martes, 13 de julio de 2010

LA GRAN ENEMISTAD ENTRE EL LEÓN Y EL ZORRINO



En cierta ocasión, una doncella tuvo un hijo sin haber tenido relación con hombre alguno. Era muy linda, de cabello claro. Algún tiempo después de lo ocurrido, un poderoso lonko la tomó por esposa.

Un día entre los días, ella le confió a su marido, el grande y severo jefe de los mapuches, que le había oído decir claramente en sueños a una voz que seguramente era la del misterioso padre de su hijo:

-Tomaré del sol el gran talismán para nuestro hijo.

El lonko se sintió enfurecido al oír la confidencia de su esposa, interpretando el sueño como prueba de que existía un rival; y movido por su ira, llevó al niño hasta una gruta del bosque y lo dejó abandonado allí.

Cuando la madre buscó al niño y no lo encontró, comenzó a gritar desesperadamente, aunque ignoraba aún que el león lo había devorado.

Ella había introducido bajo la piel de su hijo unas gotas de su propia sangre para protegerlo en el caso de que se perdiera. Por eso, corría de aquí para allá, gritando:

- ¿Dónde estás, sangre mía?
¿Donde estás, sangre mía?

Hasta que, por fin, la sangre contestó:
¡Aquí estoy, aquí estoy!

La voz resonaba en el vientre de un león. La madre le enrostró su crimen al animal.

- ¿Por qué has devorado a mi hijo? – Gritó-

¿No había algún otro que no fuese de sangre noble?

El león, que también tenía intenciones de devorarla a ella, le dijo maliciosamente:

- Quédate aquí un rato y te traeré a otro niño...

Pero la madre, sospechando una traición de la fiera, apostó en la entrada de la gruta a un zorrino quien, al llegar el león, le lanzó a los ojos su nauseabunda y caliente orina. El león quedó ciego. La madre aprovechó esto para abrirle el vientre y allí encontró a su hijo, pero muerto.

Mientras buscaba a su desaparecido hijo, la madre, de acuerdo con lo anunciado an sueños, había recibido del padre de la criatura un talismán vivificador traído del cielo. Con él hizo ahora revivir a la criatura, aunque ya estaba muerta cuando la sangre de la madre que llevara en el cuerpo le contestara: “¡Aquí estoy!”

(Debe saberse que la sangre, el pus y el salivazo han de responder siempre al llamado de su dueño).

Al resucitar el niño, su misterioso padre vino y dijo:

- Venid conmigo. Yo os llevaré arriba, allí donde estoy siempre.

El lonko los vio subir, arriba, cada vez más arriba, de donde jamás volvieron. Y se sintió muy triste y murió al poco tiempo.

Desde esa época el león es enemigo mortal del zorrino y éste le hace todo el daño posible dondequiera se encuentren.

Fei Afí. (Este es el fin).


Del Libro Cuentan los Araucanos de Berta Koessler Ilg,
Edit. Nuevo Extremo

lunes, 12 de julio de 2010

TKUM U MAM




En la penumbra histórica entre la vida precolombina y la Colonial aparece la figura resplandeciente de un personaje vigoroso y atrevido que por su extraordinaria hazaña se le nombró con una frase alegórica compuesta de tres palabras.

TKUM, significa “batido”, es participio pasado de K Tuk, quiere decir “batir”. Alude a una tradición del Pop Wuj en que se refiere que el Divino Creador al fin hizo una generación humana magnífica hecha de maíz.

U, es adjetivo posesivo de segunda persona, significa “su de él” o “su de ella”.

MAM, significa abuelo, ancestro, antepasado.

Reuniendo las tres palabras TKUM U MAM indica: “El de los abuelos batidos” (de maíz). Es para expresar que era un hombre fuerte, extraordinario e inteligente. No se sabe su nombre propio.

La historia va así: Los quichés no hicieron la guerra con los españoles, porque fueron avisados por el Monarca de México, Moctezuma VIII, además los adivinos no lo veían con buenos ojos a los hombres blancos porque estos los exterminarían.

Kikab gobernante de los quichés, tenia una gran pena, pensando que hacer, poco tiempo después murió, quedando su hijo en el poder, cuyo nombre se desconoce en la historia. Se hizo cargo del mando y dirigió los preparativos de la defensa.

El encuentro entre ki-ches y españoles fue en un lugar llamado P Chaj de Quetzaltenango (hoy Llanos del Pinal).

Era una muchedumbre la defensa, para impartir órdenes y hacerse oír, el Príncipe, dispuso se hincara un palo enhiesto muy alto en el suelo revestido de una escalera de cuerdas o lazos; en la punta estaba adaptado un trapecio giratorio al que se amarró y enrollo un largo lazo.

El Príncipe se disfrazó de su nawal Tzkin (pájaro) con vistosas plumas verde de quetzal. Todo estaba listo. Se trepó por la escalera del lazo y al llegar a la cima se amarró el extremo suelto del lazo a la cintura.

Cuando llegó el momento oportuno se lanzó al aire, con el peso de su cuerpo empezó a girar el trapecio describiendo círculos cada vez más anchos a medida que se desarrollaba el lazo en el trapecio.

Gritaba y dirigía la acción blandiendo en la mano un hacha obsidiana procurando atacar a Pedro de Alvarado quien estaba montado en un caballo; en su intentó solo mato al caballo, el que se repuso inmediatamente por otro caballo. Sorprendido Alvarado le asestó una lanzada en pleno vuelo, ya herido lo bajaron, tendido en el suelo lo atacaron los perros de los españoles. Alvarado se volvió a los jinetes que lo acompañaban y les dijo: “No vi en lo de Méjico más extraño QUETZAL”; asombrado por el espectáculo creyó que en verdad era un gran quetzal.

Al moribundo príncipe, lo llevaron a Pacaja donde expiró por la herida mortal. Por el vuelo trágico fue que se le admiró y se distinguió la frase alegórica “TKUM U MAM”.

También de este acontecimiento se formó el topónimo “Quetzaltenango” que significa “Lugar del Quetzal” aludiendo al nawal de TKUM U MAM.

Fuente: Kí-chè, Adrian Inés Chavéz.

domingo, 11 de julio de 2010

PESCE COLAO


El historiador Plinio narra la aparición en la zona del océano gaditano de un hombre marin cuyo cuerpo era enteramente humano. Plinio lo oyó comentar a unos caballeros romanos que fueron testigos oculares del suceso.

El Pesce Colao y vivió, entre el año 1166 y 1189 en los mares del sur de Italia. Peje Nicolao, como también se le conocía, era capaz de salvar grandes distancias a nado, por lo que le empleaban como correo marítimo entre los puertos del continente y las islas.

El rey Federico de Nápoles y Sicilia quiso comprobar la certeza de sus hazañas y se lo llevó hasta el famoso remolino de Caribdis, en el estrecho de Mesina, y arrojó al agua una copa de oro, diciéndole a Nicolao que si la recuperaba era suya. "Pesce Cola" se lanzó al agua y salió con la copa en la mano, contando tremendas visiones de monstruos marinos.

Otro caso referido por M Larrei en su Historia de Inglaterra, cuenta que fue pescado un hombre marino en el año 1187 y más tarde presentado al Gobernador de Oxford. El gobernador lo mantuvo en su casa durante 6 meses. Posiblemente realizando tareas como esclavo o sirviendo como elemento de análisis o experimentos.

En 1239 lo cita un autor inglés, diciendo que el Pesce Colao habita en el mar de Nápoles.

Pedro Mexía, en su Silva de Varia Lección, Juan de Mandevilla en el Libro de las maravillas del mundo, aparecido por 1ª vez en Valencia en 1515, y Antonio de Torquemada en su Jardín de flores curiosas, publicado en Salamanca en el año 1570, son los españoles anteriores al siglo XVIII que se hacen eco de las curiosas noticias de estos extraños personajes acuáticos.

sábado, 10 de julio de 2010

EL PEZ Y LA TORTUGA


Amanecía. Los primeros rayos del sol se reflejaban en las aguas azules del mar de Arabia.

Una tortuga salía de su sueño profundo y se desperezaba en la playa.

Abrió los ojillos y, de repente, vio un pez que sacaba la cabeza del agua.

