martes, 8 de abril de 2008

LA DOMINGA




Se cree en Chahal y en Chisec, área q'eqchi', que Tz¸ltak'a se enamoró de una mujer, llamada Dominga, a quien regaló una flor en señal de compromiso para que le fuera entregada al padre de la muchacha.

Cuando "la niña dio al padre la flor del Tz¸ltak'a, se convirtió en monja blanca de plata".

De este modo, el padre de la Dominga se convence que es Tz¸ltak'a el que desea casarse con su hija.

La muchacha se va a vivir con el Tuztaká al interior del cerro, después de realizar las ceremonias rituales correspondientes.

lunes, 7 de abril de 2008

“EL SACHAYOJ”


El Sachayoj es el numen protector de los árboles, el dueño del bosque. Vive en las profundidades de la selva bajo la figura de un hombre, se alimenta de frutos y animales y su cuerpo está cubierto de “sagasta o barba del monte”, una especie de alga verdosa y blanquecina.

Su aparición es siempre insólita. Con sus gritos, que semejan el golpe del hacha en el bosque, atrae para perder al “hachero” o “melero” que se aleja de sus semejantes.

Y quien no conozca la existencia del Sachayoj le toma por un hombre y va hacia él.

Pero, ¡guay! de aquel que osa contestar sus gritos o seguirle en los recovecos de la selva, ¡su perdición es segura! Así lo afirman los que le oyeron, llenos de temor y angustia.

Semejante a esta leyenda existe una deidad indígena que se llama Sacha maman o Madre del bosque, y su origen sería el eco del ruido que las hachas producen en el monte.

Un día, -refiere don Gabino Ledesma, de Villa Matará- el Sachayoj le gritó a un melero que llevaba dos perros para hacer cazar. Atemorizado se quedó. Pero los perros se metieron al monte ladrando. Al poco tiempo, uno de ellos regresó aullando lastimeramente, como perseguido por alguien, a quien, sin embargo, su dueño no pudo ver. Del otro perro no supo nunca más. “Dejuro lo llevaría el Sachayoj”.

Esta figuración mítica del numen tutelar del bosque, es de una moral ejemplificadora.

Tiende seguramente, a evitar la destrucción del árbol y de los productos de la selva.

Dr. Orestes Di Lullo, El Folklore de Santiago del Estero. Pág. 159.

domingo, 6 de abril de 2008

EL MERCADO ARMONÍA




El actual edificio fue inaugurado el 15 de Febrero de 1936.
Fue construido en el mismo terreno que ocupara el viejo mercado fundado por el Gobernador Absalón Rojas.
Se desarrolla en sentido longitudinal, eje este-oeste, paralelo a la calle Pellegrini. Posee una bóveda paraboidal de 100 metros de largo por 28 metros de ancho y 17 metros de altura.
A los costados de la misma posee dos naves con techos planos que totalizan, incluida la bóveda, 45 metros de frente. Dos plantas integran sus espacios de uso.
Originariamente en planta baja constaba con 276 puestos más 32 locales de comercio hacia el exterior.
Su infraestructura de apoyo se compone de cámaras frigoríficas, depósitos, oficinas de administración, baños, montacargas, etc.
Fue diseñado por el ingeniero Jorge Kalnay, con asesoramiento de empresas alemanas.
Pese a remodelaciones e incorporaciones de elementos extraños, conserva su majestuosidad.
[1] Lunes 23- Abr- 2007. Año IV Ed EL LIBERAL S.R.L. 2003 Santiago del Estero. Argentina.

sábado, 5 de abril de 2008

LA FLOR DEL AMATE


El amate es un árbol que no tiene flores ni frutos.

La leyenda dice que este árbol tiene un negro secreto oculto entre sus deformes ramas, y es que a las 12:00 de la noche en punto, en la copa de éste, nace una hermosa flor blanca, la cual cae al suelo y el hombre que logre agarrar esta flor, tendrá todo lo que quiera, amor, dinero y salud, pero no es tan fácil, pues la verdadera prueba es luchar contra el diablo, que es el dueño de esa flor.

Se dice que tiene que ser una lucha a muerte; si el Demonio gana, se lleva el alma de aquel hombre, pero si el hombre gana tendrá todo lo él quiera.

Nota:

El amate de El Salvador pertenece a la familia de las moráceas y al género ficus. De ellos hay por lo menos diez especies, que además son nativas.

* Es pariente de los arbustos también llamados ficus, del palo de hule, laurel de la india y del higo, entre otros, que han sido introducidas al país.

* En El Salvador existen varias especies de amates, los cuales se diferencian en la altura, el fuste (palo) y las raíces, entre otros.

* Crecen de preferencias en zonas más calientes.

* Su amplia copa puede alcanzar cincuenta metros de diámetro.

viernes, 4 de abril de 2008

JUSTO JUEZ DE LA NOCHE

Personaje de leyenda de El Salvador.

Según la tradición oral es un fantasma que se aparece a quienes deambulan por los caminos rurales a altas horas de la noche, otros lo describen montado sobre un caballo negro.

Según las narraciones esta aparición es un sujeto alto que no posee cabeza, en su lugar, aparece una columna de humo.

Quienes se han visto sorprendidos por el Justo Juez afirman haber sido advertidos de regresar a sus casas, puesto que la noche le pertenece a él.

Y en más de una ocasión el incauto es azotado a manera de reprimenda.

El Justo Juez pertenece al folklore de El Salvador.

"Seco como un árbol aniquilado por el bejuco matapalo, su rostro brilla levemente con la ceniza pálida de los siglos y sus ojos rojos tienen un fondo donde nos espera la locura o la muerte. Nadie más justo que el, sin embargo. De ahí su nombre. Solamente los fatuos, los necios y los obstinados deben temer su daño sin motivos especialmente graves”.
Roque Dalton, poeta.



En el año 2004 dentro de la serie "Leyendas de El Salvador”, la Dirección General de Correos del Salvador emitió un sello postal en su memoria.

jueves, 3 de abril de 2008

EL TABUDO


Esta leyenda es muy popular entre los pescadores, moradores y visitantes de los lagos y lagunas de El Salvador.

Parece ser que el dueño de una hermosa mansión localizada en el lago de Coatepeque salió a dar un paseo en una canoa artesanal; al estar cerca de la isla fue arrastrado por una corriente subterránea y llevado hasta los dominios de la diosa de agua dulce.

Nunca se le volvió a ver con vida.

A los pocos meses se apareció a las personas que cuidaban su propiedad y se las heredó. Ellos quedaron perplejos al verlo pues sus rodillas se habían ensanchado tanto que parecían un par de balones de fútbol, al igual que sus labios y se asemejaba a una criatura marina más que un ser humano. Las tabas son las rodillas y de ahí proviene el nombre.

El tabudo es como una especie de magnate submarino y cuando le agrada una persona, se les aparece aparentando ser un humilde pescador y se los lleva hasta lo más profundo del lago; a los hombres los convierte en enormes peces de colores y a las mujeres en sirenas de agua dulce.

miércoles, 2 de abril de 2008

LA CARRETA CHILLONA

Es una historia que supuestamente sucedió en un pueblecito situado en las faldas noroeste del Cerro Santa Catalina, San Esteban, del Departamento de San Vicente. Los lugareños creían en toda la gama fantasmagórica de la rica mitología salvadoreña, tal como la Siguanaba, el Cipitillo, el Duende, etc.

Esta Carreta Bruja le apareció a una mujer chismosa llamada Cirinla. Era una carreta del tamaño normal sin bueyes, pero en las puntas de los palos que componían el estacado llevaba una calavera humana con grotesca mueca de sonrisa.

