El Inti (en quechua: Tayta Inti, Padre Sol) era el dios sol y siervo de Viracocha, el cual ejercía la soberanía de la actualidad en el plano divino (Hanan Pacha).
Asimismo era hijo del dios sol del mundo antiguo (Ñawpa Pacha) y reinaba sobre el ser humano en el mundo actual (Kay Pacha).
El Inti era la divinidad popular más importante del Imperio Incaico siendo adorado en varios santuarios. Se le entregaban ofrendas de oro, plata y ganado, así como las llamadas Vírgenes del Sol. También se le hacían ofrendas humanas en el mes de los Capac hucha, la cual muchas veces consistía en reos de muerte.
Viracocha (en quechua: Qun Tiksi Wiraqucha) era considerado como el esplendor originario o El Señor, Maestro del Mundo.
En realidad fue la primera divinidad de los antiguos peruanos, a saber, los habitantes de Caral, Chavín, Wari y especialmente los Tiahuanacos, que provenían del Lago Titicaca.
El culto al dios creador supuso un concepto de lo abstracto y de lo intelectual, y estaba destinado solo a la nobleza.
Viracocha al igual que otros dioses, fue un dios nómada.
Según los mitos, surgió de las aguas, y creó el cielo y la tierra.
Tenía un compañero alado, el Pájaro Inti, una especie de pájaro mago, sabedor de la actualidad y del futuro. Este pájaro mago, no es otro que el Corequenque de las tradiciones orales, el picaflor de oro, mensajero de los dioses, cuyas plumas servían para la mascaypacha o corona del emperador Inca.
Viracocha es representado con dos varas, que al parecer eran realmente estólicas (propulsalanzas) o warakas (hondas gigantes andinas)
Tanto los incas así como los antiguos peruanos desde la época de Caral, creían que el espacio horizontal estaba dividido en dos partes, y cada una de ellas subdividida en otras dos, el mundo aparecía compuesto por tres planos:
·Hanan Pacha: El mundo del ascenso dividido en: Hanan Pacha mundo de arriba y Ñaupa Pacha mundo antiguo o de los antepasados
· Kay Pacha: El mundo del centro. Sanka Pacha mundo del castigo o los condenados y Kay Pacha mundo de aquí,
·Uku Pacha o Urin Pacha: El mundo de abajo.
Pacha significa a la vez tiempo y espacio, es decir, plano de existencia.
Imagen del Cerro Chaltén; así llamado por los tehuelches. En su cumbre, se posó Elal, el gran héroe patagónico, con su cisne.
Luego, el hombre blanco rebautizó la montaña para llamarla Cerro Fitz Roy.
(Foto Matilde Gironelli).
Dicen los tehuelches que la Patagonia era solo hielo y nieve cuando el cisne la cruzó, volando por primera vez. Venía desde más allá del mar, de la isla divina donde Kóoch había creado la vida y donde había nacido Elal, a quién cargó en su blanco lomo para depositarlo sobre la cumbre del cerro Chaltén (ubicado en la zona cordillerana de Santa Cruz, conocido hoy como cerro Fitz Roy).
Dicen también que detrás del cisne volaron el resto de los pájaros, que los peces los siguieron por el agua y que los animales terrestres cruzaron el océano a bordo de unos y de otros. Así la nueva tierra se pobló de guanacos, de liebres y de zorros; los patos y los flamencos ocuparon las lagunas y surcaron por primera vez el desnudo cielo patagónico los chingolos, los chorlos y los cóndores.
Por eso Elal no estuvo solo en el Chaltén; los pájaros le trajeron alimento y lo cobijaron entre sus plumas suaves. Durante tres días y tres noches permaneció en la cumbre, contemplando el desierto helado que su estirpe de héroe transformaría para siempre.
Cuando Elal comenzó a bajar por la ladera de la montaña le salieron al encuentro Kókeshke (el frío) y Shie (la nieve).
Los dos hermanos que hasta entonces dominaban la Patagonia lo atacaron furiosos, ayudados por el hielo y por Máip (el viento asesino). Pero Elal ahuyentó a todos golpeando entre sí dos piedras que se agachó a recoger, y ese fue su primer invento: el fuego.
Cuentan que Elal siempre fue sabio, que desde muy chiquito supo cazar animales con el arco y la flecha que él mismo había inventado. Que ahuyentó al mar con sus flechazos para agrandar la tierra, que creó las estaciones, amansó las fieras y ordenó la vida. Y que un día modelando estatuitas de barro, creó los hombres y las mujeres: lostehuelches.
