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martes, 5 de octubre de 2010

T'UNUPA

Representación de Tunupa en uno de los flancos rocosos del cerro Pinkuylluna, cerro localizado al frente de la Ciudadela de Ollantaytambo.



El hijo del dios Wiraqucha es T'unupa. El dios había hecho la tierra, el cielo, el sol, la luna, las estrellas y todas las cosas. Y luego había enviado a su hijo a enseñar a la humanidad una vida acorde con la naturaleza.

El compañero de T'unupa era un jilguero. Mientras recorría los poblados, instruía a los agricultores a sacar el mayor beneficio de la tierra, sin dañarla; predicaba contra la flojera y la borrachera y resaltaba los fundamentos de la solidaridad.

Cuando llegó a Carabuco, la gente se congregó masivamente para escucharlo. Pero Makuri, jefe de los carabucos, hizo apresar a T'unupa y se burló de sus cualidades. Llegó incluso a pedirle que transformara unos metales innobles en oro. El hijo de Wiraqucha se negó. Y, más bien, reprendió el comportamiento de Makuri. Éste, muy encolerizado, reto a una pelea cuerpo a cuerpo a T'unupa, que le respondió que una víbora no podía luchar contra un maestro.

Sin más, Makuri hizo expulsar a T'unupa a hondazos. Al día siguiente éste reapareció en Carabuco con la ropa muy blanca y sin huellas de heridas. La gente había salido a recolectar metales y regresó sin nada, pues T'unupa había escondido los yacimientos de cielo abierto dentro de las montañas, para que fuera muy difícil explotarlo.

Hecho esto, se dirigió a Copacabana y a la orilla del lago tendió un paño para cruzar el Titicaca. Por entonces los pobladores de Copacabana adoraban a un felino (titi) metálico, cosa que no agradó a T'unupa.

Otra vez aprehendido, fue llevado a la presencia de un sabio, a quien preguntó las razones por las que ofrecían a una imagen sacrificios de sangre.

Les instó a dejar dicho culto y a aceptar la benevolencia de Wiraqucha. La gente se exaltó y pidió la muerte de T'unupa. Lo llevaron a la orilla y lo ataron al palo de una pequeña balsa de totora, que luego echaron a la deriva. De repente comenzó una tormenta acompañada de vientos excesivos y relámpagos aterradores. La balsa fue llevada hasta el estrecho de Tiquina desde donde abrió el cause del río Desaguadero hasta llegar a una hondonada, en la que se formó el lago Poopó.

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2008/08/tunupa.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2008/08/tunupa_12.html

sábado, 2 de octubre de 2010

LA CHICHA O AZUA

Kero andino, vaso ritual y cúltico



La chicha o azua fue la bebida obligada de los antiguos peruanos.

Se bebía al final de las comidas. El beber constituía un acto ceremonial y era además una forma de establecer relaciones con el todo, se comía y bebía en medio de conversaciones, bromas y alegría.

La bebida se iniciaba con el pago a la tierra o tinka, que consistía en verter unas gotas al suelo, luego todos bebían de una sola vasija o anccosani, costumbre que aún perdura en muchos lugares, sobre todo en provincias. La chicha se utilizo profusamente en el antiguo Perú como alimento y con fines mágico-religiosos, para lo cual se le añadían algunos elementos.

Se prepara principalmente de jora o maíz germinado, pero también se utilizan diversos productos como la quinua, cañihua, chuño, ocas, rumu o yuca, apichu, molle, algarrobo, pijuayo, entre otros.

El proceso de una buena chicha empieza con la selección del grano que debe ser de primera calidad. Luego se procede a germinar los granos que se colocan sobre hojas de achira y cuando ya presentan los brotes, se ponen sobre hojas de lambrán que los endulzan, enseguida se ponen a secar.

La jora o wiñapo, se coloca en una olla de barro o hatun manca, con agua tibia para que remoje, luego se pasa a la azuana, donde debe hervir durante un día, mientras se mantiene agua hirviendo en una tercera manca, para reponer el líquido de la merma.

Al final del día se cuela con una bayeta de tejido ralo o wayna. Luego se exprime o chirwi. El líquido obtenido se pasa a una botija de boca grande llamada hinchu. Luego se traslada al urpu, o botija de boca angosta la que se tapa con el pucu. En este recipiente se dejará fermentar para que se convierta en chicha. Cuando haya completado su fermentación, se debe pasar por un tamiz fino suysuna o chumana. El bagazo se llama hanchi, y el concho o sedimento se llama borra.

Gloria Hinostroza
http://cocinatradicional.blogspot.com/2008_08_01_archive.html

“La comida, así como todo cuanto rodeaba al antiguo peruano, era sentida a modo de algo viviente. Entre ella y el hombre se siente una afectuosa relación casi de persona a persona”
Arturo Jiménez Borja

LA COCINA PERUANA PATRIMONIO CULTURAL DE LA NACIÓN

Foto: http://www.historiacultural.com/2010/05/ceramica-incaica.html

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/03/mama-sara.html

martes, 14 de septiembre de 2010

FIESTA DE LA SANTA CRUZ DE LOS MILAGROS DE QUERÉTARO




La Cruz de los Milagros

Que se mueve, que crece, que convierte pecadores. Se dice, se cuenta entre la gente de aquel tiempo y de este, cuando se refieren a la Santa Cruz de los Milagros, venerada en el Convento de los Crucíferos, mientras se dispersa el gentío de la Loma del Sangremal, barrio de la Cruz y San Francisquito, lugar donde el Señor del Trueno, Santiago el Mayor, el día en que Chichimecas y españoles pelearon, inclinara la balanza hacia los Caballeros que como él, blandían espada sobre corcel. También alargó el día, eclipsó al sol y resaltó una cruz, convirtiéndose así en patrono de un nuevo pueblo e incrementando su leyenda.
A San Cristóbal y a San Miguel Arcángel, se unió Santiago el Mayor, para iluminar la imaginación de los españoles del siglo XVI, que lo convirtieron en guerrero invencible, mientras los indios lo asociaron con el dios del rayo, del trueno y del relámpago.
Nace Querétaro y con esto los indios sincretizan un patrocinio no planeado por el vencedor, al exigir una réplica de la cruz aparecida junto a Santiago, el día de la batalla, para de allí en adelante hacer de ella un motivo para congregarse, que hasta la fecha conservan y ritualizan cada 14 de septiembre.
Ya dijera Fray Francisco Javier de Santa Gertrudis, al referirse a los antiguos pobladores de esta región, “era una nación, entre las bárbaras la más cerril e indómita, sin genero de sumisión” por ello exigieron se pusiese una cruz “en forma” que durase para siempre.
Se envió al arquitecto Juan De La Cruz, al cerro que está enfrente del Sangremal “por donde tenia vertiente la laguna” y donde se encontrara en un apacible ajedrezado de blanco y rojo cinco piedras, que articuladas, dieron forma a la Santa Cruz de Los Milagros.
Dos siglos después, 16 testigos, juraron en toda forma su antigüedad, que data desde la conquista de Querétaro, ante el entonces obispo de Michoacán, Fray Marcos Ramírez del Prado.
Para que esto sucediera, ya habían gobernado a los otomíes: Etzaguindo, Piedra que sumba en el árbol, Eccenguy, Culebra de nubes, Ehmatzahnì, Jaguar, todos importantes señores, que conservaron su autonomía frente a los mexicas y purépechas.
Gobernaron a gente que “vivía en orden, sin flojera, drogas, robo, asaltos, ni mentiras”. Tampoco había falsos testimonios, ni codicia, ni envidia, la gente se ajustaba a las reglas de la sociedad, prevalecía la justicia”.
Llegó la fe cristiana y con ella Conín, el indio tlaxcalteca, que al trueque de sayales, huipiles y enaguas, se hizo amigo de los Huachichiles de la Cañada de Pathé. También se amistó con el español Hernán Pérez de Bocanegra, quien lo “convenciera” de la necesidad de someterse pacíficamente a los conquistadores.
Con Conín fueron “convencidos” los habitantes de la Cañada y del valle de Maxei, dándose al alborear el 25 de julio de 1531, al filo de las seis de la mañana, un simulacro de batalla, entre gritos, sonido de clarines, retumbar de tambores y chocar de cuerpos. Batalla de antemano perdida por los Chichimecas, que en “venganza” formaron un nuevo dios que diera hegemonía a su raza hasta nuestros días.
De este hecho nace el pueblo de Querétaro y con él la leyenda de la Santa Cruz De Los Milagros, que crece, se mueve y convierte pecadores, pero sobre todo identifica con su culto a un pueblo que vencido permanece resistiendo a las faldas del Sangremal.
Santiago de Querétaro, nacido como pueblo de indios, se une con su nombre a cientos de pueblos americanos dejados bajo el patrocinio del apóstol guerrero, el dios de la guerra, degollado en el año 46 de la era cristiana.
Destacan por su fama las ciudades de Santiago de Cuba, Santiago de Chile, Santiago de Caracas, Santiago de Quito, Santiago de los Caballeros de Guatemala, La Antigua, entre muchas otras más.
Es en Santiago de Querétaro donde se realiza la quinta aparición del santo conquistador, dios del trueno y del relámpago, de las 14 apariciones que realiza en suelo americano, solo cuatro de ellas fueron en lo que ahora es el territorio mexicano, pero en ninguna de sus apariciones se opacan tanto como en esta de Querétaro, donde la cruz aparecida con él, se vuelve el signo unificador de los derrotados, de ella sale todo un motivo de unidad para resistir, para ganar perdiendo.
Esta cruz se mueve, cuentan sus apologéticos, que lo hace como los robles, formando una cruz para la fe española y hacia los cuatro puntos cardinales para la cosmogonía chichimeca.
Dicen que la primera vez fue cuando cantaba misa Fray José De Valderrábano, “no quedó persona en el pueblo y su contorno que no viese la maravilla y aún muchos venían de muy distantes lugares”, este fenómeno se repetía los viernes, dicen.
Por 1680 y 1683, tiempo de la fundación del Colegio de Propaganda Fide, lugar donde crece el árbol de las cruces “fueron los movimientos tan recios y repetidos que puso a todo el lugar en grande cuidado y conturbación…”.
Esta cruz crece, nadie hay por el rumbo del Sangremal, los barrios de la Cruz y San Francisquito, que no cuente como crece, como se recorta y como tiene vida la Santa Cruz de los Milagros, esa que vieron los indios cuando los españoles llegaron y que trajeran procesionalmente entre soldados, banderas y lagrimas, desde el cerro de “enfrente” hasta el Sangremal y sobre una enramada se le dijera la primera misa y después su culto se repartiera sigilosamente entre los adoratorios indios del contorno, para tenerla como a su nuevo dios.
Cuentan que en 1639, ocho testigos, a petición del Padre Provincial Franciscano, de San Pedro y San Pablo, la examinaron para ver si había causa natural de sus movimientos, la midieron y tenía cinco varas y media, dos varas y media fuera de la tierra y otras tantas dentro, pero que poco tiempo después habían notado que aumentó media vara.
También dicen que un anciano religioso que estuvo presente cuando la metieron a su actual camerino, una caja de plata, vidriera de artificio, reliquias y alhajas, regalo de Juan Caballero y Osio, quedó cuatro dedos mas abajo del limite y que poco tiempo después ocupaba todo el nicho, de tal suerte que había crecido media vara más.
Esta cruz convierte pecadores, cuantos han entrado curiosos a su santuario, salen convertidos con solo ver con atención a la Santa Cruz de los Milagros, se dice.
Mientras consta y a nadie le es ajeno, ver subir de rodillas a señores indios desde la falda de la loma, la esquina actual de las calles de Zaragoza y Pasteur, ataviados de penachos, pectoral y maxtle e imitados por hombres, mujeres y niños, hasta la cima donde se encuentra la cruz, llegar a ella y experimentar una catarsis de la culpa, para salir llenos de alegría y danzar al ritmo del teponaxtle “Fuego” y retirarse convencidos del perdón.
Santiago de Querétaro, que debió llamarse Querétaro de la Santa Cruz de los Milagros, permanece bajo el patrocinio del caballero que vino de Levante, el compañero de armas de los conquistadores y quien fuera pintado por el Greco en España y esculpido por nuestro gran pintor queretano Mariano Arce.
Santiago El Mayor, cuyo nombre lleva nuestra ciudad, también fue rescatado por los indios como el dios del trueno y visto por ellos como un “caballero muy grande, vestido de blanco, en un caballo, con espada en la mano, haciendo tanto mal el caballo como el caballero con la espada”, es por ello que se le guarda respeto y se le recrea con una leyenda, pero aun así el pueblo se inclina hacia la cruz de piedra, mas cercana a la concepción de las deidades indígenas y permanentemente presente en la conciencia de los Chichimecas.
Así Santiago Apóstol, patrono de Querétaro, se viene a vivir con los españoles a las plazas “de arriba y de abajo”, se retrata en cantera sobre la fachada del templo del Convento Grande de San Francisco, queda en el escudo de armas de la ciudad, otorgado por el Rey Carlos V, pero la fiesta, el culto, la veneración, y la costumbre, se quedan en el Sangremal, con la Santa Cruz de los Milagros.
Querétaro dos patrocinios y uno solo verdadero, penetrante, que se comprueba cuando las multitudes ven desfilar la tarde del 13 de septiembre a los Concheros y danzar incansablemente hasta el día de la penitencia, 15 de septiembre, celebrando así la exaltación de la Santa Cruz, la fiesta de la recolección y dando el motivo buscado por los indios para recrear su costumbre en ritos y vejaciones, señal permanente de que no han sido definitivamente vencidos.

