sábado, 5 de junio de 2010

EL BUFEO COLORADO


Al delfín rosado del Amazonas la gente lo llama, simplemente, bufeo colorado y así lo distinguen de sus otros hermanos que son de color gris.

La leyenda de que el bufeo, como ser o duende “encantado” que es, puede transformarse en un hombre “gringo” al que le gustan las mujeres jóvenes.

Así, con esa apariencia, suele presentarse a la fiesta en la que participa la chica elegida. Como viajero de paso, baila y enamora a la muchacha, invita a beber a todos los participantes y así se gana la simpatía general. Pero él no come ni menos bebe licor, porque si se emborracha, se rompería el encantamiento y se descubriría quién es.

Cuando la muchacha ya es la enamorada del bufeo, él la colma de regalos y atenciones. La visita siempre por las noches y se marcha antes del amanecer.

Así al poco tiempo, la mujer enamorada empieza a mostrar una conducta extraña, porque quiere permanecer todo el tiempo junto al río y si ésta situación no es notada a tiempo por sus familiares y no la mandan a curar a un buen chaman, puede terminar desapareciendo, ya que en su deseo de estar siempre junto a su gringo “bufeo” enamorado, terminará arrojándose al río para no salir jamás.

viernes, 4 de junio de 2010

EL URCUTUTO

El Urcututu es un búho de gran tamaño que vive en lo profundo de la selva amazónica, en la copa de los árboles más grandes, es un gran cazador nocturno.

Cuenta la leyenda que ciertos brujos maleros, hechiceros practicantes de magia negra, llegan a tener “pactos secretos” con los urcututos y entonces lo utilizan para enviar virotes o dardos mágicos, que serán descargados sobre el enemigo elegido, con el fin de causarle daño por venganza.

También suelen ser enviados como mensajeros, para espiar el lugar donde se realizan las sesiones de ayahuasca, como cuidador, cuando se va a tratar a un enfermo que el mismo brujo daña.

Considerado como un animal de mal augurio por algunos y de buena suerte para otros, es el rey de la noche.

Entre la población de Iquitos y alrededores de esta ciudad, se cree que el canto de los urcututos son presagio de un embarazo de alguna mujer conocida por quienes escuchan el canto.

jueves, 3 de junio de 2010

EL CHURRINCHE


Ulian era un indio tehuelche que poseía extraordinarios poderes. Todos lo amaban y respetaban en su tribu y no sólo sus hermanos, los indios; lo amaban también las plantas y los animales, con los que podía hablar porque conocía todos sus idiomas y podía entenderse con ellos a las mil maravillas.

Fueron ellos, los animales del bosque, los que, cuando Ulian era niño, lo salvaron de una muerte horrible...

Cierto día, el indiecito se sentó en el bosque para hablar seriamente con un insignificante pajarito gris al que él llamaba "Churrinche". Como tantas otras veces, Ulian trataba de convencerlo de que él era tan útil y bello como los otros pájaros, pero el churrinche no se convencía:

-¿No ves que no tengo ni una pluma de color? ¿No te das cuenta de que soy tan chiquito que casi no se me ve? Mírame bien: ¡Soy feo!... ¡muy feo!

Tan seguro estaba el pajarito de lo que decía, que creía que todos pensaban lo mismo que él y, por eso, andaba siempre solo, así nadie podría compararlo con las bellísimas aves multicolores que habitaban el bosque.

Tan ocupado estaba el indiecito con su pajarito desvalido, que no oyó acercarse a un gigante malvado que vivía en las cercanías y que tenía mucha envidia de los poderes mágicos de Ulian.
En un abrir y cerrar de ojos había atado pobre niño y lo había encerrado en una cueva, que había tapiado totalmente, esperando que muriera.

Pero... sin darse cuenta, el gigante había dejado una pequeña hendidura sin tapar, y por allí se coló el churrinche. Con su débil pico intentó desatar las cuerdas que inmovilizaban al prisionero, pero tenía tan poquita fuerza que no pudo conseguir nada. Además, el gigante, al darse cuenta de su presencia, lanzó un rugido tan fuerte que le arrancó todas las plumas de su copete.

- Andá y pedí ayuda a mis hermanos, los animales, ellos me ayudarán; dijo Ulian con el pensamiento, ya que estaba amordazado.

El churrinche estaba tan asustado y desesperado que se olvidó de su vergüenza y de un solo vuelo aterrizó en el claro del bosque, donde estaban reunidos los animales y les contó, casi llorando, lo que pasaba.

Rápidamente, se formó un congreso y quedó preparado el plan: el tucutuco cavaría un túnel desde su guarida hasta la cueva y por él sacarían a Ulian.

Esperaron a que se hiciera de noche y comenzó la tarea; si bien es cierto que el jefe era el tucutuco, todos los animales ayudaban a sacar la tierra y despejar el túnel, hasta que por fin llegaron a las paredes de la caverna.

Allí escucharon unos golpecitos que Ulian pegaba con los talones para indicar su posición y, en el mayor silencio, el tucutuco cavó un gran orificio.

El churrinche, mientras tanto, se había vuelto a meter en la cueva, para hacerle compañía a Ulian y ver los pormenores del rescate.

Entre todos los animales arrastraron al prisionero, todavía atado y amordazado, por el túnel recién cavado, rumbo a la guarida del tucutuco, donde pensaban esconderlo.

Ya estaban por empezar la marcha, cuando el gigante se despertó y lanzó un feroz rugido.
El churrinche se llevó un susto mayúsculo, pero lo primero que pensó era que debía avisar a sus amigos que el gigante estaba furioso, y lo primero que se le ocurrió fue ponerse a gritar tan fuerte como el gigante (en realidad, eso creía él):

- churruit... churruit... churruit... churruit...
churruit... churruit... churruit... churruit.

El gigante, más enfurecido que antes, por semejante batifondo, le arrojó una gruesa espina que se clavó profundamente en el pecho del pájaro, y se dedicó a perseguirlo.

Los animales aprovecharon para proseguir con el rescate, mientras el tucutuco iba taponando el túnel recién construido.

Cuando estuvo seguro de que Ulian estaba a salvo, el churrinche, totalmente ensangrentado, dejó de gritar y, con las pocas fuerzas que le quedaban, voló hasta un chañar, a cuyos pies cayó desmayado.

Allí lo recogió una calandria, que lo llevó hasta Ulian que, con unos pocos pases mágicos lo curó, pero decidió que para siempre llevara el color de la sangre en su plumaje, como muestra de su coraje y valentía.

Y, por esa causa, el churrinche ya no es gris, sino que tiene los colores que tanto envidiaba a las otras aves.


Material compilado y revisado por la educadora argentina
Nidia Cobiella (NidiaCobiella@RedArgentina.com)
(Leyenda tehuelche).

miércoles, 2 de junio de 2010

LAS PLUMAS DE LAS ESTRELLAS


Hace mucho tiempo un guerrero itinerante quedó a disposición del blanco en uno de sus asentamientos hacia el este, donde por primera vez vio a un pavo, el hermoso y largo plumaje le sorprendió, a la vez que lo dejo maravillado por su belleza, así decidió comprar algunos y los llevó a las montañas con él, donde los escondió.

Entonces él se puso a trabajar en secreto y se hizo un tocado con las plumas de pavo real, para utilizarlo en el próximo baile donde podría lucirlo, afirmando que había ascendido hasta el cielo y que se trataba de plumas de las estrellas.

Hizo también un largo discurso pretendiendo haber recibido un mensaje de la estrella que los espíritus le pidieron que trasmitiera a la gente.

Todo el mundo se pregunta por el hermoso plumaje, tan diferente que nunca antes nadie había visto y que no cabía duda de haberlo traído del cielo, por lo tanto había estado con los espíritus de la estrella.

Así lo convirtieron en un gran profeta, quien les brindó un nuevo mensaje de el cielo cada tanto con su tocado de plumas de las estrellas.

Se hizo famoso y poderoso entre todos los hombres de medicina, hasta que finalmente sucedió que otro Cherokee llegó al asentamiento del blanco y vio allí otro pavo real, dándose cuenta que el profeta era un fraude.

A su regreso les contó a sus amigos y decidió investigar, cuando la noche siguiente llegó la danza del profeta y como de costumbre traía un nuevo mensaje fresco de las estrellas, el pueblo lo escuchó reverentemente y prometió hacer todo lo que el mandara.

Entonces él los dejó diciendo que debía volver al cielo, pero esta vez fue un círculo de espías detrás y lo siguió en la oscuridad, lo vio bajar al río, donde desapareció, lo esperaron pero nunca volvió.

La noche siguiente realizaron otra danza esperando al profeta mentiroso, pero esta vez no acudió, sin embargo del río salían destellos de luz con los colores de las plumas que llevaba el profeta y del cielo se vio caer una estrella, a la que llamaron “la estrella de las plumas o la estrella del profeta.


martes, 1 de junio de 2010

PIEL DE OSO


"PIEL DE OSO"

-’Si eso no pone en peligro mi salvación.’- replicó el soldado, que ya veía muy bien que era el Diablo el que se encontraba a su lado -’De lo contrario, no tengo nada que tratar.’-

-’Míralo y decídelo tú mismo’- contesto el del abrigo verde, -’tú deberás por los próximos siete años, no lavarte, no peinar tu barba ni tu cabello, no cortarte las uñas, ni decir un padrenuestro. Te daré un abrigo y una capa, que deberás usar todo ese tiempo. Si murieras dentro de esos siete años, tú serás mío. Si permaneces vivo, quedarás libre, e inmensamente rico por el resto de tus días.’-
El soldado meditó sobre la extrema posición en que se encontraba ahora, y como a menudo había afrontado la muerte, resolvió correr el riesgo de nuevo y aceptó los términos.

El Diablo se quitó el abrigo verde, se lo dio al soldado y dijo:-’Si tienes este abrigo sobre tu espalda y metes tu mano en el bolsillo, siempre lo encontrarás lleno de dinero.’-Entonces le quitó la piel al oso y dijo:

-’Esta piel será tu capa, y tu cama también, pues encima de ella deberás dormir, y no debes ir a ninguna otra cama, y debido a toda esta indumentaria, serás llamado ‘Piel de Oso.’-

Después de eso, el Diablo se desvaneció. El soldado se puso el abrigo, y de una vez buscó en el bolsillo, y encontró que lo dicho era cierto. Entonces se puso la piel de oso y siguió adelante por el mundo, y se regocijaba, no faltándole nada que fuera bueno para él y malo para su bolsillo.

Durante el primer año su apariencia fue aceptable, pero al segundo empezó a parecerse a un monstruo. Su cabello tapaba toda su cara, su barba era como un pedazo de fieltro grueso, sus dedos tenían uñas como garras, y toda su cara estaba con tal suciedad, que si una semilla cayera allí, con seguridad nacería.

Quien quiera que lo viera, salía corriendo, pero como en todo lado daba dinero a los pobres para que rezaran por él para que no muriera durante esos siete años, y además pagaba bien por todo, siempre consiguió refugio.

Al cuarto año llegó a una posada donde el posadero no lo recibía, y ni siquiera quería que fuera al establo, pues tenía temor de que asustara a los caballos.

