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martes, 16 de noviembre de 2010

BATALLA DE REINOHUELEN

Por el cosmógrafo Jean Bellére 1554


Septiembre 1536



GÓMEZ DE ALVARADO AVANZA HASTA EL ITATA

Almagro interrogó afanosamente a los indios de Aconcagua. Por ellos se impuso que el país que había imaginado un segundo Perú, carecía de ciudades y de riquezas.

En el centro, sus habitantes eran pobres agricultores que vivían agrupados en caseríos de 10 a 15 ranchos, como los de los viñateros. Más al sur no había oro, y los pobladores eran tribus guerreras y feroces que habían derrotado a los ejércitos incaicos.

Hasta este momento, los expedicionarios no habían encontrado vestigios de los grandes tesoros que forjó su fantasía. Todo inducía a suponer que los indios no los engañaban.

Pero ya se había pasado la parte difícil del camino y lo prudente era cerciorarse por ellos mismos de lo que había más adelante.

Almagro dispuso una expedición que debía reconocer el país hasta el Estrecho de Magallanes, mientras él recorría la región que baña el Maipo.

Confió la expedición al sur a Gómez de Alvarado con setenta jinetes.
Este capitán avanzó resueltamente por las provincias y tierras de los picones y promaucaes sin encontrar resistencia. Sólo al llegar al río Maule divisó en la ribera sur algunos grupos de indios en actitud hostil.

Martín Monje seguido de otros soldados, atravesó el río y desbarató fácilmente a los grupos de indios. La expedición continuó avanzando por las provincias de los purranaucas o promaucaes (la región comprendía entre el Itata y el Maule), desbaratando fácilmente las sorpresas y ataques que los indios les prepararon en el camino. Mas, al llegar a la confluencia del Nuble con el Itata salió al encuentro de los españoles un cuerpo numeroso y bien organizado de guerreros.

Gómez de Alvarado dispuso sus tropas para el combate. Los españoles "se hincaron de rodillas haciendo oración a la majestad de Dios". Los indios avanzaron en orden y se desplegaron en línea de batalla en un campo descubierto. Acto continuo se trabó la batalla de Reinogüelen, en que mapuches y españoles se iban a medir por primera vez. La batalla estuvo largo tiempo indecisa. Los mapuches mostraron el coraje y el empuje que Valdivia iba a experimentar más tarde; pero el choque contra hombres de a caballo, revestidos de fierro y armados de lanza y de sables de acero, los tomó desprevenidos. Se precipitaron al ataque en grandes masas que las armas españolas clareaban. Después de un largo combate, se retiraron, dejando un centenar de prisioneros y un número crecido de muertos.

Gómez de Alvarado tuvo treinta caballos y muchos españoles heridos. Mariño de Lobera que oyó relatar la batalla de Reinogüelen a los soldados que pelearon en ella, habla de dos españoles muertos. Los documentos sólo mencionan la caída del caballo de Diego Alvarez, derribado por los indios, pero rescatado vivo por uno de sus compañeros. Gómez de Alvarado se intimidó ante la enérgica resistencia de los naturales la falta de recursos y la crudeza del clima. Dio la vuelta al norte, y en el camino encontró a los soldados que Almagro despachó en su alcance con la orden de que apresuraran su regreso.

La expedición se había realizado en pleno invierno (julio a septiembre de 1536), atravesando bosques, pantanos y ríos crecidos; por caminos a trechos casi intransitables soportando las lluvias y los fríos; combatiendo con los indios desde que pasó el Maule.

Según Oviedo, que tuvo a la vista una relación de Almagro, hoy perdida, en una sola jornada murieron cien indios de servicio. No es, pues, extraño que Alvarado regresara trayendo la peor impresión posible, sobre la comarca que había recorrido. No sólo no había en ella oro ni plata, sino que sus habitantes eran pobres agricultores dispersos en los campos o agrupados en caseríos de ranchos mezquinos. Más al sur habitaban indios salvajes y grandes guerreros.

"Como no le pareció bien la tierra por no ser cuajada de oro - dice el simplista autor de la 'Conquista y Población del Perú' - no se contentó de ella".

Imagen: educarchile.cl

viernes, 5 de noviembre de 2010

LOS TRES HERMANOS

Reserva Provincial "Castillos de Pincheira"
(Malargüe, Mendoza, Argentina).


LA SERPIENTE DE SIETE CABEZAS Y LOS TRES HERMANOS


Eran dos ancianos que tenían tres hijos varones. Ya se llegó el tiempo que ellos quisieron salir a andar, ¿vio? Entonce, ante se usaba que iban a solicitarle permiso al padre y a la madre para salir a rodar tierra. Los padres les dieron la bendición y los autorizaron a irse.

Entonces salieron a rodar tierra. Les dieron el sí los padres y se fueron. Entonce salió el mayor, que era Juan. Salió un día ante. Pedro lo seguía; se fue el día despué. Manuelito era el más chiquito, ése era muy chico. Le decían Manuelito no más porque era el menor.

Entonce le decían:

-Mirá, Manuelito, vos no nos vas a seguir. Vos tenís que acompañar a papá, aquí, al padre, hasta que vos seás grande porque vos no tenís la edá de salir.

-Yo también me voy -dice.

-No, Manuelito.

-No, no, yo me voy con ustedes.

-Usté se queda con el padre, no más.

Bueno... se jue Juan. Al mucho andar lu alcanzó Pedro. Ya se juntaron.

Manuelito tenía una mulita que le habían regalado a él los padres. Dice:

-Yo me voy en la mulita.

Les pidió permiso a los padres y ellos le dicen:

-No, hijo, ¡cómo te vas a ir!

-No, yo me voy no más -les dice.

Di un momento para otro agarró la mulita y se jue.

Muy lejo, ya, divisaron, di ande 'taban los otros acampados. Uno dice:

-Mirá, ¿qué no es Manuel aquél?

-No, qué va a ser Manuel -dice el otro.

-Pero es él. La mula es la d'él. 'Tamos aquí y lu esperamos. ¡Ah, este muchacho! ¿Qué hacimos, le pegamos o li hacimos otra cosa?

Bueno...

-No -dice Pedro-, llevemoló.

Pedro era más consciente.

-No -dice Juan-, no lo llevemos nada. Éste tiene que volverse a acompañar al padre y a la madre.

Bueno... Le pegaron una paliza y lo mandaron de vuelta.

Él volvió un poco no más. Los dejó que se alejaran y los siguió.

Al otro día los volvió a alcanzar.

-Che, ¿pero no te dijimo que te volvieras? -le dijieron.

-No, yo me voy con ustedes.

-¡Volvete!

-Bueno... ¿qué hacimos con éste?

Dice Juan:

-¿Querís que lo matemos?

-¡No! -le dice Pedro-, ¿cómo se te ocurre?

-Bueno... lo vamos a matar. Le atamos la mula y a él lo tiramos al río.

Iba un río muy fragoso, muy montañoso, fragoso, así, ¿no? Le ataron la mula bien, en un palo, en un árbol, y a él lo tiraron al río. A poco andar, él pegó unos manotones. Había un árbol caído y se agarró él del árbol. Y Manuelito se salió para ajuera del agua, del río. Salió y se jue y buscó el animal. Y estaba la mula bien arrimadita. Entonce la desató como pudo, y subió otra vez y los siguió otra vez de nuevo. A la mula no le hicieron nada, sinó que la amarraron para que se secara ahí.

Se jue a siga de ellos otra vez. A mucho andar, lo ven.

-Pero, ¿que no es Manuel aquél, hombre, otra vez? Pero, ¡qué muchacho!

-Ahora -le dice Pedro- mirá, ¿llevemoló?

Juan no quería llevarlo:

-No, pero mirá, imaginate vos, es muy chico, nosotros somos unos hombres.

-Llevemoló, total, llevemoló.

-¿No te querís volver? -le dicen a Manuelito.

-No, yo no me vuelvo.

-Bueno, te vas con nosotros, pero vas a ser mozo.

-Bueno.

Entonces Pedro le dice:

-Mirá, te llevamo de mozo, pero hagamos otra cosa. Hagamos de un día de mozo uno, y otro día el otro.

Porque ya llegaban a un campo donde había peñascos, ¡era horrible! Tenían que hacer un camino muy largo para buscar los reinatos. Bueno... Ya llegaron y dijo Pedro:

-En primer lugar le va a tocar a Juan, el mayor, hacer de sereno toda la noche. El compromiso de él va ser amanecerse cuidando los otros dos que se acuestan a dormir, nada más, y él va atender los animales que llevamos, y a la mañana, cuando esté el desayuno listo, nos aula, y nosotros desayunamos y salimos.

Así era el acuerdo que iban a hacer todos. Bueno, muy bien...

Esa noche vino una fiera, una serpiente.

-Bueno ¿cómo hago? -dice Juan.

Y habrá que salvarlos. Porque no había que despertarlos a los demás, nada. El hombre se las tenía que arreglar como la suerte lo ayudara. Salió y la corrió. La pelió y la lastimó y se fue la serpiente. El tipo, después, no dijo nada. No le tenía que conversar ningún secreto a los otros, nada, nada.

A la otra noche ya le tocó a Pedro. La otra estapa le tocó a Pedro. Le ocurrió el mismo caso. También pelió con la fiera, la serpiente, y la lastimó y la corrió. Pero él no llevó ninguna muestra de que había peliado con la fiera, nada.

A la tercer noche ya le tocaba a Manuelito. Bué... qué iba hacer, ¡tan chiquito!, pues. Bueno... Lo más dispuesto él agarró y hizo todo lo que había que hacer a la noche. A eso de... sería la una de la mañana, sintió un gruñido. Era una fiera que venía muy cerca. Se azotaba cuando venía. Y era una fiera que tenía siete cabezas. Era una serpiente de siete cabezas. Salió él, antes que viniera. Ya venía cerca. Él salió a encontrarla. Ya la pelió y la pelió con un faconcito que tenía. La pelió hasta que la mató. Entonce agarró las cabezas, les sacó las siete lenguas y las ató en un pañuelo. Bué... A la madrugada sacó las ramas que había roto en la pelea, con el cuchillo, y borró todos los rayones del suelo, que no hubiera rastros, que no vieran los hermanos, ¿vio? En la lucha, en la pelea que tuvieron, la serpiente le apagó el fuego. No tenía fuego él y no tenía con qué encender y no podía despertarlos a ellos.

Entonce Manuelito dice:

-Bueno... En su mulita salió... O volvía con juego o se quedaba por ahí.

Salió... Al subir una montaña muy lejos divisó una luz que se apagaba y se encendía, que se encendía y se apagaba; al rato pobre, y al rato se levantaba. Entonces se jue Manuelito para allá. Y bueno... Ya llegó cerca y miró por entre los montes. Había gente por la orilla del juego. Ya vio que había gente y había un asado, todo eso. Eran saltiadores que había en un campamento. Ya dijo:

-Buenas noches, señores.

-Buenas noches. ¿Qué gente?

-De la carda.

Bueno. Dice:

-¡Pie a tierra!

Se bajó Manuelito.

-Sírvase compañero -le dice el hombre a Manuelito, señalandolé el asado.

Manuelito sacó el cuchillo y cortó un pedazo di arriba hasta abajo del costillar que estaban asando. ¡Gaucho, el Manuelito!

Dijo uno:

-¡Cambiau que andaba el perro! -lo que vio que Manuelito hacía todo como hombre.

