miércoles, 16 de abril de 2008

EL TRAUCO



El Trauco, es un hombre pequeño, no mide más de ochenta centímetros de alto, de formas marcadamente varoniles, de rostro feo, aunque de mirada dulce, fascinante y sensual; sus piernas terminan en simples muñones sin pies, viste un raído traje de quilineja y un bonete del mismo material, en la mano derecha lleva un hacha de piedra, que reemplaza por un bastón algo retorcido, el Pahueldún, cuando está frente a una muchacha.

Es el espíritu del amor fecundo, creador de la nueva vida, padre de los hijos naturales.

Habita en los bosques cercanos a las casas chilotas.

Para las muchachas solteras, constituye una incógnita que les preocupa y las inquieta.

Según opinión de unas, se trata de un horrible y pequeño monstruo, que espanta y de cuya presencia hay que privarse, a toda costa.

Otras opinan distinto y manifiestan, que si bien es feo, no es tan desagradable, sino, muy por el contrario, atractivo...

Otras en lucha tenaz y permanente, dicen haberlo eliminado de sus pensamientos, en los que alguna vez vibró quemando sus entrañas...

Las madres toman todas las precauciones, para evitar que sus hijas, ya “solteras”, viajen solas al monte, en busca de leña o de hojas de “radal”, para el “caedizo” de las ovejas, qes generalmente es en el curso de estas faenas, cuando “agarra”, o con más propiedad “sopla”, con su “pahueldún”, a las niñas solitarias, pero nunca si van acompañadas, aún de sus hermanitos menores.

El Trauco no actúa frente a testigos... está, siempre alerta, pasa gran parte del día colgado en el gancho de un corpulento “tique”, en espera de su víctima.

En cuanto obscurece, regresa a compartir la compañía de su mujer, gruñona y estéril, la temida Fiura.

Cuando desea conocer de cerca, las características de su futura conquista, penetra en la cocina o fogón, donde se reúne, al atardecer toda la familia, transformada en un manojo de quilineja, que en cuanto alguien intenta asirlo, desaparece en las sombras.

A las muchachas que le tiene simpatía, les comunica su presencia depositando sus negras excretas, frente a la puerta de sus casas.

Todo su interés se concentra hacia las mujeres solteras, especialmente si son atractivas. No le interesan las casadas. Ellas podrán ser infieles, pero jamás con él.

Cuando divisa desde lo alto de su observatorio a una niña, en el interior del bosque, desciende veloz a tierra firme y con su hacha, da tres golpes en el tronco de tique, donde estaba encaramado, y tan fuerte golpea, que su eco parece derribar estrepitosamente todos los árboles.

Con ello produce gran confusión y susto en la mente de la muchacha, que no alcanza a reponerse de su impresión, cuando tiene junto a ella, al fascinante Trauco, que la sopla suavemente, con el Pahueldún. No pudiendo resistir la fuerza magnética, que emana de este misterioso ser, clava su mirada en esos ojos centellantes, diabólicos y penetrantes y cae rendida junto a él, en un dulce y plácido sueño de amor....

Transcurridos minutos o quizás horas, ella no lo sabe, despierta airada y llorosa; se incorpora rápidamente, baja sus vestidos revueltos y ajados, sacude las hojas secas adheridas a su espalda y cabellera en desorden, abrocha ojales y huye, semiaturdida, hacia la pampa en dirección a su casa.

A medida que transcurren los meses, van apreciándose transformaciones, en el cuerpo de la muchacha, poseída por el Trauco.

Manifestaciones que en ningún instante trata de ocultar, puesto que no se siente pecadora, sino víctima de un ser sobrenatural, frente al cual, sabido es, ninguna mujer soltera está lo suficientemente protegida...

A los nueve meses nace el hijo del Trauco, acto que no afecta socialmente a la madre ni al niño, puesto que ambos, están relacionados con la magia de un ser extraterreno; quien no siempre responde al “culme”, lanzado con el objeto de alejarlo y escapar de los efectos de su presencia; o los azotes, dados a su Pahueldún, que debería afectarlo intensamente; como en igual forma a la quema de sus excrementos.

Su potencia es tal, que en ciertas ocasiones, nada ni nadie puede detenerlo...

(Publicación del Dr. Bernardo Quintana Mansilla, “Chiloé Mitológico”).

martes, 15 de abril de 2008

EL ENANO VAMPIRO


Se trata de uno de los relatos más fascinantes del libro “Buenos Aires es leyenda”. Tiene como protagonista a Belek, un enano que llegó a Buenos Aires con el Circo de los Zares a fines de los 70.

Belek, que provenía de la zona de los Cárpatos –como el conde Drácula–, fue expulsado luego de que el dueño del circo, Boris Loff, el Hombre Bala y la Mujer Barbuda lo encontraran prendido al cuello de Vera, una mono tití.

Pero el mito de Belek, el enano vampiro, apenas comienza allí.

El verdadero horror se desató cuando se refugió en una casa semi-abandondada del Bajo Flores y los gatos del barrio comenzaron a desaparecer misteriosamente.

La leyenda cuenta que la gente protegió sus casas con ristras de ajo y todos llevaban crucifijos por miedo a sus ataques.

Una noche de invierno, los hombres del barrio cazaron al enano vampiro con la red de un arco de fútbol, cerca de la estación Flores, pero se les escapó.

Aseguran que aún vive en el cementerio de Flores y sigue haciendo de las suyas.

lunes, 14 de abril de 2008

LA FLOR DE QANTU

Qantu - cantua buxifolia


Hubo una gran sequía.

Murieron todas las plantas, pero una flor de qantu se resistía a perecer.

De sus pétalos nació un colibrí, que voló a la cumbre del Waitapallana.

Suplicó piedad al padre, salvación bajo el arrasante sol.

El colibrí murió exhausto y el Waitapallana se apenó tanto que lloró.

Sus lágrimas llegaron al lago Wacracocha y despertaron al Amaru que dormía enroscado a lo largo de la cordillera.

La serpiente alada, con cabeza de llama y cola de pez, de ojos cristalinos y hocico rojizo, se desperezó y voló eclipsando al sol.

Luchó con los guerreros que se alzaron a combatirlo. De su hocico surgió la niebla de los cerros, de su aleteo la lluvia, de su cola el granizo y de sus escamas el arco iris.

Así renace la vida.

Para los quechuas todo está escrito en las escamas del Amarú.


El Qantu es la flor nacional y también denominada la flor sagrada de los Incas, existen de varios colores la que se puede encontrar en cualquier lugar del Perú es la de color fucsia o rosada, blanca, roja y naranja.

domingo, 13 de abril de 2008

EL BAGUAL


Es una leyenda del Departamento Jiménez cerca de Tacanas, dice que existe un lugar llamado "EL BAGUAL" donde según la tradición aparecía al caer la tarde, un potro prafante, de un hermoso color negro y largas crines, que echaba espuma por la boca y fuego por los ojos.

Se daba cita a los más famosos "pialadores" de esa zona para reducirlo, pero siempre todo era en vano.

Se acercaban los hombres sigilosamente e intentaban apresarlo de mil recursos y artimañas; y cuando mas seguros estaban de la presa "EL CABALLO SE ESCAPABA"

sábado, 12 de abril de 2008

EL CIELO


Un Hombre, su caballo y su perro iban por una carretera. Cuando pasaban cerca de un árbol enorme cayó un rayo y los tres murieron fulminados. Pero el hombre no se dio cuenta de que ya había abandonado este mundo, y prosiguió su camino con sus dos animales (a veces los muertos andan un cierto tiempo antes de ser conscientes de su nueva condición…)

La carretera era muy larga y colina arriba. El sol era muy intenso, y ellos estaban sudados y sedientos.

En una curva del camino vieron un magnífico portal de mármol, que conducía a una plaza pavimentada con adoquines de oro.

El caminante se dirigió al hombre que custodiaba la entrada y entabló con él, el siguiente diálogo:

Buenos días.

Buenos días - Respondió el guardián

¿Cómo se llama este lugar tan bonito?

Esto es el cielo.

Qué bien que hayamos llegado al Cielo, porque estamos sedientos!

Usted puede entrar y beber tanta agua como quiera. Y el guardián señaló la fuente.

Pero mi caballo y mi perro también tienen sed…

Lo siento mucho – Dijo el guardián – pero aquí no se permite la entrada a los animales.