La carga de la carretera consistía en un promontorio de cadáveres decapitados que se retorcían como tentáculos de mil pulpos.

Los arrieros, en vez de cabeza tenían un pequeño manojo de zacate. En la mano izquierda aseguraban una puya y en la mano derecha el mango de enorme látigo negro. Danzaban y haciendo estallar latigazos sobre los cuerpos gritaban y mencionaban los nombres de todas las personas en el pueblo que eran conocidas como mentirosas, falsas e hipócritas. Y mientras decía los nombres, los chicotazos sonaban como estampidos de balazos en los lomos desnudos de los cuerpos torturados.

Era tal la curiosidad de Cirinla que cuando escuchó el ruido de la Carreta Bruja salió de su casa a verla y su espanto fue tan grande que al día siguiente amaneció muerta encima de un charco de su propia sangre de curiosa, chismosa, revoltosa, criticona y juzgona.

Y desde entonces la Carreta Bruja ya no se escuchaba rodar sobre el suelo empedrado de las calles del apacible pueblecito.

martes, 1 de abril de 2008

LA CARRETA BRUJA



En épocas pasadas especialmente en noches muy oscuras, se aparecía por las ciudades y aldeas una vendedora ambulante que iba halando una carreta la cual se hallaba repleta de velas y candelas blancas. La gente que las necesitaba las compraba y cuando se disponían a pagarle a la mujer en un abrir y cerrar de ojos desaparecía.

Cuando llegaba el momento de encender las candelas, éstas se convertían en huesos.

La visita de aquel macabro personaje auguraba que alguien de la familia enfrentaría un grave peligro. Conforme fueron pasando los años siguen apareciendo más testigos de tan tétrica experiencia y cuentan que la mujer se aparece toda vestida de negro y opera principalmente cuando hay tormentas y apagones.

lunes, 31 de marzo de 2008

“COSAS DE MI PAGO”

¡Qué de cosas tiene el pago
qué al vivirlas se valoran!
Se comprenden,
se atesoran con los ojos del querer;
con los ojos del afecto
que no advierte los defectos
que mi pago, cómo tantos,
de seguro ha de tener…
¡Qué de cosas tienen el pago
en lo que hace a tradiciones!...
En su suelo,
todo entero,
un nidal del cancionero
con sus zambas, con sus gatos,
chacareras y canciones…
Más que cantos son poemas
donde cuajan en sus temas
las más puras, las más bellas,
las más sabias expresiones…
Con auténtico folklore
cuya estela nadie iguala.
¡Quiere cosas que más deja
que esos versos que emotivan
al tun tun de una vidala!
¡Qué cosas tiene el pago,
para todos los que arriban!
No son grandes maravillas…
Cosas simples y sencillas
que emocionan y cautivan.
Cual sus noches despejadas,
hondas, plácidas y bellas,
con su bóveda suprema:
que semeja una diadema
engarzada con estrellas…
¡Qué de cosas tiene el pago
que al vivirlas se valoran!
Quien se adentra en sus rincones;
quien convive con su gente,
ve surgir sus tradiciones
de esta tierra acogedora.
Tierras vírgenes y montes
febricientes de riquezas,
y que Aguirre bautizara
con palabra audaz y clara
como Tierra de promesas.
¡Qué de cosas tiene el pago
y perdonen que yo insista!...
¿Cómo quieren que no alabe
a este pueblo que le cabe,
con justicia ser laureado:
por noble y pacifista?
Pueblo manso, lindo y bueno…
De por ser hospitalario,
que prodiga la amistad
con entrega,
con amor.
Con sentido solidario,
con cariño y hermandad.
¡Qué cosas tiene el pago!...
Por las cuales lucharé.
Nunca… nunca dejaré
de contarle como lo hago,
de ofrendarle
día a día,
lo mejor que pueda darle;
mi modesta poesía
a las cosas de mi pago!
Tata Melcho

domingo, 30 de marzo de 2008

EL CIPITÍO


Llamado originalmente Cipit, y en la actualidad Cipitío o Cipitillo es un personaje de leyenda en El Salvador.

Nació de la relación que tuvo su madre Ziguet (Sihuet) (diosa Luna) con el dios Lucero de la Mañana, traicionando infielmente al dios Sol. Es por eso que el dios de dioses, Teotl condenó tanto a la madre como al hijo. A la madre la degradó de su categoría de diosa Luna a mujer errante y al niño le condenó a nunca crecer, y conservarse por siempre en la edad de once años.

Cipit es hijo de dioses, pero su aspecto es el de un niño de bajas condiciones sociales y económicas, con una deformación en los pies, teniéndolos revés, enorme barriga y con el poder de teletransportarse.

(Es de admirar que en épocas precolombinas, se tuviera claramente definido el concepto de teleportación).

Su alimentación está basada en comer cenizas y bananas.

Además la Mitología Cuscatleca lo ubica en la región de San Vicente.

Durante siglos, Cipit fue el dios de las relaciones prohibidas y adulteras, en la actualidad es un icono de la cultura salvadoreña donde es representado como un niño alegre y que vaga errante.

El Cipitío es un ser propio del folklore salvadoreño. La leyenda ha evolucionado de generación en generación, adaptando muchos de los elementos de la misma para no perder vigencia; aunque en el fondo, conserva la esencia ancestral.

El nombre viene del nahuat Cipit, que significa niño, de donde se deforma la palabra "Cipote" utilizada para nombrar a los infantes en El Salvador. De estatura acorde a sus eternos diez años, con barriga prominente, ropa de manta y un sombrero de palma puntiagudo y de grandes alas.

Se dice también que tiene los pies hacia atrás

Frecuenta los trapiches de las moliendas de caña, le gusta comer y bañarse con cenizas, también gusta de frecuentar ríos y es un eterno enamorado de las muchachas a las que constantemente les espía, silba, o arroja piedrecitas y flores

Aunque no es ofensivo, es hostigoso. Generalmente hace bromas con las cuales se burla de las personas, carcajeándose sonoramente. De igual manera, se ha escuchado mencionar en la lengua salvadoreña que cuando una chica es objeto de su hostigamiento, la solución para alejarlo es comer en el baño, frente a la taza de un inodoro; esto debido a que se supone que él siente asco fácilmente con los malos hábitos de las personas, en este caso las mujeres, por eso se supone que esta es la solución más efectiva cuando una mujer está siendo objeto de sus hostigamientos.

Según la Mitología Cuscatleca, él era el hijo de un romance prohibido entre la diosa Luna, Sihuet y el dios Lucero de la Mañana. El padre de la joven, el Dios Tlaloc, al enterarse dejó caer una maldición sobre hijo y madre.

Hay una serie televisiva, en la que Cipitío reconoce a su abuelo, con quien se comunica cuando tiene problemas.

sábado, 29 de marzo de 2008

EL DUENDE


El Duende es un espíritu enamorado que siempre busca a las mujeres jóvenes y bonitas, a las cuales no deja en paz hasta que hacen algo desagradable para él.
Esto puede ser no bañarse o hacer cosas antihigiénicas.

Este espíritu no deja tranquila a la muchacha bonita que escoge por medio de ruidos por las noches, brisas y aromas, hasta causar que se quede solterona.

Pero en cuanto la joven realice actividades antihigiénicas el Duende se retira no sin antes causar un ruido estruendoso y soltar una carcajada.

viernes, 28 de marzo de 2008

LA DESCARNADA


Abundan los testigos que afirman haber tenido una experiencia tétrica con una hermosa mujer que se aparecía pidiendo ride o aventón en la carretera que conduce de Santa Ana a Chalchuapa.