José Félix Zavala
El oficio de historiar
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2008/09/la-fiesta-de-los-concheros-en-queretaro.html

domingo, 12 de septiembre de 2010

FIESTA DEL SEÑOR DE QOYLLUR RIT´Y


La Fiesta del Señor de Qoyllur Rit´y es una de las fiestas religiosas más grandes de la región del Cusco.

Qoyllur Rit´y termino quechua, en español significa Estrella de Nieve.

Su origen probablemente se remonta al año 1780, fecha que coincide con el levantamiento revolucionario del prócer de la independencia Tupac Amaru II.

Cuenta la leyenda que Mariano Mayta era un niño a quien su anciano padre le había encargado cuidar de su rebaño en los fríos parajes donde hoy en día se levanta el santuario, debía realizar estas tareas junto con su hermano mayor, pero éste lo dejaba solo para ir a divertirse; además lo acusaba de irresponsable ante su padre, quien daba crédito a sus palabras. Como consecuencia de esta situación de desconfianza y sin poder hacer nada para remediar lo que sucedía, Mariano toma una decisión desesperada: huir e internarse en la nieve aunque esto le costara la vida. En ese momento se le aparece un niño de unos 12 años llamado Manuel, quien le ofrece un pan blanco y su amistad (en el Cusco se venera al niño Jesús con el nombre de niño Manuelito). Mientras los niños juegan y bailan, el ganado comienza a reproducirse.

Las autoridades eclesiásticas se enteran posteriormente del hecho y, sospechando que en el paraje los indígenas realizaban profanaciones, desatan una persecución que culmina con la muerte de Marianito y la inmediata aparición de un Cristo Crucificado en un árbol; posteriormente y de manera milagrosa, su imagen aparece estampada en una roca que había en el lugar.

Historia popular de la población del Cusco.

Extraído de: "Experiencia de Cristo en la Vida Aymara", en Puno (Perú).

Esperanza Díez Cruz (Bogotá, Colombia)

domingo, 8 de agosto de 2010

LOS CUATRO RABINOS





Una noche cuatro rabinos recibieron la visita de un ángel que los despertó y los transportó a la Séptima Bóveda del Séptimo Cielo. Allí contemplaron la Sagrada Rueda de Ezequiel.

En determinado momento de su descenso del Pardes, el Paraíso, a la tierra, uno de los rabinos, tras haber contemplado semejante esplendor, perdió el juicio y vagó echando espumarajos por la boca hasta el fin de sus días. El segundo rabino era extremadamente cínico: "He visto en sueños la Rueda de Ezequiel, eso es todo. No ha ocurrido nada en realidad." El tercer rabino no paraba de hablar de lo que había visto, pues estaba totalmente obsesionado. Hablaba por los codos, describiendo cómo estaba construido todo aquello y lo que significaba... hasta que, al final, se extravió y traicionó su fe. El cuarto rabino, que era un poeta, tomó un papel y una caña, se sentó junto a la ventana y se puso a escribir una canción tras otra sobre la paloma de la tarde, su hija en la cuna y todas las estrellas del cielo. Y de esta manera vivió su vida mejor que antes.



Clarissa Pinkola Estés
Mujeres que corren con los lobos

viernes, 16 de julio de 2010

GOZOS A LA VIRGEN DEL CARMEN


Prodigioso y admirable
Imán de nuestro desvelo;
Nubecilla del Carmelo,
Sednos protectora y Madre.
Salve, Reina de los, cielos,
De misericordia Madre,
Vida y dulzura divina;
Esperanza nuestra, Salve;
Nubecilla etc.
Dios te Salve, Templo hermoso
Del divino Verbo en carne,
Sálvete Dios, Madre Virgen,
Pues eres Virgen y Madre;
Nubecilla etc.
Volvednos, Madre piadosa,
Vuestros ojos admirables,
Y mirad por vuestros hijos,
Pues que sois piadosa Madre;
Nubecilla etc.
Socorrednos, pues escucha
Que en las penas y combates
A ti suspiramos todos
En este lloroso valle;
Nubecilla etc.
Mostradnos a vuestro Hijo
De Josafat en el Valle,
Piadoso, pues que nació
De ese cristal admirable;
Nubecilla etc.
Rogad por vuestros devotos
A la bondad inefable;
Pues murió para salvarnos,
Por su clemencia nos salve;
Nubecilla del Carmelo,
Sednos protectora y Madre.
V. Ruega por nos, santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de las promesas de Jesucristo

miércoles, 7 de julio de 2010

SAN FERMÍN


Fermín, obispo (¿† s. II?)

Pampilón para los romanos, Iruña para los vascos -sus pobladores de siempre- y Pamplona en la actualidad. A orillas del Arga, pequeña meseta entre montañas y punto de confluencia en los trazados de las vías romanas por la situación estratégica que unía las ubérrimas tierras de Aquitania -más allá de los montes- con los feraces campos ribereños del Ebro.

Es san Fermín su patrón y cada año, en los primeros días del estío, la celebración de su fiesta revoluciona la ciudad que se convierte por un breve tiempo en un continuo ir y venir, correr y saltar ruidoso, explosivo, alegre, cantante y bullanguero de sus gentes; muchos con pañoleta roja anudada al cuello; otros vestidos de camisa, pantalón blanco y calzados con zapatilla ligera; los más sin señal externa en la indumentaria, pero con retozos en el alma por la fiesta del patrón. ¡Que algo queda de la fe que plantó!

No hay mucho que pueda señalarse acerca de su vida. Nació en un ambiente marcado por el paganismo. Tan pagano era el politeísmo de la mitología romana que pretende dominar tierras y hombres, como paganismo era el uso de los adoradores de dioses ancestrales que daban culto a fuentes, ríos, árboles y hacían ofrendas en las encrucijadas de los caminos del bosque.

No hay seguridad histórica sobre los datos de su nacimiento, y pocos son los apoyos firmes acerca del momento exacto en que vivió; de hecho, hasta hoy los entendidos discuten entre ellos intentando la mayor aproximación posible.

Se da por probado que sus padres eran romanos: Firmo, alto funcionario de la administración en el lugar y su esposa Eugenia, matrona ilustre por su ascendencia noble.

