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martes, 25 de agosto de 2009

FAMILIA DELGADO

El Kakuy
Escultor: Rafael Delgado Castro


La escultura santiagueña está fuertemente representada por la familia Delgado que en el trascurso de tres generaciones supieron reflejar con su cincel, el testimonio de cada época.


Ningún rasgo de la cosmovisión de este pueblo quedó sin ser plasmado en sus obras, sus leyendas, las figuras representativas, el hombre común, niños, ancianos y jóvenes.


También supieron insertar e integrar las líneas clásicas de la cultura europeas.


He aquí nuestro sencillo tributo a esta gran familia.



miércoles, 19 de agosto de 2009

MÁXIMAS DE DON JOSÉ DE SAN MARTÍN


MÁXIMAS PARA MI HIJA MERCEDITAS.


.-Humanizar el carácter y hacerlo sensible aun con los insectos que no perjudican. Stern ha dicho a una mosca abriéndole la ventana para que saliese: "Anda, pobre animal, el mundo es demasiado grande para nosotros dos".


.-Inspirarle amor a la verdad y odio a la mentira.


.-Inspirarla a una gran confianza y amistad pero uniendo el respeto.


.-Estimular en Mercedes la caridad con los pobres.


.-Respeto sobre la propiedad ajena.


.-Acostumbrarla a guardar un secreto.


.-Inspirarle sentimientos de indulgencia hacia todas las religiones.


.-Dulzura con los criados, pobres y viejos.


.-Que hable poco y lo preciso.


.-Acostumbrarla a estar formal en la mesa.


.-Amor al aseo y desprecio al lujo.


.-Inspirarle amor por la Patria y por la Libertad.


José de San Martín.



viernes, 7 de agosto de 2009

TUPAC AMARU Y LA EMANCIPACIÓN AMERICANA



Los continuadores y vengadores de Túpac Amaru

Al amigo Ño Fernando
Vaya que lo llama un buey
Porque los tupamaros
No queremos tener Rey

(Copla anónima argentina durante la guerra de la independencia)

Tampoco lo ignoraron quienes se consideraron los continuadores de la rebelión Tupamara.

Así, Juan José Castelli, "el más peligroso tupamaro de la América del Sud" -según la policía secreta española en 1803- tendría el honor de conducir los ejércitos de la Revolución para vengar al Inca y redimir a los pueblos indios, hacia el Alto Perú.

Su accionar sería exitoso y altamente revolucionario en lo social, lo político, lo cultural y en la propia marcha de la Revolución. Sólo podría ser derrotado por la traición. Traición que incluyó el pacto con el general enemigo Goyeneche, llevado adelante por la alianza del saavedrismo con las burguesías del interior en la batalla de Huaqui.

Los criollos y españoles del Norte –y los comerciantes de Buenos Aires- estaban aterrados de perder su dominio sobre las encomiendas, obrajes, haciendas y mitas con mano de obra esclava o servidumbre india, que llevaba adelante Castelli, cumpliendo el Plan y las órdenes secretas de Moreno.

Saavedra era originario de Potosí, minero y terrateniente. El Deán Funes, miembro de la iglesia cordobesa, tenía una mirada sobre los indios, que era la del racismo hispano-católico.

Aquel sería también el pensamiento de Moreno, de su obra y de su estrategia, expresada sin ambages en el Plan de Operaciones.

Tanto Moreno y Castelli, como Bernardo de Monteagudo -su heredero más directo, uno de los jefes de la Revolución chuquisaqueña y refundador, luego de la derrota morenista, junto a San Martín, de la Logia Lautaro- eran hombres del Alto Perú que habían estudiado en Chuquisaca.
Castelli y Moreno habían trabajado como abogados –en distintos períodos- en el estudio de Agustín Gascón, defendiendo "indios pobres y abusados". Eran amigos de Ascencio Padilla y su mujer, Doña Juana Azurduy.

La tesis doctoral de Moreno –escrita luego de visitar los horrores de la bocamina de Potosí- se refiere exactamente a la "Disertación jurídica sobre el servicio personal de los indios en general y sobre el particular de Yanaconas y Mitarios". Sus instrucciones a Castelli y Belgrano son claramente indigenistas –indianas en el lenguaje de los Patriotas.

Tanto Belgrano, pero en particular Castelli, durante su gobierno del Alto Perú, librarían una verdadera redención india y una venganza concreta de la derrota de Túpac Amaru.

Castelli escarmentaría a los feroces explotadores españoles, simbolizados en el fusilamiento de Francisco De Paula Sanz, Nieto y Córdova, y en la deportación masiva de los españoles del Alto Perú hacia Buenos Aires (dejada sin efecto por la Junta, ya derrotado Moreno).

En estos hechos revolucionarios y redentores, radica la razón de la traición saavedrista. Son también, la causa del posterior arresto de Castelli, su enjuiciamiento y su ocultamiento por la historia oficial de ambos lados.

En su fervor indiano, se explica que Juan José Castelli sea uno de los execrados de nuestra historia, y que la oligarquía del Norte -la más esclavista, reaccionaria y racista de nuestro país- siga acusándolo de "hereje, impío, lujurioso y autoritario". No le perdonan su intento por vengar la memoria y retomar el programa de Túpac Amaru.

Igual sentido indiano, tuvo el accionar de Manuel Belgrano en sus campañas al Paraguay, a la Banda Oriental, y luego al Norte y al Alto Perú, donde apoyaría incondicionalmente a los ejércitos indios de los 105 caudillos altoperuanos, encabezados entre otros por -su secretario en la campaña del Paraguay- el héroe Ignacio Warnes, Manuel Ascencio Padilla, Juana Azurduy y Martín Miguel de Güemes, coordinados por Antonio Álvarez de Arenales. –uno de los sobrevivientes de la Revolución de La Paz de 1809.

El mismo sentido tendría Belgrano cuando propusiera en el Congreso de Tucumán –en acuerdo con San Martín y Güemes- la monarquía Inca –la vieja propuesta de Miranda-, coronando al hermano menor de Túpac Amaru, don Juan Bautista.

El proyecto, aprobado el 31 de julio de 1816, también incluía que la capital de las Provincias Unidas en Sud América –con ese nombre proclamó la independencia, el Congreso del 9 de julio de 1816- tuviera su lugar en el Cuzco y no en Buenos Aires.

El mismo ocultamiento racista también silencia la mirada indiana de la Revolución de Mayo.

La misma es distorsionada detrás de supuestos objetivos libre-cambistas, o de unidad de los españoles americanos y criollos, en una única Revolución Hispanoamericana, sin indios, o mejor dicho, con los indios siguiendo como esclavos, según la visión que algunos atribuyen a Saavedra y al Déan Funes.

No era, por cierto, ese el pensamiento del núcleo revolucionario central: Moreno, Castelli, Belgrano, Murillo y Monteagudo.
Ellos planteaban una revolución americana continental, agraria, nacionalista; con las masas indias en el centro de la escena y en completa libertad y restitución de sus derechos.