La mujer en primera instancia se aparecía en la orilla de la calle con una vestimenta provocativa y con una actitud sensual y audaz llamaba la atención de los incautos que eran atraídos por su belleza y coquetería.

Cuando los conductores le preguntaban hacía donde se dirigía, ella les contestaba que a unos pocos kilómetros del lugar, entonces se montaba al auto y comenzaba a seducirlos. Cuando los hombres empezaban a tocarla y besarla, entonces sucedía algo espantoso, la piel se desprendía de su cuerpo hasta quedar totalmente convertida en pocos segundos en un esqueleto humano.

Minutos después sus víctimas eran encontradas en estado de total confusión y únicamente recordaban los instantes en que aquella escena tenebrosa había ocurrido.

Según los moradores del lugar, el espíritu de una bruja maligna es el protagonista de la lúgubre aparición.

jueves, 27 de marzo de 2008

TATUANA


La Tatuana fue una mujer que según cuentan tuvo realidad física en la ciudad de Santiago y que fue trasladada para la tradición oral a la Nueva Guatemala de la Asunción.

Se la menciona desde el período colonial hasta la década de los 30 en el siglo XIX.

Estudiosos de diversas épocas la refieren con certeza, entre ellos Ramón A. Salazar, Adrián Recinos. En tanto que José Milla incorpora el personaje a una de sus novelas históricas. “La Tatuana En La Nueva Guatemala De La Asunción”.

Había en la ciudad de Guatemala, a inicio del siglo XIX, una señora viuda que vivía en el barrio del Calvario, en medio de la mayor pobreza. Sus vecinos casi no le hablaban, pues creían que era una bruja.

Un día le pidió a la dueña de la tienda que le diera el pan a crédito, pero ésta como siempre se negó a hacerlo. Entonces la mujer le dijo:“Yo sé que su marido se fue de su lado, pero yo puedo arreglarle que vuelva con Ud. Tenga este cuerito, a las 8 de la noche llámelo por su nombre, golpee con él 3 veces la almohada y guárdelo debajo de ella”.
Agradecida la tendera le dio un canasto lleno de verduras.

En la noche hizo lo que la mujer le había aconsejado y en el acto se presentó su marido. Mientras tuvo el objeto su marido permaneció fiel.

Pasados cuatro días la extraña mujer se asomó a la tienda y le pidió el cuerito.

La tendera protestó: “Vea Ud, que mi marido se me volverá a ir”.

La viuda le contestó que lo usaría para otro trabajo.

La tendera se lo dio y ese mismo día su marido se fue de la casa.

Enojada la vecina la acusó de bruja, se fue con las autoridades y al cura de la iglesia. Entre todos decidieron llevarla a la cárcel. Pero ella, burlándose de quienes la tenían prisionera, organizó un plan de escape.

Con un trozo de carbón dibujó un barquito en la pared de la bartolina, se subió a él, pronunció algunas palabras mágicas y huyó.

En su lugar quedó un intenso olor a azufre. En adelante nadie volvió a saber nada de la extraña mujer, a quienes todos recuerdan como la Tatuana.

Por otro lado, algunos historiadores refieren que este personaje tiene sus antecedentes en los últimos años de la ciudad de Santiago de los Caballeros.

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2009/04/la-tatuana.html

miércoles, 26 de marzo de 2008

“LA GUERRA DEL SAPO CON EL TIGRE”.




El Tigre después de hartarse con alguna presa, acostumbraba ir a tomar agua de un pozo que había en el medio del monte, donde después podía echarse a dormir una buena siesta, sin que nadie lo molestara.

Bueno, un día, eso que estaba tomando agua, de repente...

-¡Ep amigo! Vea donde se mete... ¡Mire que hay gente! –Oye que le gritan de entre las patas.

-¡Ooooh, que jorobar! –dijo el Tigre pegando un salto... Yo que había creído que era un guano de vaca.

-¿Qué? ¡No se pase, le digo! ¡No porque me vea petiso le voy a permitir que se burle de mí! –Contestó hinchándose el Sapo.


-¡Buah! Salga de ahí hombre. Que vas a hacer con esa traza de... de montón de... bueno, de cosa fiera.

–Y bueno ya está –aceptó tranquilo el Tigre- decí nomás cuándo y dónde querés que peliemos.

Y allí no más fijaron fecha y lugar para la batalla.

El Tigre convocó a todas las fieras de la selva; leones, osos, chanchos del monte, zorrinos; y ha resuelto llevar de asistente a su sobrino El Zorro, por juzgarlo más diablo que todos.

El Sapo por su parte reunió a todas las avispas del monte, lechiguanas, guaycurús, caranes, carán colorado, carán negro y demás.

Como ya faltaba un día para la topada, dizque el Tigre había mandado a su asistente y sobrino a ver si ya estaba listo el Sapo.

-¡Como nó! ¡Que vengan nomás! –había contestado el Sapo muy seguro.

Al otro día al amanecer (cancha-cancha o alumbrando, dice el paisano), ya habían partido al encuentro los dos ejércitos.

Como bramido se oía el zumbido de la gente del Sapo, ¡que venían tapando el monte!

¡Por su parte la gente del Tigre dizque venían haciendo crujir los dientes, como si tostaran, arando el suelo con las garras, afilando los colmillos en los troncos, rugiendo muy fieramente!

Entre tanto el Zorro, que parece que ya había empezado a maliciar no sé que, dizque cada vez más atrás venía quejándose...

-¿Mi sobrino? ¿Mi asistente? –dizque el Tigre preguntando a cada rato.

-¡Aquí estoy yendo, Tío!... –dizque que contestaba el asistente, pero cada vez más lejos.

Hasta que los ejércitos llegaron al campo de batalla.

Y entonces el Tigre ordenó a su gente: ¡Muchachos, ataquen!

Y las fieras se lanzaron a la carga rugiendo.

¡Atropellen! –había mandado el Sapo por su parte.

¡Y ahí nomás los enjambres del Sapo habían tapado a las tropas del Tigre!

Revolcándose dizque andaban éstas, ¡sin poderse hacerse soltar de las avispas!, ¡y el Tigre mismo enloquecido!

-¡Socorro, sobrino! ¡Por favor defiéndame! –dizque le gritaba a su asistente.

Y el Zorro, de entre medio de unos yuyos: -¡Al agua Jefe!... ¡Al agua Tío!... –dizque le gritaba; pero el pobre Tigre, enloquecido no oía nada.

Hasta que desesperado el Tigre había conseguido meterse a una laguna que había por ahí, y zambulléndose, zafarse por fin de las avispas.

Cuando al rato asoma la cabeza, ¡ya dizque ni un solo de sus muchachos podía ser hallado por aquellos lugares!...