Pero Piel de Oso metió su mano en el bolsillo y sacó un puñado de monedas, y el dueño de dejó persuadir a sí mismo y le dio un cuarto en una casa externa.

Sin embargo, Piel de Oso fue obligado a prometer que no se dejaría ver, para que la posada no cogiera mal renombre.

Estaba Piel de Oso sentado solo al atardecer, y deseando desde el fondo de su corazón que pronto terminaran los siete años, oyó un fuerte lamento desde una habitación contigua. Él tenía un corazón muy compasivo, así que abrió la puerta y vio a un hombre mayor llorando amargamente y apretándose las manos.

Piel de Oso se le acercó, pero el hombre saltó sobre sus pies y trató de escapar de él.

Al fin, cuando el anciano percibió que la voz de Piel de Oso era humana permitió que le hablara, y por medio de palabras amables Piel de Oso logró convencerlo de que le revelara la causa de su angustia.

Sus ingresos habían disminuido gradualmente, y él y sus hijas pasaban hambres, y estaba tan pobre que tampoco tenía con qué pagar al dueño de la posada y lo iban a poner en prisión.

-’Si ese es tu único problema’- dijo Piel de Oso, -’yo tengo suficiente dinero.’

-Él le pidió al posadero que viniera donde ellos, le pagó la cuenta del señor y además puso una bolsa llena de monedas dentro de los bolsillos del hombre.
Cuando el señor se vio a sí mismo libre de todos sus problemas, no sabía cómo agradecer el gesto.

-’Ven conmigo’- le dijo a Piel de Oso, -’mis hijas son todas buenas muchachas.
Escoge una de ellas para ser tu esposa. Cuando ellas oigan lo que has hecho por mí, no te rechazarán. Tú en verdad luces un poco extraño, pero ellas pronto te aceptarán correctamente.’-

Eso le complació a Piel de Oso, y se fue con él.

Cuando la mayor de las hijas lo vio, se alarmó tan terriblemente ante su cara, que gritó y salió corriendo espantada.

La segunda hija se quedó y lo miró de pies a cabeza, y dijo:

-’¿Cómo voy a aceptar un esposo que ya no tiene una forma humana?

Me gustaba más el oso afeitado que vi una vez por aquí, y que parecía un hombre con sus guantes blancos y uniforme de soldado. Si no fuera por lo feo, seguro que podría acostumbrarme.’

-La menor de ellas, sin embargo, dijo:

-’Querido padre, tiene que ser un buen hombre para que sin conocerte te haya ayudado a salir de problemas, y si le prometiste una esposa por lo que hizo, tu promesa debe ser cumplida. Yo no tengo inconveniente en aceptarlo.’-

Fue una bendición que el rostro de Piel de Oso estuviera tapado con la suciedad y el largo cabello, pues si no, todos hubieran visto cuan contento se sentía de oír aquellas palabras.

Él se quitó un anillo de su dedo, lo quebró en dos partes, y le dio a la joven una mitad, y se dejó la otra para él.

Escribió su nombre en la mitad de ella, y el nombre de ella en su mitad, y le rogó que guardara su mitad cuidadosamente. Entonces se alistó para salir y le dijo:

-’Debo de retirarme por tres años, y si para entonces no he regresado, quedarás libre de compromiso, pues seguramente habré muerto. Pero reza a Dios para que me conserve la vida.’

-La pobre prometida novia se vistió toda de negro, y cuando pensaba sobre su futuro esposo, sus ojos se llenaban de lágrimas. Y ninguna otra cosa más que desprecio y mofa le llegaba de sus hermanas mayores.

-’Ten cuidado’- decía la mayor, -’si le das la mano, te clavará las uñas.’-

-’Ponte viva’- decía la segunda, -’A los osos les gusta la miel, y si eres dulce con él, te comerá entera.’-

-’Debes hacer todo como a él le gusta’- dijo de nuevo la mayor, -’o si no te gruñirá.’-

-’Pero la boda será muy divertida’- continuó la segunda, -’los osos bailan muy bien.’-

La joven prometida permaneció en silencio y no se dejó molestar por ellas.
Piel de Oso, sin embargo, viajó por el mundo de un lugar a otro, hizo el bien lo más que pudo, y dio generosa ayuda a los pobres pidiéndoles que rezaran por él.
Por fin, cuando terminó el último día de los siete años, Piel de Oso fue una vez más al páramo y se sentó bajo el círculo de árboles.

No pasó mucho rato cuando el viento sopló, y el Diablo se paró junto a él, y lo miró disgustadamente, y definitivamente que estaba muy molesto. Entonces le tiró a Piel de Oso su vieja ropa de soldado, y le pidió que le devolviera su abrigo verde.

-’No hemos terminado aún’- contestó Piel de Oso, -’primero debes dejarme limpio.’

-Le gustara o no al Diablo, se vio obligado a traer agua y lavar a Piel de Oso, peinarlo, y cortarle las uñas.

Después de todo eso, ya se veía como un bravo soldado, y mucho más apuesto que como nunca había estado antes.

Cuando ya el Diablo partió, Piel de Oso sintió su corazón aliviado.

Fue a la ciudad, se puso un magnífico abrigo de terciopelo, se montó en un carruaje tirado por cuatro caballos blancos, y se dirigió a la casa de la prometida.
Nadie lo reconocía. El padre lo tomó como un distinguido general, y lo llevó a la habitación donde se encontraban sus hijas.

A Piel de Oso no le quedó más que sentarse entre las dos hermanas mayores quienes le trajeron vino, y le dieron las mejores piezas de carne, y pensaron que en todo el mundo nunca encontrarían un hombre más apuesto.

La prometida estaba sentada al lado contrario con su vestido negro, y nunca levantó sus ojos ni pronunció palabra alguna.

Cuando por fin él preguntó al padre si daría a alguna de sus hijas en matrimonio, las dos mayores saltaron y corrieron a sus cuartos a ponerse espléndidos vestidos, pues cada una de ellas fantaseaba que sería la elegida.

El extraño, en cuanto quedó solo con su prometida, sacó su mitad del anillo y lo puso en el fondo de un vaso de vino que se lo pasó a través de la mesa a la joven.

Ella bebió el vino, y cuando lo hubo terminado, encontró la mitad del anillo descansando en el fondo del vaso, y su corazón se aceleró.

Ella tomó su otra mitad, que usaba en una cinta alrededor de su garganta, junto a ambas mitades, y vio que calzaban exactamente juntos.

Entonces él dijo:

-’Soy tu novio prometido, que conociste como Piel de Oso, pero por la gracia de Dios he recibido de nuevo mi presencia humana, y una vez más volví a estar limpio.’

-Él se le acercó, la abrazó y la besó.

Mientras tanto las dos hermanas regresaron todas muy bien vestidas, y cuando vieron que el apuesto hombre estaba junto a la más joven, y oyeron que él era Piel de Oso, se retiraron rápidamente llenas de rabia y dolor.

Pero el tiempo les sanaría las heridas y aceptaron el buen discurrir de los acontecimientos, deseando para los nuevos esposos mucha felicidad para el resto de sus días.


lunes, 31 de mayo de 2010

"EL MANINCO"

Mucho tiempo perdí tratando de concurrir a una ceremonia india, a una hanincol (comida de milpa) que hacen los mayas con el objeto, unas veces, de agradar a los dioses, y otras, de desagraviarlos.

Había rogado a los hechiceros que me permitieran la entrada, pero todos se habían negado porque yo también me había negado a que me santiguaran: (santiguar es someter a una persona a ciertos baños, con hierbas, hechicerías, etc.)

En las ceremonias de las comidas de milpa se admite a mujeres cuando se va repartir el alimento. Al fin me resolví a todo y lo comuniqué al men. Así fue como logré concurrir a la comida. Y ahora les narraré lo que vi; lo que oí no, pues fue todo en maya, idioma que no entiendo.

La ceremonia se hizo en un pueblo llamado San Juan Bautista Sahcabchén o Alto Sahcabchén, por estar ubicado en la cresta de un cerro de roca viva.

El maestro de la escuela, un joven llamado Mario Flores Barrera, me avisó con anticipación; llena de alegría caminé a caballo toda la noche en que la Luna plateaba los árboles y alumbraba el camino.

Llegué al amanecer. Allá arriba estaba el pueblo. Subí a él, llamé a una puerta y al punto asomó su risueña cara el maestro que me saludó.

Hoy será la fiesta, me dijo con acento de satisfacción. Nos desayunamos con pan y café y luego me llevó a la casa del men quien me recibió solícito, pero desconfiado.

¿Está resuelta a que le santigüen?- me preguntó.

El maestro me miró, incrédulo de que pudiera aceptar eso.

Sí le respondí, y en pocos minutos quedé santiguada y oliendo a romero y ruda.

Salimos los tres y nos sentamos en el brocal de un pozo, y el hechicero contestó así mi interrogatorio.

-¿Por qué harán el hanincol?

-Para desagraviar a los dioses.

El dueño de la milpa que se ha de sembrar tiene un hijo enfermo, señal del disgusto del Nohoch-Tat (Gran Señor).

Luego me enseñó varias palabras mayas, el nombre de los vientos, etc., para que pudiera entender, y me llevó a la casa donde el muchacho estaba enfermo.

¿Quiere verlo?, me dijo. Sí- le respondí.

En una hamaca estaba el joven calenturiento.

El men le preguntó por su salud, y él casi no contestó. Su ánimo estaba caído más que por la fiebre, por el temor de que le hubiera castigado el dueño del monte. El men sacó de su morral un bollo de pozole lleno de moho que de amarillo pasa a verde. Lo mezcló con agua, lo endulzó con miel y se lo dio al enfermo.

Las mujeres de la casa, durante la noche, mojan maíz y lo muelen en metates para hacer una bebida refrescante llamada sacab. Este se reparte entre los que van a asistir a la ceremonia.
En la ocasión a que me refiero me dieron una ración, por la cual me sentí invitada. Marchamos luego a la ceremonia o que diga, adonde iba a efectuarse.

El dueño de la sementera y sus trabajadores estaban ocupados. Unos abrían una fosa en la tierra; otros, en grandes calderos cocían maíz, frijol y tostaban semillas de calabaza, que molían luego para formar una masa de estos tres productos, la cual recogían en bolas.

Teniendo ya las bolas sobre hojas de roble o plátano, se extiende primero la masa de maíz haciendo una tortilla grande y se forma una de semilla de calabaza: luego, una de frijol, y así sucesivamente, hasta llegar a nueve.

Estos huahes (panes) se envuelven en las mismas hojas; uno de ellos es más grande que los otros.

Mientras esto se lleva a efecto, en la fosa abierta se ha colocado gran cantidad de leña, que arde y calienta casi hasta calcinar algunas piedras grandes. Por otro lado, en ollas también grandes se cuecen pavos y gallinas, y en un caldero se hace el cool (atole salado).

En un caldero se pone el caldo de gallina y pavos, destinado a preparar el chocó (caliente).

El men, con toda parsimonia, toma dos velas que enciende, y, seguido de unos hombres que llevan en tablas los huanes (panes) y de todos los invitados, llega a la ardiente fosa.

Y dice así: lakín-ik, xikín-ik, nohol-ik, xamán-can (vientos de oriente, del poniente, del sur y del norte; sed benévolos).