Cuando el pez se percató de la presencia de la tortuga, le preguntó:

-Amiga tortuga, presiento que hay sabiduría en tu corazón y quiero hacerte una pregunta: ¿qué es el agua?

La tortuga no repuso al instante.

No podía creer lo que le estaba preguntando aquel pez que estaba cerca de ella.

Cuando se dio cuenta de que no estaba durmiendo y el suceso no era parte de un sueño, repuso:

-Amigo pez, has nacido en el agua, en el agua estás viviendo y en el agua hallarás la muerte. Alrededor de tu cuerpo hay agua y agua hay dentro de tu cuerpo. Te alimentas de lo que en el agua encuentras y en el agua te reproduces. ¡Y tú, pez necio, me preguntas qué es el agua!

viernes, 9 de julio de 2010

CUPIDO Y PSIQUE

Cupido y Psique, Lionel Noel Royer.


En la antigua Grecia Cupido era conocido como Eros, el hijo joven de Afrodita la diosa del amor, la belleza y la fertilidad. Para los romanos cupido es el dios del amor hijo de Venus y de Marte, dios de la guerra.

Cupido era ayudante de su madre Venus, dirigía la fuerza primordial del amor y la llevaba a los mortales. Era pícaro y carismático, pero a veces cruel con sus víctimas, ya que no tenía escrúpulos.

A la espalda llevaba dos clases de flechas: unas doradas con plumas de paloma que provocaban un amor instantáneo, y otras de plomo con plumas de búho que provocaban la indiferencia.

Consciente del poder que tenia, a veces rechazaba las peticiones de su madre y los demás dioses de interferir en el curso de la vida de algunos mortales y así que provocaba frecuentes problemas a los dioses.

Un día se enfadó con Apolo cuando éste bromeo sobre sus habilidades como arquero, por lo que Cupido hizo que Apolo se enamorara de la ninfa Dafne y a ella le disparó una flecha con punta de plomo. Dafne rezó al dios río Peneo pidiendo ayuda y fue transformada en un árbol de laurel, que se consagró a Apolo.

De este modo, entre rebeldía y travesuras, Cupido cumplía con su cometido, al paso del tiempo Venus comenzó a preocuparse porque su hijo no crecía, en busca de una respuesta se dirigió al Oráculo de Temis, quien le dijo: “El amor no puede crecer sin pasión”.Venus no comprendió la respuesta hasta que nació su hijo Anteros, dios de la pasión. Cuando estaba junto a él, Cupido crecía y se transformaba en un hermoso joven, pero cuando se separaban, volvía a ser un niño.

Por otro lado en la Tierra de los mortales vivía una princesa llamada Psique (Alma), que a pesar de ser tan bella no lograba encontrar marido pues los hombres que la idolatraban no se sentían dignos de ella.

Su padre intentó hallar a través del oráculo de Delfos un buen marido para Psique, pero éste predijo que ella encontraría el amor en un precipicio. El marido que le sería destinado, una serpiente alada, terrible y poderosa, llegaría hasta ella y la haría su esposa.

Venus celosa por la gran belleza de Psique le pidió a Cupido que la hiciera enamorarse locamente del hombre más feo, vil y despreciable del mundo. Enterada de que se encontraba en el borde del abismo, envió a su hijo a dispararle sus flechas pero este al verla, se enamoró profundamente de ella y creció hasta convertirse en un apuesto joven.

Contra los deseos de Venus, Cupido llevó a Psique por arte de magia a un castillo aislado y se casó con ella, teniendo la condición de que como simple mortal, tenía prohibido mirarlo.

La princesa al sentirlo cerca y escuchar su dulce voz no sintió temor, estaba segura que no era un monstruo, sino el amante esposo que tanto tiempo había deseado. Él la visitaba todas las noches rogándole siempre que no viera su rostro.

Eran muy felices hasta que convencida por sus envidiosas hermanas, Psique rompió la prohibición impuesta por los dioses y miró a su marido.

Eso le valió el castigo de ser abandonada por Cupido, quien con tristeza se despidió diciéndole: “El Amor no puede vivir sin confianza”. Expulsada del castillo, la arrepentida princesa recorrió el mundo en busca de su amado, superando una serie de desafíos cada vez más difíciles y peligrosos impuestos por Venus.

Como última instrucción le dio una pequeña caja indicándole que la llevara al inframundo. Tenía que llevar un poco de belleza a Proserpina la esposa de Plutón. Se le advirtió también que por ningún motivo debía abrir la caja.

Psique se alistó para el viaje y durante el se enfrentó a varios peligros que fueron superados gracias a los consejos dados, sin embargo la curiosidad por abrir la caja la venció y entonces lo hizo, y al momento cayó en un profundo sueño que parecía la muerte.

Cupido al encontrarla, le retiró el sueño mortal de su cuerpo y lo puso de nuevo en la caja. Finalmente la perdonó al igual que Venus.

Fue tanto lo que ella luchó que finalmente los dioses conmovidos por el amor de Psique hacia Cupido, la convirtieron en una diosa para que pudiera reunirse con su amado.

Felizmente Cupido y Psique: El Amor y el Alma, se unieron tras duras pruebas. De esta unión nació una hija llamada Voluptas cuyo nombre significa “Placer”, de donde derivan palabras como voluptuosidad.

A partir de la historia de estos dos personajes el amor ha sido simbolizado por dos corazones atravesados por una flecha: la flecha de Cupido.

jueves, 8 de julio de 2010

JAUJA



El nombre Jauja ha conocido las siguientes alternativas idiomáticas: Xaxay, Sausa, Xexeg, Jauja.

Al pasar de Indias y de España a Francia e Italia, Jauja, pronunciado a la italiana, se convirtió en Cáuca, y, a la francesa, en Cocá, de donde provinieron las locuciones de «pays de Coccagne» y «paese di Cuccagna», a tiempo que tomaba consistencia en ambos países la leyenda de un Jauja «cuyos ríos fueron de leche, de miel y de vino, y de las ramas de cuyos árboles colgaban en forma de floración pantagruélica lechones asados...».

Con ello, la mente europea, harta de las austeridades exageradas de la Edad Media, pareció querer hacer revivir en nuestro continente virgen la nunca olvidada Edad de Oro de los tiempos mitológicos.

Pero es el caso que debajo de las apariencias de aquella fábula, adaptada al medio incaico, hubo un fondo de verdad que al crítico le corresponde dilucidar.

Saxay, razón de ser filológica de Xauxa y de jauja, es verbo de la lengua quechua que expresa hartarse, saciar el hambre y la sed, locupretarse.

Participan de la radical sacs los siguientes nombres geográficos de la sección del continente de Sudamérica que estuvo sometido a influencia quechua: Xauxa, Cauca (en Colombia), Caricato (en la provincia de Chincha, en el Perú), Xaixahuaman (en el Cuzco), Saxama (en Tacna), Sejsej (en Arequipa) y veinte otros.

Y es que en las diferentes provincias del Perú incaico hubo verdaderamente saciaderos, o sea asientos de extraordinaria abundancia en los renglones del comer, el beber y el vestir.

En ellos se repartía, con nunca vista liberalidad a vecinos y forasteros, los mantenimientos y ropas que hubo almacenados en los Tambos Reales, a medida que los nuevos aportes de las comunidades sometidas a tributación llenaban el vacío producido por aquellas reparticiones.

Sabido es que bajo el gobierno de los Incas, cuanto produjo el país por el trabajo de sus individuos se repartió en tres partes iguales: la una para el Inca, la otra para el Sacerdocio y la restante para el común de súbditos; y que la parte destinada al Inca se almacenó en los Tambos Reales que hubo en las diferentes provincias, y sirvió para el mantenimiento de los ejércitos en marcha y de los individuos incapacitados para el trabajo.

Mas como fue menor la cantidad de mantenimientos y ropa que se sacaba de aquel acervo y mayor la que se metía en él, resultó un sobrante que fue del caso repartir con suma liberalidad entre los que lo solicitaban por épocas determinadas del año incaico.

