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miércoles, 20 de abril de 2011

SOBRE LA CREACIÓN TEHUELCHE

Región Araucanía
Chile-Argentina


En la antiquísima cosmogonía tehuelche se cuenta que "El que siempre existió" vivía rodeado por densas y oscuras neblinas allí donde se juntan el cielo y el mar, hasta que un día, pensando en su terrible soledad, lloró y lloró por un tiempo incontable... y así sus lagrimas formaron a Arrok, el mar primitivo...

El eterno Kóoch al advertirlo dejó de llorar, y suspiró...

Y su suspiro fue el principio del viento...

Entonces Kóoch quiso contemplar la creación: se alejó en el espacio, alzó su mano y de ella brotó una enorme chispa luminosa que rasgó las tinieblas. Había nacido el Sol.

Con él la sagrada creación tuvo la primera luz y el primer fuego, y con él nacieron las nubes...

Y los tres elementos del espacio armonizaron entonces sus fuerzas para admirar y proteger a la tierra de la vida perecedera que Kóoch había hecho surgir de las aguas primeras.

Andando el tiempo Elal, el héroe-dios, el nacido de la Nube cautiva y el cruel gigante Nóshtex, creó a los Chónek (hombres) de la raza tehuelche en las tierras del Chaltén... y fue su organizador, protector y guía.

Y entre otras muchas cosas, como Elal viera que sus criaturas tenían frío y oscuridad, cuando el Sol no estaba en el Cielo, les enseño a hacer fuego, el mismo que les permitiera vencer a la nieve y al frío en las laderas del Chaltén, el que brota cuando golpean ciertas piedras...

Dicen que a partir de entonces los tehuelches ya no temieron a la oscuridad ni a las heladas porque eran dueños del secreto del fuego, y el fuego era sagrado para ellos porque se los había dado su padre creador...

Este es un hermoso mito del ciclo de Elal, el progenitor de los tehuelches... Claro que las otras razas del cono sur de América han explicado a su modo el origen del fuego, el preciado elemento que aseguró la vida de las culturas aborígenes patagonienses...

Una antigua leyenda cuenta que los mapuches no conocían el fuego, pero que lo aprendieron de los niños, más exactamente de dos hermanitos que se desafiaron para quien hacías girar más rápidamente un palito en un nido de pasto seco...

¡Y el resultado fue que casi queman todo con su juego inocente!

Parece ser que el gran incendio devoró los bosques y corrió los animales hasta atraparlos...

De este modo los indios se quedaron sin caza.

¿Cómo harías para sobrevivir sin un alimento tan importante?... Pero los ancianos de la tribu dijeron que la carne de esos animales quemados no podía ser impura porque el fuego venía del Dios Padre... Y comieron así carne asada y la hallaron sabrosa... Tanto que, a partir de entonces, también los mapuches quisieron hacer fuego y conservarlo... porque les permitía no sólo cocinar sus alimentos sino disfrutar de su luz y su calor, todos reunidos en torno de la llama que era como el Sol.

Como todos los pueblos primitivos, los que habitaban las mágicas tierras de la Araucanía lograron encender el fuego por fricción de un palo sobre un lecho de yesca, o por percusión de piedras de pedernal hasta que el saltar de la chispa hace arder la hierba seca...

Y si resultaba laborioso encenderlo, aún más difícil era conservarlo...

¿Cómo lograr que no lo apagaran los vientos que trae y lleva Elëngansen?

¿Cómo protegerlo de enviado de Gualichú que intentaría robarlo?

¿Cómo entretenerlo para que no se cansara de arder y se fuera de nuevo...?

Por eso los tehuelches lo encerraban en vasijas de barro, y le prodigaron alimento y cuidados. Las mujeres eran las que se ocupaban del fuego, y cuando lo necesitaban secaban brasitas y con ellas encendían nuevos fuegos...

Pero, ¡ay si se apagaba el fuego! Muchos relatos cuentan de los terribles castigos para la mujer que se dormía o se olvidaba...

Es que fueron tiempos muy duros y los hombres no podían permitirse perder el sagrado tesoro.

Porque era un don de Dios, el fuego volvía a Dios a través de ceremonias donde ofrendaban al Supremo, en el pillan quitral, animales o frutos de la tierra, o bien objetos culturales de manufactura indígena.

También celebraron con homenajes y regalos el fuego de Pillán, el fuego de lo más hondo de la tierra que escupen las bocas enojadas o dolientes volcanes.

¿Acaso Pillán, el que vive arriba de las montañas, no comanda las terribles tormentas de fuego del Cielo y de la Tierra? ¿Sus rayos no destruyen y queman el corazón de la vida? Por eso lo respetan y veneran, para que no se enoje y traiga el fuego que devora...

Y sacralizaron el cherufe, el fuego celeste de los aerolitos que caen y que misteriosamente se vuelven piedra colorada y ya nunca más arden... Aunque: ¿qué habrá pasado con el fuego?, ¿estará sólo dormido o se habrá ido como los innombrables al más allá?

Y hasta honran mudamente a los fuegos fríos de las lejanas estrellas, porque los viejos de los loncos dicen que allí viven los espíritus de los antepasados, las almas de los que se fueron, y desde arriba contemplan sus parientes con el permiso del Elal...

Es creencia aborigen del Sur de América, que viven desde hace incontables lunas, entidades mágicas en relación con fuegos malditos... como los de Anchimallén araucano, el duende enano que sirve a los brujos del diablo, el que roba para "el daño", el que ciega con su presencia por que la lucen la que se transforma es maligna... cuando su radiación brillante y fugaz aparece en los campos o en las montañas o en las ramas de los árboles o en los techos de las rucas... el indio tiembla porque significa la muerte para alguien: ¿a quién se llevará esta vez la luz mala?

Dicen en voz baja que los anchimallenes son criaturas que los brujos alimentan con las míticas leche, sangre y miel, y que quién posea uno multiplicará su hacienda y tendrá protegidos sus ganados...

Hay quién paga mucho al brujo para tener un niño anchimallén, y también quien lo roba, y hasta quien lo seduce para sus propios huertos, observando bien cuál es el alimento que le gusta más y poniéndola su alcance en abundancia en determinados lugares del campo... y es fama entonces que "por goloso pierde la vida" el anchimallen, pues los astutos hechiceros, sus verdaderos dueños, siempre se enteran, ¡y lo castigan con la muerte por su negligencia!...

Claro que la memoria de los mapuches siempre ha tenido un lugar para el ideal luminoso de la mítica Antú Malguén. Es la joven, y bella amada de Antü (el sol), la que parece flotar, delicada y frágil, junto al estanque de las totoras, allá en la cumbre del Domuyo. Dicen que cantan melodías que son como suspiros de la brisa mientras peina sus largos cabellos rubios con peine de oro reluciente... ¿Por qué a veces su canto es un lamento y otra una risa feliz?

Nadie lo sabe, pero la fina voz que parece agua y que parece viento rueda ladera abajo por las rocas del volcán divino.

Sólo unos pocos osados que burlaron al toro y al potro del Domuyo han logrado ver Antü Malguén en la cima sagrada. Para unos huye disuelta en llama de cherufe al sentirse sorprendida, para otros se sumerge veloz en las aguas porque es la sirena Coñi Lafquén (hija del lago)... pero ni unos ni otros han podido olvidar el hechizo fascinador de la doncella de oro luz. Tal vez se deba a que Antü Malguén se funden el fuego de la creación: el Sol.

Por eso mientras viva en el gran volcán andino y peine sus fantásticos cabellos los fuegos de las tribus milenarias no se apagarán, y los viejos continuarán contando y recordando su historia y las historias de todos los mitos, nacidos al calor de la llama que un día les regalara Elal...

VOCABULARIO

ANCHIMALLÈN: Duende de la mitología mapuche. Es enano, no tiene tripas y exhibe una cola luminosa.
CHALTEN: Montaña azul.
CHERUFE: Nombre de un monstruo gigantesco y antropófago que habita en las montañas y es capaz de provocar terremotos y erupciones.
DOMUYO: El que rezonga y tiembla.
ELAL: Personaje central de la mitología tehuelche. Hijo del gigante Nóshtex y de una Nube, es el héroe creador y educador de los tehuelches.
KÒOCH: El creador, en la mitología tehuelche.
NÒSHTEX: En la mitología tehuelche, uno de los gigantes que habitaban en la isla creado por KÔOCH. Rapto a una Nube, en quien engendro a ELAL, luego la asesino y persiguió a ELAL hasta la Patagonia.
PILLÀN: Según los mapuches, espíritu protector o vengador que habita generalmente en un volcán.

Fuente:

LA LEYENDA
Editora/Redactora: Cintia Vanesa Días.
Revista de cultura y humanidades
Editada en Buenos Aires, Argentina Diseño web Zen|Soluciones - ©2001-2004
Todos los derechos reservados - Se agradece la difusión del material, citando la fuente

Imagen
temuco.olx.cl

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/03/kooch-el-creador-de-la-patagonia.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/02/elal-y-sus-inventos.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2008/08/trentrn-y-caicai.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2011/01/el-terrible-cherufe.html

martes, 15 de marzo de 2011

MUSICA MAPUCHE-Pewen sagrado pewen-1er lugar Festival La Union 2000



Canción mapuche de CECIL GONZALEZ ganadora del Primer Festival Nacional de La Union, interpretada por Susana Abgélica y Los Peñis. PEWÉN SAGRADO PEWÉN
Letra y Música: Cecil Gonzalez


En la inapire mapu, Wenumapu te creó,
pa alimentar al pewenche, que por ti un día nació.
Allí estás madre araucaria, nuestro sagrado pewén,
bella, altiva, milenaria, como mi Dios Ngenechén.
Pewén, pewén.

A mi pueblo das la vida, fósil viviente ejemplar,
y en la más alta mawida nos das esperanza y paz.
Compañera indisoluble, con mis peñis noble y leal,
eres savia del pewenche, que por siglos te va a honrar.
Pewén, pewén.

Estribillo:
Pewén sagrado pewén
del pewenche el aliwen.
Grande como Ngenechén.

A la entrada del otoño hay que irse a cosechar
pues los menu ya están listos pa bajarlos con aupal,
habrá que hacer una ruca pa pasar la temporá,
irán con sus pichi wentru, que también van a ayudar.
Pewén,pewén.

Después de largas semanas ya están listos pa bajar
con sus carretas cargadas de piñones pal hogar;
tendrán para hacer su harina, sus catutos y su muday;
y habrá que esperar otro año pa volver a cosechar.
Pewén, Pewén.

Estribillo: Pewén sagrado...

GLOSARIO:

Inapire Mapu: Precordillera, hábitat de la araucaria.
Wenumapu: Creador de la tierra
Pewenche: Gente del pewen
Pewen: Araucaria
Mawida: Area boscosa cordillerana
Aliwen: El gran árbol
Menu: Cabezas que contienen el piñón
Aupal: Garrochas para coschar piñones
Pichi wentru: Niños pewenches
Piñón: Fruto de la araucaria. Gran fuente proteica.
Catuto: Masa de piñón cocido
Muday: Bebida de piñón fermentado.