Conocieron al presbítero Honorato que con sencillez y gravedad les enseñó los rudimentos de la fe cristiana; para eso había sido enviado desde las Galias por el obispo Saturnino que apostolizaba la región del Languedoc. Luego será el mismo obispo Saturnino quien venga a Pamplona -llamada también por las Actas Pompanyópolis- para bautizar a los primeros cristianos navarros. Y poco después, recién bautizado, Fermín vivirá tras los Pirineos; llegará más adelante a ordenarse sacerdote y luego será consagrado obispo de Pamplona -el primero- donde organizará a su rebaño creciente, ordenará sacerdotes y dispondrá lo necesario para extender la salvación.

Da testimonio de Cristo con valentía y audacia desconocida hasta el momento por más tierras que las navarras.

Se le vio evangelizando en Agen, Auvernia, Angers, Anjou y Normandía.

En Beauvais dicen que estuvo preso. La Picardía y los Países Bajos conocieron al santo y en Amiens -que también lo tiene por patrón, aunque celebra su fiesta en distinta fecha- fue decapitado.

Dicen que un neoconverso por nombre Faustiniano recogió su cadáver y le dio sepultura en su misma propiedad hasta que más tarde trasladaron sus restos a la iglesia que el mismo Fermín construyó. Más adelante, se repartieron sus reliquias entre Amiens y Pamplona.

Extraído de: http://www.archimadrid.es/princi/princip/otros/santoral/santoral.htm

martes, 6 de julio de 2010

MILAGRO EN EL RIO SALADO

Juan Manuel Reyes Cruz 6 de julio de 2010.



LO QUE PASO EN ANAHUAC (INUNDACION).wmv
2010


1967-2010


El río llenó su cauce aquel verano de 1967. El huracán "Beulah" llegó a morir por estas tierras y en sus estertores de agonía, arrasó con represas y ranchos al desbordar arroyos y secciones del Salado, arrastrando al paso de sus aguas todos los bienes de los rancheros establecidos por las orillas.

En Ciudad Anáhuac, la gente veía pasar con una mezcla de fascinación y miedo el espectacular oleaje que lamía ya el puente ferroviario y amenazaba a cada instante con derrumbarlo y desaparecerlo en su largo cuerpo de rugientes aguas que parecían querer rebelarse al camino que el tiempo les marcó.

Por la superficie, en dantesco desfile, pasaban flotando toda clase de animales domésticos y montaraces, con los ojos desorbitados de terror por aquel forzado viaje hacia fatal destino o ya muertos; ahogados por la furiosa corriente de turbias aguas y profundos remolinos. Junto a ellos, iba también ropa, muebles y toda clase de enseres arrebatados a las casas derrumbadas.

Los más osados habitantes de Anáhuac y Rodríguez, se apostaron por las orillas y sobre el tambaleante puente, para ganar muebles o lazar animales. A los pocos minutos, familias enteras se pusieron a trabajar en equipo para ir pasando de mano en mano todos los bienes y animales rescatados de la corriente. Los animales salían temblando de espanto y frío; pero algunos lugareños rescataban hasta los cuerpos de cerdos muertos que por recién perecer, su carne aún estaba en buen estado y pronto serían convertidos en chicharrón o estofado; al fin que “a río revuelto...”

Ismael de la Cruz atrapaba a mano todo lo que pasaba cerca de él y, conocedor de las orillas, se aventuraba metiendo hasta medio cuerpo en las lodosas aguas. De pronto, descubrió un tanque de doscientos litros que pasaría un poco más retirado de sus posibilidades. Era un tambo nuevo, recién pintado; bien valía la pena arriesgarle un poco, e Ismael decidió arriesgar la vida. Confiado en la fuerza y pericia de su juventud, se adentró y logró atraparlo; pero una turbulencia repentina lo hizo perder el control, el tanque dio un salto y lo golpeó pesadamente en la cabeza haciéndolo perder el sentido. El cuerpo inanimado se hundió inmediatamente y fue arrastrado fuera de la vista de los presentes. Ismael había arriesgado la vida, y la perdió en el albur.

Sus familiares y amigos quedaron pasmados ante la súbita tragedia. Algunos reaccionaron corriendo paralelamente al cauce en búsqueda desesperada; otros fueron a dar parte a las autoridades; pero el cuerpo de aquel hombre ya no volvió a emerger. El cadáver fue devorado por la serpiente de aguas enfurecidas y ni autoridades ni amigos pudieron hacer nada; había que esperar a que bajara el nivel para empezar a explorar en su búsqueda. Lágrimas y lluvia corrían juntas por las mejillas de deudos y allegados que permanecieron de pie ante el río cruel hasta la llegada de la noche; incrédulos aún y confundidos ante lo volátil de la existencia; embargados por sentimientos de impotencia y dolor ante la muerte.

Al día siguiente, con las aguas todavía a medio nivel, empezaron a explorar desde las orillas; pero tras una larga e infructuosa jornada, el día terminó. Las aguas aún tardarían en bajar hasta su nivel normal y conjeturaban si tal vez al siguiente día toda exploración sería inútil, como así fue…

Desesperados ante la impotencia de las autoridades, aquella noche la familia del ahogado acudió a la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe en busca de ayuda. Tal vez Dios se compadecería de su pena y escucharía sus plegarias.

El Sacerdote los recibió y escuchó atento, pensativo. No cabía duda que eran las suyas expectativas inauditas. Era delicado e insólito el planteamiento de aquella gente; pues lo que pedían era una señal del Cielo, algo así como un rayo de luz que venido desde lo Alto, guiara a los rescatistas hasta el lugar preciso donde se encontraba el cadáver de Ismael; así de "sencillo…"

El padre José de Jesús Aviña era un joven sacerdote de gran estatura y corpulencia que con su pelo ensortijado y piel morena, nos recordaba más a un púgil de peso completo que a un hombre de Dios; sin embargo, la población se le entregó por su gran carisma y vida ejemplar. Fue el primer vicario que organizó el Viacrucis popular en Semana Santa y se atrevió a penetrar la Zona de Tolerancia para llevar la Palabra a las mujeres públicas con éxito tal, que también se les vio participar en procesiones y misas dominicales.

Eran los jóvenes sus más fieles seguidores y aunque los tenía organizados en equipos deportivos, grupos de oración y retiros espirituales, la muchachada, siempre antisolemne, a sus espaldas le apodaban con cariño y admiración el padre "Clay", en recuerdo del famoso boxeador de color campeón del mundo; pero el Párroco disimulaba paciente y comprensivo y continuaba con su vida mística, disciplinada en retiros de meditación profunda y jornadas de ayuno y oración que lo tenían en constante Gracia; y con todo su dinamismo, no podía ocultar los destellos de santidad en su mirada.

- "Vengan mañana y después de la primera misa iremos juntos al río. Tal vez no busquemos mucho; Él, nos señalará el lugar donde quedó el cuerpo de Ismael…" - dijo con la vista fija en el Crucificado.

A la mañana siguiente salió a una cita con la fe del pueblo, acompañado de aquella buena gente que en su inocencia pedía "nada más" una señal de Dios que les indicara el sitio exacto donde el cuerpo esperaba para ser llevado a la tierra santa del panteón; esto incrementaría la confianza en el Altísimo y los lazos permanentes que tiene con su pueblo.

Al llegar al punto de la tragedia, el padre sacó de la gran bolsa que llevaba, una cruz de maderas nuevas, elaborada de pino y plegarias al Supremo, y en sus cuatro extremos acomodó cabos de velas benditas pegándolos con la misma cera fundida; luego levantó mirada y cruz al cielo con inaudible oración entre los labios. En seguida, la puso a flotar al filo del agua y encendiendo las cuatro velas, explicó parcamente a los espectadores:

- ¡Esta cruz bendita será nuestra guía…!

La cruz pronto fue arrebatada al centro del cauce y empezó un agitado viaje sobre las aguas turbulentas mientras los vientos parecían respetar aquellos cuatro cabos que mantenían los pabilos encendidos.

Comenzó la marcha en seguimiento de aquel insólito guía y sobre el avance a veces presuroso, a veces lento; la veían detenerse y girar en algún remolino para luego continuar su navegación que parecía impulsada por la fe colectiva y las silentes oraciones del padre José de Jesús, que cabizbajo y con las manos entrelazadas en una súplica constante, caminaba al frente de todos.

Súbitamente, la cruz se detuvo y se fue desplazando lentamente hasta un lugar cercano a la orilla. Momentáneamente dio algunas vueltas en el mismo lugar y luego quedó quieta ante los ojos de la procesión que vio el repentino y simultáneo apagarse de las cuatro velas, como si algún invisible emisario de lo Incógnito hubiera soplado sobre ellas dando por terminada una misión.

- ¡En ese lugar se encuentra el cuerpo de Ismael! - exclamó el padre Aviña con una amplia e iluminada sonrisa.

Tres hombres se metieron al agua y, reverentes, tomaron la cruz para entregarla al sacerdote. Regresaron al punto señalado y se sumergieron para empezar una ciega búsqueda por entre las lodosas aguas. Ahí, a dos metros de profundidad, sujeto entre unas ramas, encontraron un cuerpo.

Al aviso de un rescatista, la expectación creció entre los presentes, y se acercaron más a la orilla entre esperanzados y curiosos. De pronto, los familiares estallaron en llanto al ver emerger el cuerpo abotagado y duro del que fuera un ser querido. Sus irreconocibles rasgos tenían una expresión serena y sus ojos muy abiertos y saltados parecían asomar sorprendidos a la Eternidad.

El cadáver fue sepultado de inmediato por el avanzado estado de descomposición en que se encontró y por tanto, aquella tarde la Misa no pudo ser de cuerpo presente; pero la gente acudió solemne y conmovida por la manifestación divina que pronto corrió de boca en boca.