Bernardo Canal Feijoo "La Leyenda Anónima Argentina". La Saga Popular.

martes, 25 de marzo de 2008

YAHÁ, YAHÁ


EL CHAJÁ:

El anciano Aguará era el Cacique de una tribu guaraní. En su juventud, el valor y la fortaleza lo distinguieron entre todos; pero ahora, débil y enfermo, buscaba el consejo y el apoyo de su única hija, Taca, que con decisión acompañaba al padre en sus tareas de jefe.
Taca manejaba el arco con toda maestría, y en las partidas de caza, a ella correspondían las mejores piezas, constituyendo el trofeo de su arrojo ante el peligro.
Todos la admiraban por su destreza y la querían por su bondad. Muchas veces había salvado a la tribu en momentos de peligro, reemplazando al padre que, por la edad y su salud resentida, estaba incapacitado para hacerlo.
Aparte de todas estas condiciones, Taca era muy bella. De color moreno cobrizo su piel, tenía ojos negros y expresivos, y en su boca, de gesto decidido y enérgico, siempre brillaba una sonrisa. Dos largas trenzas negras le caían a los lados del rostro. Un tipoy cubría su cuerpo hasta los tobillos, y con una faja de colores que los guaraníes llamaban chumbé, lo ceñía a la cintura.
Las madres de la tribu acudían a ella cuando sus hijos se hallaban en peligro, seguras de encontrar el remedio que los salvara.
Era la protectora dispuesta siempre a sacrificarse en beneficio de la tribu. Los jóvenes admiraban su bondad y su belleza, y muchos solicitaron al Cacique el honor de casarse con tan hermosa doncella. Pero Taca rechazaba a todos.
Su corazón le pertenecía. Ará-Naró, un valiente guerrero que en esos momentos se hallaba cazando en las selvas del norte, era su novio y pensaban casarse cuando él regresara. Entonces el viejo Cacique tendría, en su nuevo hijo, quien lo reemplazase en las tareas de jefe.
La vida de la tribu transcurría serena; pero un día, tres jóvenes: Petig, Carumbé y Pindó, que salieron en busca de miel de lechiguana, volvieron azorados trayendo una horrible noticia. Al llegar al bosque en busca de panales, cada uno de ellos había tomado una dirección distinta. Se hallaban entregados a la tarea, cuando oyeron gritos desgarradores. Era Petig, que, sin tiempo ni armas para defenderse, había sido atacado por un jaguar cebado con carne humana y nada pudieron hacer los compañeros para salvarlo, pues ya era tarde.
El jaguar había dado muerte al indio y lo destrozaba con sus garras.
Carumbé y Pindó no tuvieron más remedio que huir y ponerse a salvo.
Así habían llegado, jadeantes y sudorosos, a dar cuenta de lo sucedido.
Esta noticia causó estupor y miedo en la tribu, pues hasta entonces ningún animal salvaje se había acercado al bosque donde ellos acostumbraban ir a buscar frutos de banano, de algarrobo y de mburucuyá, que les servían de alimento.
Desde ese día no hubo tranquilidad en la tribu. Se tomaron precauciones; pero el jaguar merodeaba continuamente y muchas fueron las víctimas del sanguinario animal.
El Consejo de Ancianos se reunió para tomar una determinación que pusiera fin a semejante amenaza de peligro para todos. Y decidieron: era necesario dar muerte a quien tantas muertes había producido. Para conseguirlo, un grupo de valientes debía buscar y hacer frente a la terrible fiera, hasta terminar con ella.
El Cacique aprobó la determinación de los Ancianos. Pidió a los jóvenes de la tribu que quisieran llevar a cabo esta empresa, se presentaran ante él.
Grande fue la sorpresa del jefe cuando vio aparecer en su toldo a un solo muchacho: Pirá-U.
De los demás, ninguno quiso exponer su vida.
Pirá-U sentía gran admiración y un gran reconocimiento hacia el viejo Cacique.
En cierta ocasión, hacía muchos años, Aguará había salvado la vida de su padre, de quien era gran amigo. Fue un verdadero acto de heroísmo el cumplido por el valiente Cacique, con peligro de su propia vida. Desde entonces, nada había que Pirá-U, agradecido, no hiciera por el viejo Aguará.
P eso, ésta era una espléndida oportunidad para demostrarlo.
Él sería el encargado de librar a la tribu de tan terrible amenaza.
Así fue que Pirá-Ú, sin ayuda de nadie, confiando en su valor y en la fuerza que le prestaba el agradecimiento, partió a cumplir tan temeraria empresa.
Gran ansiedad reinó en la tribu al siguiente día.
Todos esperaban al valiente muchacho, deseosos de verlo llegar con la piel del feroz enemigo. Pero las esperanzas se desvanecieron. Pasó ese día y otros más y Pirá-U no regresó. Había sido una nueva víctima del jaguar.
Nuevamente se reunió el Consejo y nuevamente se pidió la ayuda de los jóvenes guerreros. Pero esta vez nadie respondió, nadie se presentó ante el Cacique.
Era increíble que ellos que habían dado tantas veces pruebas de valor y de audacia, se mostraran tan cobardes en esta ocasión.
Taca, indignada, reunió al pueblo, y en términos duros y con ademán enérgico, les dijo: Me avergüenzo de pertenecer a esta tribu de cobardes. Segura estoy de que si Ará-Naró estuviera entre nosotros, él se encargaría de dar muerte al sanguinario animal. Pero en vista de que ninguno de ustedes es capaz de hacerlo, yo iré al bosque y yo traeré su piel. Vergüenza os dará reconocer que una mujer tuvo más valor que ustedes, cobardes!
Así diciendo entró en su toldo. El padre, que se hallaba postrado por la enfermedad, se oponía a que su hija llevara a cabo una empresa tan peligrosa.
Hija mía -le dijo- tu decisión me honra y me demuestra una vez más que eres digna de tus antepasados. Mi orgullo de padre es muy grande. Te quiero y te admiro; pero la tribu te necesita. Mi salud no me permite ser como antes y sin tu apoyo no podría gobernar.
Padre, los dioses me ayudarán y yo volveré triunfante. Si permitimos que el animal continúe con sus desmanes no podremos llegar al bosquecillo en busca de alimentos, y la vida aquí será imposible.
Hija mía; otros deben dar muerte al jaguar. Tú eres necesaria en la tribu y no es muy seguro que te libres de morir entre las garras de la fiera.
Padre, tus súbditos han demostrado ser cobardes. Creen que el yaguareté es un enviado de Añá para terminar con nosotros, y temen enfrentarlo. Yo debo salvar a la tribu. ¡Permite q vaya, pdre mío!
El anciano tuvo q acceder. Las razones que le daba su hija eran justas y claras y no había otra manera de librarse de enemigo tan cruel.
Taca empezó los preparativos para ponerse en viaje ese mismo día al atardecer.
Cuando se disponía a partir, varios jóvenes trajeron la noticia de que los cazadores que partieran hacía ya una luna, se acercaban.
Estaban a corta distancia de los toldos.
Fue para Taca una noticia que la lleno de placer y de esperanza. Entre los cazadores venía Ará-Ñaro, su novio, y él podría acompañarla para dar muerte al jaguar.
Impacientes esperaban la llegada de los bravos cazadores, los que se presentaron cargados de innumerables animales muertos, pieles y plumas, conseguidos después de tantos sacrificios y de tantos peligros.
Fueron recibidos con gritos de alegría y de entusiasmo por toda la tribu que se había reunido cerca del toldo del Cacique.
Junto a la entrada se encontraba éste con su hija Taca, rodeados por los ancianos del Consejo.
El viejo Aguará saludó con todo cariño a los valientes muchachos, que se apresuraron a poner a sus pies las piezas más hermosas.
Ará-Naró, después de agasajar al Jefe, se dirigió a Taca, y como una prueba de su gran amor, le ofreció el presente que le tenía dedicado: una colección de las más vistosas y brillantes plumas de aves del paraíso, de tucán, de cisne, de garza y de flamenco.
El gozo y la satisfacción se pintaron en el rostro de la doncella, que con una suave sonrisa agradeció el obsequio.
Después, cada uno se retiró a su toldo. Aguará, Taca y Ará-Naró quedaron solos.
El sol se había ocultado detrás de los árboles del bosquecillo cercano. Un reflejo rojo y oro teñía las nubes, y como venido de lejos se oyó el grito lastimero del urutaú.
En ese momento, el viejo Cacique comunicó a Ará-Naró la decisión de su hija. Hijo mío, le dijo: un jaguar cebado con sangre humana ha hecho muchas víctimas entre nuestro pueblo. El primero fue Petig, que tomado desprevenido, murió deshecho por la fiera. Después Saeyú y otros que, confiados, fueron al bosque en busca de alimentos. Se decidió dar muerte al sanguinario animal; pero Pirá-Ú, encargado de ello, no ha vuelto. Fue, sin duda, una víctima más. Y ahora nadie quiere hacer frente a tan terrible enemigo. Todos le temen creyéndolo un enviado de Añá, imposible de vencer. Taca, por su parte, ha decidido ser ella quien termine con el jaguar, y piensa partir ahora mismo.
Taca, eso no es posible- dijo resuelto Ara-Ñaro-. Esa no es empresa para ti. Y los guerreros de nuestra tribu: ¿Qué hacen? ¿Cómo permiten que una doncella los aventaje en valor y los reemplace en sus obligaciones?
Los jóvenes temen a Añá, y no quieren atacar a quien creen su enviado.
Taca, ¡no irás! Seré yo quien dé muerte al jaguar, y su piel será una ofrenda más de mi amor hacia ti.
No podrá ser, Ará-Ñaró. ¡He dado mi palabra y voy a cumplirla! Dentro de 1 instante saldré en busca del jaguar, y cuando vuelva gritaré una vez más su cobardía a los súbditos del valiente Aguará.
No has de ir sola, Taca. Espera un instante y yo te acompañaré.
Ya debo partir, Ará-Ñaro; “yahá!”, yahá!”, ¡vamos!, ¡vamos!
Pronto se reunió Ará-Ñaró a su prometida, y cuando la luna envió su luz sobre la tierra, ellos marchaban en pos del enemigo de la tribu.
La esperanza de terminar con él los alentaba. Cuando llegaron al bosque, Ará-Ñaró aconsejó prudencia a su compañera, pero ella, en el deseo de terminar de una vez por todas con el carnívoro, adelantándose, lo animaba: -“yahá!”, “yahá!”
Cerca de un ñandubay se detuvieron. Habían oído un rozamiento en la hierba.
Supusieron que el jaguar estaba cerca. Y no se equivocaban.
Saliendo de un matorral vieron dos puntos luminosos que parecían despedir fuego. Eran los ojos de la fiera, que buscaba a quienes pretendían hacerle frente.
Con paso felino se iba acercando, cuando Ara­Naró, haciendo a un lado a su novia y obligándola á guarecerse detrás de un añoso árbol, se dirigió, decidido, hacia la fiera. Fueron momentos trágicos los que se sucedieron.
¡El hombre y la fiera luchando p su vida! Ará-Naró era fuerte y valiente, pero el jaguar, con toda fiereza, lanzó un rugido salvaje.
Taca, que desde su escondite seguía con ansiedad una lucha tan desigual, se estremeció.
Un zarpazo desgarró el cuello del valiente indio y lo arrojó a tierra. Con él rodó la fiera enfurecida y poderosa. Taca dio un grito, y de un salto estuvo al lado del animal ensangrentado, que se trabó en pelea con su nueva atacante.
Pero fue en vano.
En esa prueba de valiente, ninguno salió triunfante. Taca, Ará-Ñaró y el jaguar pagaron con su vida el heroísmo que los llevó a la lucha.
Pasaron los días. En la tribu se tuvo el convencimiento de la muerte de los jóvenes prometidos.
El viejo Cacique, cuya tristeza era cada vez mayor, fue consumiéndose día a día, hasta que Tupá, condolido de su desventura, le quitó la vida.
Todos lloraron al anciano Aguará, que había sido bueno y valiente, y de quien la tribu recibiera tantos beneficios.
Prepararon una gran urna de barro, y después de colocar en ella el cuerpo del Cacique, pusieron sus prendas y, como era costumbre, provisiones de comida y bebida.
En el momento de enterrarlo, en el lugar que le había servido de vivienda, una pareja de aves, hasta entonces desconocidas, hizo su aparición gritando:
“Yahá!”, “Yahá!”
Eran Taca y Ará-Naró, que convertidos en aves por Tupá, volvían a la tribu de sus hermanos.
Ellos los habían librado del feroz enemigo, y desde ahora serían sus eternos guardianes, encargados de vigilar y dar aviso cuando vieran acercarse algún peligro.
Por eso, el chajá, como le decimos ahora, sigue cumpliendo el designio que le impusiera Tupá, y cuando advierte algo extraño, levanta el vuelo y da el grito de alerta: "Yahá!, " "Yahá!"