ÁRBOLES SAGRADOS
PILLÁN MAMUL MO

Allá en el principio de los tiempos, cuando los hombres peleaban su lugar y su predominio sobre las otras criaturas en su mundo recién salido de las manos sagradas de futa chao, el Dios Padre resolvió darles un guía... Ese guía saldría de ellos mismos, sería llamado Chamán y encaminaría su pueblo por la vida…

La antigua historia no se detiene, y cuenta también el viaje al más allá del "elegido". Así sabemos del vuelo mágico hacia el Centro del Mundo, donde hunde sus raíces el legendario Árbol Cósmico. Allí el que será chamán deberá subir los tapty (peldaños del árbol chamánico) y se detendrá para venerar en su camino a la Luna y Sol...y también dormirá un largo sueño en sus ramas, como huevo empollando por el Ave sagrada, hasta que esté formado y listo para la misión Divina.

Muchas culturas del Tierra hablan del Árbol Divino. ¿Una misteriosa coincidencia más?... Lo diferente es la especie, aunque se mantiene la constante sagrada.
Entre los yakutes es un abeto gigante, en cambio una hermosa leyenda urankhaia, la de los trágicos amores de bo-khan, el primer chamán, y una doncella celeste, cuenta que el fruto del amor humano- divino fué un niño que su madre despechada abandonó bajo un árbol para que éste lo nutriera con su savia. Ese árbol era un álamo, y de él se dice que desciende la raza de los chamanes...

Seguramente este sea el origen del porqué el chamán asiático sube los siete peldaños simbólicos en un altar hecho con madera de álamo...

Sin embargo entre los Araucanos y Mapuches de la Patagonia el árbol sagrado por excelencia es el folle o canelo, en el que cuentan se siente Nguenechen, el dios de las raza indígena...

Los indios respetuosos del mito milenario saben que bajo su sombra no se puede mentir o hacer promesas vanas... porque la amenaza de castigo es terrible para el transgresor, y también han aprendido que con el run run (giro en círculos), y una varita de canelo anuda un hilo se ahuyenta a huecuvú, el maligno.

Más todavía: en el sur de Chile el cultrún propiciador y también el rehue (o altar ceremonial), con sus siete escalones por donde sube la machi, están hechos con las madera del canelo sagrado para que la hechicera logre el máximo de inspiración divina.

Los mapuches de la argentina austral, en cambio, quizás porque el canelo allí no es especie arbórea sino arbustiva, lo han desplazado como madera para el altar de las ceremonia; en su lugar emplean doce cañas de colihue, que sólo por esta razón adquieren un toque mágico… el que se extiende inclusive a las cañas cuando llevan en alto las banderas de cada lonco (tribu) en las fiestas rituales.

Dicen que en la flora austral cada especie tiene un espíritu guardián que reside en ella y la protege… Por eso el aborigen, antes de cortar la más pequeña rama o recoger un fruto, deberá pedir permiso a su invisible "señor".

Los dueños de los árboles más venerados y propiciados con ofrendas materiales son los del canelo, del maitén, del boldo, y… del pehuén. Cada uno tiene su rango divino, y el aura mítica lo envuelve a los ojos azorados del indígena…

Su antigua creencia le explica que el Dios vive en el maitén, y que por eso su porte elegante y su follaje brillante. Al mismo tiempo se siente protegido por él… sino ¿cómo abría, sin el maitén, para contrarrestar los efectos de las plantas demoníacas o malignas?

La tradición le ha enseñado que el sagrado boldo es una del las apariencias del Am o "alma externada" de los que han ido poco tiempo, y por eso los respeta y cuida… Si el árbol crece sano y en abundancia: ¿qué mejor garantía para la abundancia en las cosechas y en los ganados? Es más, la leyenda afirma que quien consuma su fruto vivirá larga vida, sobre todo si recoge el medio de una noche obscura y tormentosa… Eso sí: luego de permiso al "dueño" y de obsequiarlo con el consabido tributo.

El pehuén, en especial, recibe el cariño y la veneración de los antiguos habitantes del sur, sobre todo en Neuquén. Lo sienten tan profundamente propio que lo han elegido como un emblema, y se llaman así mismo los "pehuenches". E incluso como los hijos suyos buscan para el casamiento la bendición del mítico pehuén, la que les asegurará una unión buena y fecunda. Y es forma que lo consigue… si el primer encuentro ente los esposos se realizan bajo las ramas protectoras de la especie sagrada.

Entre todos los pehuénes el Picún Chao del cajón del manzano es el pino santo por excelencia… ¿Cómo no homenajearlo y congregarse en trono a él si el milagro lo ha marcado visiblemente? Es que una tormenta perdida en el tiempo del Hachadel temible Pillán araucano, el rayo lo abatió… pero resurgió de sus cenizas en un retoño vigoroso, símbolo del triunfo de la vida sobre la muerte. Por eso, en las festividades principales, promesantes de distintos puntos de la Patagonia peregrinan hasta el Picún Chao y no le dejan su ofrenda incompleto silencio, respetuosos del portento de este misterio de la naturaleza.

En la memoria colectiva de las comunidades aborígenes vive el recuerdo de las sacralidad del coíhue, o el alerce… o del seco y retorcido algarrobo del gualicho. Muchos ya han olvidado los porqué o las causas primera del mito, pero de generación en generación los patagonienses han cuidado celosamente la preservación del culto a los árboles y su presencia mágica.

Para el blanco una planta es… una planta. De ella podrá obtener utilidades varias, pero seguirá siendo sólo un vegetal. Para el indio, en cambio, una planta es vida espiritual también, y le reconocen no sólo usos sino sobre todo virtudes. Por eso hablarán de plantas divinas, diabólicas o mágicas... y con cada una trabarán relaciones especiales.

Los viejos muy viejos han enseñado a los jóvenes a distinguir a las plantas diabólicas como el litre y el latué en Chile, o el parasitario quintral, el que busca el trueno, en las laderas y largos cordilleranos de la argentina austral. A ellas le quemarán como leña para extirpar al demonio, pero se persignarán al tocarla, y escaparán del humo maléfico que suele traer erupciones y conjuntivitis a los incautos. Y si solamente pasarán a su lado durante un viaje si no deberán olvidar el conjuro: "-yo soy el litre y tú Juan (dice el indio Juan)" de modo que el árbol se equivoque y descargue su veneno sobre sí mismo. Claro que otras culturas de la región son más expeditivas: prefieren el método directo del azote… y castigan al maligno con las ramas divinas del maqui, del natre o del maitén.

Verdaderos especialistas en plantas mágicas son los dunguves, los adivinos y curanderos del amor, los que dominan los secretos estimulantes, propiciadores y afrodisíacos del pailahua, el llaquén o paramel, el mellico lahuén... y otras plantas hueñan hue para el deseo. ¿Cómo no recurrir al pailahue si se quiere recuperar el amor del hombre infiel? ¿O al nüume lahuén para obtener el amor? ¿O al latué que debita o a nula la personalidad… con cuidado en no excederse en las dósis por que la muerte puede llevarse a la persona deseada?

El conocimiento del reino vegetal no puede descuidar los usos y peligros de plantas venenosas de probada eficacia como los hongos, el pichoga, el chamico y el colliguay, aprenden la historia de caiquenito distraído, el que se quedó, en las tierras templadas del norte cuando su tribu retornaba a los pagos sureños. Dicen que su madre lo fué a buscar y lo entregó a un genio de la naturaleza para que le diera el correctivo más eficaz… Y el indiecito se convirtió en calafate, la planta del fruto penitente que si se come atrae irresistiblemente al sur.

Y así coinciden la leyenda del origen de la violeta amarilla o pilún dewu, la creación del Gran Pillán araucano, que empezó con el otro viviente bello y resistente de esta flores, el otro oro mineral que ambicionaba para su ruca divina y que tan generosamente le entegará Lil, el rico sin alegría…

O la leyenda de la ñaculahuén, la hierba sagrada que cura las úlceras… y que recuerda el entrañable amor del bravo Cacique Loncopán y de Pilmaiquén, la enamorada esposa que diera su vida y sus fuerzas para que Loncopán sanara el terrible mal que lo llevaba a la muerte…

O la leyenda de la mutisia, o la leyenda del pehuén… ¡Y de tantas otras leyendas y mitos!

Los indios de las tierras patagónicas saben que un mismo hilo sagrado une a Ngen Lemú, a los árboles sagrados, las plantas mágicas o diabólicas, o las hierbas medicinales o alucinógenas y a la flora de leyendas y tradiciones… Y lo preservan y lo respetan, enseñando a sus descendientes hacerlo también. Porque en el más austral rincón del planeta la llama divina no se apagado…

Quizás se deba a que las culturas aborígenes no han echado al olvido la única gran verdad, el misterio de los misterios: la Vida. Y la celebran…

Fuente
Una Vieja Leyenda
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2011/02/uamenk-el-chaman.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2011/01/el-camaruco.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/05/los-caballos-blancos.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2009/08/el-pehuen.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2008/08/nquilli.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2008/08/trentrn-y-caicai.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/04/nanculahuen.html

miércoles, 16 de febrero de 2011

UÁMENK - EL CHAMÁN



EL CHAMÁN

PRIMERA PARTE: EL PRIMER SUEÑO...

En las altas cumbres de los Montos Altai, entre el Irtish y el lago Baiakal, nació en un tiempo sin tiempo el chamanismo. Así lo bautizaron en tungús y así ha perdurado en muchos pueblos…

Es arte y ciencia de brujos, o hechiceros, o magos, o inspirados. Consiste por excelencia en el dominio voluntario de las técnicas del éxtasis, o sea: del vuelo mágico con el alma… Esto le permite servir de puente entre el aquí y el más allá… y con tales características se a expandido por los cuatro puntos cardinales.

Andando, andando, penetra en América posiblemente por el helado estrecho de Bering y pronto se irradia por todo el continente… y quizás así llega un día a la Patagonia, hoy unos de los últimos reductos de los misterios chamánicos.

Hay Chamanes o machis de la cordillera andina, en las mesetas y en las costas australes. Saben su ciencia milenaria, y la ejercen con gestos burlón hacia los médicos blancos formados entre libros y aparatos: -¿Qué saben ellos de sacar afueras espíritus malignos, o de curar enfermedades del gualicho o del mal de ojo, o de brujerías, o de empachos...?

Debemos tener algo muy en claro: ser machi no es para cualquiera.

Existe culturas en las que se "hereda" esa condición de padres a hijos, y otras en las que el clan o la tribu designan al que será niño sagrado. Y hay también quienes buscan voluntariamente la condición chamánica… y estos son los menos considerados, ¡porque es elección de los dioses y no se aprende de los hombres!...

Pero en estas regiones en extremo sur de América "se nace" machi, aunque la persona lo ignore durante muchos soles y lunas… Lo sabrá cuando sea el tiempo, y porque Nguenechen lo quiere.

¿Algo "especial" marca que será después porta voz de los misterios?

