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viernes, 3 de julio de 2009

EL CABALLERO DE LAS ESPUELAS DE ORO




La feria del 8 de septiembre tan antigua como la historia de la ciudad de Loja, inicialmente atraía a muchos comerciantes peruanos y con ello generalmente venían sus familiares y amigos a disfrutar de la proverbial generosidad de los lojanos que siempre hemos sido capaces de "quitarnos el bocado de la boca según el decir de la gente para ofrecérselo al forastero que hacía "la merced" de llegar a visitarnos en esta lejana ciudad enclavada entre montañas y precipicios y a donde es tan difícil llegar por cualquier medio de comunicación.

Así, pues, lo cierto es que para una de aquellas ferias cierta ocasión llegó un grupo de cinco hermosas chiquillas nativas de Piura, Perú, tan esbeltas como las palmeras de su tierra, quienes habían venido solamente de paseo y con el afán de conocer nuevas tierras y amistades. Pero las familias lojanas les abrieron las puertas de sus casas y de su corazón y las bellas jóvenes comenzaron a danzar en los salones de la más alta sociedad, todos disputándose el honor de servirlas y halagarlas de la mejor manera.

Sin embargo las chicas lojanas pronto empezaron a ver que sus novios las dejaban para ir en pos de las hermosas piuranas y más tarde cundió la alarma inclusive entre las señoras casadas porque las cinco bellas se alcanzaban para todos y habían vuelto locos hasta a ciertos caballeros de respetable edad.

Entonces comenzaron a cerrárseles las puertas y no tuvieron otra opción que pensar en regresar a su tierra porque hasta la gente más humilde les negó no solamente vivienda sino inclusive un vaso de agua, tan estrecho y conservador era en esa época el ambiente que se vivía en esta apartada ciudad.

Pero como el diablo no descansa cuando de buscar adeptos se trata, un caballero de noble estirpe y cuantiosa fortuna que andaba loco por una de esas beldades a pesar de sus bien cumplidos cincuenta años de edad, después de mucho cavilar sobre la manera de retener a las piuranas ubicándolas en un lugar apropiado, al fin se acordó de una casa que la tenía abandonada y que anteriormente fue una hermosa Estancia situada más arriba del Molino de las Monjas, a un costado del "camino real" que conducía de Loja a Malacatos y Vilcabamba.

¡Hombre! le dijo de improvisto al amigo con el cual estaba tratando de solucionar el problema.

¿Qué pasa...? ¡Dilo!

¡Hallé el sitio preciso para llevar a las piuranas!

¡Otra vez me has de salir con que a esta hacienda o la de más allá, o la casa de ese o aquel arrimado...!

¡Olvídate de eso! ni el peón más humilde te las recibe por temor a Dios, a los curas e inclusive al diablo.

El diablo..., el diablo...

¡El diablo no existe!

¿Cuándo se convencerá de eso la gente y especialmente nuestros campesinos...?

¡Nunca! por eso ya debes convencerte tú también de que no hay más remedio que las piuranas se regresen a su tierra. Aquí ya nadie las quiere precisamente porque en ellas ven al mismo diablo en cuerpo de mujer.

Pues no se van a regresar, amigo… Se van a quedar y precisamente con nosotros…

!Ya verás como la vamos a pasar de lindo...!

Pero ¿dónde...amigo...dónde?

En la Estancia que tengo más arriba del Molino de las Monjas y a donde nadie llega precisamente por temor al diablo y los fantasmas.

Tan pronto las sombras de la noche cubrían la recoleta ciudad, un grupo de cinco elegantes caballeros cuyo rostro escondían parte bajo la angosta ala del sombrero de copa y lo más bajo el fino casimir de la amplia capa que cruzaban sobre el mentón, tomaba el estrecho sendero que conducía al Molina de las Monjas y después de este seguía adelante hasta llegar a la Estancia abandonada cuya gran casa de dos pisos había resistido tranquilamente el embate de los años y el descuido de sus dueños, empleados y cuidadores que no quisieron regresar más desde que alguien aseguró que allí se había aparecido el diablo.

Esto molestó mucho al dueño de la Estancia, quien decía que creía en Dios pero no en el demonio. Sin embargo nada pudo hacer debido al temor de la gente y como era dueño de muchas propiedades, a esa le dejó abandonada hasta el día que las bellas piuranas recibieron la noticia de que ya tenían a donde ir.

Los enamorados caballeros se las ingeniaron para comprar o sacar de sus casas de la ciudad o de sus haciendas todo lo que las bellas podrían necesitar en su nueva residencia, mientras que ellas se empeñaron en dejarla reluciente para las grandes fiestas que se daban por la noche. Así, tan pronto se apagaba la luz del día, en la casa de la Estancia se encendían los grandes candelabros que habían llevado los galanes y luego de que estos llegaban con su acostumbrada provisión de manjares y licores, comenzaba el baile que duraba hasta la madrugada.

Cuando las campanas llamaban a misa de cuatro en la iglesia de San Sebastián, los parranderos se acordaban de que debían retornar a sus hogares y emprendían el regreso evadiendo el encuentro con las personas que podían reconocerlos.

Una de esas noches en que se hallaba más animado el baile al calor de las copas y de los besos que repartían las bellas piuranas, al rayar las doce llegó un caballero muy alto que vestía traje negro, camisa blanca, corbata, capa y sombrero negros.

El sombrero no era de copa sino de ala ancha le cubría parte de su rostro moreno y en vez de zapatos calzaba botas de cuero negro con espuelas de oro. Al sonreír mostraba como si toda su dentadura fuese también de oro y sus ojos despedían raros fulgores.

Su inesperada presencia paralizó por un momento la fiesta, pero el forastero explicó que acababa de llegar del Perú y había ido a ver a sus paisanas.

Los enamorados galanes creyeron que se trataba de un pariente a quien ellas habían dado la dirección y por ese motivo lo invitaron a entrar al salón y a disfrutar de la fiesta.

El forastero no se hizo repetir la invitación. Enseguida entró al salón y sacó a bailar a una de las jóvenes y lo hacía con tal desenvoltura y alegría que las muchachas también olvidaron sus recelos y empezaron a divertirse a lo grande con el nuevo galán, quien sacaba chispas del suelo cuando taconeaba con sus botas calzadas con espuelas de oro y al compás del taconeo siempre decía:

¡Que se te hunda...! ¡Que se te hunda...!

El estribillo del forastero al principio llamó la atención de los presentes, pero luego se acostumbraron a verlo bailar como un trompo siempre repitiendo:

¡Que se te hunda...! ¡Que se te hunda...!

Al fin acabaron bailando todos de la misma manera alegre y desenvuelta cantando siempre:

¡Que se te hunda...! ¡Que se te hunda...!

A la noche siguiente se repitió la escena del caballero de las espuelas de oro que llegó al baile cuando el reloj marcaba las doce.

Pero entonces su presencia ya fue familiar para todos y lo recibieron con exquisitas muestras de cordialidad y alegría cuanto más que la noche anterior había dejado sobre la mesa una bolsa de gamuza negra repleta de esterlinas.

Enseguida empezó a danzar indistintamente con todas y cada una de las muchachas, motivo por el cual sus galanes no se mostraron celosos y antes más bien parecían contentos con el ritmo frenético de la fiesta que hacía retumbar el piso al son del estribillo:

¡Que se te hunda...! ¡Que se te hunda...!

Además cuando los otros caballeros se retiraron también lo hizo el de las espuelas de oro dejando nuevamente sobre la mesa otra bolsa llena de monedas.

Las piuranas no cabían de gozo con tanto mimo de los caballeros lojanos que cada noche les llevaban golosinas y licores, mientras que el caballero peruano las llenaba de dinero. Por ello pensaron que ya podían darse el lujo de contratar servidumbre y empezaron a buscarla sin alejarse demasiado de la Estancia que había sido fichada como la "guarida del pecado" y por tanto no se acercaba nadie.

Ni aún sacando a relucir las monedas de oro que a montones que a montones les había regalado el caballero peruano pudieron conseguir sirvientes. El espíritu sencillo de la gente humilde se hallaba sobrecogido de temor por las maldiciones que de todo lado caían sobre las pecadoras que habían ido a habitar la Estancia abandonada.

A orillas del Río Malacatos

Pero un día que las piuranas se paseaban por la orilla del río Malacatos que corría cerca de allí, encontraron a una mujer flaca y escuálida que estaba lavando ropa y a su lado lloraba un niño de dos o tres años de edad tan débil y pálido como su madre.

Como en toda mujer por más disipada que fuese siempre late el corazón de una madre, las piuranas se compadecieron del niño y preguntaron a la madre por la causa de su llanto.

¡Tiene hambre! contestó simplemente la mujer.

¿Y por qué no le das algo? le interrogó una de las jóvenes.

Porque no tengo fue la respuesta seca y cortante, pero bajó la vista para que las jóvenes no vieran dos lágrimas que se cuajaron en sus ojos.

Entonces una de las muchachas tomó en brazos al niño tan liviano como una espiga y las otras pidieron a la mujer que las siguiera hasta su casa para darles de comer, como en efecto así lo hicieron minutos después.

Luego la mujer contó a las jóvenes que había sido echada de la casa de los padres cuando supieron que iba a tener ese niño de un hombre que la sedujo y la abandonó. Desde entonces había vivido caminando como un autómata y sustentándose con lo que le prodigaba la caridad de la gente no tenía fuerzas para trabajar, para sonreír y hasta para hablar, tal era el estado de desnutrición en que se encontraban ella y su niño. Por eso aceptó llena de felicidad la propuesta de que se quedase allí con su hijo puesto que nada sabía de cuanto murmuraba la gente acerca de la "guarida del pecado".

Los primeros días que la mujer y su hijo se quedaron a vivir en casa de las piuranas nunca se asomaron al salón de baile. Se limitaba la buena mujer a ayudar en las tares de casa y apenas obscurecía ella y el niño se retiraban a su cuarto y dormían largas horas reponiendo las fuerzas que poco llegaban a sus cuerpos debilitados por la desnutrición y la anemia.

Una noche, ya repuesta de esa debilidad que le producía tanto sueño, sintió curiosidad por lo que ocurría en la sala de baile y tomando a su niño en el regazo se sentó junto a la puerta del gran salón que estaba iluminado con muchas luces y parecía temblar con los taconazos de los bailarines que golpeaban el piso al tiempo que repetían el estribillo del caballero peruano:

¡Que se te hunda...! ¡Que se te hunda...!