Luego hace mil contorsiones, brinca de un lado para otro de la fosa, saca con las manos, del fuego, las candentes piedras, y sólo deja unas en el fondo, sobre las cuales se colocan los panes. Las piedras extraídas se acomodan encima y se recubre la fosa con tierra y gajos de roble.

Retornan el brujo y su comitiva al lugar primitivo, donde se ha colocado una mesa, que tiene encima una cruz cristiana, tres velas grandes, tres medianas y tres chicas. También hay incienso, rudas, albahacas, flores, dulces, cigarrillos, etc.

Se han llevado a la mesa los pavos y las gallinas condimentadas y cocidas. Debajo de la mesa está el gran caldero de cool, el jugo de gallina y pavos, etc.

El men parece perder su personalidad de hombre, y en medio de gesticulaciones y contorsiones, conjura a los vientos malos y llama a los buenos; levanta en sus manos las ramas de albahaca y ruda, y blandiendo la cruz cristiana aleja a los vientos malos, como regalo a los buenos arroja a los cuatro vientos jicaradas de miel y balché.

Luego cae en éxtasis, oculta su rostro entre las manos, y tomando enseguida el incensario, marcha hacia la fosa; al llegar a ésta levanta aquél al cielo y mucha manos de hombres destapan la fosa, de donde extraen los huanes.

Todas caminan hacia la mesa y el brujo cierra la procesión.

El pan más grande es el que se pone en una mesita aparte. Apenas desenvuelto, muchas manos arrancan trozos, hirviente aún y los depositan en el caldo de pavos y gallinas, donde otras manos lo baten y disuelven. Así se prepara el chocó.

Terminado esto, el men reparte entre los concurrentes balché en jicaritas. Hay que tomarlo, pues es malo tirarlo o despreciarlo.

Luego el hechicero da a cada persona presente un cigarro gigante, al que debe darse dos o tres fumadas. Esos cigarros son recogidos por un brujo en hojas de almendro o higuerilla, con el fin de que sus manos no los toquen, los lleva a la mesa y los riega con brebajes.

Inmediatamente se toma a todos los niños que han asistido a la ceremonia y se les pone de rodillas, con las manos cruzadas sobre el pecho. El men les da balché dulce, chocó, cool, dulces, trozos de pavos, pero todo en la boca.

(Los niños representan a los aluxes, y el men les da de comer con la mano, ellos no pueden tocar nada con las manos).

Terminada esa comida, se aleja a los niños, y con una jícara grande se pone una buena ración de todo lo que hay, de lo mejor, un gran trozo de pan y los cigarros, todo lo cual toma el men pues es la ofrenda destinada al Nohoch-Tat (padre o dueño de monte).

El hechicero llega a la fosa y en el centro de ella coloca la jícara grande y todo lo demás.

A una señal del men la fosa es cubierta de tierra y casi ni queda señal de ella. Se cree que durante la noche el dueño de bosque tiene allá su banquete, y que sus hijos, los aluxes le hacen compañía y fuman en rueda sus cigarros.

Cuando el men vuelve al lugar de la comida, todo se transforma en fiesta, se reparte lo que aún queda, se da al dueño de la milpa, a sus hijos y trabajadores, de todo lo que hay, y luego a los visitantes. Esta es ya la comida terrenal. Todos comen, todos beben. El men viene a mí con una pierna de pavo en la mano y me dice: ¿No come?, y me trae un trozo de muslo de pavo.

Yo estaba sentada en una hamaca suspendida en medio de dos árboles, especialmente para mí, frente a la mesa de la ceremonia. Era tal mi proximidad a la mesa, que materialmente estaba bañada en miel y balché, pues me salpicó el men cuando arrojó esos líquidos al aire.

Terminó la ceremonia -me dijo el men-. El enfermo está curado.

Entre los comensales vi a Pedro, que comía y reía con mucha gana.

Pedro -dijo el men- ven aquí, pues quería demostrarme su poder.

El muchacho obedeció la orden. Ya no tenía calentura, había recobrado la salud.

En ese momento di la razón al men y al enfermo. Estaba curado. Había que reconocerlo.

Mas luego pensé que ese hombre sagaz aprovechaba la ignorancia y fe de los descendientes de los xius y cocomes.

Me retiré pensativa. Soy una de los que creen que lo más de los indios mayas no padecen ciertas enfermedades gracias que ingieren frecuentemente, las dosis de penicilina que se encuentran en el moho del pozole, que siempre comen con sal de sus milpas.

¿Se curó el muchacho? ¿Sería por el favor de los dioses o por la acción de la medicina que le dio el men en el pozole?

Tal vez ni el hechicero lo sepa. Tal pensaba yo después de la peregrina ceremonia que me dejó la impresión de un sueño fantástico.

Autor: desconocido.

domingo, 30 de mayo de 2010

EL JACARANDÁ





Cuentan los que saben pues lo han oído de bocas que saben que hace ya mucho tiempo en lo que hoy conocemos como la provincia argentina de Corrientes, se instalaron los recién llegados españoles.

Vinieron los conquistadores con sus familias y entre ellos llegó un caballero que traía consigo a su hija llamada Pilar.

Era la niña una bella jovencita de escasos dieciséis años, de tez blanca, ojos azul oscuro y negra cabellera, que miraba asombrada el extraño nuevo mundo al que su padre la había conducido.

Todo era nuevo para ella, los colores, los aromas, las texturas, las costumbres y los sonidos.

Se instalaron en una zona no muy retirada de la ciudad de las Siete Corrientes, en una reducción donde los jesuitas cumplían su misión evangelizadora y civilizadora, enseñando a los guaraníes, naturales de la zona, tanto su religión como nuevos modos de cultivar la tierra.

Entre los jóvenes de esa reducción se distinguía Mbareté, un mocetón veinteañero alto y fornido, que trabajaba la tierra con tesón, como queriendo arrancar de sus entrañas toda su riqueza y sus secretos, o, como descargando en ella su furia y su impotencia al verse prisionero.

Una tarde en que Pilar salió a caminar en compañía de una doncella que la servía, vio a Mbareté.

Fue verlo y prendarse de su apostura. El indio también la observó con disimulo al principio, con desenfado después, y admiró su blanca piel, su negro cabello y el color de sus ojos.

El encuentro fue fugaz. Tan sólo intercambiaron una mirada. Pero Mbareté la siguió con la vista hasta que la joven desapareció entre unos arbustos.

Desde ese momento el indio buscó la forma de que el jesuita le asignara tareas cerca de las casas y, en silencio, hurgaba por cuanta abertura había, para poder ubicar a la joven.

Pilar, entre tanto, no podía borrar de su retina la imagen del joven aborigen. No podía olvidar lo hermoso que le pareció con su torso desnudo, cubierto de gotas de sudor que le parecían chispas del sol que se le pegaban al cuerpo.

No pasó mucho tiempo y un día Pilar y Mbareté se encontraron. Esta vez las miradas fueron largas y profundas. Tan profundas que, sin palabras, sus espíritus y sus corazones se entrecruzaron y se conocieron.

Mbareté, decidido, pidió al sacerdote que los instruía que le enseñara el castellano. Aprendió rápido las palabras necesarias para decirle a Pilar cuánto la amaba desde el primer día en que se conocieron. Día tras día buscó la forma de encontrarla a solas y poder hablarle.

La oportunidad llegó. La joven estaba rodeada de indiecitos a quienes les enseñaba el catecismo, el joven se acercó al grupo y sin musitar palabra permaneció observándola hasta que los niños se fueron. Entonces, Mbareté caminó junto a ella y, ante su asombro, le habló en español, balbuceante al principio, firme después, confesándole su amor.

Pilar confundida, y también emocionada, se ruborizó, y trató de ocultar sus sentimientos, pero sus hermosos ojos azules y su cálida sonrisa la traicionaron y el joven pudo comprobar que era correspondido.

Los encuentros se repitieron. Mbareté le propuso huir juntos, lejos, donde su padre no pudiera encontrarlos. Le habló de construir una choza, junto al río, para ella y allí unir sus vidas. Pilar aceptó y, cuando la choza estuvo concluida, amparándose en las sombras de una noche en que Yasy, (la luna) les brindó su complicidad, escapó con su amado.

A la mañana siguiente, el caballero español buscó infructuosamente a su hija, hizo averiguaciones y alguien de la reducción le comentó que la habían visto frecuentemente en compañía de Mbareté y que éste también había desaparecido.

Furioso, el padre convenció a varios compañeros para que lo ayudaran a encontrar a la pareja y, fuertemente armados, comenzaron la búsqueda.

Pasaron varios días hasta que descubrieron la choza junto al río. Sigilosamente, tomaron posiciones para observar a sus moradores. Así vieron llegar a Mbareté en su canoa, con el producto de su pesca, y vieron también salir a Pilar a recibirlo.

El padre de la joven no resistió la visión de la tierna escena de los amantes abrazados y salió de su escondite gritando el nombre de su hija y apuntando con su arma al indio. La joven vio el fuego del odio en los ojos de su padre y comprendió lo que cruzaba por su mente. Trató de evitarlo; de explicarle su actitud, pero el español siguió avanzando con el dedo en el disparador. Pilar se interpuso entre los dos hombres en el preciso instante en que la carga fue lanzada y cayó con el pecho teñido de rojo, fulminada por su propio padre.

Al ver esto, Mbareté quedó atónito, tieso, sin atinar a defenderse. Fue entonces cuando otro disparo le dio en plena frente y el joven se desplomó sobre el cuerpo de su amada.

El padre, dolorido e indignado, no se acercó siquiera a los cuerpos yacentes e instó a sus compañeros a volver a la reducción.

Esa noche, la imagen de su hija no pudo apartarse de su mente, y con las primeras luces del alba, inició el camino hacia el lugar donde tan tristemente terminara ese amor tan grande que motivó que los jóvenes se olvidaran de sus diferencias de raza.

Cuando llegó a la choza, el español no halló restos de la tragedia y en el lugar donde la tarde anterior yaciera la pareja, en vez de la sangre que esperaba ver, se erguía un hermoso árbol de tronco fuerte, cubierto de flores azul oscuro que se mecían suavemente con la brisa.

El hombre tardó en comprender que Dios había sentido misericordia de los enamorados y había convertido a Mbareté en ese árbol, y que los ojos de su hija lo miraban desde todas y cada una de las azules flores del jacarandá.

sábado, 29 de mayo de 2010

EL CALEUCHE

EL CALEUCHE


Es un barco fantasma que puede verse en los canales de Chiloé por las noches, tanto en la superficie como navegando sumergido.

Aparece desde el fondo de una niebla espesa como un majestuoso velero en el que se pueden ver las luces de las fiestas que parecen efectuarse a bordo.

Desde tierra se escuchan sonidos de fiesta y bailes que llaman la atención de los navegantes solitarios que deambulan por la noche.

Éstos son engañados y hechos esclavos.

Tan rápido como aparece desaparece y si alguien intenta seguirlo se convierte en tronco o foca o cualquier cosa que pase desapercibido.

Los habitantes del Caleuche son de dos tipos, los brujos al mando de Millalobo que tienen por misión vigilar los mares y castigar a todo aquel que atente contra sus habitantes. Los otros son los náufragos que fueron llevados por la Pincoya al encontrarlos muertos.

