sábado, 16 de enero de 2010

LA CONDENÁ



La palabra 'condená', apócope de 'condenada', es usada para referirse a personas que se apartan de una conducta moral y vida adecuada, y que además no hacen caso de su conciencia o de los consejos de amigos y familiares que señalan el camino hacia una vida correcta.

En la mitología chilota aparece una criatura maligna con el mismo nombre.

La Condená es descrita como una mujer de mediana edad (de cuarenta a cincuenta años) que durante su juventud fue muy hermosa pero que, a causa de su mala vida, está condenada a tener la apariencia de una forma humana pero con una mezcla grotesca de lo insinuante y bello junto a lo infame, feo y malo; así es o debería ser el aspecto que, mitológicamente hablando, obtiene el ser humano al llevar una vida licenciosa y disipada.

Los habitantes de Chiloé cuentan en su leyenda que la Condená es la representación de los placeres desenfrenados y los vicios, que traen consigo la degradación moral, encarnados en una mujer de vida licenciosa y disipada.

De esta mujer (de la cual con el paso del tiempo el pueblo chilote olvidó su nombre), se dice que en su juventud, fruto de su belleza y de la comodidad económica que tenía su familia, sólo se preocupó de llevar una vida desenfrenada y llena de vicios. A causa de las perversiones y excesos de toda índole que realizaba, atrajo el espíritu del mal; éste logró despertar esos vicios como un ser maligno reflejado y encarnado en el cuerpo de esta mujer, que se transformó así en la criatura horripilante que representa este tipo de vida.

Los habitantes de las islas conocían las razones que la llevaron a este cambio en su apariencia, y como ella no tuvo ningún arrepentimiento de sus actos, se la condenó a vagar por todos los caminos, arrastrando consigo las culpas de haber tenido una existencia licenciosa.

Como el mal atrae más mal, y como además la Condená deseaba propagar sus vicios, y logró atraer la atención del Trauco para tener relaciones con él.

De esta forma la Condená consiguió que germinara en ella la semilla de la perversión de sus actos; por ello se la conoce también como la madre de la Fiura.


http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/04/el-trauco.html

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2008/05/la-fiura.html

viernes, 15 de enero de 2010

EL COQUENA


EL COQUENA

Leyenda salteña



En las inmensas soledades de la puna, los ganados están protegidos.


Un enanito misterioso, un duendecillo, que todo lo ve, es quien defiende sus vidas de las crueldades humanas.


Nadie a visto a Coquena. Es fama que tiene cara de cholo y viste casaca y pantalón de vicuña.

Lleva también diminutas ojotas y ancho sombrero de suave pelo.


Desde las alturas contempla sus bestias sin ser visto. Sólo se ha escuchado su silbido, que es mágico llamado. Pero es tal la seguridad de su presencia que todos le temen. Por eso no matan vicuñas ni llamas para utilizar su pelo.


Prefieren cortar suavemente el vellón. Tampoco maltratan a las arrias cuando cargadas de sal, bajan de los cerros. Se cuentan historias, en que el justiciero, Coquena ha quitado las llamas a quien no sabía valorar ese don; y como ha premiado a los buenos pastores que, en tormentas de nieve, cuando el viento blanco amenazaba cubrirlo todo, salvan con peligro de su vida su hatode cabras en plena borrasca.


Y, está su persona tan ligada a los hechos que ocurren por estas regiones, que, en Salta, cuando aparece un forastero, para adquirir provisiones y, tocándose con el codo, murmuran:

"Es coquena".


Salta mi tierra.

jueves, 14 de enero de 2010

HIMNO A COSQUÍN


HIMNO A COSQUÍN

Hoy es el día del canto

va a comenzar la cosecha.

Una cosecha de coplas

que en nueve noches se siembra.

Apaga el fuego río cantor,

que es una hoguera mi corazón.

Siega la copla río cantor,

para que crezca nombrando al amor.

Para que crezca nombrando al amor.

A la huella, a la huella,

Cosquín te llama,

A la huella del canto que nos hermana.

cuatro rumbos nos llevan por esta huella

cuatro rumbos la cruzan, cuatro la besan.

En la cruz del camino, nació una estrella,

para alumbrar el canto de nuestra huella.

A la huella a la huella Cosquín te llama,

A la huella del canto que nos hermana.

Este es un triunfo de todos

porque es un triunfo de paz

porque es un triunfo de paz.

Enarbolemos el canto

que maduró en libertad

que maduró en libertad.

Vengan del sur y del norte

de Cuyo y del litoral

de Cuyo y del Litoral.

Vengan a ver el milagro

que en nueve noches se da,

que en nueve noches se da.