El hombre se levantó con gran disgusto, puesto que tenía muchísima sed, pero no pensaba beber sólo. Dio las gracias al guardián y siguió adelante.

Después de caminar un buen rato cuesta arriba, ya exhaustos los tres, llegaron a otro sitio, cuya entrada estaba marcada por una puerta vieja que daba a un camino de tierra rodeado de árboles.

A la sombra de uno de los árboles había un hombre echado, con la cabeza cubierta por un sombrero. Posiblemente dormía.

Buenos días – dijo el caminante.

El hombre respondió con un gesto de la cabeza.

Tenemos mucha sed, mi caballo, mi perro y yo

Hay una fuente entre aquellas rocas – dijo el hombre, indicando el lugar.

Podéis beber toda el agua como queráis.

El hombre, el caballo y el perro fueron a la fuente y calmaron su sed.

El caminante volvió atrás para dar gracias al hombre

Podéis volver siempre que queráis – Le respondió éste.

A propósito ¿Cómo se llama este lugar? – preguntó el hombre.
CIELO.

¿El Cielo? Pero si el guardián del portal de mármol me ha dicho que aquello era el ¡Cielo!

Aquello no era el Cielo. Era el Infierno – contestó el guardián.

El caminante quedó perplejo.

Deberíais prohibir que utilicen vuestro nombre! ¡Esta información falsa debe provocar grandes confusiones! – advirtió el caminante.

De ninguna manera! – increpó el hombre

En realidad, nos hacen un gran favor, porque allí se quedan todos los que son capaces de abandonar a sus mejores amigos…

Paulo Coelho.

viernes, 11 de abril de 2008

EL CHAÑAR


Familia: LEGUMINOSAS

Nombre científico: Geoggroea decorticans Burk

Descripción: Arbol cuando crece aislado, arbusto cuando crece en bosquecillos. De 3 a 10 m de altura con tronco de hasta 40 cm de diámetro, la corteza se desprende longitudinalmente en fajas irregulares por debajo de las cuales aparece la nueva corteza verde.

Distribución: N.O.A., Cuyo, Formosa, Chaco, Córdoba, La Pampa, Santa Fe, Corrientes, Entre Ríos, Buenos Aires, Río Negro. En Tucumán: Parque Chaqueño y Monte

Observaciones: Florece de septiembre a octubre y fructifica de noviembre a enero. Fruto dulce y comestible





En medio de un monte del norte de la provincia de Santa Fe vivía una india muy viejecita; su rostro mostraba innumerable arrugas pero sus ojitos negros y vivaces parecían los de una muchacha.

Hasta su rancho, que parecía una mota parda en medio del lugar montaraz, llegaban paisanos y paisanos para que la vieja india les curara las dolencias del cuerpo y del alma con hierbas y conjuros, convocara a la lluvia en épocas de sequía o bien les aconsejara sobre conflictos cotidianos.

Ella hablaba poco pero cuando lo hacía, sus palabras eran precisas y llenas de sabiduría.

Cierta vez unos gringos le llevaron a su pequeño hijo que ardía en fiebre; la mujer observó al niñito preparó prestamente un té con varias hierbas curativas y luego cucharita a cucharita se lo hizo beber, no permitiendo a la madre que lo hiciera ella.

Al poco rato el niño empezó a mejorar y cuando abrió los ojitos, sonrió a la anciana que lo acunaba amorosamente.

El tiempo siguió avanzando con su paso perpetuo y aquel gringuito creció sano y fuerte.

Iba siempre a visitar a su salvadora porque ambos se profesaban un cariño muy especial. Ella le enseñaba entre muchas cosas a hacer velas con la grasa de la riñonada, el poder curativo de las plantas, como así también la época y la hora del día en que era conveniente cosecharlas; le contaba historias de su pueblo mocoví, inspirándole constantemente amor y respeto por la naturaleza.

El niño prefería estar con la india a jugar con los chicos de su edad; su admiración por la anciana se acrecentaba a medida que iba creciendo.

Un día la mujer enfermó, él permaneció constantemente en el rancho; nadie pudo sacarlo de al lado del catre de la enferma.

Presintiendo que la muerte alargaba su mano para llevársela, la mujer, con esfuerzo tomó un amuleto que llevaba colgado al cuello y sonriendo se lo entregó al muchachito para que su mágica protección lo amparara en la vida.

A los pocos instantes murió, llevando en sus retinas y en su cansado corazón la imagen adorada del rubio vástago de la raza que sometiera a su pueblo y a quien amó tanto como a los hijos que había perdido.

Su muerte convocó a la paisanada y fue muy sentida por los lugareños; conforme al deseo que siempre había expresado fue enterrada en pleno monte.

Al colocar sobre su tumba un gran ramo de flores de samohú, el muchachito rompió en un llanto inconsolable y al inclinarse cayó el amuleto que pareció iluminarse misteriosamente: el chico lo levantó amorosamente, intuía que lo sucedido era un mensaje de la muerta.

Entonces en forma sorpresiva brotó de la tierra un tallo con hojas y creció en forma maravillosa, dando nacimiento a un árbol de gran altura con ramas espinescentes y frutos globosos; era muy raro y nadie había visto nada semejante.

Este es el origen del chañar, nacido del cuerpo de la india que amó de tal manera a un niño blanco, que quiso volver de la muerte, en forma arbórea, para darle consuelo.

En su nueva existencia, ella siguió prodigando el bien ya que el chañar es realmente útil: proporciona madera de buena calidad, ofrece frutos comestibles con los que se prepara arrope y una especie de aloja, sus hojas y corteza son medicinales, embellece el paisaje con sus flores de corolas amariposadas de color amarillo-anaranjado y brinda montes de abrigo para el ganado.


Fuente: Ceresole de Espinaco, Zunilda. 2006. “Santa Fe y sus Leyendas”.
Santa Fe: Ediciones Parque del Sur.

jueves, 10 de abril de 2008

EL SEÑOR DEL CERRO



Cuando no se llevan a cabo "las antiguas costumbres", para pedir permiso a Tzltak'a, para cazar animales, cortar árboles o utilizar las fuentes de agua, el Señor del Cerro castiga al transgresor.

Así, aseguran en Cahabón que un hombre llamado Juan Cajbón llegó al pueblo viniendo de otras tierras y se asentó en las tierras de la aldea Setacalcab; allí tenía buenas cosechas de maíz, frijol, chile, yuca y otras plantas, también le gustaba el lugar porque había muchos animales. Juan se puso a trabajar. Así hizo su ranchito, su roza, cosas del campo y empezó a prepararse para la caza. Entonces, un día, salió acompañado de Miguel, su hijo mayor que era el encargado de guiar a los perros por aquellos guatales donde vive el venado, los tepezcuintles y el armadillo. Pero no encontraron nada, fueron varias veces, pero no encontraron al venado, cada vez que Juan tiraba le fallaba la puntería. Sólo cazaba uno que otro armadillo.

Entonces un día se fueron a cazar el venado a como fuera; pero lo que pasaba era que Juan no quería cumplir con la costumbre de quemar candelas, copal, pom, velar una noche antes pidiendo ante el altar de Tzultak'a, el permiso para entrar en sus campos a tentar a sus animalitos, pues Tz¸ltaká que es el señor de los cerros y los valles de por aquí, los tenía bien cuidados. El tenía que hacer muchas cosas que mandaba el señor del cerro; tenía que desahumar a sus perros con copal, pom; desahumar su casa, sus armas, dormir en el suelo frente al altar y, en fin, no hizo todo lo que mandaban los antiguos, que eran mandados por el señor de los cerros.

Entonces Juan y su hijo Miguel salieron muy temprano para el cerro Julgix, allí se fueron seguidos de sus dos o tres "ezentzies" de los meros perros cazadores. Miguel que llevaba los perros se metió al guatal, mientras Juan se encargaba de atajar el paso del venado.

Empezó pues la carrera y los gritos de Miguel alentando a sus perros; pero todo se arruinó porque los perros no ladraron y el venado no pasó por donde Juan estaba.

Pasaron las horas y Juan no quería regresar a su casa sin su hijo, pero se cansó, y pensó que Miguel había regresado sin avisarle, cuando llegó y no lo encontró, regresó al monte a quien llamaba y silbaba, incluso la gente de la aldea lo ayudó, pero no lo encontraron.

