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jueves, 4 de febrero de 2010

EL UTURUNCO




EL UTURUNCO


Algunos dicen que:

Es un hombre que vendió su alma al Diablo para convertirse en "tigre".

Para convertirse en el animal, extiende un cuero de tigre sobre el piso y girando sobre él dice unas palabras mágicas.

Posee una gran fuerza y ferocidad y por su inteligencia ataca a los hombres sin que ellos se den cuenta siquiera.

Devora todo tipo de animal, por lo general los más grandes y gordos.
Cuando se lo mata recobra su forma humana.

Otra forma de romper el encanto o combatirlo es quemando el cuero que le da el poder.

lunes, 1 de febrero de 2010

EL POMBERO


Algunos dicen que parece un hombre alto, flaco, de abundante vello y que luce un enorme sombrero de paja y, a veces, andrajoso y con una bolsa al hombro.


Otros lo pintan petiso, retacón, gordo, negro, peludo y feo.


En Paraguay se lo describe como un niño rubio que anda por los árboles con un bastón en la mano, o como un enano fornido que camina con los pies para atrás para despistar a los que pretendan seguirlo (fundiendo tal vez su figura con la del Yasí-Yateré).


Tampoco se ponen de acuerdo con su nombre: en el litoral argentino lo llaman Pombero (nombre derivado del verbo "pomperiar" o "espiar"), aunque en algunas zonas de Corrientes se usa el vocablo guaraní Py-ragüe, "pies con plumas". En Paraguay le dicen Karai-pyhare, el "señor de la noche". Y otras versiones, menos generalizadas, lo presentan como Kuarahy-Yara, (léase Cuarahú-Yará), el "Dueño del Sol", un viejo color rojo con un solo ojo en el medio de la frente, dientes de perro, brazos largos y manos muy grandes. Así se lo emparenta con el mito mbyá del sur de Brasil.


Casi todos acuerdan en que tiene la boca grande y alargada y los dientes muy blancos; los ojos chatos, como los del sapo, que miran fijo, como la lechuza; y las cejas de pelo largo. Que pía y silba como un pájaro y camina sin hacer ruido.


Lo cierto es que al Pombero, Señor de los Pájaros y de la Noche, muy pocos lo han visto en persona. Y sin embargo, es el duende más popular y multifacético de la región guaraní.


En sus inicios era el genio protector de los pájaros de la selva, sin embargo a través del tiempo fue adquiriendo las más diversas habilidades: se mimetiza con facilidad transformándose en indio, tronco o camalote; puede hacerse invisible cuando quiere, puede deslizarse por los espacios más estrechos y aun atravesar el ojo de las cerraduras; puede correr en cuatro patas, es ventrílocuo y puede imitar el canto de todas las aves de preferencia las nocturnas, el silbido de los hombres y de las víboras y el grito de los animales. Puede incluso tomar la forma de cualquier animal: algún viajero ha dicho que a la distancia parece un carpincho parado en las patas traseras. Se dice que habita en el monte, en casas abandonadas o taperas y que le gusta pasear en los meses de octubre y noviembre, cuando empieza el calor en la zona guaraní.


Incluso se habla de un pombero llamado el Dueño de Octubre que aparece una vez, el primero de ese mes, armado con un rebenque con el que azota a todo aquel que no coma en su honor hasta atragantarse.


Las versiones modernas, en general lo dan como a un hombre bajo y retacón que puede perjudicar, pero que puede hacerse amigo de los campesinos que le ofrecen tabaco y algún alimento, y en ese caso les hace grandes favores.


Es común a la tradición popular del Paraguay. Debemos agregar que en la sociedad paraguaya y guaraní, el Pombero tiene una significación mayor: él es el responsable del nacimiento de los niños extramatrimoniales, visto desde el lado "occidental".


El relato paraguayo es que el Pombero llega de noche a la casa donde existen mujeres solas, y que si ellas no les dan un cigarrillo y un poco de vino, con sólo tocarles el vientre las embaraza.


domingo, 31 de enero de 2010

EL BARCHILA


Duende que se aparece en la iglesia de la localidad salteña de San Carlos, acecha a las mozas y apedrea casas, desordena roperos, vuelca ollas y tumba muebles, entre otras travesuras.


Los sábados por la noche recorre las pulperías propinándoles palizas a los borrachos.


Abandona eventualmente este hábito cuando se enamora de alguna moza.


En este caso resulta difícil alejarlo: ella deberá abandonar su casa hasta que el Duende la olvide o, de otra manera, realizar, en presencia de su enamorado, algún acto vergonzante.




martes, 26 de enero de 2010

SHISHILO

La hermana de Shishilo
Óleo de José Pallares


Fragmento del libro "Shishilo"


Por Dante Cayetano Fiorentino


Sentado bajo un algarrobo, a la hora de la siesta lloraba el niño, haciendo con el dedo índice un pocito en la tierra. Las lágrimas le dejaban huellas de “cancha” en el rostro mugriento.


-¿Qué te pasa, Shishilo? le pregunté.


Continuó llorando con insistencia de moscardón mientras el dedo daba ahora con una raíz.


-¿Te han pegado?


-Noooo -repuso soltando la lengua.


-¿Y por qué lloras?


-He perdío la plata que me ha dado mi mama pa’que compre azúcar -dijo con una voz oscilante, mezclada de burbujas de saliva que crecían y reventaban entre sus labios. A1 escucharse, recordó el motivo de su desconsuelo y el llanto se tornó más vivo y más agudo. -Y me ha dicho que si volvía a perder la plata me iba a “quebrajiar” los güesos -agregó siempre con tropezones de aire-.


-Bueno, cállate hombre, yo te lo voy a conseguir -le aseguré-.