En una de las vueltas del baile el caballero peruano acertó a pasar cerca de donde estaba la mujer con el niño. Entonces éste se aferró al cuello de la madre y rompió a llorar.

¿Qué te pasa hijito...? dijo la madre.

¡Ese hombre, mamita, ese hombre...! contestó el niño y señalaba con el dedo al caballero peruano.

¿Qué tiene ese hombre...?

¡Le salen chispas de los pies!

Son las espuelas de oro que calza sobre las botas.

¡También le salen chispas de la boca!

Es su dentadura de oro.

¡Pero también le salen chispas de los ojos...!

¿De los ojos...? preguntó la mujer e hizo un esfuerzo para fijarse bien, comprobando que en efecto al caballero peruano le salían chispas de los pies, de la boca y de los ojos.

¡Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal! dijo entonces la mujer acordándose de aquella invocación que había aprendido de niña para enfrentar los momentos de peligro y terminó persignándose al mismo tiempo que decía:

¡Líbranos, Señor de todo mal!

Todo fue pronunciar esa frase y hacer la señal de la cruz cuando el caballero de las espuelas dio un brinco que rompió el techo y por el boquete que quedó abierto como si hubiera pasado un cuerpo candente, volvió a regresar lanzando un fuerte alarido. Al caer al piso del salón volvió a pronunciar el estribillo:

¡Que se te hunda...! ¡Que se te hunda...!

Entonces el piso se hundió junto con todos los presente y sólo quedó junto al umbral de la sala aquella pobre mujer que tenía fuertemente abrazado a su hijo. Todos los demás desaparecieron con el piso del salón que se hundió hasta unos dos metros bajo tierra y de allí quedó saliendo humo durante varios días.

Fuente: Loja de Ayer; Relatos, Cuentos y Tradiciones de Teresa Mora de Valdivieso
Loja, Ecuador
http://www.vivaloja.com/content/view/244/54/

Imagen
perianaypedanias.blogspot.com
skyscraperlife.com

lunes, 29 de junio de 2009

ORFEO Y EURÍDICE

Orfeo y Euridice por George Frederick Watts (1817-1904). Oleo, 56 x 76 cm.



Orfeo personaje de la mitología griega, hijo de Apolo y la musa Calíope. Hereda de ellos el don de la música y la poesía.

Según los relatos, cuando tocaba su lira, los hombres se reunían para oírlo y hacer descansar su alma.

Por ello enamoró a la bella Eurídice y logró dormir al terrible Cerbero, cuando bajó al inframundo a intentar resucitarla.

La historia más conocida sobre Orfeo es la que se refiere a su esposa Eurídice que a veces es conocida como Agriope.

Algunas versiones cuentan que mientras huía de Aristeo, u otras que mientras paseaba con Orfeo, fue mordida por una serpiente y murió.

En las orillas del río Estrimón Orfeo se lamentaba amargamente por la pérdida de Eurídice.

Consternado, Orfeo tocó canciones tan tristes y cantó tan lastimeramente, que todas las ninfas y dioses lloraron y le aconsejaron que descendiera al inframundo (catábasis).

Camino de las profundidades del inframundo, tuvo que sortear muchos peligros, para los cuales usó su música, ablandó el corazón de los demonios, e hizo llorar a los tormentos (por primera y única vez).

Llegado el momento, con su música ablandó también el corazón de Hades y Perséfone, los cuales permitieron a Eurídice retornar con él a la tierra; pero sólo bajo la condición de que debía caminar delante de ella, y que no debía mirar hacia atrás hasta que ambos hubieran alcanzado el mundo superior y los rayos de sol bañasen a Eurídice.

A pesar de sus ansias, Orfeo no volvió la cabeza en todo el trayecto, incluso cuando pasaban junto a algún peligro o demonio, no se volvía para asegurarse de que Eurídice estuviera bien. Llegaron finalmente a la superficie y, por la desesperación, Orfeo volvió la cabeza para verla; pero ella todavía no había sido completamente bañada por el sol, todavía tenía un pie en el camino al inframundo: Eurídice se desvaneció en el aire, y ahora para siempre.

Esta historia procede del tiempo de Virgilio, que fue el que introdujo el nombre de Aristeo. Sin embargo, otros autores también hablan de la visita de Orfeo al submundo; de acuerdo con Platón los dioses del infierno sólo le «presentaron una aparición» de Eurídice.

También según Platón, los dioses no le entregaron a su amante, porque les parecía que se mostraba cobarde, como buen citaredo, y no tuvo el arrojo de morir por amor, sino que buscó el medio de penetrar con vida en el Hades.



Orfeo y Eurídice

Video: Lila Calderón.
Pinturas universales con tema órfico.
Música: Gluck, "Orfeo y Eurídice".
Intérprete: Teresa Berganza.

Mito de Orfeo:

Orfeo fue el primer mortal capaz de desarrollar el arte de la música con la cual apaciguaba a los animales y era capaz de aplacar la ira de los dioses. Cuando creció, apareció un heraldo que le anunció el plan de Jasón de regresar el vellocino de oro y Orfeo se unió a ellos.

En la expedición de los Argonautas, Orfeo marcaba el ritmo de los remeros y logró anular el embrujo del canto de las Sirenas, entonando melodías más bellas para que la tripulación no fuese seducida por ellas.

Se casó con Eurídice, la cual muere el mismo día de la boda mordida por una serpiente.

El canto de Orfeo se vuelve triste para siempre.

Se le concede la oportunidad de bajar a los infiernos y recuperar a Eurídice, con el fin de oír nuevamente su música. Sólo se le pide que no se dé vuelva a mirarla hasta que hayan abandonado el inframundo. Orfeo no resiste y ya casi al salir del Hades se vuelve y ella desaparece para siempre.

Orfeo murió asesinado por las sacerdotisas de Dionisio.

Se menciona a Afrodita como instigadora para vengarse de Calíope a través de su hijo Orfeo.

Otra versión implica a Zeus, quien lo habría fulminado con un rayo.

Una vez muerto, la lira de Orfeo fue transformada en constelación y cuentan que su cabeza fue llevada por las corrientes marinas hasta la isla de Lesbos, donde siguió cantando, hasta que su alma pudo partir a los Infiernos a encontrarse con Eurídice.


Fuente
Wikipedia

Imagen
http://www.fmv-uba.org.ar

http://www.youtube.com/watch?v=kWvGVFFkD0o
Alineación al centro

domingo, 28 de junio de 2009

TRISTAN E ISOLDA

"Tristán e Isolda" de John Duncan

TRISTÁN E ISOLDA

Feriado está don Tristán

De una mala lançada:

Dirásela el rey su tío

Por celos que d’el catava;

El fierro tiene en el cuerpo,

De fuera le templa el asta.

Valo a ver la reina Iseo

Por la su desdicha mala.

Júntase boca con boca

Cuanto una misa rezada.

Llora el uno, llora el otro

La cama bañan de agua.

Alli naçe un arboledo

Que açuçena se llamava:

Cualquier muger que la come

Luego se siente preñada.

Comiérala reina Iseo

Por su desdicha mala.

(Romance cantado por la Emperatiz en la corte de Constantinopla en el Tirant lo Blanc)



MARIA CALLAS. TRISTAN E ISOLDA. R. WAGNER
Mild und leise.
Orquesta del Festival de Atenas.
Dir. Antonino Votto.


LA LEYENDA DE TRISTÁN E ISEO (ISOLDA)

La historia de Tristán e Iseo es uno de los primeros mitos de amor cuya relevancia da testimonio de su antigüedad y resonancia universal.

La historia arquetípica surge de un misterioso filtro mágico, la pócima encantada que generará ese amor-pasión que, de fuerza arrolladora, lleva inscripto el destino de la autodestrucción.

Eros y Tánatos se funden inexorablemente en tono de tragedia.

La difusión de la leyenda dentro de la narrativa francesa marca el desplazamiento del interés por la recreación de historias grecolatinas, hacia historias originarias de la cultura celta.

Lo atractivo de la mitología celta, reside quizá el escenario insular, novedosos símbolos no cristianos y en Otro Mundo al que se podía acceder sin morir en tanto los seres reales coexistían con personajes extravagantes y sobrenaturales.

La poción mágica

El famoso y frecuentemente aludido, filtro mágico que beben Tristán e Iseo es un elemento original en el relato que no registra antecedentes anteriores.

Es probable que dado el ambiente cristiano y feudal en que se difundió la historia el filtro es la excusa que permite excusar la falta de los amantes: el adulterio y la traición.

"Señor, a fe mía, ella me ama de buena fe, pero vos no podeís entender el motivo: si me ama es a causa de lo que bebió.
No puedo separarme de ella ni ella de mí, no os lo puedo ocultar."
Versión de Berol

En rigor, no sería el adulterio lo que sorprende y escandaliza al público, porque en efecto, desde los primeros trovadores el hecho era consentido y hasta idealizado, pero siempre era la consecuencia de un matrimonio impuesto.

La peculiaridad de la obra reside en que el amor es un conflicto entre los mismos amantes y la sociedad a la cual pertenecen que deberán enfrentar una y otra vez. Porque el amor de Tristán no responde al ideal caballaresco, por el contrario, él sólo desea amar a Iseo y se desinteresa de la vida de caballero.

El amor antisocial de Tristán y las contradicciones de Iseo

Desde este enfoque, el amor de Tristán es antisocial porque quiebra las normas de la sociedad cortesa y deja a la corte del Rey Marco sin su mejor vasallo.

La figura de Iseo es literaria pero también humana. Hereda de su madre el don de curar heridas mortales causadas por venenos misteriosos.

Es rubia y bella. Es siempre lúcida, dueña de sí misma y dirige siempre los pasos de Tristán como una fuerza inspiradora.

Es hábil con las palabras, temeraria, astuta… pero a menudo egoísta y otras tantas veces mentirosa.

Es absolutamente capaz de llevar una doble vida afectiva como esposa de Marco y amante de Tristán. Pero es una mujer enamorada, y por lo tanto, impulsiva y alguna vez insegura y abatida.

La contradicción en Iseo es parte de la solidez del personaje que debe hacer frente a dos realidades simultáneas, por un lado, una pasión arrolladora y transgresora de la mano de su amante y por el otro, la seguridad junto a su esposo, el rey.

Fuente
http://mitologiacelta.idoneos.com/index.php/Trist%C3%A1n_e_Iseo

Imagen
hagaselamusica.com

http://www.youtube.com/watch?v=A1L48Zvc3vA

viernes, 26 de junio de 2009

NOSOTROS SOMOS AQUELLOS A LOS QUE HEMOS ESTADO ESPERANDO

Jefe hopi

Los indios hopi son el modelo de una comunidad que se toma el tiempo para sopesar cada decisión importante, teniendo en cuenta el impacto que podría tener en las siete generaciones siguientes.