Al tercer día apareció Miguel y no podía hablar. Lo entraron, lo desahumaron con copal, pom, se le rezó por último hasta que Miguel contó que cuando estaba a medio guatal llegó un patojito que no conocía y le dijo que su tata quería verlo.

Lo llevó al cerro Julgix y en la entrada de una cueva se le desapareció el mandadero, sólo entonces se fue por la vereda de la cueva hasta llegar junto a un viejo, que estaba en la cueva al fondo, ahí lo esperaba un señor en una hamaca de colores muy alegres; pero al verlos bien se dio cuenta que el trenzado de la hamaca era de culebras de colores, los muebles eran animales, como armadillos y venados. Había muchos animales como si aquello fuera un hospital.

Entonces el viejo le dijo: -decíle a tu tata que deje de estar molestando a mis animalitos, vos podés ver todos heridos por ustedes; mirá que me voy a vengar.

Se van a acordar de mí, les voy a mandar mis culebras si siguen molestando en mis lugares sin pedirme permiso.

Luego Miguel se enfermó y a los tres días se murió, pues resulta que ningún curandero quiso hacer nada, porque era venganza del señor del cerro de Tzultatká.

Fue en balde todo lo que hicieron. Por más que Juan ofreció riquezas a los curanderos, que en aquel lugar había famosos, no quisieron llegar por tratarse de un caso grave. En él estaban puestos el "Dios Guarde", las manos del señor de los cerros y valles, Tzultaká".

Tzultaká, señor dueño de la cosmovisión la literatura oral- q'eqchi', tiene como su alter ego (su otro yo) la leyenda del Negro Aj K'ek.

Cuentan en Senahú, que los peones q'eqchi'es, que trabajan en las haciendas de café, temen acercarse a los patios del beneficio, pues puede salirles el Aj K'ek, un hombre negro, muy grande, de aspecto feroz, que según los q'eqchi'es es hijo de las vacas con el sisimite, y que por las noches cuida, danzando y tocando tambores, que los indios no se roben los granos y los sacos de café.

miércoles, 9 de abril de 2008

EL CORAZÓN DEL CIELO




Cuentan los indígenas kekchíes de Cobán que el Tzultak’a es el Dios del Maíz, es el Dios de las alturas, de las profundidades, de la abundancia, de los animales.

También es el Señor del Cerro, el Dueño del Mundo. Los indígenas pocomchíes de la región también le llaman Kajal Yuk Quixcab, que tiene el mismo significado.

El Tzultak’a siempre ha vivido en una cueva y continúa viviendo en las cuevas y en los cerros de la Alta Verapaz. Tenía una hija llamada Cana Po que se dedicaba a los oficios domésticos y como una buena muchacha también le gustaba tejer y bordaba en sus tejidos todos los acontecimientos del día.

La hija del Tzultak’a era la Luna y todos los días pasaba cerca de su casa Xbalamk’e que era el Sol y quien trataba de impresionarla porque se había enamorado de ella. Para que se diera cuenta de que era un hombre muy importante, pasaba todos los días cerca de la casa llevando como presa un venado. Cada vez que la señorita Luna veía pasar a Xbalamk’e se sentía impresionada y comentaba que ese hombre era un buen cazador.

Un día le dijo a su papá, el Tzultak’a que para ella aquel hombre era muy atractivo y que estaba segura que él también le correspondía con el mismo atractivo que ella sentía por él.

El padre le respondió a su hija:

-“Hay que tener mucho cuidado con ese hombre, puede ser engañoso; pero debemos analizarlo en alguna forma, hasta que estemos seguros si su actitud es sincera.

En seguida dijo a su hija que el agua del nixtamal donde se cuece el maíz, tirara en el camino por donde acostumbraba pasar Xbalamk’e.

Así lo hizo y cuando aquel pasó muy entretenido viendo a la muchacha Luna, no se dio cuenta de que el terreno que iba pisando estaba muy resbaloso por el agua de nixtamal que había sido tirada, y se resbaló y cayó.

Al momento de caer llevaba nada más un cuero de venado que era el mismo que le había estado sirviendo para engañar a la señorita Luna, que por estar pensando en ella ya no cazaba nada.

Cuando cayó se descubrió que era simplemente un engañador y la Luna se rió mucho de él y su padre volvió a confirmarle que siempre debe tener cuidado con los hombres.

Desde ese momento Xbalamk’e tenía vergüenza de pasar por ahí, por haber fallado en sus intenciones. Desde entonces, siempre rondaba la casa de la luna, sin encontrar la oportunidad de volver a acercarse a ella para manifestarle su amor.

Cuando Xbalamk’e cayó al suelo también cayó una semilla de tabaco y esta semilla germinó, naciendo una planta que creció y a la que llegaban muchos colibríes para saborear el néctar de sus flores. Al ver esto Xbalamk’e aprovechó la oportunidad para hablar con el colibrí y le pidió le prestara su plumaje para utilizarlo y así poder acercarse hasta la casa de la señorita Luna.

El colibrí al principio no quiso acceder, pero después de tantos ruegos de Xbalamk’e lo convenció, ofreciéndole envolverse en unas hojas de ceiba y sólo así le prestó su plumaje. Xbalamk’e se puso el plumaje y se convirtió en un colibrí y se fue a parar sobre la planta de tabaco donde la señorita Luna lo vió. Lo estuvo viendo durante todo el día y ese día fue cuando apareció el Xakche’ en los tejidos que la Luna hacía, representando la planta del tabaco.

Cuando había pasado bastante tiempo, y ella había bordado ese motivo en su tejido, llamó a su padre y le dijo que le gustaba mucho ese pajarito que estaba sobre aquella planta y que lo quería.

El Tzultak’a dijo a su hija que lo iría a cazar con su cerbatana (llamada Pubche’) con la cual hizo un disparo al Tz’unum (colibrí) con suavidad y solamente se desmayó.

El pajarito cayó al suelo y él lo recogió y lo trajo a su hija, quien lo introdujo en la jícara donde guardaba los hilos que le servían para tejer.

Cuando el pajarito volvió en sí dentro de la jícara, se sentía muy incómodo y empezó a piar. Ella lo tomó entre sus manos y cuando terminó de tejer, se lo puso sobre su güipil.

Entró la noche y la Luna se fue a dormir. A la media noche el Tz’unum se convirtió nuevamente en Xbalamk’e, tomando su forma natural. Al ver esto la Luna se asustó, pero estaba muy contenta de ver nuevamente a Xbalamk’e.

Él le dijo a ella que llegaba a robársela, pero ella no estaba de acuerdo con eso porque su padre fácilmente los encontraría por medio de su espejo (lem). Xbalamk’e le dijo que esto lo había previsto y que trajera pom y copal, así como el espejo de su padre. Quemó las resinas y con el humo ahumó completamente el espejo para que el Tzultak’a no pudiera verlos a través del mismo y pudiera encontrarlos.

Entonces ella le dijo nuevamente:

-“También hay otro obstáculo que es su cerbatana (pubche’) y que es muy poderosa...-

El le pidió que fuera a traerla y que además trajera chile y lo moliera.

Después echó suficiente chile molido dentro de la cerbatana y la fueron a dejar al mismo lugar donde el Tzultak’a la guardaba.

Después de esto Xbalamk’e y la Luna huyeron a media noche.

Al amanecer del siguiente día el Tzultak’a llamó a su hija, pero ella no respondió porque ya se encontraba muy lejos, huyendo con su amado.

Dispuso cerciorarse del motivo por el cual no aparecía su hija y se dio cuenta que en casa no había nadie.

Se imaginó inmediatamente que Xbalamk’e se la había llevado y se enfureció tanto que inmediatamente fue a buscar su espejo (lem), pero se encontró con que estaba completamente ahumado por el humo del pom y del copal, por lo que no podía ver nada.

Pero Xbalamk’e cometió un error cuando sostenía el espejo ahumándolo, sus dedos quedaron marcados en el mismo, no permitiendo que esa parte se cubriera de humo y así fue como el Tzultak’a pudo observar por donde huían los jóvenes.

Muy enojado por la burla, el Tzultak’a dijo:

“Con mi poderosa arma yo les voy a dar alcance”

Y agarrando su cerbatana (pubche) aspiró primero bastante aire para soplar con más fuerza y en el momento que hizo esa aspiración, se tragó todo el polvo del chile y cayó al suelo desmayado, porque se estaba ahogando y tosía desesperadamente.