-¿Ah...? -dijo levantando la cabeza y mirándome con una esperanza que le desbordaba por sus grandes ojos negros y mojados. Un mechón de pelos desteñidos y duros partían de su frente y se detenían en el aire, formando una visera en cepillo. Por eso le decían Shishilo, porque tenía el pelo como herrumbre nuevo, mezcla de negro, rubio y colorado, como las shishis, esas hormigas que en busca de azúcar invaden las gavetas dejadas al descuido.


-Esperame, ya vengo.


Se quedó cabeceando de costado con una respiración aún no normalizada. Un aliento de horno se levantaba de la tierra en lenguas viboreantes que se trepaban por las piernas. El sol partía la cabeza y resquebrajaba en hexágonos encogidos el piso de las represas resecas. En un vinal, colgaba como un enjambre de avispas un nido de cotorras que hería a grito pelado el silencio caliente. Me deslicé en la habitación de mis padres y aprovechando su sueño, llené de azúcar mis bolsillos. Até nuevamente la boca de la bolsa y escudándome en un fuerte ronquido de mi padre, cerré la puerta. Crucé corriendo un pedazo de pampa con las cargas de azúcar que bailaban como alforjas. Shishilo me vio llegar con ojos ávidos y anhelantes. Sacó la servilleta manchada de aureolas de mate y la extendió en el suelo.


Cuando hube vaciado todo el contenido de mis bolsillos, ató los cuatro extremos de la servilleta, metió el bulto dulce entre la piel y la camisa y apretándolo como a un tesoro salió disparando sin decir una palabra. Me quedé con los muslos pegajosos de melcocha mientras lo veía perderse detrás del paso a nivel. En el suelo, un montón de hormigas nerviosas se disputaban unos granitos de azúcar que habían caído, llenando la sombra de olor a shishi.


Pobre Shishilo… sus pies descalzos habían lacrado la tierra como un sello. Epidermis gruesa y áspera; atravesaba los cercos de ramas pisando en los raros tramos sin espinas.


A veces se rompía la rama y un aguijón vegetal de varios centímetros le traspasaba la carne arrancándole un “¡aiaítay!” húmedo de lágrimas; se sentaba, tiraba con fuerza y la espina salía abriendo un boquete duro y seco. Era necesario apretar para que manara la sangre, que corría luego lavando el hueco. Escupía en el suelo para hacer un barrito medicinal y se lo aplicaba en la herida. Renguearía unos días y la hincadura se cerraría dejando un lunar negro y doloroso.


Al día siguiente, Shishilo fue a mi casa. Un gran pedazo de tortilla, irregular como un mapa, le desfiguraba el bolsillo.


-Tomá -me dijo tendiéndomelo- le he sacado a mi mama del canasto.


-Y vos, ¿ya has comido? -pregunté.


-No… yo no quiero -expresó tragando saliva:


Yo comía en silencio, pendiente siempre de su mirada que corría de un objeto a otro, como una mosca, inquieta, famélica, esforzándose por no posarse en la tortilla cuyo olor hacía estragos en su estómago, produciéndole sensación de angustia. Al fin me miró y sonrió. Sin decir nada le tendí un pedazo. Meneó la cabeza. Insistí con el gesto.


-¡No quiero! -contestó mirando ya francamente mi mano. Le exigí con la energía de un jugador de truco que vuelca una carta sobre la mesa:

-¡Coma, mi amigo!


Se puso serio y aferrándose a la negativa me apartó la mano con firmeza.


-Pero ¿Por qué? -indagué ya molesto.


Clavó los ojos en el horizonte, su expresión se tornó adulta y con voz grave expresó:


- ¡Primera vez... que le robo a mi mama!



Publicado por el diario El Liberal el 15/04/07

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2008/09/dante-cayetano-florentino.html

sábado, 23 de enero de 2010

LA SALAMANCA


Salamanca (Salla=peña. Mancca = bajo, infierno): vocablo quechua que significa aquelarre, reunión de brujas, almas condenadas y seres demoníacos que se unen para divertirse, bailar, beber, planear diversas maldades contra los seres humanos, renegando de todo precepto moral o religioso.


Por otro lado, la leyenda tiene su origen en Salamanca, España como vimos en: http://compartiendoculturas.blogspot.com/2009/03/la-leyenda-de-la-cueva-de-la-salamanca.html


Fue traída pues a estas tierras por los conquistadores, integrándose rápidamente al acervo cultural del noroeste argentino.


Sin embargo, vemos que sus orígenes son antiguos mitos universales: la cueva, el laberinto y el centro de la tierra.


En ella se presenta la eterna lucha del héroe por lograr su finalidad, aún cuando puede perecer en el camino.

Llegar al centro del laberinto tiene su premio: la sabiduría y el poder eterno. Pero el camino no es fácil, está plagado de acechanzas.


Y ese centro mítico tiene dos versiones: puede ser la Salamanca, donde lo esperará el diablo, o puede ser el paraíso, morada celeste de Dios.


El Zupay o diablo es el rey de la Salamanca y el que preside las reuniones y sella los pactos de los hombres que acuden a él, en busca de la clave de la vida, la ciencia de la carne y los secretos del mal.


La música que de allí proviene sirve de guía para llegar hasta la entrada, pero no todos pueden ingresar.


Algunos afirman que la Salamanca más importante es la de Sanagasta, Camino del Huaco Provincia de la Rioja, sin embargo existen innumerables locaciones, todas ellas en el hueco de algún monte o en cavernas apartadas donde los accidentes del terreno las hace inaccesible.

También se la encuentra en desiertos, llanuras y aún hasta en las ciudades.


Otra versión de la Salamanca.


Supay y sus adeptos viven en la Salamanca.

Esta es una cueva que está en la espesura del monte.

Tiene una entrada secreta, semioculta entre las breñas, guardada por feroces animales.