Han pasado casi treinta años desde aquellos hechos y muchos de los protagonistas y testigos de esta historia han partido ya de nuestro mundo hacia la vida que tras la muerte nos espera; incluso, el padre José de Jesús Aviña, también se recogió ya a la casa del Señor al que tanto sirvió con fidelidad y empeño. Murió lejos de Anáhuac; y los jóvenes de entonces, hoy gente vieja o madura, lo recuerdan con cariño y al paso de los años, han ido recreando aquel acontecimiento contando a sus hijos y a sus nietos sobre aquel…

Milagro en el Río Salado…
rafael olivares b's blog

Nota del autor: "Con un agradecimiento para aquellos que se solidarizaron con el pueblo en desgracia, hoy dedico a Anáhuac, Nuevo León, esta leyenda como un regalo que les sirva para entender que aún de la tragedia, a veces, nos quedan también bellos recuerdos."

Fuente
http://www.norestense.com/inundacion-en-anahuac-nuevo-leon-leyendas-de-norestense
Imagen
noticiasdenuevolaredo.blogspot.com


http://www.youtube.com/watch?v=qUvIIC_gT1Q

viernes, 25 de junio de 2010

LOS DOS SADHUS.


ACTITUD DE RENUNCIA.

Ésta es la historia de dos sadhus.

Uno de ellos había sido enormemente rico y, aun después de haber cortado con sus lazos familiares y sociales y renunciar a sus negocios, su familia cuidaba de él y disponía de varios criados para que le atendieran. El otro sadhu era muy pobre, vivía de la caridad pública y sólo era dueño de una escudilla y una piel de antílope sobre la que meditar.

Con frecuencia, el sadhu pobre se jactaba de su pobreza y criticaba y ridiculizaba al sadhu rico. Solía hacer el siguiente comentario: "Se ve que era demasiado viejo para seguir con los negocios de la familia y entonces se ha hecho renunciante, pero sin renunciar a todos sus lujos".

El sadhu pobre no perdía ocasión para importunar al sadhu rico y mofarse de él.

Se le acercaba y le decía: "Mi renuncia sí que es valiosa y no la tuya, que en realidad no representa renuncia de ningún tipo, porque sigues llevando una vida cómoda y fácil".

Un día, de repente, el sadhu rico, cuando el sadhu pobre le habló así, dijo tajantemente:

-Ahora mismo, tú y yo nos vamos de peregrinación a las fuentes del Ganges, como dos sadhus errantes.

El sadhu pobre se sorprendió, pero, a fin de poder mantener su imagen, tuvo que acceder a hacer una peregrinación que en verdad le apetecía muy poco. Ambos sadhus se pusieron en marcha.

Unos momentos después, súbitamente, el sadhu pobre se detuvo y, alarmado, exclamó:

-¡Dios mío!, tengo que regresar rápidamente.

En su rostro se reflejaba la ansiedad.

-¿Por qué? -preguntó el sadhu rico.

-Porque he olvidado coger mi escudilla y mi piel de antílope.

Y entonces el sadhu rico le dijo:

-Te has burlado durante mucho tiempo de mis bienes materiales y ahora resulta que tú dependes mucho más de tu escudilla y tu piel que yo de todas mis posesiones.

lunes, 31 de mayo de 2010

"EL MANINCO"

Mucho tiempo perdí tratando de concurrir a una ceremonia india, a una hanincol (comida de milpa) que hacen los mayas con el objeto, unas veces, de agradar a los dioses, y otras, de desagraviarlos.

Había rogado a los hechiceros que me permitieran la entrada, pero todos se habían negado porque yo también me había negado a que me santiguaran: (santiguar es someter a una persona a ciertos baños, con hierbas, hechicerías, etc.)

En las ceremonias de las comidas de milpa se admite a mujeres cuando se va repartir el alimento. Al fin me resolví a todo y lo comuniqué al men. Así fue como logré concurrir a la comida. Y ahora les narraré lo que vi; lo que oí no, pues fue todo en maya, idioma que no entiendo.

La ceremonia se hizo en un pueblo llamado San Juan Bautista Sahcabchén o Alto Sahcabchén, por estar ubicado en la cresta de un cerro de roca viva.

El maestro de la escuela, un joven llamado Mario Flores Barrera, me avisó con anticipación; llena de alegría caminé a caballo toda la noche en que la Luna plateaba los árboles y alumbraba el camino.

Llegué al amanecer. Allá arriba estaba el pueblo. Subí a él, llamé a una puerta y al punto asomó su risueña cara el maestro que me saludó.

Hoy será la fiesta, me dijo con acento de satisfacción. Nos desayunamos con pan y café y luego me llevó a la casa del men quien me recibió solícito, pero desconfiado.

¿Está resuelta a que le santigüen?- me preguntó.

El maestro me miró, incrédulo de que pudiera aceptar eso.

Sí le respondí, y en pocos minutos quedé santiguada y oliendo a romero y ruda.

Salimos los tres y nos sentamos en el brocal de un pozo, y el hechicero contestó así mi interrogatorio.

-¿Por qué harán el hanincol?

-Para desagraviar a los dioses.

El dueño de la milpa que se ha de sembrar tiene un hijo enfermo, señal del disgusto del Nohoch-Tat (Gran Señor).

Luego me enseñó varias palabras mayas, el nombre de los vientos, etc., para que pudiera entender, y me llevó a la casa donde el muchacho estaba enfermo.

¿Quiere verlo?, me dijo. Sí- le respondí.

En una hamaca estaba el joven calenturiento.

El men le preguntó por su salud, y él casi no contestó. Su ánimo estaba caído más que por la fiebre, por el temor de que le hubiera castigado el dueño del monte. El men sacó de su morral un bollo de pozole lleno de moho que de amarillo pasa a verde. Lo mezcló con agua, lo endulzó con miel y se lo dio al enfermo.

Las mujeres de la casa, durante la noche, mojan maíz y lo muelen en metates para hacer una bebida refrescante llamada sacab. Este se reparte entre los que van a asistir a la ceremonia.
En la ocasión a que me refiero me dieron una ración, por la cual me sentí invitada. Marchamos luego a la ceremonia o que diga, adonde iba a efectuarse.

El dueño de la sementera y sus trabajadores estaban ocupados. Unos abrían una fosa en la tierra; otros, en grandes calderos cocían maíz, frijol y tostaban semillas de calabaza, que molían luego para formar una masa de estos tres productos, la cual recogían en bolas.

Teniendo ya las bolas sobre hojas de roble o plátano, se extiende primero la masa de maíz haciendo una tortilla grande y se forma una de semilla de calabaza: luego, una de frijol, y así sucesivamente, hasta llegar a nueve.

Estos huahes (panes) se envuelven en las mismas hojas; uno de ellos es más grande que los otros.

Mientras esto se lleva a efecto, en la fosa abierta se ha colocado gran cantidad de leña, que arde y calienta casi hasta calcinar algunas piedras grandes. Por otro lado, en ollas también grandes se cuecen pavos y gallinas, y en un caldero se hace el cool (atole salado).

En un caldero se pone el caldo de gallina y pavos, destinado a preparar el chocó (caliente).

El men, con toda parsimonia, toma dos velas que enciende, y, seguido de unos hombres que llevan en tablas los huanes (panes) y de todos los invitados, llega a la ardiente fosa.

Y dice así: lakín-ik, xikín-ik, nohol-ik, xamán-can (vientos de oriente, del poniente, del sur y del norte; sed benévolos).

Luego hace mil contorsiones, brinca de un lado para otro de la fosa, saca con las manos, del fuego, las candentes piedras, y sólo deja unas en el fondo, sobre las cuales se colocan los panes. Las piedras extraídas se acomodan encima y se recubre la fosa con tierra y gajos de roble.

Retornan el brujo y su comitiva al lugar primitivo, donde se ha colocado una mesa, que tiene encima una cruz cristiana, tres velas grandes, tres medianas y tres chicas. También hay incienso, rudas, albahacas, flores, dulces, cigarrillos, etc.

Se han llevado a la mesa los pavos y las gallinas condimentadas y cocidas. Debajo de la mesa está el gran caldero de cool, el jugo de gallina y pavos, etc.

El men parece perder su personalidad de hombre, y en medio de gesticulaciones y contorsiones, conjura a los vientos malos y llama a los buenos; levanta en sus manos las ramas de albahaca y ruda, y blandiendo la cruz cristiana aleja a los vientos malos, como regalo a los buenos arroja a los cuatro vientos jicaradas de miel y balché.

Luego cae en éxtasis, oculta su rostro entre las manos, y tomando enseguida el incensario, marcha hacia la fosa; al llegar a ésta levanta aquél al cielo y mucha manos de hombres destapan la fosa, de donde extraen los huanes.

Todas caminan hacia la mesa y el brujo cierra la procesión.

El pan más grande es el que se pone en una mesita aparte. Apenas desenvuelto, muchas manos arrancan trozos, hirviente aún y los depositan en el caldo de pavos y gallinas, donde otras manos lo baten y disuelven. Así se prepara el chocó.

Terminado esto, el men reparte entre los concurrentes balché en jicaritas. Hay que tomarlo, pues es malo tirarlo o despreciarlo.

Luego el hechicero da a cada persona presente un cigarro gigante, al que debe darse dos o tres fumadas. Esos cigarros son recogidos por un brujo en hojas de almendro o higuerilla, con el fin de que sus manos no los toquen, los lleva a la mesa y los riega con brebajes.

Inmediatamente se toma a todos los niños que han asistido a la ceremonia y se les pone de rodillas, con las manos cruzadas sobre el pecho. El men les da balché dulce, chocó, cool, dulces, trozos de pavos, pero todo en la boca.

(Los niños representan a los aluxes, y el men les da de comer con la mano, ellos no pueden tocar nada con las manos).

Terminada esa comida, se aleja a los niños, y con una jícara grande se pone una buena ración de todo lo que hay, de lo mejor, un gran trozo de pan y los cigarros, todo lo cual toma el men pues es la ofrenda destinada al Nohoch-Tat (padre o dueño de monte).

El hechicero llega a la fosa y en el centro de ella coloca la jícara grande y todo lo demás.

A una señal del men la fosa es cubierta de tierra y casi ni queda señal de ella. Se cree que durante la noche el dueño de bosque tiene allá su banquete, y que sus hijos, los aluxes le hacen compañía y fuman en rueda sus cigarros.