Desde entonces apareció la tos en las zonas kekchíes y pocomchíes.

Cuando el Tzultak’a se repuso y se dio cuenta que no podía alcanzar a los jóvenes con sus propias fuerzas, llamó a su amigo el Cagua Kak, que es el rayo y le explicó la razón de su llamado, pidiéndole que persiguiera a aquellos que se habían burlado de él. El Cagua Kak estuvo de acuerdo en colaborar con su amigo y fue así se apareció en los güipiles de Tactic, de Cobán y de Tamahú y todavía se le conoce como Palic.

Cuando el Tzultak’a pidió al Cagua Kuk que persiguiera a Xbalamk’e (el novio) y a Cana Po, que así se llamaba la hija que era la Luna, estos ya se encontraban cerca del gran lago de Izabal, huyendo de la persecución. Cagua Kak pudo controlarlos y fue en ese momento cuando precisamente encontraron donde esconderse, y la Luna se escondió en la caparazón de una tortura. En ese momento cayó con fuerza el hacha del rayo y partió en mil pedazos el caparazón de la tortuga donde se ocultaba la Cana Po, y con los fuertes vientos y la lluvia los pedazos fueron cayendo dentro del agua.

Entró la noche y al día siguiente, cuando Xbalamk’e se repuso y salió de la concha, se dio cuenta que su amada Luna estaba hecha pedazos, hecha trizas.

Entonces llamó a las libélulas y a los brujos, para que con sus guacales reunieran aquellas partículas y las fueran depositando hasta llenar trece tinajas (las trece tinajas también aparecen en los tejidos de Cobán, Tactic, Tamahú y San Pedro Carchá). Estas tinajas se llenaron con las partículas de la Caná Po y las cubrieron. Xbalamk’e pidió a una anciana que vivía cerca del lago que le guardara las 13 tinajas y que no fuera a abrirlas, porque él volvería dentro de 13 días.

Durante todo este tiempo la anciana estuvo muy inquieta, no podía dormir ni tenía tranquilidad a consecuencia de que se oía una serie de ruidos, chillidos y cosas muy raras que procedían de dentro de las tinajas, pero no se acercó a curiosear para ver lo que había adentro.

Cuando regresó Xbalamk’e, al décimo tercer día, la anciana se puso muy contenta y le dijo que se llevara inmediatamente aquellas cosas que le causaban mucho espanto.

Xbalamk’e empezó entonces a destapar una por una las tinajas.

Cuando levantó la tapa de la primera tinaja vio sólo serpientes de toda clase; en la segunda había solo animales repugnantes como lagartijas y otros reptiles, la tercera tenía solo animales ponzoñosos; en la cuarta, quinta y todas las demás había avispas, tábanos, alacranes, arañas, vampiros y otros diferentes animales.

Cuando llegó a la penúltima tinaja Xbalamk’e pidió a un hombre que se llevara las tinajas que faltaba revisar y su contenido lo echara dentro del agua del lago.

Pero este hombre tenía curiosidad por ver el contenido de las tinajas y en el camino abrió una de las tinajas de donde salió una nauyaca (serpiente grande, venenosa y con aspecto de tener cuatro fosas nasales) que lo asustó y del susto salió corriendo y el contenido de las tinajas se fue regando sobre la superficie de la tierra, hasta que se regaron todos los animales que iban a ser lanzados al gran lago.

Cuando la Luna retornó a la vida le faltaba su atributo de feminidad por lo que Xbalamk’e llamó a un cabro para que le diera la forma de una mujer y después a un venado, para que completara esta obra.

La Luna dio al venado la fragancia de las flores y esto molestó mucho a Xbalamk’e porque sentía celos de él y entonces tomó el almizcle (sustancia odorífera) del ratón para untárselo al venado.

Después, complacido por lo que había hecho, tomó de la mano a su amada Luna y se la llevó al cielo como esposa. Ahora, allá en el cielo vive Xbalamk’e que el mismo Sol que alumbra de día, con la Cana Po, que es la misma Luna que alumbra de noche.

martes, 8 de abril de 2008

LA DOMINGA




Se cree en Chahal y en Chisec, área q'eqchi', que Tz¸ltak'a se enamoró de una mujer, llamada Dominga, a quien regaló una flor en señal de compromiso para que le fuera entregada al padre de la muchacha.

Cuando "la niña dio al padre la flor del Tz¸ltak'a, se convirtió en monja blanca de plata".

De este modo, el padre de la Dominga se convence que es Tz¸ltak'a el que desea casarse con su hija.

La muchacha se va a vivir con el Tuztaká al interior del cerro, después de realizar las ceremonias rituales correspondientes.

lunes, 7 de abril de 2008

“EL SACHAYOJ”


El Sachayoj es el numen protector de los árboles, el dueño del bosque. Vive en las profundidades de la selva bajo la figura de un hombre, se alimenta de frutos y animales y su cuerpo está cubierto de “sagasta o barba del monte”, una especie de alga verdosa y blanquecina.

Su aparición es siempre insólita. Con sus gritos, que semejan el golpe del hacha en el bosque, atrae para perder al “hachero” o “melero” que se aleja de sus semejantes.

Y quien no conozca la existencia del Sachayoj le toma por un hombre y va hacia él.

Pero, ¡guay! de aquel que osa contestar sus gritos o seguirle en los recovecos de la selva, ¡su perdición es segura! Así lo afirman los que le oyeron, llenos de temor y angustia.

Semejante a esta leyenda existe una deidad indígena que se llama Sacha maman o Madre del bosque, y su origen sería el eco del ruido que las hachas producen en el monte.

Un día, -refiere don Gabino Ledesma, de Villa Matará- el Sachayoj le gritó a un melero que llevaba dos perros para hacer cazar. Atemorizado se quedó. Pero los perros se metieron al monte ladrando. Al poco tiempo, uno de ellos regresó aullando lastimeramente, como perseguido por alguien, a quien, sin embargo, su dueño no pudo ver. Del otro perro no supo nunca más. “Dejuro lo llevaría el Sachayoj”.

Esta figuración mítica del numen tutelar del bosque, es de una moral ejemplificadora.

Tiende seguramente, a evitar la destrucción del árbol y de los productos de la selva.

Dr. Orestes Di Lullo, El Folklore de Santiago del Estero. Pág. 159.

domingo, 6 de abril de 2008

EL MERCADO ARMONÍA




El actual edificio fue inaugurado el 15 de Febrero de 1936.
Fue construido en el mismo terreno que ocupara el viejo mercado fundado por el Gobernador Absalón Rojas.
Se desarrolla en sentido longitudinal, eje este-oeste, paralelo a la calle Pellegrini. Posee una bóveda paraboidal de 100 metros de largo por 28 metros de ancho y 17 metros de altura.
A los costados de la misma posee dos naves con techos planos que totalizan, incluida la bóveda, 45 metros de frente. Dos plantas integran sus espacios de uso.
Originariamente en planta baja constaba con 276 puestos más 32 locales de comercio hacia el exterior.
Su infraestructura de apoyo se compone de cámaras frigoríficas, depósitos, oficinas de administración, baños, montacargas, etc.
Fue diseñado por el ingeniero Jorge Kalnay, con asesoramiento de empresas alemanas.
Pese a remodelaciones e incorporaciones de elementos extraños, conserva su majestuosidad.
[1] Lunes 23- Abr- 2007. Año IV Ed EL LIBERAL S.R.L. 2003 Santiago del Estero. Argentina.

sábado, 5 de abril de 2008

LA FLOR DEL AMATE


El amate es un árbol que no tiene flores ni frutos.

La leyenda dice que este árbol tiene un negro secreto oculto entre sus deformes ramas, y es que a las 12:00 de la noche en punto, en la copa de éste, nace una hermosa flor blanca, la cual cae al suelo y el hombre que logre agarrar esta flor, tendrá todo lo que quiera, amor, dinero y salud, pero no es tan fácil, pues la verdadera prueba es luchar contra el diablo, que es el dueño de esa flor.

Se dice que tiene que ser una lucha a muerte; si el Demonio gana, se lleva el alma de aquel hombre, pero si el hombre gana tendrá todo lo él quiera.