FUENTE: El Mundo Guaraní.

lunes, 24 de marzo de 2008

"OTRAS" LLORONAS




La leyenda de la Llorona se extendió a otros lugares del país, manifestándose de diversas maneras. En algunos pueblos se decía que la llorona era una joven enamorada que había muerto en vísperas de la boda y traía al novio la corona de rosas blancas que nunca utilizó.

En otras partes, se creía que era una madre que venía a llorar a sus hijos huérfanos.
Algunos afirman que es una mujer que ahogó a uno de sus hijos y por la noche lo busca a lo largo de los riachuelos o quebradas, exhalando prolongados lamentos.

Otra descripción de la llorona es la siguiente:

Mujer de figura desagradable, alta y desmelenada, de vestido largo y rostro cadavérico. Con sus largos brazos sostiene a un niño muerto.

Pasa la noche llorando, sembrando con sus sollozos lastimeros, el terror en los campos, aldeas, y aún en las ciudades.

Se hace referencia a este personaje acorde con la tradición oral, donde se le define como una madre soltera que decidió no tener a su hijo y por eso aborta, acarreándole esto el castigo de escuchar permanentemente el llanto de su niño. Este castigo la desesperó y la obligó a deambular por el mundo sin encontrar sosiego, llorando, gimiendo e indagando por el paradero de su malogrado hijo.

Por: Knight

domingo, 23 de marzo de 2008

EL ORIGEN DE LA LLORONA




El antecedente mas conocido de la leyenda de la llorona tiene sus raíces en la mitología Azteca.

Una versión sostiene que es la diosa azteca Chihuacóatl, protectora de la raza.

Cuentan que antes de la conquista española, una figura femenina vestida de blanco comenzó a aparecer regularmente sobre las aguas del lago de Texcoco y a vagar por las colinas aterrorizando a los habitantes del gran Tenochtitlán.

"Ay, mis hijos, ¿dónde los llevaré para que escapen tan funesto destino?", se lamentaba.

Un grupo de sacerdotes decidió consultar viejos augurios. Los antiguos advirtieron que la diosa Chihuacóalt aparecería para anunciar la caída del imperio azteca a manos de hombres procedentes de Oriente. La aparición constituía el sexto presagio del fin de la civilización.

Con la llegada de los españoles al Continente Americano, y una vez consumada la conquista de Tenochtitlan, sede del Imperio Azteca, años más tarde y después de que murió Doña Marina, mejor conocida como la "Malinche" (joven azteca que se convirtió en amante del conquistador español Hernán Cortés), se decía que esta era la llorona, la que venía a penar del otro mundo por haber traicionado a los indios de su raza, ayudando a los extranjeros para que los sometieran.


Por: Knight

sábado, 22 de marzo de 2008

COMUNIDADES ABORÍGENES ACTUALES


Al mirar el mapa de los pueblos indígenas del mundo, tal vez nos sorprende una población tan importante.

Todos esos pueblos hermanos, a pesar de las diferencias geográficas, de las distintas realidades sociales donde viven, mantienen: sus sistemas de valores, una cosmovisión propia, una identidad propia, estilos de vida sostenibles respecto a la naturaleza, una historia de marginación y resistencia para evitar la asimilación a la sociedad general, una larga lucha por sobrevivir a tanta opresión antigua y a condiciones adversas y difíciles en la actualidad.