Comió la carne, Manuelito, y pidió juego. Agarró un palo prendido, un tizón, y se jue. Cuando va cruzando, así, ve unas luces, así. Un reinato, ¿ve? Entonce dejó la mulita por allá y jue a curiosiar. Había ahí el custodio que estaba durmiendo ahí. Él pasó no más. Pero el hombre 'taba durmiendo, no lo vio. Porque los reyes manejaban esos custodios. Él entró para allá. Una puerta, una galería. Entró a una pieza. Una chica durmiendo. Una chica muy hermosa. Entonces jue y le sacó un anillo. Un anillo di oro que tenía. Entró más allá a otra pieza. Otra niña durmiendo. Le sacó otra prenda, un diamante. Entró más adentro. Otra chica más linda que las dos primeras. No había nada que robarle, le dio un beso, y se jue. Iba contento porque llevaba fuego. Llegó al campamento. Ya venía el día, ya. Hizo fuego. Ya preparó todo, el desayuno y los caballos ensillaus. Bueno, los despertó. Se levantaron, desayunaron los hermanos y se fueron.

Bueno, justamente llegaron a la parte de ese reinato ande había estado él, ¿vio? Estaban ya adentro. Claro, los reyes eran curiosos. Los mayordomos que tenían, ésos, llegaba algún forastero, y le avisaban áhi no más, inmediatamente al Rey. Les daban la posada y le avisaban al Rey. Entonces a la segunda noche, ellos los llamaban, les hacían reunión para comprobar qué personas eran, porque ellos tenían que saber quién dentraba ahí. Bueno... Fue el mayordomo, el capataz, y le dijo al Rey que habían llegado estos tres desconocidos, estos muchachos buscando trabajo, y áhi 'taban.

-Esta noche me los traen a esos muchachos -le dice el Rey.

Ya se había perdido el anillo de la chica, ya se había perdido el diamante de la otra, en fin. No se sabía qué pasaba y entonce el Rey dice:

-Por áhi han de 'tar.

Bueno, ya vinieron, los presentaron, los pusieron ahí, los hicieron sentar. Todos los del reinato vinieron ahí, pues. Que tenían que venir todos para saber lo que había. Entonces ya los sentaron ahí, los tres a un lado.

Entonce el Rey preguntó:

-¿Cuál es el mayor?

-Yo soy -dice Juan.

-¿Cuál es el que le sigue?

-Yo soy el del medio -dice Pedro.

-¿Cuál es el menor?

-Yo soy el menor -dice Manuelito.

-Cada uno de ustedes me va contar la historia de su vida, lo que le ocurrió a ustedes en su gira, en su viaje que han hecho. Cada uno va a decir.

Entonces dice Juan que era más deshermanado, dice:

-Pero no, este niño qué va a contar él, qué sabe.

-No -dice el Rey-, tiene que contar también.

Bueno, contaron. Áhi salió. Ya conversó Juan. Ya salió que había peliado con una fiera cuando 'taba cuidando los hermanos, en fin.

-¿Y qué constancia trae? -le dice el Rey.
No traía nada. Bueno... Pedro lo mismo. Conversó que era una cruzada muy fea, que le ocurrió eso, que pelió con esa fiera. Y dijo todo.

-¿Y qué constancia trae? -le dice el Rey.

Bueno, no tenía nada tampoco.

Bueno, ahora Manuelito.

-¿Qué tenés que contar Manuelito? -le dice el Rey.

-No, mi Rey -le dicen ellos-, qué va contar éste, tan chiquito.

-No, no, dejelón que cuente.

-Sí, mi Rey -dice él-, yo tengo que contar.

-Bueno, a ver, cuente.
-A mí me ocurrió un caso como los de mis hermanos. Yo pelié con la serpiente para salvarle la vida a ellos. Y justamente tuve la suerte que la maté.

-Y qué costancia trae -le dice el Rey.

-Aquí 'tá la costancia.

Sacó el pañuelito y sacó las siete lenguas.

-¡Ah, ése es hombre que tiene historia! -dijo el Rey-. Ése ha hecho muy bien.

Qué, los otros se querían morir. Claro, porque ellos no tenían costancia de la historia de la vida. Entonce dijo el Rey:

-¿Y qué más le ocurrió?

-Después, mi Rey, al verme que se apagó el fuego por el combate, la lucha que tuve con esta fiera, yo no sabía cómo iba hacer fuego a la madrugada. Salí a andar el mundo, porque iba perdido, a ver si encontraba fuego con qué hacer la comida o no. Así que me encontré, muy lejos, y divisé un fuego que ardía y se apagaba, así. Y jui hasta que llegué ande 'taba él. Lleguí y había unos saltiadores, y dijo todo él.

-Y me dijo esto, esto, en fin. Y al volver, me encontré con un reinato.

El Rey se reía.

-¿Y qué hizo ahí? -le dice el Rey.

-Y entré para adentro, y en primer lugar encontré una señorita que estaba durmiendo. Así, le llevé un anillo, acá está.

-Ése es mi anillo -dice la Princesa- y corrió y agarró el anillito.

-¿Y?...

-Y seguí, y había otra pieza y otra niña dormida y le saqué un diamante y acá está también.

-Bueno, a ver qué más le ocurrió -dijo el Rey.

-Y entré en la última pieza y había una chica que era muy hermosa y como no tenía qué llevarle, le di un beso -dice.

-Ése es mi beso -le dijo ella y jue y lo agarró y lo besó para sacarle el beso de ella.

Y a la final de todo, el Rey lu hizo casar a Manuelito con la hija menor. Y hicieron una gran fiesta.

Y se termina el cuento.




Manuel Antonio Jofré, 55 años. Malargüe. Mendoza, 1974. Lugareño rústico. Muy buen narrador. El cuento es una variante del cuento fundamental y contiene el motivo del cuento de “el chiquillo o los tres hermanos”.

Fuente: Cuentos y leyendas populares de la Argentina. Tomo 4

Berta Elena Vidal de Battini

http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/12818308826726051109435/p0000002.htm

Sitio web de la imagen flickriver.com

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2009/04/los-trillizos.html

jueves, 28 de octubre de 2010

PASIONES


Cuento del Dr. Dante Cayetano Fiorentino
(Trabajo inédito distinguido con el segundo premio del 6º Certamen de cuento corto gauchesco de la Asociación Argentina de Escritores Tradicionalistas de La Plata).

Zapatilla y pocito... zapatilla y pocito... en el camino de tierra. Un golpe duro de la única muleta y luego el asentamiento de todo el pié, el único pié, que se arquea desde el talón hacia los dedos para apoyar suavemente todos los huesitos forrados de caucho y tela.

Vuelve Pedro Rengo de trabajar en la estafeta postal donde puede estar sentado todo el tiempo, que es como se siente fuerte. Cuando peleaba, siendo niño, se tiraba al suelo para evitar que lo voltearan de una trompada y desde allí se defendía, muleta en mano tratando de derribar a su rival a muletazos, para luchar de la mitad para arriba, ya que no podía confiar en su mitad para abajo en única pierna, que más que mitad lo reducía a un cuarto. Allí, podía apelar a la fuerza descomunal de sus manos enormes, especialmente la izquierda que manejaba la muleta, afianzada en una espalda poderosamente desarrollada. Desde el suelo también estaba cerca de la tierra que podía hacerla puñado para arrojarla a los ojos de su rival si se ponía difícil la lucha.

Pedro se apropia de los sonidos de la tarde: el galope de un caballo, el ruido del tren al pasar, el croar cavernoso de los grandes escuerzos, se transforman en el ruido de chacareras o de chamamés a los que acompaña frotando las muelas rítmicamente. Se las ingenia para que su caminar, tenga ritmo musical, completándolo con algún castañeteo de su mano libre: zapatilla y pocito... zapatilla, pocito y chasquido... zapatilla, pocito y muelas... hasta que llega al bombo colgado en la galería de su casa. Se instala bajo el alero desbordado de golondrinas, descuelga el bombo de un gancho de madera incrustado en la pared, se sienta en la silla de totora, acomoda la muleta en el suelo, monta el instrumento sobre la pierna seca y se pone a tocar. Tucumta… tucúm... tucúm... tucúmta... tucúmta… tucúmta. Tucum tucúmta hasta siempre, hasta nunca. Tan cerca está el instrumento de su cuerpo que le entran las vibraciones por las entrañas, le atronan el alma y le salen por la boca, en un canto entusiasmado, vibrante, clarinadas de melodías.

Una joven, oculta entre las ramas del monte que rodean la casa de Pedro, observa al muchacho con ojos enormes y pestañudos de corzuela. Bella a pesar de la brutalidad de la adolescencia que no ha conseguido agrandarle las rodillas, siente sensaciones inexplicables arrancadas por el ritmo del bombo y la melodía que Pedro mete en el canto. Ritmo y canto se le han filtrado bajo la piel pulida de barro cocido, formándole minúsculos granitos de estremecimiento. Una incontenible saliva de gozo le inunda la boca y la conmoción le ha llegado tan hondo que la obliga a sentarse a orinar. Luego, abruptamente, aparece ante Pedro con la espontaneidad de un animal salvaje, bailando, poseída por una ansiedad de movimiento que le agita las piernas, los brazos, las caderas. Cualquiera sea el origen de la música no le permite estar quieta. Pedro no deja de tocar, seguro que si para, le va a pasar algo malo. Un par de andrajos desflecados le cubre los pechos. La falda, deforme, muy parchada, no le permite reconocer el trapo que le dio origen, y la mantiene sujeta a la cintura por una atadura de hilo sisal despeinado, que le deja el ombligo visible y rosado de tanto flotar contra la carne. El cabello lacio y renegrido le cae abundante hasta la cintura con destellos azules de tordo. Y baila, ágiles las manos, castañetea el ritmo que se le desparrama hasta los pies descalzos y voladores, que más que bailar acaricia el patio de tierra en un sinfín de giros gráciles, etéreos, justos. Pies costrosos con varias capas de piel y tierra para defender la carne de adentro. Eso le permite darle seguridad, justeza y exactitud de movimientos, para responder al repiqueteo alocado que él arranca ahora del bombo, impulsado por el entusiasmo desenfrenado y contagioso que ella arroja al aire en su danza.

Los movimientos de la muchacha, descuidados, pocos cubiertos, encienden la sangre del bombista. En la cara de la muchacha se dibuja un agradabilísimo gozo y una actitud de entusiasmado asombro por todo lo que está pasando por su cuerpo. Ni una ni otra hubieran parado, si no fuera que el día no comenzara a despedirse, con la entrada de la noche, que tiñe de azul oscuro las sombras y hace más negros los grillos.

El acordeón sopla el último acorde para dar por finalizado el baile del pueblo, en la madrugada, que ya empieza a ser alba, la joven, como tantas otras noches de baile, toma el camino solitario que la llevaba a su casa, muy adentro del monte, en el ombligo del monte donde decían que vivía, aunque nunca nadie había visto su casa. No le pesa la soledad porque la música le sigue circulando por adentro, emborrachado de desvelo.

Pedro Rengo oculto entre el montón de gente; cerveza en mano, la vio bailar sola toda la noche. La espera ahora en el enmadejado de espinas de vinal y ramas de garabato, muy a cubierto, al lado del caminito por donde debe pasar y cuando se acerca lo suficiente la toma de atrás y la tira al suelo. Antes de que empiece a gritar le tapa la boca con una mano grande mientras el otro brazo le sujeta firme el talle frágil. Se le tira encima apretándole la cadera virgen.

-¡Si te quedas quietita no te va a pasar nada..! -susurra el hombre con la voz desfigurada por el deseo.

