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miércoles, 29 de octubre de 2008

LA BACHUÉ



La que popularmente conocemos como la diosa Bachué, en ese entonces era llamada en lenguaje indígena Furachogue, es decir "La mujer benéfica". Se consideraba la protectora de las cosechas, del entorno ecológico, del bienestar humano y del trabajo.

La leyenda cuenta que esta diosa emergió de una laguna cerca de Tunja con uno de sus hijos quien tenía aproximadamente tres años.

Luego de haber cumplido con su papel de protectora, vivir en la tierra algunos años y tener varios hijos más, regresó a la laguna convertida en una serpiente.

Generalmente se le describe con formas totalmente femeninas y sin deformidades, aunque hay quienes la describen con ciertos rasgos de animalidad, como la Madremonte. Es fácilmente comparable con la Madre de Agua y la Madremonte, debido al doble papel como deidad acuática en su origen y destino final, además de haber sido terrestre en su vida por años junto a los hombres.

Su culto estuvo bastante extendido durante la época de la colonia por todo el actual territorio Cundiboyacense.
El principal culto que se rendía a esta diosa consistía en ofrendas de cosechas y sacrificios ceremoniales con resinas, yerbas e incienso.


Imagen: claudiaurregoflorez.blogspot.com

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2008/06/bachue-la-madre-del-genero-humano.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/08/origen-de-la-laguna-de-tota.html

jueves, 2 de octubre de 2008

LA CORPACHADA



Este es uno de los ritos consagrados a la Pachamama, divinidad, de incaica, integraba -junto a Inti (Rey Sol) y a la Mama Illa o Quilla (Luna)- la trinidad astrológica venerada por los calchaquíes.

La Pachamama (Madre tierra) es la fuerza germinadora de la naturaleza.

Como los mortales que cobija, ella siente hambre y sed.

El culto consiste en "corpacharla" (darle de comer).

Para ello, se cavan profundos hoyos en los que se entierran todo tipo de comidas y bebidas.

Este acto es acompañado por rezos e invocaciones a la diosa.

La Pachamama es generosa con la gente buena, pero no tolera a los ingratos e incrédulos que no la "corpachan". A ellos aplica severos castigos.

Algunos de los métodos de corpacharla es dejando ofrendas en las apachetas.


http://compartiendoculturas.blogspot.com/2009/03/las-apachetas.html

jueves, 31 de julio de 2008

FREYJA Y SU COLLAR


Freyja posee un resplandeciente collar, el Brisingamén, que simboliza el ciclo de la vida, fabricado por cuatro enanos herreros: los Brisingos.

La diosa los encontró cuando estaban forjando el collar, y le gustó tanto que les ofreció a cambio oro, plata y otros tesoros. Pero los enanos respondieron que no querían riquezas, sino a ella: le darían el Brisingamén si se acostaba una noche con cada uno de ellos, algo a lo que la diosa accedió.

Debido a su hermosura, Freyja es deseada por enanos, gigantes, dioses y humanos, y dicen que ni siquiera el propio Odín está libre de su influjo.

Aunque la Resplandeciente es generosa ofreciendo sus encantos, elige a sus amantes con total libertad, por lo que ningún dios puede obligarla a tomar como compañero a alguien que ella no quiere.

Además de ser la diosa del amor y la fertilidad, Freyja lo es también de la magia seid, aquella relacionada con el otro mundo, la que permite despertar a los muertos para obtener conocimiento oculto o averiguar el porvenir.

En el arte de su práctica fue maestra de Odín.

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/07/heimdall-loki-y-freya.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/07/freyja-diosa-de-la-fertilidad.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/07/el-collar-de-freya.html

martes, 22 de julio de 2008

LA PACHAMAMA

Ceremonia de la Pachamama
Jujuy, Argentina


Cuando los españoles llegaron al Cuzco y penetraron en el noroeste argentino, en los territorios diaguitas que se extendían desde La Rioja hasta Salta, tomando partes montañosas de San Juan y Mendoza, encontraron que los nativos tenían sus dioses a quienes veneraban y rendían culto.

Muchas de estas divinidades se perdieron en el transcurso de los siglos, pero otras han quedado en la creencia de los cerreros, formando su patrimonio espiritual, sin olvidar, por cierto, el culto cristiano.

Y pasan de una generación a otra en el pequeño mundo pastoril en que desenvuelven su existencia, redivivos y protectores.

De estos, la Pachamama es la divinidad más importante del mundo andino. Es la madre tierra. La diosa de la fecundidad y de la producción, venerada por el montañés en todo el noroeste argentino, anterior al incanato.

Tiene diversos aspectos para la gente del pueblo, pero en general la representan como una bella mujer, alta y fuerte, de tez morena, con pómulos salientes. Huraña y esquiva que se deja ver muy poco.

Habita las montañas y preside sus misterios.