Cuando en España se inventó la expresión «rico como un Perú», se quiso recordar, no tanto el rendimiento de sus ricas minas, cuyo rendimiento, al fin, demandaba trabajo personal, cuanto la bienandanza de que fueron teatro los antiguos «saciaderos incaicos»: las antiguas Jaujas.

Fuente: Las leyendas geográficas del Perú de los Incas autor Rómulo Cúneo-Vidal (del Instituto Histórico del Perú y Correspondiente de la Real Academia de la Historia), edición digital a partir de Boletín de la Real Academia de la Historia, tomo 87 (1925), pp. 309-316.

miércoles, 7 de julio de 2010

SAN FERMÍN


Fermín, obispo (¿† s. II?)

Pampilón para los romanos, Iruña para los vascos -sus pobladores de siempre- y Pamplona en la actualidad. A orillas del Arga, pequeña meseta entre montañas y punto de confluencia en los trazados de las vías romanas por la situación estratégica que unía las ubérrimas tierras de Aquitania -más allá de los montes- con los feraces campos ribereños del Ebro.

Es san Fermín su patrón y cada año, en los primeros días del estío, la celebración de su fiesta revoluciona la ciudad que se convierte por un breve tiempo en un continuo ir y venir, correr y saltar ruidoso, explosivo, alegre, cantante y bullanguero de sus gentes; muchos con pañoleta roja anudada al cuello; otros vestidos de camisa, pantalón blanco y calzados con zapatilla ligera; los más sin señal externa en la indumentaria, pero con retozos en el alma por la fiesta del patrón. ¡Que algo queda de la fe que plantó!

No hay mucho que pueda señalarse acerca de su vida. Nació en un ambiente marcado por el paganismo. Tan pagano era el politeísmo de la mitología romana que pretende dominar tierras y hombres, como paganismo era el uso de los adoradores de dioses ancestrales que daban culto a fuentes, ríos, árboles y hacían ofrendas en las encrucijadas de los caminos del bosque.

No hay seguridad histórica sobre los datos de su nacimiento, y pocos son los apoyos firmes acerca del momento exacto en que vivió; de hecho, hasta hoy los entendidos discuten entre ellos intentando la mayor aproximación posible.

Se da por probado que sus padres eran romanos: Firmo, alto funcionario de la administración en el lugar y su esposa Eugenia, matrona ilustre por su ascendencia noble.

Conocieron al presbítero Honorato que con sencillez y gravedad les enseñó los rudimentos de la fe cristiana; para eso había sido enviado desde las Galias por el obispo Saturnino que apostolizaba la región del Languedoc. Luego será el mismo obispo Saturnino quien venga a Pamplona -llamada también por las Actas Pompanyópolis- para bautizar a los primeros cristianos navarros. Y poco después, recién bautizado, Fermín vivirá tras los Pirineos; llegará más adelante a ordenarse sacerdote y luego será consagrado obispo de Pamplona -el primero- donde organizará a su rebaño creciente, ordenará sacerdotes y dispondrá lo necesario para extender la salvación.

Da testimonio de Cristo con valentía y audacia desconocida hasta el momento por más tierras que las navarras.

Se le vio evangelizando en Agen, Auvernia, Angers, Anjou y Normandía.

En Beauvais dicen que estuvo preso. La Picardía y los Países Bajos conocieron al santo y en Amiens -que también lo tiene por patrón, aunque celebra su fiesta en distinta fecha- fue decapitado.

Dicen que un neoconverso por nombre Faustiniano recogió su cadáver y le dio sepultura en su misma propiedad hasta que más tarde trasladaron sus restos a la iglesia que el mismo Fermín construyó. Más adelante, se repartieron sus reliquias entre Amiens y Pamplona.

Extraído de: http://www.archimadrid.es/princi/princip/otros/santoral/santoral.htm

martes, 6 de julio de 2010

MILAGRO EN EL RIO SALADO

Juan Manuel Reyes Cruz 6 de julio de 2010.



LO QUE PASO EN ANAHUAC (INUNDACION).wmv
2010


1967-2010


El río llenó su cauce aquel verano de 1967. El huracán "Beulah" llegó a morir por estas tierras y en sus estertores de agonía, arrasó con represas y ranchos al desbordar arroyos y secciones del Salado, arrastrando al paso de sus aguas todos los bienes de los rancheros establecidos por las orillas.

En Ciudad Anáhuac, la gente veía pasar con una mezcla de fascinación y miedo el espectacular oleaje que lamía ya el puente ferroviario y amenazaba a cada instante con derrumbarlo y desaparecerlo en su largo cuerpo de rugientes aguas que parecían querer rebelarse al camino que el tiempo les marcó.

Por la superficie, en dantesco desfile, pasaban flotando toda clase de animales domésticos y montaraces, con los ojos desorbitados de terror por aquel forzado viaje hacia fatal destino o ya muertos; ahogados por la furiosa corriente de turbias aguas y profundos remolinos. Junto a ellos, iba también ropa, muebles y toda clase de enseres arrebatados a las casas derrumbadas.

Los más osados habitantes de Anáhuac y Rodríguez, se apostaron por las orillas y sobre el tambaleante puente, para ganar muebles o lazar animales. A los pocos minutos, familias enteras se pusieron a trabajar en equipo para ir pasando de mano en mano todos los bienes y animales rescatados de la corriente. Los animales salían temblando de espanto y frío; pero algunos lugareños rescataban hasta los cuerpos de cerdos muertos que por recién perecer, su carne aún estaba en buen estado y pronto serían convertidos en chicharrón o estofado; al fin que “a río revuelto...”

Ismael de la Cruz atrapaba a mano todo lo que pasaba cerca de él y, conocedor de las orillas, se aventuraba metiendo hasta medio cuerpo en las lodosas aguas. De pronto, descubrió un tanque de doscientos litros que pasaría un poco más retirado de sus posibilidades. Era un tambo nuevo, recién pintado; bien valía la pena arriesgarle un poco, e Ismael decidió arriesgar la vida. Confiado en la fuerza y pericia de su juventud, se adentró y logró atraparlo; pero una turbulencia repentina lo hizo perder el control, el tanque dio un salto y lo golpeó pesadamente en la cabeza haciéndolo perder el sentido. El cuerpo inanimado se hundió inmediatamente y fue arrastrado fuera de la vista de los presentes. Ismael había arriesgado la vida, y la perdió en el albur.

Sus familiares y amigos quedaron pasmados ante la súbita tragedia. Algunos reaccionaron corriendo paralelamente al cauce en búsqueda desesperada; otros fueron a dar parte a las autoridades; pero el cuerpo de aquel hombre ya no volvió a emerger. El cadáver fue devorado por la serpiente de aguas enfurecidas y ni autoridades ni amigos pudieron hacer nada; había que esperar a que bajara el nivel para empezar a explorar en su búsqueda. Lágrimas y lluvia corrían juntas por las mejillas de deudos y allegados que permanecieron de pie ante el río cruel hasta la llegada de la noche; incrédulos aún y confundidos ante lo volátil de la existencia; embargados por sentimientos de impotencia y dolor ante la muerte.

Al día siguiente, con las aguas todavía a medio nivel, empezaron a explorar desde las orillas; pero tras una larga e infructuosa jornada, el día terminó. Las aguas aún tardarían en bajar hasta su nivel normal y conjeturaban si tal vez al siguiente día toda exploración sería inútil, como así fue…

Desesperados ante la impotencia de las autoridades, aquella noche la familia del ahogado acudió a la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe en busca de ayuda. Tal vez Dios se compadecería de su pena y escucharía sus plegarias.

El Sacerdote los recibió y escuchó atento, pensativo. No cabía duda que eran las suyas expectativas inauditas. Era delicado e insólito el planteamiento de aquella gente; pues lo que pedían era una señal del Cielo, algo así como un rayo de luz que venido desde lo Alto, guiara a los rescatistas hasta el lugar preciso donde se encontraba el cadáver de Ismael; así de "sencillo…"

El padre José de Jesús Aviña era un joven sacerdote de gran estatura y corpulencia que con su pelo ensortijado y piel morena, nos recordaba más a un púgil de peso completo que a un hombre de Dios; sin embargo, la población se le entregó por su gran carisma y vida ejemplar. Fue el primer vicario que organizó el Viacrucis popular en Semana Santa y se atrevió a penetrar la Zona de Tolerancia para llevar la Palabra a las mujeres públicas con éxito tal, que también se les vio participar en procesiones y misas dominicales.

