miércoles, 27 de enero de 2010

LA CIUDAD ENCANTADA DE LA PATAGONIA:


LA CIUDAD ENCANTADA DE LA PATAGONIA:


La leyenda de la Ciudad de los Césares o Encantada de la Patagonia, fue el último gran mito de la conquista americana. Tuvo una vida muy larga que supervivió a la conquista misma. Comenzó en 1529 y duró hasta fines de XVIII.


La también llamada Ciudad errante, Elelín o su más conocido nombre de los Césares, es una ciudad de plana cuadrada; de piedra labrada y edificios techados con tejas.


Sus templos eran de oro macizo. El pavimento también es de oro macizo.


En algunas versiones está en un claro del bosque; en otras, en una península; otras dicen que esta en el medio de un lago, con un puente levadizo para la única puerta que le da acceso.


Abunda en ella el oro y la plata, de la cual están forradas las paredes, con estos metales también se hacen asientos, cuchillos y rejas de arado.


Tienen campanas y artillería, las cuales se escuchan de lejos.


Algunos dicen que al lado de ella hay dos cerros, uno de diamante y el otro de oro.


Sus habitantes son altos, rubios y con barba larga. Hablan una lengua extraña, aunque en algunas versiones es el español.


Se dedican al ocio, y no tienen enfermedades. O son inmortales o solo mueren de viejos. Algunos dicen que son exactamente los mismos que fundaron la ciudad, ya que no nace ni muere nadie en la Ciudad Encantada.


Tienen indios a su servicio, y algunos custodian el camino que lleva a ella.


Otras versiones dicen que son dos o tres ciudades, sus nombres son Hoyo, Muelle y Los Sauces. Tienen vigías para detectar la proximidad de intrusos e impedirles el acceso.


También dicen, que es invisible para los que no son habitantes de ella, a veces uno la puede ver si es justo o al atardecer o el viernes santo. Se la puede atravesar sin siquiera darse cuenta.


Cuentan, que es errante, o sea, que para encontrarla hay que limitarse a esperarla en un sitio. En 1764 el inglés James Burgh publicó una ficción sobre la Ciudad de los Césares, en la que la describía como una utopía.


La Patagonia es un escenario helado, desconocido. El clima es muy frío, con pocas lluvias. Los vientos son constantes, del oeste a una velocidad de 80 Km/h. Se forman tormentas de arena. El agua escasea y el combustible también, así como la caza, de lo guanacos únicamente. Un lugar inhóspito para la búsqueda de una ciudad de ensueño.


Pero ¿De donde proviene este mito?


¿Quiénes lo persiguieron sin encontrarlo?


En la conquista de América se gestaron muchas leyendas, todas salidas de la mente imaginativa y ávida de fortuna de los conquistadores, bastaban unas palabras o gestos de los indios para que se creara una leyenda.


Las hubo por doquier, la fuente de la juventud en Florida, Las Siete ciudades de Cíbola al norte de México, El Dorado, buscado desde el Caribe hasta el Amazonas, la famosa Sierra de la Plata y el Rey Blanco den la zona del Río de la Plata y por fin la más longeva de ellas la Ciudad de los Césares de la Patagonia.


Estas ultimas eran un reflejo del esplendor de los Incas de Perú comentado por los indios a los conquistadores, los cuales solo querían escuchar donde estaba el oro y la plata.


La Ciudad de los Césares también tiene como origen las historias de náufragos abandonados y conquistadores perdidos a lo largo de la Patagonia. La Ciudad Encantada de los Césares surge a partir de varios hechos que ocurrieron a lo largo de la conquista de nuestro territorio, pero de uno en especial, que ocurrió durante el viaje de Caboto.


En el año 1527 Caboto funda un fuerte llamado Sancti Spiritus en la confluencia de los ríos Carcaraña y Paraná, es el primer asentamiento en Argentina.


Mientras él preparaba una expedición río arriba, en 1528, manda una partida a explorar el interior del territorio. Parten en noviembre, 14 hombres liderados por el capitán Francisco César.


Un hombre audaz este César, se interno hacia el Oeste. Antes dividió su pequeña columna en tres partes: una que fue hacia el sur, a la tierra de los querandíes, de la cual nunca mas se supo; otra se internó en las tierras de los carcarañás, de la cual tampoco se supo nada mas, y por ultimo la tercera, al mando de César, siguió el curso del río Carcarañá, hacia el noroeste. Esta tercer columna fue la única que volvió al fuerte, 7 hombres que anduvieron 250 o 300 leguas, 1400 o 1700 Km., durante 3 meses. Volvieron contando maravillas.


Según ellos, y lo corroboraron no solo el capitán, sino sus soldados, en las declaraciones que hicieron posteriormente en Sevilla, cuando procesaron a Caboto, son sus palabras, "habían visto grandes riquezas de oro e plata e piedras preciosas". A esta incursión de Francisco César algunos autores la hacen llegar hasta el Nahuel Huapí y otros hasta el Perú, donde se habrían entrevistado con el Inca.