Ellos, y luego San Martín, Artigas, O’Higgins, Sucre, Güemes y Dorrego, intentarían juntar ambas revoluciones: la india, de emancipación social y redención; y la criolla, de liberación nacional e Independencia. Es decir una revolución popular-quasisocialista y otra burguesa. En términos actuales: "piquete y cacerola".

Tal como efectuara Belgrano, en la Banda Oriental, se designó a dos jefes: Artigas por los indios, mestizos, negros y mulatos (la chusma, la plebe) y Rondeau por la "gente decente". Quedaba claro en ese esquema belgraniano, que el jefe real del pueblo Oriental era Artigas (como lo señaló Moreno en el Plan de Operaciones), pero Don Manuel guardaba el lugar a la gente decente para tenerla adentro.

Pero la contrarrevolución saavedrista-rivadaviana eliminó a Artigas y dejó a Rondeau. La "revolución" sería sólo para la "gente decente", como aclararía después Vicente Fidel López.

Desde esta perspectiva de Revolución Social, que proclamaran Túpac Amaru primero y los Revolucionarios de Mayo a posteriori, es comprensible que no existiera en la historia mundial ningún documento similar al Plan Revolucionario de Moreno –aun cuando Gaspar Rodríguez de Francia, O’Higgins y San Martín, gobernarían con políticas muy parecidas a las propuestas por el Plan-, hasta el estallido de la Revolución Rusa y los escritos de Lenin y Trotzky, posteriores a 1920-22, cuando ambos desarrollaran sus trabajos sobre el desarrollo del capitalismo nacional en los países carecientes de burguesía industrial nacional.


Por Alberto Lapolla
agrolapolla@yahoo.com.ar
Ingeniero Agrónomo Fitotecnista (UBA)
Experto en Genética Vegetal
Historiador
Docente de la Universidad de La Matanza
Ex – Docente de la UBA
Autor de artículos y trabajos sobre la Problemática Agropecuaria Ambienta

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sábado, 1 de agosto de 2009

TUPAC AMARU Y LA EMANCIPACIÓN AMERICANA

Campesinos en Sicuani, 1918
(foto de Martín Chambi)


La derrota demasiado conocida

Como muy bien ha señalado Felipe Pigna, la historia escolar y oficial se ha encargado –y solazado- de enseñar la derrota, captura y posterior descuartizamiento de Túpac Amaru, por los genocidas españoles; pero ha ocultado deliberadamente el carácter y la magnitud de su lucha y su movimiento.

Como si sólo se quisiera mostrar qué es lo que puede ocurrirle a quien osara rebelarse contra el poder.

También se ha soslayado la inocultable relación entre la rebelión de Túpac Amaru y la Revolución y Emancipación americanas que estallarían a menos de treinta años de su movimiento. Aquello que en términos históricos constituye una inocultable procesión generacional.

Serían los hijos de los derrotados con Túpac Amaru –como justamente ha señalado Alcira Argumedo- quienes conformarían los ejércitos emancipadores que incendiarían el continente y destruirían al Imperio español, vengando al Inca. Sólo que, en esta nueva etapa de la lucha liberadora, la hegemonía final sería burguesa (criolla) y no india.

Por el contrario, los indios, los mestizos, los mulatos, los negros y los gauchos, serían los derrotados por el recambio de clases dominantes. Ya no serían esclavizados por los godos, sino por sus descendientes directos, las oligarquías blancas-criollas asociadas a un nuevo amo imperial: el británico.

Sin embargo, es imposible eludir la continuidad histórica de la gran rebelión de los Andes iniciada por Túpac Amaru en 1780, con los sucesos despuntados en 1809-1810. Es más, de alguna u otra manera, la rebelión perduró en los pueblos indios del Norte casi hasta empalmar con la etapa siguiente, ya que territorios del actual Norte argentino y del sur Boliviano, mantendrían sublevaciones indias indómitas casi hasta 1805.

Luego de su triunfo en Sangarará, el Inca no ocupó el Cuzco, que se hallaba desguarnecido, en un error fatal para su campaña.

"El mayor recelo que se tenía era de que el traidor llegase a entrar y fortificarse en el Cuzco; por el crecido número de indios que hay dentro de sus muros, pues si lograra, costaría más el desalojar que lo que costó la Conquista de todo el reino; pero una vez que Dios por su misericordia le negó el concurso para internarlo al principio de su rebelión o después de la derrota de Sangarará (…), en que sin resistencia lo hubiera verificado, pues sus habitantes sobrecogidos de un temor pánico, sin armas, sin municiones, sin tropa, no pensaban en defenderse, sino en hacer fuga muchos de ambos sexos y estados, temerosos del golpe que los amenazaba."

Es dable pensar que el Inca –tal como Aníbal- no quería quedar encerrado en una ciudad, y prefirió el movimiento liberador de sus tropas. Sin embargo, el hecho de no tomar el Cuzco, unido a la falta de apoyo de los criollos al movimiento indio (los criollos del Perú y Alto Perú eran parte de la clase social que explotaba a los indios, y no querían de ninguna manera una Revolución India, tal como comprobarían luego Castelli, Belgrano, Güemes, Juana Azurduy, Ascencio Padilla, San Martín, Artigas, Andresito, O" Higgins, Sucre y Dorrego) lo llevaría a la derrota.

A ello se sumaba el envío de refuerzos de todas partes de la América española –incluido un fuerte destacamento del Plata, enviado por el "muy progresista" virrey Vértiz-; la traición de los criollos que Túpac había incluido como artilleros –los indios no sabían usar la artillería, ni la mayoría de las armas de fuego-; la indudable superioridad militar de las armas de fuego españolas, y en particular, la participación militar directa de la Iglesia en la lucha contra el Inca, al punto que, en la batalla final, fue decisivo el papel de las tropas armadas por la iglesia española en América, en lucha contra el "indio hereje".

La Iglesia estuvo en la primera línea de la represión a la sublevación tupamarista, considerando la rebelión del pueblo americano casi como un asunto particular de desafío a su labor evangelizadora-esclavizadora. Para la Iglesia se trataba de la restauración de la herejía. Como muy bien lo expresaría más tarde, Fray Justo Santa María de Oro en el Congreso de Tucumán en 1816, cuando el General Manuel Belgrano propusiera la Monarquía Inca.

Como dijimos, el candidato propuesto era el único familiar sobreviviente del Inca, Don Juan Bautista. En dicha ocasión, Santa María de Oro amenazó con "renunciar al Congreso si se elegía tal Rey". Su oposición, no resultaba precisamente por fe republicana. En 1818 apoyó sin remilgos la posibilidad de coronar a un medio hermano de Fernando VII. De ninguna manera podía aceptar a un "indio hereje" como Rey de los americanos.

Finalmente, Túpac fue derrotado por fuerzas superiores. Traicionado a cambio de la promesa de libertad, por un lugarteniente mestizo llamado Francisco de Santa Cruz, ayudado en su infamia por el cura del pueblo de Langui -donde libró su última batalla- Antonio Martínez.

Los españoles acudieron al mismo sistema que usaron siempre, para dominar a los pueblos americanos: el engaño, el doblez, la traición a los acuerdos establecidos, y la violación de la palabra empeñada.