Una vez dentro del barco, estas personas reviven y son felices por siempre.

viernes, 28 de mayo de 2010

LA FLOR DE LA HONESTIDAD



Se cuenta que allá por el año 250 a.C., en la China antigua, por ley, un príncipe heredero debía estar casado antes de ser coronado emperador, el príncipe heredero le quedaba poco tiempo para ser coronado y aún estaba soltero, así que decidió hacer una competición entre todas las muchachas de la corte para buscar a la más idónea para acompañarle en sus obligaciones.

Así, anunció que recibiría en una celebración especial en palacio a toda muchacha casadera y anunciaría un desafío.

Hacía muchos años en el palacio servía una anciana que escuchó los comentarios sobre los preparativos de la celebración, así, enseguida que llegó a su casa le contó con cierta tristeza la noticia a su hija ya que sabía los sentimientos que ésta tenía hacia el príncipe.

La hija sin dudarlo le dijo que ella también iría a participar en el reto que impusiera el príncipe, la madre angustiada por la hija le dijo:

¿Hija mía que vas hacer allá? No tendrás ninguna oportunidad, las muchachas más ricas y bellas de la corte estarán allí, quítate esa idea de la cabeza, sé que sufres, pero no hagas de ese sufrimiento una locura.

La hija le respondió:

No querida madre, no estoy loca, sé que nunca seré la elegida, pero no puedo perder la oportunidad de estar cerca de él aunque sea por unos pocos momentos. Eso me hará feliz.

Llegó el día señalado y allí estaba la hija de la sirvienta entre las más bellas muchachas de la corte.

Al poco apareció el príncipe y anunció el desafío: “os daré a cada una de vosotros una semilla, dentro de seis meses, aquella que me traiga la flor más bella será mi digna esposa y la futura emperatriz de China.

El desafío del príncipe era acorde a las tradiciones del pueblo, que valoraba el don de cultivar.

Pasó el tiempo y en la maceta de la hija de la sirvienta no había crecido nada a pesar de poner todo su cariño y empeño en el cuidado de la semilla; en su fuero interno pensaba que si la flor que brotara se parecía al profundo y sincero amor que le profesaba al príncipe, sería la flor más bella de todas.

Día tras día veía que su sueño se alejaba ya que después de seis meses nada había nacido en la maceta.

Pasaron los seis meses y la joven le dijo a su madre que a pesar de que no había brotado ninguna flor ella iría para estar cerca del príncipe una vez más.

Llegó a palacio y vio una escena bellísima, todas las muchachas llevaban su maceta con una flor, cada una más bella que la otra y, ella no llevaba nada.

Finalmente, llegó el momento, el príncipe observó detenidamente cada una de las flores que llevaban las muchachas, después de haber visto una por una las macetas que habían llevado las muchachas, anunció el resultado: aquella bella joven con la maceta vacía sería su futura esposa; nadie entendía que eligiera a quien no había cultivado nada.

El príncipe, entonces le explicó a sus súbditos: la elegida fue la única que cultivó la flor que la hizo digna de convertirse en emperatriz: la flor de la honestidad.

Todas las semillas que entregué eran estériles.

Tal como decía Séneca (4 a.C.–65 d.C.), lo que las leyes no prohíben, puede prohibirlo la honestidad y Thomas Fuller (1610-1661) decía que el hombre honesto no teme la luz ni la oscuridad.

jueves, 27 de mayo de 2010

EL DORADO Y EL SOL

Pez Dorado (Salminus maxillosus)

Es un pez que se encuentra en toda América, desde Venezuela hasta Argentina.

Es de un magnífico color dorado, excepto en la cabeza -que es verde oliva- y en el vientre -que es anaranjado-. Con manchas negras y bordes amarillos, su piel está protegida por grandes escamas, e incluye una aleta dorsal en la mitad del cuerpo.

Se han capturado especimenes de hasta 25 kilos, pero es más común dar con peces de hasta 20 kilos.

Esta especie se encuentra en el norte de Corrientes, Santa Fe, Río Paraná y en el Río de la Plata, donde busca sus afluentes para desovar.

EL DORADO Y EL SOL

En tiempos remotos, casi al comienzo de la Creación, el Sol era un inmenso disco de oro. Todo él brillante y dorado, encendiendo de luz y calor el mundo que nacía.

Como era redondo, viajaba infatigablemente por el firmamento, dejando que la noche llegase cuando él ya se había ido.

Tupá lo había hecho hermoso. Orgulloso del Astro Rey, creó la Tierra y las Aguas y las pobló.

Fue así como el Paraná corrió a raudales por la tierra, llenándose de peces.

El sol del amanecer aparecía puntualmente, se asomaba sobre el río, desparramaba su dorada luz sobre las aguas, haciendo que los peces salieran a admirarlo.

Pero tan soberbio andaba, mirándose tanto en el espejo del río, que terminó con forma de pez él también.

Ara-Abá era el guerrero más valiente de la tribu. Su lanza era certera. Su arco, cuando él lo tensaba, lanzaba una flecha segura.

Junto con los jóvenes de su grupo, salían de correrías que siempre terminaban en comida abundante para la tribu.

Ese día, afilando sus armas junto al río, escuchó que todos corrían buscándolo.

-¡Ara-Abá!, algo pasa.

-¡¡Algo pasa!!

Y entonces le mostraron el sol que se reflejaba en el agua: parecía un inmenso dorado hamacándose entre las nubes.

A ese pez espléndido había que derribarlo para atraparlo.

Todos los arqueros dispararon sus flechas. Una y otra vez, tantas y tantas ascendieron al cielo, que alcanzaron al sol.

Esa lluvia de flechas llegó hasta él. El astro se retorció, rodó sobre sí mismo para desprendérselas, pero ya estaban fundidas en su cuerpo.

Y dice la leyenda que el sol no pudo jamás quitarse esas flechas y que ellas son los rayos que tiene ahora el astro rey.

NOTAS

Tupá: en la mitología guaraní Tupá es la Deidad Suprema. El principio del bien. Dios.

Ara-Abá: tiene distintos significados. Ara es tiempo, estación, era, período, firmamento, cielo. Lo alto por excelencia. Y Abá, el indígena, el hombre como persona. Podría traducirse como "persona encumbrada".

Paraná: su nombre es traducido como "Pariente del Mar", o "Padre del Mar", por otros.

Dorado: Salminus maxillosus. Los guaraniés lo llaman "pirayú" (pira: pez, yú: oro, dorado). Su nombre proviene de su hermoso color amarillo naranja. Es dorado en los flancos y blanco en la zona ventral.

Tiene escamas. Es una presa cotizada entre los pescadores, no sólo por su buen porte (hay ejemplares que han llegado a pesar cerca de 30 kg), sino por lo exquisito de su carne. Es un predador nato y se alimenta preferentemente de sábalos, bogas, mojarras, etc.

Su fama de glotón al que toda comida le es poca, ha dado pie a otra leyenda.

Graciela Pacheco de Balbastro

miércoles, 26 de mayo de 2010

EL AMOR Y LA LIBERTAD



Cuenta una vieja leyenda de los Indios Sioux, que una vez llegaron hasta la tienda del viejo brujo de la tribu, tomados de la mano, Toro Bravo, el más valiente y honorable de los jóvenes guerreros, y Nube Azul, la hija del cacique y una de las más hermosas mujeres de la tribu.

- Nos amamos- empezó el joven.

- Y nos vamos a casar- dijo ella.

- Y nos queremos tanto que tenemos miedo… Queremos un hechizo, un conjuro o un talismán, algo que nos garantice que podremos estar siempre juntos, que nos asegure que estaremos uno al lado del otro hasta encontrar la muerte.

- Por favor… -repitieron - ¿hay algo que podamos hacer?

El viejo los miró y se emocionó al verlos tan jóvenes, tan enamorados y anhelantes esperando su palabra…

- Hay algo… -dijo el viejo- pero no sé… es una tarea muy difícil y sacrificada

- Nube Azul -dijo el brujo- ¿ves el monte al norte de nuestra aldea? Deberás escalarlo sola y sin más armas que una red y tus manos y cazar el halcón más hermoso y vigoroso del monte. Si lo atrapas, deberás traerlo aquí con vida el tercer día después de luna llena. ¿Has comprendido?

- Y tú, Toro Bravo -siguió el brujo- deberás escalar la Montaña del Trueno. Cuando llegues a la cima, encontrarás la más brava de todas las águilas, y solamente con tus manos y una red, deberás atraparla sin heridas y traerla ante mí viva el mismo día en que vendrá Nube Azul. ¡Salgan ahora!

Los jóvenes se abrazaron con ternura y luego partieron a cumplir la misión encomendada, ella hacia el norte y él hacia el sur.

El día establecido, frente a la tienda del brujo, los dos jóvenes esperaban con las bolsas que contenían las aves solicitadas. El viejo les pidió que con mucho cuidado las sacaran de las bolsas: eran verdaderamente hermosos ejemplares.

- Y ahora, ¿qué haremos? -preguntó el joven - ¿los mataremos y beberemos el honor de su sangre?

- No - dijo el viejo.

- ¿Los cocinaremos y comeremos el valor en su carne? - propuso la joven.

- No - repitió el viejo - Harán lo que les digo: tomen las aves y átenlas entre sí por las patas con estas tiras de cuero. Cuando las hayan anudado, suéltenlas y que vuelen libres.

El guerrero y la joven hicieron lo que se les pedía y soltaron los pájaros.

El águila y el halcón intentaron levantar vuelo pero sólo consiguieron revolcarse por el piso.

Unos minutos después, irritadas por la incapacidad de volar libremente, las aves arremetieron a picotazos entre sí hasta lastimarse.

Este es el conjuro - dijo el anciano - :

jamás olviden lo que han visto.

Son ustedes como el águila y el halcón.

Si se atan el uno al otro, aunque lo hagan por amor, no sólo vivirán arrastrándose, sino que además, tarde o temprano, empezarán a lastimarse el uno al otro.

Si quieren que el amor entre ustedes perdure, vuelen juntos…pero jamás atados.

martes, 25 de mayo de 2010

LOS DOS AMIGOS

Pintura: Joaquín Sorolla


Dice una linda leyenda árabe que dos amigos viajaban por el desierto y en un determinado punto del viaje discutieron.

El otro, ofendido, sin nada que decir, escribió en la arena “hoy, mi mejor amigo me pego una bofetada en el rostro”.

Siguieron adelante y llegaron a un oasis donde resolvieron bañarse.

El que había sido abofeteado y lastimado comenzó a ahogarse, siendo salvado por el amigo.

Al recuperarse tomo un estilete y escribió en una piedra “hoy, mi mejor amigo me salvo la vida”.

Intrigado, el amigo pregunto:

¿Por que después que te lastime, escribiste en la arena y ahora escribes en una piedra?

Sonriendo, el otro amigo respondió:

"Cuando un gran amigo nos ofende, deberemos escribir en la arena donde el viento del olvido y el perdón se encargaran de borrarlo y apagarlo; por otro lado cuando nos pase algo grandioso, deberemos grabarlo en la piedra de la memoria del corazón donde ningún viento en todo el mundo podrá borrarlo."

lunes, 24 de mayo de 2010

HUATIACURI


Los hombres que vivían en aquellos tiempos no hacían otra cosa que guerrear y luchar entre sí, y reconocían como sus Curacas (gobernantes) sólo a los más valientes y a los ricos. A estos llamaron, los purum runa.

