abajo) y decían tener su origen o pacarina en las dos lagunas de Choclococha y Urcococha. Formaban un pueblo rudo, habían conquistado Andahuaylillas y su nueva meta era el Cusco.

Durante el gobierno de Viracocha, los chancas partieron de Paucaray -a tres leguas de Parcos- y se dividieron en tres ejércitos. Tan seguros estaban de la fácil conquista del Cusco que dos de los ejércitos se dirigieron al Cuntisuyu y el tercero tomó la ruta al Cusco. Por su parte, el inca, viejo y cansado, abandonó el Cusco a su suerte y se refugió junto a su hijo Urco en la fortaleza de Chita.
En esas circunstancias, surgió la figura del joven príncipe Cusi Yupanqui quien decidió defender el Cusco.

Cusi Yupanqui, el futuro Pachacutec, nació en el linaje de Iñaca Panaca, un ayllu real.

El cronista Betanzos narra épicamente el encuentro de Cusi Yupanqui con los chancas. Cusi contaba con escasos efectivos, con lo cual el triunfo cobra aun mayor realce. En torno al Cusco, el ejército de Cusi cavó grandes hoyos recubiertos de ramas para que los chancas cayeran en ellos. Además, el sacerdote del Sol confeccionó unos bultos de piedra revestidos de ropas para simular un ejército apostado esperando entrar a la lucha. Cusi Yupanqui trató de formar alianzas con sus vecinos pero ellos prefirieron esperar al desarrollo de los acontecimientos para plegarse al vencedor.

Inca Urco, hijo de Viracocha, partió junto con su padre. él había sido nombrado co- regente y en aquel entonces había recibido la borla, insignia del poder, y ese mismo día se casó con quien sería la mujer principal, todo aquello según costumbre inca. Sin embargo, el joven se mostró poco guerrero y no luchó por el Cusco.

Las sucesiones incas eran tumultuosas por no existir la primogenitura: el poder recaía sobre el "más hábil y eficiente" de los posibles candidatos. De ahí que todas las sucesiones incas dieran lugar a intrigas, luchas intestinas y asesinatos. En este marco, la contienda de Huascar y Atahualpa no fue un caso insólito sino más bien usual pero debido a la gran expansión del Estado Inca tomó un carácter continental.

Los espías anunciaron la cercanía chanca y los vieron llegar en desorden por la bajada del cerro de Carmenca emitiendo gritos y alzando sus armas. Llevaban el pelo en pequeñas trenzas y la cara pintada de rojo. En su euforia, no notaron los hoyos y cayeron en ellos. Un curaca llamado Chañian Curi Coca de los ayllus de Choco- Cachona aguardaba la proximidad del enemigo para atacar y peleó tan valientemente que triunfó en su zona. Hasta las piedras puestas por el sacerdote entraron en la contienda. Ellos eran los pururaucas, misteriosos aliados de los incas que sembraron el terror entre las tropas enemigas. Para decidir la batalla, Cusi Yupanqui se dirigió hacia el jefe chanca Uscovilca, lo mató, cogió el ídolo que guardaba consigo y lo mostró a los chancas que se desmoralizaron e iniciaron la huida.

Más adelante, los chancas se rehicieron pero nuevamente triunfó Cusi, ayudado esta vez por sus vecinos. Los incas los persiguieron y se apropiaron del botín que facilitaría en el futuro la expansión cusqueña.
Vencidos los chancas, Cusi Yupanqui juntó el botín y los prisioneros y se dirigió hacia la fortaleza donde estaban Viracocha y Urco.
Según costumbre inca, el soberano debía pisar los despojos y a los jefes capturados en acto de toma de posesión de los vencidos y de sus tierras. Viracocha se negó a hacerlo y señaló a Urco como su regente y el indicado para asumir el poder.
Cusi no admitió la propuesta y después de reiterar su pedido decidió regresar al Cusco.
Por el camino fue asaltado por soldados de Viracocha pero conocía las intenciones del viejo inca y estaba preparado para el ataque. Así pudo regresar al Cusco sin mayores percances.

No tardó Cusi en ceñir la borla y con ello, según costumbre antigua, cambió de nombre tomando el de Pachacutec Inca Yupanqui, personaje con el que se inicia el auge cusqueño. La expansión inca se puede ubicar en los principios del siglo XV y forma parte de la historia moderna del mundo andino.