En el epicentro asiático lo diferente solía ser afeminamiento, o la ambigüedad sexual. Sin embargo entre los araucanos lo es la constitución enfermiza o débil, el estómago delicado, la propensión a sufrir desvanecimientos, las formaciones, e incluso las reacciones epilépticas… aunque no excluye lo afeminado en los llamados berbaches… en realidad lo dominante es el espacio y el tiempo es la manifestación nerviosa morbosa… que es sólo "signo de la elección divina", porque los cierto es que el chamán, una vez consagrado, se cura a sí mismo y cura a los demás… ¿no es acaso un médico sagrado?

¡Claro que no basta con la "rareza" si no hay iluminación reveladora!: en algún momento el elegido pasa de la ignorancia al conocimiento… dicen que a acausa de un accidente, caída peligrosa, la mordedura de una serpiente, una enfermedad mortal… Entonces, la inconsciencia del cuerpo y la mente, entre las tinieblas florece el sueño revelador, el perimontum: un espíritu protector, o algún antepasado, o ¡hasta el propio Nguenechen, el gran dios de Araucanía!, informa que será chamán su condición de mediador mágico y le ordena: ¡hazte machi!

El despertar no será signo del conocimiento de un largo camino imposible de eludir… ¿acaso puede escaparse de los que todos lo saben y todo lo pueden?

Por eso, para formarse el elegido busca a un guía experimentado, al padre -chamán o a la madre- Machi… y con ellos se iniciará en la ciencia perdida en el tiempo que solo pasa de hechicero a hechicero.

En realidad, en la doble instrucción chamánica que recibe, tiene los mejores maestros.

¿No son espíritus superiores los que lo forman en orden extático, a través de sueños y trances hipnóticos "reveladores" del misterio, de las formas y nombres de las entendidas sobrenaturales, del secreto de las fuerzas cósmicas?

Dicen que si las iluminaciones proceden de espíritus del cielo será un chamán -blanco, y si lo instruyen criaturas del infierno, chamán- negro…

A su vez, los ancianos maestros chamánicos le transmitirán las disciplinas que guardan la tradición: las técnicas sagradas, mitologías y genealogía del clan, los cantos y leyendas, la obscura lengua del trance… y también las propiedades curativas del las plantas, animales y minerales.

La divina instrucción lo dá todo, pero exige "la prueba": aislamiento, soledad, largos ayunos agobiantes, torturas, mutilaciones reales o simbólicas… Soportará lo posible y lo imposible: que le horaden la lengua, que le claven espinas… ¡y aún mucho más! y así pasará meses, y quizás años… hasta que esté listo.

No obstante el sufrimiento solo no es suficiente… Porque la prueba máxima en el trance mágico es la experiencia del descuartizamiento y la muerte, el ascenso al Cielo y el descenso al los Infiernos…

Para darle "fuerza" y prepararlo es que han introducido en el cuerpo en trance, real o mágicamente, piedras de secreto poder, flechas espinas o cristales de roca… y aguarda…

La experiencia iniciática en la Patagonia tiene como ámbito la caverna, el reducto que adornan cabezas de animales, objetos rituales y pinturas chamánicas como el laberinto no son sino símbolos concretos del tránsito hacia el otro mundo, del descenso a las regiones de ultratumba. Allí, en ese círculo cerrado y secreto, de dolor, de misterio y de vuelo mágico, si soporta la reducción al esqueleto podrá renovar su cuerpo y resucitar a la vida…

¡O no será nada!

Finalmente, cuando la agonía se vuelve triunfo, toda la comunidad se viste de fiesta: hay nuevo guardián del equilibrio Tierra

- Cielo, ¡hay un chamán!

Ahora puede obtener lo que quiera de las fuerzas sobrenaturales invocadas, sean estas ánimas, espíritus tutelares de la Naturaleza,… o demonios…

Pero ¿es que acaso no lo pueden poseer y hacerle daño?

Los que saben afirman que un verdadero chamán es también un espíritu superior, y que por eso lo respeta el círculo de las sombras…

Al chamán lo distinguirá en adelante un importante atuendo ceremonial, que por lo general consiste en un gran tocado en su cabeza, pinturas corporales que reproducen signos mágicos y una vestimenta en la que no faltan el rayo que indica el origen celeste de sus poderes, ni las plumas represtativas de su vuelo, ni las bolsitas de cuero con sustancias, sagradas, ni el hacha o las placas consagratorias. Así se los ha visto en los rituales y así aparece en las pinturas rupestres…

La machi de la Patagonia, en cambio, es más sencilla en su atuendo: su túnica larga, el manto tradicional sujeto con el tupu de plata, y abalorios distintivos de su rango. Claro que mantiene su cabeza cubierta: dicen que para ocultar y preservar el anullo precioso ubicado en el centro craneano, por donde recibe la iluminadora energía cósmica…

Los colores sagrados que ponen su sello en todo portavoz del misterio son el azul, el blanco y el amarillo.

¿Por qué justamente los tres?
¿Que fuerzas simbolizan?
¿Representan acaso los grados de la prueba iniciática del trance?

Tal vez signifiquen, el cielo, la pureza, la tierra…

Lo extraño es que también se repiten en otras muchas culturas de Oriente Y occidente.

¿Hay aquí otra llave al misterio universal?

No lo sabemos. Pero en tanto la machi hechicera usa esa segunda y mágica piel cromática, bata su cultrún resonador y su canto profundo rebote en las aristas del recinto cerrado o se eleve en el aire, todo estará bien sobre la tierra y los hombres.

Y cuando la rogativa chamánica sea necesaria, cuando lo requieran los rituales curativos del machitún o ellahuentún, la machi volará alto hasta el sitio donde se baten las luces y las sombras, y allí peleará por los suyos. Cuando regrese volverá con el orden en las manos… y todo recomenzará.

Quizás sea por ella que no se extingue la raza del sur…

Este es otro de los misterios que silba el viento del Elëngasem.

Continúa...
Fuente
Una Vieja Leyenda


Imagen
dearpatagonia.com

lunes, 31 de enero de 2011

GUACOLDA

He aquí pincelazos de un cuadro imaginario, hecho para contar la historia mítica de Guacolda y Lautaro...


Para algunos historiadores la existencia de Guacolda solamente consta en el poema épico La Araucana, escrito por Alonso de Ercilla (1533-1594), y por eso es probable que sea un personaje creado por el poeta para ejemplificar las características de la mujer mapuche.

Profundamente enamorada de Lautaro, sentimiento que era correspondido, le habría acompañado en sus últimos momentos antes de ser derrotado por Francisco de Villagra.

Cuenta Ercilla que:

"Aquella noche el bárbaro dormía
con la bella Guacolda,
y ella por él no menos se abrasaba".

Según la tradición, Villagra, vencedor, la habría llevado consigo y la mujer habría muerto de pena al poco tiempo.

A pesar de que la existencia de Guacolda pueda ser discutida, ha llegado a formar parte de los elementos que constituyen la identidad nacional.

Una mujer de carne y hueso.

Para los cronistas coloniales, en cambio, se trata de un personaje de carne y hueso y no dudan de su existencia y explican su nombre a partir del mapudungun Wa-kelü, o Wa-koli, (choclo, maíz - colorado, rojo), deduciendo, por ello, que habría sido de cabellera rubia o rojiza.

Para los españoles, su nombre era Teresa y era una mujer hermosa.

Guacolda se habría unido a Lautaro cuando este tomó la ciudad de Concepción.

Fray Diego de Ocaña, la religiosa Imelda Cano, el padre Rosales, y posteriormente Benjamín Vicuña Mackenna, coinciden en describirla como una bella mujer que fue seducida por el valor y el talento de Lautaro y que decidió seguirlo con decisión y coraje.

Las crónicas también señalan que Guacolda y Lautaro sirvieron en casas de españoles. Se dice que Lautaro sirvió al mismo Pedro de Valdivia y que Guacolda se habría criado en la casa de Francisco de Villagra.

Si bien los mapuches tenían un miedo supersticioso a los españoles, pues les atemorizaba tanto su presencia como para considerarlos dioses malignos, se podría inferir que ni Guacolda ni Lautaro les temían: ambos habían vivido en sus casas, los habían visto dormidos, enfermos, quizá borrachos, los habían visto comer, llorar y reír, y hasta habían limpiado sus armas.

Para ambos los españoles no eran dioses sino seres humanos, hombres de la tierra, como ellos y, por lo tanto, susceptibles de ser derrotados.

Cuando Lautaro dio por finalizado su aprendizaje, partió a unirse a la sublevación de su pueblo. Guacolda se le habría unido y ya no se habría separado más.

Guacolda habría estado presente en la toma de Concepción, en la Batalla de Mataquito, (1 de abril de 1557), y en el asalto a Santiago.

También habrían muerto juntos, en una emboscada tendida una noche por Francisco de Villagra.

Alonso de Ercilla y Pedro Mariño de Lobera cuentan, en sus respectivas La Araucana e Historia de Chile, que Guacolda habría predicho a Lautaro el desastre y la muerte en la víspera de la batalla de Chilipirco (batalla de Peteroa, 1557), donde ambos habrían muerto.

Rol de la mujer mapuche

En la sociedad mapuche, la mujer cumplía un rol económico de importancia, al desarrollar en mayor parte las tareas del agro; incluso, antes de formalizarse alguna unión matrimonial, el novio debía recompensar a su futuro suegro con algunos animales. Su vida transcurría entre la crianza de los hijos y las labores económicas; formaba parte de un grupo de varias esposas, que vivían en la misma ruca o vivienda mapuche, junto a sus hijos.

Descripción de González de Néjera

Alonso González de Nájera, autor del Desengaño y Reparo de la Guerra del Reino de Chile, describe a la mujer mapuche así:

"...Aunque en general tienen las mujeres el color más castaño que moreno, tiénenlo muchas veces verdinegro y quebrado, y unas más blanco que otras, según los temples de las tierras donde nacen y se crían... Son comúnmente de mediana estatura, y en general tienen grandes y negros ojos, cejas bien señaladas, pestañas largas y cabello muy cumplido... Su vestir es honesto para bárbaras, pues usan de faldas largas, mostrando sólo los pies descalzos y los brazos desnudos. Sus ejercicios son hilar y tejer lana de que se visten... Tienen a cargo las mujeres la labranza de las tierras, y el hacer los vinos...".

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domingo, 23 de enero de 2011

EL CAMARUCO



MUSICA MAPUCHE - Mi abuelo Painén - Festival en la Patagonia
Canción pehuenche de CECIL GONZALEZ premiada en XXII Festival en la Patagonia, Punta Arenas 1999, interpretada por Susana Angélica y los Peñis.



Camarricún

Pillán Lelfön, la sagrada pampa de Pillán, con su cortejo de cerros erguidos, y su seno ralo y alucinante barrido por los vientos legendarios de la Patagonia... se estremece bajo el abrazo solar. Ya ha sentido el galope de caballadas sobre su inmenso cultrún terroso y ha visto reunirse al cacique de ojos agudos y a sus capitanejos...