Nota:

El amate de El Salvador pertenece a la familia de las moráceas y al género ficus. De ellos hay por lo menos diez especies, que además son nativas.

* Es pariente de los arbustos también llamados ficus, del palo de hule, laurel de la india y del higo, entre otros, que han sido introducidas al país.

* En El Salvador existen varias especies de amates, los cuales se diferencian en la altura, el fuste (palo) y las raíces, entre otros.

* Crecen de preferencias en zonas más calientes.

* Su amplia copa puede alcanzar cincuenta metros de diámetro.

viernes, 4 de abril de 2008

JUSTO JUEZ DE LA NOCHE

Personaje de leyenda de El Salvador.

Según la tradición oral es un fantasma que se aparece a quienes deambulan por los caminos rurales a altas horas de la noche, otros lo describen montado sobre un caballo negro.

Según las narraciones esta aparición es un sujeto alto que no posee cabeza, en su lugar, aparece una columna de humo.

Quienes se han visto sorprendidos por el Justo Juez afirman haber sido advertidos de regresar a sus casas, puesto que la noche le pertenece a él.

Y en más de una ocasión el incauto es azotado a manera de reprimenda.

El Justo Juez pertenece al folklore de El Salvador.

"Seco como un árbol aniquilado por el bejuco matapalo, su rostro brilla levemente con la ceniza pálida de los siglos y sus ojos rojos tienen un fondo donde nos espera la locura o la muerte. Nadie más justo que el, sin embargo. De ahí su nombre. Solamente los fatuos, los necios y los obstinados deben temer su daño sin motivos especialmente graves”.
Roque Dalton, poeta.



En el año 2004 dentro de la serie "Leyendas de El Salvador”, la Dirección General de Correos del Salvador emitió un sello postal en su memoria.

jueves, 3 de abril de 2008

EL TABUDO


Esta leyenda es muy popular entre los pescadores, moradores y visitantes de los lagos y lagunas de El Salvador.

Parece ser que el dueño de una hermosa mansión localizada en el lago de Coatepeque salió a dar un paseo en una canoa artesanal; al estar cerca de la isla fue arrastrado por una corriente subterránea y llevado hasta los dominios de la diosa de agua dulce.

Nunca se le volvió a ver con vida.

A los pocos meses se apareció a las personas que cuidaban su propiedad y se las heredó. Ellos quedaron perplejos al verlo pues sus rodillas se habían ensanchado tanto que parecían un par de balones de fútbol, al igual que sus labios y se asemejaba a una criatura marina más que un ser humano. Las tabas son las rodillas y de ahí proviene el nombre.

El tabudo es como una especie de magnate submarino y cuando le agrada una persona, se les aparece aparentando ser un humilde pescador y se los lleva hasta lo más profundo del lago; a los hombres los convierte en enormes peces de colores y a las mujeres en sirenas de agua dulce.

miércoles, 2 de abril de 2008

LA CARRETA CHILLONA

Es una historia que supuestamente sucedió en un pueblecito situado en las faldas noroeste del Cerro Santa Catalina, San Esteban, del Departamento de San Vicente. Los lugareños creían en toda la gama fantasmagórica de la rica mitología salvadoreña, tal como la Siguanaba, el Cipitillo, el Duende, etc.

Esta Carreta Bruja le apareció a una mujer chismosa llamada Cirinla. Era una carreta del tamaño normal sin bueyes, pero en las puntas de los palos que componían el estacado llevaba una calavera humana con grotesca mueca de sonrisa.

La carga de la carretera consistía en un promontorio de cadáveres decapitados que se retorcían como tentáculos de mil pulpos.

Los arrieros, en vez de cabeza tenían un pequeño manojo de zacate. En la mano izquierda aseguraban una puya y en la mano derecha el mango de enorme látigo negro. Danzaban y haciendo estallar latigazos sobre los cuerpos gritaban y mencionaban los nombres de todas las personas en el pueblo que eran conocidas como mentirosas, falsas e hipócritas. Y mientras decía los nombres, los chicotazos sonaban como estampidos de balazos en los lomos desnudos de los cuerpos torturados.

Era tal la curiosidad de Cirinla que cuando escuchó el ruido de la Carreta Bruja salió de su casa a verla y su espanto fue tan grande que al día siguiente amaneció muerta encima de un charco de su propia sangre de curiosa, chismosa, revoltosa, criticona y juzgona.

Y desde entonces la Carreta Bruja ya no se escuchaba rodar sobre el suelo empedrado de las calles del apacible pueblecito.

martes, 1 de abril de 2008

LA CARRETA BRUJA



En épocas pasadas especialmente en noches muy oscuras, se aparecía por las ciudades y aldeas una vendedora ambulante que iba halando una carreta la cual se hallaba repleta de velas y candelas blancas. La gente que las necesitaba las compraba y cuando se disponían a pagarle a la mujer en un abrir y cerrar de ojos desaparecía.

Cuando llegaba el momento de encender las candelas, éstas se convertían en huesos.

La visita de aquel macabro personaje auguraba que alguien de la familia enfrentaría un grave peligro. Conforme fueron pasando los años siguen apareciendo más testigos de tan tétrica experiencia y cuentan que la mujer se aparece toda vestida de negro y opera principalmente cuando hay tormentas y apagones.

lunes, 31 de marzo de 2008

“COSAS DE MI PAGO”

¡Qué de cosas tiene el pago
qué al vivirlas se valoran!
Se comprenden,
se atesoran con los ojos del querer;
con los ojos del afecto
que no advierte los defectos
que mi pago, cómo tantos,
de seguro ha de tener…
¡Qué de cosas tienen el pago
en lo que hace a tradiciones!...
En su suelo,
todo entero,
un nidal del cancionero
con sus zambas, con sus gatos,
chacareras y canciones…
Más que cantos son poemas
donde cuajan en sus temas
las más puras, las más bellas,
las más sabias expresiones…
Con auténtico folklore
cuya estela nadie iguala.
¡Quiere cosas que más deja
que esos versos que emotivan
al tun tun de una vidala!
¡Qué cosas tiene el pago,
para todos los que arriban!
No son grandes maravillas…
Cosas simples y sencillas
que emocionan y cautivan.
Cual sus noches despejadas,
hondas, plácidas y bellas,
con su bóveda suprema:
que semeja una diadema
engarzada con estrellas…
¡Qué de cosas tiene el pago
que al vivirlas se valoran!
Quien se adentra en sus rincones;
quien convive con su gente,
ve surgir sus tradiciones
de esta tierra acogedora.
Tierras vírgenes y montes
febricientes de riquezas,
y que Aguirre bautizara
con palabra audaz y clara
como Tierra de promesas.
¡Qué de cosas tiene el pago
y perdonen que yo insista!...
¿Cómo quieren que no alabe
a este pueblo que le cabe,
con justicia ser laureado:
por noble y pacifista?
Pueblo manso, lindo y bueno…
De por ser hospitalario,
que prodiga la amistad
con entrega,
con amor.
Con sentido solidario,
con cariño y hermandad.
¡Qué cosas tiene el pago!...
Por las cuales lucharé.
Nunca… nunca dejaré
de contarle como lo hago,
de ofrendarle
día a día,
lo mejor que pueda darle;
mi modesta poesía
a las cosas de mi pago!
Tata Melcho

domingo, 30 de marzo de 2008

EL CIPITÍO


Llamado originalmente Cipit, y en la actualidad Cipitío o Cipitillo es un personaje de leyenda en El Salvador.

Nació de la relación que tuvo su madre Ziguet (Sihuet) (diosa Luna) con el dios Lucero de la Mañana, traicionando infielmente al dios Sol. Es por eso que el dios de dioses, Teotl condenó tanto a la madre como al hijo. A la madre la degradó de su categoría de diosa Luna a mujer errante y al niño le condenó a nunca crecer, y conservarse por siempre en la edad de once años.

Cipit es hijo de dioses, pero su aspecto es el de un niño de bajas condiciones sociales y económicas, con una deformación en los pies, teniéndolos revés, enorme barriga y con el poder de teletransportarse.

(Es de admirar que en épocas precolombinas, se tuviera claramente definido el concepto de teleportación).

Su alimentación está basada en comer cenizas y bananas.

Además la Mitología Cuscatleca lo ubica en la región de San Vicente.

Durante siglos, Cipit fue el dios de las relaciones prohibidas y adulteras, en la actualidad es un icono de la cultura salvadoreña donde es representado como un niño alegre y que vaga errante.