Los hopi parecen comprender y experimentar la interrelación de todo lo creado.

¿Podemos tomarnos el tiempo necesario para aprender (como lo hacen este y otros pueblos indígenas) de nuestros ancianos y de nuestros niños?

Con humildad, los hopi reconocen que los niños y los ancianos son los que están más cerca de Dios, y por eso honran su sabiduría y sus consejos.

Cuando empezamos a integrar esta actitud de espiritualidad natural en nuestras vidas cotidianas, nuestra percepción y nuestra consciencia se expanden, permitiéndonos experimentar nuestra abundancia y salir del pensamiento de escasez o de no tener nunca "suficiente". Empezamos a ver como se revelan las posibilidades y cómo se desarrolla una nueva cosmovisión o un nuevo mito. Los "problemas" se convierten en "situaciones", y entonces estamos abiertos a nuevas opciones. Comenzamos a identificarnos con nuestras "bondad" en lugar de hacerlo con nuestros conflictos. Las sincronicidades (coincidencias significativas), y en ocasiones los milagros (acontecimientos positivos inexplicables), pueden ocupar su lugar natural en nuestras vidas.

Si estamos a punto de entrar en un nuevo mundo a escala personal, nacional y mundial con consecuencias multidimensionales, ¿cuál será el resultado de nuestras elecciones?

Considera la posibilidad de examinar tus actividades diarias.

¿Qué elecciones has hecho?

¿Hay incongruencia entre lo que afirmas y tu forma de vivir?

¿Eres un ejemplo de lo que predicas?

El psicólogo Carl Gustav Jung decía que estamos viviendo en una época en el que las cosmovisiones (los arquetipos) están cambiando, y que los tiempo más difíciles vendrán cuando las antiguas cosmovisiones dejen de ocupar el escenario contral y las nuevas todavía no se hayan revelado.

Nuestro gran reto será relacionarnos a partir de nuestros corazones, siendo compasivos los unos con los otros, mientras demos a luz a una nueva era y dejamos un legado viviente para nuestros hijos.

¿Podemos tener en cuenta a nuestros próximas siete generaciones?

La profecía de los jefes hopi puede guiarnos:

NOSOTROS SOMOS AQUELLOS A LOS QUE HEMOS ESTADO ESPERANDO

Le habéis estado diciendo a la gente que está es la Undécima Hora.


Ahora, regresad y decidles que la Hora ha llegado, y que ahora deben pensar.


¿Dónde estáis viviendo?


¿Qué estáis haciendo?


¿Qué hay de vuestras relaciones?

¿Son relaciones correctas?


¿Dónde está vuestra agua?

Conoced vuestro Jardín.

Es hora de que cuentes tu Verdad.


Crea tu comunidad.

Sed buenos los unos con los otros.

Y no busques un Líder fuera de ti.

¡Ésta podría ser una buena época!

Ahora, el río fluye con mucha rapidez; es tan grande y tan veloz que algunos tendrán miedo y sufrirán mucho.

Debes saber que el río tiene un destino.

Ahora, debemos abandonar la orilla, ir hacia en centro con los ojos bien abiertos y manteniendo nuestras cabezas por encima del agua.

Y observa quién está ahí contigo, y ¡celebra!.

En éste momento de nuestra historia, no debemos tomarnos nada como lago personal; nosotros menos que nadie.

Porque, en el instante en que lo hagamos, nuestro viaje espiritual se detendrá.

El tiempo del Lobo Solitario ha llegado a su fin.

¡Reuníos!

Todo lo que hagamos debemos hacerlo de una forma sagrada y con una celebración.


Nosotros somos aquellos a los que hemos estado esperando.

(Profecía de los indios hopi)
Jefes de la nación hopi
Oraibi, Arizona, 2000

Creemos que no debemos dejar este objetivo en manos de nuestros políticos y otras figuras de autoridad, pues sabemos que a menudo son inconsecuentes y poco constructivos en sus actos.

Los jefes hopi concluyeron: "Nosotros somos aquellos a los que hemos estado esperando".

Empecemos dentro de nosotros mismos. Tomamos nuestros pensamientos conflictivos y los elevamos, finalmente, a la paz. Conmovemos a otras personas con este acto: es el poder de nuestra propia humildad.

Y, entonces, tenemos la esperanza de que se extenderá hasta incluir a todos los miembros del planeta.

(Texto extraído del libro titulado "El poder de la humildad". Varios autores)

Fuente
http://pensamientoliberado.blogspot.com/2011/01/nosotros-somos-aquellos-los-que-hemos.html

domingo, 21 de junio de 2009

CURRUF – TAIEL

Joyas Mapuches


MUSICA MAPUCHE
- Pali palin- Premiada en Festival de Molina 89.


Canción y video de CECIL GONZALEZ, premiada en Festival Nacional en Molina 1989. Interpretada por Soledad Domímgues, con ritmo de purrún, sobre el juego de palín, déporte tradicional mapuche conocido también como chueca.


EL CANTO SAGRADO DEL VIENTO

Allá en las tierras del sur americano donde la realidad es mito y leyenda de antigua estirpe, los más viejos entre los viejos afirman que el padre - creador de la música es el viento. Y no les faltan razones, porque es cierto que allá curruf (viento) sopla su flauta en los pajonales, se vuelve trompeta en los remolinos, redobla como timbal, entre las piedras y el agua, y es manso violín en los cañadones largos y protegidos...

En efecto, posiblemente del viento las culturas australes aprendieron a hacer música. Quizás del mítico Elëngasen, su progenitor y señor, el autor de los curruf-taieles…

Dicen que en la lengua araucana no existe una palabra para designar la música. No hace falta. Los instrumentos musicales hablan por sí solos de su presencia en el pueblo y su cultura…

¿Cómo negarla cuando suenan el quinquercahue o la pifilca?

Y aunque todavía no hubiera ritmos indígenas ni instrumentos, el viento -músico si existiría, y seguiría dando notas para sus legendarios taieles…

Entre todos los instrumentos musicales Nguenechen, el Padre de las razas aborígenes, eligió el cultrún y lo puso en las manos de la machi. Desde entonces es sagrado. Su vientre resonador tiene el perfume y las voces misteriosas de las maderas con que se talla: el foye (canelo) el triwe (laurel), el ciprés o el raulí. Y es para que no se escapen que los artesanos le ponen bien ajustado sobre la redonda boca el parche de cuero pelado.

Es el cultrún el instrumento chamánico por excelencia, y esto ocurre desde sus antepasados, el tambor divino de los magos hindúes y el tibetano. Por eso el rito acompaña su nacimiento como instrumento compañero e inspirador del trance mítico. Quienes lo han visto dicen que antes de tensar la membrana del cultrún la machi mete adentro su canto y con él parte de su pullú o alma… Y es fama que introduce las propiedades mágicas o curativas al colocar por la abertura a punto de cerrarse, piedritas de colores, plumas, pelo de animales o hierbas medicinales…

Los mapuches aseguran que cuando la meica hechicera toma el cultrún tiene el mundo en su mano. Y así debe ser nomás, no solo por su forma semiesférica característica sino también porque los dibujos que lo ornamentan, con sus sagrados azules, amarillos y blancos, con su cruz abarcadora y sus extrañas figuras, representan posiblemente el orden y equilibrio entre el cosmos y sus criaturas.

Con el cultrún junto a su pecho la mediadora sagrada está a la altura de su dios, y con el palo percutor de cabeza de rellmú (arco iris) puede invocarlo y obtener la gracia o petición. Con él hace sus rogativas, y con él vuela el más allá, con él acompaña los taieles y danza en torno al rehue (altar sagrado), con él se instala el camaruco y bate sin cesar… Como antes, ¿como siempre?

Allá en el cerro sagrado de Yanquenao hay un cultrún de piedra. El misterio envuelve su presencia fósil.

¿Cuanto hace que su cuerpo es mineral?

¿Lo petrificó el Gualicho, celoso por el poder de la machi?

¿Algún espíritu envidioso aprisionó así su alma de música?

Muchas lluvias y soles largos han caído desde entonces sobre el cultrún de piedra, pero no han borrado sus curiosos petroglifos.

Quizás aparezca el Elëngasen cuando sopla pueda contar la historia de la Creación... ¡quién sabe!

Al cultrún sagrado loa compaña en los nguillatunes (rogativas), la también sagrada pifïlca.

Cuenta la leyenda que los valientes mapuches al son de la pifïlca pudieron rechazar a los poderosos incas conquistadores.

Pero perdieron la pifïlca mágica… y todavía la buscan.

Por eso la reproducen en madera o hueso y con sus timbres agudos parecen que las llaman en las rogativas…

Especialmente cuando el munday las bendice con su agua de trigos maduros.

¿Volverán a ser fuertes e invencibles cuando la encuentren?

En las rogativas rituales los mapuches acompañan los sonidos sagrados del cultrún y la pifïlca con los tonos graves de la trutruca.

Esta hermana del erque norteño buscó el sur de la leyenda promisoria para vivir por sí misma, y tanto se aquerenció que no falta en el corazón de los nguillatunes.

Claro que un buen pillantún (orquesta sagrada) se completa con otro noble instrumento como el cull cull, el cuerno que es pariente del erquencho y que antiguamente hacia sonar sus graves alarmas en caso de peligro para la tribu. Y hasta con la wada, la rítmica sonaja aborigen.

Los músicos mapuches han recibido de sus hermanos americanos la inspiración y el impulso para trasplantar y adaptar formas instrumentales. Por eso también hacen música con el koolo o violín tehuelche, el ñolquín hermano menor de la trutruca el quinquercahue o gran violín araucano hecho con costillas de yeguarizo, el piloiloi descendiente de los incas que imita en madera o piedra la mítica flauta de Pan, el trompe con su diminuto cuerpo de hierro con forma armoniosa lira, o las cascavillas de sonantes pezuñas de huemul…

Los aborígenes de los confines patagónicos guardan viva memoria de los orígenes sagrados de la música, y han representado por siglos mitos y tabúes en la relación con la ejecución de los instrumentos musicales.

Por ejemplo no pueden tocarse indistintamente o en cualquier ocasión… y hasta hay claras jerarquía, por orden social, o sexo, o edad, para ejecución de algunos. De este modo la machi batirá el parche del pichicultrún… y las pifilcas estarán a cargo únicamente de acólitos masculinos.

¡Y hay del transgresor que no respete las normas!