Esa identidad cultural propia les permite desarrollar costumbres, normas, organizaciones sociales, políticas y religiosas propias.

En Argentina, el tronco del árbol indígena crece con fuerza.

Ellos son:

Chiriguanos
Chorotes
Chulupies
Diaguitas
Guaraníes
Kollas
Mapuches
Mocovíes
Onas

Pampas
Pilagás
Ranqueles
Tapietes
Tehuelches
Tobas
Wichi

Entre otros.



viernes, 21 de marzo de 2008

LA LLORONA - UN ALMA EN PENA


Consumada la conquista y poco más o menos a mediados del siglo XVI, los vecinos de la ciudad de México se recogían en sus casas con el toque de queda, avisado por las campanas de la primera Catedral; a media noche y principalmente cuando había luna, despertaban espantados al oír en la calle, tristes y prolongadísimos gemidos, lanzados por una mujer a quien afligía, sin duda, honda pena moral o tremendo dolor físico.

Las primeras noches, los vecinos se resignaban a santiguarse por el temor que les causaban aquellos lúgubres gemidos, que según ellos, pertenecían un ánima del otro mundo; pero fueron tantos y tan repetidos y se prolongaron por tanto tiempo, que algunos osados quisieron cerciorarse con sus propios ojos qué era aquello; y primero desde las puertas entornadas, de las ventanas o balcones, y enseguida atreviéndose a salir a las calles, lograron ver a la que, en el silencio de las oscuras noches o en aquellas en que la luz pálida de la luna caía como un manto vaporoso lanzaba agudos y agónicos gemidos.

Vestía la mujer un traje blanco y un espeso velo cubría su rostro. Con lentos y callados pasos recorría muchas calles de la ciudad, cada noche tomaba distintas calles, pero siempre pasaba por la Plaza Mayor (hoy conocida como el Zócalo de la Capital), donde se detenía e hincada de rodillas, daba el último angustioso y lánguido lamento en dirección al Oriente; después continuaba con el paso lento y pausado hacia el mismo rumbo y al llegar a orillas del lago, que en ese tiempo penetraba dentro de algunos barrios, como una sombra se desvanecía entre sus aguas.

"La hora avanzada de la noche, el silencio y la soledad de las calles y plazas, el traje, el aire, el pausado andar de aquella mujer misteriosa y, sobre todo, lo penetrante, agudo y prolongado de su gemido, que daba siempre cayendo en tierra de rodillas, formaba un conjunto que aterrorizaba a cuantos la veían y oían, y no pocos de los conquistadores valerosos y esforzados, quedaban en presencia de aquella mujer, mudos, pálidos y fríos, como de mármol. Los más animosos apenas se atrevían a seguirla a larga distancia, aprovechando la claridad de la luna, sin lograr otra cosa que verla desaparecer llegando al lago, como si se sumergiera entre las aguas, y no pudiéndose averiguar más de ella, e ignorándose quién era, de dónde venía y a dónde iba, se le dio el nombre de La Llorona."
Por: Knight

jueves, 20 de marzo de 2008

LA LLORONA


Aunque es una leyenda originaria de México, sus llantos han traspasado las fronteras y en más de una oportunidad escuché su llanto en las calles Salvadoreñas, recuerdo como si fuera ayer una noche que dormía en la cama de mi hermana, era la pieza trasera, contigua a la escalera, daba hacia el callejón, tenía 7 años, me costaba dormirme en esa pieza, habían unas muñecas tenebrosas, con trajes brillantes, me daban miedo, desperté para ir al baño, cuando al volver a acostarme empiezo a escuchar un llanto estremecedor, era el llanto femenino de alguien que sufría mucho, uno podría pensar de que era el viento, pero no, esa noche no había viento, abrí la ventana y pude escuchar más claramente el llanto, se me pararon todos los pelos del cuerpo y un escalofrío recorrió mi espalda, fui a despertar a mis padres, pero no me pescaron, me acosté en la cama de ellos y no pude dormir en toda la noche, escuché los alardes por más de una hora y luego un silencio sepulcral.

Por Francisco Esquivel Tapia
San Salvador.

miércoles, 19 de marzo de 2008

EL MITO DE LAS AMAZONAS

Peter Paul Rubens

Las Amazonas eran un pueblo de sólo mujeres descendientes de Ares, dios de la guerra y de la ninfa Harmonía.

Se ubicaban a veces al norte, otras en las llanuras del Cáucaso, y otras en las llanuras de la orilla izquierda del Danubio.

En su gobierno no interviene ningún hombre, y como jefe tienen una reina.

La presencia de los hombres era permitida siempre que desempeñaran trabajos de servidumbre.

Para perpetuar la raza se unían con extranjeros, pero sólo conservaban a las niñas.

Si nacían varones, se cuenta en algunas versiones, que los mutilaban dejándolos ciegos y cojos.

Otras fuentes indican que los mataban.

Por decreto, a todas las niñas les cortaban un seno, para facilitarles el uso del arco y el manejo de la lanza. De esta costumbre proviene su nombre 'amazonas' del griego 'amazwn' que significa 'las que no tienen seno'.

Eran un pueblo muy guerrero, por lo que su diosa principal era Artemisa, la cazadora. Debido a esto, se les atribuía la fundación de Éfeso y la construcción del Gran Templo de Artemisa.

De este pueblo, hay muchas leyendas donde grandes héroes tuvieron que enfrentarse a ellas. Por ejemplo, Belerofonte quien luchó contra ellas por mandato de Yóbates.

Una de las más conocidas es cuando Heracles (Hércules) cumple la misión que le asigna Euristeo, y se dirige a las márgenes del Termodonte a adueñarse del cinturón de Hipólita, reina de las amazonas. Ésta consintió en entregarle el cinturón a Heracles, pero la celosa Hera (esposa del dios Zeus) provocó una rebelión entre las Amazonas, y Heracles tuvo que matar a Hipólita. Teseo que acompañaba a Heracles en su misión, se llevó a Antíope, una de las amazonas. Ellas, molestas por este atrevimiento y para vengar el rapto, hicieron la guerra contra Atenas, pero fueron derrotadas por los atenienses que estaban liderados por Teseo.

Otra hazaña legendaria que las involucra, es la ayuda que le brindaron a los troyanos durante la guerra de Troya. Pentesilea, reina amazona, envió un grupo de apoyo a Príamo, rey troyano. Aquiles dio muerte a Pentesilea, quien antes de morir, hizo que éste se enamorara perdidamente de ella, lo que le infundió gran sufrimiento.

Dejando de lado la parte mitológica, las Amazonas sí existieron. Se trataba de una tribu de mujeres independientes que estaban diseminadas por toda Grecia.

Vivieron durante mil años en las zonas boscosas de este país, y rara vez se las veía por los acantilados o por el mar.

No es cierto que cercenaban uno de sus senos para poder manejar mejor el arco y la flecha, sino que se lo apretaban con fibras para que nos les molestara al usar sus armas.

Con respecto a que tomaban prisioneros a los hombres y luego de utilizarlos para procrear los mataban, es cierto, pero lo hacían fundamentalmente para que no dieran a conocer su escondite.

No le tenían fobia al hombre, sino que lo consideraban un ser más débil e inferior a ellas, por lo que no admitían su supremacía.

Llegaron a ser dos mil y existieron aproximadamente durante un milenio.

Horacio Velmont.

martes, 18 de marzo de 2008

EL FUTRE. I

Dibujo Jorge Bernard.