En aquella época, Pariacaca nació de cinco huevos en el cerro Condorcoto (un cerro ubicado entre Huarochirí y San José de Los Chorrillos, provincia de Huarochirí, departamento de Lima).

Un solo hombre, un pobre que se llamaba Huatiacuri, quien era, según se dice, hijo de Pariacaca, fue el primero en ver y saber de este nacimiento.

Según se dice, la gente de ese tiempo lo llamaba Huatiacuri, porque siendo muy pobre, se alimentaba solo con papas huatiadas.

Había un hombre llamado Tamtañamca, que era un poderoso y gran señor. Su casa estaba cubierta de alas de pájaro de plumas rojas y amarillas. Poseía llamas de todas las especies imaginables: amarillas, rojas, azules. Cuando la gente supo de su poder y virtud, llegaron de todas las comunidades para honrarlo y venerarlo. Y él, fingiendo ser un gran sabio (a pesar de sus conocimientos limitados), vivía engañando a mucha gente.

Fue así que Tamtañamca, que se fingía adivino y dios, contrajo una enfermedad muy grave. Mucho tiempo pasó y la gente se preguntaba cómo era posible que un sabio tan capaz estuviese enfermo.

Así como los Huiracochas recurren a los adivinos, o a los doctores, Tamtañamca, que deseaba curarse, llamó a todos los sabios. Sin embargo, ninguno supo dar con la enfermedad que lo aquejaba. Huatiacuri venía desde el mar, y se quedo a dormir en un cerro llamado Latausaco.
Mientras tanto, un zorro que subía se encontró con otro que bajaba y le pregunto así: "Hermano, ¿cómo está la situación arriba?, -"lo que está bien, está bien"- le contestó el otro, y prosiguió: "aunque un Señor, un Huillca de Anchicocha, que finge ser un dios y gran sabio, está enfermo, por ello todos los adivinos tratan de dar con el origen de tan extraño mal".

El zorro que subía volvió a preguntar: "y ¿cómo fue que se contagió con ese mal?", y el que bajaba le respondió: "mientras su esposa tostaba maíz, salto un grano de muchos colores, pero antes de tocar el piso tocó las vergüenzas de ella, sin embargo, lo recogió y se lo dio a comer a otro hombre. Por eso ahora se le considera adúltera. Por esa culpa hay una serpiente que vive sobre la casa y se los está comiendo. Hay también un sapo de dos cabezas que vive bajo su batán. Y nadie sospecha que son estos quienes enferman a Tamtañamca".

Este gran Señor que estaba enfermo por haber fingido ser dios, tenía dos hijas. La mayor se había casado con un hombre muy rico de su Ayllu.

Entonces, Huatiacuri llegó donde se encontraba el Señor enfermo. Cuando estaba cerca les preguntó a todos si hubiese alguien en la comunidad que estuviese enfermo.

La hija menor de Tamtañamca le respondió que su padre.

Huatiacuri le dijo: -"Cásate conmigo y yo sanaré a tu padre-

Pero ella no respondió enseguida la propuesta, fue y le contó a su padre que un pobre le había dicho que lo iba a sanar.

Los sabios que estaban allí, cuando escucharon sus palabras, se echaron a reír y dijeron: -"Estaríamos nosotros aquí curándolo, si un pobre como éste fuese capaz de hacerlo?-

Tamtañamca, sin embargo, deseaba ante toco sanar, he hizo llamar a Huatiacuri:
-"Que venga cualquiera que sea capaz de sanarme"-

Huatiacuri entró y le dijo:
-"Si deseas voy a curarte, pero me tienes que dar a tu hija"-

El otro, muy contento, aceptó. El esposo de la hija mayor de Tamtañamca, al oír eso, se puso furioso:
-"¿Cómo podré aceptar que la cuñada de un hombre tan poderoso como yo se case con semejante pobre?-.

Sin hacer caso a esos reclamos, Huatiacuri empezó con su labor:
-"Señor, tu mujer es adúltera, su culpa te ha hecho enfermar. En el techo de tu casa hay dos serpientes que te están comiendo, y también hay un sapo de dos cabezas debajo de tu batán. Tenemos que matarlos a todos para que te cures. En cuanto a ti, tu no eres un auténtico dios, porque si lo fueras no te habrías enfermado de esta manera"

- Al oír esto, Tamtañamca se asustó.

En cambio su mujer gritó furiosa:
-"Este miserable me insultó sin motivo, yo no soy una adúltera".

Pero como el enfermo tenía muchas ganas de curarse, mando que Huatiacuri haga lo que sea necesario.

Entonces sacaron a las dos serpientes y las mataron.

En aquel momento Tamtañamca supo que Huatiacuri decía la verdad, y a la mujer no le quedó más que confesar su culpa.

Luego levantaron el batán y el sapo de dos cabezas salió volando con rumbo a la quebrada de Anchicocha.

Se cree que aún permanece ahí, escondido en un manantial, y cuando los hombres pasan por ese lugar, a veces desaparecen y otras veces enloquecen.

Luego de todo esto, Huatiacuri dijo haber cumplido con su labor, y el enfermó sanó.

El día señalado Huatiacuri viajó a Condorcoto, y ahí estaba Pariacaca, en forma de cinco huevos. Entonces el viento comenzó a soplar por primera vez, pues en tiempos anteriores, el viento nunca había soplado.

El mismo día del viaje, Tamtañamca - ya sano- le entregó a su hija - conforme lo acordado -, luego emprendieron viaje.

Mientras caminaban solos por un paraje cerca al cerro Condorcoto, se unieron.

Cuando el esposo de la hija mayor de Tamtañamca se enteró de esto, desafió a Huatiacuri para vencerlo y cubrirlo de vergüenza.

Lo retó de la siguiente manera:
-"Vamos a competir en distintas pruebas, ¿cómo un miserable como tú te atreviste a casarte con la cuñada de un hombre tan poderoso como yo?

Huatiacuri aceptó el reto, y fue a contarle a su padre Pariacaca (quien aún no nacía y seguía en forma de cinco huevos), todo lo sucedido.

-"Muy bien"- dijo Pariacaca -"cualquier cosa que te proponga, ven enseguida y cuéntamela, yo te aconsejaré"-.

He aquí la primera prueba:

El hombre poderoso le propuso a Huatiacuri medir su resistencia bailando y bebiendo.
Y por supuesto éste fue donde su padre (Pariacaca) a contárselo.

-"Anda a la otra montaña - le dijo Pariacaca - y transfórmate en un huanaco, échate fingiendo estar muerto.

Muy temprano de mañana un zorro y su esposa irán a verte, ella traerá chicha en un poronguito y el traerá su tambor y su antara. Cuando te encuentre, creyendo que estás muerto te comerán.

Pero antes que hagan esto, conviértete de nuevo en hombre y grita con todas tus fuerzas, ellos se asustarán tanto que saldrán huyendo olvidando sus cosas. Con ellas tu asistirás a la competencia".

Huatiacuri hizo todo lo que su padre le dijo. Al comenzar la competencia, el hombre rico fue el primero en bailar. Aproximadamente doscientas mujeres bailaron para él.

Cuando le toco el turno a Huatiacuri, él entró solo con su esposa a bailar, los dos solitos.

Tocaron el tambor que le habían robado al zorro. Pero apenas empezaron, la tierra empezó a temblar. Así ganó en baile.

Ahora tocaba beber. Huatiacuri y su esposa se sentaron en el lugar de honor, y todos los hombres presentes se fueron acercando, sirviéndole chicha, uno tras otro sin dejarlos respirar.

Cuando le tocó a él servirles chicha a todos los presentes, Huatiacurí sacó el poronguito (el de la zorrina).

Todos los presentes se echaron a reír y se burlaban diciendo que era muy pequeño para saciar a tanta gente. Pero apenas les fue sirviendo, uno a uno fueron cayeron sin sentido.

Como había vencido en esta prueba, al día siguiente, el hombre poderoso lo desafió nuevamente.

Esta vez el reto consistía en vestirse con las más finas ropas.

Nuevamente Huatiacuri fue a consultar con su padre.

Pariacaca le dio un traje de nieve. Así venció a su rival deslumbrándolos a todos.

Derrotado por segunda vez, ahora el desafío era atraer pumas.

Huatiacuri pensó en atraerlos con poesía. Según las instrucciones de su padre, fue muy temprano a un manantial y trajo a un puma rojo.

Cuando se puso a bailar con el puma rojo, en el cielo apareció el arco iris, y este es su origen.

Ahora el hombre rico y poderoso quiso competir construyendo una casa grande.

Huatiacuri colocó solo los cimientos y pasó el resto del día paseando con su mujer.

Pero, durante la noche, todas las aves y las serpientes, todas las que había en el mundo, fueron y construyeron la casa. A la mañana siguiente la casa estaba terminada, y el hombre rico y poderoso se asustó mucho.

Desafió a Huatiacuri a una nueva competición: esta vez habían de techar las casas. Todos los huanacos y todas las vicuñas traían paja para el techo del hombre rico.

Huatiacuri contrató un gato montes, que las asustó.

De este modo ganó nuevamente.

Siguiendo el consejo de su padre, Huatiacuri le dijo al hombre rico:

-"Yo he aceptado todos tus desafíos y en todos te he vencido, ahora te toca a ti aceptar los desafíos que te proponga yo".

El hombre rico aceptó. -"Ahora vamos a bailar vestidos con una cusma azul y huara de algodón blanco".

El hombre rico empezó a bailar, como siempre acostumbraba a hacer.

Mientras tanto, Huatiacuri entró corriendo y gritando. El hombre rico se convirtió en venado y salió corriendo.

Su esposa corrió detrás de él. Huatiacuri los persiguió, y alcanzó a la mujer en el camino de Anchicocha. La clavó de cabeza en la tierra y la convirtió en piedra. El hombre rico, que lo habían convertido en venado, subió al cerro y desapareció.

Desde ese momento los venados son cazados para comer su carne.

Solo después de todo esto, Pariacaca y sus hermanos salieron de los cinco huevos, convertidos en cinco halcones. Al tocar tierra tomaron forma de hombres y empezaron a caminar.

Al enterarse de cómo se había portado la gente de esa época y cómo Tamtañamca, fingiendo ser un dios, se había hecho adorar, se enojaron mucho.

Se convirtieron en lluvia, arrasando con todas las casas y las llamas hasta el mar, sin dejar que nadie se salve.

Después de cumplir con su castigo, Pariacaca subió al cerro que hoy lleva su nombre.

domingo, 23 de mayo de 2010

EL NACIMIENTO DE CU CHULAINN


"Durante el reinado de Conchobar en el Ulster, sus jefes se percataron de una bandada de pájaros que se alimentaba con la hierba de la llanura que hay junto a Emain Macha; comieron hasta despojar a la tierra de su manto, hasta donde llegaba la vista.

Los guerreros eran cazadores de aves y partieron en sus carros con el fin de perseguir a los pájaros sin descanso.