Pero: ¿por qué?, ¿para qué?... antü, el sol, el que todo lo ve desde su altura celeste, acaba de contarle con su caricia de fuego que volverá a ser centro del camaruco ritual, de la máxima rogativa indígena al divino Nguenechén…

La tribu arde en preparativos. Pillán Lelfön aguarda... Su corazón mineral empieza a cantar los taieles que una y otra vez repitieron las voces de los hijos de la tierra en los nguillatunes (rogativas)

Y llegan las vísperas, y la pampa mítica aprisiona con fuerza el gran mástil donde ondeará la bandera celeste y blanca, la que copia el cielo... y suenan las trutrucas, y empiezan a acercarse las familias de otras tribus vecinas e invitados y armar sus toldos…

¡Será una gran fiesta, a no dudarlo!

¡La fiesta de las razas australes! Empieza a despuntar la aurora del primer día del camaruco... ¿que siente ahora la Pillán Lelfön?

Sonidos de tempraneras trutrucas, rumores propios del ensillado de caballos, voces todavía adormiladas.

Se preparan con emoción inquieta las clafú malén, las de colores sagrados y sus hermosos trampú (prendedor) de plata…

Y también los pihuichenes, los niños santos cuya pureza será el mejor camino para la rogativa del Padre Grande. Por eso, para sus servicios estarán las clafú malén, y para ellos se prepararán los caballos ceremoniales.

Un pihuichén montará sobre el magnífico alazán pintado con rayas blancas en representación de las nubes y otro pihuichén jineteará el blanco con rayas azules, como reflejo del cielo ¿se mimetizarán así con las alturas?

¿Correrán de este modo los espíritus de los animales por las pampas de Futa Chao para llevar el ruego y la ofrenda de los pueblos del sur?

Tal vez... porque los colores sagrados: el azul, blanco, el amarillo del sol..., y a veces también el rojo estarán en los rostros y cuerpos de los cuatro niños santos y los bailarines ceremoniales, y el azul y el amarillo distinguirán las banderas que portarán en sus astas de caña los pihuechenes…

De pronto la pampa tensa su superfice terrosa porque principia el ritual: suena grave el cultrún en manos de machi sagrada, y el taiel brota de los labios como un lamento aborígen hecho ayer en palabras.. Los jinetes encabezados por los niños santos llevan lo necesario para armar el rehue o altar junto al mastil: el palo santo, las veinte cañas colíhue, las ramas del manzano y pino…, e incluso los dos corderos para el sacrificio…

Al pié del altar, las tinajas con el muday para Dios y los platos de madera para las ofrendas…

Y los jinetes ya girarán a su ahúin cuatro vueltas sagradas en la Pillán Lelfön, y marchan al oriente para invocar el sagrado silencio a futa chao y también para espantar con gritos el maléfico gualichú que siempre ronda, esperando…

Por tres veces se repetirá el movimiento… mientras las mujeres en torno al mástil cantan su taiel al ritmo sonoro del cultrún chamánico…

Por el oriente viene el día, por el oriente sale el sol... Quizás porque allí viene la vida tocada por la gracia de Dios, a oriente miran el camaruco, y hacia el oriente elevan sus ofrendas y rogativas. Por eso, con el oriente en sus rostros, los mapuches oran arrodillados ante el altar por un "buen cielo, buena cosecha, fuerza, hacienda, trabajo, buena y larga vida"… y luego, de pié y con las manos hacia arriba, gritan por cuatro veces empujando la oración hacia los cielos, la oración que regala el sagrado muday…

Y harán otra vez igual…

Y la tercera, y la ofrenda ya no será de muday sino de tabaco, para que el humo lleve en su vuelo alto a nguenechén y la inquietud de las plegarias…

Cuando el primero de los hombres y despues las mujeres se harán completado el mismo triple ofertorio… la pampa de Pillán suspira hondo, porque es la hora del sacrificio de la vida, el momento culminante, el del ofrecimiento…

La sangre se derramará entre rezos sobre la madre tierra y el altar… porque la vida se alimenta de la vida, y los corazones penderán de las ramas del manzano sacralizado el entorno.

En tanto la pampa bebe… y acuna sueños para el mañana que convoca la Araucanía.

Poco a poco se entrelazan los sonidos de la pifïlcas, las trutrucas y cultún, y también los cascabeles de los pihuichenes, (niños santos), para alegrar en lo alto al Padre Celeste, y para guiar el pürrún (danzas) y los taieles de hombres y mujeres.

Y porque la danza descifra laberintos mágicos y porque los pies y el desplazamiento cadencioso son otro modo de oración, no faltero, con sus purrufes bailarines ataviados con plumas y sus movimientos imitando del andar y cabeceo del tero, ni el choique purrún (danza del chiqué o avestruz), en que los bailarines emplumados son expresión de esta ave desde que rompe el huevo hasta que corre libre por los campos.

Es más: no pueden faltar, porque, sin los totémicos tero y choiques ¿cómo harían los hijos de la patagonia para vivir?

Desde el principio de los tiempos que recuerdan, tero y avestruz han sido la fuerza de la razas del sur… saben que imitando sus ritmos llevan consigo esa fuerza, y son gratos al Gran Padre Creador… Y se vuelven tero y choique míticos a traves del baile.

Todos bailan sobre la pampa sacral de pillán, porque el nguempín hace de maestro de ceremonia y anima a la partición de hombres y mujeres y los pies marcan los antiguos ritmos a una y otra vez.

Así, ahuín y pürrún se repetirán desde la salida del sol hasta el ocaso…

Y la última danza como la oscuridad vuelva fantástico los sonidos de las pifïlcas, el cultrún, los cascabeles y las trutrucas harán mover a los bailarines y a las mismas llamas de los fogones una estraña y poderosa danza del fuego.

Depués el nguempín se volverá dueño de la palabra y sus parlamentos agitarán mentes y corazones bajo las estrellas… y cuando vengan los breves sueños de las fiestas seguramente los mapuches sonarán con danzas y espíritus y taielles y sacrificios…

Sol y Luna caminarán otra vuelta sobre el Pillán Lelfön y habrá renovado ahuines, runes y ofertorios… y la fé sencilla de las tribus repitirá sus ritos añejos consagrados por la tradición.

Y al andar otra vuelta el Sol del tercer día de rogativas, en la ofrenda dos corderos y un carnero... pero luego la bendición del muday sobre los animales el carnero será dejado en libertad para que segure la fecundidad en el ganado, y la carne y los huesos de los mansos corderos alimentarán el pillán quitral (fuegos sagrados)… mientras las clafú malén con un paño azul empujan el fuego y el humo hacia las alturas para que el cielo conozca el fervor de este holocausto, y el canto religioso pide a futa chao acepte el sacrificio de sus criaturas, y todos deben del muday del nguillantún que ha robustecido la relación Hombre-Dios…

Ahora la pampa sagrada se abre, dos sendas invisibles pero certeras para guiar a un grupo detrás de pihuichén de la bandera amarilla, y a otro, detrás del niño santo de la bandera azul. Los unos plantarán en el cerro alto los palos como brazos implorando a Dios su bendición sobre la tierra y sus ganados… Los otros, junto al cacique y con los corazones del sacrificio, entregarán a las aguas del menuco que copia el cielo la ofrenda de la vida y milla kalkín, el espiritu del agua, recibirá en su seno y asegurará la vida y la fecundidad para los pueblos del sur bravío.

Cuando se levanten los toldos y se quiten las cañas y bajen el mástil la bandera azul y blanca, que es como, el corazón del camaruco como los hombres retornarán a sus rucas y encenderán la esperanza de nuevos nguillantunes…

Caerán las sobras y pillan de lelfön volverá a su sueño de los muchos soles y muchas lunas, pero sus arenas guardarán el latido del gran camaruco, aborígen, y acunarán los ecos de los taieles y de la antigua oración por el "buen cielo, buena cosecha, fuerza, hacienda, trabajo, buena y larga vida…" Sabe que un buen día las nuevas jineteadas y rumores se instalarán sobre ellas… y todo recomenzará…

Porque en el oscuro rincón de la patagonia los mitos y leyendas no son tales: son la Vida misma… y son fervor y fé de los hombres que no han obligado las remotas sendas sagradas del misterio. Porque allí que en el camaruco estan nguechen y el gualicho, la legendaria machi intersesora, los frutos de la tierra y el trabajo del hombre, las mágicas piedras, las plantas y animales de secreto poder, los fuegos del pillán quitral y el agua que es cielo, la muerte para la vida, la fiesta y sus rumores humanos y divinos…

Mientras se celebren los ritos la mítica tierra del sur de América y sus aborígenes seguirán de pie. Serán invencibles como la Vida… aquella que brotó de las manos creadoras del divino Futa Chao en la noche de los tiempos…

¡¡No dejemos que se apaguen sus claras antorchas!!

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http://www.youtube.com/watch?v=apr1hW1nSWk

Alineación al centro

domingo, 2 de enero de 2011

ZORRO GRIS




En lengua Tehuelche: Patnk

Zorro Gris Patagónico
Lycalopex griseus


Mide 75 cm de largo entre cabeza y cuello y 33 cm la cola.

El peso promedio es de 3 kg. Pelaje de color amarillento y negro grisáceo. Patas color bayo pálido y la parte interior blanca.

Es de hábitos nocturnos y sus hábitos alimentarios son amplios, tanto comen aves como roedores, liebres y frutos.

A veces se juntan para cazar presas grandes, como ovejas, aunque lo hacen en momentos de gran escasez alimenticia.

A menudo cavan galerías grandes de 3 a 5 m de largo, con varias cámaras (de cría, de reserva) y con una entrada principal y otras para casos de peligro.


Se cuenta que: "Un zorro desafió a correr a una piedra; ésta se excusó, - Soy muy pesada-.

-Corremos cuesta debajo de este cerro- insistió el zorro.

Soy muy pesada, pero… guardaos de mí.

- ¿Alcanzarme? ¡Qué locura!

- Dijo el zorro- Yo corro como el viento -.

- En fin corramos- respondió la piedra.

Y el zorro partió como una flecha, se echó a rodar la piedra entonces, y de tumbo en tumbo fué a herir de muerte a su rival que ya llegaba al pie del cerro.


Fuente:
http://www.turismo.riogallegos.gov.ar/contenidos/fauna.htm

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herramientas.educa.madrid.org

martes, 28 de diciembre de 2010

EL SACRIFICIO QUE APAGO EL LANIN

El Lanín es un Estratovolcán. De una altura de 3.776 metros sobre el nivel del mar, no registra actividad desde el siglo XVIII, no obstante este Estratovolcán se encuentra incluido en el cinturón de fuego del Pacífico.
Se encuentra en el límite entre Argentina y Chile.
Vista desde el Lago Huechulafquen (Argentina).



Dicen los mapuches que cada montaña tiene su dueño, su Pillan, un espíritu que guarda sus tesoros y la protege de los grandes abusos.

El Pillan vive en la cumbre desierta hasta donde nadie se aventura, pero baja para recorrer sus caminos, cuidar los animales del bosque y asomarse a la orilla de los lagos o a la puerta de los valles, donde termina su reino. Cuando el Pillan se enoja, un viento amenazante comienza a agitar las copas de los arboles, expulsando el silencio y reuniendo las nubes. Cuando castiga, provoca tormentas, derrumbes, erupciones... Y, calmar la ira de un Pillan a veces exige sacrificios inolvidables.