Otras veces la simbolizan como una vieja astrosa y miserable, con los ojos como dos brasas encendidas en las profundidades de sus órbitas.

Son figuras que adopta según las circunstancias y las exigencias del momento, cuando ella se corporiza para castigar o advertir una mala acción.

No hay cerrero que no la invoque en los momentos de peligro, de angustia; o no pida su protección o su favor para cualquier labor campera que inicie. Porque la Pachamama para él, es la diosa que guía, ayuda, protege y también condena, pues tiene poderes del mal y del bien.

Premia al que trabaja y castiga al que pretende sacar sin esfuerzo, frutos de la tierra.

Persigue al cazador que va en pos de guanacos y vicuñas por el gusto de matar; pena al minero que quiere enriquecerse en poco tiempo, valiéndose de medios ilícitos, como el que llega por primera vez a sus dominios y escala los cerros en procura de vetas de oro.

Por eso es que en los altos caminos de las montañas, en los senderos, en las encrucijadas, en los lugares de descanso, por donde el hombre trajina con sus animales, se encuentran montículos de piedras que son ofrendas a Pachamama.

Son las famosas apachetas, altares de Pachamama, formadas por piedras, con acuyicos, con puchos de cigarros, con monedas, con pedazos de géneros que los collas arrojan como tributo mientras rezan sus oraciones.

Con ello piden un buen viaje; encontrar el rebaño desaparecido esa noche; que el daño no ande por el chiquero mientras ellos están ausentes. Toda la invocación se relaciona con la vida pastoril del montañés.

Pero no solo el amparo piden los habitantes de las montañas a la diosa Pachamama, también la invocan solicitándole un buen multiplico. Y esto lo hacen en la marcación de la hacienda, del cabrío y del lanar. Una vez al año se realiza la señalada. Se fija fecha y se lleva a cabo la gran fiesta, que en ciertas regiones es la más importante del año. Con anticipación se prepara chicha y se hace acopio de coca, cigarros y aguardiente para invitar a la concurrencia.

Cuando todos están reunidos la dueña de la hacienda elige dos cabríos macho y hembra, y hace la pantomima de una ceremonia de casamiento, haciéndoles beber a los animales aguardiente y llenándolos de ramilletes de flores prendidas en la cabeza.

Luego comienza con la señalada. Le corta un pedacito de oreja a cada animal y sigue con todo el rebaño, tirando lo que ha cortado a un poncho abierto tendido en el suelo.

Cuando termina de señalar cierra el poncho, lo echa al hombro, y seguida por toda la concurrencia se encamina hacia una apacheta o cava un hoyo en tierra y allí arroja todos los pedacitos de orejas cortadas, juntamente con hojas de coca rociadas con aguardiente, como ofrenda a Pachamama por todos los favores recibidos y por un próximo y abundante multiplico.

Las primeras gotas de sangre en las carneadas, son recogidas con el cuchillo y arrojadas hacia los cerros, como ofrenda a Pachamama.

Las primeras gotas de aguardiente o de chicha o de vino que se está por beber, son volcadas al suelo como ofrenda a la diosa tierra.

Los viejos pobladores de algunos lugares de Tinogasta, departamento de la provincia de Catamarca, cuando tienen que emprender un viaje y penetrar en la cordillera, dicen la siguiente oración:

"Pachamama, Santa Tierra, cusiya, cusiya, tumana, que sea lindo el día de hoy y de mañana.
Quítate mal tiempo.
Componete cordillera”.

Así es este culto que está tan arraigado entre la gente que vive en la soledad de los cerros y que son católicos creyentes, pero a la par que invocan a Dios y a la Virgen, le piden a Pachamama su protección y su beneplácito.

El Inca Garcilaso de la Vega, en sus "Comentarios reales", cuenta de esta diosa indígena y de sus altares de invocación.

Adán Quiroga, en "Folklore calchaquí", dice:

"Las primicias son siempre para esta divinidad, pródiga en retribuciones: si se siembra hay que depositar el primer grano en tierra en su nombre; si se carnea, hay que arrojar al suelo, la primera entraña de la res; si se bebe hay que derramar una porción de líquido antes de hacerlo; si se come, igual cosa hay que hacer con el alimento; lo mismo si se coquea; si se viaja y se da con la apacheta del camino hay que arrojar sobre ella el acuyico, hojas de coca, gajitos de árbol, pedazos de palo, el cigarro que se fuma, un trapo o cualquier otra cosa".

Y Antonio de la Torre, en su libro "Del Zonda al Aconquija", dice:

"Según las referencias escritas y las confusas expresiones orales que conocemos, es muy difícil averiguar los alcances precisos de la concepción de la diosa Pachamama, que a veces participa de las cualidades de la divinidad adorada por el Perú, con el mismo nombre, y otras, de la de Pachamama, ser supremo, espíritu creador de la vida, inclusive del sol, concebido también por los incas".