Cuando el men vuelve al lugar de la comida, todo se transforma en fiesta, se reparte lo que aún queda, se da al dueño de la milpa, a sus hijos y trabajadores, de todo lo que hay, y luego a los visitantes. Esta es ya la comida terrenal. Todos comen, todos beben. El men viene a mí con una pierna de pavo en la mano y me dice: ¿No come?, y me trae un trozo de muslo de pavo.

Yo estaba sentada en una hamaca suspendida en medio de dos árboles, especialmente para mí, frente a la mesa de la ceremonia. Era tal mi proximidad a la mesa, que materialmente estaba bañada en miel y balché, pues me salpicó el men cuando arrojó esos líquidos al aire.

Terminó la ceremonia -me dijo el men-. El enfermo está curado.

Entre los comensales vi a Pedro, que comía y reía con mucha gana.

Pedro -dijo el men- ven aquí, pues quería demostrarme su poder.

El muchacho obedeció la orden. Ya no tenía calentura, había recobrado la salud.

En ese momento di la razón al men y al enfermo. Estaba curado. Había que reconocerlo.

Mas luego pensé que ese hombre sagaz aprovechaba la ignorancia y fe de los descendientes de los xius y cocomes.

Me retiré pensativa. Soy una de los que creen que lo más de los indios mayas no padecen ciertas enfermedades gracias que ingieren frecuentemente, las dosis de penicilina que se encuentran en el moho del pozole, que siempre comen con sal de sus milpas.

¿Se curó el muchacho? ¿Sería por el favor de los dioses o por la acción de la medicina que le dio el men en el pozole?

Tal vez ni el hechicero lo sepa. Tal pensaba yo después de la peregrina ceremonia que me dejó la impresión de un sueño fantástico.

Autor: desconocido.

sábado, 8 de mayo de 2010

LA VIRGEN DE LUJÁN


Hoy 8 de mayo se cumplen 370 años de un hecho que fortaleció la fé del pueblo argentino.

Por eso hoy la conmemoramos, festejamos y veneramos recordando aquella mañana en que la Virgen dispuso quedarse en Luján y la gente es fiel “porque la tradición es más fuerte que el olvido”

Se cuenta que en el año 1630, un portugués radicado en Sumampa, provincia de Santiago del Estero, escribió a un compatriota que vivía en Brasil, le enviara una imagen de la Virgen para que sea venerada por la gente del pueblo, para lo cual ya estaba haciendo una capilla.

El amigo solícito, no tardó en conseguir dos imágenes bellísimas, encajonarlas y enviarlas a Buenos Aires, juntamente con el esclavo, el negrito Manuel para que las cuidara en todo el trayecto, enviaba dos, por si una se deterioraba, el camino era largo y accidentado.

Llegaron al puerto de Buenos Aires y de allí tenían que seguir viaje en carreta hacia el interior del país.

A los tres días de emprender la marcha en carreta llegaron a la Cañada de la Cruz (a 5 leguas de Luján). Se detuvieron para descansar y pernoctar esa noche en la casa de don Rosendo de Oromas.

Al otro día, bien temprano se pusieron en movimiento. Uncieron los bueyes, y ya todo listo, quisieron emprender la marcha y la carreta que llevaba las imágenes ni se movió. Los bueyes tensaban el cuerpo en el esfuerzo y los peones ayudaban empujando de atrás, sin embargo la carreta seguía en el mismo sitio.

Bajaron uno de los cajones que el negrito Manuel abrió y se hallaron frente a la imagen de la Virgen una estatuilla de 58 cm. de altura, cuyo peso no podía influir en lo que había ocurrido, pero lo cierto era que al bajar el cajón, la carreta comenzó a rodar sin ningún esfuerzo.

Todos se miraron sorprendidos e interpretaron que el deseo de Dios era que esa imagen quedara allí.

Después de muchos cambios que la historia registró, la imagen fue llevada y colocada en la basílica de Luján, a cual se inauguro en 1910, y se declaro a la Virgen de Luján patrona de la Argentina.

viernes, 23 de abril de 2010

SAN JORGE Y EL DRAGON


Tabla de San Jorge del artista mallorquín: Pere Niçard en el Museo Diocesano de Palma de Mallorca

San Jorge es Patrón de las Letras y de diversas órdenes militares y caballerescas.

Lo que cuenta una de las tantas leyendas escritas sobre él.

Siendo Jorge un joven oficial en tierras de Libia, estuvo en la ciudad de Silca o Silene, y he ahí
que un dragón, estuvo atacando Silca durante un periodo de tiempo. El dragón era muy feroz y se llevaba niños, jóvenes y mujeres que acababan muertos.

Un buen día, el dragón exigió que le entreguen a la bella hija del Rey de Silene. El monarca horrorizado ofreció al dragón todas las bellas pertenencias que tenía a cambio de la vida de su hija.

El pueblo se indignó de aquellas palabras y exigió al rey que entregara a su hija ya que ellos habían perdido a sus hijos y seres queridos durante los ataques del dragón a la población. Pero el rey no quería aquella muerte horrible para su hija. Para apaciguar los deseos del pueblo, el monarca aceptó entregarle a la princesa.

La bendijo y la dejó a fuera de las murallas de su ciudad para que el dragón la recogiera.

San Jorge que en ese momento llegó a la ciudad se encontró con la bella joven a la que le preguntó que ocurría puesto que lloraba desconsolada. La doncella le respondió a sus preguntas como pudo. San Jorge le ofreció su ayuda y su protección. En ese momento, justamente, llegó el dragón enfurecido que salía del lago donde vivía.

Rápidamente San Jorge montó sobre su caballo y sacó su espada y con mucho coraje se le enfrentó. Mientras luchaba se encomendó a Dios ofreciéndole aquella bestia del mal a cambio de la victoria.

En su armadura el símbolo de la cruz en blanco lucía sobre su pecho y mientras el enfrentamiento, Jorge seguía abogándose al todo poderoso.

Una vez que pudo controlar al animal, Jorge pidió a la princesa que atara al cuello del dragón su cinturón y así lo hizo la joven.

Los villanos (la gente del pueblo) que siguieron el combate desde las murallas salieron a ver muerto al dragón. Cargaron en carro a la bestia mitológica todavía viva, adormecida, a causa del impacto del caballero cristiano con su espada.

Una vez en la ciudad, ante toda la población y del rey, San Jorge les dijo:

“El monstruo está dormido, no despertará, pero Dios quiere que le honréis recibiendo el sacramento del bautismo. Dejad vuestras creencias y entregaros al dios de los cristianos y a cambio yo mataré al dragón con mi espada”.

Enseguida que el dragón parecía que iba despertando la gente se horrorizó y se dejaron bautizar por el santo.

En cuando el dragón despertó, Jorge montó en su caballo y con un su espada atravesó al dragón, cayendo éste desplomado al suelo. Su sangre se escampó por todo y de rodillas. Jorge entregó a Dios su victoria.

Dice incluso su leyenda que San Jorge quiso hablar con el rey y enseñarle cuatro nuevas aptitudes: Crear y honrar una iglesia al Dios cristiano, ayudar a sus sacerdotes, asistir regularmente a misa y proteger a los pobres y necesitados.

Al principio, cuenta la leyenda, San Jorge ocultó su religión hasta que un tiempo después decidió hacer pública su condición de cristiano. Cuando el emperador conoció este dato, no dudó muy enfadado, ordenar ejecutar al joven tribuno. San Jorge protestó y criticó la política persecutoria del emperador.

Días después de su tortura por parte del ejército romano, San Jorge fue decapitado, muriendo así el 23 de abril del 303.

Su tortura tuvo como escena las murallas de Nicomedia (Turquía), donde estaba destinado.

Los testigos de sus torturas y posterior muerte acudieron a la emperatriz Alejandra de Bizancio para contarle aquel momento. Los mismos convencieron a la monarca de que se convirtiera al cristianismo.

Su cuerpo fue sepultado en la población de su madre: Lydda, también conocida como “Hagio Georgiopolis”. Su tumba todavía es venerada por los cristianos, principalmente por los cristianos ortodoxos griegos.

En la inscripción de su tumba se lee: "San Jorge, portador del estandarte” en griego.

sábado, 10 de abril de 2010

RÍO HONDO, SANTIAGO DEL ESTERO



En 1586, fray Francisco Solano, de la orden de los franciscanos, llegó a las actuales provincias del norte argentino, procedente de Perú. Cuatro años más tarde, el obispo Fernando de Trejo encomendó al misionero cristiano la difícil tarea de la evangelización.

Solano catequizó a los indios del noroeste argentino y llegó hasta La Rioja, Catamarca y Córdoba.

Cuenta la tradición que San Francisco Solano regresaba de Tucumán a Santiago con una tropa de carretas cargadas de madera para la iglesia que se levantaba en esta última ciudad.

Las copiosas lluvias hacían difícil el transito ya que las carretas se encajaban en el barro.

Al llegar al río Dulce, la tropa se detuvo; otras carretas estaban allí paradas y aseguraban los carreteros que era imposible vadear, pues en ese paso el río era muy hondo.

En tanto las personas y bestias tomaban descanso, San Francisco oraba.

Terminadas sus oraciones dio orden de atar los bueyes y reanudar el viaje.

Todos se miraron asombrados, pero obedecieron. El santo montado en su mulita, se puso a la cabeza de la tropa. San Francisco penetró en el río levantando el cordón de su hábito, y la encrespada masa de aguas turbias abrió un camino por el que pasaron las carretas.

Llegados sin tropiezos al otro lado, el santo dijo bromeando: "Ahí tienen el río hondo"; y desde entonces se llamó río Hondo a esa parte del Río Dulce.

domingo, 21 de marzo de 2010

PRAKASH QUERÍA VER A DIOS


PRAKASH era un hombre santo y estaba muy orgulloso de ser un hombre santo.

Como ansiaba ver a Dios, naturalmente se alegró muchísimo cuando Dios le habló en un sueño: "Prakash, ¿quieres verme y poseerme de veras?"