Eran los jóvenes sus más fieles seguidores y aunque los tenía organizados en equipos deportivos, grupos de oración y retiros espirituales, la muchachada, siempre antisolemne, a sus espaldas le apodaban con cariño y admiración el padre "Clay", en recuerdo del famoso boxeador de color campeón del mundo; pero el Párroco disimulaba paciente y comprensivo y continuaba con su vida mística, disciplinada en retiros de meditación profunda y jornadas de ayuno y oración que lo tenían en constante Gracia; y con todo su dinamismo, no podía ocultar los destellos de santidad en su mirada.

- "Vengan mañana y después de la primera misa iremos juntos al río. Tal vez no busquemos mucho; Él, nos señalará el lugar donde quedó el cuerpo de Ismael…" - dijo con la vista fija en el Crucificado.

A la mañana siguiente salió a una cita con la fe del pueblo, acompañado de aquella buena gente que en su inocencia pedía "nada más" una señal de Dios que les indicara el sitio exacto donde el cuerpo esperaba para ser llevado a la tierra santa del panteón; esto incrementaría la confianza en el Altísimo y los lazos permanentes que tiene con su pueblo.

Al llegar al punto de la tragedia, el padre sacó de la gran bolsa que llevaba, una cruz de maderas nuevas, elaborada de pino y plegarias al Supremo, y en sus cuatro extremos acomodó cabos de velas benditas pegándolos con la misma cera fundida; luego levantó mirada y cruz al cielo con inaudible oración entre los labios. En seguida, la puso a flotar al filo del agua y encendiendo las cuatro velas, explicó parcamente a los espectadores:

- ¡Esta cruz bendita será nuestra guía…!

La cruz pronto fue arrebatada al centro del cauce y empezó un agitado viaje sobre las aguas turbulentas mientras los vientos parecían respetar aquellos cuatro cabos que mantenían los pabilos encendidos.

Comenzó la marcha en seguimiento de aquel insólito guía y sobre el avance a veces presuroso, a veces lento; la veían detenerse y girar en algún remolino para luego continuar su navegación que parecía impulsada por la fe colectiva y las silentes oraciones del padre José de Jesús, que cabizbajo y con las manos entrelazadas en una súplica constante, caminaba al frente de todos.

Súbitamente, la cruz se detuvo y se fue desplazando lentamente hasta un lugar cercano a la orilla. Momentáneamente dio algunas vueltas en el mismo lugar y luego quedó quieta ante los ojos de la procesión que vio el repentino y simultáneo apagarse de las cuatro velas, como si algún invisible emisario de lo Incógnito hubiera soplado sobre ellas dando por terminada una misión.

- ¡En ese lugar se encuentra el cuerpo de Ismael! - exclamó el padre Aviña con una amplia e iluminada sonrisa.

Tres hombres se metieron al agua y, reverentes, tomaron la cruz para entregarla al sacerdote. Regresaron al punto señalado y se sumergieron para empezar una ciega búsqueda por entre las lodosas aguas. Ahí, a dos metros de profundidad, sujeto entre unas ramas, encontraron un cuerpo.

Al aviso de un rescatista, la expectación creció entre los presentes, y se acercaron más a la orilla entre esperanzados y curiosos. De pronto, los familiares estallaron en llanto al ver emerger el cuerpo abotagado y duro del que fuera un ser querido. Sus irreconocibles rasgos tenían una expresión serena y sus ojos muy abiertos y saltados parecían asomar sorprendidos a la Eternidad.

El cadáver fue sepultado de inmediato por el avanzado estado de descomposición en que se encontró y por tanto, aquella tarde la Misa no pudo ser de cuerpo presente; pero la gente acudió solemne y conmovida por la manifestación divina que pronto corrió de boca en boca.

Han pasado casi treinta años desde aquellos hechos y muchos de los protagonistas y testigos de esta historia han partido ya de nuestro mundo hacia la vida que tras la muerte nos espera; incluso, el padre José de Jesús Aviña, también se recogió ya a la casa del Señor al que tanto sirvió con fidelidad y empeño. Murió lejos de Anáhuac; y los jóvenes de entonces, hoy gente vieja o madura, lo recuerdan con cariño y al paso de los años, han ido recreando aquel acontecimiento contando a sus hijos y a sus nietos sobre aquel…

Milagro en el Río Salado…
rafael olivares b's blog

Nota del autor: "Con un agradecimiento para aquellos que se solidarizaron con el pueblo en desgracia, hoy dedico a Anáhuac, Nuevo León, esta leyenda como un regalo que les sirva para entender que aún de la tragedia, a veces, nos quedan también bellos recuerdos."

Fuente
http://www.norestense.com/inundacion-en-anahuac-nuevo-leon-leyendas-de-norestense
Imagen
noticiasdenuevolaredo.blogspot.com


http://www.youtube.com/watch?v=qUvIIC_gT1Q

EL ALICANTO


Es un pájaro fabuloso que vive entre los cerros de minerales y se alimenta de oro o de plata, según sea el metal del cerro donde mora.

Sus ojos despiden extraños fulgores. De sus alas se desprenden reflejos que lo envuelven en un halo luminoso, cuando camina por los peñascales. Si tiene su buche lleno, no puede volar debido al peso de los metales con que se alimenta, pero no le es difícil huir si alguien se atreve a perseguirlo, pues en cualquier recodo o grieta se oculta, sin dejar huella de su paso.

Si la persecución es mantenida, el Alicanto se perderá y aparecerá; caminará con un paso más rápido y a veces lento, hasta que por fin arrojará una luz fortísima que traspasará y encandilará al perseguidor dejándolo enceguecido en medio de un camino o al borde de un precipicio.

(Versión de Oreste Plath)

Cuando está en ayuno come con ligereza y, cuando está harto, lentamente.

Si se siente perseguido oscurece sus alas. Habita en pequeñas cuevas. Pone dos huevos, de oro o de plata. A veces lleva a sus perseguidores a la muerte y los arrastra a los bordes de los precipicios.

Los mineros que tienen por guía a un Alicanto se enriquecen, ya que éste los conduce a puntos donde existen ricos yacimientos o a los sitios donde hay algún tesoro enterrado.

Es un pájaro de plata y oro que orienta a los mineros hasta el filón del mineral que ellos buscan.

Aparece solamente de noche y su cuerpo no proyecta sombra alguna sobre la tierra.

Si el minero que lo sigue va poseído de una ambición desmedida, el Alicanto lo arrastra a un precipicio, donde perece.

Chile, región de Antofagasta.

lunes, 5 de julio de 2010

EL ATAQUE CHANCA AL CUSCO



Los chancas eran un grupo étnico establecido en la región de Ayacucho. Se dividían en las dos mitades de Hanan (arriba) y Hurin (abajo) y decían tener su origen o pacarina en las dos lagunas de Choclococha y Urcococha. Formaban un pueblo rudo, habían conquistado Andahuaylillas y su nueva meta era el Cusco.

Durante el gobierno de Viracocha, los chancas partieron de Paucaray -a tres leguas de Parcos- y se dividieron en tres ejércitos. Tan seguros estaban de la fácil conquista del Cusco que dos de los ejércitos se dirigieron al Cuntisuyu y el tercero tomó la ruta al Cusco. Por su parte, el inca, viejo y cansado, abandonó el Cusco a su suerte y se refugió junto a su hijo Urco en la fortaleza de Chita.
En esas circunstancias, surgió la figura del joven príncipe Cusi Yupanqui quien decidió defender el Cusco.

Cusi Yupanqui, el futuro Pachacutec, nació en el linaje de Iñaca Panaca, un ayllu real.

El cronista Betanzos narra épicamente el encuentro de Cusi Yupanqui con los chancas. Cusi contaba con escasos efectivos, con lo cual el triunfo cobra aun mayor realce. En torno al Cusco, el ejército de Cusi cavó grandes hoyos recubiertos de ramas para que los chancas cayeran en ellos. Además, el sacerdote del Sol confeccionó unos bultos de piedra revestidos de ropas para simular un ejército apostado esperando entrar a la lucha. Cusi Yupanqui trató de formar alianzas con sus vecinos pero ellos prefirieron esperar al desarrollo de los acontecimientos para plegarse al vencedor.