Se dice que a la cueva de la Salamanca van quienes quieren hacer un pacto con el diablo.

Pero el Supay sólo acepta a los más fuertes y corajudos. Es por eso que les imparte a los iniciados una serie de pruebas. En ellas probarán su apostasía, su coraje (no deberán sentir miedo mientras dura la iniciación) y su habilidad y destreza física.


Si el aprendiz de brujo logra superar estas pruebas, recién podrá conocer todos los secretos de la magia negra y por ende tendrá poder y riqueza.


En la Salamanca se vive en eterno jolgorio. Las brujas y los brujos se regodean allí en lujurioso frenesí.


Allí se canta, se baila, se encuentra toda clase de placer.

Y según se canta en Huancar, Provincia de Jujuy:


Voy a firmar un contrato
el martes de carnaval

con el diablo principal,
que me espera en el Huancar


viernes, 15 de enero de 2010

EL COQUENA


EL COQUENA

Leyenda salteña



En las inmensas soledades de la puna, los ganados están protegidos.


Un enanito misterioso, un duendecillo, que todo lo ve, es quien defiende sus vidas de las crueldades humanas.


Nadie a visto a Coquena. Es fama que tiene cara de cholo y viste casaca y pantalón de vicuña.

Lleva también diminutas ojotas y ancho sombrero de suave pelo.


Desde las alturas contempla sus bestias sin ser visto. Sólo se ha escuchado su silbido, que es mágico llamado. Pero es tal la seguridad de su presencia que todos le temen. Por eso no matan vicuñas ni llamas para utilizar su pelo.


Prefieren cortar suavemente el vellón. Tampoco maltratan a las arrias cuando cargadas de sal, bajan de los cerros. Se cuentan historias, en que el justiciero, Coquena ha quitado las llamas a quien no sabía valorar ese don; y como ha premiado a los buenos pastores que, en tormentas de nieve, cuando el viento blanco amenazaba cubrirlo todo, salvan con peligro de su vida su hatode cabras en plena borrasca.


Y, está su persona tan ligada a los hechos que ocurren por estas regiones, que, en Salta, cuando aparece un forastero, para adquirir provisiones y, tocándose con el codo, murmuran:

"Es coquena".


Salta mi tierra.

lunes, 11 de enero de 2010

EL UCUMAR



Dibujo: Catu (Carmen Ocaranza Zavalía)



Es un ser con apariencia de hombre petiso y panzón.

Tiene el cuerpo todo cubierto de pelos con manos y pies muy grandes.

Se dice que posee una fuerza extraordinaria y que sus gruñidos ensordecen.

También se dice que es un oso y, a veces un hombre-oso, con los pies al revés. Sus correrías, siempre galantes, se desarrollan por todo el Noroeste y Noreste de Argentina.

Rapta mujeres para tener hijos.

El Ucumar también puede ser hembra, caso en el que obliga a los mozos a fecundarla.

Si los perros lo atacan, se defiende a garrotazos.

Se lo ha visto en la zona de pedemonte, por lo que se piensa que vive en cuevas de las montañas.

En Salta, se intentó ubicar a los ucumari conocidos como los únicos osos de Sudamérica, que habitaron, según se cree, hace miles de años.

Tenían un collar blanco y todas las características de los úrsidos europeos.

También se cree que es el oso de anteojos, difundido en parte de América del Sur, pudo haber sido el inspirador de este particular ser mitológico.



El Dr. Manuel Lizondo Borda, en su Estudio de las, Voces Tucumanas, (Derivadas del Quichua), explica así este vocablo: "Llamábase así a un hombre casi bestial, feo, peludo, que vivía en los montes tucumanos, hace varios anos, y que ocupó mucho la atención pública hasta que fue preso por las autoridades: Se le atribuían raptos de muchachas. (Con este nombre se asustaba a los chicos, para quienes significaba algo así como, el monstruo)".


Marcelo Mirabal, de Jujuy, cuenta esta versión: en la zona de las Yungas es muy conocido el Ucumar, al que también se le llama “UKUMAN” enuncia que proviene de la voz quichua y quiere decir “cuerpo, parte material de un ser animado”.


Esta aparente disidencia con el Dr. Borda puede ser debido a los diferentes préstamos lingüísticos existentes en cada región.


Eso es lo que era: sólo un cuerpo. Un cuerpo horrible sin alma aparente. Las cosas tan feas tienen prohibido rondar por el abanico de los sentimientos. Y era mujer, cubierta de pelos negros, largos, sucios, duros, pero elásticos.


De las líneas de su rostro sólo se destacaban dos ojos pequeños, intensos, oscuros y hundidos. Los pelos que le nacían en la frente caían sobre la nariz y la boca, separados apenas por bufidos y manotazos a uno y otro lado.


La boca era un tajo enorme y baboso, y los dientes salidos, aislados unos de otros, cada cual con su propio ángulo.


Si tenía senos o no era cuestión de polémica entre los habitantes de la aldea, mitad selva mitad andes.


Cuando nació, su padre quiso ahogarla. La madre, la protegió entre sus brazos y no la abandonó nunca. Tuvo más amor por el pequeño monstruo que por sus cinco hermosos hijos anteriores.


Por su celo y por su pena fue quedando sola y enfermó. Mientras agonizaba, con más fuerza que nunca abrazó y miró a ese cuerpo extraño que ella había parido.

Arrancaron de su cuerpo, rígido ya el engendro que bramaba y aullaba.


Quiso la suerte que fuera arrojada a un rincón de la enorme choza, hasta tanto se cumplieran los ritos funerarios con la madre.


Cuando regresaron los hermanos y el padre sin saber que hacer, entre los murmullos de la otra gente, la encontraron acurrucada y lanzado sonidos extraños, como si llorara.


No fue por misericordia que salvo la vida, había miedo en la choza.