La muchacha se siente como si su atacante tuviera un montón de manos que le arrancan la ropa, que le sujetan los brazos, que le tapan la boca para evitar el grito y ahogada de desesperación solo alcanza a girar la cabeza contra el suelo barriendo la tierra con sus cabellos matizados de polvo. Sus dientes crujen al morder la mano que la enmudece y logra un espacio para un grito terrible que estremece la madrugada. Desesperado, empieza a descargar trompadas agigantadas por el miedo de ser descubierto hasta que logra hacerla callar. Aún cuando la joven ya no se queja, Pedro sigue golpeando para hacerle pagar el deseo no satisfecho que había despertado en él. El cuerpo inerte tiene más fuerza qué la resistencia que había ofrecido hasta unos minutos antes.

Pedro Rengo, sacude la descoyuntada figura amarilla y blanda y al ver esa laxitud entre sus manos comprende que no le queda mucho por hacer. Deja el cuerpo en el suelo, se levanta de un envión como lo hacen los caballos y comienza a juntar hojas secas y ramas finas, que va acumulando muy cerca del cuerpo de la joven, zapatilla y pocito..., le va agregando ramas más gruesas, zapatilla y pocito ..., e inventa un fuego al que alimenta hasta hacer hoguera. Cuando con ayuda del viento, se declara el incendio, recién vuelve a su casa, más sereno, zapatilla y pocito..., seguro de que el fuego se ha comido su crimen. Las cenizas, blandamente, tapan los rastros, primero los pocitos, luego los de la zapatilla.

Muchos días después, el parte policial indicaba que, por el anillito de hierro en el hueso de la mano derecha y el collar de piedritas simples en las vértebras del cuello, la muerta había sido identificada como la menor que, en vida, se llamaba Telésfora Castillo, alias “Telesita” y que probablemente cayó en uno de los tanto incendios forestales en la zona.

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2009/09/la-telesita.html

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2009/04/telesita.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2008/09/dante-cayetano-florentino.html

jueves, 26 de agosto de 2010

MUERTE EN TEHERÁN


En cierta ocasión, un persa rico y poderoso paseaba por el jardín con unos de sus criados, compungido éste por que acababa de charlar con la muerte, quien le anunciaba con tiempo que lo llevaría... así podía despedirse de todos, arrepentirse, y pedir disculpas en los casos necesarios...

Más el criado le suplicaba a su amo persa casi de rodillas, si le podía dar el caballo más veloz, para apresurarse y poder huir a Teherán aquella misma tarde.

El amo accedió y el sirviente se alejó a toda velocidad.

Al entrar a la casa la muerte se puso a charlar con el amo.

El persa le preguntó:

_"¿Por que has asustado y aterrorizado a mi criado?

_ ¡"Yo no lo he amenazado, solo le mostré mi sorpresa al verlo aquí, cuando en mis planes estaba encontrarlo esta noche... en Teherán!

_"Contestó la muerte..."

miércoles, 14 de julio de 2010

LOLA KIEPJA


Fragmento de un relato de Lola Kiepja:

“Kenos, nacido de la cúpula celeste y enviado de Timáukel, bajó a la Tierra deslizándose por una cuerda.

Cuentan que la cuerda se rompió justo en el momento en que Kenos se posó en la Tierra y que ése fue el motivo de que no se volviera al Cielo de inmediato. Porque, aunque venía con una gran misión, no le gustó lo que vio al echar el primer vistazo.

La Tierra era chata e informe y estaba rodeada por Kox, el Mar. Entonces Kenos creó las montañas y los barrancos y los distribuyó por el mundo.

La luz era escasa y uniforme, y todas las horas pasaban en un alba perpetua.

Entonces Kenos inventó al Sol, Krren, y a la Luna, Kra. Ordenó a Krren que brillara más fuerte a mediodía y que se retirara por la tarde para ser reemplazado por la blanca luz de Kra.
Los árboles eran muy bajos y achaparrados porque el Cielo los aplastaba en su magnificencia. Entonces Kenos empujó la cúpula hacia arriba y la dejó allí, para que los bosques crecieran altos y hermosos.

Así fue como Kenos puso orden en la naturaleza y cumplió con la primera parte de su misión.
Cuentan, que un día Kenos se hallaba cerca de un pantano, contemplando distraído su maravillosa obra. De pronto tomó un poco de barro, lo exprimió hasta quitarle el agua y modeló con él los genitales masculinos, que puso con cuidado en el suelo. Del mismo modo formó enseguida los genitales femeninos y los colocó suavemente al lado de los otros. Al caer la noche, Kenos se retiró y, en medio de la oscuridad, los genitales se acoplaron durante un rato. A la mañana siguiente, cuando Kenos volvió al lugar, se encontró con que un nuevo ser se encontraba junto a las figuras que él había modelado.

Y ese hombre fue el primer antepasado de los onas”

domingo, 13 de septiembre de 2009

LA TELESITA



En su Romancero criollo, el gran poeta León Benarós cuenta una de las versiones de la Telesita:


LA TELESITA


Santiagueño soy, señores,
de aquella tierra bendita
donde ya suman añares
que alentó la Telesita.

y ya que el caso ha venido,
permítanme que les cuente
de la vida y los milagros
de esa criatura inocente.

Rendidos amaneceres
dormida la habrán mirado
a las orillas del Dulce,
por las costas del Salado.

Humildita y pobrecita,
fue una casita de nada,
como un brotecito tierno
que pudo quemar la helada.

Donosa en su honestidad,
linda al par de otras muchachas,
apenas la malcubría
su camisita en hilachas.

En sus grandes ojos negros
iba temblando una pena.
Sus dos trenzas daban marco
a su carita morena.

Era, en su desasosiego,
como esas estrellas puras
que, siempre por apagarse,
desmayan en las alturas.

Temiendo servir de estorbo,
contenta con lo preciso,
vivió de la caridad,
como pidiendo permiso.

Con su carguita de leña
o su atadito pasaba,
cuidando de no perder
la limosna que lograba.

De alguna gente piadosa
conseguía merecer
un pedazo de tortilla,
quizá de pan de mujer.

Sones de caja y violín
la tienen embelesada.
Su reino es la chacarera.
Fuera del baile no es nada.

Allí donde escucha música,
azorada se encamina.
(Las pencas de los senderos
no le mezquinan espina).

Ya se le enciende la luz
de sus grandes ojos mudos.
Ya se entrechocan de gozo
sus piecesitos desnudos.

Al eco de una mudanza,
con gracia se zarandea,
bailando para ninguno
hasta que el día clarea.

Así, danzando y cantando,
libra sus penas al viento.
¡Qué pecado habrá tenido,
si le faltó entendimiento!

No tiene caudal alguno.
Poco pesa sobre el suelo.
Será por eso que Dios
le mandará ese consuelo.

¿A qué puerta llamar puede
que le den sosiego y calma?
¿Qué otro consuelo hallará
que bailar, solita su alma?

Sola vive en este mundo,
sola a su danza se entrega;
sola canta sus vidalas,
sola se va, sola llega.

Pudorosa de la lumbre
del sol y su reverbero,
su carita le mezquina
de vergonzoso lucero.

Y ya un ansia la conmueve
si apunta el alba rosada,
desde que estira la luz
su primera pincelada.

Todavía los violines
llorando están sus gemidos.
A vagar entre los árboles
vuelve a sus lares queridos.

Dicen unos que la hallaron
una mañana de hielo,
tumbada sobre una acequia,
con los ojos hacia el cielo.

Aunque suponen los más
que, en una noche funesta,
viendo el incendio de un bosque
lo tomó por una fiesta.

Ciega de lo que mentían
sus pupilas asombradas,
las que miró como luces
se le hicieron llamaradas.

Poca tarea sería
para ese fuego infinito
hacerla una brasa viva,
envuelta en su vestidito.

En puñado de cenizas
lueguito iría a parar.
A quemazón semejante,
¡qué trabajo le iba a dar!

Un dijecito de plata
llevaba siempre en el pelo.
La conocieron por él,
con el más dolido celo.

Ya murió la Telesita,
en su tormento quemada.
Promesantes del lugar
la miran santificada.

Siete chacareras bailan
a tenor de su deseo,
y le dedican envites
de aguardiente con poleo.

Unos le ruegan salud.
Otros, con pedidos mil,
que las ovejas perdidas
las restituya al redil.

Unas velas de colores
le encienden a la finada.
La tierra fue su calvario,
será el cielo su morada.

Allí, donde la humildad
tiene duradero brillo,
quedita se estará el alma
de Telésfora Castillo.


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martes, 8 de septiembre de 2009

TUPAC AMARU Y LA EMANCIPACIÓN AMERICANA




Reparación histórica de Túpac Amaru.

Ya que los indios y mestizos constituían la mayoría absoluta de la población de los Virreinatos del Plata y del Perú, ellos constituían el sujeto social central de la Revolución. Debían ser liberados, y debía devolvérseles su soberanía y libertad.

Tal fue la proclama clara y nítida del fundador de la Revolución Americana, el Inca Túpac Amaru II en 1780. Él propuso especialmente la unidad a los criollos. Pero éstos no aceptaron. No querían perder la mano de obra esclava y la servidumbre india.

Y ése sería el conflicto central que se desarrollaría en la larga guerra civil que estallaría apenas producido el inicio de la Emancipación. Sería el choque entre las dos Revoluciones (para la chusma o para la gente decente) que habían madurado en América: la de Independencia y la que además propiciaba el cambio de régimen social.

Como señalara Boleslao Lewin (2), una revolución india y una revolución criolla, que maduran a veces en contacto, pero en general enfrentadas, a todo lo largo del siglo XVIII.

Pero en particular, luego de la Independencia de las colonias inglesas del Norte de América, que como no podía ser de otra forma, impactó fatalmente al sur del Río Mississippi –por entonces el límite entre la América española y la anglosajona- la Revolución norteamericana estalló en 1774, Y la francesa recién en 1789.

Pero la de Túpac Amaru II y la de Farfán de los Godos -es decir, una india y otra criolla- ocurren en 1780; es decir, apenas producido el estallido de libertad en América del Norte. Dos revoluciones en 1780. Una radical, india, y otra burguesa.

La primera, obligatoriamente destinada a borrar de raíz todas las formas de explotación, incluidas la Mita, la Encomienda, la Servidumbre, los Obrajes, los Repartos y la esclavitud, tal cual entendió y proclamó Túpac Amaru II, eliminando también por lo tanto el dominio colonial. Así lo entendieron y plantearon Moreno, Castelli, Belgrano, Monteagudo, Artigas, San Martín, O’Higgins, Güemes, Sucre y Dorrego, sus continuadores.

La revolución criolla, por su parte, sólo se proponía romper los lazos coloniales con España, y a lo sumo ser independientes o neocolonia asociada de Inglaterra, como expresarían el Deán Funes, Saavedra, Rivadavia, los directoriales, los unitarios, los liberales y algunos federales. Está demás decir que esta última es la línea que triunfó, acción británica de por medio.
La historia americana y universal, está en deuda con el Inca Túpac Amaru, de la misma manera que está en deuda con las naciones indias sojuzgadas y asesinadas por la invasión española.

Es necesario ubicar en su justo lugar al Inca, junto a los revolucionarios que en 1774 levantaron el estandarte de la libertad –para los blancos poseedores- en las colonias inglesas del Norte de América, y los que nueve años más tarde que él, recién en 1789, proclamaron los Derechos del Hombre –blanco y poseedor- y del Ciudadano Francés –es decir no para las colonias de Francia, ni sus esclavos y pobladores originarios- en París en 1789.

En medio de ambos hechos, sin duda cataclísmicos para Occidente, emerge la inmensa figura del Padre de nuestra Emancipación, quien se animó a enfrentar al más sanguinario y atroz poder del mundo de entonces: el Imperio español, absolutista, esclavista, saqueador e inquisitorial.