Escuche América toda

Cosquín empieza a Cantar,

Cosquín empieza a cantar.

Cosquín tiene en su nombre una campana,

templada con el canto de las guitarras

Cosquín, Cosquín, Cosquín, Cosquín,

Cosquín tiene en su nombre una campana

y un corazón que late cuando nos llama,

Cosquín, Cosquín, Cosquín, Cosquín

De pie que las campanas ya están tañendo

y el canto de la tierra viene creciendo.

Ya vuelan las campanas buscando el cielo

y el nombre que nos une van repitiendo

Cosquín, Cosquín, Cosquín, Cosquín,

Cosquín, Cosquín.

Vengan a ver el milagro

Cosquín empieza a cantar.

Zulema Alcayaga

Waldo Belloso


miércoles, 13 de enero de 2010

LA CRUZ DE LOS MILAGROS



Hay en la Iglesia del Milagro, en Corrientes, una rústica cruz que es venerada con el nombre de "Cruz de los Milagros".

Una curiosa leyenda justifica ese nombre.

Cuenta la tradición que los españoles, cuando fundaron San Juan de Vera de las Siete Corrientes, hoy Corrientes, después de elegir el lugar y antes de levantar el fuerte, decidieron erigir una gran cruz, símbolo de su fe cristiana. La construyeron con una rama seca del bosque vecino, la plantaron luego, y a su alrededor edificaron el fuerte, con ramas y troncos de la selva.

Construido el fuerte y encerrados en él, los españoles se defendían de los asaltos que, desde el día siguiente, les llevaban sin cesar las tribus de los guaraníes, a los cuales derrotaban diariamente, con tanta astucia como denuedo.

Los indios, de una naturaleza impresionable, atribuían sus desastres a la cruz, por lo que decidieron quemarla, para destruir su maleficio.

Se retiraron a sus selvas, en espera de una ocasión favorable, la cual se les presentó un día en que los españoles, por exceso de confianza, dejaron el fuerte casi abandonado.

La indiada, en gran número, rodeó la población, en tanto que huían los pocos españoles de la guardia, escondiéndose entre los matorrales.

Con ramas de quebracho hicieron los indios una gran hoguera, al pie de la cruz que se levantaba en medio del fuerte, las llamas lamían la madera sin quemarla; un indio tomó 1 rama encendida y la acercó a los brazos del madero; entonces, en el cielo límpido, fue vista de pronto una nube, de la cual partió un rayo que dio muerte al salvaje.

Cuando los otros guaraníes lo vieron caer fulminado a los pies de la cruz, huyeron despavoridos a sus selvas, convencidos de que el mismo cielo protegía a los hombres blancos.
Los españoles, que escondidos entre la maleza presenciaban tan asombrosa escena, divulgaron luego este suceso, que no cayó, por cierto en el olvido.

En la Iglesia del Milagro, en Corrientes, se encuentra hoy la Cruz de los Milagros: se la guarda en una caja de cristal de roca, donada por la colectividad española.

martes, 12 de enero de 2010

WARACHICUY


Es un rito de iniciación o fiesta de imposición de “waras” -insignias de madurez y aptitud-, que se celebraba cada año en fechas fijas o cuando al Estado le interesaba declarar aptos para la guerra, el matrimonio y las funciones públicas; a los jóvenes de la nobleza que ya tenían edad.

Este rito de paso de la juventud a la madurez se hacía a través de rigurosas pruebas físicas de destreza, valor y habilidad que iban a jerarquizarlos en su futura vida militar o excluirlos de ella.

Como filosofía ancestral, expresa la vivencia y preparación de los jóvenes inkas para gobernar en el imperio del Tawantinsuyu cuando era imperativo tener el soporte de hombres bien formados física y mentalmente.

El éxito militar y la disciplina social de los inkas se habría logrado mediante la aptitud competitiva y triunfal del Warachikuy, que era un rito sagrado y por lo tanto un compromiso que debía ser honrado.


La palabra Warachikuy se deduce de wara, que es un pañete o pantaloneta solo para el hombre que merecía ponérselo. Le pertenecían todas las demás insignias, honras y dignidades que entonces y después, en paz y en guerra se le podían dar y reconocer.

El Warachikuy, marcaba la entrada de los muchachos a la plenitud viril, aptos para ejercer ocupaciones y funciones de hombres adultos.

El warachicuy viene a ser la fiesta del Cápac Raymi o Hatun Raymi. Se realizaba cada uno o dos años, y tenía lugar en el solsticio de verano en el mes de Diciembre (alrededor del 21 de diciembre en el hemisferio sur), en honor al dios supremo llamado Wiracocha, Pachacámac o Pachayacháchic, quien era considerado el creador.