Seguramente los pobres habrían vagado erráticamente rendidos por el hambre y la fatiga, hasta toparse con la cordillera, en la cual los indígenas les habrán contado de la riqueza de los Incas.

Esas riquezas las atribuirían a la ciudad maravillosa, la ciudad encantada, que pasaría a llamarse la Ciudad de los Césares, en honor a Francisco César y a sus valientes que la habrían descubierto.


Esta aventura constituyó el núcleo original del mito de la ciudad Encantada que fue ubicada desde las pampas y la cordillera, hasta la costa atlántica y la Patagonia austral.

A esto se agregaron los náufragos que habían quedado en la Patagonia de las fallidas expediciones de Alcazaba, el Obispo de Plasencia y las ciudades que fundó Sarmiento de Gamboa más tarde abandonadas.


Un intento de poblar la Patagonia en 1534 dejando su vida y algunos náufragos en la zona.


La expedición del Obispo de Plasencia que intento cruzar el Estrecho de Magallanes dejó 150 hombres refugiados en tierra, de los que nunca se supo mas nada. Lo mismo les ocurrió a los pobres pobladores de las dos ciudades que fundó Sarmiento de Gamboa en el Estrecho.


En 1584 funda las ciudades luego teniendo que abandonarlas a su suerte. Había soldados y 58 colonos, 13 mujeres, 10 niños y 26 obreros. Nadie se acordó de ellos en España, años más tarde, en 1587, el pirata inglés Tomás Cavendish encontró a 18 de ellos, sobrevivientes de una de las ciudades en la cual se habían juntado todos.


Le impresiono tanto el aspecto de esa pobre gente que la bautizo Puerto Hambre. Esto no le impidió robarse la artillería y llevarse a uno de los habitantes como guía.


Según la imaginación estos pobres náufragos que seguramente murieron de hambre o a manos de los indios, formaron parte de la Ciudad de los Césares, algunos dicen que fueron ellos los que la fundaron.


También formaron parte de ella los incas huidos de Cuzco después de la prisión, a manos de Pizarro, de Atahualpa.


Otros fueron los pobres habitantes de la ciudad chilena de Osorno que tuvieron que huir hacia el sur, en 1599, perseguidos por los araucanos, nunca mas se supo de ellos, hasta 1790 no se vuelve a hablar de Osorno. Conquistados por todas estas historias partieron muchas expediciones en su busca. Las mas importantes y serias fueron las de Hernando Arias de Saavedra, Hernandarias, que sale de Buenos Aires en 1604, y la de Gerónimo Luis de Cabrera que la busca desde Córdoba en 1622.


Ambos buscan la ciudad a través de las pampas.


El padre Mascardi y el padre Menéndez salen desde Chile y la buscan cruzando la cordillera de los Andes.


Marcardi realiza dos viajes en 1670, otro en 1672 y el último en 1673, durante el cual pierde la vida. Menéndez realiza varios viajes, entre 1783 y 1794, en busca de la mítica Ciudad de los Césares, fue el último viajero que la busco. El vulgo de los últimos tiempos del periodo colonial siguió creyendo en el mito, y los indios siguieron contando leyendas de ciudades encantadas en el fondo de los lagos, en lo alto de montañas, etc.


Gracias a este mito se recorrió y conquisto gran parte de nuestro territorio.


Investigación y elaboración: Martín A. Cagliani

martes, 26 de enero de 2010

SHISHILO

La hermana de Shishilo
Óleo de José Pallares


Fragmento del libro "Shishilo"


Por Dante Cayetano Fiorentino


Sentado bajo un algarrobo, a la hora de la siesta lloraba el niño, haciendo con el dedo índice un pocito en la tierra. Las lágrimas le dejaban huellas de “cancha” en el rostro mugriento.


-¿Qué te pasa, Shishilo? le pregunté.


Continuó llorando con insistencia de moscardón mientras el dedo daba ahora con una raíz.


-¿Te han pegado?


-Noooo -repuso soltando la lengua.


-¿Y por qué lloras?


-He perdío la plata que me ha dado mi mama pa’que compre azúcar -dijo con una voz oscilante, mezclada de burbujas de saliva que crecían y reventaban entre sus labios. A1 escucharse, recordó el motivo de su desconsuelo y el llanto se tornó más vivo y más agudo. -Y me ha dicho que si volvía a perder la plata me iba a “quebrajiar” los güesos -agregó siempre con tropezones de aire-.


-Bueno, cállate hombre, yo te lo voy a conseguir -le aseguré-.