Dechtire (mujer) conducía el carro de su hermano Conchobar, y nueve carros se apresuraron a través de la llanura en pos de los pájaros.

Éstos volaban en parejas unidos por una cadena de plata, y volaban y cantaban de un modo tan hermoso que encantaron a los guerreros del Ulster. (...)

Cuando los hombres del Ulster vieron que Dechtire llevaba un hijo, se preguntaron si el padre sería el mismo Conchobar, pues hermano y hermana dormían juntos. Conchobar salvó su vergüenza desposando a su hermana con Sualtam, hijo de Roech.

Sin embargo, a Dechtire le mortificaba tener que dormir con su marido mientras llevaba en sus entrañas el hijo de otro hombre; así pues, una noche se acostó sola y aplastó al niño que llevaba dentro.

Pero Sualtam no tardó en volver a dejar encinta a Dechtire, que tuvo un hijo... Cu-Chulainn".


Fuente: -"Los Celtas. Cultura y Mitología", Evergreen.

sábado, 22 de mayo de 2010

EL PÁJARO CARPINTERO

El pájaro carpintero era un joven apuesto.

Por eso las mujeres se aventuraban por el. Pero... tenía el defecto de ser orgulloso.

Y un día vino la hija de un hombre llamado Siete Estrellas para noviar con el y siguió viniendo todas las tardes. Mucho tiempo después el aceptó que fuera su esposa.

Pero antes le dijo:

-Tienes que avisar primeramente a tu padre. Y donde vivía la joven solamente existía el hielo porque era una constelación y quedaba muy arriba. Y la joven fue para avisarle a Siete Estrellas.

Y el le contestó diciendo:

-puedes casarte con el, pero debe quererte mucho y cuidarte, también debe apreciar mi dignidad y respetarme.

Entonces ellos se casaron.

Pero el carpintero era orgulloso y le gustaba desafiar a peleas y una noche subió a las estrellas y comenzó a desafiar a su suegro, don Siete Estrellas, y siguió haciéndolo muchas noches mas y una noche tomo la decisión de hacerlo con mas violencia que nunca.

Entonces Siete Estrellas se cansó y se ofendió y se trabó en lucha con el y lo persiguió desde las estrellas hasta el fondo mismo del agua aquí en la tierra:

- ¡Blom! cayendo con mucho ímpetu y llamó a una raya y la puso arriba del carpintero y el carpintero se quedo abajo.

Pasó mucho tiempo y la joven subió a implorarle a su padre don Siete Estrellas que libertase a su esposo, diciéndole:

-Padre, basta ya suéltalo a mi marido, es suficiente, ahora se cuidara.

Entonces Siete Estrellas vino y lo sacó de abajo de la raya pero el lomo del carpintero estaba dañado y por eso el pájaro Carpintero tiene el lomo blanco en señal de su castigo.

viernes, 21 de mayo de 2010

LOS CABALLOS BLANCOS



Cuando Nguenechén hizo el mundo con su gente y animales, se dijo:

"Hay muchos secretos que el hombre no debe aprender para no desordenar su vida. El conocimiento de su fin, de su exterminio sería terrible. Pero entre los animales, a los que voy a dar el habla, pondré el caballo y el perro (Trewa). Sólo a ellos confiaré mi secreto, ya que les daré otro lenguaje como para que nadie los entienda jamás."

Así fue que el caballo y el perro conocían los secretos designios del dios y veían muchas cosas tristes, especialmente de noche. De sus ojos brotaban así muchas lágrimas, y a la mañana siguiente aparecían por ello cubiertos de lagañas.

Un indio muy sabio y anciano, llamado Leuque-Leuque hacía tiempo que venia observando todo.

Tenía muchos caballos y perros, y se le ocurrió que alguno de ellos podría hablar y revelarle secretos que su alma presentía.

Así fue que una noche de luna clara que salió cabalgando en su caballo blanco y acompañado de su perro negro, le dijo a éste: "Dime, no es cierto que por las mañanas tienes lagañas en los ojos porque durante la noche ves espíritus de seres, almas de los difuntos? Porque no creo que sea de haragán que ello te ocurra, y te aseguro que muchos deseos tendría yo de ver a mis antepasados y hacerles no pocas preguntas. Habla, pues, mi querido Trewa "Pero el animal no contestó, sino que se escondió detrás del caballo blanco.

Entonces el indio, comprendiendo que no quería hablarle, se dirigió a su caballo en los mismos términos agregándole: "Iníciame en estos misterios que yo te prometo guardar el secreto. Jamás alma viviente escuchará lo que tú me confíes."

Y ya desesperado concluyó. "Habla, o te mato, pues para ello soy tu amo. El caballo blanco se asustó, y muy triste dijo:

"Nosotros los caballos y los Trewas negros tenemos la gracia de que hablas. La recibimos como gran secreto de Nguenechén, quien confió más en nosotros que en los humanos, pues no sabéis guardar los secretos, y podríais llenar el alma de vuestros enemigos de terror anunciándoles con seguridad su próxima muerte. Nuestras lagañas, Óyelo bien, no las produce la haraganería, sino que las produce la irritación de nuestros ojos, ya que lloramos al ver las almas de tantos seres conocidos. En el mundo de abajo hay poca luz y es muy triste, ya que deben buscar ellas penosamente su alimento en medio de oscuras humaredas que produce la quemazón de leña verde... Y me apena pensar que debo acompañarte a ese mundo de dolor y que mi fin no estará muy lejos"

Mucho se asustó el buen indio, y con voz trémula le dijo:

"Dime cuánto tiempo quedaré aún con vida, y yo para agradecerte, buscaré otro acompañante, pues espero que así podrás vivir mucho más teniendo yo otro caballo. Pero, por favor dime cómo haré para divisar tantas cosas sagradas."

Y el caballo contestó: "úntate algo de mis lagañas o de las de Trewa sobre tus ojos, y vas a ver lo que vive alrededor tuyo lo que dejó de vivir y lo que ha de vivir. Yo, por desgracia, he visto demasiado, y paso a ti mi don de Nguenechén."

Entonces el indio se untó sus ojos con las lagañas del caballo blanco y enseguida fue vidente. Veía los espectros las almas de sus queridos difuntos bajo el aspecto de animales y formas diferentes, especialmente de aves y animales feroces.

Espantoso le parecía el mundo de abajo con sus pobres inhabitantes, y hasta padecía por los acompañantes, los caballos y los perros de los que iban adelantados a él, vivo todavía. Los caballos tenían de todos los colores, pero uno de ellos tenia siete y era allí el Dios. Todos sufrían y se quejaban, ansiando volver al mundo de los humanos, o al menos como los nobles y los guerreros en las nubes, luchando y combatiendo siempre.

Leuque-Leuque, el araucano se impresionó tanto que no podía dormir más.

En todas partes, donde otros no veían mas que piedras, agua, animales u otras cosas, divisaba él almas en pena, errantes, casi siempre tristes, buscando sus seres queridos, para hacerse ver y querer.

¡Qué aflicción para el pobre corazón del indio!

Ahora todo le daba miedo; por donde miraba veía los ya muertos como seres vivos que se acercaban a el, que le hacían cariños y le hacían llorar en vez de dormir, llenando sus ojos de lágrimas ardientes que se secaban y pegaban a los bordes de sus párpados, a tal punto que los integrantes de la tribu decían:

"Leuque-Leu que se pone lagañoso y ya no se levanta para cabalgar en su caballo blanco." Al fin murió el anciano, y se le daba como acompañante otro caballo, destinado por él de antemano para el viaje, como también otro querido perro negro, que era el guía y que tenia que defenderlo cuando cruzara el gran lago para la Isla de los Difuntos, ya que había aves de rapiña que sacaban los ojos a los viajeros, llevados por el balsero ingrato y hostil.

Era un día de lluvia, de hielo y de nieve, sin embargo cayó de las nubes un terrible rayo verde, que mató al caballo blanco, porque había revelado el secreto al hombre.

Desde entonces todos los caballos blancos están en peligro de ser matados por un rayo, mientras nada pasa a los perros negros, porque ellos supieron guardar el secreto de Nguenechén. Sin embargo, a ellos, como a los caballos, se les quitó el habla. Pero pueden ver y sentir como antes, los espíritus y las almas de los muertos, un don que los inquieta, tanto, que los caballos, especialmente en la noche, se quejan y lloran, dan patadas a los aparecidos y relinchan de angustia, mientras los perros aúllan y penan desoladamente, particularmente cuando la luz de Kuyén, la luna, es muy clara, ya que ellos ven las almas a su lado, las temen, y no pueden escapar. Los animales nombrados, entonces, logran saber secretos de los amos de los familiares de estos, la hora de la muerte que los entristece.

La visión es tanto más nítida cuanto más fuerte es la luz de la luna.

Los caballos blancos siempre sudan, debido a su miedo continuo. Y como llevan su alma en los pelos, se revuelcan con gusto, cuando presienten la lluvia. Y porque tienen miedo al sol como a la luna, buscan guarecerse debajo de un árbol cuando se avecina una tormenta, porque se acuerdan que son malditos por falta de estimación del secreto, siendo que los caballos de otros colores pastan tranquilamente al aire libre y lo mismo que los perros no buscan abrigo alguno.

jueves, 20 de mayo de 2010

"MOMOTARO" 桃太郎


Una vez, hace mucho tiempo en un pueblecito de la montaña, un hombre muy viejo y una mujer muy vieja vivían en una solitaria cabaña de leñador.

Un día que había salido el sol y el cielo estaba azul, el viejo fue en busca de leña y la anciana fue a lavar al arroyo estrecho y claro, que corre por las colinas...

¿Y que es lo que vieron?

Flotando sobre el agua y solo por la corriente, un gran melocotón.

La mujer exclamo:
-¡Anciano, abre con tu cuchillo ese melocotón!

¡Que sorpresa!

¿Que es lo que vieron?

Dentro estaba Momotaro, un hermoso niño. Se llevaron a casa a Momotaro, que crecio muy fuerte. Siempre estaba corriendo, saltando y peleándose para divertirse y cada vez crecía mas y se hacia mas corpulento que los otros niños del pueblo.

En el pueblo todos se lamentaban.

-¿Quien nos salvara de los Demonios y de los Genios y de los terribles Monstruos?

-Yo seré quien los venza, dijo Momotaro-. Yo iré a la isla de los Genios y los venceré.

-¡Danle una armadura! Dijeron todos. Y déjenlo ir.

Con un estandarte enarbolado va Momotaro a la isla de los Genios. Va provisto de comida para mantener su fortaleza.

Por el camino se encuentra con un perro que le dice:

¡Guau, Guau, Guau! ¡A donde te diriges? ¿Me dejas ir contigo? si me das comida, yo te ayudare a vencer los Demonios.

¡Ki, Ki, Kia, Kia! - Dice el Mono. ¡Momotaro, eh, Momotaro, dame comida y déjame ir contigo! ¡Les daremos su merecido!

¡Kian, Kian!- Dijo el Faisán. ¡Dame comido e iré con vosotros a la isla de los Genios y los Demonios para vencerlos!

Momotaro, con el Perro, el Mono y el Faisán, se hace a la vela para ir al encuentro de los Genios y derrotarlos. Pero la isla de los Demonios esta muy lejos y el mar, embravecido.