La tribu del cacique Huanquimil vivía hace mucho tiempo en el valle de Mamuil Malal, contra la ladera norte del Lanin, donde los pehuelches se levantan enhiestos y oscuros como centinelas, donde crecen los amankays como una sorpresa repetida y corren las maras entre la espesura.

Una vez, un grupo de muchachos recorría el bosque buscando caza, siguiendo las huellas de un huemul. Decididos, con el carcaj y el cuchillo bajo el manto de lana y seguidos por los perros, iban subiendo la ladera.

- Seguro que se fue para el torrente – dijo uno – allí lo atraparemos–
Y sin mas palabras marcharon, optimistas, siempre hacia arriba, siguiendo la rastrillada que circunda la montaña.

Sus pasos se hicieron sigilosos al acercarse a la cascada. Era un arroyito, apenas un hilo de agua que bajaba desde la cumbre, donde piedras o ramas caídas formaban aquí y allá pequeños estanques, donde el bosque perdía toda rudeza, tapizado de musgo y adornado de flores.

Ocultos y en silencio, esperaron al huemul. Después de un rato que pareció muy largo, el animal llego al claro y se puso a beber delicadamente el agua transparente. Los muchachos apuntaron sus flechas, pero los perros, inquietos se les adelantaron y espantaron al ciervo, que se escapo rápidamente ladera arriba, buscando el refugio de los arboles.

Y comenzó la persecución. Los perros olfateaban la huella y corrían, erizados, mientras los cazadores se separaban, subiendo por distintas sendas, para acorralar a la presa. A veces el huemul se detenía y luego, asustado, volvía a escaparse, siempre trepando montaña arriba, su única vía libre.

Ya estaban muy alto cuando lo atraparon, cuando arrinconaron contra las grandes peñas al animal ya sin resuello. Así pudieron clavarle sus cuchillos, temblando ellos también, sin aliento para gritar el triunfo, con el corazón batiendo como el parche de un Kultrun y las pantorrillas dolorosas.

Una vez recuperados, miraron a su alrededor antes de comenzar el descenso. No conocían ese sitio, nunca habían subido tan alto por las laderas del Lanin, y el paisaje había perdido su aspecto familiar. Ya no había árboles, con hongos sembrados a sus pies; ya no se veían mas pájaros ni flores; aquí y allá se encontraban los huesos blancos de algún animal muerto; el suelo rocoso no se escondía bajo la alfombra de hojas, de frutos, de ramitas... se desnudaba, barrido por un viento helado que no tenia ya donde enredarse. La montaña entera parecía depurarse en silencio y blancura.

Cierto desasosiego los hizo interrumpir el descanso y desear estar de vuelta en su ruca, con el fuego encendido y el olor del asado deshaciéndose en humo... Entonces se levantaron y comenzaron el descenso, arrastrando el cadáver montaña abajo.

Antes de que el cuerpo del huemul fuera desollado y su carne deshuesada y salada, el volcán empezó a humear, amenazante. Y esa misma noche, acostados, todos sintieron en sus cuerpos el temblor de la montaña y escucharon el retumbar se sus entrañas.

Así comenzaron días de angustia para la gente de Huanquimil.

El humo nubló el cielo y no se vio mas la luz del sol, la tierra caliente temblaba bajo los pies de los mapuches, una lluvia de cenizas caía sobre los sembrados. De nada sirvieron las rogativas, las ofrendas...

¿Como podría aplacarse la furia del Pillan?

La machi recurrió a las cortezas de Coihue, pero las escrituras resultaron ambiguas. Entonces se recluyo dos días para meditar, aislada en una grieta, envuelta en su grueso manto y alimentándose solo de tallos de niolkin.

Volvió de su retiro ensombrecida por la revelación: solo una ofrenda calmaría al Pillan, y pedía el mayor tesoro de Huanquimil, su hija Huilefún.

- Debe llevarla arriba el más joven y valiente de los Koná - agrego la machi.

¡Cómo lloraron los huanquimiles! Pobre Huilefún, ¡tan hermosa, que no terminaría de crecer!

- ¡No puede ser, no puede ser!! – gritaba su madre, desesperada.

Pero el feroz sacrificio debía cumplirse.

Hermanas y primas vistieron y arreglaron a Huilefún, que, callada, las dejaba hacer.

Ellas le trenzaron el pelo, la arroparon en un manto nuevo y se lo sujetaron con un broche de Llanka. Así se presento ante todos los que se habían reunido para despedirla, mirando con ojos tristes a los muchachos, pensando si seria este o aquel el encargado de acompañarla arriba.

Se adelanto Quechuán y dijo:

- Yo te llevo, Huilefún. Y llego el momento de la despedida.

El sonar de los Kultrunes ahogo el sollozo de Huanquimil; su mujer, con el cabello cortado, corrió hasta Huilefún para darle el último abrazo y prenderle en el pecho su mechón de duelo.

Después Quechuán le dio la mano a la muchacha y se los vio desaparecer y aparecer alternativamente, camino arriba, hasta que sus siluetas se perdieron en la montaña encapotada de humo y de cenizas.

Quechuán y Huilefún subieron sin hablar la cuesta del Lanin. Les faltaba el aliento por el esfuerzo y de a ratos se sentaban a descansar sobre las rocas. A medida que subían el calor se hacia insoportable, y tenían que taparse la cara con el manto para no respirar el aire cargado de ceniza.

Cuando Huilefún no pudo más, Quechuán la sentó sobre sus hombros. Así llegaron hasta el borde del cráter.

- Ya podes volverte, Quechuán – dijo muy bajito Huilefún.

Quechuán bajo a la muchacha pero no la soltó. La rodeo con sus brazos y le dijo:

- Yo me quedo con vos – y beso los labios calientes de Huilefún.

Se sentaron juntos, abrazados debajo de sus mantos, que habían unido. Hasta que algo los cubrió de improviso, una sombra en medio de las sombras. Eran las alas de un cóndor, que, poderoso, se abalanzo sobre la pareja y arranco a Huilefún de los brazos de Quechuán. Aprisionándola con sus garras la levanto en el aire, sobrevoló la cima y la dejo caer en la boca humeante del cráter.

Mientras Quechuán corría cuesta abajo, un aire húmedo y frío invadió la montaña, al tiempo que caían los primeros copos. Fue la nevada más grande de que se tenga memoria, duro tantos días que ya nadie recuerda cuantos. Constante, blanca, mansamente, la nieve cayó sobre el cráter sepultando para siempre su fuego milenario, enfrío la montaña para salvarla del incendio y cubrió la tierra mapuche con su blanco mantel protector.

Cubierto de nubes o reluciendo al sol, el viejo Lanin es la montaña más importante de Neuquén. Su cúpula asimétrica, siempre brillante de nieve, atrae de inmediato la mirada y nadie la deja atrás sin darse vuelta para verlo por última vez. Sereno, inconmovible, se yergue por sobre el esplendor de bosques de suelo ceniciento y lagos de playas oscuras, vagos recuerdos de antiguos incendios.

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mundonahuilen.blogspot.com

Fuente:
http://es.wikipedia.org/wiki/Volc%C3%A1n_Lan%C3%ADn

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miércoles, 17 de noviembre de 2010

EL PEHUEN ERRANTE



Esta leyenda araucana se refiere al pehuén o pino cordillerano cuyo nombre científico es araucaria imbricata, que forma densos bosques en los Andes patagónicos y tiene una semilla grande o piñón, que se recoge en marzo (piñoneada) y que constituye desde tiempos inmemoriales parte importante de la alimentación de los indígenas que habitan esa zona, los mapuches: cuyo nombre significa mapu: Tierra, patria y che: Gente, lo que se traduce como gente de la tierra, autóctona.

Cuenta la leyenda que cierta vez una ñiuke (madre india) viendo que el invierno llegaba y su esposo Kalfü-Kir cuya traducción es lagarto azul, no retornaba al calor de su hogar o ruca (choza araucana), rogó a su hijo le buscara en todo el valle y más allá de las montañas.

El koná o joven provisto por su madre de alimentos y abrigos inició la marcha en ese frío ambiente. Un día por fin vio un pehuén, y como no podía seguir de largo sin hacerle una ofrenda colgó de unas de sus ramas los zapatos. Prosiguió su marcha y se encontró con una tribu desconocida que, después de recibirle cordialmente, le robaron y lo ataron de pies y manos para que no pudiese moverse, y quedar expuesto a la furia de Nahuel (el tigre).

Su madre que presentía la desgracia, salió a buscarlo, y en el camino encontró los restos de su esposo Kalfü-Kir, por cuya razón se cortó los cabellos que cubrían su frente.

Luego prosiguió la búsqueda del muchacho. Mientras tanto éste estando a punto de expirar, vio en la lejanía un pehuén y exclamó dolorosamente ¨!Oh, si tú fueras mi madre!, tú bueno y verde árbol de dilatado ramaje! Ñiuke, Ñiuke, ¡ven, ven!...

Fue entonces que el pehuén desgarró sus raíces de la tierra y se acercó al indio. Le cubrió con sus ramas, le defendió de las fieras con sus espinas y alejó la nieve que caía sobre su cuerpo. Mientras, llegó la abnegada mujer y le desató las ligaduras haciéndolo revivir con sus caricias maternales. Agradeció ella al árbol su bondad y no sólo le dejó los zapatos que ya le había ofrendado su hijo, sino que le puso los suyos. Entonces emprendieron el viaje de regreso, acompañados por el pino sagrado hasta dónde fue necesaria su protección. Cuando se detuvo, dieron al lugar el nombre de Ñiuke, porque el hijo así había llamado al árbol en su agonía, y según se cuenta hombres que no conocieron esto cambiaron el nombre y llamaron al lugar Neuquén, algunos nativos le llamaron Ñudque, pero siempre significa madre.

De las semillas desprendidas, los sabrosos piñones, crecieron árboles que como eran descendientes del árbol sagrado, se multiplicaron tan rápidamente que originaron densos bosques, todos nacidos del árbol madre, que recorrió todo el mundo o Mapu para buscar el otro árbol el pehuén macho con el que se sentía emparentado.-

Fuente http://www.oni.escuelas.edu.ar

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viernes, 12 de noviembre de 2010

MUTISIA


MUTISIA

Hace mucho tiempo, en la zona del volcán Lanín, existían dos tribus enemigas irreconciliables que guerreaban a menudo y se guardaban mucho rencor.

Un día, el joven hijo del Cacique de una de las tribus y la hija del Cacique de la otra se enamoraron locamente. Pero dado el intenso odio que existía entre las familias, no podían tratarse a menudo y verse abiertamente.

Una oscura noche, la machi (hechicera), vigilaba junto al rahue (altar) mientras se realizaba el Nguillatún. De repente rompió el silencio el graznido del pun triuque (chimango de la noche). La machi se estremeció, pues sabía que ese era un grito de mal presagio.