-"Por supuesto que quiero, replicó impaciente Prakash. Este es el momento que he estado esperando. Me contentaría incluso con un solo vislumbre vuestro"

-"Así será, Prakash. En la montaña, lejos de todos y de todo, te abrazaré".

Al día siguiente el hombre santo se despertó excitado después de una noche inquieta.

La vista de la montaña y la idea de ver a Dios cara a cara casi le obligaban a alzarse del suelo.

Entonces comenzó a pensar para sí mismo qué presente podría ofrecerle a Dios. Sin duda Dios esperaría un presente; pero, ¿qué podía encontrar digno de Dios?

-"Ya lo sé, pensó. Le llevaré mi hermoso jarrón nuevo. Es valioso y le encantará. Pero no puedo llevarlo vacío. Debo llenarlo de algo".

Estuvo pensando mucho y asiduamente en lo que metería en el precioso jarrón. ¿Oro? ¿Plata? ¿Diamantes u otras piedras preciosas? Después de todo, Dios mismo había hecho todas aquellas cosas, por lo que se merecía un presente mucho más valioso.

-"Sí, pensó al final; le daré a Dios mis oraciones. Esto es lo que esperará él de un hombre santo como yo. Mis oraciones, mi ayuda y servicio a los demás, mi limosna, sufrimientos, sacrificios, buenas obras".

Prakash se sentía ahora contento de haber descubierto justamente lo que Dios esperaría, y decidió aumentar sus oraciones y buenas obras, consiguiendo un verdadero récord de ellas. Durante las pocas semanas siguientes anotó cada oración y buena obra colocando una piedrecita en su jarrón.

Cuando estuviera lleno a rebosar lo subiría a la montaña y se lo ofrecería a Dios.

Finalmente, con su precioso jarrón lleno hasta los bordes de piedrecitas, Prakash se puso en camino hacia la montaña. A cada paso del camino se repetía lo que debía decirle a Dios. "Mira, Señorr: ¿te gusta mi precioso jarrón? Espero que sí, estoy seguro de que te gustará y que estarás encantado con todas las oraciones y buenas obras que he ahorrado durante este tiempo para ofrecértelas. Por favor, abrázame ahora".

Prakash siguió subiendo deprisa la montaña, donde tenía su cita con Dios. Repitiéndose todavía su discurso y jadeante ahora de expectación, llegó trémulo de ilusión a la cumbre.

Pero, ¿dónde estaba Dios? No se le veía en ningún sitio. "Dios, ¿dónde estás? Me invitaste aquí y yo he mantenido mi palabra. Aquí estoy; pero, ¿dónde estás tú? No me decepciones.

“Por favor, muéstrate". Lleno de desesperación, el santo hombre se echó al suelo y rompió a llorar.

Entonces, de repente, oyó una voz que descendía retumbando de las nubes: "¿Quién está ahí abajo? ¿Por qué te escondes de mí? ¿Eres tú, Prakash? No te veo. ¿Por qué te escondes? ¿Qué has puesto entre nosotros?"

"Sí, Sr. Soy yo. Soy yo, Prakash. Tu santo hombre. Te he traído este precioso jarrón. Mi vida entera está en él. Lo he traído para ti".

"Pero no te veo, ¿Por qué has de esconderte detrás de ese enorme jarrón?. No nos veremos de ese modo. Deseo abrazarte; por tanto, arrójalo lejos. Quítalo de mi vista. Arrójalo lejos. “Vuélcalo".

Prakash apenas podía creer lo que estaba oyendo.

¿Romper su precioso jarrón y tirar lejos todas sus piedrecitas?

"No, Señor. Mi hermoso jarrón, no. Lo he traído especialmente para ti. Lo he llenado con mis…

-Tíralo, Prakash. Dáselo a otro si quieres, pero líbrate de él.

“Deseo abrazarte, Prakash. Te quiero a ti".

Pedro Ribes, Parábolas y fábulas para el hombre moderno, Ed. Paulinas, Madrid, 1992

martes, 10 de noviembre de 2009

EL SEÑOR DE MURUHUAY

Imagen del Cristo Crucificado de Muruhuay
Santuario

Existen numerosas leyendas que explican la aparición del Cristo Crucificado de Muruhuay, la más conocida es la siguiente:

Después de caer derrotados en los campos de Junín por las tropas patrióticas, el 6 de agosto de 1824, muchos soldados españoles salieron huyendo, fue así como llegó a la zona de Muruhuay un oficial que temía ser descubierto y victimado por los peruanos.

Su permanencia en el lugar era penosa, estaba asustado, estaba enfermo y no tenía que comer.

Su desesperación lo llevó a trazar la efigie del Cristo Crucificado en la faz de una roca, haciendo uso de su espada. Todas las noches le oraba y pedía clemencia.

Una noche, un humilde campesino notó que dos velas alumbraban el cerro, cuando se acercó vio la sorprendente imagen.

Inmediatamente avisó a sus patrones y al párroco, pero estos no le creyeron, por el contrario lo reprendieron diciéndole que eran alucinaciones producto de sus borracheras, y amenazaron castigarlo.

Pero, el indiecito insistía y se desesperaba, anta esto, ante esto el párroco decidió acudir al lugar y verificó que lo que le habían referido era cierto.


Fuente: http://tarma.8m.com/santuario.htm
Imagen peru.gob.pe

Nota:

Muruhuay se localiza en (Acobamba) a 10 km. de Tarma.

Muruhuay viene de las dos voces quechuas: Muru y Huayi; la primera que significa viruela y la segunda casa "casa de la viruela".


miércoles, 5 de agosto de 2009

APU KON TITI WIRACOCHA


APU KON TITI WIRACOCHA, o VIRACOCHA, o HUIRACOCHA, Gran Creador Único, el demiurgo, el nombrador, el ordenador del universo, dueño y señor del Panteón de las deidades incas.

Significa "Supremo Señor del fuego y de todo el conjunto de la tierra y el agua" y correspondía a un culto monoteísta existente desde épocas inmemoriales en el templo de Pachakamaj, muy cerca de la actual ciudad de Lima.

Los Incas creían desde muy antiguo en la existencia de tres mundos o reinos llamados Hanan Pacha o mundo de arriba (cielo) Kay Pacha o mundo del medio (tierra) y Uku Pacha o mundo de abajo (infierno).

Aparece representado en el mate de Caral, en la Estela Raimondi de Chavín, en los tejidos de Karwa de Paracas, en la Portada del Sol de Tiahuanaco, en las urnas ceremoniales de Wari y en el Templo de Koricancha de los Incas.


http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/02/inti-el-dios-sol.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/05/la-chakana-inka.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/02/los-tres-mundos-incaicos.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/02/wiracocha.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/12/las-piramides-de-caral-parte-5.html

Imagen
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jueves, 16 de julio de 2009

VIRGEN DEL CARMEN


Monte Carmelo


El Carmelo es una cadena montañosa de Israel que, partiendo de la región de Samaria, acaba por hundirse en el Mar Mediterráneo, cerca del puerto de Haifa.


Esta altura tiene un encanto peculiar. Es diferente del Monte Nebo, en Jordania, del macizo del Sinaí y del Monte de los Olivos en Jerusalén.


Todas las montañas palestinas tienen sus recuerdos teofánicos, es decir de las manifestaciones de Dios, que las convierten en cumbres sagradas y místicas.

Pero ninguna tan sugestiva como el Monte Carmelo.


¿Por qué San Juan de la Cruz lo tomó como el símbolo de la ascensión mística?


Seguramente se le sugirió el nombre de su propia Orden Carmelitana. Pero sin duda había alguna intención más profunda que la hacía simpatizar con el misterio de la sagrada montaña del profeta Elías.


Una tradición piadosa sostiene que, desde los días de los profetas Elías y Eliseo, hubo en aquella zona hombres de oración que vivían en soledad la búsqueda de Dios. En el período de los Cruzados surgió entre los cristianos el deseo de vivir sobre aquella montaña de vida de entrega al Señor.


Así surgió en el Carmelo la vida carmelita.


El convento del Monte Carmelo tiene un nombre evocador: "Stella Maris", Estrella del Mar. Es un hermoso edificio cuadrangular a 500 m de altura sobre el nivel del Mar Mediterráneo en la Cdad de Haifa. El centro del convento lo ocupa el santuario de la Virgen del Carmen. En el altar mayor de esta hermosa iglesia en cruz griega se venera la estatua de la Virgen del Carmen, obra de un escultor italiano en 1836. Debajo del altar se ve la gruta del profeta Elías. Según la tradición, éste era el lugar donde se refugiaba el profeta. Una estatua recuerda al celoso defensor de la religión de Yahwéh.


Cuentan los Padres Carmelitas que no ha sido fácil la permanencia católica sobre esta montaña. Bien es verdad que, en la época de los Cruzados, el patriarca latino de Jerusalén, San Alberto, pudo dar a los ermitaños del Monte Carmelo una regla religiosa el año 1212 y que el carmelita San Simón Stock pasó por aquí antes de su célebre visión del escapulario carmelita. También subió en peregrinación a esta santa montaña el rey San Luís de Francia en el año 1254 en acción de gracias por haberse salvado de un naufragio.


Con la caída de la Cdad de San Juan de Acre en 1291 vino la persecución árabe que causó el martirio de no pocos religiosos.


Después de una larga interrupción de la vida monacal en la montaña que dio ocasión para la expansión del ideal carmelitano por el Occidente, regresaron los religiosos del Carmen al Monte Carmelo por el s XVII.


La estrella del Mar: Los marineros antiguamente confiaban su rumbo a las estrellas. De aquí la analogía con La Virgen María quien como, estrella del mar, nos guía por las aguas difíciles de la vida hacia el puerto seguro que es Cristo.


Por la invasión de los sarracenos, los Carmelitas se vieron obligados a abandonar el Monte Carmelo. Una antigua tradición dice que antes de partir se les apareció la Virgen mientras cantaban el Salve Regina y ella prometió ser para ellos su Estrella del Mar.


Por ese bello nombre conocían también a la Virgen porque el Monte Carmelo se alza como una estrella junto al mar.