El Mono desde el mástil grita:

-¡Adelante, a toda marcha!

-¡Guau, Guau, Guau! -se oye desde la popa.

Y en el cielo se oye:

-¡Kian, Kian!

Nuestro capitán no es otro que nuestro valiente Momotaro.

Desde lo alto del cielo el Faisán espía la isla y avisa:

-¡El guardián se ha dormido! ¡Adelante!

- ¡Mono, salta la muralla! !Vamos, prepárense!

Y grita:

-¡Eh, ustedes, Demonios, Diablos, aquí estamos! ¡Salgan! ¡Aquí estamos para vencerlos, Genios!

El Faisán con su pico, el Perro con los dientes, el Mono con las uñas y Momotaro con los brazos luchan duramente.

Los Genios y Demonios, al verse perdidos, se lamentan y dicen:

¡Nos rendimos! ¡Nos rendimos! Sabemos que hemos sido muy malos, nunca mas volveremos a serlo. Les devolveremos el tesoro y todas las riquezas.

Sobre una carreta cargan todo el tesoro y todo lo que había en poder de los Genios.

El Perro tira de ella, el Mono empuja por detrás y el Faisán les indica el camino.

Y Momotaro, sentado encima, entra en su pueblo donde todos le aclamaban como vencedor.



Momotaro: "Momo" significa melocotón y "Taro" varón

miércoles, 19 de mayo de 2010

EL CRISTAL DEL INCA YUPANQUI



Se dice que el inca Yupanqui antes de subir al trono había ido a visitar a su padre, el inca Viracocha.

En el camino, encontró una fuente llamada Susurpugaio. Allí vio un trozo de cristal caído en la fuente, y en ese cristal contempló la figura de un indio con tres brillantes rayos como los del Sol que le salían de la parte trasera de la cabeza. Llevaba un hautu o flequillo sobre la frente, y serpientes enrolladas alrededor de los brazos y en los hombros.

Tenía pendientes en las orejas, como los incas, y vestía también como ellos.

Había una cabeza de león en sus piernas y otro león en los hombros.

El inca Yupanqui tuvo miedo de esta extraña figura, e iba a empezar a correr, cuando una voz le llamó por su nombre diciéndole que no tuviera miedo, porque era su padre el Sol a quien contemplaba, y que él conquistaría muchas naciones, pero que debía recordar a su padre en sus sacrificios y ofrecerle unos ingresos, rindiéndole un gran culto.

Después, la figura se desvaneció, pero quedaba el cristal en el que el inca luego vio todo lo que deseaba.

Cuando llegó a ser rey hizo una estatua al Sol, recordando la figura tanto como fue posible y ordenó a todas las tribus que conquistaba que edificaran espléndidos templos para venerar a la nueva deidad, en vez de al creador.

martes, 18 de mayo de 2010

LA BODA DE LA XDZUNUÚM



Una mañana llena de sol, el colibrí, o xdzunuúm que es su nombre en lengua maya, estaba parada sobre la rama de una ceiba y lloraba al contemplar su pequeño nido a medio hacer. Y es que a pesar de que llevaba días buscando materiales para construir su casa, sólo había encontrado unas cuantas ramas y hojas que no le alcanzaban. La xdzunuúm quería acabar su nido pronto, pues ahí viviría cuando se casara, pero era muy pobre y cada vez le parecía más difícil terminar su hogar y poder organizar su boda.

La xdzunuúm era tan pequeña que su llanto apenas se escuchaba; la única en oírlo fue la xkokolché, quien voló de rama en rama hasta encontrar a la triste pajarita.

Al verla, le preguntó:

— ¿Qué te pasa, amiga xdzunuúm?

— ¡Ay! Mi pena es muy grande —sollozó más fuerte la xdzunuúm.

—Cuéntamela, tal vez yo pueda ayudarte —dijo la xkokolché.

— ¡No! Nadie puede remediar mi dolor —chilló la xdzunuúm.

—Ándale, platícame qué tienes —insistió la xkokolché.

—Bueno —accedió la xdzunuúm—. Fíjate que me quiero casar, pero mi novio y yo somos tan pobres que no tenemos nido ni podemos hacer la fiesta.

— ¡Uy! Eso sí que es un problema, porque yo soy pobre también —respondió la xkokolché.

— ¿Lo ves? Te lo dije, nadie me puede ayudar —gritó la xdzunuúm.

—No llores, espérate, ahorita se me ocurre algo —aseguró la xkokolché.

Las dos aves pensaron un rato; desesperada, la xdzunuúm ya iba a llorar de nuevo, cuando la xkokolché tuvo una idea:

—Mira, tú y yo solas no vamos a poder con la boda. Tenemos que llamar a otros animales para que nos ayuden.

Apenas acabó de hablar, la xkokolché entonó una canción en maya, que decía así:

U tul chichan chiich, u kat socobel, ma tu patal xun, minaan y nuucul.

De esta forma, la xkokolché contaba que una pajarita se quería casar, pero no tenía recursos para hacerlo.

Luego repitió la canción; como su voz era tan dulce, algunos animales y hasta el agua y los árboles se acercaron a escucharla.

Cuando ella los vio muy atentos a sus palabras, les pidió ayuda con este canto:

Minaan u xbakal, minaan u nokil, minaan u xanbil, minaan u xacheil, minaan u neeneíl, minaan u chu-cí, minaan u necteíl.

Con esas palabras, la xkokolché les explicaba:

No tiene el collar, no tiene el vestido, no tiene los zapatos, no tiene el peine, no tiene el espejo, no tiene los dulces, no tiene las flores.

Mientras la xkokolché cantaba, la xdzunuúm derramaba gruesos lagrimones.

Así, entre las dos lograron que todos los presentes quisieran ayudar.

Por un momento, se quedaron callados, luego, se escucharon varias voces:

—Que se haga la boda, yo daré el collar —dijo el ave xomxaníl, dispuesta a prestar el adorno amarillo que tenía en el pecho.

—Que se haga la boda, yo daré el vestido —ofreció la araña y empezó a tejer una tela muy fina para vestir a la novia.

—Que se haga la boda, yo daré los zapatos —aseguró el venado.

—Que se haga la boda, yo daré el peine —prometió la iguana y se quitó algunas púas de las que cubren su lomo.

—Que se haga la boda, yo daré el espejo —afirmó el cenote, pues su agua era tan cristalina que en ella podría contemplarse la novia.

—Que se haga la boda, yo daré los dulces —se comprometió la abeja y se fue a traer la miel de su panal.

Con eso, ya estaba listo lo necesario para la boda. La xdzunuúm lloró de nuevo, pero ahora de alegría. Luego, voló a buscar al novio y le dijo que ya podían casarse.

A los pocos días, se celebró una gran boda, y por supuesto, la xkokolché fue la madrina.

En la fiesta hubo de todo, porque los invitados llevaron muchos regalos.

Desde entonces, la xdzunuúm dejó de lamentar su pobreza, pues supo que contaba con grandes amigos en el mundo maya.

Leyendas Mayas - Autor: S.E.P.México,
Versión escrita: Gloria Morales Veyra

lunes, 17 de mayo de 2010

LA MUERTE DE LUMALUMA




LumaLuma era una ballena que surgió del mar en forma de hombre en Cape Stewart, cerca de Milingimbi, en el centro de la región costera de Aernhem Land (Australia).

Cuando estuvo en tierra firme, consiguió dos esposas y se dirigió hacia el oeste, llevándose con él importantes rituales religiosos llmados, mareiin, ubar y lorgun como dones para la humanidad.

Pero Lumaluna era glotón y abusó de su sagrada función: cada vez que veía comida deliciosa, como la dulce miel silvestre, o los deliciosos ñames, los declaraba mareniin (sagrados) y solo él podía comérselos.

Mientras tanto, iba enseñando los ritos haciendo sonar sus bastones al golpearlos entre sí:

"¡Es bueno todo ello!"

Un día llegó a un lugar en donde se había levantado un campamento y él los escuchaba mientras talaban los árboles.

Al ver hogueras encendidas y comida preparada, corrió hacia ella declarando sagrada a la comida.

Se comió todo solo dejando migajas para los campamentistas.

Esto sucedió muchas veces hasta que comenzó a comerse hasta a los niños muertos... entonces... se colmó la paciencia del pueblo de Arnhem Land y tomando sus lanzas le dieron muerte a él y a sus esposas.

domingo, 16 de mayo de 2010

EL PALO SANTO


EL PALO SANTO, árbol sagrado de los Tobas al cual veneran.

Nombre Científico: Bursera graveolens

Familia: Burseraceae

Nombre común: Palo Santo.

COSAKAIT: Nombre que los tobas dan al árbol de Palo Santo.

Según una leyenda recopilada por Lázaro Flury, en la época embrionaria del mundo, cuando los seres humanos formaban una pequeña minoría, COSAKAIT, el más apuesto y virtuoso de los varones de aquel grupo se había enamorado de una joven doncella.

Sin embargo no era correspondido por la bella mujer, y al sentirse desdichado enfermó gravemente.

En su lecho de muerte llamó reiteradamente a la joven para verla por última vez, pero ésta se negó.

"-Decidle que no quiero morir. Mas Yago (Dios) me quita la vida. Pero estaré siempre con ella. Adornaré su cabeza de flores perfumadas. Ahuyentaré los parásitos de su lado. Daré fragancia al agua que beban sus labios y laven sus ojos. Iré al cielo en el humo aromado de su ruego en la ceremonia del NAREG. Y estaré donde ella se encuentre y le daré lo que pida..."

Tras estas palabras, la fiebre abrasó su cuerpo y murió invocando el nombre de su amada.

En el lugar de su sepultura creció el árbol COSAKAIT, característico por sus flores y madera perfumada.

Nota: Cosacait, el Duende del Amor de los Pilagás.

sábado, 15 de mayo de 2010

LA SONRISA




En las lejanas tierras nevadas de Canadá, tuvo lugar la historia de cómo un lobo se convirtió en el mejor amigo del ser humano.

Cuenta la leyenda que en aquellas montañas vivía Skan (el cielo), el gran lobo gris plata junto a su manada de lobos árticos.

En aquellas tierras el viento soplaba con un cálido aroma de libertad, la luz dorada del sol bañaba un paisaje donde el equilibrio natural hacía que todas y cada una de las especies convivieran en paz y armonía.

Pero un día, con la llegada del hombre, la hermosura de aquellas tierras vírgenes y la pureza de sus aguas cristalinas empezó a desvanecerse, mientras el hombre avanzaba haciendo suyo todo lugar por el que pasaba.

Una mañana temprano, Skan se hallaba buscando una presa para poder llevar a su familia como desayuno, cayó mal herido en una de las trampas que los humanos habían colocado en el bosque.

Y cuando pensó que ya no tendría salida, alguien le agarró de cuello y lo montó en su mustang negro y lo salvó.

Sí, un humano lo había salvado, pero aquel,…aquel era diferente, se trataba de un joven indio de la tribu de los Lakota, de piel rojiza y cabellos largos y color negro azabache. Aquel muchacho lo rescató de una muerte segura en manos del depredador más temible de todos, el ser humano, el cual odiaba a los lobos.