-¿Ah...? -dijo levantando la cabeza y mirándome con una esperanza que le desbordaba por sus grandes ojos negros y mojados. Un mechón de pelos desteñidos y duros partían de su frente y se detenían en el aire, formando una visera en cepillo. Por eso le decían Shishilo, porque tenía el pelo como herrumbre nuevo, mezcla de negro, rubio y colorado, como las shishis, esas hormigas que en busca de azúcar invaden las gavetas dejadas al descuido.


-Esperame, ya vengo.


Se quedó cabeceando de costado con una respiración aún no normalizada. Un aliento de horno se levantaba de la tierra en lenguas viboreantes que se trepaban por las piernas. El sol partía la cabeza y resquebrajaba en hexágonos encogidos el piso de las represas resecas. En un vinal, colgaba como un enjambre de avispas un nido de cotorras que hería a grito pelado el silencio caliente. Me deslicé en la habitación de mis padres y aprovechando su sueño, llené de azúcar mis bolsillos. Até nuevamente la boca de la bolsa y escudándome en un fuerte ronquido de mi padre, cerré la puerta. Crucé corriendo un pedazo de pampa con las cargas de azúcar que bailaban como alforjas. Shishilo me vio llegar con ojos ávidos y anhelantes. Sacó la servilleta manchada de aureolas de mate y la extendió en el suelo.


Cuando hube vaciado todo el contenido de mis bolsillos, ató los cuatro extremos de la servilleta, metió el bulto dulce entre la piel y la camisa y apretándolo como a un tesoro salió disparando sin decir una palabra. Me quedé con los muslos pegajosos de melcocha mientras lo veía perderse detrás del paso a nivel. En el suelo, un montón de hormigas nerviosas se disputaban unos granitos de azúcar que habían caído, llenando la sombra de olor a shishi.


Pobre Shishilo… sus pies descalzos habían lacrado la tierra como un sello. Epidermis gruesa y áspera; atravesaba los cercos de ramas pisando en los raros tramos sin espinas.


A veces se rompía la rama y un aguijón vegetal de varios centímetros le traspasaba la carne arrancándole un “¡aiaítay!” húmedo de lágrimas; se sentaba, tiraba con fuerza y la espina salía abriendo un boquete duro y seco. Era necesario apretar para que manara la sangre, que corría luego lavando el hueco. Escupía en el suelo para hacer un barrito medicinal y se lo aplicaba en la herida. Renguearía unos días y la hincadura se cerraría dejando un lunar negro y doloroso.


Al día siguiente, Shishilo fue a mi casa. Un gran pedazo de tortilla, irregular como un mapa, le desfiguraba el bolsillo.


-Tomá -me dijo tendiéndomelo- le he sacado a mi mama del canasto.


-Y vos, ¿ya has comido? -pregunté.


-No… yo no quiero -expresó tragando saliva:


Yo comía en silencio, pendiente siempre de su mirada que corría de un objeto a otro, como una mosca, inquieta, famélica, esforzándose por no posarse en la tortilla cuyo olor hacía estragos en su estómago, produciéndole sensación de angustia. Al fin me miró y sonrió. Sin decir nada le tendí un pedazo. Meneó la cabeza. Insistí con el gesto.


-¡No quiero! -contestó mirando ya francamente mi mano. Le exigí con la energía de un jugador de truco que vuelca una carta sobre la mesa:

-¡Coma, mi amigo!


Se puso serio y aferrándose a la negativa me apartó la mano con firmeza.


-Pero ¿Por qué? -indagué ya molesto.


Clavó los ojos en el horizonte, su expresión se tornó adulta y con voz grave expresó:


- ¡Primera vez... que le robo a mi mama!



Publicado por el diario El Liberal el 15/04/07

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2008/09/dante-cayetano-florentino.html

lunes, 25 de enero de 2010

EL RITO DE URKUPIÑA.

Al huir Kawillaka de Cuniraya, salto desde un acantilado a un lago donde quedó convertida en piedra. Dos rocas de formas humanas así lo atestiguaron.

El hecho de su petrificación convirtió a Kawillaka en una nueva Pachamama.


Entonces el dios Cuniraya Huiracocha ordenó a su hijo el Inca realizar un culto en honor a su amada, durante los días de agosto en que el calendario agrícola andino fija el tiempo para la preparación de la siembra.


El rito consistía en una carrera de “llamas cerreras” que eran arriadas por sus amos hasta la cúspide de una colina, posiblemente el actual Calvario de Urkupiña.





Este juego llegó a Cochabamba a través de los mitimaes durante el reinado del inca Huayna Cápac.


Se dice que los mayores devotos de la deidad Kawillaca eran los comunarios de Tapacarí, Ayopaya y Quillacollo, quienes llegaban hasta el cerro de Cota con sus mejores llamas cerreras para competir en honor a esta diosa de la fertilidad.