Puede pasarle lo que a las indiecitas desobedientes que, ignorando la prohibición que impide a los más jóvenes soplar el trompe de coloridos pompones, se fueron con él a la montaña y lo tocaron despreocupadamente bajo las barbas mismas de futa chao, el padre grande…

No se dejó esperar el castigo divino. Dicen que un espíritu maligno las transformó en estatuas de piedra. Y para memoria de sus hermanos allí están todavía, ¡quietecitas y fosilizadas en el volcán Epuilche las dos niñas!

Supongamos que por un momento que ahora el pillantún está completo y muestra su variedad de sonidos y matices orquestales. Los ejecutantes están listos y ensayan…

Sin embargo aún falta el instrumento entre los instrumentos: la voz humana, el don con el que el hombre se lanza a la vida con el primer llanto sonoro… En realidad los instrumentos musicales son sólo el complemento y realce para el canto aborigen.

Los pueblos del Sur cantan sus taieles sagrados como invocaciones a sus dioses en las rogativas, o como invocaciones a su origen en las canciones del linaje. Pero también cantan a la vida en el ülcatún profano, o en los "romanceros" improvisados, o en los de memoria que preservan lo que fué: patria, historias, amor, magia, costumbres… para que no mueran con el tiempo y el olvido en los hermanos dispersos…

Si, la música es algo que las culturas de la Patagonia aprendieron de currúf.

Elëngasen les enseñó a celebrar el gozo, el ruego o el dolor de vivir, con sonidos humanos o con instrumentales… Mientras canten no estarán ni se sentirán solos, mientras repitan las viejas melodías el hilo sagrado de la raza mantendrá unidas las generaciones, y mientras hagan música, no habrá ocaso para los hombres.

Este es el misterio que nos contó anoche el viento… En uno de sus curruf-tailes…


Fuente
UNA VIEJA LEYENDA

Imagen
carolinaeg-carolina.blogspot.com

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http://www.youtube.com/watch?v=OsFvFQKfEeo

viernes, 19 de junio de 2009

EL ÁRBOL DE MAYO




James George Frazer
por Isaías Garde



En algunas partes de Suecia, la víspera del "día mayo" cada muchacho lleva un brazado de ramitas de abedul verde con todas o parte de sus hojas; marchan llevando a la cabeza del grupo al violinista de la aldea y hacen la ronda de las casas cantando coplas de mayo cuyo tema más importante es una oración para el buen tiempo, una cosecha optima y bendiciones espirituales para todos. Uno de los rondadores lleva una cesta en la que le van echando obsequios de huevos y cosas semejantes. Si los muchachos son bien recibidos, clavan una ranura con hojas en el tejadillo de la puerta de la casa. Mas generalmente, es en Suecia, en el solsticio de verano cuando celebran estas costumbres; la víspera de San Juan (23 de junio), hacen una limpieza general en las casas y después las adornan con ramaje verde y flores. Ponen a lo largo del sendero o paso que conduce a la puerta de la casa solariega abetos jóvenes y otros más alrededor de la finca, construyendo muy frecuentemente en el jardín arbolados umbríos, cenadores y glorietas, todo de ramaje. En Estocolmo este día se celebra un mercado de ramaje en el que se exhiben para la venta millares de "palos mayos" (maj stanger) de dos a cuatro metros de alto, decorados con hojas, flores, tiras de papeles de colores, cáscaras de huevos doradas y ensartadas en junquillos y demás cosas por el estilo. Encienden fogatas en las lomas y colinas y la gente baila a su alrededor y saltan por encima. Mas el acontecimiento principal del día es la erección del "palo mayo"; suele ser éste un abeto alto y robusto al que cortan todas sus ramas. A veces le ponen aros y otros pedazos de madera cruzados y atados a distintas alturas del árbol, mientras otros están provistos de arcos que representan, según dicen, a un hombre con los brazos en jarras. Desde la punta a la base, no sólo el mismo maj stanger (palo mayo), sino también los aros, arcos, etc., están adornados con hojarasca, trozos de telas de colorines, doradas cáscaras de huevo y demás cosas similares, y arriba en la punta una veleta o grímpola, o también una bandera nacional. La erección del "árbol mayo", de cuya decoración y adorno están encargadas las mozas del lugar, es un motivo de gran ceremonia: el pueblo acude y baila formando un gran círculo a su alrededor.

Costumbres solsticiales estivales de la misma especie son usuales en muchas partes de Alemania; así, en las montañas del Alto Harz pintaban en las plazas de los pueblos abetos muy altos descortezados y adornados con flores y cáscaras de huevo pintadas de rojo y amarillo. Alrededor de estos árboles bailaba la gente moza durante el día y la gente formal al anochecer. También se ponían "mayos" en el día de San Juan o solsticio en algunos lugares de Bohemia. Los mozos traían del bosque un abeto esbelto clavándolo en un altozano y las mozas lo adornaban con ramilletes, guirnaldas y cintas encarnadas. Por último, lo quemaban.

No será necesario aducir muchos ejemplos, dada la extensión de la costumbre, tradicional en varios países de Europa, tales como Inglaterra, Francia, España y Alemania, de erigir el "árbol mayo" o "palo mayo" el día 1° de mayo. Nos bastarán solamente algunos.

El escritor Phillip Stubbes, de la secta de los puritanos, en su Anatomía de las Ofensas (o Contumelia), cuya primera edición londinense está fechada en el año 1583, describe con aversión manifiesta cómo acostumbraban a traer su "árbol mayo" en los días de la buena reina Isabel. Su descripción nos proporciona una visión animada de la alegre Inglaterra de antaño. "En mayo, Pentecostés o fechas parecidas, todos los jóvenes y muchachas, viejos y casados, corretean por la noche en los bosques, umbrías, lomas y montañas, donde pasan toda la velada en alegres pasatiempos: y por la mañana, cuando vuelven, traen consigo abedules y ramas de árboles para adornar sus reuniones. Y no hay que asombrarse, pues allí está un gran señor presente entre ellos como superintendente de todos sus pasatiempos y juegos, a saber, Satán, príncipe del infierno.

Pero el objeto más precioso que traen entonces es su árbol mayo para llevar a casa con gran reverencia, como verán. Tiene veinte o cuarenta yuntas de bueyes y cada uno de ellos en las puntas de sus cuernos un ramillete de flores bonitas. Estos bueyes son los que acarrean para casa el árbol mayo (este ídolo hediondo, mejor aún), cubierto todo él de flores y yerbas atadas con cuerdas alrededor desde el tope hasta el pie y en ocasiones le pintan de diversos colores; con un acompañamiento de doscientos o trescientos hombres, mujeres y niños van tras él con gran devoción.

Cuando le plantan en el suelo, con su revoloteo de pañuelos y banderolas echan paja al pie del árbol mayo, así como ramas verdes, e instalan casetas, pérgolas y cenadores en torno. Después bailan a su alrededor a modo de paganos en la instalación de sus ídolos, de los cuales es una copia perfecta y, mejor aún, la misma cosa. He oído noticias dignas de crédito (y en viva voce), dadas por hombres de reputación y gran seriedad, según las cuales, de cuarenta, sesenta o un centenar de doncellas que van al bosque esa noche, escasamente la tercera parte de ellas vuelven inmaculadas a sus casas".

La Rama dorada, capítulo X

Imagen
http://bibliotecaignoria.blogspot.com/2009/02/james-george-frazer-el-arbol-de-mayo.html

viernes, 22 de mayo de 2009

LA CHUÑA CON EL ZORRO

"La Huida"
Acuarela (2010) de Juan Carlos Gálvez


La chuña 'taba en el río, en la playa del río, bañandosé, echandosé agilita en la espalda. Y si arrima el zorro y la saluda. Y le dice:

-¡Hola, canilluda! ¿Cómo te va?

-¡Oh!, tío Juan Gallina, ¿cómo andas vos?

Porque siempre a tío Juan le han gustado, es muy aficionado a las gallinas, que es uno de los platos favoritos de él.

-Aquí 'toy -le dice la chuña-, me estoy bañando.

-¡Ah! -le dice-, pero no te arrimes mucho para el hondo que te vas ahogar.

-No -le dice-, yo sé nadar.

-No, ¡qué vas a saber! -le contesta.

-Sí, yo soy una gran nadadora.

-No, pero como yo no has de ser.

Y empieza la discusión. Entonce le dice:

-Yo te voy hacer una apuesta. Vamos a jugar lo que vos quieras -le dice el zorro- quién aguanta más zambullendosé.

-Bueno -dice-, ¡meta!

Bueno, desensillan. Sacan los estribos, que eran de plata, los frenos, el rebenque, y ponen encima los ponchos, los dos ponchos. Jugaban eso y todo lo demás.

-El que dura más, ése es el queda.

Muy bien.

-Vamos a contar hasta tres -dice Juan-. Yo voy a contar -dice Juan siempre pensando sacar ventaja.

-Pero, a ésta, en la primera zambullida no más la despacho. Una, dos y tres...

Y la chuña zambulle. Y el zorro la deja estar un rato. Entonce calculando un rato, zambulle.

La chuña, que no era nada tonta, dejó pasar un tiempo, salió del agua, se arrancó una pluma de la cola, y la enterró en la arena, de manera tal que parecía que 'taba zambullendo.

Juan pasó un rato, y no le daban más los pulmones y pensaba:

-Bueno, a ésta le he ganau, pero de todas maneras voy a sacar despacito la cabeza y el hocico y voy a mirá a ver si sigue zambullendo y le voy hacer otra zambullida.

Muy bien. Saca, despacito la cabeza y alcanza a ver la pluma.

-¡Eh... qué aguante, ésta! -dice y se vuelve a zambullir.

Está un buen rato debajo del agua. Los pulmoncitos se le hinchaban.

Vuelve a sacar, despacito la cabeza. La ve de nuevo.

-¡Hum! -dice-, ¡qué barbaridá! ¡Pero ésta nu había teníu destino! -dice.

Vuelve a zambullir. Y está un buen rato nuevamente y empieza a pensar, dice:

-¿No si habrá ahugau esta pobre? ¿No será que por ganarme le ha pasau un accidente? ¿Y qué voy hacer? ¿Voy a cargar yo con semejante cargo de conciencia?

Muy bien. Saca con cuidau otra vez el hocico y la ve enterrada.
Entonces dice:

-La voy a sacar. Seguramente se habrá muerto y la voy a llevar a entregar a su familia.

Bué...

Sale del agua, se arrima. Abre las manitos para abrazar a la chuña guiandosé por la pluma que estaba enterrada en la arena y se encuentra, cuál sorpresa, con una plumita.