Inca Urco, hijo de Viracocha, partió junto con su padre. él había sido nombrado co- regente y en aquel entonces había recibido la borla, insignia del poder, y ese mismo día se casó con quien sería la mujer principal, todo aquello según costumbre inca. Sin embargo, el joven se mostró poco guerrero y no luchó por el Cusco.

Las sucesiones incas eran tumultuosas por no existir la primogenitura: el poder recaía sobre el "más hábil y eficiente" de los posibles candidatos. De ahí que todas las sucesiones incas dieran lugar a intrigas, luchas intestinas y asesinatos. En este marco, la contienda de Huascar y Atahualpa no fue un caso insólito sino más bien usual pero debido a la gran expansión del Estado Inca tomó un carácter continental.

Los espías anunciaron la cercanía chanca y los vieron llegar en desorden por la bajada del cerro de Carmenca emitiendo gritos y alzando sus armas. Llevaban el pelo en pequeñas trenzas y la cara pintada de rojo. En su euforia, no notaron los hoyos y cayeron en ellos. Un curaca llamado Chañian Curi Coca de los ayllus de Choco- Cachona aguardaba la proximidad del enemigo para atacar y peleó tan valientemente que triunfó en su zona. Hasta las piedras puestas por el sacerdote entraron en la contienda. Ellos eran los pururaucas, misteriosos aliados de los incas que sembraron el terror entre las tropas enemigas. Para decidir la batalla, Cusi Yupanqui se dirigió hacia el jefe chanca Uscovilca, lo mató, cogió el ídolo que guardaba consigo y lo mostró a los chancas que se desmoralizaron e iniciaron la huida.

Más adelante, los chancas se rehicieron pero nuevamente triunfó Cusi, ayudado esta vez por sus vecinos. Los incas los persiguieron y se apropiaron del botín que facilitaría en el futuro la expansión cusqueña.
Vencidos los chancas, Cusi Yupanqui juntó el botín y los prisioneros y se dirigió hacia la fortaleza donde estaban Viracocha y Urco.
Según costumbre inca, el soberano debía pisar los despojos y a los jefes capturados en acto de toma de posesión de los vencidos y de sus tierras. Viracocha se negó a hacerlo y señaló a Urco como su regente y el indicado para asumir el poder.
Cusi no admitió la propuesta y después de reiterar su pedido decidió regresar al Cusco.
Por el camino fue asaltado por soldados de Viracocha pero conocía las intenciones del viejo inca y estaba preparado para el ataque. Así pudo regresar al Cusco sin mayores percances.

No tardó Cusi en ceñir la borla y con ello, según costumbre antigua, cambió de nombre tomando el de Pachacutec Inca Yupanqui, personaje con el que se inicia el auge cusqueño. La expansión inca se puede ubicar en los principios del siglo XV y forma parte de la historia moderna del mundo andino.

Gracias a la elección de los gobernantes, se sucedieron personajes destacados y si bien Pachacutec fue el iniciador, su hijo Túpac Yupanqui fue el gran conquistador y Huayna Cápac, el estadista. Los incas más cercanos a la invasión española nos permiten formular una historia menos legendaria por el número de noticias que tenemos de la época y la tradición oral conservada gracias a cantares que se ejecutaban en la gran plaza de Aucaypata durante las grandes fiestas y en presencia de las momias de los anteriores incas.

domingo, 4 de julio de 2010

EL PADRE SIN CABEZA


Es un personaje cuyo surgimiento se remonta al periodo colonial, centro americano, se cree que el protagonista de esta leyenda fue un fraile quien defendió a los indígenas siguiendo los principios de Fray Bartolomé de las Casas, el era Fray Antonio de Valdivieso y lo asesinaron el 6 de Febrero de 1550 por el soldado Juan Bermejo, cómplice de los hermanos Contreras.


Su asesinato fue horrible, lo decapitaron según datos recabados, la cabeza de fraile rodó desde la iglesia hasta la Costa del Lago en cuyas aguas desapareció de ahí la popularización "El agua se la tragó".

Después de esto se originó en las mismas aguas un vientos muy fuerte que dio origen a una oleada que devastó al pueblo, luego de un tiempo los sobrevivientes comenzaron a construir sus humildes ranchitos, hasta lograr construir el pueblo, el cual fue el escenario de las apariciones del fraile, quien apareció como lo asesinaron de ahí su nombre "El padre sin cabeza", el padre andaba penando la iglesia y se pasaba las noches recorriendo el pueblo, el Sábado de Gloria paseaba por los túneles que comunicaban a los sótanos de la Catedral de León.





sábado, 3 de julio de 2010

LA LEYENDA DEL CHAJÁ.


El Chajá, (Chauna torquata), es un ave zancuda del Sur de Sudamérica, en especial de Argentina y Uruguay.
Su cuerpo de regular tamaño, está recubierto por plumas de color gris plomizo.
En su cuello una línea de plumas negras forma un collar, y dos manchas blancas se destacan en el dorso.
Sus alas están provistas de espolones, y luce un copete en la nuca.
Habita en lugares húmedos, pantanosos o en las orillas de ríos o arroyos.
Entra al agua, pero no sabe nadar.
Sólo se los caza vivos y en pareja, pues si así no se hace, el ave muere al ser separado de su compañera.
Es tal el cariño que se profesan entre sí los que forman la pareja, que si uno se enferma, el otro no se aparta de su lado y trata de auxiliarlo en todo momento con mucho cariño.
Si llega a morir, no es extraño que al poco tiempo muera el otro también.
Construyen el nido ayudándose los dos, y cuando llega el momento de empollar, lo hacen también los dos alternativamente.
Una vez nacidos los polluelos, ambos se encargan de ellos: la hembra los cuida y el macho les proporciona alimento y los defiende.
Es un ave vigilante, y a la menor señal de peligro, levanta el vuelo y grita: "Chajá!" o "Yahá".
De este grito se ha tomado el nombre con que las distinguimos.
Vuela a gran altura describiendo círculos y puede mantenerse mucho tiempo en el aire.
Persigue a las aves de rapiña, siendo por ello un excelente guardián de gallineros y rebaños, reemplazando muchas veces al perro.
Se domestica con facilidad, llega a reconocer a su amo y a las personas de la casa.
El hombre no lo persigue para comer, pues su carne no es comestible. Al cocinarla se transforma, en su mayor parte, en espuma.
De aquí el dicho "Pura espuma como el chajá".

viernes, 2 de julio de 2010

EL CRISTAL EN EL OJO



Un cuento de Andersen comienza con la historia de un espejo mágico construido por unos duendes perversos. El espejo tenía una curiosa particularidad. Al mirar en él, sólo se veían las cosas malas y desagradables, nunca las buenas. Si se ponía ante el espejo una buena persona, se veía siempre con aspecto antipático. Y si un pensamiento bueno pasaba por la mente de alguien, el espejo reflejaba una risa sarcástica. Pero lo peor es que la gente creía que gracias a aquel maldito espejo podía ver las cosas como en realidad eran.

Un día el espejo se rompió en infinidad de pedazos, pequeños como partículas de polvo invisible, que se extendieron por el mundo entero. Si uno de aquellos pequeños cristalitos entraba en el ojo de una persona, empezaba a ver todo bajo su aspecto malo.

Y eso es lo que sucedió a un chico llamado Kay.

Estaba una noche mirando por la ventana y de repente se frotó un párpado. Notó que se le había metido algo.

Su amiga Gerda, que estaba con él, intentó limpiarle el ojo, pero no vio nada. Sin embargo, a partir de entonces Kay ya no era el mismo de siempre.

Cambió su carácter. Sus juegos ahora eran distintos. Aparentaba ser muy juicioso, pero su actitud era siempre crítica, ácida, distante.

Veía ridículo todo lo positivo y bueno. Le gustaba resaltar lo malo, poner de relieve los defectos de todo. Y aquel odioso cristal, que tanto había cambiado su modo de ver las cosas, se fue deslizando desde el ojo hasta llegar al corazón, que se enfrió tanto como su mirada y se convirtió en un témpano de hielo.