A ellos los Chónek les confió los secretos de la caza; les enseñó a diferenciar las huellas de los animales, a seguirles el rastro y a ponerles el señuelo; a fabricar las armas y a encender el fuego. También a fabricar abrigados quillangos, a preparar el cuero para los toldos, hasta dejarlo liso e impermeable... y tantas, tantas otras cosas que tan solo él sabía.
Cuentan que hasta la luna y el sol están donde están por obra de Elal, que los echó de la tierra porque no querían darle a su hija por esposa.
Que el mar crece con la luna nueva porque la muchacha, abandonada por el héroe en el océano, quiere acercarse al cielo, desde donde su madre la llama.
También que si no fuera porque una vez, hace muchísimo tiempo, cuando hombres y animales eran la misma cosa, Elal castigó una pareja de lobos de mar, no existirían el deseo ni la muerte.
Finalmente Elal, el sabio, protector de los Tehuelches, dio por terminados sus trabajos.
Dicen que un día poco antes del amanecer, reunió a los chónek para despedirse de ellos y darles las últimas instrucciones.
Les anunció que se iba, pidió que no le rindieran honores, pero sí que transmitieran sus enseñanzas a sus hijos, y éstos a los suyos, y aquellos a los propios, para que nunca murieran los secretos de los Tehuelches.
Y cuando el sol ya se asomaba en el horizonte Elal llamó al cisne, su viejo compañero. Se subió a su lomo y le indicó con un gesto el este ardiente. Entonces el cisne se alejó del acantilado, corrió un trecho y levantó vuelo por encima del mar.
Inclinándose sobre el ave que lo llevaba, y acariciando su cuello, Elal le pidió que le avisara cuando estuviera cansado.
Cuando el cisne se quejaba, Elal disparaba una flecha hacia abajo y con cada flechazo surgía en el agua una isla donde era posible posarse a descansar.
Dicen que varias islas se distinguen todavía desde la costa patagónica y que en alguna de ella muy lejos, donde ningún hombre vivo puede llegar, vive Elal. Sentado frente a hogueras que nunca se extinguen, escucha las historias que le cuentan los tehuelches que resucitados llegan cada tanto para quedarse con él, guiados por el magnánimo Wendéunk, espíritu tutelar que lleva la cuenta de las acciones de los tehuelches y los conduce, después de muertos, al encuentro de Elal.
Fuente: Libro Joiuen Tsoneka “Leyendas Tehuelches”, de Mario Echeverría Baleta
Una de las leyendas más conocidas de la provincia de Catamarca es la que hace referencia a una laguna que esta ubicada en el Distrito Aconquija -Departamento Andalgalá- y que recibe el nombre de Laguna del Tesoro. Cuenta que en épocas del Imperio Incaico llegó la noticia del apresamiento de Atahualpa, último Inca y que se reclamaba de todo el imperio, el aporte de riquezas para salvar la vida del Emperador incaico.
Los habitantes de la zona de Andalgalá, y más precisamente los establecidos en el "Pucará" redujeron el oro e hicieron una magnífica cadena de varios metros de largo. Cada eslabón del grosor del puño de un hombre.
Con esta preciosa carga, salieron rumbo al centro Imperial por uno de los caminos del inca, el que atravesaba la selva. La comitiva llegó hasta una laguna, donde se anoticiaron del ajusticiamiento de Atahualpa. Allí mismo decidieron arrojar a las aguas de la laguna, su presente, mas otras riquezas.
Y... desde ese momento quedó el nombre de "Laguna del Tesoro", como hoy se conoce a la paradisíaca laguna, situada al pie del Nevado de Aconquija, y en el límite de la provincia de Catamarca y Tucumán.
La Araucana - (1569), relato épico de Alonso de Ercilla y Zúñiga
La Guerra que duraría más de 300 años recién empezaba, cuando un niño, como miles, cayó prisionero del enemigo. Aprendió en la servidumbre las tácticas de sus captores y cuando huyó, retornó con su gente para guiarla a grandes victorias. Su nombre: Lautaro.
Hace 450 años atrás, la avanzada española capitaneada por Francisco de Villagra irrumpió sorpresivamente en el campamento de las fuerzas de Lautaro. Fue la última vez que el joven líder enfrentó a los conquistadores: la lanza que lo atravesó le causó la muerte.