Lo cierto es que esta deidad es invocada en todos los actos pastoriles que el hombre montañés realiza desde que despunta el sol hasta que se pone incendiando los cerros. Y está tan enraizada en sus creencias que teme no cumplir con los rituales y las ofrendas.

Los collas del altiplano de la provincia de Jujuy, festejan a la Pachamama todos los años, el primero de agosto, haciendo la Corpachada, una práctica ritual, la más solemne de las que se realizan en la Puna y en la Quebrada de Humahuaca.

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/04/canto-la-pachamama.html
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martes, 8 de julio de 2008

LA PACHA MAMA


Para los quechuas es la Madre Tierra, deidad máxima de los cerreros peruanos, bolivianos, y del Noroeste Argentino.

Pacha es universo, mundo, tiempo, lugar, mientras que Mama es madre.

Se trata de una divinidad femenina que produce, que engendra.

Su morada está en el Cerro Blanco (o Cerro Nevado de Cachi) y se cuenta que en la cumbre existe un lago que rodea a una isla habitada por un toro de astas doradas que al bramar emite por la boca nubes de tormenta.

En la región del NOA, su fiesta se celebra el 1º de agosto.

Ese día los pobladores que participan del ritual entierran cerca de sus viviendas una olla de barro con comida cocida. También colocan coca, alcohol, vino, cigarros y chicha para "carar" (alimentar) a la diosa. Ese mismo día –sostienen sus fieles –hay que ponerse unos cordones de hilo blanco y negro confeccionados con lana de llama, hilada hacia la izquierda. Tales cordeles se atan en cuello, tobillos y muñecas para evitar el castigo de la Pacha Mama.

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sábado, 21 de junio de 2008

IX CHEL

Imagen recreada de Ix-Chel, diosa Maya del parto cuya placenta se representa como una tela de araña, de cuyo centro surge el cordón umbilical, o hilo, que une al hombre con el resto del universo.
Ix-Chel, es también la diosa de las tejedoras, así como de la caza y la guerra.



Diosa de la luna, del agua y de la fecundidad femenina, representada como una vieja mujer endemoniada.

Algunos investigadores opinan que su nombre deriva de las palabras con que supuestamente se definió ante los hombres:

"Itz en Caan, itz en muyal"
("Soy el rocío del cielo, soy el rocío de las nubes").

Pero también parece que significa "casa de la iguana" y, conforme a esta idea, habría cuatro Itzamná, correspondientes a las cuatro direcciones del universo.

Una leyenda:

En el inicio cuando los dioses eran mortales, existía una bella princesa llamada Ixchel. Había muchos hombres que la pretendían entre ellos un joven llamado Itzamná.

Un día llego un príncipe de otro imperio, para rendir tributo por la victoria en batalla de la gente de Ixchel y en cuando la conoció se enamoro de ella.

La gente del pueblo le dijo que Itzamná la pretendía y que al parecer ella empezaba a caer ante el entonces desde que el conoció a Itzamná reñían por el amor de Ixchel.

Su hermana mayor; Ixtab, decidió que pelearían hasta que uno de los dos muriera, el sobreviviente quedaría con Ixchel, pero Ixtab desconocía que Ixchel estaba enamorada de Itzamná.

Itzamná iba a vencer pero su oponente le hirió por la espalda con juegos sucios y murió.

Ixchel al ver morir a su amado corrió del lugar y encomendando su alma a Ixtab, se quito la vida.
Ixtab maldijo a aquel que con juegos sucios mato a Itzamná, y nadie sabe lo que sucedió con él, ella a quien su hermana encomendó su alma al morir, paso a ser la Diosa del Suicidio.

Las almas de las doncellas de la princesa guiaron a los enamorados al cielo y así Itzamná pasó a ser el Dios Sol, e Ixchel, pasó a ser su esposa y la Diosa Luna.

En agradecimiento y como una prueba de su amor por Ixchel, Itzamná dividió en día y noche y a la noche le dio brillo con las almas de esas doncellas que son las estrellas más brillantes.

Se dice que en cada Fuego Nuevo la diosa Ixchel renace del fuego y permite a las doncellas enamorarse y dar como fruto de ese amor un hijo, es por eso que también es considerada diosa del parto y la fertilidad.

La gente del desaparecido pueblo Xcaret cree que cuando un alma de noble corazón muere se convierte en una estrella, por eso en cada fuego nuevo, le ofrecen una ofrenda para que la diosa perdone lo que hubieran hecho para enojarla y aspirar a convertirse en una de las estrellas que iluminan su camino.