Cuando la llama más ágil y veloz llegaba a la punta del cerro, todos gritaban: ¡orkho paiña, orkho piña!: “Ya llegó al cerro, al cerro llegó”.


Luego entonces la llama triunfante era sacrificada en honor a estos dioses propiciadores.


Cuando llegaron los españoles a estas fértiles tierras, les fue muy difícil suplantar en el santoral católico el culto de la hermosa Kawillaka y a su niño engendrado por el fecundo dios Cuniraya Huiracocha.


Nota:

URKUPIÑA: Orqhopiña! ¡Orqhopiña! … significa.

¡Vengan a verla, ya está en el cerro, ya está en el cerro!Urqu s. Cerro, monte, montaña. adj. Macho de los animales.

Piñas s. adj. Cautivo, prisionero, preso.


Continuación de Cuniraya Wiraqocha y Kawillaka
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2009/10/cuniraya-wiraqocha-y-kawillaka.html

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2009/08/cuniraya-y-cahuillaca.html

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2009/08/cuniraya-y-cahuillaca-continuacion.html



domingo, 24 de enero de 2010

AMANCAY


Quien da una flor de amancay está ofrendando su corazón”, decían los indios vuriloches.


Y a quien preguntara el porqué de esa creencia le contaban esta leyenda:


La tribu vivía cerca de Ten-Ten Mahuida, que hoy se conoce como cerro Tronador.

En aquel entonces, el hijo del cacique era un joven llamado Quintral.

No había muchacha en la región que no suspirara al mencionar sus actos de valentía, su físico vigoroso, su voz seductora.

Pero a Quintral no le interesaban los halagos femeninos. Él amaba a una joven humilde llamada Amancay, aunque estaba convencido de que su padre jamás lo dejaría desposarla.

Lo que el joven guerrero no imaginaba, es que Amancay también sentía por él un profundo amor, y no se animaba a decirlo porque pensaba que su pobreza la hacía indigna de un príncipe.

Tanto amor inconfesado encontraría pronto una dura prueba.

Sin aviso, se declaró en la tribu una epidemia de fiebre. Quienes caían víctimas de la enfermedad deliraban hasta la muerte, y nadie sabía cómo curarla.

Los que permanecían sanos pensaban que se trataba de malos espíritus y comenzaron a alejarse de la aldea.


En pocos días, Quintral también cayó.


El cacique, que velaba junto a su hijo despreciando el peligro del contagio, lo escuchó murmurar, en pleno delirio, un nombre: “Amancay…”


No le llevó mucho averiguar quién era, y saber del amor secreto que sentían el uno por el otro.


Decidido a buscar para su hijo cualquier cosa que le devolviera la salud, mandó a sus guerreros a traerla.


Pero Amancay ya no estaba en su casa. Se hallaba trepando penosamente el Ten-Ten Mahuida.


La “machi”, la hechicera del pueblo, le había dicho que el único remedio capaz de bajar esa fiebre era una infusión, hecha con una flor amarilla que crecía solitaria en lo alto de la montaña.


Lastimándose manos y rodillas, Amancay alcanzó finalmente la cumbre y vio la flor abierta al sol.


Apenas la arrancó, una sombra enorme cubrió el suelo. Levantó los ojos y vio un gran cóndor, que se posó junto a ella levantando un viento terrible a cada golpe de sus alas.


El ave le dijo con voz atronadora que él era el guardián de las cumbres y la acusó de tomar algo que pertenecía a los dioses.


Aterrada, Amancay le contó llorando lo que sucedía abajo, en el valle, donde Quintral agonizaba, y que aquella flor era su única esperanza.


El cóndor le dijo que la cura llegaría a Quintral sólo si ella accedía a entregar su propio corazón.


Amancay aceptó, porque no imaginaba un mundo donde Quintral no estuviera, y si tenía que entregar su vida a cambio, no le importaba.


Dejó que el cóndor la envolviera en sus alas y le arrancara el corazón con el pico.


En un suspiro donde se le iba la vida, Amancay pronunció el nombre de Quintral.


El cóndor tomó el corazón y la flor entre sus garras y se elevó, volando sobre el viento hasta la morada de los dioses.


Mientras volaba, la sangre que goteaba no sólo manchó la flor sino que cayó sobre los valles y montañas.


El cóndor pidió a los dioses la cura de aquella enfermedad, y que los hombres siempre recordaran el sacrificio de Amancay.


La “machi”, que aguardaba en su choza el regreso de la joven, mirando cada tanto hacia la montaña, supo que algo milagroso había pasado. Porque en un momento, las cumbres y valles se cubrieron de pequeñas flores amarillas moteadas de rojo.


De cada gota de sangre de Amancay nacía una pequeña planta, la misma que antes crecía solamente en la cumbre del Ten-Ten.