También buscaron debilitar la rebelión, otorgando varios de los reclamos del Inca, y desatando una represión de exterminio sobre todos los pueblos que lo apoyaban.

Mataron a todos los indios que pudieron: cien mil en total entre 1871 y 1875.


Por Alberto Lapolla
agrolapolla@yahoo.com.ar
Ingeniero Agrónomo Fitotecnista (UBA)
Experto en Genética Vegetal
Historiador
Docente de la Universidad de La Matanza
Ex – Docente de la UBA
Autor de artículos y trabajos sobre la Problemática Agropecuaria Ambiental

Documento español de la época 2 pag 428

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viernes, 31 de julio de 2009

PEDRO LEÓN DÍAZ GALLO


Nació en Santiago del Estero el 29 de Junio de 1782.


Ingresó en año 1799 al Colegio de Monserrat, Provincia de Córdoba, donde se gradúo como presbítero. En la Universidad de San Carlos, estudió filosofía obteniendo el título “Maestro en Artes”


Fue sacerdote y político.


Estudió el Estatuto Provisional en el Cabildo Abierto del 19 de Junio de 1815.


Participó como diputado por la Provincia de Santiago del Estero en el Congreso de Tucumán de 1816, siendo uno de los firmantes de la Declaración de la Independencia de las llamadas entonces Provincias Unidas de Sudamérica.


Le fue encomendado, en el año 1821, su arbitrio en el diferendo entre las Pcias de Santiago y Tucumán por la Autonomía de Santiago del Estero.


Por su empeño se firmó la paz en Vinará, Termas de Río Hondo.


Fue diputado de la Provincia de Salta.


Falleció en la Ciudad de San Miguel de Tucumán el 16 de Febrero de 1852.


lunes, 27 de julio de 2009

TUPAC AMARU Y LA EMANCIPACIÓN AMERICANA




Túpac Amaru proclama la Independencia americana

Luego de liberar obrajes, indios esclavos y ejecutar corregidores, Túpac Amaru hizo públicas reiteradas proclamas, reclamando la libertad e Independencia de los pueblos de América.

Su proclama más difundida es, sin dudas, uno de los documentos preliminares de nuestra Independencia; la misma casi repite los argumentos del Manifiesto por la Independencia de América, de Juan Vélez de Córdova, proclamados en la Revolución India-Criolla de Oruro del 8 de julio 1739. Por supuesto, Vélez de Córdova sufrió la misma suerte de Túpac Amaru, a manos de los piadosos opresores españoles.

La diferencia entre el proyecto de Condorcanqui y el que luego triunfaría en el siglo siguiente, radica en que él proponía una nación India-mestiza-criolla, con hegemonía indígena, y no una nación hispano-blanca-criolla-británica, con exterminio y genocidio permanente del indio, como luego seríamos.

"Yo Don José I por la gracia de Dios, Inca, Rey del Perú, Santa Fe (Bogotá), Quito, Chile, Buenos Aires, y continentes de los mares del sud, duque de la Superlativa, señor de los Césares y Amazonas con dominio en el gran Paititi, Comisario distribuidor de la piedad divina por erario sin par, etc. Por cuanto es acordado en mi Consejo por junta prolija por repetidas ocasiones, ya secreta, ya pública, que los Reyes de Castilla me han tenido usurpada la corona y dominio de mis gentes, cerca de tres siglos, pensionándome los vasallos con insoportables gabelas, tributos piezas, lanzas, aduanas, alcabalas, estancos, catastros, diezmos, quintos, virreyes, audiencias, corregidores, y demás ministros, todos iguales en la tiranía, vendiendo la justicia, en almoneda con los escribanos de esta fe a quien más puja y a quien más da, entrando en esto los empleos eclesiásticos y seculares, sin temor de Dios, estropeando como a bestias a los naturales del reino; quitando la vida a todos los que no supieron robar, todo digno del más severo reparo. Por eso y por los clamores que con generalidad han llegado al cielo, en el nombre de Dios Todopoderoso, ordenamos y mandamos que ninguna de las personas dichas, pague ni obedezca en cosa alguna a los ministros europeos intrusos, y sólo se deberá tener todo respeto al sacerdocio, pagándole el diezmo y la primicia como, que se da a Dios inmediatamente, y el tributo y el quinto a su Rey y Señor natural, y esto con la moderación con que se hará saber, con las demás leyes de observar y guardar. Y para el pronto remedio de todo lo suso expresado, mando se reitere y se publique la jura hecha a mi Real Corona en todas las ciudades, villas y lugares de mis dominios, dándome parte con toda la verdad de los vasallos prontos y fieles para el premio igual, y de los que se rebelaren, para la pena que les compite remitiéndonos la jura hecha, con razón de cuanto nos conduzca, etc."

Por Alberto Lapolla
agrolapolla@yahoo.com.ar
Ingeniero Agrónomo Fitotecnista (UBA)
Experto en Genética Vegetal
Historiador
Docente de la Universidad de La Matanza
Ex – Docente de la UBA
Autor de artículos y trabajos sobre la Problemática Agropecuaria Ambiental
Relato de dos Relaciones españolas de la época (2)(Pag420-421)

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domingo, 26 de julio de 2009

TUPAC AMARU Y LA EMANCIPACIÓN AMERICANA




La primera Independencia

Entre el 4 de noviembre de 1780 y el 18 de mayo de 1781 (fecha del horrendo sacrificio de Túpac Amaru), su esposa Micaela Bastidas Puyucawa y toda su familia (América), disfrutó del único período de libertad desde el inicio de la invasión y opresión española, hasta su emancipación en 1824.

En ese breve período, que en verdad se extiende hasta 1784, se da la continuidad de la rebelión por los diferentes jefes Indios del Perú, del Alto Perú y del Norte Argentino, quienes prosiguieron la iniciada por Túpac, hasta ser totalmente exterminados a sangre y fuego por los genocidas españoles.

Cien mil hombres en armas levantó Túpac Amaru a lo largo de más de 1500 kilómetros, en una insurrección india preparada a lo largo de varios años, que contaba con jefes y lugartenientes tan importantes como su esposa Micaela Bastidas Puyucawa, Julián Túpac Katari -proclamado virrey del Alto Perú, en concordancia con que Túpac Amaru era el Inca de todo el Tiwantysuwu restaurado-, su esposa Bartolina Sisa, Diego Cristóbal Túpac Amaru –el más destacado de los colaboradores del Inca-, Mariano Túpac Amaru, Miguel Túpac Amaru, Andrés Túpac Amaru y Dámaso Katari entre otros.

Todos ellos -y sus completas familias, incluido el desaparecido hijo de Túpac Catari de 8 años- asesinados de la misma atroz manera que el gran Inca, por los "civilizados" españoles.

Cien mil indios levantados en armas; con palos, piedras, recursos hidráulicos, macanas y lanzas, pero con muy pocas armas de fuego y sin conocimiento de su manejo.
Cien mil indios asesinó en represalia el terror español, en otro de los genocidios con que los europeos trataron históricamente a los americanos nativos.