Tenía 22 años, pero su leyenda lo sobreviviría.
Su historia comienza cuando la invasión española apenas había alcanzado las tierras que los indígenas llamaban Chili, para encontrarse con la fiera resistencia de un pueblo al que no conocían: mapuches, huilliches y picunches.
Pedro de Valdivia, como lo hizo antes Diego de Almagro, maniobró en este terreno hostil, fundando ciudades y empujando la frontera cada vez más hacia el sur. Pero no sospechaba que él mismo estaba acuñando la mano que lo haría caer.
Lautaro era un niño cuando, en las cercanías de la actual Concepción, fue tomado prisionero por los españoles.
Habían pasado 10 años de la batalla de Reinohuelén (1536) y su gente aún no disipaba la niebla supersticiosa de terror por estos monstruos parecidos a centauros y a sus armas ruidosas que parecían escupir fuego. Nada menos que el mismo Gobernador lo tomó como yanacona (indígena al servicio de los españoles), para que atendiera a su caballo y lo acompañara en las batallas, al estilo de los pajes.
Así pasó los siguientes 6 años, hasta que el adolescente Lautaro decidió escapar.
La próxima vez que se encontró con sus antiguos captores, el caudillo tenía autoridad sobre su gente y les había enseñado tácticas de guerra, a manejar armas, elegir el terreno, cómo emboscar y a montar los caballos a los que ya no temían.
La primera gran victoria que hizo su nombre temido entre los hidalgos fue la del 25 de diciembre de 1553, la batalla de Tucapel. También fue la derrota final del gobernador, pues su antiguo paje logró capturarlo y darle muerte.
Luego de la batalla de Marihueñu (23 de febrero, 1554) y el despueble de Concepción, pasaron dos años de absoluta ausencia española en el Sur de Chile. Lo que era un hito en la guerra, sin embargo, no pudo ser celebrado por los indígenas: las nuevas enfermedades y el hambre los debilitaron a extremos de horror.
Asombrosamente, Lautaro reemprendió el ataque con los hombres que pudo recolectar y sumando también a los picunches dentro de sus fuerzas. Luego de un exitoso enfrentamiento con Pedro de Villagra, en Peteroa, las fuerzas mapuches se reagruparon en el lugar y esperaron: se acercaba el invierno y estaban sin alimentos.
Yacurmana significa Madre del agua, pero también se lo conoce como agua que cae.
En La Rioja está muy difundida la Yacurmana de Chuquis, que es un accidente geográfico proveniente de la ladera del Velazco. Sin embargo también está también muy arraigado en Solca, Dpto. F. Quiroga, entre las serranías de Malanzán y Nacate, donde se la pinta como una viejecita vestida toda de blanco que aparece en el estanque de los Mota, entre los cañaverales, este espíritu -protector de día-, con las primeras sombras de la tarde cambia de personalidad, tornándose maléfica para cuidar que no se sequen las vertientes y se conserve cristalina el agua.
LA YACURMANA DE CHUQUIS:
Se le llama también hilo de plata o cabellera de plata, agua que cae en referencia a la diosa diaguita del agua y por su caudal, pero en época veraniega se convierte en una espectacular cascada por el importante aporte de las lluvias a su volumen de agua.
Qowakina era un hermoso lugar donde vivía la rana Paqua. Un día estaba sentada en una húmeda piedra cantando una plegaria para que se pusiera a llover, ya que hacía mucho calor y esa era la manera en que Paqua lograba que vinieran las lluvias -aquí la mujer hopi que contaba la historia se puso a cantar una corta canción, muy rítmica, similar a una canción de cuna-
No muy lejos de allí, Mahu, la langosta, estaba posada en un pequeño arbusto, y también estaba cantando. Se estaba poniendo muy caluroso y polvoriento el día; y también ella estaba rogando por que caiga la lluvia al fin. Tenía una bellísima canción para estas ocasiones y sonaba más o menos así...
-aquí nuevamente Guanyanum Sacknumptewase pone a tararear una bella canción en lenguaje hopi-
Poco a poco, la langosta comenzó a oír a la rana, entonces decidió averiguar de donde procedía tan bello sonido. Por fin encontró a la rana y le preguntó que estaba haciendo.