No sólo se atrevió, organizando el mayor ejército popular que poblara las tierras de la América española hasta hoy –baste recordar que San Martín invadió el Perú con 4990 hombres-, sino que proclamó además, por primera vez en las revoluciones de finales del s XVIII, la igualdad y la libertad real y efectiva para todos los hombres que poblaban la América española, suprimiendo toda forma de esclavitud y servidumbre. Cuestión que, ni Washington, ni Paine, ni Jefferson, ni Lafayette, ni Danton, ni Napoleón se atrevieron a plantear.

Túpac Amaru debe ser ubicado en su justo sitial, como impulsor primigenio de los Derechos del Hombre, la Igualdad, la Libertad y la Independencia de América.

Con mucha mayor razón, en esta nueva etapa americana donde los Andes han vuelto a sacudir sus cimientos, y de la mano de Hugo Chávez, de Evo Morales, del Subcomandante Marcos, de los manes del gran padre Pachacutik, se comienza a completar la obra inconclusa de José Gabriel Condorcanqui, el gran Túpac Amaru II.

¡El general Inca viva,
jurémosle por Rey!
Porque es muy justo y de ley
que lo que es suyo reciba.

Todo Indiano se aperciba
a defender su derecho,
porque Carlos con despecho
los aniquila y despluma.

Y viene a ser todo, en suma,
robo al revés y al derecho.
¡Tanto daño perpetrado!
Vengarse a gusto cumplido,
pues españoles han sido
autores del mal causado.
¡Morirán con el soldado,
alcaldes, corregidores,
ricos, pobres y oidores;
o no he de ser Túpac Amaru!

(Proclama pegada en Chuquisaca el 22 de marzo de 1782) (2)

Citas
1.- Pigna Felipe - Los Mitos de la Historia argentina- Tomo I. Norma. 2004.
2.- Lewin Boleslao - La rebelión de Túpac Amaru y los Orígenes de la Independencia Hispanoamericana - SELA. Buenos Aires. 2004.
3.- A. J. P. Amuchástegui - Crónica Histórica Argentina - Tomo II. Codex. 1968.

Por Alberto Lapolla
agrolapolla@yahoo.com.ar
Ingeniero Agrónomo Fitotecnista (UBA)
Experto en Genética Vegetal
Historiador
Docente de la Universidad de La Matanza
Ex – Docente de la UBA
Autor de artículos y trabajos sobre la Problemática Agropecuaria Ambienta

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martes, 11 de agosto de 2009

TULA

Credit: Werner Forman Archive/ N.J.Saunders / Heritage-Images
Tolteca Bajo friso en relieve, Pirámide de Quetzalcóatl, Tula, México, 950-1150.
Un friso que muestra un cráneo humano que sale de la boca abierta de Quetzalcóatl, representado como la Serpiente Emplumada.


ANTECEDENTES HISTÓRICOS

La Historia de la ciudad de Tula, en el Estado de Hidalgo, se remonta hasta más allá del año 1500 aC. tomando en cuenta el contenido de un libro conocido como Popol Vuh, en el cual se relata lo referente a una migración que procedente de la tierra Quinché (bosque) en la Antigua Quauhtemallan llegó al altiplano estableciéndose en tres sitios que fueron denominados Tulán, Tulá Zueva (La Cueva de Tulán) y Vucub Pec, Vucub Ziban (Siete Barrancas-Siete Cuevas).

Acerca del manuscrito un historiador llamado Hubert Howe Bancroft, autor de la Obra llamada THE NATIVE RACES expresa que todos los pueblos americanos los Quichés de Guatemala nos han legado la más expresiva relación mitológica pues su descripción de la creación referida en el papel Vuh, considerado como el libro sagrado o libro nacional de los Quichés es en ruda y extraña elocuencia y poética originalidad una de las más raras reliquias del pensamiento aborigen. Y si se ha expresado lo referente a la creación es porque está amalgamada o involucrada en lo relativo al nombre de la actual Tula el Popol Vuh se refiere como algunos Dioses, entre ellos Tzacol-Bitol (creador-formador) y Tepeu-Gucumata (señor Quetzal-serpiente) hicieron brotar la tierra entre el agua; hicieron luego los árboles y animales y finalmente un hombre de tierra de lodo aunque enseguida se dieron cuenta de que no prevalecería pues no movía la cabeza, tenía velada la vista y por otra parte llovía o caminaba por los arroyos y charcos se deshacía, razón por la cual los Dioses se olvidaron de él y enseguida tuvieron un parlamento y después de convenir con Ixpicayoc e Ixmucané (abuelos de alba) decidieron hacer el hombre de madera y aunque los reconoció y se multiplicó, pronto se olvido de ellos por lo que mandaron caer un gran diluvio que causó que se acabaran los muñecos de palo y estando en nueva celebración llegaron cuatro animales que fueron yak (gato montés), quel (cotorro) e itoh (cuervo) quienes dijeron que en Paxil y Cayalá estaban crecidas las mazorcas blancas y amarillas.

Los dioses fueron al sitio indicado, guiados por los animales mencionados y luego se concertaron con Ixmucané (abuela del alba) quién molió el maíz haciendo más y atole mientras los dioses daban forma al cuerpo del hombre con cañas de y luego con masa lo moldearon y lo impregnaron con atole y de ésta manera con maíz y sólo con maíz fueron hechos los primeros hombres que fueron llamados balam-quitzé (tigre de la risa dulce), balam-abab (tigre de la noche); mahucutah (áspero o no alisado) e iqui-balam (tigre de la luna). Luego mientras dormían los dioses les proporcionaron sus mujeres que se llamaron Caha-Palune (agua de cascada), de balam quitzé, chomiha (agua preciosa), la de balam-abab, Tsunugninihaq (agua de gorriones), la de mahucuta, caquizaha (agua guacamaya) de iquibalam; estas cuatro parejas fueron el tronco y maíz de muchas generaciones y después de algún tiempo emprendieron una peregrinación hacia el norte costeando quizá el litoral del Golfo de México ésta migración llegó a un lugar llamado Tulán en donde estuvieron algún tiempo y muchas fueron las familias que ahí llegaron estableciéndose durante algún tiempo cuando salieron de Tulán se desparramaron hacia distintos rumbos; unos tomaron el nombre de yaquis, otros fueron hacia el sur a Quahtemallan siendo los antecesores de muchos tribus que fueron muy conocidas y un grupo marchó hacia el sureste tomando el nombre de olomen que fue el antecesor de los Olmecas.

El significado de Paxil es "aguas extendidas" y el de Cayalá "aguas hediondas" uno de los más connotados investigadores de las culturas americanas Charles Etienen Brasseaur piensa que estaban ubicadas en la región de Tabasco donde el Usumacinta se divide en varios brazos y Hubert Howe Bancroft piensa que Paxil y Cayalá estaban entre el Palenque y el Usumacinta; en Tulán como es lógico suponer aconteció de los grupos que tomaron muy distintos nombres y hablaron también distintas lenguas es decir cuando llegaron a Tulán todos hablaban una misma pero al separarse ya nunca volvieron a entenderse y según los estudios arqueológicos el centro ceremonial de La Venta se construyó hacia el año 1200 aC. y suponiendo que los Olmecas hayan durado entre 100 y 150 años y que el tiempo que hicieron desde Tulán fue casi el mismo, puede suponerse que estuvieron en Tulán hacía el año 1500 aC.

Extraído
http://www.hidalguia.com.mx/
hidalguia@hotmail.com

Imagen
heritage-images.com

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viernes, 7 de agosto de 2009

TUPAC AMARU Y LA EMANCIPACIÓN AMERICANA



Los continuadores y vengadores de Túpac Amaru

Al amigo Ño Fernando
Vaya que lo llama un buey
Porque los tupamaros
No queremos tener Rey

(Copla anónima argentina durante la guerra de la independencia)

Tampoco lo ignoraron quienes se consideraron los continuadores de la rebelión Tupamara.

Así, Juan José Castelli, "el más peligroso tupamaro de la América del Sud" -según la policía secreta española en 1803- tendría el honor de conducir los ejércitos de la Revolución para vengar al Inca y redimir a los pueblos indios, hacia el Alto Perú.

Su accionar sería exitoso y altamente revolucionario en lo social, lo político, lo cultural y en la propia marcha de la Revolución. Sólo podría ser derrotado por la traición. Traición que incluyó el pacto con el general enemigo Goyeneche, llevado adelante por la alianza del saavedrismo con las burguesías del interior en la batalla de Huaqui.

Los criollos y españoles del Norte –y los comerciantes de Buenos Aires- estaban aterrados de perder su dominio sobre las encomiendas, obrajes, haciendas y mitas con mano de obra esclava o servidumbre india, que llevaba adelante Castelli, cumpliendo el Plan y las órdenes secretas de Moreno.

Saavedra era originario de Potosí, minero y terrateniente. El Deán Funes, miembro de la iglesia cordobesa, tenía una mirada sobre los indios, que era la del racismo hispano-católico.

Aquel sería también el pensamiento de Moreno, de su obra y de su estrategia, expresada sin ambages en el Plan de Operaciones.

Tanto Moreno y Castelli, como Bernardo de Monteagudo -su heredero más directo, uno de los jefes de la Revolución chuquisaqueña y refundador, luego de la derrota morenista, junto a San Martín, de la Logia Lautaro- eran hombres del Alto Perú que habían estudiado en Chuquisaca.
Castelli y Moreno habían trabajado como abogados –en distintos períodos- en el estudio de Agustín Gascón, defendiendo "indios pobres y abusados". Eran amigos de Ascencio Padilla y su mujer, Doña Juana Azurduy.

La tesis doctoral de Moreno –escrita luego de visitar los horrores de la bocamina de Potosí- se refiere exactamente a la "Disertación jurídica sobre el servicio personal de los indios en general y sobre el particular de Yanaconas y Mitarios". Sus instrucciones a Castelli y Belgrano son claramente indigenistas –indianas en el lenguaje de los Patriotas.

Tanto Belgrano, pero en particular Castelli, durante su gobierno del Alto Perú, librarían una verdadera redención india y una venganza concreta de la derrota de Túpac Amaru.

Castelli escarmentaría a los feroces explotadores españoles, simbolizados en el fusilamiento de Francisco De Paula Sanz, Nieto y Córdova, y en la deportación masiva de los españoles del Alto Perú hacia Buenos Aires (dejada sin efecto por la Junta, ya derrotado Moreno).

En estos hechos revolucionarios y redentores, radica la razón de la traición saavedrista. Son también, la causa del posterior arresto de Castelli, su enjuiciamiento y su ocultamiento por la historia oficial de ambos lados.

En su fervor indiano, se explica que Juan José Castelli sea uno de los execrados de nuestra historia, y que la oligarquía del Norte -la más esclavista, reaccionaria y racista de nuestro país- siga acusándolo de "hereje, impío, lujurioso y autoritario". No le perdonan su intento por vengar la memoria y retomar el programa de Túpac Amaru.

Igual sentido indiano, tuvo el accionar de Manuel Belgrano en sus campañas al Paraguay, a la Banda Oriental, y luego al Norte y al Alto Perú, donde apoyaría incondicionalmente a los ejércitos indios de los 105 caudillos altoperuanos, encabezados entre otros por -su secretario en la campaña del Paraguay- el héroe Ignacio Warnes, Manuel Ascencio Padilla, Juana Azurduy y Martín Miguel de Güemes, coordinados por Antonio Álvarez de Arenales. –uno de los sobrevivientes de la Revolución de La Paz de 1809.

El mismo sentido tendría Belgrano cuando propusiera en el Congreso de Tucumán –en acuerdo con San Martín y Güemes- la monarquía Inca –la vieja propuesta de Miranda-, coronando al hermano menor de Túpac Amaru, don Juan Bautista.