Gracias a la elección de los gobernantes, se sucedieron personajes destacados y si bien Pachacutec fue el iniciador, su hijo Túpac Yupanqui fue el gran conquistador y Huayna Cápac, el estadista. Los incas más cercanos a la invasión española nos permiten formular una historia menos legendaria por el número de noticias que tenemos de la época y la tradición oral conservada gracias a cantares que se ejecutaban en la gran plaza de Aucaypata durante las grandes fiestas y en presencia de las momias de los anteriores incas.

domingo, 4 de julio de 2010

EL PADRE SIN CABEZA


Es un personaje cuyo surgimiento se remonta al periodo colonial, centro americano, se cree que el protagonista de esta leyenda fue un fraile quien defendió a los indígenas siguiendo los principios de Fray Bartolomé de las Casas, el era Fray Antonio de Valdivieso y lo asesinaron el 6 de Febrero de 1550 por el soldado Juan Bermejo, cómplice de los hermanos Contreras.


Su asesinato fue horrible, lo decapitaron según datos recabados, la cabeza de fraile rodó desde la iglesia hasta la Costa del Lago en cuyas aguas desapareció de ahí la popularización "El agua se la tragó".

Después de esto se originó en las mismas aguas un vientos muy fuerte que dio origen a una oleada que devastó al pueblo, luego de un tiempo los sobrevivientes comenzaron a construir sus humildes ranchitos, hasta lograr construir el pueblo, el cual fue el escenario de las apariciones del fraile, quien apareció como lo asesinaron de ahí su nombre "El padre sin cabeza", el padre andaba penando la iglesia y se pasaba las noches recorriendo el pueblo, el Sábado de Gloria paseaba por los túneles que comunicaban a los sótanos de la Catedral de León.





sábado, 3 de julio de 2010

LA LEYENDA DEL CHAJÁ.


El Chajá, (Chauna torquata), es un ave zancuda del Sur de Sudamérica, en especial de Argentina y Uruguay.
Su cuerpo de regular tamaño, está recubierto por plumas de color gris plomizo.
En su cuello una línea de plumas negras forma un collar, y dos manchas blancas se destacan en el dorso.
Sus alas están provistas de espolones, y luce un copete en la nuca.
Habita en lugares húmedos, pantanosos o en las orillas de ríos o arroyos.
Entra al agua, pero no sabe nadar.
Sólo se los caza vivos y en pareja, pues si así no se hace, el ave muere al ser separado de su compañera.
Es tal el cariño que se profesan entre sí los que forman la pareja, que si uno se enferma, el otro no se aparta de su lado y trata de auxiliarlo en todo momento con mucho cariño.
Si llega a morir, no es extraño que al poco tiempo muera el otro también.
Construyen el nido ayudándose los dos, y cuando llega el momento de empollar, lo hacen también los dos alternativamente.
Una vez nacidos los polluelos, ambos se encargan de ellos: la hembra los cuida y el macho les proporciona alimento y los defiende.
Es un ave vigilante, y a la menor señal de peligro, levanta el vuelo y grita: "Chajá!" o "Yahá".
De este grito se ha tomado el nombre con que las distinguimos.
Vuela a gran altura describiendo círculos y puede mantenerse mucho tiempo en el aire.
Persigue a las aves de rapiña, siendo por ello un excelente guardián de gallineros y rebaños, reemplazando muchas veces al perro.
Se domestica con facilidad, llega a reconocer a su amo y a las personas de la casa.
El hombre no lo persigue para comer, pues su carne no es comestible. Al cocinarla se transforma, en su mayor parte, en espuma.
De aquí el dicho "Pura espuma como el chajá".

viernes, 2 de julio de 2010

EL CRISTAL EN EL OJO



Un cuento de Andersen comienza con la historia de un espejo mágico construido por unos duendes perversos. El espejo tenía una curiosa particularidad. Al mirar en él, sólo se veían las cosas malas y desagradables, nunca las buenas. Si se ponía ante el espejo una buena persona, se veía siempre con aspecto antipático. Y si un pensamiento bueno pasaba por la mente de alguien, el espejo reflejaba una risa sarcástica. Pero lo peor es que la gente creía que gracias a aquel maldito espejo podía ver las cosas como en realidad eran.

Un día el espejo se rompió en infinidad de pedazos, pequeños como partículas de polvo invisible, que se extendieron por el mundo entero. Si uno de aquellos pequeños cristalitos entraba en el ojo de una persona, empezaba a ver todo bajo su aspecto malo.

Y eso es lo que sucedió a un chico llamado Kay.

Estaba una noche mirando por la ventana y de repente se frotó un párpado. Notó que se le había metido algo.

Su amiga Gerda, que estaba con él, intentó limpiarle el ojo, pero no vio nada. Sin embargo, a partir de entonces Kay ya no era el mismo de siempre.