La hechicera salió al exterior, mirando con ojos asombrados el vuelo de un cóndor gigantesco, allá en lo alto. Y supo que los vuriloches tenían su cura.


Por eso, cuando los guerreros llegaron en busca de Amancay, les entregó un puñado de flores como única respuesta.


Bariloche (tergiversación de Vuriloche) proviene del mítico paso cordillerano utilizado por los nativos.


Este paso, ubicado al sur del volcán Tronador y oculto durante siglos, se convirtió en una fabulosa aventura de exploración para misioneros y conquistadores.


Acuarela realizada por Sonia Rivas






SALTO DEL TEQUENDAMA

Salto del Tequendama - Cerro Manjui - Colombia,
localizado en jurisdicción de los municipios de Albán, Anolaima, Zipacón, Cachipay, Facatativá, Bojacá, San Antonio de Tequendama, Tena y Soacha.



Durante días y noches llovió tanto que se arruinaron las siembras; nadie volvió a salir de sus bohíos (casas), que también se vinieron al suelo, o se mojaron tanto que lo mismo servía tener techo de palma o no.

El Zipa, quien comandaba todo el imperio Chibcha, y los caciques, que eran como los capitanes o gobernadores de los poblados de la sabana, se reunieron para buscar una solución, pues no sabían qué hacer y el agua seguía cayendo del firmamento en torrentes. Se acordaron entonces de Bochica, un anciano blanco que no era de su tribu y quien había aparecido de repente en un cerro de la sabana.

Alto y de tez colorada, con ojos claros, barba blanca y muy larga que le llegaba hasta la cintura, vestía una túnica también larga, sandalias, y usaba un bastón para apoyarse. Él les había enseñado a sembrar y cultivar en las tierras bajas que quedaban próximas a la sabana; y a orar, y a tener una especie de código para los chibchas. Cuando se iniciaron las lluvias, Bochica estaba visitando el poblado de Sugamuxi (hoy Sogamoso), en donde había un templo dedicado al Sol.

Los chibchas decidieron llamarlo, porque pensaron que Bochica era un hombre bueno podría ayudarlos, o todo el imperio perecería a causa de la gigantesca inundación. El anciano dialogó con dificultad con los caciques, pues no dominaba su lengua, pero se hacía entender y le comprendían bastante. Se retiró a un rincón del bohío que tenía por habitación, rezó a su dios, que decía era uno solo. Luego salió y señaló hacia el suroccidente de la sabana.

Cientos de indios organizaron una especie de peregrinación con él.

Se detuvieron después de varios días en el sitio exacto en donde la sabana terminaba, pero las aguas se agolpaban furiosas ante un cerco de rocas. Los árboles enormes y la vegetación selvática frenaban el ímpetu del agua.

Bochica, con su bastón, miró al cielo y tocó con el palo las imponentes rocas. Ante la sorpresa y admiración de unos y la incredulidad de todos, las rocas se abrieron como si fueran de harina. El agua se volcó por las paredes, formando un hermoso salto de abundante espuma, con rugidos bestiales y dando origen a una catarata de más de 150 metros de altura.

La sabana, poco a poco, volvió a su estado normal. Y allí quedó el "Salto del Tequendama".

Dicen que Bochica, tiempo después, desapareció silenciosamente como había venido.

sábado, 23 de enero de 2010

LA SALAMANCA


Salamanca (Salla=peña. Mancca = bajo, infierno): vocablo quechua que significa aquelarre, reunión de brujas, almas condenadas y seres demoníacos que se unen para divertirse, bailar, beber, planear diversas maldades contra los seres humanos, renegando de todo precepto moral o religioso.


Por otro lado, la leyenda tiene su origen en Salamanca, España como vimos en: http://compartiendoculturas.blogspot.com/2009/03/la-leyenda-de-la-cueva-de-la-salamanca.html


Fue traída pues a estas tierras por los conquistadores, integrándose rápidamente al acervo cultural del noroeste argentino.


Sin embargo, vemos que sus orígenes son antiguos mitos universales: la cueva, el laberinto y el centro de la tierra.


En ella se presenta la eterna lucha del héroe por lograr su finalidad, aún cuando puede perecer en el camino.

Llegar al centro del laberinto tiene su premio: la sabiduría y el poder eterno. Pero el camino no es fácil, está plagado de acechanzas.


Y ese centro mítico tiene dos versiones: puede ser la Salamanca, donde lo esperará el diablo, o puede ser el paraíso, morada celeste de Dios.


El Zupay o diablo es el rey de la Salamanca y el que preside las reuniones y sella los pactos de los hombres que acuden a él, en busca de la clave de la vida, la ciencia de la carne y los secretos del mal.


La música que de allí proviene sirve de guía para llegar hasta la entrada, pero no todos pueden ingresar.