El proyecto, aprobado el 31 de julio de 1816, también incluía que la capital de las Provincias Unidas en Sud América –con ese nombre proclamó la independencia, el Congreso del 9 de julio de 1816- tuviera su lugar en el Cuzco y no en Buenos Aires.

El mismo ocultamiento racista también silencia la mirada indiana de la Revolución de Mayo.

La misma es distorsionada detrás de supuestos objetivos libre-cambistas, o de unidad de los españoles americanos y criollos, en una única Revolución Hispanoamericana, sin indios, o mejor dicho, con los indios siguiendo como esclavos, según la visión que algunos atribuyen a Saavedra y al Déan Funes.

No era, por cierto, ese el pensamiento del núcleo revolucionario central: Moreno, Castelli, Belgrano, Murillo y Monteagudo.
Ellos planteaban una revolución americana continental, agraria, nacionalista; con las masas indias en el centro de la escena y en completa libertad y restitución de sus derechos.

Ellos, y luego San Martín, Artigas, O’Higgins, Sucre, Güemes y Dorrego, intentarían juntar ambas revoluciones: la india, de emancipación social y redención; y la criolla, de liberación nacional e Independencia. Es decir una revolución popular-quasisocialista y otra burguesa. En términos actuales: "piquete y cacerola".

Tal como efectuara Belgrano, en la Banda Oriental, se designó a dos jefes: Artigas por los indios, mestizos, negros y mulatos (la chusma, la plebe) y Rondeau por la "gente decente". Quedaba claro en ese esquema belgraniano, que el jefe real del pueblo Oriental era Artigas (como lo señaló Moreno en el Plan de Operaciones), pero Don Manuel guardaba el lugar a la gente decente para tenerla adentro.

Pero la contrarrevolución saavedrista-rivadaviana eliminó a Artigas y dejó a Rondeau. La "revolución" sería sólo para la "gente decente", como aclararía después Vicente Fidel López.

Desde esta perspectiva de Revolución Social, que proclamaran Túpac Amaru primero y los Revolucionarios de Mayo a posteriori, es comprensible que no existiera en la historia mundial ningún documento similar al Plan Revolucionario de Moreno –aun cuando Gaspar Rodríguez de Francia, O’Higgins y San Martín, gobernarían con políticas muy parecidas a las propuestas por el Plan-, hasta el estallido de la Revolución Rusa y los escritos de Lenin y Trotzky, posteriores a 1920-22, cuando ambos desarrollaran sus trabajos sobre el desarrollo del capitalismo nacional en los países carecientes de burguesía industrial nacional.


Por Alberto Lapolla
agrolapolla@yahoo.com.ar
Ingeniero Agrónomo Fitotecnista (UBA)
Experto en Genética Vegetal
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Ex – Docente de la UBA
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jueves, 6 de agosto de 2009

UNA VISIÓN DE LA SOCIEDAD DEL MORDISCO DEL DIABLO

TANDILIA

EL MORDISCO DEL DIABLO

Por: Eduardo Néstor Gracia

SELECCIÓN DE FRAGMENTOS.


Es justamente esta mayor dependencia de la Naturaleza, la que dotaba a estas castas primitivas de una singular sensibilidad y sentimientos más profundos que los nuestros.

Volviendo a los sitios donde desarrollaban sus vidas, aún hoy se puede ver en esas oquedades, refugios adecuados donde los muebles y útiles están formados por rocas disímiles. A cada piedra, bien le podríamos encontrar una utilidad diferente si no tuviéramos otra opción que quedarnos a vivir allí.

Frente a la entrada, una amplia terraza invita a la reunión social y la labor comunitaria, bordeada por matorrales y arbustos hacen de valla hacia el precipicio. Hay muchas criaturas pequeñas jugando, vigiladas por las mujeres que están siempre ocupadas.

Cocinan, crían y elaboran. Cada cosa en su momento pero, muchas veces, varias al mismo tiempo. Algunas niñas arreglan los cabellos y despiojan al sol a las mujeres que amamantan o elaboran, aunque no sean sus propias madres.

A esta hora de la mañana son visibles más niñas que niños y más mujeres que hombres, ya que los hombres fuertes, van a recolectar y cazar con los jóvenes. Los varones púberes están con algunos hombres maduros en los talleres líticos donde, por observación e imitación aprenden, naturalmente, diversas tareas en las que, con el paso del tiempo, serán especialistas.

Las niñas, desde su nacimiento hasta su desarrollo, permanecen con las mujeres en total cooperación y servicio, en la compleja, múltiple y fundamental tarea de ellas. Muy jovencitas, aunque inexpertas, asumen con naturalidad la portentosa responsabilidad que la comunidad y la especie les confía, respaldadas siempre por las mayores que las protegen.

Algunos ancianos y ancianas, envejecidos o lisiados prematuramente por deterioros físicos, más que por la edad en sí, toman sol en grupos. O bien, aislados, contemplan los prados de los valles... lejos... allá abajo, y las otras terrazas inferiores donde viven otros congéneres. Simplemente chusmean. O se interesan por la cacería que se ve, en lontananza, a través de los azulados tonos del velo atmosférico, a contraluz, sobre el inmenso verde tapiz de los prados, libre del reticulado geométrico de las parcelas actuales. A veces, bajan en socorro de algunos lesionados, producto de ocasionales peleas con habitantes de otra lejana sierra que, celosamente, cuidan sus territorios allende los grandiosos valles.

Es que la extensión de éstos les obliga a perseguir largamente las piezas de caza, en alarde de paciencia y sagacidad extremas. No hay límites o demarcaciones visibles, ni obstáculos en territorio llano, salvo algún arroyo o, en su caso, matorrales de curros. Por eso es fácil entrar inadvertidamente en territorio ajeno. Otras veces, la trabajosa y kilométrica persecución pedestre de la presa, les va otorgando a los cazadores cierto legítimo sentimiento de propiedad sobre la misma, y entran conscientemente en territorio ajeno en afán de recuperar lo que ya consideran propio, antes de darles caza. No siempre son bien interpretados por sus congéneres desconocidos.

Todo es muy relativo y difuso en esa incipiente sociedad sin códigos formales. Pero así como en algunos casos hay antagonismos y celos entre comunidades, en otros, existen sentimientos de cooperación y reciprocidad. Están tratando de aprender a vivir en sociedad. Nosotros, que estamos adelantados miles de años (¿o demorados?), todavía no hemos aprobado esa asignatura. Es la vida misma que les asoma, cada día, rudimentos de fe. Saber que, variando calidad o cantidad, la provisión natural siempre ha estado y ha de estar. Buen sentimiento. Malo es no comprender de dónde sale la provisión. ¿Por qué siempre hay?... ¿Quién la repone? Ni saber por qué, a veces, un hijo promesa de vida, arde en fiebre y cae, sin remedio, en brazos de la muerte o, pasado el trance, se recupera totalmente.

Una joven muchacha, con su bebé ya dormido y aún prendido al pecho, ensaya una extraña postura para llegar hasta su padre maltrecho, con un alimento que termina de sacar de entre las humeantes cenizas. El fogón circular, orlado de piedras, está siempre protegido de las lluvias en alguna oquedad de la montaña, pequeño y ventilado refugio hecho cocina... y santuario del fuego: un bien casi sobrenatural, también al cuidado de la mujer.

Así es la vida de esa comunidad... Día tras día... Cada uno individualmente diferente al otro... pero iguales en esencia. Es un existir apacible. Sienten fluir la vida y la disfrutan naturalmente o la sufren con sencillez y humildad. Asimilan lo que aprenden a medida que viven. Lo aprendido ha de servirles durante toda su existencia y representará, además, una valiosa herencia evolutiva y cultural para su descendencia.

Ni sobresaltos, ni apremios. No están preparados para ellos. Un modo de vida donde la Sabiduría es más necesaria que la Ciencia. En el curso de su tiempo, el módulo de cambio puede medirse en milenios y excepcionalmente en siglos y ellos, casi no lo advierten. Es casi imposible que lleguemos a comprenderlos, desde el lugar cronológico de observación en que estamos ubicados.

Sometidos, nosotros, a cambios que son importantes y muy frecuentes y se suceden en minutos y, a veces, en segundos. Donde la Ciencia, que es cosa barata, es más buscada que la Sabiduría, que es Don divino. En nuestra sociedad actual, esta subversión de valores éticos y morales es lamentable, alarmante y peligrosa. Hasta nos hemos acostumbrado a verla como progreso, cuando en realidad, es un claro signo de regresión cultural con severa incidencia en el desarrollo social.

Para nosotros cada avance tiene un precio. Para ellos cada avance tiene un rédito.

Nota

El Mordisco del Diablo, Ensayo, Autor Eduardo Néstor Gracia. Balcarce, Argentina. Pag, 3-6

Curro: Especie autóctona arbustiva de follaje penetrable únicamente por el viento, la lluvia y pequeñas aves. Su mata está compuesta sólo por ramas y robustas hojas que se vuelven leñosas y dolorosas lanzas ni bien dejan de ser brotes. Forman vallados naturales mucho más eficaces que los alambrados de púas actuales. A pié, sin curros ni sierras, era muy difícil poder acorralar y dar caza a un animal en pampa abierta. Esta planta autóctona, asociada naturalmente a estas sierras y sus valles, fueron grandes facilitadoras de la supervivencia de las primitivas castas humanas locales, optimizando la cacería exitosa con el recurso rudimentario de la chuza o la piedra arrojadiza, antecesora milenaria de las evolucionadas boleadoras.



Expreso mi sincero agradecimiento a la colaboración prestada por mi amigo Eduardo Néstor Gracia autor de la Monografía El Mordisco del Diablo.

martes, 4 de agosto de 2009

TUPAC AMARU Y LA EMANCIPACIÓN AMERICANA




Túpac Amaru y la Emancipación Americana.

Sólo una visión racista de la historiografía y sociología latino-americanas, basada en el racismo estructural de nuestras sociedades, y sustentadas en la supremacía racial blanca-criolla-europea, impuesta por la invasión europea y la derrota de las naciones indias -expresada sin ambages en las genocidas consignas de "civilización o barbarie" u "orden y progreso"- puede intentar ocultar lo evidente.

La Revolución Norteamericana estalló en 1774, la Revolución Francesa en 1789; en medio de ambas, la historiografía liberal o la católico-nacionalista, no ubican absolutamente nada, hasta llegar a la Revolución de Mayo de 1810, hecho en la que coinciden, con distintas miradas, ambas corrientes europeístas argentinas. Una, tributaria de la dominación británica y de la hispano-católica, la otra.

Este déficit se extiende a la mayoría de la historiografía occidental, con honrosas excepciones como las de Boleslao Lewin, Eduardo Astesano, Rodolfo Kusch, José Carlos Mariátegui, Alcira Argumedo, Ernesto Giúdici, Gabriela Mistral, César Vallejo, Pablo Neruda, Osvaldo Bayer, Felipe Pigna y Enrique Dussel, entre otros. Autores que han aportado una mirada diferente, abarcadora de la real dimensión de la rebelión Tupamara y del Incario fundante. El resto, ignora que en el período comprendido entre la Revolución Norteamericana y nueve años antes de la francesa, estalló una Revolución que conmovió el corazón estratégico del imperio español en América, y que a punto estuvo de liberar los inmensos territorios del Incario.

Es imposible negar su conexión con el estallido de la revolución en el Norte de América. Siendo además que, entre 1774 y 1789 se sucedieron en la América española decenas de rebeliones indias y criollas, siendo la Tupamara la principal y más profunda.