Para algunos autores esta ceremonia era la principal del imperio siendo más importante incluso que la fiesta del Inti Raymi. Como expresa M. Martín (2005: 10) "Tal vez se pueda deducir que la principal de todas sería el warachicuy, la fiesta establecida para proclamar nuevos orejones".
Sobre los orígenes de esta fiesta, existen indicios para afirmar que esta no era exclusiva del Cápac Raymi, ni de los incas. Es posible que hayan estado relacionadas desde tiempos preincaicos con ritos asociados a la domesticación de camélidos. Molina (1989: 106)

Joseph Bram (1977: 100), citando a Valcárcel menciona que esta celebración tiene como "objetivo principal […] que los jóvenes sean reconocidos por todo el Imperio como señores e hijos del Sol, y que desde ahí en adelante habían de ser temidos y respetados por los de aquella ciudad del Cuzco y por todas las ciudades de la tierra".

Autores como Molina, (1959: 62) según su análisis sobre la palabra warachicuy nos menciona que "es una reunión de personas para la imposición de los primeros pañetes que usan los hombres; entendiendo como huara a pañete que envolvía la cintura, cayendo hacia la parte media de los muslos inferiores y chicuy no es una palabra conocida, y es posible que derive de una de estas voces: chucu que es un sombrero o gorro, tal vez por la costumbre de completar con él la vestimenta o de chiqui que quiere decir peligro.

Esta última dicción es más significativa. Entonces el warachicuy sería la fiesta o ceremonia para evitar los peligros […]. También se puede deducir por la traducción que algunos vocabularios hacen del warachicuy una reunión de personas para la imposición de huaras y chicuy equivale a reunión".


La ubicación de esta fiesta la puede dar M. Martín (2005: 12). Donde expresa que "esta celebración se concentraba en el estricto radio de dos leguas (10 Km, Aprox.), correspondiente al ámbito espacial del Cuzco. […]

No obstante, es interesante señalar que, pese a estar comprendidos en el ámbito geográfico de las dos leguas, los principales momentos del rito […] tienen lugar fuera del núcleo urbano sagrado propiamente dicho, concentrándose en torno a los cerros Huanacaure y Anahuarque" (principales centros de adoración de los Incas el cual autorizaba las actividades de la celebración). La ubicación del "cerro Huanacaure es de aproximadamente 11 Km. de la ciudad de Ahúcha Pata a 3.900 m.s.n.m." (2005: 13). Cabe mencionar que Lima la capital de la república del Perú está ubicada a 150 m.s.n.m.

Esta gran fiesta reunía jóvenes atletas de sangre real, familiares, amigos y público en general, los cuales venían de los diferentes suyos (regiones) hacia la capital del imperio llamada Cuzco, mostrando gran alegría por todo el Tawantinsuyo, realzando la honra y majestad para los Incas.

Como lo afirma BRAM citando al Inca Gacilaso (1997: 100): "todas las naciones que vivían en la ciudad, y los curacas que vinieron a hallarse en la fiesta, entraron por sus cuadrillas, cada una de por sí, con diferentes instrumentos de tambores, trompetas, bocinas y caracoles, conforme a la usanza de sus tierras, con nuevos y diversos cantares, compuestos en su propia lengua, en loor de las hazañas y excelencias del capitán general Cápac Yupanqui y del príncipe, su sobrino, Inca Yupanqui […]. En pos de los vecinos y cortesanos entraron los soldados de guerra, con sus armas en las manos, cada nación de por sí, cantando también ellos las hazañas que sus Incas habían hecho en la guerra […]. En pos de la gente de guerra iban los Incas de la sangre real, con sus armas en las manos, así los que salieron de la ciudad como los que venían de la guerra, todos igualmente compuestos, sin diferencia alguna, porque cualesquiera hazañas que pocos o muchos Incas hiciesen, las hacían comunes de todos ellos, como si todos se hubieran hallado en ellas."
Como señalamos anteriormente este esfuerzo que los jóvenes atletas hacían se veía motivado por la presencia de los seres queridos, amigos y público en general, por lo que la ubicación de estos estaba presente en las diferentes pruebas, siendo ellos los alentadores al esfuerzo físico de sus atletas. Cuenta el Inca Garcilazo de la Vega que les decían "[…] que eligiesen por lo menos reventar, antes que desmayarse en la carrera".

lunes, 11 de enero de 2010

EL UCUMAR



Dibujo: Catu (Carmen Ocaranza Zavalía)



Es un ser con apariencia de hombre petiso y panzón.

Tiene el cuerpo todo cubierto de pelos con manos y pies muy grandes.

Se dice que posee una fuerza extraordinaria y que sus gruñidos ensordecen.