Algunos afirman que la Salamanca más importante es la de Sanagasta, Camino del Huaco Provincia de la Rioja, sin embargo existen innumerables locaciones, todas ellas en el hueco de algún monte o en cavernas apartadas donde los accidentes del terreno las hace inaccesible.

También se la encuentra en desiertos, llanuras y aún hasta en las ciudades.


Otra versión de la Salamanca.


Supay y sus adeptos viven en la Salamanca.

Esta es una cueva que está en la espesura del monte.

Tiene una entrada secreta, semioculta entre las breñas, guardada por feroces animales.


Se dice que a la cueva de la Salamanca van quienes quieren hacer un pacto con el diablo.

Pero el Supay sólo acepta a los más fuertes y corajudos. Es por eso que les imparte a los iniciados una serie de pruebas. En ellas probarán su apostasía, su coraje (no deberán sentir miedo mientras dura la iniciación) y su habilidad y destreza física.


Si el aprendiz de brujo logra superar estas pruebas, recién podrá conocer todos los secretos de la magia negra y por ende tendrá poder y riqueza.


En la Salamanca se vive en eterno jolgorio. Las brujas y los brujos se regodean allí en lujurioso frenesí.


Allí se canta, se baila, se encuentra toda clase de placer.

Y según se canta en Huancar, Provincia de Jujuy:


Voy a firmar un contrato
el martes de carnaval

con el diablo principal,
que me espera en el Huancar


viernes, 22 de enero de 2010

LA INDIA MARIANA

Recreación de Henríquez

En tierras sanjuaninas vivía una India Huarpe muy viejita llamada Mariana.


Siempre estaba acompañada por su infaltable cigarrillo y por un perro muy fiel que además era su protector.


Llegaba a este lugar y se refugiaba bajo un algarrobo en donde, contaba historias fabulosas a los niños, era con los únicos que se comunicaba y vendía a los habitantes y viajeros “piedritas brillantes” (pepitas de oro) que ella decía sacaba del “pocito”.


Una noche unos hombres ambiciosos la siguieron para descubrir ese famoso “pocito” que mencionaba para lo cual la siguieron por la luz de su cigarrillo encendido.


Cuando llegaron al algarrobo se encontraron solo con el perro que los amenazaba con sus feroces colmillos y, al huir aterrorizados, escucharon las carcajadas de la india que provenían del árbol.


Esa noche un fuerte temblor sacudió la zona y la India Mariana nunca se volvió a ver en el lugar.


Su famoso “pocito” nunca fue encontrado.


jueves, 21 de enero de 2010

ANSIA


Era un padre de familia.

Había conseguido unas buenas condiciones de vida y había enviudado, después de que sus hijos se hicieran mayores y encauzaran sus propias vidas.

Siempre había acariciado la idea de dedicarse a la búsqueda espiritual y poder llegar a sentir la unidad con la Conciencia Universal.

Ahora que ya no tenía obligaciones familiares, decidió ir a visitar a un yogui y ponerlo al corriente de sus inquietudes, pidiéndole también consejo espiritual.

El yogui vivía cerca de un río. Cubría su cuerpo con un taparrabos y se alimentaba de aquello que le daban algunos devotos.

Vivía en paz consigo mismo y con los demás.

Sonrió apaciblemente cuando el hombre de hogar llegó hasta él.

-¿En qué puedo ayudarte? -preguntó cortésmente.

-Venerable yogui, ¿cómo podría yo llegar a percibir la Mente Universal y hacerme uno con Ella?

El yogui ordenó:

-Acompáñame.

El yogui condujo al hombre de hogar hasta el río.

Le dijo: -Agáchate.


Así lo hizo el hombre de hogar y, al punto, el yogui lo agarró fuertemente por la cabeza y lo sumergió en el agua hasta llevarlo al borde del desmayo.

Por fin permitió que el hombre de hogar, en sus denodados forcejeos, sacara la cabeza.

Le preguntó: -¿Qué has sentido?

-Una extraordinaria necesidad y ansia de aire.

-Pues cuando tengas esa misma ansia de la Mente Universal, podrás aprender a percibirla y hacerte uno con ella.

Anónimo Hindú

miércoles, 20 de enero de 2010

HAITÍ





Haití. El origen de su nombre.

En la lengua de los taínos, los primitivos pobladores de las Antillas, la isla que los conquistadores denominaron Hispaniola y, más tarde, Santo Domingo, se llamaba Ayití, que significaba 'tierra de las altas montañas', o también 'la montaña sobre el mar'.

En el siglo XVII, cuando los franceses provenientes de la isla Tortuga ocuparon la parte occidental de la Hispaniola, afrancesaron el nombre de Santo Domingo a Saint-Domingue, denominación que quedó consagrada por los tratados de Rickswick (1697) y de Basilea (1795) para designar a la parte occidental de la isla, que en aquella época tenía el sobrenombre de "perla de las Antillas".