Skan quedó completamente agradecido con aquel joven por su hospitalidad y cuidados... Al fin y al cabo, no era tan diferente a él, ambos luchaban por la libertad de los suyos y cruelmente eran rechazados y perseguidos.

Skan sentía de corazón que algún día no muy lejano podría devolverle el favor…

Así que por la noche, aulló a la luna en llamada a la Diosa Nokomi, (hija de la luna), para que le concediera el deseo de poder devolver el favor a aquel muchacho.

Ella le dijo que para protegerle debería aprender a sonreír… sólo así podría convivir en una comunidad humana sin que le tuvieran miedo… Skan aceptó y al día siguiente despertó diferente… su mirada de ojos pardos había retomado un brillo dulce color miel que emanaba ternura y sus dientes, ya no eran los de un lobo fiero y salvaje. Ahora en su rostro se dibujaba una hermosa sonrisa que desprendía simpatía y confianza…

Así pues, Skan se encaminó hacia la aldea de los Lakota y una vez allí algo mágico ocurrió…

La gente lo trataba como a un Dios, ¡Es nuestro salvador! Gritaban llenos de júbilo y alegría, era curioso porque todas aquellas gentes le sonreían! El hermano lobo gris que sonríe ha venido al fin para proteger a nuestro pueblo, es Nordic, el legendario lobo gris que según la profecía vendría para salvarnos…

Y así fue, Skan se convirtió en el fiel compañero y protector de la tribu de los Lakota, pasó de ser un lobo gris a un perro con una bonita sonrisa, siendo así el pionero de las generaciones de nuestros actuales nórdicos.

A partir de entonces, se dice que los perros nórdicos son poseedores de la más hermosa y sencilla de las sonrisas,… la sonrisa nórdica!


Fuente: http://www.lasonrisanordica.com/

viernes, 14 de mayo de 2010

LAS AMAZONAS


Hace mucho tiempo una tribu de cazadores se instaló a orillas del poderoso río Amazonas. Se llamaban Worisiana.

La vida en la tribu transcurría apacible los hombres salían a cazar y mientras tanto las mujeres limpiaban, hilaban y preparaban el fuego para cocinar las presas que traían sus esposos.

Pasó el tiempo y tanto Toirrori, el cacique de la tribu, como su gente comenzaron a cambiar.

Ya no saludaban a sus mujeres con alegría cuando volvían de sus cacerías; entraban con el ceño fruncido en la toldería y sólo encontraban palabras de dura crítica para los trabajos de sus esposas. Ni las comidas preparadas con el mayor esmero, ni las sonrisas más dulces provocaban un cambio en su actitud.

Las indias estaban cada vez más tristes; querían recuperar el amor de sus hombres pero todo era en vano. No recibían ninguna palabra amable, ningún gesto de cariño.

Una mañana Toyeza, la esposa del cacique, reunió a todas las mujeres y les contó que había tenido una extraña aventura.

- Anoche, cuando fui a lavarme a orillas del río, me encontré con Walyarima el jaguar negro.

. ¡Walyarima, el que lo sabe todo! - exclamaron maravilladas las otras mujeres.

- Sí, el mismo - les contestó Toyeza -. Me preguntó por qué estaba triste y le conté nuestras penas. Walyarima me consoló aconsejándome que tratemos por todos los medios de hacer entender a nuestros hombres cómo cambiaron.

La india quedó un momento en silencio y después continuó hablando:

- Y si nuestros reclamos no son escuchados, deberemos alejarnos de aquí y buscar un lugar nuevo donde instalarnos.

Entonces resolvieron organizar una gran fiesta el día de la caza mayor y tratar de recuperar el amor de sus esposos. Tan entusiasmadas estaban con ese plan, que no se dieron cuenta de que el cacique Toirrori escuchó todo lo que hablaron.

Con el ceño fruncido se alejó sigilosamente del lugar y reunió a sus hombres.

El día de la caza mayor, las indias prepararon dulces brebajes, se vistieron con sus mejores túnicas y esperaron a sus esposos.

Los hombres se acercaron en silencio con los rostros más adustos que nunca.

Con un grito ahogado las mujeres retrocedieron horrorizadas; Toirrori llevaba sobre su lanza el cadáver destrozado de Walyarima, el sabio jaguar negro.

Toyeza los enfrentó en silencio; ahora en su corazón ya no había deseo de amor, sino odio y sed de venganza. En forma disimulada agregó a las bebidas la hierba kassawa, que produce un sueño de tres días. Los hombres comieron y bebieron como si nada hubiera pasado, pero la bebida surtió efecto y todos quedaron dormidos. Entonces sus esposas abandonaron la tribu.

Caminaron a orillas del río Amazonas, alejándose cada vez más, hasta encontrar un claro en la selva. Allí se instalaron, prepararon arcos y flechas… y después esperaron.

Cuando los indios despertaron de su profundo sueño, descubrieron el abandono de las mujeres.

Enfurecidos, buscaron sus huellas, pero estaban tan alterados que no podían encontrarlas.

Pasó un buen tiempo antes de que las descubrieran; luego, cuando se acercaban en silencio para sorprender a sus esposas y llevarlas de vuelta, una lluvia de flechas les dio la bienvenida y Toyeza, adelantándose les gritó:

- Ya nada tenemos que ver con ustedes. Ahora somos libres y buscaremos hasta encontrar hombres que nos traten con cariño. ¡No nos importan las penurias y antes que volver preferimos morir!

Los Worisiana se retiraron en silencio como habían venido. En su corazón había tristeza y también admiración por esas mujeres tan audaces. Sin embargo, no se dieron por vencidos y siguieron a las “amazonas”, como ahora se hacían llamar, para reconquistarlas y darles el amor que se merecían.

No se sabe si alguna vez las mujeres de la tribu de los Worisiana se volvieron a unir con sus hombres, pero a lo largo del río Amazonas se las sigue recordando con admiración.

jueves, 13 de mayo de 2010

EL GUERRILLA

Escribe Eduardo Néstor Gracia

móvil:2266539445/E-mail: edugracia2000@yahoo.com


Hacia fines del siglo XIX, solía bajar de los Montes Pirineos un personaje que parecía salido de una pesadilla, digno de compartir su existencia con el Hombre de Cromagnon. Vivía en esas montañas; era aguerrido cazador de osos pardos que, por entonces, poblaban el infinito laberinto montañoso.



Doña Leocadia, de la villa de Teruel, luego de casarse vivió en Huesca, por aquel tiempo, modesta población donde vivió por algunos años con su familia. Allí, por mentas, supo de la existencia del primitivo, tosco y temible ser. Su bravura era la admiración de los vecinos y el temor que inspiraba (y un hedor mezcla de hombre y fiera) lo alejaban del trato que merecía como ser humano. Su porte era enorme en estatura y en robustez. Su andar bamboleante, propio de cualquier montañés, su aspecto estereotipado hasta llegar a ser aparatoso y grotesco. Su oficio de cazador de osos, había forjado muchos aspectos de su fisonomía y personalidad. Era como si para poder cazarlos, antes, debiera haberse comprometido a ser un rival digno de quitarles la vida.


¿Fusil? ¿Magnum?.. ¡Ay… las cosas del hombrecillo de hoy, que para derribar un árbol, necesita una motosierra! El Guerrilla salía a buscar su presa con una daga de acero toledano en el ancho cinto de suela de un palmo, casi una faja, que ceñía el centro de su tremenda humanidad. Seguía el rastro de su presa por varias jornadas. Por momentos, la presa era él. Era consciente de ello. Necesitaba hacerse oler por el fino olfato de su rival, para tenerlo cautivo en el área elegida para la contienda. En una dramática e increíble aventura de vida o muerte, ambos, oso y Guerrilla llegaban a conocerse y desearse lo suficiente. Con su aspecto aguerrido, creo que el oso llegaba a ver en él a un rival, más que un cazador.


Así era el Guerrilla. Los cazadores de hoy, con miras láser y armas poderosísimas y refinadas, tal vez puedan menospreciarle por su daga. Ningún oso confundiría un cazador actual con un rival. Muy de lejos distinguirían el brillo de sus armas, anteojos y relojes, el sulfuroso olor de la pólvora y los repulsivos perfumes de sus jabones y “desodorantes”.


El Guerrilla era él, su abrigo de piel de oso con su fuerte olor a salvaje y su inodora daga, bien oculta pero siempre dispuesta al reflejo prensil de su enorme mano siniestra. Cuando el encuentro final se producía, el Guerrilla lo enfrentaba decidida y aparatosamente, provocando al oso a tomar su posición bípeda, muy habitual del oso en ataque. Antes que el animal pusiera sobre él sus temibles garras, una garra humana se aferraba en la empuñadura de ébano con virola de alpaca de la daga que, veloz como una centella, enterraba en el vientre del oso. En semejante situación todavía, el tremendo cazador, quitaba y hendía varias veces por la misma herida en diversas direcciones para lograr una hemorragia más eficaz, sin dañar la piel más que lo necesario. Del precio de su venta dependía su subsistencia.


Un día, al subir la montaña, luego de mucho andar, llegó a ver que en una madriguera de lobos, faltaba la loba y dos lobitos estaban solitos en la nieve, sufriendo frío y desamparo. Luego de pasados dos días, ya de regreso con una enorme piel a cuestas, al pasar por la madriguera volvió a notar la ausencia de la loba, por lo que dedujo que ellos estarían huérfanos. Sin pensarlo, los cargó dentro de la piel de oso y, pasando por lo de doña Leocadia, sabiendo que allí habían dos niños, los dejó dentro del cerco, para que los niños al descubrirlos los adoptaran y cuidaran. Él sabía que, una vez crecidos, los cachorritos buscarían por instinto volver a su hábitat montañoso.


Así fue. Los niños los metieron en la casa, los abrigaron cerca del fuego y le pidieron a mamá Leocadia, algo de leche para que se alimentaran.


Pero¡qué es esto!.. ¡qué es esto! ¿Es que os habéis vuelto locos? ¡Cáspita! ¡Sacad fuera estos lobicos, que la madre los ha de estar buscando!..


Los niños obedecieron e inmediatamente pusieron ambos lobitos fuera de la casa, mientras nevaba. Cerraron la puerta y corrieron a la ventana para ver qué sucedía… en el preciso instante en que la celosa loba, los venía rastreando. Ella, delicadamente, con sus cabecitas entre sus dientes, los alzó y sin más, se perdió al trotecito por La Costanilla del Suspiro, rumbo a la montaña.


Doña Leocadia fue regañada por sus niños que, desde el principio, se habían encariñado con los cachorros. El mayor se atrevió a preguntarle cómo sabía que tenían madre. Pues… ¡Caramba! ¡Es que también madre soy! ¿Es que no vieron lo gordicos que estaban?.. ¡Caramba!.. ¡Buen regalico el del Guerrilla este!..”.

El menor de los niños, José Joaquín Gracia,

fue mi padre unos veinte años después.

A él dedico este texto a modo de homenaje.


Nota del autor:
Regionalismos empleados de la zona de Galicia y Aragón, España:

"Regalico", en Aragón, es "regalito" para algunos, "regalillo" para otros o como se dice en la zona de Galicia, "regaliño".


Gordico: diminutivo de gordo.


Gracias Eduardo Gracia por tu gentil aporte.