Pero fue en noviembre de 1780, cuando una nueva generación india recobró la dignidad mancillada por el opresor y expresó su grito de libertad e independencia, extendida al corazón de la América India.

De hecho, Condorcanqui retomaba el estandarte invicto de Juan Santos Atahualpa, quien había combatido entre 1742 y 1761, sin ser nunca vencido por los españoles.

Santos Atahualpa llegó a crear un estado libre de la dominación goda en la selva central del Perú extendido hasta el Matto Grosso, en alianza con una diversidad de etnias guaraníes. Aún hoy, los pueblos de la selva esperan su regreso. Vinculada con su rebelión, se había producido una insurrección india en Lima en 1750, con apoyo criollo, sofocada a sangre y fuego por el poder español.

Luego de la muerte de Juan Santos en 1761, sería Túpac Amaru quien continuaría la heroica resistencia india iniciada el 13 de octubre de 1492.

El 4 de noviembre de 1780 el Inca dio inicio a la rebelión –según dicen algunos historiadores-, antes del tiempo previsto, precipitada por la detección de la rebelión criolla de Farfán de los Godos en Cuzco, que lo obligó a actuar antes de tiempo para eludir la represión.

Según lo relatado, el día 4, el Inca detuvo al odiado y perverso corregidor Arriaga.

El día 10 Arriaga fue ejecutado por Túpac Amaru en la plaza de Tungasuca, ante un gentío exultante de indios y mestizos que no podían dar crédito a lo que sus ojos veían.

En los días siguientes, continuó Túpac al mando de sus hombres recorriendo la provincia y liberando indios y mestizos esclavos de las encomiendas y obrajes; repartiendo sus bienes entre los pobres americanos y ejecutando a todos los españoles europeos presentes.

Las mujeres españolas eran obligadas a vestirse con ropas de las mujeres americanas, para escándalo de las ibéricas damas.

La rebelión se extendió como un reguero de pólvora sobre la mancillada tierra americana.

"Causa admiración al ver la prontitud con que obedecieron las voz de este Rebelde en todo el Reino del Perú, pues se sabe notoriamente que en toda la costa de Arica, Tacna y Huantajaya hicieron los indios iguales muertes, robos y atrocidades que en la Sierra, manteniéndose sin sujeción alguna".

"Y hasta los bárbaros Mocovíes y Pampas de la parte de Jujuy y Salta, tuvieron noticia de esta rebelión, y salieron de sus términos insultando e intentando asolar estas dos ciudades, en donde tuvieron la fortuna de haber llegado a ese tiempo la Compañía de Granaderos del regimiento de Saboya, que venía de Buenos Aires, con la cual pudieron resistir sus terribles invasiones".

"También los Chiriguanos de la frontera de Tomina, hicieron sus salidas costosos con los deseos que tuvieron de conocer al Titulado Rey Túpac Amaru".

"(...) Pocas veces se habrá visto desolación tan terrible, ni fuego que con más rapidez se comunicase a tantas distancias, siendo digno de notar, que en 300 leguas que se cuenta de longitud, desde el Cuzco hasta la frontera del Tucumán, en que se contienen 24 provincias, en todas prendió casi a un mismo tiempo el fuego de la rebelión".

El día 12, Condorcanqui ocupó el obraje de Pomacancha, liberando a los indios allí esclavizados; repartiendo entre ellos sus bienes, dejando a cargo del mismo –ya no como obraje, sino como propiedad comunal indígena, Ayllu- a su hermano menor Juan Bautista Túpac Amaru.

Juan Bautista -único sobreviviente de la familia del Inca-, pasaría cuarenta años en las prisiones españolas en África (en Ceuta) y sería proclamado Rey Inca por el general Belgrano en el Congreso de Tucumán; propuesta que el Congreso aprobara el 31 de julio de 1816.

Juan Bautista moriría en Buenos Aires en 1827, encontrándose enterrado en una tumba sin nombre en el cementerio de la Recoleta.

Por Alberto Lapolla
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Relato de dos Relaciones españolas de la época 2 pag 430

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sábado, 25 de julio de 2009

TUPAC AMARU Y LA EMANCIPACIÓN AMERICANA




Tupac Amaru II

Ya en Cuzco, con empeño,

quieren sacudir, y es ley,
el yugo de ajeno rey
y reponer al que es dueño.

¡Levantarse, americanos!

¡Tomen armas en las manos,
y con osado furor,

maten sin temor
a los ministros tiranos!

Afiche pegado en Oruro, por los "Criollos Tupamaristas"
Abril de 1780 (2)

4 de noviembre de 1780: El inicio de la Rebelión

Túpac Amaru II encabezó la mayor rebelión que conoce la historia de los países del Tercer Mundo, hasta muy entrado el siglo XX, luego de la ocupación y expansión europea, iniciada a lo largo del siglo XV, con la llegada de Colón a América y de Vasco da Gama a África y Oriente.

Organizó y armó a 100.000 americanos originarios contra el poder español, proclamando la libertad y la independencia de América. Su rebelión fue el golpe más fuerte sufrido por el imperio español, desde la invasión a América en 1492.

El jefe del gabinete de Carlos IV, "el favorito" -de la reina- Don Manuel Godoy, exclamaría unos años más tarde:

"Nadie ignora cuánto se halló cerca de ser perdido, por los años de 1781 y 1782, todo el virreynato del Perú y una parte del de la Plata cuando alzó el estandarte de la insurrección el famoso Condorcanqui, más conocido por el nombre de Túpac Amaru"


"El 4 de noviembre de 1780 Túpac Amaru da comienzo a la sublevación (...)

Túpac Amaru y el corregidor de la provincia de Tinta, Antonio Arriaga, se reunieron en la casa del cura de Yanacona, doctor Carlos Rodríguez, para "celebrar el día de nuestro augusto soberano". Antes de terminar la comida, fingiendo haber recibido un llamado urgente del Cuzco, Túpac Amaru se retiró de la casa del eclesiástico, y oculto en el camino que conducía a Tinta con un grupo de sus partidarios, esperaba el paso de Arriaga de vuelta para el pueblo (...)

"Retirábase (el corregidor Arriaga) después de comer al pueblo de Tinta, y en la travesía que media le acometió Túpac Amaru con alguna gente que le acompañaba. Echáronle un lazo al cuello y lo trajeron de la mula a la tierra; hicieron a un criado que con él venía y presos dos negros esclavos que a alguna distancia lo seguían; fueron todos conducidos a un sitio separado y secreto, y allí detenidos hasta la medianoche en que fueron introducidos en el pueblo de Tungasuca, y encarcelado el corregidor en una pieza o calabozo en la casa de Túpac Amaru"

"Observóse tal secreto en Orden a su situación que absolutamente se ignoraba dónde se hallaba el corregidor; a unos se decía que estaba actuando ciertas diligencias de importancia que lo negaban a otra atención."

Túpac Amaru llevó al corregidor a Tungasuca y allí estableció su cuartel general, y no en Tinta capital de la provincia. Los motivos saltan a la vista: la situación estratégica de Tinta es mucho menos favorable que la de Tungasuca, que se halla en la cordillera y es de difícil acceso (...)