Fuente: México Lindo y Querido

domingo, 8 de junio de 2008

BACHUÉ LA MADRE DEL GÉNERO HUMANO




Uno de los mitos chibchas de la creación de los hombres es el de Bachué, la madre del género humano. Las narraciones mitológicas muiscas indican que en las regiones cercanas a Tunja existía la Laguna de Iguaque, de cuyas aguas emergió Bachué, nimbada de una luz que hizo resplandecer la tierra.

La diosa femenina sacó consigo de la mano a un niño de tres años con quien bajó la serranía y en el llano, en donde posteriormente surgió el pueblo de Iguaque, construyó una choza, la cual se convirtió en la primera vivienda de los muiscas en Boyacá.

Cuando el niño creció en su desarrollo natural, Bachué se casó con él, realizándose así el primer matrimonio chibcha. Esta unión fue tan importante y la mujer tan prolífica y fecunda, que en cada parto tenía entre cuatro y seis hijos, con lo cual muy pronto se llenó de gente la tierra. Este es el origen chibcha del género humano.

Bachué y su hijo y esposo viajaban por todas partes, dejando hijos en todas ellas. Cuando ya estaban viejos llamaron a sus descendientes y fueron acompañados hasta la laguna de Iguaque, su lugar de origen. Allí Bachué les hizo una plática final, exhortándolos a la paz, después de la cual se despidieron y se convirtieron en dos grandes serpientes que se sumergieron en la laguna, que desde entonces se convirtió en santuario chibcha.

Los muiscas hacían peregrinaciones a los "Bohíos sagrados" dedicados a la diosa Bachué y a su esposo, que en algunos cronistas aparece como Iguaque o Labaque. Estos dos bohíos de adoración se comunicaban uno con otro. En uno de ellos se adoraba la figura de un niño de tres años, puesto en pie y de oro macizo, y una piedra de moler maíz, también de oro macizo.

En los bohíos, los españoles encontraron numerosas ofrendas: mantas de algodón finas y bien hechas, oro fino en pedazos de barras, tejas y centillos, figuras antropomorfas y zoomorfas llevadas como ofrendas.

A la isla Santuario de la Laguna de Fúquene, los chibchas hacían una peregrinación para adorar a varios dioses, entre ellos a Bachué.

El culto a los dioses chibchas era servido por cien sacerdotes, quienes atendían a los peregrinos que llegaban frecuentemente de todas partes. Allí se localizaba uno de los Cucas, o seminarios para la formación de los jeques chibchas.

El mito chibcha de Bachué representa el dualismo entre la madre agua y la madre tierra; es el mito femenino más importante entre los indígenas colombianos, el cual permanece en la estructura mental de los pueblos del altiplano cundiboyacense con algunas supervivencias míticas en sus tradiciones y creencias.

Este mito proyectó la supravaloración de la mujer entre los chibchas, dejando en el transfondo de la mentalidad social los caracteres de un pueblo con algunas tendencias hacia el matriarcado.
En la organización social chibcha, los clanes estaban ligados por línea materna, por lo cual los hombres y las mujeres pertenecían al clan por línea femenina.

Precisamente para la sucesión de los caciques chibchas existía la línea matrilineal: Al zipa de Bacatá lo heredaba su sobrino del Cacicato de Chía; al Zaque de Tunja lo heredaba su sobrino de Ramiriquí, y el cacique Tundama lo heredaba su sobrino, hijo de su hermana.

El mito de Bachué también está en relación con la fertilidad de los campos, las cosechas y la influencia de la mujer. Tenemos en cuenta que el matriarcado tiene raíces profundas en la organización social primitiva, en la cual las mujeres dispusieron de la autoridad doméstica y política. Las mujeres chibchas alternaban las faenas agrícolas con los trabajos de alfarería, tejidos, hilados y la dirección del hogar.

Texto tomado de Javier Ocampo López

lunes, 28 de abril de 2008

SOBRE EL ORIGEN DE LOS MUISCAS

Mito, Arte Rupestre.

En una época no había nada sobre la tierra. La primera que la habitó fue una mujer joven y fuerte que salió de la laguna de Iguaque por entre la niebla helada y el viento sonoro del páramo. Se llamaba Bachué y llevaba de la mano a un niño de tres años.

Ambos bajaron al valle y construyeron una casa donde vivieron hasta que el niño creció y pudo casarse con Bachué. Tuvieron muchos hijos (a veces Bachué tenía cuatro o seis a la vez), con lo que comenzó a poblarse el territorio muisca.

Bachué le enseño a cultivar la tierra y a adorar los dioses. Después de muchos años, Bachué y su esposo, ya viejos, regresaron a la laguna de Iguaque donde se despidieron de la multitud que, llorando, los veía partir.

De repente los ancianos se transformaron en dos inmensas serpientes y desaparecieron bajo las aguas tranquilas de la laguna.

Bachué se convirtió en la diosa de la fertilidad, la que hacía que la tierra diera frutos y las familias tuvieran muchos hijos.