Una de las versiones más difundidas se remite a principios del siglo XX, momento de la construcción del Ferrocarril Trasandino en la montaña mendocina, y habla de un personaje inglés elegantemente vestido (de allí que los lugareños lo llamaran futre) que se ocupaba de los pagos del personal que trabajaba en la obra. Según relatan, este hombre vestido de negro con un sombreo de copa, se había instalado algunos días en las cercanías de la actual villa Las Cuevas para realizar los pagos a los trabajadores, cuando en plena noche fue asaltado por unos delincuentes.

Los malhechores lo mataron y robaron el dinero correspondiente al pago de los trabajadores.

Cuenta la leyenda que desde aquel entonces, por las noches, este personaje se aparece a quienes recorren las montañas mendocinas, se acerca, y les pregunta por su dinero robado para desaparecer luego misteriosamente en la oscura noche.

El nombre Futre viene del sobrenombre de este personaje, de apellido FOSTER, actualmente enterrado en el cementerio de Uspallata.

Otra versión, más conocida en el ambiente popular, habla de un trabajador ferroviario de nacionalidad Chilena, contratado con otros para construir el trazado del Ferrocarril Trasandino, que luego de cobrar su salario semanal concurrió como se acostumbraba a un bar (boliche) de la zona para darse unos tragos.

Al salir, totalmente alcoholizado, e incapaz de llegar a los dormitorios del obrador, se tumbó a dormir al descampado, dejando el cuello sobre uno de los rieles que se estaban tendiendo.

Desafortunadamente uno de los vehículos de servicio que circulaban ocasionalmente por ellos pasó en ese momento, seccionando por completo su cabeza. Aseguran que desde entonces su fantasma vaga en la noche por los cerros cargando su propia cabeza en una mano, amenazando de muerte a quien se cruza con él, mientras que otros aseguran que se trata de un espectro inofensivo que solo clama por un convite.

Otras versiones que hablan de un caballero que perdió su fortuna, y otras de un caballero que fue asesinado en un ajuste de cuentas, debido a una mujer.

Aparece en las noches de luna y en las noches oscuras, y aquellos que lo han visto, dicen que parece estar buscando algo...



lunes, 17 de marzo de 2008

LA ALGARROBA




En tiempos de los Incas. Los quichuas adoraban con sumo respeto y con las principales honras a Viracocha, señor supremo del reino. También adoraban a Inti, a las estrellas, al trueno y a la tierra.

Conocían a esta última con el nombre de Pachamama, que es como decir “Madre Tierra” y a ella acudían para pedir abundantes cosechas, la feliz realización de una empresa, caza numerosa, protección para las enfermedades, para el granizo, para el viento helado, la niebla y para todo lo que podía ser causa de desgracia o sinsabor.

Levantaban en su honor altares o monumentos a lo largo de los caminos.

Los llamaban apachetas y consistían en una cantidad de piedras amontonadas unas encima de las otras, formando un pequeño montículo.

Allí se detenía el indio a orar, a encomendarse a la Pachamama, cuando pasaba por el camino al alejarse del lugar por tiempo indeterminado o simplemente cuando se dirigía al valle llevando sus animales a pastar.

Para ponerse bajo la protección de la Pachamama, depositaba en la apacheta, coca, Ilicta, o cualquier alimento que tuviera en gran estima, seguro de conseguir el pedido hecho a la divinidad.

Respetuoso de la tradición y de las costumbres, el pueblo quichua jamás había olvidado sus obligaciones hacia los dioses que regían sus vidas.

Pero llegó un tiempo de gran abundancia en que los campos sembrados de maíz eran vergeles maravillosos que daban copiosa cosecha, la tierra se prodigaba con exuberancia y la ociosidad fue apoderándose de ese pueblo laborioso que, olvidando sus obligaciones, abandonó poco a poco el trabajo para dedicarse a la holganza, al vicio y a la orgía.

Se desperdiciaba el alimento que tan poco costaba conseguir, y con las espigas de maíz, que las plantas entregaban sin tasa, fabricaban chicha con la que llenaban vasijas en cantidades nunca vistas.

Fue una época sin precedentes.

El vicio dominaba a hombres y mujeres. Ellos, en su inconsciencia, sólo pensaban en entregarse a los placeres bebiendo de continuo y con exceso, comiendo en la misma forma y danzando durante todo el tiempo que no dedicaban al sueño o al descanso.

Los depósitos repletos proveían del alimento necesario y nadie pensó que esa fuente que les proporcionaba granos y frutos en abundancia, se agotaría alguna vez.

El desenfreno continuaba y nada había que llamara a ese pueblo a la reflexión y a la vida ordenada y normal.

Llegó la época en que se hacía imprescindible sembrar, si se pretendía cosechar.

Pero nadie pensaba en ello.

Inti, entonces, al comprobar que el pueblo desagradecido olvidaba los favores brindados por la Pachamama, queriendo darles su merecido, resolvió castigarlos.

Con el calor de sus rayos, que envió a la tierra como dardos de fuego, secó los ríos y lagunas, los lagos y las vertientes, y como consecuencia, la tierra se endureció, las plantas perdieron sus hojas verdes y sus flores, los tallos se doblaron y los troncos y las ramas de los árboles, resecos y polvorientos, parecían brazos retorcidos y sin vida.

En los graneros aun quedaban alimentos, y en los cántaros, chicha.

¿Qué importancia tenía, entonces, para esas gentes, que las plantas se secaran y que el río hubiera dejado de correr, y seco y sin vida, mostrara las paredes pedregosas de su lecho?

Mientras durara la chicha no podría desaparecer la felicidad ni la alegría.

Pero un día llegó en que, con asombro, comprobaron que los graneros no eran inagotables y que para servirse de sus granos y de sus frutos, era necesario depositarlos primero.

El alimento comenzó a escasear, y con ello las penurias, la miseria y el hambre hicieron su aparición.

Recapacitaron entonces los quichuas, decidiendo volver a trabajar los campos y a sembrarlos.

Pero el castigo de Inti no había terminado y la tierra, cada vez más reseca y dura, no se dejaba clavar los útiles con que pretendían labrarla y así era imposible poner la semilla.

La desolación y la miseria fueron las soberanas de ese pueblo que, en un instante, olvidó las leyes de sus dioses y sus obligaciones con la vida.

Los animales, flacos, sin fuerzas, morían en cantidad y parecía mentira que esos campos, que al presente se asemejaban al más desolado de los páramos, hubieran podido ser, alguna vez, praderas alegres cubiertas de hierbas y de árboles o de extensas plantaciones de maíz, en las que los frutos se ofrecían generosos.

Los niños, pobres víctimas inocentes de los pecados y de la disipación de los mayores, débiles, flacos, con los rostros macilentos, los ojos grandes y desorbitados, verdaderos exponentes de miseria y de dolor, sólo abrían sus bocas resecas para pedir algo que comer.

Los más débiles morían sin que nadie pudiera hacer algo por ellos.

El sol caía a plomo. De una de las casas de piedra que se hallaban en los alrededores de la población, una mujer salió, corriendo desesperada.

Era Urpila, que, enloquecida porque sus hijos morían de hambre y de sed, arrepentida de las faltas cometidas en los últimos tiempos y enrostrando a todos su vergüenza, su pecado y su olvido de Inti y de la Pachamama, corría a la primera apacheta del camino a pedir protección a la Madre Tierra y a depositar su ofrenda de coca y de Ilicta, últimas porciones que había podido conseguir.

Llegó a la apacheta y casi sin fuerzas, clamó:

Pachamama,

Madre Tierra, Kusiya... Kusiya...