También se dice que es un oso y, a veces un hombre-oso, con los pies al revés. Sus correrías, siempre galantes, se desarrollan por todo el Noroeste y Noreste de Argentina.

Rapta mujeres para tener hijos.

El Ucumar también puede ser hembra, caso en el que obliga a los mozos a fecundarla.

Si los perros lo atacan, se defiende a garrotazos.

Se lo ha visto en la zona de pedemonte, por lo que se piensa que vive en cuevas de las montañas.

En Salta, se intentó ubicar a los ucumari conocidos como los únicos osos de Sudamérica, que habitaron, según se cree, hace miles de años.

Tenían un collar blanco y todas las características de los úrsidos europeos.

También se cree que es el oso de anteojos, difundido en parte de América del Sur, pudo haber sido el inspirador de este particular ser mitológico.



El Dr. Manuel Lizondo Borda, en su Estudio de las, Voces Tucumanas, (Derivadas del Quichua), explica así este vocablo: "Llamábase así a un hombre casi bestial, feo, peludo, que vivía en los montes tucumanos, hace varios anos, y que ocupó mucho la atención pública hasta que fue preso por las autoridades: Se le atribuían raptos de muchachas. (Con este nombre se asustaba a los chicos, para quienes significaba algo así como, el monstruo)".


Marcelo Mirabal, de Jujuy, cuenta esta versión: en la zona de las Yungas es muy conocido el Ucumar, al que también se le llama “UKUMAN” enuncia que proviene de la voz quichua y quiere decir “cuerpo, parte material de un ser animado”.


Esta aparente disidencia con el Dr. Borda puede ser debido a los diferentes préstamos lingüísticos existentes en cada región.


Eso es lo que era: sólo un cuerpo. Un cuerpo horrible sin alma aparente. Las cosas tan feas tienen prohibido rondar por el abanico de los sentimientos. Y era mujer, cubierta de pelos negros, largos, sucios, duros, pero elásticos.


De las líneas de su rostro sólo se destacaban dos ojos pequeños, intensos, oscuros y hundidos. Los pelos que le nacían en la frente caían sobre la nariz y la boca, separados apenas por bufidos y manotazos a uno y otro lado.


La boca era un tajo enorme y baboso, y los dientes salidos, aislados unos de otros, cada cual con su propio ángulo.


Si tenía senos o no era cuestión de polémica entre los habitantes de la aldea, mitad selva mitad andes.


Cuando nació, su padre quiso ahogarla. La madre, la protegió entre sus brazos y no la abandonó nunca. Tuvo más amor por el pequeño monstruo que por sus cinco hermosos hijos anteriores.


Por su celo y por su pena fue quedando sola y enfermó. Mientras agonizaba, con más fuerza que nunca abrazó y miró a ese cuerpo extraño que ella había parido.

Arrancaron de su cuerpo, rígido ya el engendro que bramaba y aullaba.


Quiso la suerte que fuera arrojada a un rincón de la enorme choza, hasta tanto se cumplieran los ritos funerarios con la madre.


Cuando regresaron los hermanos y el padre sin saber que hacer, entre los murmullos de la otra gente, la encontraron acurrucada y lanzado sonidos extraños, como si llorara.


No fue por misericordia que salvo la vida, había miedo en la choza.


Como no se le veían órganos genitales, pero sus piernas se manchaban de rojo cada luna, fue la “ucumara”.


Se hizo enorme, hosca y gruñona y al parecer, temerosa.


Uno de los hombres de la aldea, de su mismo tiempo, entre crepúsculos y soledades se acercaba furtivo a la aldea-choza con creciente asiduidad. No temía ni lo inmutaban los gruñidos y saltos ostentosos con que la “ucumara” retribuía sus visitas, que eran breves, pero tensas. Un día le arrojó frutas y otro día un trozo de carne humana. La tribu devoraba a los prisioneros de guerra y el dueño del enemigo muerto era el dueño del banquete.


La “ucumara” comió y no dejó restos. Estaba entendido entonces que apreciaba el obsequio y por consiguiente el hombre lo repitió tantas veces como pudo, recibiendo en pagos gruñidos más suspirados, saltos menos agresivos.


Un día la aldea en pleno se encaminó al río distante, para cumplir la ceremonia anual de adoración a la creciente tumultuosa y atronadora que traía el deshielo de las cumbres blancas.


El hombre regresó, eligiendo rincones para no ser visto y luego de una lucha feroz, violó a la “ucumara”.

A partir de entonces su hosquedad fue total y su furia aumentó. Odió a los hombres y al mundo circundante. Las piedras de su choza desaparecieron, arrojadas con increíble fuerza contra todo ser viviente que se aproximara.