Paqua le dijo que tenía mucho calor y estaba cantando para que lloviera.
La langosta dijo: -“no te resulta extraño. Es exactamente lo mismo que yo hago para hacer llover”
Entonces ambas se pusieron a cantar.
Muy pronto comenzaron a observar que se acercaban nubes en el horizonte mientras ellas cantaban, y finalmente vino la lluvia lo que las puso muy felices.
Luego de ese día, se convirtieron en grandes amigas, ya que encontraron que ambas compartían las mismas ideas respecto a algo.
Cuando el Sol y la Luna se encontraron por primera vez, se apasionaron perdidamente y a partir de ahí comenzaron a vivir un gran amor.
Sucede que el mundo aun no existía y el día que Dios decidió crearlo, les dio entonces un toque final... ¡El brillo!
Quedó decidido también que el Sol iluminaría el día y que la Luna iluminaría la noche, siendo así, estarían obligados a vivir separados.
Les invadió una gran tristeza y cuando se dieron cuenta de que nunca más se encontrarían, La Luna fue quedándose cada vez más angustiada. A pesar del brillo dado por Dios, fue tornándose Solitaria.
EL Sol a su vez, había ganado un título de nobleza "Astro Rey", pero eso tampoco le hizo feliz.
Dios, viendo esto, les llamó y les explicó: - No debéis estar tristes, ambos ahora poseéis un brillo propio. Tú, Luna, iluminarás las noches frías y calientes, encantarás a los enamorados y serás frecuentemente protagonista de hermosas poesías. En cuanto a ti, Sol, sustentarás ese título porque serás el más importante de los astros, iluminarás la tierra durante el día, proporcionaras calor al ser humano y tu simple presencia hará a las personas más felices.
La Luna se entristeció mucho más con su terrible destino y lloró amargamente... y el Sol, al verla sufrir tanto, decidió que no podría dejar abatirse más, ya que tendría que darle fuerzas y ayudarle a aceptar lo que Dios había decidido.
Aún así, su preocupación era tan grande que resolvió hacer un pedido especial a Él:
- Señor, ayuda a la Luna por favor, es más frágil que yo, no soportará la soledad...
Y Dios...en su inmensa bondad... creo entonces las estrellas para hacer compañía a la Luna.
La Luna siempre que está muy triste recurre a las estrellas, que hacen de todo para consolarla, pero casi nunca lo consiguen.
Hoy, ambos viven así... separados, el Sol finge que es feliz, y la Luna no consigue disimular su tristeza.
El Sol arde de pasión por la Luna y ella vive en las tinieblas de su añoranza. Dicen que la orden de Dios era que la Luna debería de ser siempre llena y luminosa, pero no lo consiguió.... porque es mujer, y una mujer tiene fases.
Cuando es feliz, consigue ser Llena, pero cuando es infeliz es menguante y cuando es menguante ni siquiera es posible apreciar su brillo.
Luna y Sol siguen su destino. El, solitario pero fuerte; ella, acompañada de estrellas, pero débil.
Los hombres intentan, constantemente, conquistarla, como si eso fuese posible. Algunos han ido incluso hasta ella, pero han vuelto siempre solos. Nadie jamás consiguió traerla hasta la tierra, nadie, realmente, consiguió conquistarla, por más que lo intentaron.
Sucede que Dios decidió que ningún amor en este mundo fuese del todo imposible, ni siquiera el de la Luna y el del Sol...
Fue entonces que Él creó el eclipse.
Hoy Sol y Luna viven esperando ese instante, esos raros momentos que les fueran concedidos y que tanto cuestan, sucedan.
Cuando mires al cielo, a partir de ahora, y veas que el Sol cubre la Luna, es porque se acuesta sobre ella y comienzan a amarse. Es a ese acto de amor al que se le dio el nombre de eclipse.
Es importante recordar que el brillo de su éxtasis es tan grande que se aconseja no mirar al cielo en ese momento, tus ojos pueden cegarse al ver tanto amor.
Tu ya sabías que en la tierra existían Sol y Luna... y también que existe el eclipse.... pero esta es la parte de la historia...
Ilustración de ‘La Pericana’
De Tres Estampas de mi tierra de Juan Pablo Echagüe (Jean Paul)
La Pericana es una mujer vieja, muy alta, de largos dientes.