-¡Ay, lo que me ha hecho esta trompeta! ¡Esta bandida, tramposa! La voy a matar. Donde la encuentre la voy a degollar. Pero ¡qué cosa bárbara! Increíble lo que me ha hecho. Voy a casa a buscar un cuchillo.

Va a la casa a buscar un cuchillo grande que tenía. Y lu hace así, lo chaira. Y lo ve que estaba un poco, no muy afilado, porque el zorro quería un cuchillo que esté cortando un pelo al aire para degollarla de entrada no más a la chuña. Y sale.

Empieza a caminar, a rastriarla, Juan, a la chuña, porque la chuña iba a gata con semejante carga. La chuña levantó los dos ponchos con todas las cosas que habían puesto y se mandó a mudar.

Llega a la casa de la iguana. Y le dice:

-¡Hola, caraipuca!, ¿no me la has visto pasar a la chuña?

-Sí -dice-, esta mañana pasó, tío Juan. Iba contenta -dice-. Iba llevando un montón de cosas que le ha ganado en apuesta a usté.

-Qué me va ganar a mí. Es una tramposa, una bandida. No sabe la que me ha hecho. ¿No tiene una piedrita pa que afile mi cuchillo?

-Sí, tío Juan, sí tengo un molejón ahí adentro, me lo prestaron.

Y va, afila: chas... chas... chas... chas... chas... chas... chas... Y lo probaba. Sacaba un pelito, cortaba una ramita...

-¡Ah, ya lo voy alcanzar!

Sigue viaje. Camina otro trecho y lo encuentra al llegar a la casa, al peludo:

-¡Hola, peludo -le dice- carachento!

-¿Qué tal, tío Juan?

-Aquí estamos. Voy siguiendo a la chuña, ¿no me lo ha visto pasar?

-Sí, tío Juan. Esta mañana sol alto ha pasau. Ya iba contenta. Dice que le ha ganau una apuesta a usté.

-Pero, ¡qué me va ganar! Me ha hecho trampa. ¡Esta bandida! Donde la encuentre la voy a degollar, la voy a matar. ¿No tiene una piedrita pa que afile mi cuchillo?

-Sí, tío Juan, tengo aquí un molejoncito bueno.

-Prestamelá. Y meta probar. Chas... chas... chas... chas... A medida que iba afilando el cuchillo se le iba achicando. Sigue andando un trecho. Y llega a la casa de la lechuza.

-¡Hola, cumpa lechuza! -le dice.

-¿Qué tal tío Juan? ¿Qué le anda pasando? ¿Qué le pasa que anda tan enojau?

-¡Ah, como para que no esté! -dice-. ¿Vos sabes lo que me ha hecho la chuña?

-¡Ah! -dice-, la chuña ha pasau hace un rato por acá. Contenta, iba llevando un atau muy grande. Agata iba, cansada, po. Y me ha contau que le ha ganau una apuesta, en una zambullida.

-¡Qué me va ganar, esa bandida, esa trompeta! -dice-. ¿Vos sabes lo que me ha hecho?

Y le cuenta lo que le ha hecho.

-Pero, también donde la encuentre la voy a degollar. Pero, mirá, las tripas le voy a dejar al aire, ¿no tienes una piedrita pa que afile un cuchillo?

-Sí, tío Juan, sí tengo una piedrita. Buena es. La he traído del norte.

-Prestame pa que afile.

Chas... Chas... Chas... Chas... Y sigue la afilada. Y cada vez el cuchillito más chico. Llega a la casa de la garza mora.

-¿Qué tal, tío Juan, cómo le va?

-Decime, no me interrumpas. Voy muy apurau, voy viendo los rastros éstos. ¿No me la has visto pasar por acá a la chuña?

-Sí, tío Juan, ahicito va. Ha pasau. Y va a gala de cansada, llevando un atau muy grande.

-¿Vos no sabes lo que me ha hecho? -le dice.

-No. Iba muy contenta.

-¡Eh, no sabes lo que me ha hecho a mí! ¡Ah, es una bandida! Pero ya, ya le voy a alcanzar -dice-. Mirá lo que llevo aquí.

Y era un cuchillito moto. Era cabo no más y un pedacito. Le dice:

-Decime, ¿no tienes una piedrita pa que afile mi cuchillo?

-Sí, tío Juan. Sí tengo una piedrita. Buena es.

-Prestame, porque así voy a chairar mi cuchillito.

-¡Cómo no! -le dice la garza mora-. Le vuá prestar tío Juan.

Le presta. Chas... Chas... Chas... Y ya era el cabo que afilaba.

-Y bueno, esto no me va a servir. Pero igual no más la vuá matar -dice.

Y sigue no más. Sigue, como la chuña iba muy pesada, la alcanza a ver. Y la chuña, que no es nada tonta, había escondíu el atau en una cueva de vizcacha.

-¡Ah! -le dice-, ¡así te quise pillar!

-Sí -le dice-, ahora me vas agarrar -dice la chuña. Y vuela y se asienta arriba de un algarrobo, con un tronco torcido, y el zorro también sube. La quiere agarrar, pero no puede subir a los árboles. Sube por detrás de la chuña, pero en el momento que la quiere agarrar, vuela y se asienta en el tronco chaquista, un tronco quemado. Que no estaba más que el tronco. Vuela y se asienta en la punta. Y el zorro dice:

-¡Ah, de aquí no te me escapas!

Y hace un salto magistral para cazarla a la chuña, en el mismo instante que ésta vuela, de manera tal que da con la cabeza y se le desparraman los sesos.

Y colorín, colorado, que este cuento se ha acabado.


Prof. Aristóbulo Barrionuevo, 48 años. Santiago del Estero. Capital, 1970.

Aprendió el cuento de la madre que tiene un gran repertorio. Muy buen narrador.

Fuente:
http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/24672730090934832754491/p0000015.htm

Imagen: actaliteraria.blogspot.com

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lunes, 18 de mayo de 2009

LA LEYENDA DE COQUENA (fragmento)



Cazando vicuñas anduve en los cerros

Heridas de balas se escaparon dos

—No caces vicuñas con armas de fuego

Coquena se enoja —me dijo un pastor.

—Por qué no pillarlas a la usanza vieja,

cercando la hoyada con hilo punzó?

Para qué matarlas, si sólo codicias

para tus vestidos el fino vellón?

—No caces vicuñas con armas de fuego,

Coquena las venga, te lo digo yo.

No viste en las mansas pupilas oscuras

brillar la serena mirada del dios?

—Tú viste a Coquena

—Yo nunca lo vide,

pero sí mi agüelo —repuso el pastor—;

una vez oíle silbar solamente,

y en unos tolares como a la oración.

Coquena es enano; de vicuña lleva

sombrero, escarpines, casaca y calzón;

gasta diminutas ojotas de duende,

y diz que es de cholo la cara del dios.

De todo ganado que pace en los cerros,

Coquena es oculto, celoso pastor.

Si ves a lo lejos moverse las tropas

es porque invisible las arrea el dios.

Y es él quien se roba de noche las llamas,

cuando con exceso las carga el patrón.

En unos sayales, encima del cerro,

guardando sus cabras andaba el pastor.

Zumbaba en los iros el gárrulo viento,

rajaba las piedras la fuerza del sol.

Juan Carlos Dávalos

viernes, 8 de mayo de 2009

EL COCODRILO




¿POR QUÉ EL COCODRILO TIENE LA PIEL ÁSPERA Y RUGOSA?


En algunas aldeas de Namibia cuentan que hace mucho, mucho tiempo, el cocodrilo tenía la piel lisa y dorada como si fuera de oro.

Dicen que pasaba todo el día debajo del agua, en las aguas embarradas y que sólo salía de ellas durante la noche, y que la luna se reflejaba en su brillante y lisa piel. Todos los otros animales iban a esas horas a beber agua y se quedaban admirados contemplando la hermosa piel dorada del cocodrilo.

El cocodrilo, orgulloso de la admiración que causaba su piel, empezó a salir del agua durante el día para presumir de ella. Entonces, los demás animales, no sólo iban por la noche a beber agua, sino que se acercaban también cuando brillaba el sol, para contemplar la piel dorada del cocodrilo.

Pero sucedió, que el sol brillante, poco a poco fue secando la piel del cocodrilo, cubierta de una capa de reluciente barro, y cada día se iba poniendo más fea. Al ver este cambio en su piel, los otros animales iban perdiendo su admiración. Cada día, el cocodrilo tenía su piel más reseca hasta que se le quedo como ahora la tiene, cubierta de grandes y duras escamas parduscas. Finalmente, ante esta transformación, los otros animales no volvieron a beber durante el día al no poder contemplar la antigua hermosa piel dorada del cocodrilo.

El cocodrilo, antes tan orgulloso de su piel dorada, nunca se recuperó de la vergüenza y humillación y desde entonces, cuando otros se le acercan se sumerge rápidamente en el agua, con sólo sus ojos y orificios nasales sobre la superficie del agua.


Fuente: http://www.bibliotecasvirtuales.com/
Imagen: emdicbarbara.blogspot.com

miércoles, 29 de abril de 2009

IMPORTANCIA DE LOS MITOS



DISCURSO DE JOAQUÍN DÍAZ

CURSO ACADEMIA VALLADOLID


El etnólogo y músico Joaquín Díaz analiza la importancia de los mitos en nuestros días en la lección con la que abrirá hoy el curso 2010-2011 de la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción, institución de la que forma parte desde 1982.

Con el título "Mito y realidad: dos visiones del mundo", Díaz estudia el uso de los mitos en la historia y cómo las bases del pensamiento humano se establecieron sobre antiguas creencias que generaron mitos y conformaron relatos legendarios.

A su juicio, es Plantón quien por primera vez plantea una cuestión que atraviesa los siglos creando controversias pero que se resume en lo mismo "el mundo mítico- sea transmitido oralmente o por escrito- debe someterse a la razón si pretende demostrar su utilidad para el ser humano".

Joaquín Díaz recuerda en su discurso que es raro el sistema educativo que no ha usado la poesía popular para reafirmar la hermosura de lo sencillo o que no ha tomado prestados elementos mitológicos para demostrar que siempre sucede lo que la vieja sabiduría recoge.

A modo de ejemplo, analiza la vetusta leyenda de la civilización que desaparece sepultada por un terrible diluvio, con el añadido en casos de que los que se salvan se convierten en estatua de sal por volver la vista atrás, una prohibición que ha llegado a nuestros días sin que reparemos en ella en la forma de norma de buena educación de no mirar atrás en clase.