Como no se le veían órganos genitales, pero sus piernas se manchaban de rojo cada luna, fue la “ucumara”.


Se hizo enorme, hosca y gruñona y al parecer, temerosa.


Uno de los hombres de la aldea, de su mismo tiempo, entre crepúsculos y soledades se acercaba furtivo a la aldea-choza con creciente asiduidad. No temía ni lo inmutaban los gruñidos y saltos ostentosos con que la “ucumara” retribuía sus visitas, que eran breves, pero tensas. Un día le arrojó frutas y otro día un trozo de carne humana. La tribu devoraba a los prisioneros de guerra y el dueño del enemigo muerto era el dueño del banquete.


La “ucumara” comió y no dejó restos. Estaba entendido entonces que apreciaba el obsequio y por consiguiente el hombre lo repitió tantas veces como pudo, recibiendo en pagos gruñidos más suspirados, saltos menos agresivos.


Un día la aldea en pleno se encaminó al río distante, para cumplir la ceremonia anual de adoración a la creciente tumultuosa y atronadora que traía el deshielo de las cumbres blancas.


El hombre regresó, eligiendo rincones para no ser visto y luego de una lucha feroz, violó a la “ucumara”.

A partir de entonces su hosquedad fue total y su furia aumentó. Odió a los hombres y al mundo circundante. Las piedras de su choza desaparecieron, arrojadas con increíble fuerza contra todo ser viviente que se aproximara.

Cuando no tuvo más piedras, huyó.


Regresó una tarde tormentosa y raptó a su violador sin que nadie se atreviera a detenerla, menos aún la víctima, vencida su resistencia a golpes y arrastrado de una pierna por los peñascos y huaycos hasta la pétrea guarida donde, imaginamos, llegó mas muerto que vivo.


Allí tuvo que elegir entre la vida y las nupcias: escogió el amor, y por un tiempo su ritmo fue el ritmo de la “ucumara” que, ya grávida y desconcertada, con el abdomen hinchado y palpitante, pensaba más en sí, que en su complaciente prisionero.


Un día creyó encontrar oportunidad, cuando el monstruo gemía con los dolores del parto.

Huyó de la caverna, rápido y temeroso, pero la “ucumara” entre rugidos y dolor, lo alcanzó. Le arrancó la cabeza y arrastró el cuerpo de su amor hasta la caverna.

Entre llantos y convulsiones se lo comió.


Poco después nació otra UCUMARA, toda cubierta de pelos, negros, duros, pero elásticos, de la cabeza a los pies. Amamantó a su hija, le enseñó a comer carne roja y cuando el retoño ya cazaba con sus manos, con un rugido del alma, murió de muerte sencilla y se fue al cielo de los monstruos, en la paz de la montaña.


La leyenda se bifurca a partir del nacimiento del UCUMAR.


Una vertiente afirma que el llanto del monstruo, por la muerte de su madre, era tan fuerte y desgarrados que llegó a los oídos de Wiracocha –espuma de mar- dios blanco de largas barbas rubias que gobernaba el Cuzco y para calmar su pena, le prometió la inmortalidad.


Otro venero mitológico sostiene que Wiracocha se presentó al ucumar y para castigarlo por sus crímenes y lascivia, le dio la vida eterna vagando por los cerros y selvas.


Así también lapidan a los violadores sobre quienes pendía la permanente amenaza de ser devorados por el ucumar.


La leyenda, de origen peruano, está muy difundida en Salta y Jujuy.


En Jujuy se ubica al monstruo en los departamentos de San Pedro y Ledesma rondando los ingenios azucareros.


La imaginación popular lo hacía prisionero o accionista de uno de ellos.


Nota
Ucumar: voz quichua, quechua y aymara que significa, Oso

domingo, 10 de enero de 2010

LA CACHARPAYA, DANZA






La cacharpaya es una danza colectiva, de recorrido, de formación en hilera tomada de la mano. En algunos lugares es danza de pareja mixta, tomada del brazo, manteniendo siempre figuras de caracol, círculos y formas serpenteadas.


Pertenece a la familia del género huayno. De tal manera, que es muy probable que su origen sea precolombino. Se baila preferentemente en valles, precordillera y altiplano de la I y II región (Tarapacá y Antofagasta).

La cacharpaya goza de plena vigencia social.



Su texto tiene forma variable aunque predomina la cuarteta octosilábica con estribillos intercalados:

Carnaval ya se está yendo
Ay triste mi corazón
Que trabajo estoy pasando
Corazón alegre




Posee un metro rítmico binario de 2/4, con intercalación de compases de 3/4. Instrumentos que tradicionalmente han intervenido en su ejecución son: siku, zampoña o laka; tarkas, lichiguayos, quenas, mandola y bombo. También en algunas ocasiones se acompaña de bronces como trompetas, trombones, bombardinos, además de bombo, caja y acordeón.


En algunos casos se interpretan solos de quenas sin propósitos coreográficos. Los bailarines cantan al bailar en estilo responsorial.

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/02/la-anata-carnaval-andino.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2008/06/la-cacharpaya.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2009/03/la-cacharpaya.html

EL CAKUY O KAKUY

Dibujo de: Catu (Carmen Ocaranza Zavalía)


Es un ave de rapiña, nocturna, denominada Kakuy por los quichuas, Urutaú por los guaraníes, la Vieja y Mae da luna por los brasileños.


En Santiago del Estero cuenta que dos hermanos vivían en el monte.


La hermana era mala y el hermano era bueno.


El le traía frutos silvestres y regalos, pero ella le correspondía con desaires y maldades.

Un día él regresó de la selva cansado y hambriento, y pidió a su hermana que le alcanzara un poco de hidromiel.