Ambas visiones dominantes ignoran –u ocultan- que los planteos de Túpac Amaru, proclamando la abolición de la esclavitud, la encomienda, y la servidumbre indias, y de toda dominación sobre otras personas, así como de todo poder colonial sobre los pueblos americanos, eran mucho más avanzados que los principios de supremacía blanca de las revoluciones norteamericana y francesa. Movimientos estos, que no abolieron ni la esclavitud ni el poder colonial sobre sus territorios sometidos, a excepción de los planteos revolucionarios de Maximilien Robespierre.

Es de tal magnitud el racismo de ambas corrientes historiográficas, que incluso al hablar de la Revolución de Mayo, dan por iniciado el proceso el 25 de mayo de 1810 en Buenos Aires. Sin embargo, el proceso emancipatorio realmente comienza como proceso histórico, el 25 de mayo de 1809 en Chuquisaca y en junio del mismo año en La Paz. Ambas ciudades, de clara connotación india y Tupamara, están situadas en el corazón estratégico del Imperio español en América.
Claro que, iniciar la emancipación americana con los sucesos del Alto Perú, sería reconocer la herencia tupamara y el carácter mayoritariamente indio de la América del s XIX –y aun de la actual-.
Baste señalar que Buenos Aires contaba en 1810 con 42.000 habitantes, sin embargo en el Perú y el Alto Perú residían casi 2.500.000 personas, el 85% de ellos indios y mestizos.

Es imposible, como hacen Mitre, Vicente Fidel López y Sarmiento, o el Pepe Rosa, Ibarguren y Palacio, por ejemplo, centrar la emancipación americana en Buenos Aires. El puerto carecía de importancia real en el contexto americano, más allá de su importancia estratégica. Peor aun: centrar el movimiento o la mirada en Buenos Aires, llevaría a la destrucción de la unidad continental, tal como ocurrió.

Ni Moreno, ni Belgrano, ni Castelli, ni San Martín, ni Artigas, ni Güemes pensaron de tal modo. Tampoco Monteagudo, Murillo, O’Higgins, Miranda, Nariño, o Bolívar. Nadie que se propusiera una Revolución continental –nadie pensaba en los paisitos actuales por entonces-, ignoraría ese hecho fundamental: el corazón de la América española no era Buenos Aires, sino el Alto Perú y el Perú.

De allí la importancia de la revolución encabezada por Túpac Amaru y sus ecos en la generación que lo sucedió.

Por Alberto Lapolla
agrolapolla@yahoo.com.ar
Ingeniero Agrónomo Fitotecnista (UBA)
Experto en Genética Vegetal
Historiador
Docente de la Universidad de La Matanza
Ex – Docente de la UBA
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domingo, 2 de agosto de 2009

TUPAC AMARU Y LA EMANCIPACIÓN AMERICANA



La dignidad del Inca: "Volveré y seré millones"

El 18 de mayo de 1871, Túpac Amaru fue ejecutado en el suplicio, en la plaza principal del Cuzco.

Junto a él, fue asesinada toda su familia, incluida su esposa y principal lugarteniente, Micaela Bastidas Puyucawa. También sus hijos, demás hermanos y familiares directos, quienes fueron asesinados previamente al gran Inca. Lo obligaron a observar como, uno a uno, sus seres queridos eran atrozmente asesinados por los "civilizados" españoles.

Pese al inmenso dolor de ver morir a sus seres amados, a las torturas por él recibidas, y al terrible martirio que le esperaba, el Inca no sólo no quebró su coraje y dignidad, sino que volvió a desafiar a los criminales invasores españoles. Antes que el verdugo le cortara la lengua, Túpac Amaru expresó en Qeshwa y Castellano:

"Volveré y seré millones"

Dicho y hecho. El dominio español en América no duraría treinta años más.

Al ser capturado, el Inca tenía entre sus ropas una copia de la proclama independista que reprodujimos más arriba.

Aparentemente, la misma estaba destinada a ser entregada a un aliado criollo que encabezaría una Revolución criolla en Lima.

Pese a las atroces torturas aplicadas por el infame Areche, Túpac guardó el secreto de su socio blanco, y respondió con dignidad y desprecio al torturador español.

"El visitador Areche entró intempestivamente en su calabozo para exigirle, a cambio de promesas, los nombres de los cómplices de la rebelión. Túpac Amaru le contestó con desprecio: "Nosotros dos somos los únicos conspiradores. Vuestra merced, por haber agobiado al país con exacciones insoportables, y yo, por haber querido libertar al pueblo de semejante tiranía. Aquí estoy yo para que me castiguen solo, al fin de que otros queden con vida y yo solo en el castigo."(…)

Fue sometido a las más horribles torturas durante varios días.

"Siendo descendiente de los Incas, como tal viendo que sus paisanos estaban acongojados, maltratados, perseguidos, él se creyó en la obligación de defenderlos, para ver si los sacaba de la opresión en que estaban." (1) (pag156)

La sentencia del visitador real Areche es muy elocuente sobre le carácter de la dominación española en América, mostrando a su vez el origen de las políticas del Terrorismo de Estado aplicadas sobre nuestros pueblos hasta hoy.

"Debo condenar, y condeno, a José Gabriel Túpac-Amaru, a que sea sacado a la plaza principal y pública de esta ciudad, arrastrado hasta el lugar del suplicio, donde presencia la ejecución de las sentencias que se dieran a su mujer, Micaela Bastidas, sus hijos Hipólito y Fernando Túpac Amaru, a su tío Francisco Túpac Amaru, su cuñado Antonio Bastidas, y algunos de los principales capitanes o auxiliares de su inicua y perversa intención o proyecto, los cuales han de morir en el propio día; y concluidas estas sentencias, se le cortará por el verdugo la lengua y después amarrado o atado por cada uno de sus brazos y pies con cuerdas fuertes, y de modo que cada uno de éstas se pueda atar o prender con facilidad a otras que pendan de las cinchas de cuatro caballos; para que puesto de este modo, o de suerte que cada uno de éstos tire de su fado, mirando a otras cuatro esquinas, o puntas de la plaza; marchen, partan o arranquen de una vez los caballos, de modo que quede dividido el cuerpo en otras tantas partes; llevándose éste, luego que sea hora, al cerro o altura llamado Picchu, adonde tuvo el impedimento de venir a intimidar, sitiar, y pedir que se le rindiese esta ciudad, para que allí se queme en una hoguera que estará preparada, echando sus cenizas al aire, y en cuyo lugar se pondrá una lápida de piedra que exprese sus principales delitos y muerte, para sola memoria y escarmiento de su execrable acción. Su cabeza se remitirá al pueblo de Tinta, para que estando tres días en la horca, se ponga después en un palo a la entrada más pública de él; uno de los brazos al de Tungasuca, donde fue cacique, para lo mismo, y el otro para que se ponga y ejecute lo propio en la capital de la provincia de Carabaya; enviándose igualmente y para que se observe la referida demostración, una pierna al pueblo de Livitaca en la de Chumbivilcas y la restante al de Santa Rosa, en la de Lampa.(…) Que las casas de éste sean arrasadas, o batidas y saladas a la vista de todos los vecinos del pueblo o pueblos donde los tuviera o existan. Que se confisquen todos sus bienes, a cuyo fin se da la correspondiente comisión a los jueces provinciales. Que todos los individuos de su familia, que hasta ahora no hayan venido, ni vinieran a poder de nuestras armas y la justicia que suspira por ellos para castigarlos con iguales rigurosas y afrentosas penas, queden infames e inhábiles para adquirir, poseer u obtener de cualquier modo, herencia alguna o sucesión, si en algún tiempo quisiesen, o hubiese quienes pretendan derecho a ella. Que se recojan los autos seguidos sobre su descendencia en la expresada real Audiencia, quemándose públicamente por el verdugo en la plaza pública de Lima, para que no quede memoria de tales documentos; y de los que sólo hubiese en ellos testimonio, se reconocerá y averiguará adónde paran los originales, dentro del término que se asigne para la propia ejecución."

Pero el terror no terminó allí. Como respuesta a la rebelión, el rey de España proclamó la Ley del Terror en América, a través del llamado Catecismo Regio. La Iglesia sería su principal difusora.

"La cárcel, el destierro, el presidio, los azotes o la confiscación, el fuego, el cadalso, el cuchillo y la muerte, son penas justamente establecidas contra el vasallo inobediente, díscolo, tumultuario, sedicioso, infiel y traidor a su Soberano. El vasallo deberá denunciar toda conjuración que llegue a su conocimiento; aún cuando los conjurados fueran amigos, parientes, hermanos o padres, hay obligación de delatarlos" .-

Como puede verse, el Terrorismo de Estado y la colaboración de la jerarquía católica con él, tiene raíces profundas en nuestra historia.


Por Alberto Lapolla
agrolapolla@yahoo.com.ar
Ingeniero Agrónomo Fitotecnista (UBA)
Experto en Genética Vegetal
Historiador
Docente de la Universidad de La Matanza
Ex – Docente de la UBA
Autor de artículos y trabajos sobre la Problemática Agropecuaria Ambiental

Reproducido y difundido en nuestro territorio por el arzobispo de Córdoba, José de San Alberto. (3) (Tomo I) (p IV)

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Ministerio de Educación Bolivia
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lunes, 27 de julio de 2009

TUPAC AMARU Y LA EMANCIPACIÓN AMERICANA




Túpac Amaru proclama la Independencia americana

Luego de liberar obrajes, indios esclavos y ejecutar corregidores, Túpac Amaru hizo públicas reiteradas proclamas, reclamando la libertad e Independencia de los pueblos de América.

Su proclama más difundida es, sin dudas, uno de los documentos preliminares de nuestra Independencia; la misma casi repite los argumentos del Manifiesto por la Independencia de América, de Juan Vélez de Córdova, proclamados en la Revolución India-Criolla de Oruro del 8 de julio 1739. Por supuesto, Vélez de Córdova sufrió la misma suerte de Túpac Amaru, a manos de los piadosos opresores españoles.

La diferencia entre el proyecto de Condorcanqui y el que luego triunfaría en el siglo siguiente, radica en que él proponía una nación India-mestiza-criolla, con hegemonía indígena, y no una nación hispano-blanca-criolla-británica, con exterminio y genocidio permanente del indio, como luego seríamos.

"Yo Don José I por la gracia de Dios, Inca, Rey del Perú, Santa Fe (Bogotá), Quito, Chile, Buenos Aires, y continentes de los mares del sud, duque de la Superlativa, señor de los Césares y Amazonas con dominio en el gran Paititi, Comisario distribuidor de la piedad divina por erario sin par, etc. Por cuanto es acordado en mi Consejo por junta prolija por repetidas ocasiones, ya secreta, ya pública, que los Reyes de Castilla me han tenido usurpada la corona y dominio de mis gentes, cerca de tres siglos, pensionándome los vasallos con insoportables gabelas, tributos piezas, lanzas, aduanas, alcabalas, estancos, catastros, diezmos, quintos, virreyes, audiencias, corregidores, y demás ministros, todos iguales en la tiranía, vendiendo la justicia, en almoneda con los escribanos de esta fe a quien más puja y a quien más da, entrando en esto los empleos eclesiásticos y seculares, sin temor de Dios, estropeando como a bestias a los naturales del reino; quitando la vida a todos los que no supieron robar, todo digno del más severo reparo. Por eso y por los clamores que con generalidad han llegado al cielo, en el nombre de Dios Todopoderoso, ordenamos y mandamos que ninguna de las personas dichas, pague ni obedezca en cosa alguna a los ministros europeos intrusos, y sólo se deberá tener todo respeto al sacerdocio, pagándole el diezmo y la primicia como, que se da a Dios inmediatamente, y el tributo y el quinto a su Rey y Señor natural, y esto con la moderación con que se hará saber, con las demás leyes de observar y guardar. Y para el pronto remedio de todo lo suso expresado, mando se reitere y se publique la jura hecha a mi Real Corona en todas las ciudades, villas y lugares de mis dominios, dándome parte con toda la verdad de los vasallos prontos y fieles para el premio igual, y de los que se rebelaren, para la pena que les compite remitiéndonos la jura hecha, con razón de cuanto nos conduzca, etc."