De acuerdo con el plan previamente fijado y perfectamente ejecutado, obligó de inmediato al corregidor a firmar una carta dirigida a su cajero, en la que le ordenaba remitirle todos los fondos disponibles y todas las armas alcanzables (...)

La fingida carta produjo su efecto. El jefe rebelde, que necesitaba tan apremiadamente armas, sobre todo de fuego, y dinero, gracias a su ardid obtuvo 22.000 pesos, algunas barras de oro, 75 mosquetes, bestias de carga y mulas.

Pero el corregidor no sólo se vio obligado a firmar esa carta; también tuvo que poner su firma bajo la misiva, a su dependiente Manuel de San Roque, natural de Santiago de Chile, que no le podía presagiar nada bueno. En ésta le ordenaba "fuese a Tungasuca llevando dos pares de grillos, su cama, y llaves de las principales viviendas del Cabildo."

El antes tan soberbio funcionario español, bajo el dictado de Túpac Amaru, el 8 de noviembre de 1780, tuvo que extender órdenes a todos los pueblos de la provincia para que sus habitantes, en el término de 24 horas, se presentaran en Tungasuca (...)

"Don Miguel de Mesa y don Félix Castelo, a quienes se da la comisión en derecho necesaria, pasarán al pueblo de Citarangani y notificarán a todos los españoles que restan, para que dentro del término de veinte y cuatro horas se presenten en este pueblo. Asimismo a los indios de ambos ayllus; sin que en esto haya reserva de persona alguna, por convenir al servicio del Rey y causa pública. Tungasuca, y noviembre ocho, de mil setecientos ochenta. Antonio de Arriaga."

Naturalmente, la rigurosa orden del gobernador de la provincia fue ejecutada con toda puntualidad. En Tungasuca se hicieron, pues, presentes, miles de criollos, mestizos e indios, y aun algunos europeos.

Un genovés residente en Sicuani, (...) en su declaración judicial nos ofrece algunos detalles interesantes sobre los momentos iniciales de la gran rebelión. Según dice, ya el día 8 comenzaron a afluir a Tungasuca muchas personas. De inmediato fueron puestas en pie de guerra, por Túpac Amaru, quien montado en un caballo blanco y vestido de terciopelo negro, dirigía los ejercicios militares en la pampa vecina a Tungasuca.

Daba órdenes en los dos idiomas: a los criollos y mestizos, en castellano; a los indios en quechua."

Por Alberto Lapolla
agrolapolla@yahoo.com.ar
Ingeniero Agrónomo Fitotecnista (UBA)
Experto en Genética Vegetal
Historiador
Docente de la Universidad de La Matanza
Ex – Docente de la UBA
Autor de artículos y trabajos sobre la Problemática Agropecuaria Ambiental
Relato de dos Relaciones españolas de la época 2 pag442 a 444

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viernes, 17 de julio de 2009

RICARDO ROJAS.




Promotor de la ciencia, la cultura, y educador.


Ricardo nació el 16-9-1882 en el seno de una de las familias más tradicionales de Tucumán.

Su padre, Absalón Rojas, había sido diputado, Senador y Gobernador de la Provincia de Santiago del Estero.

Fue precisamente en Santiago del Estero donde Ricardo comenzó sus estudios preparatorios.

Cuando su padre falleció, en 1893, la familia se trasladó a Buenos Aires.

Allí residiría Ricardo el resto de su vida. En esta ciudad, además, se casó en 1913 con Julieta Quinteros, la hija del Gobernador de Tucumán.

Desde muy joven R comenzó a demostrar una excepcional vocación por la literatura: a los 15 años empezó a publicar artículos y poemas en los diarios de Santiago, y recién llegado a Buenos Aires se expresó a través de la revista Ideas, fundada en 1903 por Manuel Gálvez, y se inició como periodista en el staff de El País, periódico que respondía a Carlos Pellegrini.

Más tarde, fue también un asiduo colaborador de Caras y Caretas, desde 1900, y de La Nación desde 04. Sus artículos y poemas fueron recogidos, en los más importantes diarios y antologías de España y Sur América.

Sus estudios se interrumpieron en Santiago del Estero, y nunca obtuvo ningún grado universitario, si bien comenzó a estudiar Leyes, que abandonó a favor de sus trabajos literarios.

Más tarde, su prestigio le brindaría 2 cargos universitarios y la membresía en varias sociedades científicas, incluso de la Academia Real de Letras de Madrid, de la Sociedad de Historia y Numismática de Buenos Aires, y del Consejo Académico de la Universidad de La Plata.

Su educación fue el resultado de sus propios esfuerzos: fue un autodidacta, disciplinado y constante con sus estudios particulares.

Así, con sólo 37 años ya era el autor de 20 obras y un referente en el panorama literario nacional.

Su primer libro fue una colección de versos titulado La victoria del hombre, que apareció en 1903, y fue prologado por Guido y Spano en Argentina y Miguel de Unamuno en España.

Mientras tanto, había cultivado con pasión sus estudios históricos y críticos, y había realizado numerosos viajes.

Producto de esta experiencia fueron El país de la selva, una colección de personajes, paisajes y leyendas típicas del interior de la Argentina que publicó en 1907, y El Ucumar, novela corta sobre la vida del país.

Entre 1907 y 1908 fue a estudiar a Europa, visitó España, Inglaterra, Italia y Francia.

En el Viejo Mundo publicó varias obras, como El alma española, de crítica literaria.

A su regreso, presentó sus memorias de viaje en diario La Nación de Buenos Aires con el título de Cartas de Europa. Entonces, también apareció su libro más controversial, La restauración nacionalista, en el que marcaba la necesidad de reforma de la educación argentina, de acuerdo con sus ideales de nacionalidad y de civilización.

En 1909, la Universidad de La Plata lo invitó a ocupar el cargo de Literatura Española y tres años después la UBA lo propuso como el primer profesor de Literatura Argentina.

Bajo estas influencias académicas escribió Bibliografía de Sarmiento, Poesías de Cervantes e Historia de la Literatura Argentina, una obra que repasa el pensamiento argentino hasta 1917.

Junto a Manuel Gálvez y otros importantes pensadores, Rojas integró la "generación del Centenario", un grupo de jóvenes intelectuales nacidos entre 1876-1886, que admiraban la obra de la generación que los había antecedido, pero eran críticos de las consecuencias que esa labor había traído al país.

Atacaban el materialismo dominante y la falta de ideales, el cosmopolitismo del ´900 y la pérdida de la identidad. Por eso, sus escritos se orientaron principalmente al estudio de los orígenes y la formación de la nacionalidad argentina.

Cuando estalló la Primera Guerra Mundial el conflicto internacional lo incentivó a escribir artículos y pronunciar conferencias en las que promovía el más ferviente pacifismo.

El Gobierno de Francia le reconoció esta labor, en 1922, cuando le otorgó la Cruz de la Legión de Honor.

Ese año, Ricardo creó el Instituto de Literatura Argentina de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, que con el tiempo se convertiría en el centro de investigaciones folklóricas y de musicología indígena más importante del país.