Miró a su alrededor y escuchó un ruido sospechoso. Observando atentamente, vio a la querida hija del cacique que escapaba sigilosamente con el hijo del cacique enemigo. En ese momento la machi se dio cuenta que ese era el peligroso suceso anunciado por el pájaro agorero.

La machi creía que esa acción merecía ser castigada, pero antes de comunicar al padre la fuga de su hija, consultó con el pillán o deidad de su devoción:

– ¿Debo o no dar parte de rapto al padre de la niña?

Sí contestó el Pillán.

La machi corrió al toldo del cacique y delató la fuga. Enseguida se escuchó por segunda vez el alarmante grito del pun triuque.

El padre, muy enojado, ordenó la persecución y captura de los enamorados que pronto fueron apresados, juzgados y condenados a muerte.

Ambos jóvenes fueron atados a un poste y con lanzas y machetes todos se arrebataron contra ellos dándoles la más cruel de las muertes.

A la mañana siguiente, los ejecutores de este bárbaro crimen, quedaron asombrados al ver que en el lugar del suplicio de los jóvenes enamorados, habían nacido unas flores de pétalos anaranjados nunca vistas.

¡Quiñilhue! – gritaron los primeros que la vieron, y con ese nombre, “quiñilhue” se conoce la flor que produce una enredadera que se abraza y trepa por los árboles, como se abrazan los jóvenes enamorados.

Avergonzados y arrepentidos, los mapuches empezaron a venerar esa flor llamada Mutisia por los blancos.

Las almas de los jóvenes amparados por la Futa Chao en el país del cielo, se amaron por siempre mientras esa delicada flor de pétalos rojos nos recuerda el martirio de los jóvenes dado por los hombres injustos.

Mutisia: Flor provincial de la Provincia de Neuquén. Hermosa enredadera de hojas siempre verdes con forma de lanza y grandes flores circulares.



Fuente: desdeunlugarmejor.com

Imagen: meemelink.com

lunes, 8 de noviembre de 2010

KAÁSH PARA EL INVIERNO



Ya grande, Elal se reunió con toda su gente, para ordenar el mundo que habitaban. Esa vez se hizo el invierno que tenemos ahora.

Elal pensó que era mejor que los ocupantes de la Patagonia se pusieran de acuerdo con este asunto. La gente de entonces se reunió en una gran asamblea para ver qué tiempo iban a pedir. Se juntaron la Mara, el Zorro, los Pájaros, el Cisne, el Flamenco, el Chingue, la Tortuga, el Piche, el Chorlo, la Cucaracha, el Puma, el Gato Pajero, el Gato Montés, el Ñandú y el Tucotuco. Los caciques de todos ellos estaban discutiendo, mientras los paisanos escuchaban.

Como la cosa iba para largo, Elal, que era el patrón de todos, preguntó:

-¿Quién quiere invierno corto y quién quiere invierno largo?

Los murmullos corrieron entre los presentes y habló primero el Ñandú:

-Esto va a ser lo que tengo acá -comentó, y mostró a los reunidos las marcas de sus patas; eran doce-. ¡Doce lunas tendrá el invierno!

-¿No es mucho? -preguntó Elal-. La gente se va a escarchar; van a morir de hambre.

El silencio fue la única respuesta, por lo que Elal les habló a todos, diciendo:

-Escuchen con atención, y a conformarse con lo que piden. Los voy a dejar por un rato para que lo discutan porque no habrá cambios después.

Él no iba a andar a cada rato ajustando la duración del invierno; tenía otras cosas para hacer. Elal se fue y la discusión siguió.

Pujerr, la Mara, estaba ahí sentadita y callada. Como la gente no decía nada, intervino gritando:

-¡Es mucho! ¿Qué vamos a comer? ¡Nos vamos a morir de hambre!

-¡Doce lunas! -repitió el Ñandú.

-¡No, no, es muy largo -gritaba la Mara nerviosa-, es muy largo y no vamos a encontrar nada para comer!

Los demás estaban callados escuchando; sólo ellos dos decidían.

Uno pedía doce meses y el otro tres.

La tortuga se animó a hablarle al Ñandú y cuanto más le decía, más porfiaba, poniendo los ojos de loco y pataleando.

De repente, el Ñandú se enojó y le preguntó a la Mara:

-¿Para qué quiere tres lunas usted?

-Yo quiero tres porque con doce lunas sé que no voy a comer nada.

Los otros aguardaban, pensando que no podrían vivir con tantas lunas como estaba pidiendo el Ñandú. Por miedo a él, los animales ya se estaban resignando a un invierno larguísimo.

La Mara, al ver que los demás no decían nada y que el pajarraco no quería cambiar de idea, desesperada, salió corriendo hacia donde estaba Elal.

El Ñandú se largó a correr a la liebre, tratando de darle pisotones y picotazos. Cuando Elal la vio pasar, le preguntó:

-¿Cuántos meses de invierno quieren finalmente?

-Kaásh (3), tres lunas -gritó la Mara.

-Así será -dijo Elal.

El Ñandú, enfurecido, persiguió a la liebre por el campo. Como los dos corren rápido, se mantenían a buena distancia uno de otro.

Cuando la Mara estaba por entrar a su cueva, el Ñandú pegó un brinco y le pisó la cola. La Mara tiró y tiró hasta que la cola se le cortó, quedándole chiquita. Pero la Mara entró en su cueva con los tres meses ganados. Desde adentro se reía asustada.

-No importa mi cola -dijo-, basta con mi vida.

Gracias al valor de la Mara, hoy tenemos tres lunas de invierno y tres de verano.

LEYENDAS TEHUELCHES.

Fuentes: http://elal-patagonia.blogspot.com/2009/03/ciclo-heroico.html

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/02/elal-y-sus-inventos.html

domingo, 31 de octubre de 2010

FUEGO DE LEÑA DE CALAFATE



Atesora la leyenda que, la Zorrina, el Gato del Pajonal y el Piche, cacique de ambos, mantenían el fuego. Los tres lo cuidaban gracias a un yuyo que llamaban oukha-ínash. Ellos ponían una piedra cerca del yuyo, la chocaban con otra y ahí saltaba la chispa que prendía la hierba. El fuego más grande era para el Piche; cuando los otros se acercaban para calentarse, este hacía chiquito el fuego y no les dejaba quemar leña en su fogón.

Cierta vez, calentita por el fuego, la joven Zorrina se acercó a otros animales, quienes le pidieron fuego para calentarse y cocinar. La Zorrina no escuchó las súplicas y se pavoneó entre los ateridos.

La vieja Cisne se enfrentó a la recién llegada acusándola de egoísta.

Por más que la Zorrina negaba la posesión del fuego, el olor a humo en su piel contradecía sus palabras.

Asustada, la Zorrina corrió a avisarle a su cacique que escondiera el fuego para que los demás animales no pudieran tenerlo.

Presuroso, el Piche tapó la hoguera y se echó encima para que nadie la encontrara.

La gente de la toldería le pidió a Elal que interviniera, a fin de que todos pudiesen disfrutar de las bondades del fuego.

El héroe tehuelche salió a caminar por el campo y encontró al Piche haciendo fuego tapadito.

La visita a la toldería del Piche parecía casual, aunque este suponía que Elal venía por fuego y no por cortesía.

La Zorrina y el Gato del Pajonal no salieron de su toldo, por temor a las reacciones de Elal.

Como el Piche poco pudo hacer para esconder el humo que se escapaba del fuego tapado, Elal aprovechó la oportunidad y de buen modo le pidió un poco de carbón quemado.

Este le respondió que nada tenía para darle, mientras nerviosamente soplaba la columna gris, tratando de desvanecerla en el aire.

El héroe de la Patagonia intentó por última vez razonar con el Piche solicitándole un tizón para hacer fuego, para que la gente pudiera calentarse y cocinar. El Piche se negó.

Elal, enojado por la actitud del bicho, lo empujó muy lejos.

Y ahí estaba el fuego; carbón quemado de leña de Calafate. Elal se lo llevó a los paisanos, que así pudieron calentarse y comer carne asada.

Cuando Elal le sacó el fuego al Piche, le cruzó el lomo en tiras, por no habérselo querido dar. Por eso tiene ahora esas rayas en el caparazón.

Desde entonces, el Piche se fue al campo y no volvió más junto a los paisanos.

El Gato del Pajonal y su amiga la Zorrina huyeron con él.

Hasta hoy, el Piche come hutas y la Zorrina cucarachas.


Fuentes: http://elal-patagonia.blogspot.com/2009/03/ciclo-heroico.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/02/elal-y-sus-inventos.html

domingo, 24 de octubre de 2010

HISTORIA DE LOS MAPUCHES

Imágen: Ser Indígena




Antes, mucho antes de que llegaran los blancos y lo mataran, Dios vivía en lo alto con su mujer y sus hijos, reinando sobre el cielo y la tierra.

Aunque siempre era Dios, tenia muchos nombres: Chau, el padre, y también Antú, el sol, o Nguenechen, creador del mundo.

A la reina, que era a la vez madre y esposa de Dios, le decían luna, Reina Azul, Reina Maga y también Kushe, que quiere decir “bruja” o “sabia”.

Dios había hecho un gran trabajo: había creado el cielo, con todas sus nubes y cada una de sus estrellas, y la tierra de gigantescos cordones. Había hecho correr los ríos y crecer los bosques, y había entreabierto sus enormes dedos para sembrar aquí y allá los animales y los hombres, los mapuches.

Ahora vivía en el cielo, vigilando sus creaciones e iluminando durante el día su reino inmenso. De noche, la reina tomaba su puesto y salía a cuidar el sueño de las criaturas dispersas.

Como todos los hijos, crecieron también los de Antú y Kushe. Poco a poco quisieron ser como su padre, crear ellos también nuevos seres y cosas, no por nada eran retoños de Dios.

Y los dos mayores empezaron a murmurar, a criticar a sus padres, y a quejarse: “El Chau y Ñuke ya están viejos, ¿no será la hora de que reinamos nosotros?”

Dios sufría por ese deseo de sus hijos, sufría y juntaba rabia. Esa rabia trataba de barrerla Kushe, pidiéndole que no le diera importancia, que los perdonara. Pero los rebeldes no desistían; comenzaron azuzar a sus hermanos más jóvenes y a confabularse.

“Por lo menos, deberíamos mandar sobre la tierra”, decían, y se prepararon para bajar con sus enormes pasos la escalera de nubes.

Entonces el rey Chau dejo salir toda su furia. Uno con cada mano agarro a sus hijos del mechón de príncipes que colgaba de sus coronillas.

Con todas sus fuerzas de Dios les sacudió de arriba a bajo y los dejo caer desde lo alto sobre las montañas rocosas.

La cordillera tembló con los impactos, y los cuerpos gigantescos se hundieron en la piedra formando dos inmensos agujeros.

Mientras la furia de Dios se deshacía en rayos de fuego, madre luna se precipito entre las nubes y se puso a llorar enormes lagrimas que caían sobre las montañas, lavaban de una vez sus paredes de piedra e inundaban rápidamente los profundos hoyos.