Cambió su carácter. Sus juegos ahora eran distintos. Aparentaba ser muy juicioso, pero su actitud era siempre crítica, ácida, distante.

Veía ridículo todo lo positivo y bueno. Le gustaba resaltar lo malo, poner de relieve los defectos de todo. Y aquel odioso cristal, que tanto había cambiado su modo de ver las cosas, se fue deslizando desde el ojo hasta llegar al corazón, que se enfrió tanto como su mirada y se convirtió en un témpano de hielo.

Y entonces ya no le dolía. El chico acabó recluido en un frío castillo, y allí vivía, persuadido de que era el mejor lugar del mundo.

Su amiga lo buscó de un lugar a otro durante un año. Tuvo que superar muchas dificultades hasta que al fin lo encontró.

Vio entonces cómo el chico se entretenía coleccionando trocitos de hielo y componiéndolos con diseños muy ingeniosos.

Era el gran rompecabezas helado de la inteligencia.

Quizá en la vida ordinaria a bastantes personas les ha pasado algo parecido.

En determinado momento, su mirada cambió. Empezaron a ver todo con peores ojos, a fijarse siempre en lo negativo. Fueron seducidos por una dialéctica turbia y peligrosa que les llevaba a asomarse a todos los abismos. Pensaban que con eso superaban una ingenuidad anterior, y les sucedió como a los que miraban en aquel maldito espejo: estaban seguros de que ahora tenían una visión más madura, de que veían las cosas tal como en realidad eran.

Y al cambiar su mirada, cambió también su corazón. Empezaron a ver a las personas por sus defectos en vez de por sus cualidades.

Empezaron a ser envidiosos, a pensar mal, a sufrir con los éxitos ajenos, a ser victimista.

Muchos de ellos volcaron esa visión negativa también sobre sí mismos, y eso les llevó a agigantar sus defectos, a infravalorarse y auto empequeñecerse.

Con el tiempo, quizá han advertido que ese proceso les atormenta y les consume, pero les cuesta controlar sus pensamientos. Saben que debería reconducir esas ideas que se han adueñado de su cabeza, pero hay algo que congela sus recuerdos y emociones, como sucedía a Kay durante su cautiverio en el castillo.

Para superar ese modo negativo de ver las cosas, que en alguna medida nos afecta a todos, hemos de comprender lo equivocado de ese dolor, lo que hemos sufrido y hecho sufrir inútilmente, lo ingratos e injustos que hemos sido con nuestros pensamientos.

Cuando lamentemos de verdad todo eso, cuando dejemos reponerse al corazón y empecemos a ver las cosas con los ojos de antes, volveremos a ver la realidad tal como es.

Quizá el problema es que el corazón está ya un poco frío y apenas nos duele, como le pasaba a Kay. Pero no por eso deja de tener y necesitar arreglo.

Es un cambio difícil, pero posible.

En el cuento, fueron las lágrimas de Gerda las que se abrieron camino hasta el corazón de su amigo, que también comenzó a llorar, y lo hizo de tal modo que el maldito cristal salió flotando entre sus lágrimas.

También a nosotros nos puede ayudar mucho una mano amiga, una persona que supere los obstáculos que sean necesarios hasta hacernos comprender lo triste de nuestra actitud.

Porque la vida a veces es dura y difícil, pero lo es sobre todo por ese cúmulo de prejuicios que nos ha entrado por la mirada y ha ido descendiendo hasta el corazón.

Y sólo ese llanto del alma nos hará valorar el error y superarlo.

Autor: Alfonso Aguiló

jueves, 1 de julio de 2010

MI PACHAMAMA




MI PACHAMAMA – Zamba
Autor: Los Hnos. Abalos

Música de mi tierra
que se baila en el monte,
sintiendo tu canto,
las penas se esconden
yo no sé ni adónde,
ni adónde, señor.

Bombo golpeando zambas,
pañuelos revoleando,
se me antoja al verlos
cuando están bailando
palomas volando,
palomas, señor.

Ay, sí, mi almita, cantando voy
por alegres sendas
de mi Pachamama,
todas perfumadas,
todas sí, señor.

Cuando voy por los montes
vuelan mis pensamientos,
parecen baqueanos
en campos desiertos,
jineteando al viento,
al viento, señor.

Ojitos de esperanza,
boquita de claveles
tienen por mis pagos
tierra de quereres
todas las mujeres
todas sí, señor.

Ay, sí, mi almita, cantando voy
por alegres sendas
de mi Pachamama
todas perfumadas
todas sí, señor.