Cuando no tuvo más piedras, huyó.


Regresó una tarde tormentosa y raptó a su violador sin que nadie se atreviera a detenerla, menos aún la víctima, vencida su resistencia a golpes y arrastrado de una pierna por los peñascos y huaycos hasta la pétrea guarida donde, imaginamos, llegó mas muerto que vivo.


Allí tuvo que elegir entre la vida y las nupcias: escogió el amor, y por un tiempo su ritmo fue el ritmo de la “ucumara” que, ya grávida y desconcertada, con el abdomen hinchado y palpitante, pensaba más en sí, que en su complaciente prisionero.


Un día creyó encontrar oportunidad, cuando el monstruo gemía con los dolores del parto.

Huyó de la caverna, rápido y temeroso, pero la “ucumara” entre rugidos y dolor, lo alcanzó. Le arrancó la cabeza y arrastró el cuerpo de su amor hasta la caverna.

Entre llantos y convulsiones se lo comió.


Poco después nació otra UCUMARA, toda cubierta de pelos, negros, duros, pero elásticos, de la cabeza a los pies. Amamantó a su hija, le enseñó a comer carne roja y cuando el retoño ya cazaba con sus manos, con un rugido del alma, murió de muerte sencilla y se fue al cielo de los monstruos, en la paz de la montaña.


La leyenda se bifurca a partir del nacimiento del UCUMAR.


Una vertiente afirma que el llanto del monstruo, por la muerte de su madre, era tan fuerte y desgarrados que llegó a los oídos de Wiracocha –espuma de mar- dios blanco de largas barbas rubias que gobernaba el Cuzco y para calmar su pena, le prometió la inmortalidad.


Otro venero mitológico sostiene que Wiracocha se presentó al ucumar y para castigarlo por sus crímenes y lascivia, le dio la vida eterna vagando por los cerros y selvas.


Así también lapidan a los violadores sobre quienes pendía la permanente amenaza de ser devorados por el ucumar.


La leyenda, de origen peruano, está muy difundida en Salta y Jujuy.


En Jujuy se ubica al monstruo en los departamentos de San Pedro y Ledesma rondando los ingenios azucareros.


La imaginación popular lo hacía prisionero o accionista de uno de ellos.


Nota
Ucumar: voz quichua, quechua y aymara que significa, Oso

domingo, 10 de enero de 2010

LA CACHARPAYA, DANZA






La cacharpaya es una danza colectiva, de recorrido, de formación en hilera tomada de la mano. En algunos lugares es danza de pareja mixta, tomada del brazo, manteniendo siempre figuras de caracol, círculos y formas serpenteadas.


Pertenece a la familia del género huayno. De tal manera, que es muy probable que su origen sea precolombino. Se baila preferentemente en valles, precordillera y altiplano de la I y II región (Tarapacá y Antofagasta).

La cacharpaya goza de plena vigencia social.



Su texto tiene forma variable aunque predomina la cuarteta octosilábica con estribillos intercalados:

Carnaval ya se está yendo
Ay triste mi corazón
Que trabajo estoy pasando
Corazón alegre




Posee un metro rítmico binario de 2/4, con intercalación de compases de 3/4. Instrumentos que tradicionalmente han intervenido en su ejecución son: siku, zampoña o laka; tarkas, lichiguayos, quenas, mandola y bombo. También en algunas ocasiones se acompaña de bronces como trompetas, trombones, bombardinos, además de bombo, caja y acordeón.


En algunos casos se interpretan solos de quenas sin propósitos coreográficos. Los bailarines cantan al bailar en estilo responsorial.

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http://compartiendoculturas.blogspot.com/2009/03/la-cacharpaya.html

EL CAKUY O KAKUY

Dibujo de: Catu (Carmen Ocaranza Zavalía)


Es un ave de rapiña, nocturna, denominada Kakuy por los quichuas, Urutaú por los guaraníes, la Vieja y Mae da luna por los brasileños.


En Santiago del Estero cuenta que dos hermanos vivían en el monte.


La hermana era mala y el hermano era bueno.


El le traía frutos silvestres y regalos, pero ella le correspondía con desaires y maldades.

Un día él regresó de la selva cansado y hambriento, y pidió a su hermana que le alcanzara un poco de hidromiel.


La mala hermana trajo el fresco líquido, pero antes de dárselo lo derramó en su presencia. Lo mismo hizo al siguiente día con la comida.


El hermano decidió castigar su maldad. La invitó una tarde a recoger miel de un árbol que estaba en la selva.


Fueron allí y el hermano logró que ella trepara a lo más alto de la copa de un quebracho enorme (para algunos, mistol, para otros, algarrobo).