Por Alberto Lapolla
agrolapolla@yahoo.com.ar
Ingeniero Agrónomo Fitotecnista (UBA)
Experto en Genética Vegetal
Historiador
Docente de la Universidad de La Matanza
Ex – Docente de la UBA
Autor de artículos y trabajos sobre la Problemática Agropecuaria Ambiental
Relato de dos Relaciones españolas de la época (2)(Pag420-421)

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cehmp.org

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domingo, 26 de julio de 2009

TUPAC AMARU Y LA EMANCIPACIÓN AMERICANA




La primera Independencia

Entre el 4 de noviembre de 1780 y el 18 de mayo de 1781 (fecha del horrendo sacrificio de Túpac Amaru), su esposa Micaela Bastidas Puyucawa y toda su familia (América), disfrutó del único período de libertad desde el inicio de la invasión y opresión española, hasta su emancipación en 1824.

En ese breve período, que en verdad se extiende hasta 1784, se da la continuidad de la rebelión por los diferentes jefes Indios del Perú, del Alto Perú y del Norte Argentino, quienes prosiguieron la iniciada por Túpac, hasta ser totalmente exterminados a sangre y fuego por los genocidas españoles.

Cien mil hombres en armas levantó Túpac Amaru a lo largo de más de 1500 kilómetros, en una insurrección india preparada a lo largo de varios años, que contaba con jefes y lugartenientes tan importantes como su esposa Micaela Bastidas Puyucawa, Julián Túpac Katari -proclamado virrey del Alto Perú, en concordancia con que Túpac Amaru era el Inca de todo el Tiwantysuwu restaurado-, su esposa Bartolina Sisa, Diego Cristóbal Túpac Amaru –el más destacado de los colaboradores del Inca-, Mariano Túpac Amaru, Miguel Túpac Amaru, Andrés Túpac Amaru y Dámaso Katari entre otros.

Todos ellos -y sus completas familias, incluido el desaparecido hijo de Túpac Catari de 8 años- asesinados de la misma atroz manera que el gran Inca, por los "civilizados" españoles.

Cien mil indios levantados en armas; con palos, piedras, recursos hidráulicos, macanas y lanzas, pero con muy pocas armas de fuego y sin conocimiento de su manejo.
Cien mil indios asesinó en represalia el terror español, en otro de los genocidios con que los europeos trataron históricamente a los americanos nativos.

Pero fue en noviembre de 1780, cuando una nueva generación india recobró la dignidad mancillada por el opresor y expresó su grito de libertad e independencia, extendida al corazón de la América India.

De hecho, Condorcanqui retomaba el estandarte invicto de Juan Santos Atahualpa, quien había combatido entre 1742 y 1761, sin ser nunca vencido por los españoles.

Santos Atahualpa llegó a crear un estado libre de la dominación goda en la selva central del Perú extendido hasta el Matto Grosso, en alianza con una diversidad de etnias guaraníes. Aún hoy, los pueblos de la selva esperan su regreso. Vinculada con su rebelión, se había producido una insurrección india en Lima en 1750, con apoyo criollo, sofocada a sangre y fuego por el poder español.

Luego de la muerte de Juan Santos en 1761, sería Túpac Amaru quien continuaría la heroica resistencia india iniciada el 13 de octubre de 1492.

El 4 de noviembre de 1780 el Inca dio inicio a la rebelión –según dicen algunos historiadores-, antes del tiempo previsto, precipitada por la detección de la rebelión criolla de Farfán de los Godos en Cuzco, que lo obligó a actuar antes de tiempo para eludir la represión.

Según lo relatado, el día 4, el Inca detuvo al odiado y perverso corregidor Arriaga.

El día 10 Arriaga fue ejecutado por Túpac Amaru en la plaza de Tungasuca, ante un gentío exultante de indios y mestizos que no podían dar crédito a lo que sus ojos veían.

En los días siguientes, continuó Túpac al mando de sus hombres recorriendo la provincia y liberando indios y mestizos esclavos de las encomiendas y obrajes; repartiendo sus bienes entre los pobres americanos y ejecutando a todos los españoles europeos presentes.

Las mujeres españolas eran obligadas a vestirse con ropas de las mujeres americanas, para escándalo de las ibéricas damas.

La rebelión se extendió como un reguero de pólvora sobre la mancillada tierra americana.

"Causa admiración al ver la prontitud con que obedecieron las voz de este Rebelde en todo el Reino del Perú, pues se sabe notoriamente que en toda la costa de Arica, Tacna y Huantajaya hicieron los indios iguales muertes, robos y atrocidades que en la Sierra, manteniéndose sin sujeción alguna".

"Y hasta los bárbaros Mocovíes y Pampas de la parte de Jujuy y Salta, tuvieron noticia de esta rebelión, y salieron de sus términos insultando e intentando asolar estas dos ciudades, en donde tuvieron la fortuna de haber llegado a ese tiempo la Compañía de Granaderos del regimiento de Saboya, que venía de Buenos Aires, con la cual pudieron resistir sus terribles invasiones".

"También los Chiriguanos de la frontera de Tomina, hicieron sus salidas costosos con los deseos que tuvieron de conocer al Titulado Rey Túpac Amaru".

"(...) Pocas veces se habrá visto desolación tan terrible, ni fuego que con más rapidez se comunicase a tantas distancias, siendo digno de notar, que en 300 leguas que se cuenta de longitud, desde el Cuzco hasta la frontera del Tucumán, en que se contienen 24 provincias, en todas prendió casi a un mismo tiempo el fuego de la rebelión".

El día 12, Condorcanqui ocupó el obraje de Pomacancha, liberando a los indios allí esclavizados; repartiendo entre ellos sus bienes, dejando a cargo del mismo –ya no como obraje, sino como propiedad comunal indígena, Ayllu- a su hermano menor Juan Bautista Túpac Amaru.

Juan Bautista -único sobreviviente de la familia del Inca-, pasaría cuarenta años en las prisiones españolas en África (en Ceuta) y sería proclamado Rey Inca por el general Belgrano en el Congreso de Tucumán; propuesta que el Congreso aprobara el 31 de julio de 1816.

Juan Bautista moriría en Buenos Aires en 1827, encontrándose enterrado en una tumba sin nombre en el cementerio de la Recoleta.

Por Alberto Lapolla
agrolapolla@yahoo.com.ar
Ingeniero Agrónomo Fitotecnista (UBA)
Experto en Genética Vegetal
Historiador
Docente de la Universidad de La Matanza
Ex – Docente de la UBA
Autor de artículos y trabajos sobre la Problemática Agropecuaria Ambiental
Relato de dos Relaciones españolas de la época 2 pag 430

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tupacamaristasdelperu.blogspot.com

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sábado, 25 de julio de 2009

TUPAC AMARU Y LA EMANCIPACIÓN AMERICANA




Tupac Amaru II

Ya en Cuzco, con empeño,

quieren sacudir, y es ley,
el yugo de ajeno rey
y reponer al que es dueño.

¡Levantarse, americanos!

¡Tomen armas en las manos,
y con osado furor,

maten sin temor
a los ministros tiranos!

Afiche pegado en Oruro, por los "Criollos Tupamaristas"
Abril de 1780 (2)

4 de noviembre de 1780: El inicio de la Rebelión

Túpac Amaru II encabezó la mayor rebelión que conoce la historia de los países del Tercer Mundo, hasta muy entrado el siglo XX, luego de la ocupación y expansión europea, iniciada a lo largo del siglo XV, con la llegada de Colón a América y de Vasco da Gama a África y Oriente.

Organizó y armó a 100.000 americanos originarios contra el poder español, proclamando la libertad y la independencia de América. Su rebelión fue el golpe más fuerte sufrido por el imperio español, desde la invasión a América en 1492.

El jefe del gabinete de Carlos IV, "el favorito" -de la reina- Don Manuel Godoy, exclamaría unos años más tarde:

"Nadie ignora cuánto se halló cerca de ser perdido, por los años de 1781 y 1782, todo el virreynato del Perú y una parte del de la Plata cuando alzó el estandarte de la insurrección el famoso Condorcanqui, más conocido por el nombre de Túpac Amaru"


"El 4 de noviembre de 1780 Túpac Amaru da comienzo a la sublevación (...)

Túpac Amaru y el corregidor de la provincia de Tinta, Antonio Arriaga, se reunieron en la casa del cura de Yanacona, doctor Carlos Rodríguez, para "celebrar el día de nuestro augusto soberano". Antes de terminar la comida, fingiendo haber recibido un llamado urgente del Cuzco, Túpac Amaru se retiró de la casa del eclesiástico, y oculto en el camino que conducía a Tinta con un grupo de sus partidarios, esperaba el paso de Arriaga de vuelta para el pueblo (...)

"Retirábase (el corregidor Arriaga) después de comer al pueblo de Tinta, y en la travesía que media le acometió Túpac Amaru con alguna gente que le acompañaba. Echáronle un lazo al cuello y lo trajeron de la mula a la tierra; hicieron a un criado que con él venía y presos dos negros esclavos que a alguna distancia lo seguían; fueron todos conducidos a un sitio separado y secreto, y allí detenidos hasta la medianoche en que fueron introducidos en el pueblo de Tungasuca, y encarcelado el corregidor en una pieza o calabozo en la casa de Túpac Amaru"

"Observóse tal secreto en Orden a su situación que absolutamente se ignoraba dónde se hallaba el corregidor; a unos se decía que estaba actuando ciertas diligencias de importancia que lo negaban a otra atención."

Túpac Amaru llevó al corregidor a Tungasuca y allí estableció su cuartel general, y no en Tinta capital de la provincia. Los motivos saltan a la vista: la situación estratégica de Tinta es mucho menos favorable que la de Tungasuca, que se halla en la cordillera y es de difícil acceso (...)

De acuerdo con el plan previamente fijado y perfectamente ejecutado, obligó de inmediato al corregidor a firmar una carta dirigida a su cajero, en la que le ordenaba remitirle todos los fondos disponibles y todas las armas alcanzables (...)

La fingida carta produjo su efecto. El jefe rebelde, que necesitaba tan apremiadamente armas, sobre todo de fuego, y dinero, gracias a su ardid obtuvo 22.000 pesos, algunas barras de oro, 75 mosquetes, bestias de carga y mulas.

Pero el corregidor no sólo se vio obligado a firmar esa carta; también tuvo que poner su firma bajo la misiva, a su dependiente Manuel de San Roque, natural de Santiago de Chile, que no le podía presagiar nada bueno. En ésta le ordenaba "fuese a Tungasuca llevando dos pares de grillos, su cama, y llaves de las principales viviendas del Cabildo."

El antes tan soberbio funcionario español, bajo el dictado de Túpac Amaru, el 8 de noviembre de 1780, tuvo que extender órdenes a todos los pueblos de la provincia para que sus habitantes, en el término de 24 horas, se presentaran en Tungasuca (...)

"Don Miguel de Mesa y don Félix Castelo, a quienes se da la comisión en derecho necesaria, pasarán al pueblo de Citarangani y notificarán a todos los españoles que restan, para que dentro del término de veinte y cuatro horas se presenten en este pueblo. Asimismo a los indios de ambos ayllus; sin que en esto haya reserva de persona alguna, por convenir al servicio del Rey y causa pública. Tungasuca, y noviembre ocho, de mil setecientos ochenta. Antonio de Arriaga."