Haití se llamó así Saint-Domingue hasta su independencia, el 1º de enero de 1804, cuando el líder de la revuelta de los esclavos, Jean-Jacques Dessalines, tras tomar el poder, le reimpuso el nombre taíno, afrancesado a la forma Haïti, con diéresis sobre la i. El mismo día Dessalines, tal vez como un desafío al poder de Napoleón, se proclamó emperador del nuevo país y gobernó como tal hasta 1806, cuando murió asesinado.

Haití es hoy el país más pobre de América y uno de los más pobres del mundo. La tragedia que castiga hoy a la isla debe ser oída como un llamado a la solidaridad de todos los hombres y mujeres del mundo.


Fuente: La Palabra del día.

LEYENDA DEL ATRAPASUEÑOS



Hace mucho tiempo cuando el mundo era joven, un viejo líder espiritual Lakota estaba en una montaña alta y tuvo una visión.


En esta visión Iktomi, el gran maestro bromista de la sabiduría apareció en la forma de una araña.


Iktomi le hablo en un lenguaje sagrado, que solo los líderes espirituales de los Lakotas podían entender.


Mientras le hablaba Iktomi, la araña tomo un aro de sauce, el de mayor edad, también tenia plumas, pelo de caballo, cuentas y ofrendas y empezó a tejer una telaraña.


Él habla con el anciano acerca de los círculos de la vida, de como empezamos la vida como bebes y crecemos a la niñez y después a la edad adulta, finalmente nosotros vamos a la ancianidad, donde nosotros debemos ser cuidadosos como cuando éramos bebes completando el circulo.


Pero Iktomi dijo mientras continuaba tejiendo su red, en cada tiempo de la vida hay muchas fuerzas, algunas buenas otras malas, si te encuentras en las buenas fuerzas ellas te guiaran en la dirección correcta. Pero si tú escuchas a las fuerzas malas, ellas te lastimaran y te guiaran en la dirección equivocada. El continuó, ahí hay muchas fuerzas y diferentes direcciones y pueden ayudar a interferir con la armonía de la naturaleza.


También con el gran espíritu y sus maravillosas enseñanzas.


Mientras la araña hablaba continuaba entretejiendo su telaraña, empezando de afuera y trabajando hacia el centro.


Cuando Iktomi terminó de hablar, le dió al anciano Lakota, la red y le dijo: ve la telaraña es un círculo perfecto, pero en el centro hay un agujero, usa la telaraña para ayudarte a ti mismo y a tu gente, para alcanzar tus metas y hacer buen uso de las ideas de la gente, sueños y visiones.


Si tu crees en el gran espíritu, la telaraña atrapara tus buenas ideas y las malas se irán por el agujero.


El anciano Lakota, le pasó su visión a su gente y ahora los indios Siux usan el atrapasueños como la red de su vida. Este se cuelga arriba de sus camas, en su casa para escudriñar sus sueños y visiones.


Lo bueno de sus sueños es capturado en la telaraña de vida y enviado con ellos, lo malo de sus sueños escapa a través del agujero en el centro de la red y no será más parte de ellos.


Ellos creen que el atrapasueños sostiene el destino de su futuro.

martes, 19 de enero de 2010

ANAHÍ


Las arpas dolientes
hoy lloran arpegios
que son para ti.
Anahí.
Recuerdas, acaso,
tu inmensa bravura
reina guaraní.
Anahí.
Indiecita fea
de la voz tan dulce
como el aguaí.
Anahí.
Tu raza no ha muerto
perduran tus fueros
en la flor del rubí.
Defendiendo altiva
tu indómita tribu
fuiste prisionera.
Condenada a muerte
ya estaba tu cuerpo
envuelto en la hoguera
y cuando las llamas
lo estaban quemando
en roja corola
se fue transformando.
La noche piadosa
cubrió tu dolor
y el alba asombraba
miró su martirio

hecho ceibo en flor.



de Osvaldo Sosa Cordero

lunes, 18 de enero de 2010

LA MALDONADO


Cuentan que cuando en 1.536, don Pedro de Mendoza fundó Buenos Aires, los españoles tuvieron que rodear la ciudad con un cerco para protegerla de los ataques de los indios.


Con la amenaza de terribles castigos, las autoridades prohibieron a los habitantes salir del cerco.Pero al poco tiempo se les terminó la comida y empezaron a morirse de hambre.


Una mujer española, llamada Maldonado, no quiso que ésa fuera su suerte, y un día cruzó el cerco y escapó de la ciudad. Caminó y caminó hasta encontrar una cueva junto a un arroyo. Y allí, cansada y hambrienta, se desmayó.


Fue entonces cuando de la oscuridad surgió una feroz hembra de puma, que dejó caer junto a la mujer un pedazo de carne que le había sobrado. Cuando la Maldonado despertó, comió de esa carne. Pero al rato sintió un rugido desgarrador que la sobresaltó.