El, que subió por detrás, descendió desgajando el árbol de modo tal que su hermana no pudiera bajar. El hombre se alejó.


Allí quedó la mujer, en lo alto, llena de miedo. Cuando llegó la noche, su miedo se convirtió en terror.


A medida que pasaban las horas, comenzó a ver, horrorizada, que sus pies se transformaban en garras, sus manos en alas y su cuerpo todo se cubría de plumas.


Desde entonces, un pájaro de vuelo aplumado, que sólo sale de noche, estraga el silencio con su grito desgarrador -¡"Turay", "Turay"!- : ¡"Hermano", "Hermano"!


El nombre kakuy ha sufrido varias evoluciones, así cacuy, kacuy, etc., nosotros hemos adoptado la utilizada por Bernardo Canal Feijóo en su trabajo Mitos perdidos (1938).


Otra leyenda (Lehmann-Nitsche) nos habla de que el dios Sol, personificado en un gallardo mancebo, enamora a Urutaú, hermosa doncella. Luego de seducirla se va. Convertido en el astro viajero se instala en el firmamento.


Desesperada en su dolor y en su abandono, Urutaú sube a un árbol muy alto, y allí se queda para mirarlo siempre.


Cuando el sol desaparece por el horizonte, Urutaú llora con desesperación su ausencia, y lanza gritos desgarradores. Recupera su calma cuando su amado surge nuevamente por el oriente.


viernes, 8 de enero de 2010

EL ALMAMULA


La leyenda de Alma-mula también llamada mulánima.


Se trata de una mula de color negro -aunque algunos afirman haberla visto de color castaño- y de largas orejas, que echa fuego por sus fauces y que encandila con sus ojos centellantes.


Es mala como el Supay, pero no es más que un alma en pena.


Es el alma de las mujeres que cayeron en pecado por haber mantenido relaciones incestuosas con su padre o con sus hermanos, o con un cura, por lo que está condenada a vagar por las noches convertida en animal.


Sufre el estigma propio de los condenados: arrastrar gruesas cadenas que cuelgan de su cuello y rozan el suelo, produciendo un chillido que anuncia su presencia.


También suele rebuznar como lo haría el animal pero su sonido se mezcla con el lamento y el llanto de la mujer, y se transforma en un grito que paraliza de miedo a quien lo escucha, y que hace que nadie se acerque hasta ella.


Para comprobar que fue el Alma-mula la que estuvo allí, se pueden ver al otro día animales muertos sin su corazón, que sirven de alimento a esta alma en pena.


Dicen que vive en Santiago del Estero, o por lo menos allí la han visto quienes cuentan sus historias.


También dicen algunos que el Alma-mula todavía guarda la esperanza de la redención, por lo que vaga por los campos en busca de un alma caritativa que no se espante de su aspecto ni de su pasado, la enfrente cara a cara, la mire a los ojos y le haga un corte en una de sus orejas con su facón. De esta forma, cuando la sangre de la mujer toque el suelo, se redimirá de sus pecados y podrá dejar de ser el animal en pena que fue.


Si alguna vez se topa con el Alma-mula y no tiene el coraje de mirarla a los ojos y redimir su alma, por lo menos evite escucharla. Tápese los oídos y aléjese pronto del lugar. Para repelerla o defenderse se debe repetir tres veces "Jesús, María y José".


Cuentan que muchos que oyeron su lamento, no pudieron olvidarse del mismo durante años. Otros hasta se volvieron locos.


jueves, 7 de enero de 2010

EL PITAYOVAI


Los pitayovai, también Talonyovai, son genios malignos que tienen el aspecto de indiecitos y habitan en las selvas del Alto Paraná, en el litoral argentino, también en el Chaco paraguayo y se dice que son antropófagos.


Es imposible seguirles el rastro ya que sus pies no tienen dedos y en cambio presentan dos talones enfrentados, de esta manera desorienta a los que lo buscan o quieren huir de él.

En lengua guaraní pitá significa talón, yovaí, enfrente, opuesto.

Poseen como arma hachas de doble filo, y subiendo en los árboles, esperan a que alguien pase para tirarse encima y matarlo.

Ahorcan, muerden, destrozan y devoran a la gente que atrapan.


Elena Bossi, recuerda cómo durante la guerra del Paraguay con Bolivia, en 1932, el Pitayovai mató a muchos soldados destinados al monte.

miércoles, 6 de enero de 2010

EL DUENDE CHULLACHAQUI



El Chullachaqui, duende de cuerpo deforme, busca a sus víctimas para llevarlas con él.


Nunca camines solo por la selva, es la advertencia más conocida en estos parajes solitarios. Se tejen muchos mitos sobre almas, espantos y demás entes, pero no fue sino hasta hace décadas atrás, que se empezó a popularizar la existencia de este pequeño duende.