El Cipitío es un ser propio del folklore salvadoreño. La leyenda ha evolucionado de generación en generación, adaptando muchos de los elementos de la misma para no perder vigencia; aunque en el fondo, conserva la esencia ancestral.

El nombre viene del nahuat Cipit, que significa niño, de donde se deforma la palabra "Cipote" utilizada para nombrar a los infantes en El Salvador. De estatura acorde a sus eternos diez años, con barriga prominente, ropa de manta y un sombrero de palma puntiagudo y de grandes alas.

Se dice también que tiene los pies hacia atrás

Frecuenta los trapiches de las moliendas de caña, le gusta comer y bañarse con cenizas, también gusta de frecuentar ríos y es un eterno enamorado de las muchachas a las que constantemente les espía, silba, o arroja piedrecitas y flores

Aunque no es ofensivo, es hostigoso. Generalmente hace bromas con las cuales se burla de las personas, carcajeándose sonoramente. De igual manera, se ha escuchado mencionar en la lengua salvadoreña que cuando una chica es objeto de su hostigamiento, la solución para alejarlo es comer en el baño, frente a la taza de un inodoro; esto debido a que se supone que él siente asco fácilmente con los malos hábitos de las personas, en este caso las mujeres, por eso se supone que esta es la solución más efectiva cuando una mujer está siendo objeto de sus hostigamientos.

Según la Mitología Cuscatleca, él era el hijo de un romance prohibido entre la diosa Luna, Sihuet y el dios Lucero de la Mañana. El padre de la joven, el Dios Tlaloc, al enterarse dejó caer una maldición sobre hijo y madre.

Hay una serie televisiva, en la que Cipitío reconoce a su abuelo, con quien se comunica cuando tiene problemas.

sábado, 29 de marzo de 2008

EL DUENDE


El Duende es un espíritu enamorado que siempre busca a las mujeres jóvenes y bonitas, a las cuales no deja en paz hasta que hacen algo desagradable para él.
Esto puede ser no bañarse o hacer cosas antihigiénicas.

Este espíritu no deja tranquila a la muchacha bonita que escoge por medio de ruidos por las noches, brisas y aromas, hasta causar que se quede solterona.

Pero en cuanto la joven realice actividades antihigiénicas el Duende se retira no sin antes causar un ruido estruendoso y soltar una carcajada.

viernes, 28 de marzo de 2008

LA DESCARNADA


Abundan los testigos que afirman haber tenido una experiencia tétrica con una hermosa mujer que se aparecía pidiendo ride o aventón en la carretera que conduce de Santa Ana a Chalchuapa.

La mujer en primera instancia se aparecía en la orilla de la calle con una vestimenta provocativa y con una actitud sensual y audaz llamaba la atención de los incautos que eran atraídos por su belleza y coquetería.

Cuando los conductores le preguntaban hacía donde se dirigía, ella les contestaba que a unos pocos kilómetros del lugar, entonces se montaba al auto y comenzaba a seducirlos. Cuando los hombres empezaban a tocarla y besarla, entonces sucedía algo espantoso, la piel se desprendía de su cuerpo hasta quedar totalmente convertida en pocos segundos en un esqueleto humano.

Minutos después sus víctimas eran encontradas en estado de total confusión y únicamente recordaban los instantes en que aquella escena tenebrosa había ocurrido.

Según los moradores del lugar, el espíritu de una bruja maligna es el protagonista de la lúgubre aparición.

jueves, 27 de marzo de 2008

TATUANA


La Tatuana fue una mujer que según cuentan tuvo realidad física en la ciudad de Santiago y que fue trasladada para la tradición oral a la Nueva Guatemala de la Asunción.

Se la menciona desde el período colonial hasta la década de los 30 en el siglo XIX.

Estudiosos de diversas épocas la refieren con certeza, entre ellos Ramón A. Salazar, Adrián Recinos. En tanto que José Milla incorpora el personaje a una de sus novelas históricas. “La Tatuana En La Nueva Guatemala De La Asunción”.

Había en la ciudad de Guatemala, a inicio del siglo XIX, una señora viuda que vivía en el barrio del Calvario, en medio de la mayor pobreza. Sus vecinos casi no le hablaban, pues creían que era una bruja.

Un día le pidió a la dueña de la tienda que le diera el pan a crédito, pero ésta como siempre se negó a hacerlo. Entonces la mujer le dijo:“Yo sé que su marido se fue de su lado, pero yo puedo arreglarle que vuelva con Ud. Tenga este cuerito, a las 8 de la noche llámelo por su nombre, golpee con él 3 veces la almohada y guárdelo debajo de ella”.
Agradecida la tendera le dio un canasto lleno de verduras.

En la noche hizo lo que la mujer le había aconsejado y en el acto se presentó su marido. Mientras tuvo el objeto su marido permaneció fiel.

Pasados cuatro días la extraña mujer se asomó a la tienda y le pidió el cuerito.

La tendera protestó: “Vea Ud, que mi marido se me volverá a ir”.

La viuda le contestó que lo usaría para otro trabajo.

La tendera se lo dio y ese mismo día su marido se fue de la casa.

Enojada la vecina la acusó de bruja, se fue con las autoridades y al cura de la iglesia. Entre todos decidieron llevarla a la cárcel. Pero ella, burlándose de quienes la tenían prisionera, organizó un plan de escape.

Con un trozo de carbón dibujó un barquito en la pared de la bartolina, se subió a él, pronunció algunas palabras mágicas y huyó.

En su lugar quedó un intenso olor a azufre. En adelante nadie volvió a saber nada de la extraña mujer, a quienes todos recuerdan como la Tatuana.

Por otro lado, algunos historiadores refieren que este personaje tiene sus antecedentes en los últimos años de la ciudad de Santiago de los Caballeros.

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2009/04/la-tatuana.html

miércoles, 26 de marzo de 2008

“LA GUERRA DEL SAPO CON EL TIGRE”.




El Tigre después de hartarse con alguna presa, acostumbraba ir a tomar agua de un pozo que había en el medio del monte, donde después podía echarse a dormir una buena siesta, sin que nadie lo molestara.

Bueno, un día, eso que estaba tomando agua, de repente...

-¡Ep amigo! Vea donde se mete... ¡Mire que hay gente! –Oye que le gritan de entre las patas.

-¡Ooooh, que jorobar! –dijo el Tigre pegando un salto... Yo que había creído que era un guano de vaca.

-¿Qué? ¡No se pase, le digo! ¡No porque me vea petiso le voy a permitir que se burle de mí! –Contestó hinchándose el Sapo.


-¡Buah! Salga de ahí hombre. Que vas a hacer con esa traza de... de montón de... bueno, de cosa fiera.

–Y bueno ya está –aceptó tranquilo el Tigre- decí nomás cuándo y dónde querés que peliemos.

Y allí no más fijaron fecha y lugar para la batalla.

El Tigre convocó a todas las fieras de la selva; leones, osos, chanchos del monte, zorrinos; y ha resuelto llevar de asistente a su sobrino El Zorro, por juzgarlo más diablo que todos.

El Sapo por su parte reunió a todas las avispas del monte, lechiguanas, guaycurús, caranes, carán colorado, carán negro y demás.

Como ya faltaba un día para la topada, dizque el Tigre había mandado a su asistente y sobrino a ver si ya estaba listo el Sapo.

-¡Como nó! ¡Que vengan nomás! –había contestado el Sapo muy seguro.

Al otro día al amanecer (cancha-cancha o alumbrando, dice el paisano), ya habían partido al encuentro los dos ejércitos.

Como bramido se oía el zumbido de la gente del Sapo, ¡que venían tapando el monte!

¡Por su parte la gente del Tigre dizque venían haciendo crujir los dientes, como si tostaran, arando el suelo con las garras, afilando los colmillos en los troncos, rugiendo muy fieramente!

Entre tanto el Zorro, que parece que ya había empezado a maliciar no sé que, dizque cada vez más atrás venía quejándose...

-¿Mi sobrino? ¿Mi asistente? –dizque el Tigre preguntando a cada rato.

-¡Aquí estoy yendo, Tío!... –dizque que contestaba el asistente, pero cada vez más lejos.

Hasta que los ejércitos llegaron al campo de batalla.

Y entonces el Tigre ordenó a su gente: ¡Muchachos, ataquen!