La mala hermana trajo el fresco líquido, pero antes de dárselo lo derramó en su presencia. Lo mismo hizo al siguiente día con la comida.


El hermano decidió castigar su maldad. La invitó una tarde a recoger miel de un árbol que estaba en la selva.


Fueron allí y el hermano logró que ella trepara a lo más alto de la copa de un quebracho enorme (para algunos, mistol, para otros, algarrobo).


El, que subió por detrás, descendió desgajando el árbol de modo tal que su hermana no pudiera bajar. El hombre se alejó.


Allí quedó la mujer, en lo alto, llena de miedo. Cuando llegó la noche, su miedo se convirtió en terror.


A medida que pasaban las horas, comenzó a ver, horrorizada, que sus pies se transformaban en garras, sus manos en alas y su cuerpo todo se cubría de plumas.


Desde entonces, un pájaro de vuelo aplumado, que sólo sale de noche, estraga el silencio con su grito desgarrador -¡"Turay", "Turay"!- : ¡"Hermano", "Hermano"!


El nombre kakuy ha sufrido varias evoluciones, así cacuy, kacuy, etc., nosotros hemos adoptado la utilizada por Bernardo Canal Feijóo en su trabajo Mitos perdidos (1938).


Otra leyenda (Lehmann-Nitsche) nos habla de que el dios Sol, personificado en un gallardo mancebo, enamora a Urutaú, hermosa doncella. Luego de seducirla se va. Convertido en el astro viajero se instala en el firmamento.


Desesperada en su dolor y en su abandono, Urutaú sube a un árbol muy alto, y allí se queda para mirarlo siempre.


Cuando el sol desaparece por el horizonte, Urutaú llora con desesperación su ausencia, y lanza gritos desgarradores. Recupera su calma cuando su amado surge nuevamente por el oriente.


viernes, 8 de enero de 2010

EL ALMAMULA


La leyenda de Alma-mula también llamada mulánima.


Se trata de una mula de color negro -aunque algunos afirman haberla visto de color castaño- y de largas orejas, que echa fuego por sus fauces y que encandila con sus ojos centellantes.


Es mala como el Supay, pero no es más que un alma en pena.


Es el alma de las mujeres que cayeron en pecado por haber mantenido relaciones incestuosas con su padre o con sus hermanos, o con un cura, por lo que está condenada a vagar por las noches convertida en animal.


Sufre el estigma propio de los condenados: arrastrar gruesas cadenas que cuelgan de su cuello y rozan el suelo, produciendo un chillido que anuncia su presencia.


También suele rebuznar como lo haría el animal pero su sonido se mezcla con el lamento y el llanto de la mujer, y se transforma en un grito que paraliza de miedo a quien lo escucha, y que hace que nadie se acerque hasta ella.


Para comprobar que fue el Alma-mula la que estuvo allí, se pueden ver al otro día animales muertos sin su corazón, que sirven de alimento a esta alma en pena.


Dicen que vive en Santiago del Estero, o por lo menos allí la han visto quienes cuentan sus historias.


También dicen algunos que el Alma-mula todavía guarda la esperanza de la redención, por lo que vaga por los campos en busca de un alma caritativa que no se espante de su aspecto ni de su pasado, la enfrente cara a cara, la mire a los ojos y le haga un corte en una de sus orejas con su facón. De esta forma, cuando la sangre de la mujer toque el suelo, se redimirá de sus pecados y podrá dejar de ser el animal en pena que fue.


Si alguna vez se topa con el Alma-mula y no tiene el coraje de mirarla a los ojos y redimir su alma, por lo menos evite escucharla. Tápese los oídos y aléjese pronto del lugar. Para repelerla o defenderse se debe repetir tres veces "Jesús, María y José".


Cuentan que muchos que oyeron su lamento, no pudieron olvidarse del mismo durante años. Otros hasta se volvieron locos.


miércoles, 6 de enero de 2010

EL DUENDE CHULLACHAQUI



El Chullachaqui, duende de cuerpo deforme, busca a sus víctimas para llevarlas con él.


Nunca camines solo por la selva, es la advertencia más conocida en estos parajes solitarios. Se tejen muchos mitos sobre almas, espantos y demás entes, pero no fue sino hasta hace décadas atrás, que se empezó a popularizar la existencia de este pequeño duende.

En la solitaria selva se esconde un duende maligno, que recorre toda la espesura con asombrosa velocidad, vigilando a la que se convertirá en su próxima víctima. Esta leyenda, tiene mucha vigencia actualmente, porque varios jóvenes de las localidades cercanas han desaparecido, se dice a consecuencia del espectral duende.

El Chullachaqui fue antes un hombre, que convertido en duende, fue castigado por las fuerzas de la naturaleza al haber vivido para servir al demonio.


El castigo, fue la deformidad de su cuerpo, ya que sus miembros inferiores, tienen la peculiaridad de ser opuestos. Algunos dicen que tiene un pie normal y el otro completamente doblado y purulento.


Algunos otros dicen que sus piernas son como las de las cabras.



Su nombre proviene de la palabra nativa “Chulla = solo”, y, “Chaqui = pie”, que como frase significa “Un solo pié”.


La leyenda cuenta que el Chullachaqui espera atento a su victima, para llevársela y perderse en la vegetación.


Aquellas presas de este espantoso duende, nunca regresarán ni encontrarán el camino a casa jamás.


martes, 29 de diciembre de 2009

COQUENA




Ser legendario diaguita-calchaquí, su reinado se extiende en toda la Puna de la provincia de Jujuy, es el protector de las vicuñas, cuidador celoso de las manadas salvajes, castiga severamente a los cazadores que depredan con armas de fuego a este preciado animal, de igual manera premia a los buenos pastores que cuidan con esmero su rebaño, les deja piezas de oro y plata, que según se dice pertenece al gigantesco tesoro oculto de los incas, del cual también es cuidador.