Lanza fuego por los ojos y dicen que tiene una cola hecha de espinas, algunas versiones aseguran que la cola es de clavos. Además, lleva un rebenque largo con el que azota a los niños que, a la hora de la siesta, están fuera de sus casas sin permiso de los padres.
Se recogío una versión de un hombre mayor llamado Dante Montero, oriundo de la provincia de San Juan, que aseguró que en su infancia se encontró con la Pericana. Dijo que él y un grupo de amigos descansaban a la sombra de un árbol, y que de pronto, desde el lado de los viñedos se les apareció una figura de dos metros de alto que echaba fuego por los ojos y los amenazaba con un largo rebenque.
Uno de los temas de conversación de los niños en ese momento era la Pericana y mientras manifestaban su incredulidad acerca de la leyenda, se burlaban de ella y decían, en tono de broma, que si se les llegaba a aparecer la iban a aporrear entre todos.
Los niños, al ver esta aparición, se quedaron tiesos e imploraron que no les hiciera daño con la firme promesa de no volver a burlarse de ella.
No obstante, la Pericana los azotó y les dijo que nunca más quería volver a verlos andar solos en sus dominios y menos a la hora de la siesta.
Asimismo, les dijo que si llegaba a verlos nuevamente, los llevaría a su cueva y los obligaría a trabajar para ella por el resto de sus vidas.
Los turcos habían penetrado en Europa a lo largo de la edad media y habían avanzado a través de los Balcanes, siguiendo el Danubio, conquistaron Hungría hasta llegar a las puertas de la ciudad de Viena en 1529, último bastión oriental de la cristiandad, donde fueron detenidos y rechazados una y otra vez.
En el año 1683 los soldados otomanos, al mando del gran visir Mustafá Pachá, intentaron cavar unas trincheras por debajo de las murallas que desembocaran en el centro de la ciudad.
Trabajaban de noche para no despertar sospechas, pero no sabían que los panaderos vieneses también trabajaban a esas horas para tener listas sus viandas al amanecer y fueron ellos los que dieron la alarma a los soldados de guardia, al escuchar el ruido de picos y palas, quienes sorprendieron a los turcos, obligándoles a levantar el sitio en desorden, dejando atrás sus enseres y pertenencias.
Posteriormente, la caballería al mando del rey de Polonia Jan (III) Sobiesky relegó a los turcos más allá de las fronteras del estado austríaco.
Así, pues, Viena fue salvada gracias a sus panaderos, los cuales fueron recompensados.
El emperador de Austria, Leopoldo I, concedió honores y privilegios a los panaderos; el derecho de usar espada al cinto fue el más apreciado. Los panaderos, a su vez, inventaron dos panes: uno al que le pusieron el nombre de emperador, y otro, al que llamaron croissant, o sea media luna ("Halbmond" en alemán), éste último frágil, como mejor mofa del emblema de los musulmanes turcos.
El primer nombre asociado al croissant es el de Kolschitsky o Kolczycki, cafetero vienés de origen polaco, el cual recibió por su valeroso comportamiento durante la contienda unos sacos de café tomados al enemigo.
Este hombre tuvo la idea de servir el café con un bollo en forma de media luna y parece ser que fue cuando se abrió el primer café vienes que abrió la moda para el resto de la Europa cristiana, este café se llamó Zur Blauen Flasche “La botella Azul”, allí se servía un café más suave que el preparado por los otomanos, estaba filtrado, se eliminaban los posos y se le añadía crema de leche.
Más tarde se elaborarían otros tipos de croissant, conservando la forma como el Vanillekipferl, un croissant aromatizado a la vainilla, el Mandelbögen aunque más pequeño pero aromatizado a la almendra, el Mohnbeugel a base de una pasta rica en semilla de amapola, o el Nussbeugel con pasta con nueces y miel.
Fue la reina María Antonieta de Austria que se casó con Luis XVI la que popularizó el "croissant" en Francia a partir del 1770, convirtiéndolo en el desayuno típico francés con el nombre de Lune croissant, que el uso común acortó.
Así pues, "croissant" es una palabra francesa que tiene su traducción al castellano como "Creciente", aunque hay quien la traduce como "santa cruz o cruzada", haciendo derivar la etimología de la palabra "Croix-santé".