Naturalmente, la rigurosa orden del gobernador de la provincia fue ejecutada con toda puntualidad. En Tungasuca se hicieron, pues, presentes, miles de criollos, mestizos e indios, y aun algunos europeos.

Un genovés residente en Sicuani, (...) en su declaración judicial nos ofrece algunos detalles interesantes sobre los momentos iniciales de la gran rebelión. Según dice, ya el día 8 comenzaron a afluir a Tungasuca muchas personas. De inmediato fueron puestas en pie de guerra, por Túpac Amaru, quien montado en un caballo blanco y vestido de terciopelo negro, dirigía los ejercicios militares en la pampa vecina a Tungasuca.

Daba órdenes en los dos idiomas: a los criollos y mestizos, en castellano; a los indios en quechua."

Por Alberto Lapolla
agrolapolla@yahoo.com.ar
Ingeniero Agrónomo Fitotecnista (UBA)
Experto en Genética Vegetal
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Ex – Docente de la UBA
Autor de artículos y trabajos sobre la Problemática Agropecuaria Ambiental
Relato de dos Relaciones españolas de la época 2 pag442 a 444

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sábado, 4 de julio de 2009

ANIMALES SAGRADOS



ANIMALES SAGRADOS
PILLÁN MAMUL MO

Los mitos más antiguos de la humanidad cuentan que el Ser Supremo tomó la forma de Águila o gran ave solar, y descendió un día al Árbol del Mundo. Allí puso sus huevos chamánicos y los empolló o hizo empollar durante los muchos días que suman tres vueltas completas de la Tierra en torno del Sol. Y cumplido el tiempo de la incubación de los huevos se abrieron, y los grandes chamanes de los nidos más altos y los medianos de los nidos intermedios y los más pequeños de los nidos de las ramas mas bajas abrieron sus ojos nuevos ¡y supieron qué debían hacer!

Desde entonces son guías de los hombres y mantienen vivo el sagrado contacto entre las criaturas y el Padre Creador.

Y en memoria de la Gran Ave-Madre se adornan con elementos ornitomórficos, que magníficamente los devuelven a sus orígenes, y a su divina facultad de volar al Más Allá. Por eso usan garras y plumas de águila…, quizás del águila mora o calquín, la que habla con Dios. Y otras veces toman los atributos del cóndor, también sagrado, ave maligna a la que el mítico Elal de los tehuelches cazó con una flecha y en castigo ejemplar por llevarse niños le sacó todas las plumas de la cabeza…

Y así no podemos detener la pregunta: ¿por qué las aves ocupan un lugar tan vertebral en los mitos de la humanidad?...

Tal vez porque las aves han representado siempre para el hombre el vuelo y por ende el contacto con lo lejano, difícil o inaccesible. Si la flecha tiene plumas volará lejos hasta la presa… Si la cabeza o el cuerpo lucen plumas, el indio estará dotado de vista aguda o ligereza o invisibilidad, en todo semejantes a las cualidades del pájaro del que las tomó. Sí, posiblemente esto explique el por qué es tan rico y variado el repertorio mágico en torno a las aves en distintas culturas aborígenes.

Entre los mapuches y araucanos de la Patagonia es sagrado el ñamco de pecho blanco, al que se reverencia especialmente porque su ubicación durante el vuelo indica al viajero buenos o malos augurios: si va de espaldas o avanza por la izquierda, ¡lo mejor es volverse!… pero aún es si se posa en el vuelo, porque con eso dice que morirá el ganado que se arrea. Y hay quién afirma que el vómito cubierto de lana y pelos de animales es el más preciado amuleto, pero quién lo posea y honre verá multiplicarse su buena suerte.

También es mágico el arisco rerré: si uno lo lleva consigo en el cuerpo no hay bala que lo alcance… Y en el pequeño chucao cordillerano se reconoce la virtud de la suerte y las variaciones del tiempo según sea el canto: si canta dulcemente a la derecha del que viaja le anuncia felicidad, si lo hace por la izquierda, y con tono áspero, tendrá contratiempos y habrá lluvias.

Es ave de mal agüero el guairao ó guarivao, la garza nocturna que engaña con un grito igual al del zorro y de la que se dice es portadora del alma de algún brujo. Y son pájaros mágicos el pidel negro que predice la lluvia y cuya carne aumenta la leche de las madres cuando crían, y el nuco (buho) y la huala lastimera, y el tordo huérfano y unos cuantos más.

Entre todos, ¿cuál es el pájaro más temido por el indio?

A no dudarlos el chonchón o chuncho o quilquil o tué tué, especie de caburé fabuloso al que se considera rey cruel de los seres alados, porque los convoca para elegir el mejor, destruirlo y comerlo.

Los que saben entre los mapuches afirman que se trata de un brujo o bruja que se ha separado la cabeza del cuerpo, y ha hecho crecer desmesuradamente sus orejas como las alas para volar a las salamancas (cuevas de los brujos) y participar de las orgías y maleficios. La creencia popular cuenta que si este pájaro nocturno o cabeza voladora ríe: habrá muerte cercana, y si canta: se producirá un casamiento… Pero es tanto el temor que suscita el chonchon que se siempre se intenta ahuyentarlo con rezos, las extrañas doce palabras redobladas, o conjuros de todo tipo…

También la mitología aborigen de la Patagonia es fecunda en fantásticas criaturas zoomorfas como el ñivirilú, la serpiente-zorro de los grandes ríos y lagos cordilleranos que se enrolla en las patas de los caballos y los arrastra a las profundidades. O la Calchona, la bruja desgreñada que aparece de noche a los viajeros a veces como oveja de largas calchas o mechones… y otras como una perra negra lanuda. De ella dicen que fué una mujer que habiendo sido descubierta en su transformación, ya no pudo volver más a su estado natural, y desde entonces vagabundea por los campos sin consuelo. O el chivato portero de las salamancas, o el quiltro lanudo conductor de almas…

Otros Entes o seres interesantísimos resultan ser el toro y el caballo de la Leyenda del Domuyo: los lugareños creen en pié juntillas que el cerro se enoja cuando algún forastero intenta escalarlo, y por eso ruedan enormes piedras y se desatan tormentas para acabar con el atrevido curioso. Afirman algunos que en realidad lo que el Domuyo no quiere es que se conozca a la hermosa joven que peina allá en la cima sus cabellos rubios con peine de oro, siempre vigilada por un toro colorado y un potro lustroso y renegrido. Es el toro que despeña las grandes rocas, el caballo el con sus carreras y resoplidos logra despertar al trueno y originar el rayo castigador…

Los viejos más viejos entre los araucanos son los que saben de lo que pasó en los tiempos del Diluvio, cuando Trentren, la serpiente mitológica del agua, para impedir la extinción del género humano, y salió vencedora… Ellos son los que recitan decenas de leyendas del ciclo de Elal, donde el mítico héroe-dios, el creador de los tehuelches, se relaciona con los animales y organiza la creación poniéndola al servicio del Hombre. Allí aparecen, fantásticos pero ya con sus cualidades características, el zorro, el jaguar, el puma, la serpiente, el piche, el lobo marino, la ballena.

Sus enojos dejan huellas memorables: la locura y la muerte en el mejor de los casos… y en el peor: la eterna agonía del huitrán che cura o la transformación del hombre en piedra…

En la topografía del sur de América hay cientos de rocas con formas humanoides ante las que el indio tiembla o eleva su respetuoso homenaje. Son riscos huitrán che, y allí están sus hermanos de raza purgando la antigua culpa…

¿No son huitrán che cura las indiecitas del trompe en el volcán Epuïlche?

¿Y acaso el Collón Cura (espantajo de piedra) que también se vuelve invisible a su gusto?

¿O la piedra Pintada, idéntica a un cristiano de un metro de estatura?

¿O la sagrada piedra azul de Calfucurá, a la que venera anualmente la gran tribu Namuncurá?

Las piedras encierran misterios poderosos para el hombre, sea huinca o mapuche, no ha logrado descifrar. Porque, ¿cómo explicar el caso de la Piedra Saltona de cajón Chico, allá en la Cordillera del Viento, que en el blanco y largo invierno del '43 subió sus veinte toneladas unos cincuenta metros más arriba de su habitual emplazamiento de siglos, se encaramó sobre el lomo de la sierra y allí se detuvo, calzada por una insignificante piedrecita?

¿O el de la Piedra Pesada, que pese a su tamaño mediano era imposible levantar ni aún por varios hombres, y que hoy ha desaparecido misteriosamente… o se ha vuelto invisible, burlándose de todos…?

Y como puede ser que no caiga ladera abajo la gran piedra trapezoidal del cerro, pese a que la empujan con violencia vientos de doscientos kilómetros por hora?

Más aún: ¿qué fuerza operó para formar la gran cruz roja sobre la superficie granítica de la piedra del Quillén?...

¿O para mimetizar el paisaje alucinante la mítica Ciudad de los Césares?

Los mapuches distinguen entre piedras diabólicas y piedras santas.

No se acercan a la gran Pillán Cura también llamada Piedra del Diablo, ni a la Kalkufurá o piedra bruja, porque son asiento del Maligno; ni pasan entre los bloques de la Piedra Partida porque la hendidura es obra del Diablo y acarrea desgracias…

Sin embargo desde tierras muy lejanas acuden con fervor a pedir gracia ante la Piedra Milagrosa de Cochico, o la Piedra Santa del Arroyo Blanco del tromen, en la región del Pehuén.

Con sabiduría de siglos las culturas patagonienses saben que hay piedras que "caminan"… Sin importar su tamaño o peso, hoy pueden estar aquí y mañana a cinco o cincuenta metros… aunque ni ley natural ni humana puedan explicarlo. Y el indio de ojos viejos lo acepta sin cuestionamientos, porque ha aprendido que para el orden sagrado no caben razones de pequeños mortales. Eso sí, no pisará el rastro que dejó la piedra… porque puede secarse y volverse polvo, como han contado los que vivieron cerca, en sus familiares o amigos, el castigo de la huella prohibida, de la marca que se come la vida…

¿Quién se animará a discutir, ante un fervor tan puro y tan añejo, la virtud de algunas piedras mágicas?

¿Podrá el blanco negar propiedades curativas de ciertas piedras?

¿Las llancas sagradas del cultrún no inspiran a la machi en las rogativas?

¿Acaso con la catán cura chamánica no sopla el daño y adhiere sabiduría infinita, y usada en los instrumentos agrícolas no asegura con su poder sobrenatural buenas cosechas?

¿Las boleadoras hechas con fragmentos de cherufe (aerolito) no tiene la virtud de no fallar el tiro en la caza del guanaco y el avestruz?...

Las piedras que vienen del cielo son las más poderosas. Tal vez porque las descargó sobre la tierra el hacha del Pillán, el gran guerrero celeste…

Por eso es sagrado el meteorito de Kaper-Aike, y las esquiarlas y limaduras de las estrellas caídas son infalibles para la curación, el rito o la cacería.

Ya lo sabían y practicaban las culturas más viejas de América, y por el gran cordón cordillerano llegó al sur el conocimiento.

Ente los tehuelches y araucanos cada linaje ha tenido y tiene su piedra secreta de color distintivo. Con ella la machi prepara a cada uno el amuleto protector. También con piedras de uámek fabrica amuletos auspiciosos, zoomorfos, para asegurar la preservación y fecundación de los ganados representados en ellos… y amuletos contra el enojo, y de la piedra se sirve para las prácticas.

Una Vieja Leyenda

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