Algunos autores describen el premio como monedas de oro, elemento no conocido por los amerindios, posiblemente esta acepción se deba a la influencia de la colonización, lo real es que ve con gusto las buenas actitudes hacia sus animales, lo que recompensa con gratitud, permite la caza por necesidad siempre a la vieja usanza, con boleadoras previo rodeo y encierro con trapos e hilos, es invocado para tener éxito en la casería, se le pide protección y ventura mediante el ofrecimiento sincero de coca y alguna otra ofrenda voluntaria, comúnmente comida, que se deja en medio de las piedras en un lugar elevado que domine la zona de pastoreo.

Se lo describe de diferentes formas, según E. Bossi es un hombrecito blanco retacón con barba, lleva sombrerito orejón, usa ropa tejida con lana, pantaloncito barracan, camisa sin cuello de lienzo, collar de víbora y ojotas con clavos de plata, descripción también influenciada por las transculturizacion colonial, los lugareños de la puna coinciden en un personaje de baja estatura, con los rasgos del hombre del altiplano (colla), de amplia sonrisa, y aspecto amigable, viste poncho corto, de vivos colores con los típicos tocapus andinos (iconos aun no descifrados), lleva casaca liviana, pantaloncillos arriba de tobillos, chujllo (gorro andino), ojotas y masca permanentemente coca.

Se lo ve en raras ocasiones, no le gusta aparecerse a los hombres, en caso de suceder este encuentro dura apenas segundos.

Cuando se ve a lo lejos el ganado de vicuñas trasladándose solo, y se escucha un silbido extraño, se dice que va Coquena, llevando los animales a mejor pastura.

Al igual que otras deidades adquiere un sentido ecológico en la zona de su reinado, no es otra cosa que el sentido armónico que tienen aún hoy en la actualidad los pueblos andinos, que consideran la existencia como un orden dinámico y reciproco.

Es el hijo de la Madre Tierra, Pachamama, llamado también el Mago Coquena, guardián de las majadas, tropero de las nubes, tejedor de brumas y nieves, sembrador de tormentas, duende de abras y bosques, tata de los cerros, músico de arroyos y ríos.

El Coquena es considerado como la divinidad protectora de las vicuñas, guanacos y que se hace extensiva a toda la fauna silvestre, actualmente se encuentra vigente en los ámbitos de Puna y Quebrada.

Coquena es el Dios de las Vicuñas y demás ganados de las altas cumbres andinas, él vive junto a ellos, atento de que nuestras hermanas camélidas no tengan daños ni perjuicios, cuentan que su nombre de debe al encanto que tiene por la coca.

Nadie puede verlo y darse cuenta al mismo tiempo, sabe a la perfección cuando debe aparecer y a quien, siempre con la intención sagrada de cuidar el rebaño, muy especialmente cuando la hacienda esta teniendo cría, en aquellas alturas y algún cazador furtivo quiere hacer daño.

Habita en la zona de la puna (Salta y Jujuy) y se aparece a los pastores y a los cazadores de vicuñas que cazan con armas de fuego.


Cambia su poncho todos los años para el carnaval y lo entierra, al viejo, en donde tiene su tesoro escondido.

Es el patrón de los animales del campo y de los cerros.

Sólo permite que cacen por necesidad y a la vieja usanza (rodeando las tropas con hilos y trapos colorados y boleándolas).

Prefieren cortar suavemente el vellón.

Para pedirle permiso a Coquena, hay que dejarle ofrendas.

Coquena le aparece al cazador en forma de una vicuña, de una llama, una alpaca o un guanaco, el cazador le disparara y jamás le acertara, porque Coquena tiene poderes sobrenaturales, es capaz de hacerle dormir, despeñar, y hasta encontrar la miseria y la muerte.

Nunca debes pelear con él, cuentan las abuelas que en las alturas lo han visto muchas veces como una vicuña harapienta, en medio de las quebradas y muy particularmente en las abras y ronques, -accidente geográficos muy pronunciados-, otras veces aparece como una vicuña, la más bella entre las bellas, cual fuera una estrella que descendió desde las alturas a compartir un sublime momento, con los ojos color de la noche de las vicuñas, y jugar con los suaves pelos tonalidad igual que la miel de sus hermanas, entonces el cazador le hará un disparo y Coquena con toda destreza semejara que fue alcanzado por el proyectil, simulara caer para el otro lado, hecho que hará correr al cazador en busca de su más preciada presa, pero grande será la sorpresa cuando Llegue a la Cima, no encontrara nada ni señas de la existencia del más hermoso ejemplar a quien él disparó, ese es el mensaje, que Coquena le comunico, no debes matar por avaricia, debes matar tan solo por necesidad.

Cuando el hombre de las altas cumbres andinas tiene su familia y ésta tiene mucho hambre, Coquena le aparecerá en un sueño y le avisara donde están las manadas sin crías y allí podrá cazar y llevar el alimento para la familia, también cuando el hombre es justo con los animales, Coquena le da un premio, le regalara oro, riqueza de plata tríadas del Potosi, para que la miseria se vaya de su casa, eso si no debes fallarle, no debes contar el secreto, porque de lo contrario todo lo que te dio, te quitara, le debes agradecer con hojas de coca, su mayor gusto.

El Dios esta caminando por los senderos más ásperos, por las más pendientes mas duras, a él no le pasa nada, él es protector y buen pastor.

Coquena no tiene reino, ni castillos, ni templos ni mansiones, él vive en todo la imponencia de los Andes, su morada es la tierra misma, su territorio se pierde de vista, sus extensiones son tan amplias que nadie puede recorrerlas como él.


Tampoco maltratan a las arrias cuando cargadas de sal, bajan de los cerros.