Y entonces ya no le dolía. El chico acabó recluido en un frío castillo, y allí vivía, persuadido de que era el mejor lugar del mundo.

Su amiga lo buscó de un lugar a otro durante un año. Tuvo que superar muchas dificultades hasta que al fin lo encontró.

Vio entonces cómo el chico se entretenía coleccionando trocitos de hielo y componiéndolos con diseños muy ingeniosos.

Era el gran rompecabezas helado de la inteligencia.

Quizá en la vida ordinaria a bastantes personas les ha pasado algo parecido.

En determinado momento, su mirada cambió. Empezaron a ver todo con peores ojos, a fijarse siempre en lo negativo. Fueron seducidos por una dialéctica turbia y peligrosa que les llevaba a asomarse a todos los abismos. Pensaban que con eso superaban una ingenuidad anterior, y les sucedió como a los que miraban en aquel maldito espejo: estaban seguros de que ahora tenían una visión más madura, de que veían las cosas tal como en realidad eran.

Y al cambiar su mirada, cambió también su corazón. Empezaron a ver a las personas por sus defectos en vez de por sus cualidades.

Empezaron a ser envidiosos, a pensar mal, a sufrir con los éxitos ajenos, a ser victimista.

Muchos de ellos volcaron esa visión negativa también sobre sí mismos, y eso les llevó a agigantar sus defectos, a infravalorarse y auto empequeñecerse.

Con el tiempo, quizá han advertido que ese proceso les atormenta y les consume, pero les cuesta controlar sus pensamientos. Saben que debería reconducir esas ideas que se han adueñado de su cabeza, pero hay algo que congela sus recuerdos y emociones, como sucedía a Kay durante su cautiverio en el castillo.

Para superar ese modo negativo de ver las cosas, que en alguna medida nos afecta a todos, hemos de comprender lo equivocado de ese dolor, lo que hemos sufrido y hecho sufrir inútilmente, lo ingratos e injustos que hemos sido con nuestros pensamientos.

Cuando lamentemos de verdad todo eso, cuando dejemos reponerse al corazón y empecemos a ver las cosas con los ojos de antes, volveremos a ver la realidad tal como es.

Quizá el problema es que el corazón está ya un poco frío y apenas nos duele, como le pasaba a Kay. Pero no por eso deja de tener y necesitar arreglo.

Es un cambio difícil, pero posible.

En el cuento, fueron las lágrimas de Gerda las que se abrieron camino hasta el corazón de su amigo, que también comenzó a llorar, y lo hizo de tal modo que el maldito cristal salió flotando entre sus lágrimas.

También a nosotros nos puede ayudar mucho una mano amiga, una persona que supere los obstáculos que sean necesarios hasta hacernos comprender lo triste de nuestra actitud.

Porque la vida a veces es dura y difícil, pero lo es sobre todo por ese cúmulo de prejuicios que nos ha entrado por la mirada y ha ido descendiendo hasta el corazón.

Y sólo ese llanto del alma nos hará valorar el error y superarlo.

Autor: Alfonso Aguiló

jueves, 1 de julio de 2010

MI PACHAMAMA




MI PACHAMAMA – Zamba
Autor: Los Hnos. Abalos

Música de mi tierra
que se baila en el monte,
sintiendo tu canto,
las penas se esconden
yo no sé ni adónde,
ni adónde, señor.

Bombo golpeando zambas,
pañuelos revoleando,
se me antoja al verlos
cuando están bailando
palomas volando,
palomas, señor.

Ay, sí, mi almita, cantando voy
por alegres sendas
de mi Pachamama,
todas perfumadas,
todas sí, señor.

Cuando voy por los montes
vuelan mis pensamientos,
parecen baqueanos
en campos desiertos,
jineteando al viento,
al viento, señor.

Ojitos de esperanza,
boquita de claveles
tienen por mis pagos
tierra de quereres
todas las mujeres
todas sí, señor.

Ay, sí, mi almita, cantando voy
por alegres sendas
de mi Pachamama
todas perfumadas
todas sí, señor.

miércoles, 30 de junio de 2010

LAGUNA DE LEANDRO




Cuenta la leyenda de la Laguna de Leandro, que hace muchos años, en Queragua, vivía un runa llamado así, buen hombre y trabajador. Poseía un rancho de adobe, un rebaño de ovejas, una tropa de llamas y estaba casado.

En uno de sus viajes a la zona de Tres Morros conoció un arriero anciano que le contó que en tiempos de la conquista española llegaron emisarios del Inca Atahualpa, pidiendo todo el oro.

Cuando se enteraron de que el Inca había muerto, no quisieron que los tesoros cayeran en manos enemigas, y los arrojaron en la zona de una solitaria laguna a 4.170 metros sobre el nivel del mar, al noroeste de Humahuaca (Jujuy, Argentina).

Leandro y su esposa no dejaban de pensar en como apoderarse del oro, sabiendo que yacía hundido en este sitio. Decidieron ir a desagotarla, construyendo una zanja de desagüe.

Pasaron meses hasta que una tarde la laguna se encrespó y junto a un trueno, emergió del agua una figura cuadrúpeda con astas de oro.

Tanto temor sintió Leandro que no podía moverse. Cuando el animal desapareció, Leandro volvió a su casa y juró no volver, alegando que era un aviso de Apu-Yaya (Dios del cerro).

No aguantó y mas adelante volvió, y justo cuando estaba cercano a terminar, el animal reapareció mirándolo de forma penetrante, lo inmovilizó y lo atrajo hacia el centro de la laguna, hasta desaparecer los dos. Así pagó el joven su avaricia.

Dice la gente del lugar que en las noches de tormenta se oye golpear las piedras que Leandro tira para rellenar la tierra que algún día, hace mucho tiempo, cavó por obtener aquello que no le pertenecía.

martes, 29 de junio de 2010

El TREHUACO





El Trehuaco (del mapudungun trewa "perro" y ko, "agua"), es un animal fantástico del agua presente en la mitología chilota.

Es descrito como un bello animal, de firme musculatura, extraordinaria fuerza, y un gran y negro pelaje con una apariencia muy similar a la de un gran perro.

Vive en el fondo de una laguna encantada en el extremo sur de la isla de Chiloé.

Las mujeres que se acercan a la orilla son irremediablemente atraídas por su pelaje negrobrillante y extraordinaria fuerza. A tal punto es su atracción que al cabo de un cariñoso y dulce jugueteo, se entregarán al Trehuaco sin vacilar.

Según la leyenda, se dice que en Chiloé, en las cercanías de Yaldad, existe una laguna encantada; en la cual habitaría una criatura conocida como Trehuaco.

Se cree que si una mujer se acerca a esta laguna y recita ciertos versos mágicos, hará que las aguas de la laguna se alejaran hacia el mar, de la misma forma que si fuera un río; y en el momento de secarse la laguna, en el centro de lo que era la laguna, aparecerá el Trehuaco.

Luego si la mujer llama al Trehuaco, este se acercara rápidamente hacia ella; y en ese momento comenzaran a tener una relación sexual zoofílica.

Posteriormente, ya cumplido el deseo de la mujer, y ya satisfecho el Trehuaco; esta criatura se volverá al centro de lo que era la laguna.

Estando ya en el centro, el Trehuaco comenzara a lanzar roncos aullidos, haciendo que las aguas nuevamente retornen a la laguna y así volverá a desaparecer en las profundidades de la laguna; hasta que una mujer lo llame nuevamente para cumplir sus deseos amorosos.

En el caso de la mujer, se dice que luego de que el Trehuaco desaparezca; ella se quedara dormida, y posteriormente despertara al lado de la puerta de su casa.

También se cree que si alguna persona sorprende a la inusual pareja, el Trehuaco desaparecerá inmediatamente; y la mujer quedara con una gran melancolía, que le durara por mucho tiempo.

Fuente:
Jaime Blume. Cultura mítica de Chiloé. Publicaciones periódicas. Colección Aisthesis. Pontificia Universidad Católica de Chile, Facultad de Filosofía, Departamento de Estética, 1985

lunes, 28 de junio de 2010

EL AYAYMAMA


Cuenta la leyenda que una epidemia estaba acabando con la gente de una comunidad nativa.