En la solitaria selva se esconde un duende maligno, que recorre toda la espesura con asombrosa velocidad, vigilando a la que se convertirá en su próxima víctima. Esta leyenda, tiene mucha vigencia actualmente, porque varios jóvenes de las localidades cercanas han desaparecido, se dice a consecuencia del espectral duende.

El Chullachaqui fue antes un hombre, que convertido en duende, fue castigado por las fuerzas de la naturaleza al haber vivido para servir al demonio.


El castigo, fue la deformidad de su cuerpo, ya que sus miembros inferiores, tienen la peculiaridad de ser opuestos. Algunos dicen que tiene un pie normal y el otro completamente doblado y purulento.


Algunos otros dicen que sus piernas son como las de las cabras.



Su nombre proviene de la palabra nativa “Chulla = solo”, y, “Chaqui = pie”, que como frase significa “Un solo pié”.


La leyenda cuenta que el Chullachaqui espera atento a su victima, para llevársela y perderse en la vegetación.


Aquellas presas de este espantoso duende, nunca regresarán ni encontrarán el camino a casa jamás.


martes, 5 de enero de 2010

EL CUARTO REY MAGO



Cuenta una leyenda rusa que fueron cuatro los Reyes Magos. Luego de haber visto la estrella en el oriente, partieron juntos llevando cada uno sus regalos de oro, incienso y mirra. El cuarto llevaba vino y aceite en gran cantidad, cargado todo en los lomos de sus burritos.


Luego de varios días de camino se internaron en el desierto. Una noche los agarró una tormenta. Todos se bajaron de sus cabalgaduras, y tapándose con sus grandes mantos de colores, trataron de soportar el temporal refugiados detrás de los camellos arrodillados sobre la arena.


El cuarto Rey, que no tenía camellos, sino sólo burros buscó amparo junto a la choza de un pastor metiendo sus animalitos en el corral de pirca.

Por la mañana aclaró el tiempo y todos se prepararon para recomenzar la marcha. Pero la tormenta había desparramado todas las ovejitas del pobre pastor, junto a cuya choza se había refugiado el cuarto Rey. Y se trataba de un pobre pastor que no tenía ni cabalgadura, ni fuerzas para reunir su majada dispersa.


Nuestro cuarto Rey se encontró frente a un dilema. Si ayudaba al buen hombre a recoger sus ovejas, se retrasaría de la caravana y no podría ya seguir con sus Camaradas.


El no conocía el camino, y la estrella no daba tiempo que perder. Pero por otro lado su buen corazón le decía que no podía dejar así a aquel anciano pastor. ¿Con qué cara se presentaría ante el Rey Mesías si no ayudaba a uno de sus hermanos?


Finalmente se decidió por quedarse y gastó casi una semana en volver a reunir todo el rebaño disperso. Cuando finalmente lo logró se dio cuenta de que sus compañeros ya estaban lejos, y que además había tenido que consumir parte de su aceite y de su vino compartiéndolo con el viejo. Pero no se puso triste. Se despidió y poniéndose nuevamente en camino aceleró el tranco de sus burritos para acortar la distancia.


Luego de mucho vagar sin rumbo, llegó finalmente a un lugar donde vivía una madre con muchos chicos pequeños y que tenía a su esposo muy enfermo. Era el tiempo de la cosecha. Había que levantar la cebada lo antes posible, porque de lo contrario los pájaros o el viento terminarían por llevarse todos los granos ya bien maduros.


Otra vez se encontró frente a una decisión. Si se quedaba a ayudar a aquellos pobres campesinos, sería tanto el tiempo perdido que ya tenía que hacerse a la idea de no encontrarse más con su caravana. Pero tampoco podía dejar en esa situación a aquella pobre madre con tantos chicos que necesitaba de aquella cosecha para tener pan el resto del año. No tenía corazón para presentarse ante el Rey Mesías si no hacía lo posible por ayudar a sus hermanos.

De esta manera se le fueron varias semanas hasta que logró poner todo el grano a salvo. Y otra vez tuvo que abrir sus alforjas para compartir su vino y su aceite.


Mientras tanto la estrella ya se le había perdido. Le quedaba sólo el recuerdo de la dirección, y las huellas medio borrosas de sus compañeros. Siguiéndolas rehizo la marcha, y tuvo que detenerse muchas otras veces para auxiliar a nuevos hermanos necesitados. Así se le fueron casi dos años hasta que finalmente llegó a Belén. Pero el recibimiento que encontró fue muy diferente del que esperaba. Un enorme llanto se elevaba del pueblito. Las madres salían a la calle llorando, con sus pequeños entre los brazos. Acababan de ser asesinados por orden de otro rey.