Los Carmelitas y la Virgen del Carmen se difunden por Europa.


La Virgen Inmaculada, Estrella del Mar, es la Virgen del Carmen, es decir la que desde tiempos remotos allí se le venera.


Ella acompañó a los Carmelitas a medida que la orden se propagó por el mundo.


A los Carmelitas se le conoce por su devoción a la Madre de Dios, ya que en ella ven el cumplimiento del ideal de Elías. Llegaron incluso a llamárseles: "Los hermanos de Nuestra Señora del Monte Carmelo". En su profesión religiosa se consagraban a Dios y a María, y tomaban el hábito en honor ella, como un recordatorio de que sus vidas le pertenecían a ella, y por ella a Cristo.



martes, 14 de julio de 2009

LA TIRANA


La leyenda se origina alrededor de 1535, cuando Diego de Almagro salió del Cuzco para conquistar Chile. Lo acompañaron alrededor de 50 españoles y diez mil indios peruanos.

En esta comitiva iban dos personajes importantes: Paullo Tupac, príncipe de la familia de los incas y Huillac Huma, último sacerdote del extinguido culto al dios sol. Ambos eran tratados en forma deferente por los españoles que los consideraron por su elevada jerarquía. Estaban destinados a pagar con la vida si se producía una rebelión entre los indios de la expedición.

Secretamente vinieron algunos wilkas o capitanes experimentados de los antiguos ejércitos imperiales incas. También llegó un grupo de sacerdotes, quienes bajo su aparente humildad y sumisión esperaban sólo el momento oportuno para vengarse.

Acompañaba a Huillac Huma, su hija la Ñusta. En sus venas tenía sangre de los Incas soberanos del Tahuantinsuyo.

Huillac Huma escapó de los españoles hacia Calama. Sus planes eran fomentar una rebelión. La Ñusta con un grupo de incas los alcanzó más tarde en Pica, desde donde huyó seguida de un centenar de wilkas hacia la Pampa del Tamarugal.

Los incas llamaron a esta región Tarapacá, que significa escondite o boscaje impenetrable.

Durante cuatro años la Ñusta, rodeada de sus fieles y valientes wilcas, fue la reina y señora de esos lugares. Con inteligencia organizó sus huestes y convirtió esos bosques en un baluarte inexpugnable, regido por la férrea mano de la bella princesa, que pasó a llamarse "La Tirana del Tamarugal".

Las tribus vecinas y las muy remotas vieron en la bella princesa la capitana viviente de sus ideales. La apoyaron en su airada protesta contra la dominación extranjera y rechazaron con fuerza al cristianismo.

De todos los rincones del Tahuantinsuyo acudieron a rendirle pleitesía y a jurarle lealtad. Los indios valerosos hicieron una guerra sin cuartel que tenía una regla invariable: dar muerte a todo español o indio bautizado que cayese en su poder.

Un día las huestes de la Tirana atacaron en las inmediaciones de la selva a un grupo enemigo y capturaron algunos prisioneros. Así fue como llevaron a su presencia a un apuesto extranjero. Cuando lo interrogó, muy altivo dijo llamarse Vasco de Almeyda y pertenecer a un grupo de mineros portugueses establecidos en Huantajaya, añadiendo que se había internado en la comarca en busca de la "Mina del Sol", cuya existencia le había revelado un cacique amigo.

Mirarlo y enamorarse fue una sola cosa. El corazón de la Ñusta, tan implacable, comenzó a latir con prisa. Lamentablemente para la princesa, los wilkas y los ancianos de la tribu, acordaron la aplicación de la pena de muerte para el prisionero. El corazón de la princesa, que hasta ahora no había conocido vacilación, se estremeció de pena al escuchar la cruel sentencia. El estoico desdén ante la pena de muerte que demostró el noble y gallardo prisionero la indujo a amarlo con desesperación. Entonces comenzó a pensar en cómo librarlo de su ejecución.

Después de pensar la noche entera la princesa encontró una fórmula para salvar a su amado. En su carácter de sacerdotisa fingió consultar los astros del cielo e interrogar a los ídolos, tutelares de la tribu. Después de meditar, reunió a su tribu y dijo que la ejecución del prisionero debía retardarse hasta el término del cuarto plenilunio.

Los cuatro meses siguientes fueron de descenso para los guerreros del tamarugal. La princesa no repitió durante ese período las correrías asoladoras que eran el espanto de los colonos de Pica y Huantajaya. Ella ya tenía otro objetivo: quería vivir por su amor.

Los diálogos de la pareja se prolongaban de sol a sol. La Princesa le preguntó al portugués:
- Y de ser cristiana y morir como tal ¿renaceré en la vida del más allá y mi alma vivirá unida a la tuya por siempre jamás?

- Así es amada mía. Contestó Almeyda.

- Estás seguro de ello, ¿verdaderamente seguro?

- Me mandan creerlo mi Dios y mi religión, que son la fuente de toda verdad.

En un rapto impetuoso la Ñusta pronunció las palabras que serían su perdición.

- Entonces bautízame, quiero ser cristiana, quiero ser tuya en ésta y en la otra vida.

Almeyda cogió agua vertiéndola sobre la cabeza de la amada y pronunció las palabras sacramentales:

- Yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espí…

No pudo terminar la frase, porque los wilkas que los vigilaban y que aceptaban esta pasión, no pudieron resistir esa traición y en una airada reacción dispararon una nube de flechas sobre ellos.

Ambos cayeron abatidos como tronchados por un huracán. La Ñusta, herida de muerte, sobreponiéndose a sus intolerables dolores llamó a sus alrededor a los wilkas, a los sacerdotes y al pueblo con voz entrecortada.

-Muero contenta, muero feliz, segura como estoy, como creyente en Jesucristo, en que mi alma inmortal ascenderá a la gloria y llegaré al trono de Dios, junto a quien estará mi amado, con quien viviré toda una eternidad. Sólo les pido que después de mi muerte coloquen una cruz en mi sepultura y al lado de la de mi amado.

Entre 1540 y 1550, fray Antonio Rondon, de la Real Orden Mercedaria, evangelizador de Tarapacá y Pica, llegó al Tamarugal para levantar en todas partes el estandarte de Cristo. Un día vio un arco iris y siguió su haz de luz hasta un bosque de tamarugo, donde encontró una cruz cristiana.

Fray Antonio vio en ello una especie de indicio del cielo, una llamada de recuerdo a la Princesa Tirana del Tamarugal. En el lugar edificó una ermita que con el correr del tiempo se convirtió en iglesia. La colocó bajo la advocación de Nuestra Señora del Carmen, pensando en el escapulario carmelita que llevaba Vasco de Almeyda.


http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/01/la-nusta.html

sábado, 27 de junio de 2009

AIPA ATIQ, El Señor de las Montañas



En 2010 se formó en Ayabaca la agrupación Aypatiq, para difundir la historia y orígenes de los pueblos indígenas, específicamente los “Wayayakuntu” o Guayacundo.

Geográficamente, el antiguo santuario de Ayahuaca o Ayawaka, se encuentra ubicado en el extremo occidental de la cordillera de los Andes.

Constituye uno de los últimos parajes cordilleranos donde se oculta o “muere” el sol, y al mismo tiempo, es una zona geográfica donde nacen todos los ríos y fuentes de agua de la región Piura.

Algunos investigadores como Raúl Zevallos Ortiz, consideran que se trata de ”la morada de los Ancestros” o el “Santuario de la Muerte”, pero también de la Inmortalidad, del cambio y transformación de la vida.

Actualmente, Ayabaca, o Ayavaca, se ubica, junto con la provincia de Huancabamba, sobre la cadena occidental de los Andes. Su ciudad capital, Ayabaca, es la más alta del departamento de Piura en Perú.




En tiempos de los Wayakuntu una gran sequía asoló sus tierras, los hombres se enfrentaban entre sí.
Sólo la sabiduría de Aipa Atiq, el señor de las montañas, reestableceria el orden natural.

Las alumnas del segundo grado de secundaria de la institución educativa Señor Cautivo de Ayabaca han rescatado esta leyenda.

INTI RAYMI EN AYPATE

En la cosmovisión andina había ceremonias que siempre estaban ligadas con los movimientos astronómicos -sobretodo el sol- para el cual le rendían dos fiestas el Inti Raymi (21 de junio solsticio de invierno) y el Qapaq Raymi (21 de diciembre solsticio de verano) estas dos fiestas marcan las actividades agropecuarias del mundo andino.

Con el propósito de rescatar la identidad cultural este 24 de junio las alumnas del 2 º grado “A”, “B” y “C” de la Institución Educativa “Señor Cautivo” de Ayabaca, con sus profesores, padres y madres de familia rindieron un homenaje a esta fecha en que el sol se aleja mas del hemisferio sur dando inicio al solsticio de invierno.

La mañana estaba fría, el tractor, que trabajaba en la rehabilitación de la carretera recién estaba llegando a Aypate. Una llovizna recibió al elenco y los asistentes empezaban a desanimarse. Cuando empezó la ceremonia que se inició con un pagapu (pago al apu) a cargo del maestro Gerardo Abendaño Pozo, quien brindó con primera de caña de azúcar y tabaco, ofreciéndole lociones, se limpió el cielo e irradió el Inti Tayta (padre sol)

Luego del recorrido guiado por el Centro Administrativo Ceremonial de Aypate a través de su Kallanka, Acllawasi, y Ushnu, se presentaron las obras preparadas para este homenaje: la primera obra fue Aypa Atiq (el que alcanza lo más alto) que es la recreación de la leyenda de Aypate, en los inicios de la cultura Ayawaka, representada por las alumnas del 2º “C” donde Aypate es un ser ligado a la naturaleza y que por su sabio proceder es merecedor de la mano de Pacha Sonqo (corazón de la tierra) la hija del anciano gobernador que al ver a su hija en edad de casarse, convoca a un torneo donde tienen que traer un venado sin herirlo, después de haberse presentado varios pretendientes con sus venados ninguno traía uno intacto, hasta que aparece Aypate acompañado de su venado que caminaba por el lugar y es elegido como el heredero para gobernar el pueblo Ayawaka.