Así se formaron los dos lagos vecinos, el Lácar y el Lolog, brillantes como la misma cara de Kushe, hondos como su pena.

Entonces el gran Chau quiso atenuar el castigo: permitió que la vida volviera a los dos cuerpos despedazados y los convirtió en la enorme culebra alada encargada de llenar los mares y los lagos, llamada Kai-Kai Filu.

Pero, príncipes o serpiente, seguían albergando el deseo de derrotar a Dios y reinar de una vez por sobre todas las cosas.

Rabiosa, imponente, Kai-Kai Filu se lleno de odio contra Antú y los mapuches, sus protegidos. Y por eso aun hoy azota el agua de los lagos con su enorme cola, levantando olas espumosas, se revuelve hasta formar remolinos devoradores, empuja la marejada contra los flancos de las montañas queriendo alcanzar los refugios de los hombres y los animales y, reptando por debajo de la tierra, provoca terremotos con la agitación enloquecida de sus alas rojas.

Al darse cuenta de que sus criaturas corrían grave riesgo, Dios busco una arcilla especial y modelo una serpiente buena.

Dijo: “Tren-Tren, este es tu nombre”, y con esas palabras le dio vida. Y antes de dejarla bajar a la tierra, agrego: “Tu misión es vigilar a Kai-Kai Filu. Cuando veas que comienza agitar el agua del lago, tenés que prevenir a la gente para que busque refugio y se ponga a salvo...”.

Paso el tiempo, y el rey Chau decidió enviar a otros de sus hijos a la tierra, para tener informes de lo que sucedía y hacer llegar sus instrucciones a los Mapuches. El mismo quiso bajar al cabo, y ver con sus propios ojos los frutos de su obra.

Dios apareció un día entre los mapuches como si fuera uno mas, oscuro, cubierto por un cuero y con la cabeza desnuda. Les enseño a cumplir los trabajos y a respetar el tiempo: el arte de la siembra y la cosecha, la elección de las semillas y la conservación de los alimentos. Y les hizo un gran regalo: el fuego. Así fue como Dios gano otro nombre: Küme Huenu, que quiere decir “lo bueno del cielo”, como lo llamaron los hombres.

El rey Chau volvió a su casa y paso otro tiempo muy largo, tan largo que la gente se fue olvidando de muchas enseñanzas que había recibido, dejo de ser buena y empezó a pelearse entre si. Ya no había quien hiciera escuchar los consejos de Dios, los propios descendientes de sus hijos hablaban de sus antepasados sin ningún respeto. Y mientras se quejaban de todo e insultaban mirando al cielo los hombres se robaban y se asesinaban entre ellos...

Cada vez que se asomaba a contemplar el estado de su creación, el gran Chau se daba vuelta enseguida y apretaba los labios con amargura. Así empezó otra vez a juntar su rabia divina, hasta que decidió recurrir a Kai-Kai Filu:

- Quiero que agites una vez mas el agua del lago, que la superficie se ponga oscura, que chasqueen las olas unas contra otras y salte la espuma blanca, a ver si un buen susto hace que los hombres cambien su conducta-dijo.

Pero también escucho Tren-Tren, la culebra buena que vivía en la montaña de la salvación.

Enseguida lanzo su silbido de alerta, la aguda contraseña que se coló por todas las quebradas como si fuera un viento, convocando a todos los mapuches al cerró Tren-Tren.

Y el pueblo, lleno de miedo, comenzó la escalada. Pero ya el lago los perseguía y, bajo sus pies, las escarpadas laderas se movían, agitadas por los terribles movimientos de Kai-Kai. De modo que hombres, mujeres y chicos rodaban como pequeñas piedras hacia el fondo, mientras el gran Chau enviaba rayos de fuego que aniquilaban a los que lograban sostenerse.

Y todos murieron, menos un niño y una niña que sobrevivieron en el abismo profundo de una grieta. Unidos seres humanos de la tierra, crecieron sin padre ni madre, desabrigados de palabras y amamantados por una zorra y una puma, comiendo los yokones que crecían en las alturas. De ese niño y esa niña descienden todos los mapuches, resucitados.

Pero el gran Chau debió de haber muerto un poco con sus criaturas, por que desde ese momento se mostró pocas veces y parecía no escuchar los ruegos de los hombres. Seguramente por eso fue posible que llegaran los blancos y le dieran la estocada final.

Desde entonces la tierra ya no es lo que era: las semillas no brotan como antes y las cosechas son escasas; proliferan las enfermedades y los chicos no hacen caso a los mayores.

En el cielo las cosas no marchan mucho mejor, rota la alianza entre los astros: la madre luna esconde entre las nubes su cara magullada y escapa, escapa siempre, perseguida por un sol muerto...

Fuente: UNA VIEJA LEYENDA

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2009/06/domo-y-lituche.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2009/08/el-pehuen.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2009/12/calcura.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2008/08/trentrn-y-caicai.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2009/02/trentren-vilu-y-caicai-vilu.html

domingo, 10 de octubre de 2010

PIFILKA MAPUCHE

Instrumento folclórico mapuche


Pito araucano y mapuche con sonido.

Es de madera, de forma cilíndrica, achatada en su extremo superior donde va la embocadura.

Lleva un agujero longitudinal, pero sin traspasar el fondo.

Silbato rústico de un solo orificio, sin un tono determinado y con sonido muy agudo. En la cultura mapuche representa a un ave llamada "ñandú" llamando a sus hijos.

Son los pitos que usualmente ocupan los Kuriche, durante la rogativa mapuche.

También se lo define como:

Es un aerófono de la familia de las flautas, sin aeroducto, semejante a un silbato.

Este instrumento se difundió en la Patagonia, principalmente en las provincias argentinas de Río Negro y Neuquén.

Se construye tallando una madera cilíndrica de unos treinta o cuarenta centímetros de largo, carece de orificio para obturar. El tubo se perfora a lo largo, aproximadamente en la mitad de su amplitud.


La Pifilca emite un sólo sonido, su única nota se mezcla en el curso del canto o del conjunto instrumental sin relación rítmica


Nota:

Kuriche: gente negra


http://compartiendoculturas.blogspot.com/2008/08/el-and.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/10/el-nandu.html
Fuente: Ser Indígena
http://artesaniamapuchedelanas.globered.com/categoria.asp?idcat=28
http://triotrutruca.blogspot.com

sábado, 18 de septiembre de 2010

LA NOCHE





"Tons, la oscuridad, engendró a tres espíritus que eran muy temidos por los tehuelches. Se dice que cuando la luna y el sol se fundían tras el horizonte, la oscuridad invadía la tierra hasta el regreso de los amantes, pero solo aparecía el sol, entonces Tons se alejaba de la tierra para encontrarse con el Tiempo que era su consorte y con él engendró a los tres malos espíritus llamados Axshem, Kelenken y Maip, estos dos últimos eran mellizos.

Axshem era el que vivía en el fondo de un manantial sulfuroso.

Kelenken en cambio deambulaba por la Patagonia derramando sus males por doquier, mientras que Maip, que representaba el viento helado, acompañaba a su hermano mellizo, apagando los fogones, entumeciendo los miembros de los seres matando a lo inocentes pajaritos sin guarida y helando los tiernos brotes de las plantas."


VOCABULARIO TEHUELCHE:

Joiuen: Leyenda

Tsoneka: nombre verdadero de los llamados: tehuelches, Aónikenk o Chonkes

Maip: espíritu dañino, representaba al frío.

Kélenken: espíritu malo

Axshem: espíritu maligno que vivía en una fuente sulfurosa

Tons: la noche oscura, Madre de los malos espíritus


Fuente: http://www.interpatagonia.com/puertodeseado/historia.html

Leyenda mitológica “La noche”
del libro: Joiuen Tsoneka (leyendas tehuelches) de Mario Echeverría Baleta

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/04/la-noche.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/03/kooch-el-creador-de-la-patagonia.html


lunes, 19 de julio de 2010

GIJER, El ARCO IRIS




Al sur de aquella gélida región, donde nacen heladas y cristalinas vertientes de entre escarpadas montañas; existe aún, una pequeña tribu tehuelche, que la puebla, la honra y la cuida desde hace siglos. Se los conoce como los hijos del Arco Iris.

Una leyenda narra, que al principio de los tiempos, la tribu carecía de un sabio que los guíe y les dé las respuestas que ellos en su vida necesitaban.

Sabiendo de la preocupación de la comunidad, el viejo hechicero les dijo que debían dirigirse al nacimiento del río, al momento justo en que sin haber caído las últimas gotas de lluvia, el sol pujara por asomar entre las nubes, y que allí, en ese momento, encontrarían a la hacedora de las palabras y los colores.

Durante varios soles y lunas, los más intrépidos escaladores de la tribu, fijaron rumbo a la cima de las montañas confiando en aquel vaticinio, y hasta soportaron una tormenta que ocultó una luna con todas sus estrellas.

Al mediodía siguiente, llegaron a la vertiente cuando las nubes comenzaban a dejarse llevar por los vientos y el sol anunciaba que abrasaría impiadosamente sus desnudos cuerpos. Su reflejo sobre el agua, insistía en cegarlos. Pero por fin, a la vera del río, la encontraron.

Como esperándolos, al verlos se puso de pie, y caminó hacia ellos. “Soy Gijer”, les dijo “mi casa estará, donde su comunidad, a partir de hoy. Mi padre así lo ha dicho.”

Durante los años que vivió en la tribu, jóvenes, viejos, hermanos de la región, supieron plantearles los más diversos conflictos, dudas, misterios de la naturaleza o simples preguntas; y a cada uno siempre supo brindarle una respuesta, clara y acertada.

Dicen los pobladores que junto a ella siempre se respiraba un aire fresco y renovador, su presencia tenía un aura brillante a su alrededor, y su pelo, al reflejo del sol, tornaba en infinitos colores. Su voz, la recuerdan siempre dulce, cálida y serena; tanto o más que su mirada.

Sus enseñanzas han pasado de generación en generación, llegando incluso hasta nuestros días, y tanto su origen como su partida, es uno de los misterios más celosamente guardado por los Tehuelches.

Dice la vieja leyenda que cuando uno tiene dudas, debe esperar a que brille el arco iris, pararse frente a él, formular la pregunta, cerrar los ojos, afinar los sentidos y con el corazón abierto esperar.

Y dicen que una voz, tenue, sutil pero con luz propia, coloreará de respuestas el corazón.

jueves, 3 de junio de 2010

EL CHURRINCHE


Ulian era un indio tehuelche que poseía extraordinarios poderes. Todos lo amaban y respetaban en su tribu y no sólo sus hermanos, los indios; lo amaban también las plantas y los animales, con los que podía hablar porque conocía todos sus idiomas y podía entenderse con ellos a las mil maravillas.

Fueron ellos, los animales del bosque, los que, cuando Ulian era niño, lo salvaron de una muerte horrible...

Cierto día, el indiecito se sentó en el bosque para hablar seriamente con un insignificante pajarito gris al que él llamaba "Churrinche". Como tantas otras veces, Ulian trataba de convencerlo de que él era tan útil y bello como los otros pájaros, pero el churrinche no se convencía:

-¿No ves que no tengo ni una pluma de color? ¿No te das cuenta de que soy tan chiquito que casi no se me ve? Mírame bien: ¡Soy feo!... ¡muy feo!