También fue el fundador del Instituto de Filología, del Gabinete de Historia de la Civilización, y de la Escuela de Archivistas, Bibliotecarios y Técnicos para el servicio de Museos.

Fue elegido Rector de la UBA en marzo de 1926, y permaneció al frente de esa casa de estudios hasta 1930.

En 1934, por su destacada militancia en el radicalismo, fue confinado en el penal de Ushuaia, junto a otros muchos dirigentes radicales.

En la política, como en los claustros, fue un orador elocuente, que sabía cautivar a la audiencia.

Pasó los últimos años de su vida rodeado por el reconocimiento más generalizado. En 1953, por ejemplo, el Centro de Derecho y Ciencias Sociales lo propuso como candidato al Premio Nobel de Letras, solicitud a la que adhirieron distintas universidades de América.

Rojas falleció en BA el 29 de Julio de 1957. En 1982, un decreto presidencial consagró ese día como el "Día de la Cultura Nacional".

jueves, 18 de junio de 2009

LAS BALAS DE LA IGLESIA DE SANTO DOMINGO




Mausoleo donde se encuentran los restos de Belgrano y el frente de la iglesia.
Belgrano y Defensa


Muchos porteños habrán observado en su cotidiano andar las torres de la Iglesia de Santo Domingo y notado las balas de cañón que están incrustadas en el frente.

Lo que quizás muchos no sepan es que esos impactos son un símbolo de la defensa de la ciudad de Buenos Aires con motivo de la segunda invasión inglesa del año 1807.

Emeric E. Vidal: Iglesia de Santo Domingo

Cuando se produjo la invasión el general inglés Whitelocke luego de un par de combates exitosos en las afueras decidió penetrar en la ciudad dividiendo sus tropas en varias columnas que terminarían uniéndose frente al fuerte.

Parte de una de estas columnas inglesas, debido a la exitosa resistencia criolla, debió refugiarse en la Iglesia de Santo Domingo lugar donde posteriormente se rindió.

Actualmente en los pasillos que circundan el altar mayor se encuentran exhibidas varias de las banderas que las tropas británicas entregaron tras su rendición.

Otra característica del templo es que en su atrio se encuentra el mausoleo que guarda los restos de Don Manuel Belgrano uno de los próceres más importantes de la Argentina miembro de la Primera Junta de gobierno y creador de la bandera nacional.

Al morir el General Belgrano fue sepultado con el hábito de la orden de los dominicos. Estos estuvieron primeramente sepultados bajo una losa, a la entrada de la iglesia, por voluntad testamentaria del general, que pertenecía a la Orden Tercera de Santo Domingo.

También están sepultados en el convento los restos de los padres del general Belgrano, por las generosas contribuciones con las que habían favorecido al templo y los restos del general Antonio González Balcarce, de Hilarión de la Quintana y de Martín de Álzaga.

El 21 de mayo de 1942 fué declarado Monumento Histórico Nacional por decreto.

En la noche del 16 de junio de 1955 fue incendiado y saqueado, perdiéndose la mayor parte de sus documentos y reliquias.

sábado, 21 de marzo de 2009

DESDE EL PUENTE CARRETERO

El Puente Carretero
Blanca Inés Castilglione
Primer premio. XII Concurso de pintura 2003


DESDE EL PUENTE CARRETERO

(Chacarera)

Letra: Carlos Carabajal

Música: Peteco Carabajal



Si pasas por mi provincia
Por nada olvides viajero
con tu familia viajero
lo que sienten mis paisanos
verás que lindo es el río
seguro te han de querer
desde el Puente Carretero.
como se quiere a un hermano.

Es cuna de mil recuerdos
Y cuando llega la noche
de amores y de nostalgias
te pasas mirando el río
corazón entrelazado
seguro que algún dorado
entre Santiago y la Banda.
se besa con el rocío.

Será el Puente Carretero
Coplitas que van naciendo
que va cortando caminos
de mi corazón travieso
para llegar a los brazos
me hacen cosquilla en el alma
donde me espera un cariño.
cuando se agranda el silencio.

Estribillo:

Encontrarás en mi tierra
Encontrarás en mi tierra
cantores de salamanca
cantores de salamanca
para que nunca te olvides
para que nunca te olvides
aroma a Santiago manta.
aroma a Santiago manta.

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http://compartiendoculturas.blogspot.com/2008/09/la-leyenda-del-buln-de-oro.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/01/la-salamanca.html

viernes, 20 de marzo de 2009

LA SANLORENCEÑA




LA SANLORENCEÑA

Jaime Dávalos (Letra y Música)
(Zamba)


Bajo de un sauce llorón
del ciego Nicolás
bailan la chacarera
la polvareda p’al carnaval.
Bombos en mi corazón
hoy siento retumbar
carpas de San Lorenzo
blanqueando el lienzo p’al carnaval.

Estribillo

Pero cuidate Sanlorenceña
que el Duende del manantial
sale a probar fortuna
bajo la luna p’al carnaval
Guarda que todita la Salamanca
se desbarranca p’al carnaval.

Gaucho sobre un remodón
sale el diablo a pasear
y con ají quitucho
carga el cartucho p’al carnaval.

Sangre de sol y maíz
bajo del temporal
la chicha corajuda
fuerte y pulsuda p’al carnaval.


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http://compartiendoculturas.blogspot.com/2009/04/aji-quitucho.html

jueves, 19 de marzo de 2009

JUAN FELIPE IBARRA



Por Luis Alén Lascano

La vida del santiagueño Juan Felipe Ibarra recorre la crucial primera mitad del siglo XIX, cuyo derrotero de sangre y fuego trazaron tanto la guerra de la Independencia como la posterior guerra civil.

Integró el Ejército del Norte y fue designado por Manuel Belgrano al frente del Fuerte de Abipones, que mantuvo a raya a los indígenas chaqueños. Fue solidario con Juan Bautista Bustos en el motín de Arequito. Enfrentó a su jefe, Bernabé Aráoz, gobernador del Tucumán, a fin de obtener la autonomía de Santiago del Estero. Para ello contó con la asistencia de Martín Miguel de Güemes. En 1820, consiguió el reconocimiento de su provincia, a la que gobernó los siguientes 31 años.

Cuando sus diputados se unieron al partido porteño de Bernardino Rivadavia, designó al también porteño Manuel Dorrego, para defender las posiciones federales. Más tarde apoyó, sucesivamente, al propio Dorrego, al “Manco” Paz -a quien luego enfrentó militarmente-, a Facundo Quiroga, a Juan Manuel de Rosas y a Manuel Oribe.

A su muerte, en 1851, nacieron dos leyendas: la del patriota y la del tirano. Extraídos de un artículo (1970) del historiador Luis Alén Lascano, su comprovinciano, estos párrafos intentan provocar la curiosidad de quienes no se conforman con tales leyendas.

Monstruo surgido del averno, bárbaro, ignorante y cruel, para unos. Caudillo indiscutido durante 30 años, guerrero de la independencia y patriarca del federalismo, para otros. Entre ambos extremos se debate la polémica alrededor de la figura de Ibarra.