La segunda obra fue la Resistencia de los Wayakuntu, confederación integrada por los Ayawakas, Calvas y Caxas, frente a los Inkas que luego de resistir cinco lunas, como lo relata Garcilaso de la Vega en sus Comentarios Reales de los Incas, los últimos Ayawakas concilian con los Inkas y se inicia la construcción del Centro Administrativo Ceremonial de Aypate.

La tercera obra fue Ollantay, conocida obra ¿que fue escrita en plena colonia? y nos relata el valor de este personaje que levanta el Antisuyo, por la negativa de Pachacutec en concederle la mano de Cusi Coyllur, hasta que por ruego de Ima Sumac, Tupac Yupanqui perdona a Ollantay y se une con Cusi Coyllur.

Las tres obras terminaron con sus danzas respectivas que era una de las actividades presentes en todos los acontecimientos del Tawantinsuyo. Es así que las alumnas de la Institución Educativa Señor Cautivo vienen trabajando junto a sus profesores, padres y madres de familia en el rescate de la identidad cultural ancestral y desarrollando conciencia turística.

Ellas manifestaban: “el Centro Administrativo ceremonial de Aypate es maravilloso porque conocimos las grandezas de nuestros antepasados, también conocimos como los Inkas han tallado la piedra para sus construcciones y agradecemos al profesor que nos ha llevado a este lugar arqueológico y turístico que hasta la actualidad sigue permanente y por habernos hecho conocer las grandezas de los Inkas”.


Fuente: Servindi & Factor Tierra
http://www.perureporta.pe/explorperu/noticias/qapaq-nan/590-leyendaaypa-atiq-o-senor-de-las-montanas-e-ayabaca.html

Imagen
losfathers.blogspot.com

http://www.youtube.com/watch?v=ABJrIcysr1E
Alineación al centro

domingo, 21 de junio de 2009

CURRUF – TAIEL

Joyas Mapuches


MUSICA MAPUCHE
- Pali palin- Premiada en Festival de Molina 89.


Canción y video de CECIL GONZALEZ, premiada en Festival Nacional en Molina 1989. Interpretada por Soledad Domímgues, con ritmo de purrún, sobre el juego de palín, déporte tradicional mapuche conocido también como chueca.


EL CANTO SAGRADO DEL VIENTO

Allá en las tierras del sur americano donde la realidad es mito y leyenda de antigua estirpe, los más viejos entre los viejos afirman que el padre - creador de la música es el viento. Y no les faltan razones, porque es cierto que allá curruf (viento) sopla su flauta en los pajonales, se vuelve trompeta en los remolinos, redobla como timbal, entre las piedras y el agua, y es manso violín en los cañadones largos y protegidos...

En efecto, posiblemente del viento las culturas australes aprendieron a hacer música. Quizás del mítico Elëngasen, su progenitor y señor, el autor de los curruf-taieles…

Dicen que en la lengua araucana no existe una palabra para designar la música. No hace falta. Los instrumentos musicales hablan por sí solos de su presencia en el pueblo y su cultura…

¿Cómo negarla cuando suenan el quinquercahue o la pifilca?

Y aunque todavía no hubiera ritmos indígenas ni instrumentos, el viento -músico si existiría, y seguiría dando notas para sus legendarios taieles…

Entre todos los instrumentos musicales Nguenechen, el Padre de las razas aborígenes, eligió el cultrún y lo puso en las manos de la machi. Desde entonces es sagrado. Su vientre resonador tiene el perfume y las voces misteriosas de las maderas con que se talla: el foye (canelo) el triwe (laurel), el ciprés o el raulí. Y es para que no se escapen que los artesanos le ponen bien ajustado sobre la redonda boca el parche de cuero pelado.

Es el cultrún el instrumento chamánico por excelencia, y esto ocurre desde sus antepasados, el tambor divino de los magos hindúes y el tibetano. Por eso el rito acompaña su nacimiento como instrumento compañero e inspirador del trance mítico. Quienes lo han visto dicen que antes de tensar la membrana del cultrún la machi mete adentro su canto y con él parte de su pullú o alma… Y es fama que introduce las propiedades mágicas o curativas al colocar por la abertura a punto de cerrarse, piedritas de colores, plumas, pelo de animales o hierbas medicinales…

Los mapuches aseguran que cuando la meica hechicera toma el cultrún tiene el mundo en su mano. Y así debe ser nomás, no solo por su forma semiesférica característica sino también porque los dibujos que lo ornamentan, con sus sagrados azules, amarillos y blancos, con su cruz abarcadora y sus extrañas figuras, representan posiblemente el orden y equilibrio entre el cosmos y sus criaturas.

Con el cultrún junto a su pecho la mediadora sagrada está a la altura de su dios, y con el palo percutor de cabeza de rellmú (arco iris) puede invocarlo y obtener la gracia o petición. Con él hace sus rogativas, y con él vuela el más allá, con él acompaña los taieles y danza en torno al rehue (altar sagrado), con él se instala el camaruco y bate sin cesar… Como antes, ¿como siempre?

Allá en el cerro sagrado de Yanquenao hay un cultrún de piedra. El misterio envuelve su presencia fósil.

¿Cuanto hace que su cuerpo es mineral?

¿Lo petrificó el Gualicho, celoso por el poder de la machi?

¿Algún espíritu envidioso aprisionó así su alma de música?

Muchas lluvias y soles largos han caído desde entonces sobre el cultrún de piedra, pero no han borrado sus curiosos petroglifos.

Quizás aparezca el Elëngasen cuando sopla pueda contar la historia de la Creación... ¡quién sabe!

Al cultrún sagrado loa compaña en los nguillatunes (rogativas), la también sagrada pifïlca.

Cuenta la leyenda que los valientes mapuches al son de la pifïlca pudieron rechazar a los poderosos incas conquistadores.

Pero perdieron la pifïlca mágica… y todavía la buscan.

Por eso la reproducen en madera o hueso y con sus timbres agudos parecen que las llaman en las rogativas…

Especialmente cuando el munday las bendice con su agua de trigos maduros.

¿Volverán a ser fuertes e invencibles cuando la encuentren?

En las rogativas rituales los mapuches acompañan los sonidos sagrados del cultrún y la pifïlca con los tonos graves de la trutruca.

Esta hermana del erque norteño buscó el sur de la leyenda promisoria para vivir por sí misma, y tanto se aquerenció que no falta en el corazón de los nguillatunes.

Claro que un buen pillantún (orquesta sagrada) se completa con otro noble instrumento como el cull cull, el cuerno que es pariente del erquencho y que antiguamente hacia sonar sus graves alarmas en caso de peligro para la tribu. Y hasta con la wada, la rítmica sonaja aborigen.

Los músicos mapuches han recibido de sus hermanos americanos la inspiración y el impulso para trasplantar y adaptar formas instrumentales. Por eso también hacen música con el koolo o violín tehuelche, el ñolquín hermano menor de la trutruca el quinquercahue o gran violín araucano hecho con costillas de yeguarizo, el piloiloi descendiente de los incas que imita en madera o piedra la mítica flauta de Pan, el trompe con su diminuto cuerpo de hierro con forma armoniosa lira, o las cascavillas de sonantes pezuñas de huemul…

Los aborígenes de los confines patagónicos guardan viva memoria de los orígenes sagrados de la música, y han representado por siglos mitos y tabúes en la relación con la ejecución de los instrumentos musicales.

Por ejemplo no pueden tocarse indistintamente o en cualquier ocasión… y hasta hay claras jerarquía, por orden social, o sexo, o edad, para ejecución de algunos. De este modo la machi batirá el parche del pichicultrún… y las pifilcas estarán a cargo únicamente de acólitos masculinos.

¡Y hay del transgresor que no respete las normas!

Puede pasarle lo que a las indiecitas desobedientes que, ignorando la prohibición que impide a los más jóvenes soplar el trompe de coloridos pompones, se fueron con él a la montaña y lo tocaron despreocupadamente bajo las barbas mismas de futa chao, el padre grande…

No se dejó esperar el castigo divino. Dicen que un espíritu maligno las transformó en estatuas de piedra. Y para memoria de sus hermanos allí están todavía, ¡quietecitas y fosilizadas en el volcán Epuilche las dos niñas!

Supongamos que por un momento que ahora el pillantún está completo y muestra su variedad de sonidos y matices orquestales. Los ejecutantes están listos y ensayan…

Sin embargo aún falta el instrumento entre los instrumentos: la voz humana, el don con el que el hombre se lanza a la vida con el primer llanto sonoro… En realidad los instrumentos musicales son sólo el complemento y realce para el canto aborigen.

Los pueblos del Sur cantan sus taieles sagrados como invocaciones a sus dioses en las rogativas, o como invocaciones a su origen en las canciones del linaje. Pero también cantan a la vida en el ülcatún profano, o en los "romanceros" improvisados, o en los de memoria que preservan lo que fué: patria, historias, amor, magia, costumbres… para que no mueran con el tiempo y el olvido en los hermanos dispersos…

Si, la música es algo que las culturas de la Patagonia aprendieron de currúf.

Elëngasen les enseñó a celebrar el gozo, el ruego o el dolor de vivir, con sonidos humanos o con instrumentales… Mientras canten no estarán ni se sentirán solos, mientras repitan las viejas melodías el hilo sagrado de la raza mantendrá unidas las generaciones, y mientras hagan música, no habrá ocaso para los hombres.

Este es el misterio que nos contó anoche el viento… En uno de sus curruf-tailes…


Fuente
UNA VIEJA LEYENDA

Imagen
carolinaeg-carolina.blogspot.com

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/10/pifilka-mapuche.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2011/01/el-camaruco.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/05/los-caballos-blancos.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2009/08/el-pehuen.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2008/08/nquilli.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/10/historia-de-los-mapuches.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/04/nanculahuen.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2008/08/trentrn-y-caicai.html


http://www.youtube.com/watch?v=OsFvFQKfEeo