"Sólo se repara en esas costumbres cuando se consideran o estudian dentro del proceso cultural del universo entero y siguiendo todos los pasos de su evolución, desde que son rituales o mitos con pleno sentido hasta que pierden su intención original", plantea Díaz.

El etnógrafo trata en la lección de "buscar el acuerdo universal para recordar y destacar, aún en nuestros días, la importancia de los mitos. Mitos que se dice que sirvieron para relacionarnos con lo divino y que de paso, habrían de servirnos también para investigar sobre ellos y mantener la inteligencia activa".

Concluye, con Italo Calvino, preguntándose si no será que la mente humana sólo "funciona a base de mitos y que la única alternativa consiste en adoptar un código mítico en vez de otro".

La Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción es heredera de la que nació en 1802 de la mano de Carlos IV con los fines originales de la enseñanza de las matemáticas y el dibujo.

Desde 1994 forma parte de la Confederación Española de Centros de Estudios Locales (CECEL) y desde 1996 se encuentra asociada al Instituto de España.EFE

ARTÍCULO:14-10-2010 / 16:00 h Valladolid, 14 oct (EFE).-

sábado, 25 de abril de 2009

LOS TRILLIZOS




Ese era un pescador que iba a pescar; echó la red y salió un pez muy gordo, dice:

- Apártame cuando llegues a tu casa: le vas a dar tres tajadas a tu mujer, tres tajadas a la yegua que llevas, tres tajadas a la perra, tres tajadas...

Y cuando llegó, fue a casa, hizo eso: echó tres a la perra; tuvo tres perros ¡tan bonitos!, con tres luceritos en la frente. Luego la jaca tuvo tres caballos, con tres luceritos en la frente, igual. Y en el pozo, siembra tres tajadas también, y salió el pez espada...

Cuando ya los niños fueron grandes, pues cada uno partió: su caballo, su espada: cada uno tenía la suya, ya que eran grandes, y su perro, cada uno su perro y su...

Y ya que los niños fueron grandes, dice uno:

- Pupá, yo me voy a ir a correr mundo. ¿Y qué hacemos? ¡Estamos aburridos, aquí nada más nosotros...!

Bueno, pues se fue; cogió uno su caballo y se fue por ahí. Y llegó a un pueblo que no había nadie. Todas calles, y todos -eran cerca las doce-, cerrando las puertas.

- ¡Vayase usted, vayase usted, que viene un elefante y se come todas las criaturas!

Pero él no entendió de chica. Allí llegó con su caballo, su perro: salió el elefante, se lió a luchar con él, y lo mató. Y el rey había dicho que el que matara al elefante, le tenía que llevar las siete cabezas.
Cuando ya pasó aquello, que mató, empezó todo el mundo a salir, que había matado al elefante. Dice uno:

- Pero, mire usted que tiene que llevar las siete cabezas.

Y él ya había cortado las siete lenguas. Y dice que no entendió chica, pero, cuando llegó uno, cortó las cabezas, se las llevó al rey. Y dice:

- ¡Pero no tienen lengua! Entonces él presentó las lenguas: se casó con la hija del rey. Cuando pasó, se fueron al mirador, y dice que empezó a mirar, y dice:

- Esto que se ve allí, ¿qué es lo que será?

Dice:

- ¡Uy!, eso es el castillo Irás y no Volverás. ¡No vayas tú a ir allí nunca!

Dice:
- Pues yo quería echar un paseo, a ver...

- No, pues, no vas tú, que no vas... ¡Nada, pues tiene que ir gente contigo! Pero fueron gente con él. Correteó para acá y para allá, y se fue al castillo de Irás y no Volverás. Salió una viejecita:

- ¿Quién mal te quiere que por aquí te envía, hijo?

- Mi mala suerte o buena, madre anciana.

Bueno.

- Espera, que te voy a enseñar aquí una cosa.

Cuando entró, le pegó un empujón y lo echó en un sótano que tenía, y allí lo dejaron allí solo. Bueno, pues él había dejado una mariposa (que se pone en la camilla) llena de agua y le había dicho el hermano:

- ¡Uy, hermano, el agua está turbia; el hermano está en peligro.

Tengo que buscarlo!

Dice la madre:

- ¡Ay, hijo mío, ya se va a ir otro, ya se va...!

Pues cogió y se fue. Pues él vino a salir a palacio otra vez. Empezó la gente en seguida:

- ¡Uy, ahí va el yerno del rey! ¡Uy!, ahí va.

Todos acudieron en seguida, empezaron a tocar las campanas, y...

- ¿Yo qué hago?

Pues nada, se conformó. Entró y se abrazó en seguida la mujer a él.
Y él no sabía ni qué decir ¡porque como no era!

- ¡Uy, parece que vienes tonto. Yo no sé lo que te pasa! ¡Yo no sé lo que a ti te pasa que parece que estás tonto!

Pues al otro día, se levanta y se va a ver al mirador otra vez.

Empieza a mirar, y dice:

- ¡Oye!, aquello que se ve allí, ¿qué es?

Dice:

- ¡Oy, me lo vas a preguntar, ahora! Donde tú te perdiste, que tanto tiempo has estado perdido. ¿Y ahora me vas a preguntar? ¡El castillo de Irás y no Volverás! ¿No te lo dije?

- Pues mañana voy a ir yo a dar otra vuelta, que se me ha olvidado una cosa.

Bueno, pues dice que al otro día...

- Pues tú no vas solo; tiene que ir más gente contigo; tiene que ir más gente contigo.

Fue más gente, pero ya no... Se perdió de ellos y se fue al castillo de Irás y no Volverás.

Cuando llegó, salió la viejecita y dice:

- ¡Hombre!, ¿quién mal te quiere que por aquí te envía?

Dice:

- Mi mala suerte o buena, madre anciana.

Dice:

- Pues entra, hijo, entra, que te voy a enseñar una cosa que tengo que te va a gustar, ¡verás! El pobre va a entrar, y hace como el otro.

Cuando empieza a echarlo de menos, que no aparecía, y mira el otro la garrafa, y dice:

- ¡Momá, mi hermano está en peligro! Yo me voy a buscarlo.

Dice:

- ¡Ay, me vais a dejar sola, hijo, que me vais a dejar sola, que no te vayas...!

Cogió y se fue para donde tenía que ir, pues a palacio. Y empezó todo el mundo:

- ¡Ay, ya está ahí el yerno del rey! ¡Uy!

Empezaron a tocar las campanas, y mucho jaleo la gente. Y pasó lo mismo que al otro.

Dice:

- ¡Que mi hermano se habrá casado con la hija del rey! ¿Que hago yo? Yo, ¿qué hago yo? Me haré el tonto...

Aquella noche se acostaron como si fuera...

Dice:

- Yo no sé lo que a ti te pasa, que yo no te comprendo. ¡Yo no entiendo! Pero bueno..., ¡que ya pasará! Bueno, pues dice que ponía de noche, cuando se acostaba, ponía la espada...

Al otro día, dice que hizo lo mismo que el otro: empezó a pasear por la casa, para allá y para acá, y subió arriba, y...

- ¡Oye, niña!, aquello que brilla allá, ¿qué es?

- ¿Otra vez quieres que yo te lo diga? Donde tú te perdiste. Si, ¿no te lo digo yo? ¡Parece que vienes tonto; no sabes nada, ni conoces nada, ni nada!

Dice:

- Pues yo quería ir allí.

Dice:

- Sí, ¡otra vez vas a ir tú! ¡Tú no vas más por ahí, que te pierdas otra vez! ¿no? ¡Pues tú no vas más!

- Yo quería ir a ver, a conocer eso, aunque venga más gente conmigo, pero yo voy a ir.

Pues hizo lo mismo que con el otro. Cuando le pudo dar de lado a la gente, se fue al castillo. Sale la viejecita, dice:

- ¿Quién mal te quiere, que por aquí te envía, hijo?

Dice:

- Mi mala suerte o buena, madre anciana.

- Entra, hijo, entra.

Dice:

- ¿Que entre? ¡Yo qué voy a entrar!

-¡"Pum"!, y le pegó un manotazo y mató a la vieja.

Y entonces él, cuando entró, cuando ya mató a la viejecita, empezó a mirar, a registrar por allí. Y se encontró al sótano y los dos hermanos que estaban allí metidos. Sacó los hermanos, y ya se montaron a caballos, y se fueron ya los hermanos y él a buscar palacio. Y ya van por el camino... Empieza el hermano a contarle:

- ¿Tú te has casado con la hija del rey?

Dice:

- ¿Pues qué, tú has estado con mi mujer?

Dice:

- No hombre, pero...

Claro, allí armaron mucho jaleo y...

- ¡Que has estado tú con mi mujer! ¿no? Y se lió con la espada allí y mató a los hermanos.

Ya que se fue hacia palacio, cuando llegó a palacio, se entró en la casa.

Cuando aquella noche se fueron a acostar, puso la espada por medio. ¡No!, no puso la espada por medio, dice:

- ¿Pero ya has cumplido la promesa?

Dice:

-¿¡Qué promesa!?

Dice:

- ¿Tú no habías hecho una promesa de no estar conmigo hasta que no pasara tiempo? La promesa que has hecho, ¿ya la has cumplido? Ya él dijo:

- Esto es que no han estado mis hermanos... -no con la mujer, que no había estado con la mujer.

Y ya el pobre, dice que no pudo dormir aquella noche dando vueltas, deseando que fuera de día. Dice:

- Yo me voy a ir por ahí a echar un paseo.

Dice:

- Veremos a ver, a ver si te pasa como siempre: te alejas de manera que te pierdes, ¿no?

- Pues yo no sé por los sitios; pero yo me volveré, ¡descuida! ¿Y dónde fue? Fue en busca de los hermanos. Y entonces dice que los curó. Cuando ya estaban buenos los tres, dice que se montaron los tres a caballo y fueron a palacio. Y ya la reina ya no sabía cuál era su marido. Miraba uno..., miraba al otro..., y no sabía cuál era su marido.

Y ya se ha acabado el cuento.


María Fernández. Fernández. Arahal, 1991.

Versión oída en la provincia de Sevilla.

REVISTA DE FOLKLORE
Caja España
Fundación Joaquín Díaz

Imagen: http://www.sevillasigloxx.com/2007/12/dragones-modernismo-y-plaza-de-espaa.html

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miércoles, 22 de abril de 2009

EL PALO NEGRO

PALO NEGRO - Leptocarpha rivularis


Para las grandes mareas -llamadas pilcanes- la playa se llena de mariscadores, pero esa mañana había una joven solitaria en ella.