La madre de dos niños, sintiéndose con los primeros síntomas de la enfermedad, quiso salvar del mal a sus pequeños y entonces los llevó al monte, muy lejos y los dejó en ese lugar. Cerca de una linda quebrada, abundante en peces y árboles frutales. Con gran pena los dejó, sabiendo que no los volvería a ver más.

Ellos jugaron, comieron frutos y se bañaron en la quebradita, pero ya en la noche sintieron la falta de su madre y partieron en su búsqueda pero se perdieron en el monte.

Asustados, llorando de pena decían cómo no ser aves para poder volar donde mamá.
Y el dueño del monte tuvo pena y los convirtió en avecitas y ellos volaron, pero cuando llegaron a su pueblo vieron que ya nadie vivía, todos habían muerto.

Desde entonces no dejan de volar y volar, y cuando se posan en lo alto de un árbol, cansados de buscar a su madre, hacen oír su canto lastimero ayaymamá... ayaymamá...

domingo, 27 de junio de 2010

EL GRAN YUCHÁN (Palo borracho blanco)




Antiguamente el agua, que era el mar, estaba adentro de un palo borracho grande. Esto era muy al principio.

Ahí nació Lawo, el Arco iris, y un pez: el dorado.

Mucha gente pasaba por ahí, pero les estaba prohibido pescar el dorado.

Por esa época pasó Tokjuaj con sus flechas. Sacó una y flechó el pez.

El yuchán se partió y se inundó el mundo. Tokjuaj trató de escapar corriendo pero el agua lo seguía.

Dos meses corrió con el agua atrás. Quiso transformarse en pez pero los peces también lo perseguían. No había forma de escapar.

Entonces se transformó en chajá.

Voló muy arriba, hasta que se le cayeron las plumas y comenzó a caer.

En su caída gritaba: “me transformaré en mortero”. Y cayó adentro de un pozo.

Ese pozo era muy profundo. Tokjuaj se transformó en murciélago, y mientras estaba tratando de salir, vio una víbora muy grande que quería tragárselo.

Por fin escapó. Pero el viborón le pudo agarrar una punta del ala. Y se enredó en una tela de araña.

Tenía hambre y no sabía que hacer. Entonces se le ocurrió chupar sangre. Desde entonces el murciélago chupa la sangre. Le chupó al anta y a las corzuelas.

Hasta que el tucán empezó a perseguirlo.

Tokjuaj se asustó y se escondió en el gajo de un árbol grande. El tucán golpeó el árbol con su pico y se partió la cabeza de Tokjuaj.

Quedó muerto en el piso en forma de murciélago.

El agua que salió del yuchán formó el río Pilcomayo. Las vueltas que da el río Pilcomayo son el recorrido de Tokjuaj huyendo del agua.

Tokjuaj corrió durante dos meses.



Fuente: El ciclo de Tokjuaj y otros mitos de los wichis.
Biblioteca de Cultura Popular, Buenos Aires 1999.

sábado, 26 de junio de 2010

EL TUNCHI MALIGNO


Vaga por las noches oscuras de la selva, como alma en pena, unos dicen que es un ave, otros, un brujo o un espíritu del mal, “diablo” que goza aterrorizando a la gente.

Pero nadie lo ha visto, y todos lo reconocen con temor cuando en plena oscuridad lanza al aire un silbido penetrante “fin... fin... fin...” que por instantes se pierde en el monte a lo lejos, pero vuelve a silbar ya sobre el techo de una casa o a la orilla del río.

Todo es tan rápido que la gente solo atina a persignarse o rezar, porque existe la creencia de que cuando silva con insistencia, por los alrededores de un pueblo, anuncia malos presagios y cuando lo hace sobre una casa, enfermedad o muerte.

Burlarse del tunchi o tunche, insultarlo, puede costarle caro al atrevido, ya que lo hará enfurecer y entonces atacará con mayor insistencia, silbando... silbando... lo perseguirá tanto, que hasta el más valiente terminará entrando en pánico, que puede llevarlo a la locura o muerte...

viernes, 25 de junio de 2010

LOS DOS SADHUS.


ACTITUD DE RENUNCIA.

Ésta es la historia de dos sadhus.

Uno de ellos había sido enormemente rico y, aun después de haber cortado con sus lazos familiares y sociales y renunciar a sus negocios, su familia cuidaba de él y disponía de varios criados para que le atendieran. El otro sadhu era muy pobre, vivía de la caridad pública y sólo era dueño de una escudilla y una piel de antílope sobre la que meditar.

Con frecuencia, el sadhu pobre se jactaba de su pobreza y criticaba y ridiculizaba al sadhu rico. Solía hacer el siguiente comentario: "Se ve que era demasiado viejo para seguir con los negocios de la familia y entonces se ha hecho renunciante, pero sin renunciar a todos sus lujos".

El sadhu pobre no perdía ocasión para importunar al sadhu rico y mofarse de él.

Se le acercaba y le decía: "Mi renuncia sí que es valiosa y no la tuya, que en realidad no representa renuncia de ningún tipo, porque sigues llevando una vida cómoda y fácil".

Un día, de repente, el sadhu rico, cuando el sadhu pobre le habló así, dijo tajantemente:

-Ahora mismo, tú y yo nos vamos de peregrinación a las fuentes del Ganges, como dos sadhus errantes.

El sadhu pobre se sorprendió, pero, a fin de poder mantener su imagen, tuvo que acceder a hacer una peregrinación que en verdad le apetecía muy poco. Ambos sadhus se pusieron en marcha.

Unos momentos después, súbitamente, el sadhu pobre se detuvo y, alarmado, exclamó:

-¡Dios mío!, tengo que regresar rápidamente.

En su rostro se reflejaba la ansiedad.

-¿Por qué? -preguntó el sadhu rico.

-Porque he olvidado coger mi escudilla y mi piel de antílope.

Y entonces el sadhu rico le dijo:

-Te has burlado durante mucho tiempo de mis bienes materiales y ahora resulta que tú dependes mucho más de tu escudilla y tu piel que yo de todas mis posesiones.

jueves, 24 de junio de 2010

LA SACHAMAMA O MADRE DE LA SELVA



En la selva amazónica de Perú, hay mucha fantasía de creencias ancestrales que cuentan de padres a hijos Y muchos pobladores afirman haber tenido contacto con descomunales serpientes de hasta sesenta metros de largo por tres metros de diámetro, tendidas sobre el bosque enmarañado de la selva. Estas serpientes antidiluvianas solamente cazan por un imán que tienen en la lengua bípeda que sale unos tres metros, blandiendo como espadas, pueden adormecer a sus presas y traerlos a la boca.

Cuentan que uno de ellas servía de puente de un pequeño río y cuando el bosque fue quemado para sembríos, después de varios días había una gran pestilencia que los gallinazos comían la carne maloliente.

Pobladores en diferentes lugares, y que nunca se conocen narran con lujos de detalles haber encontrado en selva virgen estas boas prehistóricas. Y sostienen que malezas y pequeños árboles crecen encima de su descomunal cuerpo. En la parte de la cabeza hay un espacio labrado que sirve de antesala para su comida.

Otros afirman que hay otra especie de agua que se llama Yacumama y se sumerge en espejos de caudales profundos y cuando crecen descomunalmente no dejan acercarse a cualquier intruso haciendo remecer las aguas. Entonces los nativos dicen que "la cocha tienen madre".

En la mayor parte de la amazonía encontramos cuentos y leyendas que atribuyen la existencia de estas boas.

Por: Lauro Borges Torres

miércoles, 23 de junio de 2010

SALILA


Una leyenda hindú habla de la joven viuda Salila. Este nombre significa “lágrima”.
Es una historia muy triste, pero también es una historia muy hermosa.