Se cuentan historias, en que justiciero, Coquena ha quitado las llamas a quien no sabía valorar ese don; y como ha premiado a los buenos pastores que, en tormentas de nieve, cuando el viento blanco amenazaba cubrirlo todo, salvan con peligro de su vida su hato de cabras en plena borrasca.

sábado, 12 de diciembre de 2009

VILLANCICOS


Durante la Edad Media comenzaron a incorporarse los villancicos en los festejos navideños.

Durante esta época, los banquetes eran el punto central de las celebraciones.

En 1552 los puritanos británicos prohibieron la Navidad.

Y aunque el festejo navideño volvió a Inglaterra en 1660 con Carlos II, los rituales desaparecieron hasta la época victoriana.

Los villancicos fueron recuperados y se compusieron muchos nuevos.


La costumbre de cantar villancicos, aunque de antiguos orígenes, procede fundamentalmente del siglo XIX. Al Norte de Argentina encontramos.


EL HUACHITORITO.



Corresponde a unos de los numerosos villancicos danzados que tienen lugar en las compañías de los Pastores de Navidad, que recorren el pueblo visitando y saludando los "Nacimientos", frente a los cuales realizan sus "mudanzas" al son de quenas, o guitarras, violines o acordeones, acompañado por bombo y caja.

HUACHITORITO. Este baile se realiza en el interior de las casas durante la Navidad, cuando los vecinos, al son de villancicos, pasacalles, etc., visitan los "nacimientos" hogareños (pesebres).

En el Huachitorito intervienen varias parejas. La coreografía del baile puede ser en filas de a dos, o bien formando un círculo que rodea a las parejas que se van alternando en el centro.

El hombre hace las veces de toro y la mujer Io torea con un pañuelo rojo que desata de su cintura.

Todas las figuras son dirigidas por un caporal o caporala, por medio del toque de una campanilla.

La presente versión musical fue recopilada por Calatambo Albarracín en el interior de Iquique.

El Huachitorito (Danza Navideña)

(Al) chalai miyuca ito

tan sumai y tan bonito

que siendo tan poderoso

se muestra tan pobrecito

Ay, si, ay no

al niño lo quiero yo

Ay, si, ay no

al niño lo quiero yo

Señora doña Maria

aqui le traigo estas peras

aunque no estan muy maduras

pero cocidas son buenas.

Ay, si, ay no

al niño lo quiero yo

Ay, si, ay no

al niño lo quiero yo

En el portal de Belén

había muchos ratones

y mi padre San José

le comieron los calzones.

Ay, si, ay no

al niño lo quiero yo

Ay, si, ay no

al niño lo quiero yo

Huachi, huachi

huachi torito

huachi torito niño Dios.

A la huachi huachi torito

niñito del portalito

A la huachi huachi torito

niñito del portalito

lunes, 7 de diciembre de 2009

EL FAMILIAR

El Familiar tiene rasgos propios que le dan plena ciudadanía en nuestra cultura, en la que su imagen más difundida es un perro negro (el color de la muerte y del pecado), de refulgente mirada (hay quien dice que echa fuego por la boca y los ojos) y largas uñas, capaces de desgarrar a la víctima en un santiamén. Aunque con menor frecuencia, toma asimismo la forma de otros animales, como cerdo, viborón, tigre, puma, oveja, burro, caballo y hasta de una mujer.


Su aspecto es siempre terrible, pero no se distancia mucho de la naturaleza, si exceptuamos el caso de una serpiente de dos cabezas que merodeaba el campo santiagueño.


Cualquiera sea la forma que asuma, el Familiar se alimenta con carne humana.


El patrón de estancia o dueño de ingenio (al parecer los únicos que prohijan a este animal) tendrá que suministrarle un peón al año, que es su ración mínima, aunque hay pactos que establecen una dieta más nutrida.


La leyenda está muy difundida en las provincias de Tucumán, Salta y Noroeste de Catamarca, con irradiaciones hacia Jujuy y Santiago del Estero.


Pero por el lugar que ocupa en la vida cotidiana de los campesinos, más que una leyenda parece una realidad.


Dichos perros se multiplicaron demasiado hacia fines del siglo XIX, con el auge de la industria azucarera. Los dueños de ingenios se enriquecieron de la noche a la mañana y la mentalidad popular encontró pronto la explicación.


Había ojos de fuego que se paseaban por la noche del cañaveral.


Espantosos ruidos de cadenas.


Feroces y fugitivas formas que dejaban al pasar un fuerte olor a azufre.


Y peones golondrinas que desaparecían de pronto, sin despedirse. Corría entonces el rumor de que en los sótanos o en la chimenea del ingenio había un perro negro.


A veces el patrón lo soltaba para que eligiera la víctima a su gusto, en correrías que enloquecían a los demás perros y que sólo el canto del gallo podía interrumpir.


En otros casos, el peón, llevado con engaños por el patrón, le era entregado.

Si el patrón no cumplía con el pacto, él mismo iba a parar a las fauces del diabólico animal.


Fue tal la difusión de esta leyenda, que el ingenio que no tuviera un Familiar podía considerarse de poca importancia.


Nada le hacen las balas ni el filo de los machetes, al Familiar.


Sólo retrocede ante la cruz del puñal. Es decir, cede al poder del signo y no del arma.



Hay quien dice que se opone al progreso, citando como ejemplo al ya famoso Familiar del ingenio Santa Ana, de Tucumán, que echó en las vías del ferrocarril que unía a este ingenio con Río Chico y la red nacional, el mismo día de su inauguración, impidiendo el paso del primer convoy.


Bibliografía.

Adolfo Colombres:

Seres sobrenaturales de la cultura popular argentina.