Lloró y se desesperó ante el altar de la diosa, prometiendo enmienda y sacrificios.

Extenuada, sin fuerzas para continuar, se sentó en el suelo, apoyando su cuerpo cansado en el tronco de un árbol que crecía a pocos pasos y cuyas ramas secas parecían retorcerse en el espacio.

Tan grande era su fatiga, tanta su debilidad, que, vencida, bajó la cabeza y no tardó en quedarse profundamente dormida.

Tuvo sueños felices. La Pachamama, valorando su arrepentimiento, llenó su alma de visiones de esperanza y acercándose a ella, con toda la grandeza que como diosa le concernía, le habló generosa:

— No te desesperes, mujer. El castigo ha dado sus frutos y el pueblo, arrepentido como tú misma, de su ocio y de su desenfreno, retornará a su existencia anterior, que es la justa, la verdadera.

La vida renacerá sobre la tierra que volverá a brindar sus frutos y su belleza.

Cuando despiertes, y antes de irte, abre tus brazos y recibe las vainas que ha de regalarte este “Árbol”, desde hoy sagrado.

Que las coman tus hijos y los hijos de las otras madres, que con ellas calmarán su hambre y apagarán su sed. Tu humildad y tu arrepentimiento han hecho posible este milagro que Inti realiza para ti.

Cuando Urpila despertó creyó morir, tal era su decepción. El aspecto de la tierra en nada había variado y la visión había desaparecido.

Se convenció de que su sueño había sido sólo eso: un sueño.

Pero, recapacitando, volvieron a su mente las palabras de la Pachamama y recordó al “Árbol”.

Levantó entonces sus ojos hacia las ramas que parecían secas, y tal como la diosa lo anunciara, las vainas doradas se ofrecían a su desesperación como una esperanza de vida.

Cambió en un instante su estado de ánimo dándole fuerzas extraordinarias.

Se levantó ansiosa y cortó los frutos generosos hasta que entre sus brazos no cupieron más.

Entonces corrió al pueblo, hizo conocer la nueva y todos se lanzaron a buscar las milagrosas vainas color castaño, mientras ella repartía entre sus hijos el tesoro que encerraban sus brazos de madre y que le había concedido la Pachamama...

El pueblo volvió a la vida y veneró desde entonces al “Árbol Sagrado” que fue su salvación y que, a partir de ese día, les brindan pan y bebida que ellos reciben como un don.

Ese árbol venerado es el algarrobo, que tiene la virtud, además de las nombradas, de ser, en tiempos de grandes sequías, el único alimento de los animales.

REFERENCIAS

La algarroba es el fruto del algarrobo, del que se conocen dos clases: el blanco y el negro.

Ambos son árboles, pertenecientes a la familia de las leguminosas.

El nombre científico del algarrobo blanco es: “Prosopis alba”.

Es este un árbol que proporciona grata y hermosa sombra, merced a su copa en forma de sombrilla, cubierta de espeso follaje.

El tronco es grueso y rugoso. Las hojas, caducas, son compuestas, formadas por gran número de hojuelas de color verde oscuro.

Las flores que cubren el árbol en primavera son pequeñas, amarillentas y se dan en espigas tupidas.

Contrariamente a lo que sucede en la generalidad de las plantas, en el algarrobo la parte más vistosa de la flor no es la corola, sino los estambres.

El fruto es una legumbre de color claro. Cuando maduran las semillas que contiene, se torna más o menos carnoso, de agradable sabor y muy comestible.

Molido, se transforma en una harina con la que se fabrica el patay, que es un pan o torta de alto valor alimenticio por contener albúmina y gran cantidad de azúcar, provenientes de la algarroba.

Dejando fermentar la algarroba pisada, mezclada con cierta cantidad de agua, se hace una bebida alcohólica llamada aloja.

Este fruto constituye uno de los principales alimentos de los naturales que habitan la región donde crece el algarrobo.

Como la producción de algarroba es muy abundante, se recogen las vainas en gran cantidad y se conservan durante mucho tiempo, recurriendo a esta reserva en la época en que escasean los alimentos.

Para el ganado, es nutritivo y muy eficaz.

Otra de las grandes utilidades del algarrobo reside en su madera dura, que se emplea en carpintería, en ebanistería —sobre todo en trabajos de torno—, en construcciones, para la fabricación de adoquines, etc..... Se la emplea como leña y para la fabricación del carbón de leña.
Existe, además del algarrobo blanco, como hemos dicho, el algarrobo negro, cuyas características son similares al que acabamos de describir, con la diferencia que el fruto maduro es una vaina negra.

Crecen ambas especies en nuestro país, en las provincias de Córdoba, San Luis, La Rioja, Catamarca, Tucumán, Salta, Entre Ríos, Santiago del Estero, Chaco y en la provincia de Formosa.

El algarrobo, planta que brindó a los primitivos habitantes de nuestro suelo, tanta y variada utilidad y sobre todo, completa alimentación, fue conocido en algunas regiones simplemente con el nombre de: “EL ÁRBOL” y se lo consideró árbol sagrado.

Los quichuas lo conocían con el nombre de TACU; los guaraníes lo llaman IVOPÉ y al algarrobo blanco: “IVOPÉ MOROTÍ”.

Esta leyenda fue extraída de la Biblioteca "Petaquita de Leyendas", de Azucena Carranza y Leonor M. Lorda Tomo XII: CAILALAY (Abeja)
Material compilado y revisado por la educadora argentina
Nidia Cobiella (NidiaCobiella@Educar.Org)


VOCABULARIO

INCA: Príncipe, Hijo del Sol.
VIRACOCHA: Dios de los peruanos. Nombraban también así a los españoles, a los blancos.
PACHAMAMA: Madre Tierra. Diosa a la que adoraban.
COCA: Planta, cuyas hojas, secas, masticaban los indios.
LLICTA: La masa de ceniza o de cal con que se mastica la coca.
CHICHA: Bebida fermentada, generalmente de maíz.
URPILA: Palomita torcaza.
KUSIYA: ¡Ayúdame!
INTI: El Sol.

EL FUTRE

Dibujo Jorge Bernard.

Esta leyenda mendocina, se sitúa en Puente del Inca, Mendoza, Argentina, y de ahí con diversas variantes, se extendió a otros puntos de la provincia y San Juan.

Hay por lo menos dos versiones. Una dice que se trataría de un inglés bien vestido (de ahí su nombre, pues se llama “futre” en Cuyo, a toda persona que viste elegantemente) que, tras haberlo perdido todo en la sala de juegos del hotel de esa localidad, salió vestido de frac en plena noche y se perdió entre los cerros nevados.

La otra versión dice que se trataba de un hombre humilde que trabajaba en el ferrocarril, que fue asesinado y decapitado por el amante de su esposa en la misma estación de Puente del Inca.

Unos dicen que éste anda de noche con la cabeza en la mano y un hacha en la otra, amenazando a los que encuentra, mientras otros aseguran que se trata de un espectro inofensivo.

En ambas versiones a veces el Futre aparece a caballo.

domingo, 16 de marzo de 2008

BANCO HIPOTECARIO NACIONAL.





Si bien el Banco funcionó en la ciudad de Santiago del Estero a partir de 1887, la construcción de su actual sede se inició entre 1914 y 1916.

Es de estilo neoclásico diseñado y construido por organismos del Estado Nacional.

Los únicos subcontratistas de obras locales que participaron en los trabajos fueron Pablo Gallizia en yesería (1915) y Staffolani en herrería (1916).

Fue inaugurado en 1928.

Dirección: Avenida Belgrano esquina Sarmiento.