Hasta ahora los historiadores clásicos lo han condenado sin posibilidad de indulto. Pero en ese juicio no ha habido defensa ni alegato favorable alguno. Ha sido la sentencia del tribunal vencedor; muchas veces cómplice y converso, ansioso por eso mismo de una severidad implacable.

(…) Ahí está, al filo de los años cuando se aproxima el fin de sus días. Estatura mediana y grueso el cuerpo; frente ancha y despejada, cabello negro y lacio, labios finos, con una sonrisa imperceptible más parecida a un rictus despreciativo. Severa la mirada, imperturbable el gesto y prodigiosa la memoria.

(…) Tuvo a su antojo el patrimonio entero de la provincia, y en años de escasez no percibía sueldos; se le entregaron bienes en administración a su confianza, como los de la familia Uriarte y fue escrupuloso en el manejo de los dineros ajenos o públicos. Alguna vez, los excesos políticos lo llevaron a confiscar fondos enemigos; los destinaba al ejército y a pagar sus soldados.

Fuera de su violenta pasión federal, era amigo sincero y consecuente; educado cuando quería serlo, don Pedro Ferré escribió de Ibarra: “Conocí y traté en Santa Fe a don Juan Felipe Ibarra, y me hizo la mejor impresión por su educación, y la nobleza de sentimientos que manifestaba”.
Páginas similares ofrecen sobre su persona el Dr. Eduardo Lahitte, amigo y corresponsal desde Buenos Aires; el culto historiador y gobernante santafesino Urbano de Iriondo, y otros contemporáneos no afectados por la pasión.

Todo esto es un hombre con un hondo drama sentimental. Se ha casado en 1823 por poder con doña Ventura Saravia, hija del Dr. Mateo Saravia quien sin duda por amistad, consiente u obliga a esta boda. El padre es un rico feudatario en las cercanías de Abipones, mas el origen familiar es salteño, y de allí llega la desposada en una volanta a Santiago.

La espera el gobernador, las autoridades y las mejores familias de la ciudad, y van al nuevo hogar los esposos. Al amanecer, ordena Ibarra atar nuevamente los caballos del carruaje, y en silencio, la esposa parte de retorno. ¿Qué misterio se oculta en esa noche nupcial? El gobernador nunca lo explicará, y el silencio se tiende sobre el episodio para siempre. Un historiador actual piensa que la novia fue obligada por la autoridad paterna, a una boda sin amor. Y que llegada ante el prometido, no vaciló en confesarle tan desgraciada situación. “En un acto caballeresco, decide el retorno de su esposa a su casa paterna.”

No es ésta la actitud de un mandón irresponsable. En la dignidad con que lleva su proceso sentimental intimo, hay una respuesta para sus detractores. La misma actitud tiene siempre Ventura Saravia. Sus hermanos se tratan fraternalmente con Ibarra, y a Manuel Antonio Saravia lo hace elegir gobernador de Salta y lo sostiene con su influjo. Hasta su misma esposa vuelve a Santiago al saberlo enfermo y lo acompaña hacia el fin de sus días, cuando muere, el 15 de julio de 1851. Ella es albacea y heredera en su testamento, y ella ha de quedar velando su memoria, hasta que la pasión política después de Caseros, confisque sus bienes y la obligue a buscar refugio en Tucumán.

Muere Ibarra como buen cristiano. Pide en su testamento a Dios, “me perdone todas mis culpas”, el hábito mercedario de mortaja, la asistencia de franciscanos y dominicos y ser enterrado en el templo de La Merced; todo lo cual así se hace. Los más distinguidos sacerdotes lo han confesado y ayudado a morir. Nada sabe hasta entonces de los sucesos del litoral, ni de la defección de Urquiza y puede esperar el fin, seguro de haber sido, como le cantan los trovadores populares a su muerte, “la columna más fuerte de la Confederación”.

Si muchos de sus actos no tienen justificativo, hay una explicación coherente para todos. Y por encima del balance postrero, hay una provincia argentina que le debe su erección como estado federal. Fundador de la autonomía santiagueña, en estos 150 años de vida provinciana, todos han disfrutado del privilegio ciudadano de esa san-tiagueñidad lograda por Ibarra a sangre y fuego. Pocos son los que alguna vez le agradecen esa herencia, cuidada con empecinamiento en 30 años, y dilapidada después por tantos sucesores.

Tres décadas, largas acaso para soportar a un mismo hombre en el poder, pero que dan relevancia inusitada a su provincia en el concierto nacional; donde no se permite la menor trasgresión a sus fueros y prestigios, y en las cuales su caudillo alcanza estatura mayor dentro del país.

Ibarra demuestra no ser un hombre de la patria chica, constreñido sólo a límites locales. El mismo respeto y jerarquía que quiere para su provincia, le inspiran altivas actitudes argentinas. Todas las determinaciones de su vida acusan una notoria sensibilidad nacional y en-tiende al país, como una Nación total: geográfica y políticamente integrada.

Es la cohesión conseguida por el federalismo, e Ibarra la manifiesta el 23 de febrero de 1833, al protestar al Rey de Inglaterra por la ocupación de las Islas Malvinas. Ese espíritu está presente en la firma del Tratado Interprovincial del 6 de febrero de 1835, para perseguir en el norte, “toda idea relativa a la desmembración de la más pequeña parte del territorio de la república”, y evitar la anexión de Jujuy a Bolivia.

Idea fundamental ésta, de todos sus actos. Por ella rechaza el ofrecimiento de los gobernadores de Catamarca y La Rioja, Cubas y Brizuela, que le proponen retirar a Rosas del manejo de las relaciones exteriores y confiárselo a él como jefe de un bloque mediterráneo.
Por ella se opone a la Coalición del Norte en 1840 y le pregunta a Manuel Sola, gobernador de Salta: “¿Se constituye el país haciendo causa común con los extranjeros que están hostilizando injusta y vilmente a nuestros mismos pueblos?”

Y este sentimiento de la nacionalidad, cuando estaba en pañales o era negada por los letrados del Plata, inspira al bárbaro Ibarra una proclama de repudio a la agresión colonialista anglo-francesa de 1841, donde desentraña el sentido de la emancipación argentina ante España, la codicia de los imperios europeos, y el valor de la Confede-ración, cuya resistencia como “precio de nuestra independencia na-cional, es la sangre de millares de victimas que desde el campo del honor, nos recuerdan nuestros deberes y nuestros juramentos”.

Las cosas malas de su existencia, inocultables, se traslucen en un claroscuro de luces y sombras, humanas e imperfectas. Todos las tuvieron, y las tenemos, y ¡cómo habrían de estar exentos de vicios los caudillos de aquel momento fundacional donde con barro y muertes se creó la patria! Pero la tarea del historiador, como dice Vincen Vives, “no es aplaudir ni condenar, sino comprender vitalmente el drama humano”

viernes, 6 de marzo de 2009

Ricardo Rojas: Promotor de la ciencia y la cultura, y educador.



Ricardo nació el 16-9-1882 en el seno de una de las familias más tradicionales de Tucumán.