Edic. Del Sol, Bs. As., 1999.



viernes, 4 de diciembre de 2009

EL CARDÓN


Cuenta la leyenda que los cardones que hay en los valles, en especial en el camino a Amaicha del Valle, son indios, que convertidos en plantas, aún vigilan los valles y los cerros.


Ellos velan por la felicidad de sus habitantes que, de esta manera, nunca más serán perturbados por extraños en conquista de tierras.


Pero más trágico es saber cómo se convirtieron en plantas.


Se cuenta que en épocas de la conquista, el Inca, al ver que los españoles estaban dominando y martirizando a su pueblo, envió emisarios a los 4 puntos del imperio para organizar las tropas y así dar un golpe mortal al invasor.



Para ello, los guerreros se apostaron en puntos claves por donde pasarían los conquistadores, esperando la orden de atacarlos por sorpresa, pero esta orden nunca llegó pues los chasquis enviados fueron capturados en el camino y el Inca fue capturado, torturado y muerto.

Los valientes indios esperaron y esperaron y vieron, desorbitados, pasar las tropas europeas sin recibir la orden de atacar....

Pasó el tiempo y, desolados, quedaron en sus puestos....

La Pachamama, piadosa, los fue adormeciendo y haciéndolos parte de ella.... así comenzaron a unirse sus pies a la greda y la Madre Tierra los cubrió de espinas para evitar que los dañaran en su sueño...





Se dice que aún hoy estos estoicos vigías esperan la orden que nunca llegará...

lunes, 23 de noviembre de 2009

HUIÑAJ

Hacia el norte de la provincia de Santa Fe hay una región en la cual en una época del año escasean las lluvias, produciéndose grandes sequías, principalmente en la Provincia de Santiago del Estero.

Hace mucho tiempo en ese lugar se levantaba una toldería de indios, cuyo cacique tenía una hija muy dulce y tierna. Sisa se llamaba y parecía ser como todas las jóvenes del lugar, pero tenía una particularidad: demostraba una marcada predilección por el color amarillo. Siempre se la veía vestida con túnicas de ese color, se adornaba con plumas de ñandú teñidas, flores de retama y collares de cuentas amarillas.


Por lo general le gustaba quedarse en su choza tejiendo e hilando y salía sólo de tarde en tarde. Entonces recorría toda la región que pertenecía a su padre.


Aprovechaba este paseo para observar las plantas, por las que tenía gran admiración. Decía que también sentían cuando se las tocaba y escuchaban cuando se les hablaba; por eso a menudo la veían conversar con ellas mientras les removía la tierra endurecida o podaba sus ramas enfermas y secas. Otras veces preparaba mezclas de yuyos y rociaba sus ramas. Aunque a la gente le costaba creer en los efectos de ese tipo de cuidado, comprobaban con sorpresa que las plantas crecían con mayor fuerza.


Sin embargo habían observado algo más importante en Sisa: cada vez que salía de paseo, al día siguiente caía una copiosa lluvia y todos estuvieron convencidos, que gracias a un poder sobrenatural Sisa provocaba la lluvia y todos sintieron un profundo respeto por la hija del cacique.


No era raro entonces, que en épocas en que escaseaba el agua, todos solicitaron su ayuda, pidiéndole que realizara uno de sus benéficos paseos. Nadie dudaba que al otro día el cielo les enviara la lluvia tan esperada.


Así pasaba el tiempo. La vida transcurría tranquila en la tribu hasta que corrió la voz que Sisa había enfermado. Un mal desconocido la aquejaba y se sentía tan débil que permanecía constantemente postrada en su lecho. Las curanderas más famosas de la tribu fueron consultadas, no hubo remedio que no se le diera, pero el mal no quería ceder. La gente toda ofrecía sacrificios a los dioses, pero nada lograba devolver la salud a Sisa quien empeoraba día a día.


Mientras tanto una gran sequía comenzó a inquietar a todos; las nubes cargadas de agua no se acordaban de aquella región y seguían su camino hacia otros lugares.


El tiempo pasaba; la tierra reseca empezó a levantarse en turbias polvaredas por el viento y el aire se hizo cada vez más irrespirable. Los árboles y las plantas se marchitaban; los animales buscaban ansiosos una gota de agua donde saciar su sed, pero el río se iba secando poco a poco.


La tribu entera pensaba en Sisa, pero, la joven nada podía hacer; sus fuerzas eran cada vez más débiles y su vida se fue apagando sin remedio.


Un día el viento comenzó a soplar con mayor intensidad y el aire caliente se hizo sofocante. Entonces la vida de Sisa se extinguió para siempre.


La desesperación se apoderó de la tribu y como última esperanza invocaron a PachaMama, pidiendo que les devolviera su alma. Todo fue inútil y se sintieron abandonados por los dioses, creyendo que la tranquilidad y la felicidad ya no reinarían más en aquel lugar. Miraron a su alrededor como buscando algo que los aliviara de esa triste situación; la sequía había hecho grandes estragos y los campos se veían tristes y desolados.


Entonces les llamó la atención la aparición de un árbol cubierto de delicadas campanillas amarillas, fresco y lozano como si la sequía no se hubiera percatado de su existencia.




Todos intuyeron que esa planta era regalo de Sisa y una tenue esperanza alivió sus corazones. Al día siguiente cuando el cielo se cubrió de negros nubarrones y se desencadenó la lluvia, nadie dudó que la joven no se olvidara de su gente.


Desde entonces y hasta ahora Sisa está permanentemente presente entre ellos en esa extraña planta; cada vez que va a llover se asoma por las ramas en forma de flores amarillas, sin tener en cuenta la estación que en ese momento reina en la tierra.

La gente llamó a esa planta huiñaj, y aún sigue floreciendo para anunciar la lluvia.


Cuando visites Santiago del Estero, la podrás ver en la plaza principal Libertad, casi en la esquina Avellaneda e Independencia.


Sisa: Flor.