Se asomó de la cueva y vio a la puma, que estaba echada y a punto de dar a luz. Como el parto parecía difícil, la Maldonado ayudó a la dolorida madre. Los rugidos del animal se convirtieron en mansos rezongos, y terminó lamiendo cariñosamente a sus dos flamantes cachorros. La mujer permaneció quieta, mirando esa escena conmovedora. Poco después, los indios que merodeaban cerca del arroyo se sorprendieron al ver a la mujer, la puma y sus crías, paseando juntas y de inmediato sintieron un gran respeto por esa mujer que no les temía a las fieras.



Pero un día en que la Maldonado caminaba sola, fue capturada por varios soldados españoles que se aventuraron en busca de alimentos.


En la ciudad la enjuiciaron por haber traspasado el cerco de protección, y la condena que le impusieron fue terrible: la ataron a un tronco al costado del arroyo para que se la corrieran las fieras.


Allí permaneció la Maldonado todo el día hasta la llegada de la noche. El rugido de un animal salvaje pareció anunciarle su terrible final. Luego vio la sombra de dos fieras trabándose en lucha, y poco después, una de ellas, la que había salido victoriosa, se le acercó con sus brillantes ojos de fuego.


La mujer, que esperaba la muerte, sintió de pronto la caricia de una lengua áspera lamiéndole los pies.


Al cabo de tres días, los españoles volvieron al arroyo. Encontraron a la mujer custodiada por una puma, que los atacó en cuanto se acercaron. Tuvieron que hacer disparos al aire para ahuyentar al animal.


La condena no se cumplió. Si las fieras no habían podido, ningún hombre lo intentaría. Desataron a la Maldonado y la perdonaron.






domingo, 17 de enero de 2010

HUAGURUNCHO Y LOS YANESHA



Es la visión sobre el territorio poligonal Yanesha (Amuesha), reflejada por el Nevado Huaguruncho.

Existen por lo menos 30 casos de ancestros importantes, probables cabezas de linaje con el título de Yompor (nuestro padre) ó tienen origen ó participaron en hazañas en zonas andinas sobre los 3000 metros de altura.

Cabe señalar la siguiente leyenda:

El Padre Matar y su séquito, retornando de la selva baja, cargados de productos selváticos, convertidos en peñas y rocas en territorio Yanesha.

Se revela que el Padre Matar regresaba a su casa y templo cerca de La Oroya. en el río Mantaro=río Mataro, la historia del Padre Yompuer, mitad persona y mitad piedra, es muy conocida entre los Yanesha.

Se afirma que su templo está dentro de un cerro sobre la ciudad de Tarma a más de 3000 metros de altura quizá este templo este en la gruta del Huagapo, en la cabeceras del río que lleva su nombre.

La laguna Parromno, en el corazon del territorio Yanesha muy cerca de Villa Rica- Oxapampa en el Departamento de Pasco, es el escondite del ancestro dual, Carhuaýequesh-Entataquesh.

Según los datos, Carhuaýquesh- Entataquesh llegó desde la sierra alta con gente “Yunca” o Yunga; su templo estuvo ubicado en el nevado Ticlio o Anticona, en el divisorio de aguas Atlántico-Pacífico.

La hermana melliza de Carhuaýquesh se llama Huacaronäh; es hoy el nevado Huaguruncho - Apu hembra.

Los dos hermanos están vinculados a un tercer nevado, Encaronäh, hábitat de las hierbas mágicas para recuperar almas perdidas.

Se cree que al retirarse las nieves eternas en Ticlio - Carhuaýquesh y Encarroña de las zonas altas de Tarma, sus espíritus fueron a morar al Cordillera del Huaguruncho hoy se aprecia una corte y jerarquía de dioses tutelares andinos. La tradición oral, expresa que el Abuelo Yos, animador de la vida en la tierra, vive río abajo. Existen dos versiones sobre su ubicación:

1. Vive en el bajo río Pachitea dentro del cerro Serrapen o El Sira. (Oxapampa – Pasco)

2. Vive en una tierra cruzando el mar de Pachacamac bajando por el río Rimac o Lurin (Lima).

El pueblo Yanesha invoca siempre a sus dioses ancestrales que se le reconozcan sus derechos para a recuperar y proteger los santuarios de sus ancestros y los lugares históricos de sus pueblos que geográficamente comprometen los territorios de Pasco, Huánuco, Junín y Lima por ser el espacio donde caminaban los ancestros tutelares de los Yanesha.


Exploraciones e Investigaciones:
LIC. LUIS PAJUELO CHÁVEZ
ONGD PRO PERU
pajueloluis@hotmail.com
Cel. Movistar 63 9654960
www.ninagaga.com
www.huaguruncho.com