Y las fieras se lanzaron a la carga rugiendo.

¡Atropellen! –había mandado el Sapo por su parte.

¡Y ahí nomás los enjambres del Sapo habían tapado a las tropas del Tigre!

Revolcándose dizque andaban éstas, ¡sin poderse hacerse soltar de las avispas!, ¡y el Tigre mismo enloquecido!

-¡Socorro, sobrino! ¡Por favor defiéndame! –dizque le gritaba a su asistente.

Y el Zorro, de entre medio de unos yuyos: -¡Al agua Jefe!... ¡Al agua Tío!... –dizque le gritaba; pero el pobre Tigre, enloquecido no oía nada.

Hasta que desesperado el Tigre había conseguido meterse a una laguna que había por ahí, y zambulléndose, zafarse por fin de las avispas.

Cuando al rato asoma la cabeza, ¡ya dizque ni un solo de sus muchachos podía ser hallado por aquellos lugares!...


Bernardo Canal Feijoo "La Leyenda Anónima Argentina". La Saga Popular.

martes, 25 de marzo de 2008

YAHÁ, YAHÁ


EL CHAJÁ:

El anciano Aguará era el Cacique de una tribu guaraní. En su juventud, el valor y la fortaleza lo distinguieron entre todos; pero ahora, débil y enfermo, buscaba el consejo y el apoyo de su única hija, Taca, que con decisión acompañaba al padre en sus tareas de jefe.
Taca manejaba el arco con toda maestría, y en las partidas de caza, a ella correspondían las mejores piezas, constituyendo el trofeo de su arrojo ante el peligro.
Todos la admiraban por su destreza y la querían por su bondad. Muchas veces había salvado a la tribu en momentos de peligro, reemplazando al padre que, por la edad y su salud resentida, estaba incapacitado para hacerlo.
Aparte de todas estas condiciones, Taca era muy bella. De color moreno cobrizo su piel, tenía ojos negros y expresivos, y en su boca, de gesto decidido y enérgico, siempre brillaba una sonrisa. Dos largas trenzas negras le caían a los lados del rostro. Un tipoy cubría su cuerpo hasta los tobillos, y con una faja de colores que los guaraníes llamaban chumbé, lo ceñía a la cintura.
Las madres de la tribu acudían a ella cuando sus hijos se hallaban en peligro, seguras de encontrar el remedio que los salvara.
Era la protectora dispuesta siempre a sacrificarse en beneficio de la tribu. Los jóvenes admiraban su bondad y su belleza, y muchos solicitaron al Cacique el honor de casarse con tan hermosa doncella. Pero Taca rechazaba a todos.
Su corazón le pertenecía. Ará-Naró, un valiente guerrero que en esos momentos se hallaba cazando en las selvas del norte, era su novio y pensaban casarse cuando él regresara. Entonces el viejo Cacique tendría, en su nuevo hijo, quien lo reemplazase en las tareas de jefe.
La vida de la tribu transcurría serena; pero un día, tres jóvenes: Petig, Carumbé y Pindó, que salieron en busca de miel de lechiguana, volvieron azorados trayendo una horrible noticia. Al llegar al bosque en busca de panales, cada uno de ellos había tomado una dirección distinta. Se hallaban entregados a la tarea, cuando oyeron gritos desgarradores. Era Petig, que, sin tiempo ni armas para defenderse, había sido atacado por un jaguar cebado con carne humana y nada pudieron hacer los compañeros para salvarlo, pues ya era tarde.
El jaguar había dado muerte al indio y lo destrozaba con sus garras.
Carumbé y Pindó no tuvieron más remedio que huir y ponerse a salvo.
Así habían llegado, jadeantes y sudorosos, a dar cuenta de lo sucedido.
Esta noticia causó estupor y miedo en la tribu, pues hasta entonces ningún animal salvaje se había acercado al bosque donde ellos acostumbraban ir a buscar frutos de banano, de algarrobo y de mburucuyá, que les servían de alimento.
Desde ese día no hubo tranquilidad en la tribu. Se tomaron precauciones; pero el jaguar merodeaba continuamente y muchas fueron las víctimas del sanguinario animal.
El Consejo de Ancianos se reunió para tomar una determinación que pusiera fin a semejante amenaza de peligro para todos. Y decidieron: era necesario dar muerte a quien tantas muertes había producido. Para conseguirlo, un grupo de valientes debía buscar y hacer frente a la terrible fiera, hasta terminar con ella.
El Cacique aprobó la determinación de los Ancianos. Pidió a los jóvenes de la tribu que quisieran llevar a cabo esta empresa, se presentaran ante él.
Grande fue la sorpresa del jefe cuando vio aparecer en su toldo a un solo muchacho: Pirá-U.
De los demás, ninguno quiso exponer su vida.
Pirá-U sentía gran admiración y un gran reconocimiento hacia el viejo Cacique.
En cierta ocasión, hacía muchos años, Aguará había salvado la vida de su padre, de quien era gran amigo. Fue un verdadero acto de heroísmo el cumplido por el valiente Cacique, con peligro de su propia vida. Desde entonces, nada había que Pirá-U, agradecido, no hiciera por el viejo Aguará.
P eso, ésta era una espléndida oportunidad para demostrarlo.
Él sería el encargado de librar a la tribu de tan terrible amenaza.
Así fue que Pirá-Ú, sin ayuda de nadie, confiando en su valor y en la fuerza que le prestaba el agradecimiento, partió a cumplir tan temeraria empresa.
Gran ansiedad reinó en la tribu al siguiente día.
Todos esperaban al valiente muchacho, deseosos de verlo llegar con la piel del feroz enemigo. Pero las esperanzas se desvanecieron. Pasó ese día y otros más y Pirá-U no regresó. Había sido una nueva víctima del jaguar.
Nuevamente se reunió el Consejo y nuevamente se pidió la ayuda de los jóvenes guerreros. Pero esta vez nadie respondió, nadie se presentó ante el Cacique.
Era increíble que ellos que habían dado tantas veces pruebas de valor y de audacia, se mostraran tan cobardes en esta ocasión.
Taca, indignada, reunió al pueblo, y en términos duros y con ademán enérgico, les dijo: Me avergüenzo de pertenecer a esta tribu de cobardes. Segura estoy de que si Ará-Naró estuviera entre nosotros, él se encargaría de dar muerte al sanguinario animal. Pero en vista de que ninguno de ustedes es capaz de hacerlo, yo iré al bosque y yo traeré su piel. Vergüenza os dará reconocer que una mujer tuvo más valor que ustedes, cobardes!
Así diciendo entró en su toldo. El padre, que se hallaba postrado por la enfermedad, se oponía a que su hija llevara a cabo una empresa tan peligrosa.
Hija mía -le dijo- tu decisión me honra y me demuestra una vez más que eres digna de tus antepasados. Mi orgullo de padre es muy grande. Te quiero y te admiro; pero la tribu te necesita. Mi salud no me permite ser como antes y sin tu apoyo no podría gobernar.
Padre, los dioses me ayudarán y yo volveré triunfante. Si permitimos que el animal continúe con sus desmanes no podremos llegar al bosquecillo en busca de alimentos, y la vida aquí será imposible.
Hija mía; otros deben dar muerte al jaguar. Tú eres necesaria en la tribu y no es muy seguro que te libres de morir entre las garras de la fiera.
Padre, tus súbditos han demostrado ser cobardes. Creen que el yaguareté es un enviado de Añá para terminar con nosotros, y temen enfrentarlo. Yo debo salvar a la tribu. ¡Permite q vaya, pdre mío!
El anciano tuvo q acceder. Las razones que le daba su hija eran justas y claras y no había otra manera de librarse de enemigo tan cruel.
Taca empezó los preparativos para ponerse en viaje ese mismo día al atardecer.
Cuando se disponía a partir, varios jóvenes trajeron la noticia de que los cazadores que partieran hacía ya una luna, se acercaban.
Estaban a corta distancia de los toldos.
Fue para Taca una noticia que la lleno de placer y de esperanza. Entre los cazadores venía Ará-Ñaro, su novio, y él podría acompañarla para dar muerte al jaguar.
Impacientes esperaban la llegada de los bravos cazadores, los que se presentaron cargados de innumerables animales muertos, pieles y plumas, conseguidos después de tantos sacrificios y de tantos peligros.
Fueron recibidos con gritos de alegría y de entusiasmo por toda la tribu que se había reunido cerca del toldo del Cacique.
Junto a la entrada se encontraba éste con su hija Taca, rodeados por los ancianos del Consejo.
El viejo Aguará saludó con todo cariño a los valientes muchachos, que se apresuraron a poner a sus pies las piezas más hermosas.
Ará-Naró, después de agasajar al Jefe, se dirigió a Taca, y como una prueba de su gran amor, le ofreció el presente que le tenía dedicado: una colección de las más vistosas y brillantes plumas de aves del paraíso, de tucán, de cisne, de garza y de flamenco.
El gozo y la satisfacción se pintaron en el rostro de la doncella, que con una suave sonrisa agradeció el obsequio.
Después, cada uno se retiró a su toldo. Aguará, Taca y Ará-Naró quedaron solos.
El sol se había ocultado detrás de los árboles del bosquecillo cercano. Un reflejo rojo y oro teñía las nubes, y como venido de lejos se oyó el grito lastimero del urutaú.
En ese momento, el viejo Cacique comunicó a Ará-Naró la decisión de su hija. Hijo mío, le dijo: un jaguar cebado con sangre humana ha hecho muchas víctimas entre nuestro pueblo. El primero fue Petig, que tomado desprevenido, murió deshecho por la fiera. Después Saeyú y otros que, confiados, fueron al bosque en busca de alimentos. Se decidió dar muerte al sanguinario animal; pero Pirá-Ú, encargado de ello, no ha vuelto. Fue, sin duda, una víctima más. Y ahora nadie quiere hacer frente a tan terrible enemigo. Todos le temen creyéndolo un enviado de Añá, imposible de vencer. Taca, por su parte, ha decidido ser ella quien termine con el jaguar, y piensa partir ahora mismo.
Taca, eso no es posible- dijo resuelto Ara-Ñaro-. Esa no es empresa para ti. Y los guerreros de nuestra tribu: ¿Qué hacen? ¿Cómo permiten que una doncella los aventaje en valor y los reemplace en sus obligaciones?
Los jóvenes temen a Añá, y no quieren atacar a quien creen su enviado.
Taca, ¡no irás! Seré yo quien dé muerte al jaguar, y su piel será una ofrenda más de mi amor hacia ti.
No podrá ser, Ará-Ñaró. ¡He dado mi palabra y voy a cumplirla! Dentro de 1 instante saldré en busca del jaguar, y cuando vuelva gritaré una vez más su cobardía a los súbditos del valiente Aguará.
No has de ir sola, Taca. Espera un instante y yo te acompañaré.
Ya debo partir, Ará-Ñaro; “yahá!”, yahá!”, ¡vamos!, ¡vamos!
Pronto se reunió Ará-Ñaró a su prometida, y cuando la luna envió su luz sobre la tierra, ellos marchaban en pos del enemigo de la tribu.
La esperanza de terminar con él los alentaba. Cuando llegaron al bosque, Ará-Ñaró aconsejó prudencia a su compañera, pero ella, en el deseo de terminar de una vez por todas con el carnívoro, adelantándose, lo animaba: -“yahá!”, “yahá!”
Cerca de un ñandubay se detuvieron. Habían oído un rozamiento en la hierba.
Supusieron que el jaguar estaba cerca. Y no se equivocaban.
Saliendo de un matorral vieron dos puntos luminosos que parecían despedir fuego. Eran los ojos de la fiera, que buscaba a quienes pretendían hacerle frente.
Con paso felino se iba acercando, cuando Ara­Naró, haciendo a un lado a su novia y obligándola á guarecerse detrás de un añoso árbol, se dirigió, decidido, hacia la fiera. Fueron momentos trágicos los que se sucedieron.
¡El hombre y la fiera luchando p su vida! Ará-Naró era fuerte y valiente, pero el jaguar, con toda fiereza, lanzó un rugido salvaje.
Taca, que desde su escondite seguía con ansiedad una lucha tan desigual, se estremeció.
Un zarpazo desgarró el cuello del valiente indio y lo arrojó a tierra. Con él rodó la fiera enfurecida y poderosa. Taca dio un grito, y de un salto estuvo al lado del animal ensangrentado, que se trabó en pelea con su nueva atacante.
Pero fue en vano.
En esa prueba de valiente, ninguno salió triunfante. Taca, Ará-Ñaró y el jaguar pagaron con su vida el heroísmo que los llevó a la lucha.
Pasaron los días. En la tribu se tuvo el convencimiento de la muerte de los jóvenes prometidos.
El viejo Cacique, cuya tristeza era cada vez mayor, fue consumiéndose día a día, hasta que Tupá, condolido de su desventura, le quitó la vida.
Todos lloraron al anciano Aguará, que había sido bueno y valiente, y de quien la tribu recibiera tantos beneficios.
Prepararon una gran urna de barro, y después de colocar en ella el cuerpo del Cacique, pusieron sus prendas y, como era costumbre, provisiones de comida y bebida.
En el momento de enterrarlo, en el lugar que le había servido de vivienda, una pareja de aves, hasta entonces desconocidas, hizo su aparición gritando:
“Yahá!”, “Yahá!”
Eran Taca y Ará-Naró, que convertidos en aves por Tupá, volvían a la tribu de sus hermanos.
Ellos los habían librado del feroz enemigo, y desde ahora serían sus eternos guardianes, encargados de vigilar y dar aviso cuando vieran acercarse algún peligro.
Por eso, el chajá, como le decimos ahora, sigue cumpliendo el designio que le impusiera Tupá, y cuando advierte algo extraño, levanta el vuelo y da el grito de alerta: "Yahá!, " "Yahá!"