Su padre, Absalón Rojas, había sido diputado, Senador y Gobernador de la Provincia de Santiago del Estero.

Fue precisamente en Santiago del Estero donde Ricardo comenzó sus estudios preparatorios.

Cuando su padre falleció, en 1893, la familia se trasladó a Buenos Aires.

Allí residiría Ricardo el resto de su vida. En esta ciudad, además, se casó en 1913 con Julieta Quinteros, la hija del Gobernador de Tucumán.

Desde muy joven Ricardo comenzó a demostrar una excepcional vocación por la literatura: a los 15 años empezó a publicar artículos y poemas en los diarios de Santiago, y recién llegado a Buenos Aires se expresó a través de la revista Ideas, fundada en 1903 por Manuel Gálvez, y se inició como periodista en el staff de El País, periódico que respondía a Carlos Pellegrini.

Más tarde, fue también un asiduo colaborador de Caras y Caretas, desde 1900, y de La Nación desde 1904.

Sus artículos y poemas fueron recogidos, en los más importantes diarios y antologías de España y Sur América.

Sus estudios se interrumpieron en Santiago del Estero, y nunca obtuvo ningún grado universitario, si bien comenzó a estudiar Leyes, que abandonó a favor de sus trabajos literarios.

Más tarde, su prestigio le brindaría dos cargos universitarios y la membresía en varias sociedades científicas, incluso de la Academia Real de Letras de Madrid, de la Sociedad de Historia y Numismática de Buenos Aires, y del Consejo Académico de la Universidad de La Plata.

Su educación fue el resultado de sus propios esfuerzos: fue un autodidacta, disciplinado y constante con sus estudios particulares.

Así, con sólo 37 años ya era el autor de 20 obras y un referente en el panorama literario nacional.

Su primer libro fue una colección de versos titulado La victoria del hombre, que apareció en 1903, y fue prologado por Guido y Spano en Argentina y Miguel de Unamuno en España.

Mientras tanto, había cultivado con pasión sus estudios históricos y críticos, y había realizado numerosos viajes.

Producto de esta experiencia fueron El País de la Selva, una colección de personajes, paisajes y leyendas típicas del interior de la Argentina que publicó en 1907, y El Ucumar, novela corta sobre la vida del país.

Entre 1907 y 1908 fue a estudiar a Europa, visitó España, Inglaterra, Italia y Francia.

En el Viejo Mundo publicó varias obras, como El Alma Española, de crítica literaria.

A su regreso, presentó sus memorias de viaje en diario La Nación de Buenos Aires con el título de Cartas de Europa. Entonces, también apareció su libro más controversial, La Restauración Nacionalista, en el que marcaba la necesidad de reforma de la educación argentina, de acuerdo con sus ideales de nacionalidad y de civilización.

En 1909, la Universidad de La Plata lo invitó a ocupar el cargo de Literatura Española y tres años después la UBA lo propuso como el primer profesor de Literatura Argentina.

Bajo estas influencias académicas escribió Bibliografía de Sarmiento, Poesías de Cervantes e Historia de la Literatura Argentina, una obra que repasa el pensamiento argentino hasta 1917.

Junto a Manuel Gálvez y otros importantes pensadores, Rojas integró la "generación del Centenario", un grupo de jóvenes intelectuales nacidos entre 1876-1886, que admiraban la obra de la generación que los había antecedido, pero eran críticos de las consecuencias que esa labor había traído al país.

Atacaban el materialismo dominante y la falta de ideales, el cosmopolitismo del ´900 y la pérdida de la identidad. Por eso, sus escritos se orientaron principalmente al estudio de los orígenes y la formación de la nacionalidad argentina.

Cuando estalló la Primera Guerra Mundial el conflicto internacional lo incentivó a escribir artículos y pronunciar conferencias en las que promovía el más ferviente pacifismo.

El Gobierno de Francia le reconoció esta labor, en 1922, cuando le otorgó la Cruz de la Legión de Honor.

Ese año, Ricardo creó el Instituto de Literatura Argentina de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, que con el tiempo se convertiría en el centro de investigaciones folklóricas y de musicología indígena más importante del país.

También fue el fundador del Instituto de Filología, del Gabinete de Historia de la Civilización, y de la Escuela de Archivistas, Bibliotecarios y Técnicos para el servicio de Museos.

Fue elegido Rector de la UBA en marzo de 1926, y permaneció al frente de esa casa de estudios hasta 1930.

En 1934, por su destacada militancia en el radicalismo, fue confinado en el penal de Ushuaia, junto a otros muchos dirigentes radicales.

En la política, como en los claustros, fue un orador elocuente, que sabía cautivar a la audiencia.

Pasó los últimos años de su vida rodeado por el reconocimiento más generalizado.

En 1953, por ejemplo, el Centro de Derecho y Ciencias Sociales lo propuso como candidato al Premio Nobel de Letras, solicitud a la que adhirieron distintas universidades de América.


Rojas falleció en BA el 29 de Julio de 1957.


En 1982, un decreto presidencial consagró ese día como el "Día de la Cultura Nacional".

martes, 3 de marzo de 2009

ANTONIO TABOADA

ANTONIO TABOADA
(1814-1883)


Nació en Santiago del Estero y murió en Tucumán.

General del ejército que respaldó el poder Político de la familia Taboada.

Se educó en una escuela primaria de Buenos Aires.

En esta ciudad se inició en el mundo de los negocios pero como simpatizaba con los unitarios tuvo que emigran a Montevideo en 1839.

Acompañó a Lavalle en su campaña unitaria en contra de Rosas en Entre Ríos y Córdoba.

Fue capturado en la batalla de Quebracho Herrado.

Estuvo prisionero en El Retiro, en Buenos Aires.

En 1841 logró escapar y regresó a Montevideo.

Ocho años más tarde, se dirigió a Chile, donde estrechó vínculos con otros exiliados como Mitre, Sarmiento, Paunero y Gómez.

Volvió a Santiago del Estero y encabezó el movimiento en contra del caudillo Celedonio Gutiérrez, un partidario de Rosas que, luego de la caída de éste, seguía manteniendo el poder en Tucumán y que había invadido Santiago del Estero en 1853.

Taboada lo derrotó en Los Laureles.

Fue el comandante militar de la frontera del Chaco y acompañó con éxito a la misión científica estadounidense que exploró el río Salado, pasando por la región chaqueña hacia Santa Fe.

En 1859 el gobierno argentino lo condecoró por su actuación.

Durante los años que siguieron, le ofrecieron cargos políticos a nivel provincial y nacional pero rechazó algunos y en otros sólo se desempeñó por un corto lapso, prefiriendo dejar que sus hermanos se ocuparan de la política mientras él se dedicaba al mando militar.

Durante la presidencia de Mitre, los Taboada, de ideas liberales, lo apoyaron políticamente y le ayudaron a restablecer el orden en el norte y noroeste.

Candidato a la presidencia de la Nación en 1868, perdió frente a Sarmiento

Fue el general Taboada quien derrotó a Felipe Varela y a sus montoneros en Pozo de Vargas. Por cuestiones políticas, Taboada tuvo que emigrar a Tucumán en 1875.


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