Tan seguro estaba el pajarito de lo que decía, que creía que todos pensaban lo mismo que él y, por eso, andaba siempre solo, así nadie podría compararlo con las bellísimas aves multicolores que habitaban el bosque.

Tan ocupado estaba el indiecito con su pajarito desvalido, que no oyó acercarse a un gigante malvado que vivía en las cercanías y que tenía mucha envidia de los poderes mágicos de Ulian.
En un abrir y cerrar de ojos había atado pobre niño y lo había encerrado en una cueva, que había tapiado totalmente, esperando que muriera.

Pero... sin darse cuenta, el gigante había dejado una pequeña hendidura sin tapar, y por allí se coló el churrinche. Con su débil pico intentó desatar las cuerdas que inmovilizaban al prisionero, pero tenía tan poquita fuerza que no pudo conseguir nada. Además, el gigante, al darse cuenta de su presencia, lanzó un rugido tan fuerte que le arrancó todas las plumas de su copete.

- Andá y pedí ayuda a mis hermanos, los animales, ellos me ayudarán; dijo Ulian con el pensamiento, ya que estaba amordazado.

El churrinche estaba tan asustado y desesperado que se olvidó de su vergüenza y de un solo vuelo aterrizó en el claro del bosque, donde estaban reunidos los animales y les contó, casi llorando, lo que pasaba.

Rápidamente, se formó un congreso y quedó preparado el plan: el tucutuco cavaría un túnel desde su guarida hasta la cueva y por él sacarían a Ulian.

Esperaron a que se hiciera de noche y comenzó la tarea; si bien es cierto que el jefe era el tucutuco, todos los animales ayudaban a sacar la tierra y despejar el túnel, hasta que por fin llegaron a las paredes de la caverna.

Allí escucharon unos golpecitos que Ulian pegaba con los talones para indicar su posición y, en el mayor silencio, el tucutuco cavó un gran orificio.

El churrinche, mientras tanto, se había vuelto a meter en la cueva, para hacerle compañía a Ulian y ver los pormenores del rescate.

Entre todos los animales arrastraron al prisionero, todavía atado y amordazado, por el túnel recién cavado, rumbo a la guarida del tucutuco, donde pensaban esconderlo.

Ya estaban por empezar la marcha, cuando el gigante se despertó y lanzó un feroz rugido.
El churrinche se llevó un susto mayúsculo, pero lo primero que pensó era que debía avisar a sus amigos que el gigante estaba furioso, y lo primero que se le ocurrió fue ponerse a gritar tan fuerte como el gigante (en realidad, eso creía él):

- churruit... churruit... churruit... churruit...
churruit... churruit... churruit... churruit.

El gigante, más enfurecido que antes, por semejante batifondo, le arrojó una gruesa espina que se clavó profundamente en el pecho del pájaro, y se dedicó a perseguirlo.

Los animales aprovecharon para proseguir con el rescate, mientras el tucutuco iba taponando el túnel recién construido.

Cuando estuvo seguro de que Ulian estaba a salvo, el churrinche, totalmente ensangrentado, dejó de gritar y, con las pocas fuerzas que le quedaban, voló hasta un chañar, a cuyos pies cayó desmayado.

Allí lo recogió una calandria, que lo llevó hasta Ulian que, con unos pocos pases mágicos lo curó, pero decidió que para siempre llevara el color de la sangre en su plumaje, como muestra de su coraje y valentía.

Y, por esa causa, el churrinche ya no es gris, sino que tiene los colores que tanto envidiaba a las otras aves.


Material compilado y revisado por la educadora argentina
Nidia Cobiella (NidiaCobiella@RedArgentina.com)
(Leyenda tehuelche).

martes, 27 de abril de 2010

LOS DUEÑOS DE LOS CERROS

Río Limay


En la creencia mitológica de nuestros aborígenes, todas las cosas de la naturaleza tenían "un dueño", un espíritu que las vigilaba y cuidaba. Por eso pedían permiso para levantar piedras, cortar ramas o flores, cazar ciertos animales etc. Temían que sus dueños se enojaran y les causaran algún daño real.

Los cerros tenían su "Nguen Mahuida" (dueño del cerro), que desde su cumbre vigilaba las plantas, animales salvajes, ríos y arroyos, para que nadie los perturbara. Vivía también en los chenques o cuevas naturales del cerro. Por eso consideraban muy peligroso el tocar las piedras de su interior, pues el dueño podía enojarse.

Algunos cerros eran considerados sagrados y se los denominaba "Tren Tren".

La condición de sagrados les había quedado porque en ellos había sobrevivido la única pareja humana durante el diluvio.

Fue la serpiente mítica "Cay Cay", dueña del mar, quien armó guerra a la serpiente "Tren Tren", amiga de los hombres. Cay Cay, inundó la tierra pora acabar con la vida en ella. Las personas corrieron entonces hacia los cerros para salvarse. Como no pudieron llegar arriba, "Tren Tren", los transformó en rocas, riscos, o en peces para que pudieran sobrevivir. Son los "huitran che cura" (gente transformada en piedra), como por ejemplo los que parecen verse en el Valle Encantado del río Limay.

Fuente: BolsonWeb.com

domingo, 25 de abril de 2010

LA NOCHE


Tons (la oscuridad) engendró a tres espíritus que eran muy temidos por los tehuelches.

Se dice que cuando la luna y el sol se fundían tras el horizonte, la oscuridad invadía la tierra hasta el regreso de los amantes, pero solo aparecía el sol, entonces Tons se alejaba de la tierra para encontrarse con el Tiempo que era su consorte y con él engendró a los tres malos espíritus llamados Axshem, Kélenken y Maip, estos dos últimos eran mellizos.

Axshem era el que vivía en el fondo de un manantial sulfuroso.

Kélenken en cambio, deambulaba por la Patagonia derramando sus males por doquier mientras que Maip, espíritu dañino que representaba el viento helado, acompañaba a su hermano mellizo, apagando los fogones, entumeciendo los miembros de los seres, matando a los inocentes pajaritos sin guarida y helando los tiernos brotes de las plantas.

Fuente: Libro Joiuen Tsoneka “Leyendas Tehuelches”, de Mario Echeverría Baleta

sábado, 24 de abril de 2010

ÑANCULAHUEN



ÑANCULAHUEN

Toda la tribu llora la terrible enfermedad que sufre su gran cacique Loncopán.

La fuerza de su hermoso y corpulento cuerpo ha desaparecido y está postrado en su lecho sin poder moverse, a pesar de los remedios y del Nguillatün en el que pidieron a Nguenechén por su salud.

Loncopán es muy querido y respetado por sus súbditos, no solo por su destreza en la caza y en la guerra, sino también por la sabiduría, comprensión y justicia con que los gobierna.

Han ido a buscar a la machi a su choza, allá entre los cipreses y alerces del espeso bosque; tienen la esperanza de que con sus hierbas y exorcismos sagrados, cure la terrible enfermedad que lo está arrastrando a la muerte.

Llega la machi y entra en la choza. Al lado del lecho del enfermo está su amante esposa Pilmaiquén, con los ojos llenos de lágrimas, desesperada.

Le ha pedido a Nguenechén que tome su vida a cambio de la de su esposo.
La machi hace conjuros y ritos sagrados y entre gritos y gestos, exclama finalmente con una convulsión:

¡¡¡Ñancú..., Ñanculahuén!!!

Pilmaiquén se estremece y ahoga un grito en su garganta.



La Ñanculahuén, es una hierba que crece en lo alto de la montaña, y está custodiada por el Nancú, el aguilucho blanco.

Todo el que intenta apoderarse de ella corre terribles peligros.

No obstante, la amante esposa exclama sin dudarlo un momento:

¡¡¡Yo lo haré!!!

Se acerca a la cama de su esposo y le dice Yo te traeré la hierba. Dentro de tres días estaré de vuelta.

Pilmaiquén parte decidida. Todos quedan aterrados cuando la machi les dice:

Ha ido a buscar la Ñanculahuén...

Pilmaiquén se internó por senderos solamente transitados por animales silvestres, hasta llegar a la cordillera nevada.

El viento helado le azotaba la cara y las piedras y espinas cortantes hicieron sangrar sus pies, pero el pensamiento de su esposo le dio ánimo y le hizo soportar con alegría los sufrimientos.
Se alimentaba con los piñones de los pehuenes y dormía bajo las lengas achaparradas de las altas cumbres.

Al segundo día llegó a los dominios del Rancú, donde crece la hierba que sana.

Rendida se sentó sobre una roca a descansar. De repente sus ojos divisaron un ave blanca que se había posado en una roca cerca de ella.

Su mirada era penetrante y con un graznido potente exclamó:

- ¿Qué has venido a buscar? -

- Mi esposo se está muriendo. ¡Dame la hierba que sana! Yo estoy dispuesta a dar mi vida por ella.

El Ñancú aceptó su sacrificio y le contestó:

- Por el amor que tienes a tu esposo, acepto tu ofrecimiento. Te daré la hierba que me pides, pero, a medida que tu esposo recupere su salud, tú perderás tus movimientos y tu palabra. Sólo conservarás tus ojos sanos para que puedas ver la obra que has hecho, y serás la esposa más amada del mundo.

Vuela el aguilucho y regresa al momento con la hierba sagrada entre sus garras y se la da a Pilmaiquén que llora de felicidad.

Al tercer día de haber partido, la tribu recibe entre exclamaciones de asombro a Pilmaiquén que regresa con la hierba sagrada en sus manos.

Rápidamente prepara la infusión con la maravillosa hierba y lava las heridas de su esposo que de a Poco va recuperando sus movimientos.

Al mismo tiempo ella va quedando paralizada y su dulce palabra se va apagando en sus labios. Cuando Loncopán recupera totalmente su salud pregunta por su esposa.

La encuentra sentada cerca del bosque.

Los ojos de su esposa se llenan de lágrimas al no poder hablar Loncopán comprueba que tampoco puede moverse.

La toma en sus brazos y la lleva a la ruca y hace llamar urgentemente a la machi para que conjure el mal de su esposa.

- Tu esposa no volverá a hablar ni a moverse - le dice la machi-.

Ese ha sido el precio de tu salvación. Ella le ofreció al aguilucho blanco su vida a cambio de la tuya y él aceptó el sacrificio.


La Machi


Loncopán cae de rodillas ante el lecho de su esposa y comprende cuánto lo ha amado.

Desde entonces la Nanculahuén es la hierba sagrada que cura úlceras y está a disposición, por voluntad del aguilucho blanco, de todo el que la necesita.

VOCABULARIO:

MACHI: Herboristera, Consejera, Curandera.

LONCOPAN: Cabeza de Puma o Jefe Puma

PILMAIOUEN: Golondrina.

NANCULAHÜEN: Remedio del aguilucho. Es una hierba empleada como remedio casero. Tiene hermosas flores de color amarillo.

Fuente: BolsonWeb.com