La gente trabajaba en su agricultura, aprovechando el buen tiempo.
Ella había completado su carga y andaba dando vueltas las piedras por si encontraba huevos de pescado.

En eso se topa con un palo negro, debajo de un peñasco, que comienza a hablarle. Ella quiso arrancar, pero la voz le dijo que se espere y en un de repente ¡zas!, y aparece un hombre pequeñísimo y le dice:

_"¡Oye! ¿Cómo te va?"

_"Yo como siempre", le contestó. ¿Tú debes ser el Trauco?, inquirió turbada la joven.

Pero el hombrecito no le respondió.

_"Mira -continuó- yo ando buscando mujer y me gustaría que tú fueras mía".

_"Pero yo soy a cuenta una niña", se defendió la chica, tratando de escapar, pero no podía porque sus alientos ya se los tenía él.

_"Eso no debe preocuparnos, agregó, porque podemos cambiar de figura". Y, en un abrir y cerrar de ojos, ya no fue más chiquitín, sino un hermoso joven, bien trajeado, con dientes de oro y reloj de oro.

Y para hacerle creer a la niña que la quería se sacó uno de sus dientes dorados y se lo pudo a ella. Y la niña que era engañada, le creyó que la quería y dejó que fuera su esposo.

El Trauco partió con ella a vivir a la orilla de un río. A la chica la convirtió en piedra y él entró a vivir debajo de ella. Y la niña, que nunca imaginó que iba a ser así su vida, lloraba su cautiverio y de dolor, porque la dejó muy pequeña y dura.

Los domingos se convertían en pancoras de mar, pero también era incómodo. Bajaban hacia la playa y se distraían mordiendo a los marisqueros.

Pero en uno de esos viajes el Trauco se fue enamorando de una pacora verdadera. Con esto el Trauco le devolvió sus alientos a la joven, y ella quedó liberada, pudiendo así recuperar su forma humana y regresar a su hogar.


(Relato de la tradición).
Renato Cárdenas Alvarez.
"EL LIBRO DE LA MITOLOGÍA historias, leyendas y creencias mágicas obtenidas de la tradición oral".
Chiloé, 1997.
Fuente:
Diccionario de Mitos y Leyendas - Equipo NAyA
http://www.cuco.com.ar/

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martes, 31 de marzo de 2009

LA LOBA



Hay una vieja que vive en un escondrijo del alma que todos conocen pero muy pocos han visto. Como en los cuentos de hadas de la Europa del este, la vieja espera que los que se han extraviado, los caminantes y los buscadores acudan a verla.

Es circunspecta, a menudo peluda y siempre gorda, y, por encima de todo, desea evitar cualquier clase de compañía. Cacarea como las gallinas, canta como las aves y por regla general emite más sonidos animales que humanos.

Podría decir que vive entre las desgastadas laderas de granito del territorio indio de Tarahumara. O que está enterrada en las afueras de Phoenix en las inmediaciones de un pozo. Quizá la podríamos ver viajando al sur hacia Monte Albán en un viejo cacharro con el cristal trasero roto por un disparo. O esperando al borde de la autovía cerca de El Paso o desplazándose con unos camioneros a Morella, México, o dirigiéndose al mercado de Oaxaca, cargada con unos haces de leña integrados por ramas de extrañas formas. Se la conoce con distintos nombres: La Huesera, La Trapera y La Loba.

La única tarea de La Loba consiste en recoger huesos. Recoge y conserva sobre todo lo que corre peligro de perderse. Su cueva está llena de huesos de todas las criaturas del desierto: venados, serpientes de cascabel, cuervos. Pero su especialidad son los lobos.

Se arrastra, trepa y recorre las montañas y los arroyos en busca de huesos de lobo y, cuando ha juntado un esqueleto entero, cuando el último hueso está en su sitio y tiene ante sus ojos la hermosa escultura blanca de la criatura, se sienta junto al fuego y piensa qué canción va a cantar.

Cuando ya lo ha decidido, se sitúa al lado de la criatura, levanta los brazos sobre ella y se pone a cantar. Entonces los huesos de las costillas y los huesos de las patas del lobo se cubren de carne y a la criatura le crece el pelo.

La Loba canta un poco más y la criatura cobra vida y su fuerte y peluda cola se curva hacia arriba.

La Loba sigue cantando y la criatura lobuna empieza a respirar.

La Loba canta con tal intensidad que el suelo del desierto se estremece y, mientras ella canta, el lobo abre los ojos, pega un brinco y escapa corriendo cañón abajo.

En algún momento de su carrera, debido a la velocidad o a su chapoteo en el agua del arroyo que está cruzando, a un rayo de sol o a un rayo de luna que le ilumina directamente el costado, el lobo se transforma de repente en una mujer que corre libremente hacia el horizonte, riéndose a carcajadas.

Recuerda que, si te adentras en el desierto y está a punto de ponerse el sol y quizá te has extraviado un poquito y te sientes cansada, estás de suerte, pues bien pudiera ser que le cayeras en gracia a La Loba y ella te enseñara una cosa... una cosa del alma.


Clarissa Pinkola Estés
Mujeres que corren con los lobos

domingo, 22 de marzo de 2009

¿QUIEN ERES TU?



Al atacar a un rebaño, una tigresa dio a luz y poco después murió. El cachorro creció entre las ovejas y llegó él mismo a tomarse por una de ellas, y como una oveja llegó a ser considerado y tratado por el rebaño.

Era sumamente apacible, pacía y balaba, ignorando por completo su verdadera naturaleza.

Así transcurrieron algunos años.

Un día llegó un tigre hasta el rebaño y lo atacó. Se quedó estupefacto cuando comprobó que entre las ovejas había un tigre que se comportaba como una oveja más. No pudo por menos que decirle:
--Oye, ¿por qué te comportas como una oveja, si tú eres un tigre?
Pero el tigre-oveja baló asustado.

Entonces el tigre lo condujo ante un lago y le mostró su propia imagen.

Pero el tigre-oveja seguía creyéndose una oveja, hasta tal punto que cuando el tigre recién llegado le dio un trozo de carne ni siquiera quiso probarla.

--Pruébala -le ordenó el tigre.

Asustado, sin dejar de balar, el tigre-oveja probó la carne. En ese momento la carne cruda desató sus instintos de tigre y reconoció de golpe su verdadera y propia naturaleza.

El ser humano común está tan identificado con la burda máscara de su personalidad y su ego que desconoce su genuina y real naturaleza.

¿Quien eres?

miércoles, 18 de marzo de 2009

LA SIERPE DE SIETE CABEZAS

Indígenas trabajando en las minas del Potosí
Bolivia

Leyenda del Altiplano potosino

Hace muchos pero muchos años, cuando los españoles penetraban los territorios del Altiplano potosino, que justificadamente consideraban hostiles, para fundar sus pueblos donde encontraban vetas de plata, varios clanes de huachichiles decidieron reunirse para buscar la forma de impedir el avance de los invasores.

Durante la reunión, acordaron que sus brujos trabajaran con las fuerzas de la naturaleza, pues de tal modo las poderosas armas de los conquistadores serían inútiles.

En Charcas, Mexquitic, Cerro de San Pedro y San Luis Potosí ya había colonos españoles, cuyos ejércitos no se tentaban el corazón para aniquilar a los nativos. Por su parte, los evangelizadores también obraban a su manera, a favor de la corona española.

Por un lapso de tres lunas, los brujos huachichiles estuvieron reunidos en un paraje desolado del Altiplano, donde ni el más aventurado explorador español hubiera penetrado. La magia de aquéllos era poderosa y, así, lograron su propósito.

Cuando la luna roja de octubre salió en el horizonte, se escuchó un ruido sobrenatural que dejó paralizados a todos los que lo escucharon, menos a los brujos. Habían dado vida a una serpiente descomunal, con siete cabezas y ojos de fuego.

Al amanecer, un enorme cuervo solitario surgió de la nada. Dio varias vueltas en el cielo y voló hacia el sur. La sierpe lo siguió. Con eso, los brujos huachichiles habían comandado a las fuerzas ocultas de la naturaleza para que el monstruo recién creado destruyera los pueblos españoles. El cuervo era su guía.

Por donde pasó la sierpe causó terror y destrucción. La voz corrió por doquier y varios ejércitos españoles fueron a su encuentro, pensando que se trataba de una fantasía o de un animal común y corriente.

La realidad fue espeluznante: no pudieron con ella y nadie sobrevivió para contarlo.

Cerca de lo que ahora es Solís, en el municipio de Villa de Guadalupe, unos frailes apenas comenzaban a fundar una ermita para catequizar a los indómitos nativos y, asimismo, protegerlos de los despiadados españoles. Cuando vieron al gigantesco cuervo venir hacia ellos, uno de los frailes prendió inciensos, sacó las imágenes cristianas de la ermita y se dirigió a enfrentar al ave misteriosa. Sus compañeros lo siguieron. Sin embargo, cuando éstos vieron que ya se aproximaba la horrible sierpe de siete cabezas, huyeron despavoridos, dejando al pobre fraile a su suerte.

La sierpe incendiaba cuanto hallaba a su paso, dejando un rastro de cenizas tras de sí.

El fraile se hincó y se puso a rezar, pidiéndole a su Dios que lo protegiera y que destruyera a ese monstruo infernal. Cuando el cuervo voló sobre su cabeza, aquél se puso de pie y dijo unas palabras en latín.

El ave negra pegó un chillido, cayó a tierra y quedó convertida en cerro.

Después, el fraile dijo más oraciones en latín y la sierpe le lanzó miradas de fuego que, en pocos segundos, acabaron con su vida. No obstante, antes de morir, el fraile dijo una última oración, mientras alzaba su brazo derecho y con eso conjuró al animal. La serpiente también quedó convertida en cerro.

Aunque han pasado muchos años desde entonces, y los huachichiles dejaron de existir como tribu o como individuos, mucha gente todavía recuerda aquel suceso y cuenta que la sierpe estaba destinada a destruir la capital potosina o la ciudad de Charcas; sin embargo, gracias a la fe del fraile, tanto la serpiente de siete cabezas como el cuervo quedaron conjurados, pero no para siempre…

Narra la leyenda que el conjuro un día habrá de expirar y que esos cerros volverán a ser lo que realmente son, para entonces, cumplir su destino.

Esta versión de “La sierpe de siete cabezas” apareció en el libro de Homero Adame, Mitos y leyendas de huachichiles, publicado por la Secretaría de Cultura del Estado de Oaxaca, en 2008, tras haber sido la obra ganadora del Premio Nacional de Cuento, Mito y Leyenda “Andrés Henestrosa” 2007, convocado por dicha institución.