Nota al margen: Los franceses (no sería el primer caso…) lo hicieron "suyo", dándole la nacionalidad y oficializándolo con este nombre. Hay que reconocer que los pasteleros y panaderos franceses lo preparan de maravilla, casi confirmando que sólo ellos lo saben hacer bien, sabroso y crujiente. En efecto, en Francia, por la mañana, eso del croissant es un ritual: no hay "petit déjèuner" en los grandes hoteles, pero también en cualquier brasserie, que no lleve unos croissants en la bandeja, acompañando al café o lo a lo que sea, haciendo a menudo pareja con el brioche, que también éste tiene su leyenda, pero será en otra ocasión.
La ciudad de Esteco se ha perdido porque ha sido castigada, en su lugar se ha hecho un lago. Toda le gente de esa ciudad era mala o indecente. Cuenta que esta ciudad era muy hermosa, que tenía torre de oro y que las calles estaban afirmadas con oro. La gente era muy orgullosa y lo que se le caía, aunque fuera de valor, no lo levantaba del suelo.
Se dice que San Francisco Solano fue a esta ciudad, toda la gente de ella era atea y se burlaba de los sacerdotes. San Francisco les avisó que iba a venir un terremoto, un temblor, y que toda su ciudad estaría perdida, todos se reían y hasta los niños pedían cinta color temblor en las tiendas para burlarse del sacerdote.
San Francisco ha pedido un lugar donde dormir y nadie lo ha querido socorrer. Dicen que solo un matrimonio muy pobre, que tenían un niñito, le han alojado y le han dado de su propia comida. San Francisco les volvió a avisar que la ciudad de Esteco desaparecería y que sólo ellos se podían salvar.
También les dijo que a la madrugada tenían que salir con él porque eran los únicos caritativos y gracias a eso se podían salvar.
Al amanecer San Francisco salió con el matrimonio y les advirtió que no se den vuelta oigan lo que oigan porque ese pueblo se iba a perder. Ya cuando se encontraban en las afueras del pueblo oyeron que este se hundía entre ruidos y truenos de un gran terremoto y escucharon como la gente clamaba y lloraba.
El hombre siguió mirando al frente, pero la señora curiosa se dio vuelta llevando a su hijo en brazos y se convirtió en piedra.
Dicen que se la ve con el niñito en los brazos y que dan un paso cada año hacia la ciudad de Salta y que cuando llegue a su destino esta ciudad se perderá...
En la aldea de Guatavitá, enclavada en lo que más tarde fue Nueva Granada, se practicaba desde tiempos muy remotos un extraño rito.
En un día determinado, uno de los jefes del poblado desnudaba su cuerpo y lo untaba cuidadosamente con una sustancia pegajosa. Seguidamente se cubría de pies a cabeza con una fina capa de purísimo oro molido, que, adherido a su piel, le daba un aspecto extraordinario.
Éste era el "hombre dorado".
Se aproximaban a él sus compañeros, y, entre ceremonias, le conducían a las orillas de un lago próximo y le colocaban sobre una balsa.
Impulsaban vigorosamente la almadía hasta llegar al centro del gran lago.
En aquel momento, el “hombre dorado” saltaba al agua y dejaba que se desprendiera de su cuerpo aquella refulgente y magnífica vestidura.
Sobre las aguas del lago aparecía una hermosa mancha dorada, que lentamente se hundía hasta desaparecer.
Luego,los hombres regresaban, después de concluir su mágico ofrecimiento, que debía atraer los beneficios divinos sobre la aldea.
Es de suponer que a estas misteriosas prácticas acompañaría un minucioso ritual que desconocemos, debido a que cuando los españoles tuvieron por vez primera conocimiento de tal ceremonia (1527), hacía ya unos 30 años que los sanguinarios indios Muysca, de Bogotá, habían exterminado a los pacíficos habitantes de Guatavitá.
A pesar de la extensión mítica que alcanzó la tradición de El Dorado, señuelo de la audacísima codicia de los españoles, hoy se defiende documentalmente la categoría histórica de esta narración, si bien se admite que, con posterioridad, sufrió deformaciones y variantes que justifican, por ejempor, la un poco absurda contracción de la palabra El dorado, en lugar de "El hombre dorado".
Arrojado de su lugar de origen, el mito erró de un punto a otro, alterándose y confundiéndose con otros semejantes.
Poco a poco, ya no era un “hombre dorado”, sino una tribu de oro.
Era una tarde sofocante de verano, Yasy (la luna) bajo la apariencia de dulce madre, con un hermoso niño de la mano, iba por la selva.