El pobre hombre no entendía nada. Cuando preguntaba por el Rey Mesías, todos lo miraban con angustia y le pedían que se callara. Alguien le dijo que aquella misma noche lo habían visto huir hacia Egipto.


Quiso emprender inmediatamente su seguimiento, pero no pudo. Aquel pueblito de Belén era una desolación. Había que consolar a todas aquellas madres. Había que enterrar a sus pequeños, curar a sus heridos, vestir a los desnudos. Y se detuvo allí por mucho tiempo gastando su aceite y su vino. Hasta tuvo que regalar alguno de sus burritos, porque la carga ya era mucho menor, y porque aquellas pobres gentes los necesitaban más que él.


Cuando finalmente se puso en camino hacia Egipto, había pasado mucho tiempo y había gastado mucho de su tesoro. Pero se dijo que seguramente el Rey Mesías sería comprensivo con él, porque lo había hecho por sus hermanos.


En el camino hacia el país de las pirámides tuvo que detener muchas otras veces su marcha. Siempre se encontraba con un necesitado de su tiempo, de su vino o de su aceite. Había que dar una mano, o socorrer una necesidad. Aunque tenía temor de volver a llegar tarde, no podía con su buen corazón. Se consolaba diciéndose que con seguridad el Rey Mesías sería comprensivo con él, ya que su demora se debía al haberse detenido para auxiliar a sus hermanos.


Cuando llegó a Egipto se encontró nuevamente con que Jesús ya no estaba allí. Había regresado a Nazaret, porque en sueños José había recibido la noticia de que estaba muerto quien buscaba matarlo al Niño. Este nuevo desencuentro le causó mucha pena a nuestro Rey Mago, pero no lo desanimó. Se había puesto en camino para encontrarse con el Mesías, y estaba dispuesto a continuar con su búsqueda a pesar de sus fracasos. Ya le quedaban menos burros, y menos tesoros. Y éstos los fue gastando en el largo camino que tuvo que recorrer, porque siempre las necesidades de los demás lo retenían por largo tiempo en su marcha. Así pasaron otros treinta años, siguiendo siempre las huellas del que nunca había visto pero que le había hecho gastar su vida en buscarlo.


Finalmente se enteró de que había subido a Jerusalén y que allí tendría que morir. Esta vez estaba decidido a encontrarlo fuera como fuese. Por eso, ensilló el último burro que le quedaba, llevándose la última carguita de vino y aceite, con las dos monedas de plata que era cuanto aún tenía de todos sus tesoros iniciales. Partió de Jericó subiendo también él hacia Jerusalén.


Para estar seguro del camino, se lo había preguntado a un sacerdote y a un levita que, más rápidos que él, se le adelantaron en su viaje.


Se le hizo de noche. Y en medio de la noche, sintió unos quejidos a la vera del camino. Pensó en seguir también él de largo como lo habían hecho los otros dos. Pero su buen corazón no se lo dejó. Detuvo su burro, se bajó y descubrió que se trataba de un hombre herido y golpeado. Sin pensarlo dos veces sacó el último resto de vino para limpiar las heridas. Con el aceite que le quedaba untó las lastimaduras y las vendó con su propia ropa hecha jirones. Lo cargó en su animalito y, desviando su rumbo, lo llevó hasta una posada. Allí gastó la noche en cuidarlo. A la mañana, sacó las dos últimas monedas y se las dio al dueño del albergue diciéndole que pagara los gastos del hombre herido. Allí le dejaba también su burrito por lo que fuera necesario. Lo que se gastara de más él lo pagaría al regresar.


Y siguió a pie, solo, viejo y cansado.


Cuando llegó a Jerusalén ya casi no le quedaban más fuerzas. Era el mediodía de un Viernes antes de la Gran Fiesta de Pascua. La gente estaba excitada. Todos hablaban de lo que acababa de suceder. Algunos regresaban del Gólgota y comentaban que allá estaba agonizando colgado de una cruz. Nuestro Rey Mago gastando sus últimas fuerzas se dirigió hacia allá casi arrastrándose, como si el también llevara sobre sus hombros una pesada cruz hecha de años de cansancio y de caminos.


Y llegó. Dirigió su mirada hacia el agonizante, y en tono de súplica le dijo:

- Perdóname. Llegué demasiado tarde.

Pero desde la cruz se escuchó una voz que le decía:

- Hoy estarás conmigo en el paraíso.



[Tomado de: Mamerto Menapace, Entre el brocal y la fragua, Buenos Aires, Editorial Patria Grande, 31987, 17-22]