FUENTE: El Mundo Guaraní.

lunes, 24 de marzo de 2008

"OTRAS" LLORONAS




La leyenda de la Llorona se extendió a otros lugares del país, manifestándose de diversas maneras. En algunos pueblos se decía que la llorona era una joven enamorada que había muerto en vísperas de la boda y traía al novio la corona de rosas blancas que nunca utilizó.

En otras partes, se creía que era una madre que venía a llorar a sus hijos huérfanos.
Algunos afirman que es una mujer que ahogó a uno de sus hijos y por la noche lo busca a lo largo de los riachuelos o quebradas, exhalando prolongados lamentos.

Otra descripción de la llorona es la siguiente:

Mujer de figura desagradable, alta y desmelenada, de vestido largo y rostro cadavérico. Con sus largos brazos sostiene a un niño muerto.

Pasa la noche llorando, sembrando con sus sollozos lastimeros, el terror en los campos, aldeas, y aún en las ciudades.

Se hace referencia a este personaje acorde con la tradición oral, donde se le define como una madre soltera que decidió no tener a su hijo y por eso aborta, acarreándole esto el castigo de escuchar permanentemente el llanto de su niño. Este castigo la desesperó y la obligó a deambular por el mundo sin encontrar sosiego, llorando, gimiendo e indagando por el paradero de su malogrado hijo.

Por: Knight

domingo, 23 de marzo de 2008

EL ORIGEN DE LA LLORONA




El antecedente mas conocido de la leyenda de la llorona tiene sus raíces en la mitología Azteca.

Una versión sostiene que es la diosa azteca Chihuacóatl, protectora de la raza.

Cuentan que antes de la conquista española, una figura femenina vestida de blanco comenzó a aparecer regularmente sobre las aguas del lago de Texcoco y a vagar por las colinas aterrorizando a los habitantes del gran Tenochtitlán.

"Ay, mis hijos, ¿dónde los llevaré para que escapen tan funesto destino?", se lamentaba.

Un grupo de sacerdotes decidió consultar viejos augurios. Los antiguos advirtieron que la diosa Chihuacóalt aparecería para anunciar la caída del imperio azteca a manos de hombres procedentes de Oriente. La aparición constituía el sexto presagio del fin de la civilización.

Con la llegada de los españoles al Continente Americano, y una vez consumada la conquista de Tenochtitlan, sede del Imperio Azteca, años más tarde y después de que murió Doña Marina, mejor conocida como la "Malinche" (joven azteca que se convirtió en amante del conquistador español Hernán Cortés), se decía que esta era la llorona, la que venía a penar del otro mundo por haber traicionado a los indios de su raza, ayudando a los extranjeros para que los sometieran.


Por: Knight