Salila había sido obligada a casarse cuando era casi una niña, con apenas quince años. Sus padres habían convenido su matrimonio con Rajidh, un comerciante de la aldea vecina. Durante la celebración de la boda, ella no dejó de llorar. La habían vestido con tres pesados saris, para disimular un poco su cuerpo de niña, estaba asustada, desorientada; miraba a los asistentes al festejo sin comprender nada. Ella se fijaba en aquellas manos grasientas de Rajidh y sus amigos que se lanzaban sobre los platos rebosantes de pruanas y de chamusas.
Ella oía la música estridente, las carcajadas de los comensales… sentía el olor insoportable de su sudoroso marido, sentado a su lado. Un olor que se mezclaba con los aromas del cardamomo y el garam masala. Y el humo que salía del tandoori.
Luego, cuando los asistentes se retiraban, Salila vio como llegaba la larga, interminable noche, precedida del comportamiento desconsiderado de su esposo.
Rajidh la desfloró con gesto apresurado y mecánico, sin siquiera mirarla a los ojos. Y tras la noche, la nada. Sólo las lágrimas.
Apenas transcurrieron dos años cuando Rajidh murió de una apoplejía.
Salila sabía que en la India, se espera que las viudas acompañen a sus maridos en la pira funeraria. Pero ella no quería morir. Por qué habría de hacerlo. La vida no podía ser tan sólo eso.
Ella aún soñaba con salir de la aldea, ver el mar algún día, visitar el templo de Khajuraho, con sus esculturas que según decían no se podían olvidar una vez vistas, y sobre todo, lo que ella ansiaba era sentir que alguien cogiese algún día su mano y la mirase a los ojos con amor.
Salila aún soñaba con comprobar que sus lágrimas podrían dejar de brotar.

Los vecinos nunca perdonaron a la joven viuda que se aferrase a la vida y que no aceptase participar en el “sati”, esto es, en la inmolación ritual de la viuda junto al esposo muerto.
Al negarse a subir a la pira ella aceptó convertirse en el más intocable de los intocables. Se veía obligada a vivir en una vieja choza alejada del pueblo. Hacía los trabajos más miserables, los que nadie quiere. Vivía como una mendiga. La gente volvía la cara cuando ella pasaba y a veces, los niños la tiraban piedras desde lejos, y la llamaban “shuha”, que significa puta, mientras ella se alejaba con pasos rápidos y lágrimas en los ojos.
Pasaron los años y Salila nunca dejó de soñar con una mirada de amor.
Ella intuía que bastaría esa mirada de amor para secar tal vez sus lágrimas inagotables.
Cierto día al volver del río, Salila se cruzó en el camino con un hombre de piel muy oscura. Salila creyó ver que la mirada de este hombre se había cruzado con la suya. Cosa rara, porque en la India nadie debe sostener la mirada de una viuda que hubiera rechazado el sati. Debía tratarse de un extranjero, sin duda.

En los días siguientes Salila fue cada mañana al río en busca de aquella mirada. Y en varias ocasiones volvió a cruzarse con el hombre que no había vuelto la cabeza cuando ella pasaba. Y volvió a sentir un extraño escalofrío.
No estaba acostumbrada a que nadie la mirase, salvo para insultarla o burlarse de ella.
Al séptimo día, Salila decidió saber quien era aquel hombre que parecía vivir junto al río y que no escondía la mirada cuando se cruzaba con ella.
-Quién eres-se atrevió a preguntar Salila-, ¿por qué me miras de ese modo y cómo has hecho que mis lágrimas se sequen?

Pero el extranjero no podía contestar. Sin duda no comprendía la lengua de Salila. Sólo hablaba con sus ojos. La miró con respeto. Y quizá con ternura. Hizo una pequeña reverencia con la cabeza y se marchó.

En los días siguientes, en las semanas siguientes, Salila no dejó de bajar cada día al río en busca de aquella mirada que había detenido el fluir de sus lágrimas.
Pero el extranjero ya no estaba.
Ella decidió, pese a todo, no dejar de bajar nunca al río en busca de aquel hombre, hasta el fin de sus días. Y así lo hizo.

Pasados varios meses, al amanecer, Salila vio un cuerpo tendido junto a un viejo tronco seco, cerca del lugar donde el río se puede cruzar caminando con cuidado sobre las grandes rocas. Era el cuerpo del extranjero de piel bruñida. Debía haber muerto la noche anterior, pues se podría decir que aún tenía algo del calor de la vida.
Salila no pudo evitar acariciar su pelo rizado, pasar la mano por su cara tiernamente, cerrar para siempre esos ojos que habían conseguido secar sus lagrimas.
Con el agua del río, lentamente, pacientemente, Salila lavó el cuerpo muerto del extranjero.
Luego, fue corriendo a la aldea para comprar, con las últimas monedas que había recibido de un compasivo brahman, un poco de aceite funerario, madera de sándalo y unos fósforos. Con todo ello, volvió al lugar donde estaba el cuerpo del extranjero. Le aplicó unas gotas del aceite sagrado en su frente y en su barbilla.

Luego, Salila, buscó muchas, muchas hojas secas y las dispuso cuidadosamente sobre la roca.
Hecho esto hizo rodar con delicadeza el cuerpo del extranjero sobre las hojas y luego se extendió ella misma junto a él.

No lloraba esta vez. Tenía en su rostro la expresión de felicidad de cualquier mujer enamorada cuando se tiende junto a su amado, en el lecho conyugal…Y se diría que mantuvo esa misma expresión hasta que las llamas se extinguieron.

La historia de Salila es una historia triste, pero también una historia hermosa.

Y bien mirado, nada que sea hermoso es del todo triste.

martes, 22 de junio de 2010

EL CITOC-RAYMI

La más pintoresca de las fiestas del Sol, era la de Citoc Raymi (incremento gradual del Sol), que se celebraba en junio, dedicándole 9 dias al ceremonial.

En los 3 días previos al evento se celebraba un riguroso fasto durante los cuales no se podía encender ningún fuego. El cuarto día, el Inca, acompañado por la masa del pueblo, se dirigía desde la gran plaza de Cuzco a aclamar al Sol naciente, al que esperaban en silencio.

Cuando aparecía, ellos le saludaban con un alegre tumulto, y en procesión se dirigían al Templo dorado del sol, donde sacrificaban llamas y se encendía un nuevo fuego.

lunes, 21 de junio de 2010

LA VIUDA

En La Rioja y Catamarca se cuenta que La Viuda es un fantasma que sale a medianoche, en el campo, en sitios oscuros y boscosos.

La corporizan como una mujer alta y flaca, vestida de negro y descalza, con la tez muy blanca.
Sale de improviso y se sienta en las ancas de la cabalgadura con un ruido de huesos, como si un saco de osamentas hubieran caído en las ancas del caballo, y desde allí tiende los brazos queriéndolo agarrar al jinete por el cuello. Y el abrazo casi siempre es mortal.

Aquellos que han podido zafarse de este cariño tan singular, dicen que es un fuego que quema la nuca y que al alejarse a todo correr del animal la viuda baja y se oye el llanto de una mujer que estremece la noche.

Félix Coluccio, en el "Diccionario folklórico argentino", dice que es un mito que se conoce en otras partes de América o por lo menos que puede considerarse su equivalente: en Chile se lo conoce con el mismo nombre de "viuda"; en Costa Rica, con el nombre de "cadejo" o "oegus", transformada en un enorme perro negro, de pelo largo que sale de noche para espantar las cabalgaduras y asustar a los viajeros con sus enormes ojos encendidos. En Salvador toma el nombre de "ciguanaba", en Honduras, de "sucia" o "cadejo", en Nueva Méjico, "La malora"...

Rafael Cano, en su libro "Allpamisqui" dice lo mismo y anota tres versiones recogidas en distintos lugares de la provincia de Catamarca.

Sin lugar a duda es un mito importado de Europa y que se ha extendido por muchas regiones de América.

domingo, 20 de junio de 2010

EL INTI-RAYMI


El Inti-Raymi


El Inti-Raymi o Gran Fiesta del Sol, lo celebraban los incas de Cuzco en el solsticio de invierno, hemisferio sur, 20-21 de junio.


Los adoradores viajaban hacia el Este para encontrarse en su camino con los funcionarios o sacrificadores incas.


En las principales cimas entre Cuzco y Huillcanuta, en la ruta hacia la roca de Titicaca, se ofrecían llamas, coca y maíz en la fiesta de bienvenida al joven Sol, procedente de su antiguo lugar de nacimiento.