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2008/08/una-serpiente-de-siete-cabezas.html

domingo, 16 de noviembre de 2008

EL DUENDE DE LA INVISIBILIDAD




Algunos dicen que los duendes son simplemente un producto de la imaginación. Todos aquellos que piensan eso, no saben de esta historia. En verdad sí existen y son muy inteligentes, es más, con un coeficiente intelectual diametralmente opuesto a su tamaño real.

En promedio miden unos treinta y seis centímetros de altura, tienen la costumbre de resolver los problemas de los humanos y en el fondo ese es el ligamen que los une desde tiempos inmemoriales. Al igual que muchas otras criaturas vinculadas a esos animales que “razonan”, hablan y levantan grandes edificios, también los duendes están en peligro de extinción.

Ya quedan pocos en el planeta y al contrario de cómo pensaba el imaginario colectivo, los duendes viven por todo lado, no solamente en algún país europeo olvidado. Los pequeños genios tienen toda la contextura de un humano de principio a fin, pero son narizones en exceso, con orejas puntiagudas, de barbas blancas trenzadas y poseen unos ojos que cuando miran pueden hipnotizar a cualquiera que los ve.

Pero no todos tienen el privilegio de encontrarse con alguno y es más, se protegen de ser vistos porque sirve como un mecanismo de defensa para que no se muera alguno de los seiscientos setenta y cinco que quedan repartidos por ahí. Todos tienen un pacto: mantenerse vivos de los depredadores, de los investigadores, de los curiosos, de los niños inquietos o de aquellos que se hacen millonarios investigando los fenómenos paranormales. Y lo han logrado.

Los duendes pueden ser vistos solamente por los niños que no hablan o que apenas empiezan a desarrollar el lenguaje, aquellos “peques” menores de seis años, exclusivamente los de buenos sentimientos. Dicho de otro modo, son pocos los privilegiados, porque con la televisión y la modernidad, los infantes pierden la inocencia y la pureza cada vez a edades más tempranas.

En el clan de los duendes sobresale uno, Ñoqui, el duende de la invisibilidad. Dentro del equipo cada uno tiene una misión, todos poseen una magia particular y en el caso de Ñoqui, su fuerte es sin duda la capacidad para los inventos. Ya casi cumple los ciento treinta años de vida (por cierto, los duendes viven en promedio seiscientos años) y a su edad juvenil, puede sentirse orgulloso por ser el verdadero inventor de lo último de la tecnología de los humanos.

Si alguna vez a usado un teléfono celular, conoce los Ipod, ha navegado por Internet o se ha divertido con un GameBoy no dude en darle las gracias a la creatividad de Ñoqui. Por cierto, es el autor intelectual del concepto de la tele transportación y la usa siempre, pues la adaptó a su reloj de pulsera especial, utilizado para viajar de un lugar a otro con tan solo oprimir un botón.

Bueno... algo sí tiene este inteligente el pequeñuelo, hay inventos propios que guarda en total secreto y dice que se los va a llevar hasta la tumba, pues los seres humanos aún no están preparados para ciertos conocimientos.

El sabio Ñoqui siempre planea una estrategia. Observa a los humanos cuando duermen, los estudia mientras están despiertos y si pasan la prueba de la humildad del corazón, les habla al oído, les sugiere alguna idea novedosa, vanguardista que culmina en un invento exitoso en el mundo. La fama, el dinero y el consumo excesivo, es lo que pasa luego de que el secreto es revelado en el afortunado oído.

Por alguna extraña razón, Ñoqui tiene cierta preferencia por las orejas de gente Made In Japan.

Su invento más reciente es un aparato capaz de desaparecer los objetos y las personas, inclusive a los duendes, en realidad, cualquier cosa. Este dispositivo fue bautizado como “el control remoto de la invisibilidad”. Ñoqui pensó que sería genial para su clan, sus hermanos de sangre para que pudieran ocultarse o mostrarse a su antojo, incluso en el caso de los niños problema, capaces de revelar a sus padres el secreto de su existencia.

Pero un dilema en formato de pregunta pasaba por su creativa cabeza: ¿Los humanos estarán listos para semejante conocimiento y avance tecnológico? La respuesta que se dibujaba en su corazón era un rotundo y contundente NO del tamaño de una catedral gótica.

Los motivos serían muchos y las razones serían inmensas, pues si el duende seleccionaba mal al humano de su último invento, podría volverse loco de poder y hasta podría terminar desapareciendo a todo el mundo para llenarse de avaricia y convertirse en el hombre más rico del mundo. También desaparecería a su antojo a todos los que les caen mal o a aquellos que obstaculizaran su paso.

En resumen, el portador del secreto de la invisibilidad debería de ser una persona sencilla, pero ante todo extremadamente noble, sin mucha codicia en sus pensamientos. En verdad la tarea de la selección no era nada sencilla en esta ocasión.

El pobre de Ñoqui pasó varias noches visitando vecindarios, ciudades, urbanizaciones y cuanta casa se encontró, pero nada, nadita de nada. Todos los dueños de las orejas no eran lo suficientemente nobles de corazón.

Finalmente luego de tanta búsqueda, se metió camuflado por la puerta en la que sale el perro del dueño de la casa, una tamaño exacto y cómodo para Ñoqui, quién presuroso se escabulló por la cocina de aquel que sería el elegido.

Bernardo Mena es un científico de profesión, químico, para ser más específicos- Siempre en su laboratorio trataba de inventar cosas con un único fin: mejorar la vida de sus semejantes. No pertenecía a una familiar pudiente ni mucho menos más bien todo lo que tenía hasta su más desgastado tubo de ensayo se lo había ganado con las reacciones químicas de un cerebro que no paraba de trabajar. Pero el futuro de Mena era promisorio y además, era noble de corazón.

Luego de una experimental y agotadora jornada de trabajo Bernardo decidió irse a dormir más temprano de lo normal, a eso de la dos y quince de la madrugada. El científico vivía de manera solitaria, pues la fórmula para entender a las mujeres nunca la había encontrado. Su compañero de andanzas y guardián de sus secretos era Copérnico, su perro salchicha.

¡Que dicha que se fue a dormir más temprano!, pues la noche le tenía una sorpresa de lujo. Cuando estaba realmente dormido Bernardo soñaba cosas extrañas, pero nunca se imaginó en la posibilidad de que un duende le hablara al oído.

Ñoqui revisó a su candidato de pies a cabeza y confirmó que dormía plácidamente. Llevó su boca al oído y con voz rugosa le preguntó: “¿Cuál es tu máximo deseo en la vida?”. Él le respondió obviamente entre dientes y dormido: “Mmmmmm inventar algo impooortanteeee, para ayuuuuuudarrrrr a los demaaaaásss, eso es lo que haría un buen científicooooooooooooo por la humanidad”.

El duende lo volvió a ver fijamente y le susurró que en el mundo de los humanos ya son pocos en los que piensan en los demás, pero como él era una excepción le iba a dejar en su mesita de noche uno de sus más poderosos inventos: el control remoto de la invisibilidad. Antes de irse, sacó de un pequeño bolso el prototipo del control, apuntó hacia su pecho, oprimió el botón rojo principal y pluuuuuuuuuf se evaporó en el aire y ya no era visible.

Junto a la cama de Bernardo flotaban unas hojas con dibujos, el control remoto único en el mundo de los duendes y los humanos y una pequeña nota escrita a mano que decía:

En tus manos tienes el poder de la invisibilidad, es fácil de usar... solamente tienes que apuntar con precaución e inteligencia este control remoto. Recuerda siempre: puede ser una peligrosa arma de dolor o una encantadora herramienta de alegrías. Si le cuentas a alguien que este invento apareció mientras dormías el primero en desaparecer serás tú.

Ñoqui, un amigo.

Los científicos tienen la costumbre de levantarse en la madrugada para seguir trabajando, especialmente si tienen sueños extraños.

Exactamente así le pasó a Bernardo, quién abrió los ojos, llamó a Copérnico a viva voz, se estiró cuán largo era, prendió la lámpara de su mesita de noche y encontró la nota, escrita en un papel que nunca había visto y en letras doradas.

Lo primero que pensó fue en lo poco probable de la situación, no tenía una explicación científica. Miró el aparato, le pareció un control remoto común y silvestre, pero con el afán de quitarse la curiosidad le apuntó a la puerta de su cuarto y desapareció inmediatamente.

Para sus adentros pensó que semejante invento debería ser resguardado, protegido de los ambiciosos y decidió desaparecer el control remoto de la invisibilidad, pues el mundo aún no se lo merecía. Junto a Copérnico, buscó un espejo y cuando lo encontró hizo una prueba, colocó el control en el suelo, apuntó, oprimió el botón rojo y el espejo desapareció.

De primera entrada el control remoto no sufrió efectos secundarios, pero a los pocos segundos se fue desvaneciendo, al igual que la mano de Bernardo. Al darse cuenta de lo que ocurría, decidió utilizar el control remoto de la invisibilidad en su contra, antes de que desapareciera para siempre. Y finalmente tanto el científico como el invento ya pertenecían al mundo de lo invisible. Copérnico con su olfato logró ubicarlo aunque no lo veía y no solo eso, logró darse cuenta que aún en el cuarto observando todo se encontraba Ñoqui el duende inventor.

Aunque los duendes tienen la regla de nunca hablar con humanos, el inventor no pudo contener el deseo de preguntarle por qué había actuado de esta forma. Bernardo no tuvo miedo al ver al duende y le respondió que con la decisión lograría convertirse en un ángel y ayudarle a los demás sin ser visto nunca más.

Ñoqui no podía creer su decisión pero lo apoyó, conversó con él un gran rato, le dio algunos consejos de la esencia de la invisibilidad y le explicó que luego de hacer sus tres primeras buenas obras, siendo humano e invisible, le empezaría un leve dolor en dos zonas de la parte alta de la espalda y sería acreedor de un par de alas.

El duende había realizado una excelente elección, pero decidió guardar el secreto para él mismo pues aún los humanos no estaban listos para tales invenciones, ya tenían demasiados enredos tecnológicos. Tomó varias decisiones: guardar en su bolso los dibujos, la nota, el control remoto invisible, volver con los suyos y seguir creando más inventos. Así que cuando el lector de este cuento conozca acerca de un nuevo invento o avance de los humanos, dude un poco, porque quizás el responsable sea Ñoqui, el duende de la invisibilidad.


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