Tupá le había encomendado que averiguara cuales eran, entre los seres humanos, los buenos y los malos.
Torturados por la sed llegaron a un arroyo donde dos mujeres lavaban ropas. Yasy les pidió agua para ella y para el niño que padecía horriblemente.
Las lavanderas le señalaron la corriente enturbiada por su trabajo.
Inútiles fueron sus ruegos, inútil el llanto lastimero del niño.
Yasy se retiraba cabizbaja cuando llegaron los esposos de las lavanderas y la llamaron ofreciéndole agua en una calabaza.
Se aproximó presurosa, apremiada por el llanto del niño, pero no pudo beber: lo que le ofrecían era agua de jabón.
Los cuatro se reían de la pobre forastera, cuando les llegó el terrible castigo de Tupá: fueron metamorfoseándose en aves.
Al notar el cambio, una de las lavanderas quiso pedir perdón, pero sólo pudo exclamar: ¡Cha-jhá! (vamos), y los cuatro se alejaron chillando: ¡Cha-jhá! ¡Cha-jhá!!.
Desde entonces, en castigo de su impiedad, se vieron condenados a vivir por parejas entre las aguas cenagosas y su carne es fofa y con gusto semejante al de la espuma de jabón.
Por Lucila Gallino Mujer nómade nacida en territorio argentino y conocedora de su tierra Autora de “Mitos y Leyendas de la Tierra Argentina” nacida en Rosario, Argentina
El monte se vuelve un solo eco al unísono y los hombres se ensañan descargando su fuerza en los troncos.
Los golpes del hacha sobre la madera resuenan con fuerza.
Caen los trozos de leña partidos.
Dicen que los trabajadores a veces se detienen porque escuchan ruidos y sienten que alguien está espiándolos.
Numen Telar es el nombre más temido de la zona y por el que todos hacen silencio.
Quienes lo han visto dicen que es un hombre fuerte y malhumorado, con siniestra expresión en su mirada.
Cuentan que le han escuchado en las madrugadas cuando enloquece de soledad y grita su angustia con llantos que resuenan toda la noche.
Los días de luna llena, puede vérsele vagando por los montes comiendo animales muertos con las manos.
Numen Telar es el espíritu atormentado de un leñador que escapó por un crimen que cometió con su hacha, en venganza por el rapto de su mujer y se escondió en los montes huyendo de la justicia.
Cuenta la historia que a principios del siglo XVIII existió un hombre fornido llamado Numen Telar, quien tenía una esposa muy bonita, de ojos color azul-violeta y pelo negro como la noche.
Cuando los hombres miraban su hermoso cuerpo comenzaban a cortejarla.
Un día la mujer estaba bañándose en el río Salado y nadie sabe qué sucedió pero dicen que las aguas se la tragaron...
Soledad, nunca más apareció.
El hachero la buscó por todas partes pero no la encontró y jamás se le volvió a ver físicamente.
Desde entonces dicen que buscó vengarse de cualquier ser humano que le moleste con su presencia.
Sólo se comunica con la naturaleza y protege plantas y animales.
Le llaman Numen Telar porque su voz se asemeja al ruido de un hachazo. Con ella atrae a hacheros y meleros de caña, haciendo que sus cuerpos se pierdan para siempre en el monte. Los perros que lo persiguen jamás regresan.
El espíritu de Numen Telar por represalia también se lleva al monte a las jovencitas más bellas a su rancho hecho de adobe y excrementos.
Muchos brujos dicen conocer el secreto del Numen Telar... consiste en volver a las personas invisibles... matar un gallo negro, enterrarlo bajo la luna llena y al tercer día, desenterrarlo, sacar el hueso del muslo, limpiarlo y llevarlo atravesado a la boca.
De esta forma el espíritu del hombre que perdió a su mujer puede hacerse invisible para acercarse a las mujeres de otros hacheros sin ser visto por nadie.
Si los golpes del hacha se oyen cerca hay que escapar apresuradamente siempre hacia atrás, de frente; si no, éste nos alcanzará y nos llevará a lugares infernales.
Cuentan en Santiago del Estero que aún continúan sus correrías, pues muchas veces las mujeres desaparecen en los montes y otras se vuelven locas.
El misterio permanece... por eso todos los hacheros son celosos guardianes de sus esposas.
Publicado por Editor Pueblo a pueblo en Julio 7, 2006